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martes, 9 de marzo de 2021

Mis queridos imbéciles


 

A todos esos imbéciles que repiten mantras. Como que la gente que hace miles de kilómetros en realidad son invasores que vienen a quitarle el trabajo. Como que las mujeres no tienen de qué quejarse, que su lucha es sólo postureo. Como que los derechos sociales son unas esporas que siempre estuvieron ahí. O que el clasismo no es más que un invento de holgazanes y arribistas. A todos ellos les recomiendo una película, para que digieran bien lo de ayer y no se les haga bola. PAPICHA es el nombre despectivo con el que un hombre se dirige a una mujer joven; algo así como "chati", o qué sé yo, aunque prefiero imaginar que roneo insospechado no hace más que enmascarar el pavor de los hombres a dirigirse como iguales a las mujeres. PAPICHA es la ópera prima de la directora Mounia Meddour, y con ella concurrió en Cannes y fue galardonada en los César y la Seminci. Pero PAPICHA es, ante todo, un beso de hartazgo, y una hermosa mirada al sitio donde nadie quiere mirar, a menos que uno no se considere un imbécil y se estremezca ante la barbarie y la sinrazón. Un montón de imbéciles armados, como dijo alguien, vencen, pero no convencen; y en la reflexión unamuniana se integra este film, cuya sinopsis rezaría tal que así: Nedjma sueña con ser diseñadora, y cada día traspasa los muros de la escuela donde estudia para comprar telas y complementos, pero también para bailar, divertirse, vivir. Su país no está de acuerdo, Alá no está de acuerdo, y unas señoras tapadas por una tela negra tampoco. Luego aparecen unos imbéciles con armas, y ellos no tienen sueños, tan sólo obedecen el susodicho mantra, normalmente verbalizado por otros imbéciles. No sean imbéciles, no maltraten a las mujeres, no agredan la libertad, y no sigan pensando que no se es un imbécil si uno no lo cree...
Saludos.

jueves, 14 de noviembre de 2019

Películas para desengancharse #75



Ustedes, sí, a ustedes, que no saben lo que significa la democracia ni les importa lo más mínimo. A ustedes, que les dan los votos a los nostálgicos del régimen que represalió a sus padres y abuelos. Ustedes, y nadie más, son culpables de lo que luego van a llorar por las esquinas. Lo tienen en su mano y lo desprecian, se abrazan a las fórmulas mágicas de quienes luego se sientan en los banquillos, acusados de robarle su dinero. Sí, su dinero. Quizá, si la política dejara a un lado las ideologías y se basara en la frialdad de los números, se podría soñar con que los políticos sólo pudieran servir a sus jefes, los ciudadanos. O quizá no. A ustedes, esta película. Para que la vean y se les caiga la cara de vergüenza cuando exigen, cubata en mano, que vaya la legión a Cataluña. A ustedes, garrulos de Vox, que exigen respeto desde el escupitajo moral. A ustedes, les diría Costa-Gavras que son un residuo que se regenera desde su propia infección moral. Sin moral se vive mejor, con absoluciones divinas también. Z es la película más intemporal que existe, su discurso va más allá de las siglas, las convicciones, ideologías o las filias y fobias. Es un film sobre la justicia, la manipulación, la verdad y la mentira. Es un film, sobre todo, sobre los responsables y las responsabilidades. Ustedes son los responsables de que la extrema derecha se envalentone desde los restos momificados de un dictador. Por lo tanto, de ustedes es la responsabilidad. Esta película la deberían poner en los colegios una vez cada curso, pero siempre habrá algún "intelectual" que hable de adoctrinamiento, palabra que no se usa para el resto de medios...
Me sirve para cerrar (de momento) este monográfico de adicciones, monos y chutes en vena, porque su discurso cobra plena actualidad, porque tiene uno de los finales más desgarradores de la historia del cine usando apenas fotografías y una voz neutra, y porque todo acaba siempre en la Z... menos para los griegos...
Saludos.

viernes, 28 de abril de 2017

Ettore Scola. Un italiano en Italia #18



En 1983, Ettore Scola se embarca en una inclasificable coproducción internacional, LE BAL, con la que llegó a representar a Argelia en los oscar de aquel año. Y hablamos de un film tan arriesgado, tan inesperado y audaz, que cualquier calificativo se queda corto tras su visionado, obligatorio para entender por qué Scola ha sido uno de los directores más dotados a la hora de poner en imágenes un insólito "vanguardismo clásico". Se trata de una película sin diálogos, con un espacio único (la sala de baile del título) y un reparto coral de actores/bailarines, de cuya mano asistimos no sólo a su peripecia personal, sino a la Historia misma del Siglo XX. Nada más y nada menos, porque LE BAL comienza antológicamente, con las mujeres llegando, una a una, a la sala, donde esperan pacientemente la llegada de los hombres, que quizá las inviten a bailar. Y esa sala también existió a principios de siglo, y fue refugio de aquella Francia ocupada, y en los 50 se atrevió a cambiar el vino por Coca-Cola y el baile de salón por el Rock'n'Roll. Y en los 60 se bailaban las canciones de unos chicos de Liverpool, y en los setenta colgaron una bola gigante de espejos... Quizá les sepa a poco, a lo mejor lo único que ven es una coreografía que habría firmado el propio Jacques Tati, pero no exagero si digo que esta película es hermosa y emocionante, que es más vanguardista que muchos trabajos así catalogados por la oficialidad, y que Scola, una vez más, demuestra que la medida del hombre moderno cabe toda en una sala de baile, y que se expresa en la soledad de un rechazo o el anhelo de una invitación...
Extraordinaria, maravillosa película. Véanla si pueden.
Saludos.

... ¿Y todo esto lo ha hecho usted solo?...
No, necesité estar rodeado de siete mil millones de personas...

¡Cuidao con mis primos!