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martes, 18 de octubre de 2022

El hombre en el castillo


 

Reconozco las reticencias actuales con el cine de Fernando León de Aranoa, un director de gran (y ya larga) trayectoria, al que siempre se le ha exigido un poco más que al resto de su generación, como esa gran esperanza blanca que nuestro cine necesitaba para unos circuitos comerciales depauperados. Personalmente, siempre me ha parecido un cineasta (y valga la analogía, aunque burda) desequilibrado, como si su empeño fuese ir añadiendo esto y lo otro para compensar, sobre todo, algunos guiones no tan afortunados; no, al menos, como el que hoy nos ocupa. EL BUEN PATRÓN es una excelente película, puede que la mejor suya, un compendio de muchas cosas que no funciona por acumulación, sino por una armonía que, curiosamente, siempre parece a punto de irse al traste. Si embargo, hay unos puntales inexcusables, fundamentalmente el colosal trabajo de Javier Bardem, que es capaz de componer un personaje que "bascula" entre lo grotesco y lo humanista, saliendo indemne de cada desenfoque; porque los seres humanos son así, ni buenos ni malos, sino víctimas (Virgilio lo describía mejor) de la circunstancia que ellos mismos se procuran. La película es toda este personaje, un mapa indescifrable, mezcla del amo que quiere ser reconocido, pero también que coman de su mano. He ahí su complejidad, porque podemos reconocernos sin demasiados alardes de imaginación en ese hombre privilegiado, pero al tiempo incapaz de obtener una emoción real cuando se dirigen a él, por lo que se ve obligado a comprar dichas emociones. Es un hombre preocupado por el bienestar de sus empleados, sí, pero apenas para que ello no afecte al funcionamiento de la empresa; por el contrario, cada vez que intenta ponerse a su altura, se da cuenta de lo alejado que siempre ha estado, y es cuando entra en eje el otro Julio Blanco, dueño heredero de Básculas Blanco, al que sólo podría despeinar su afabilidad una cosa: que le destapen su cinismo. León de Aranoa vuela alto, se arroga un mucho del alma de Berlanga, pero sin abandonar las constantes que estaban en sus mejores trabajos, y ofrece un retrato reducido, "de provincias" (ese periódico) si se quiere, pero con la audacia de plantear al mismo tiempo una radiografía fidedigna de un estado de las cosas, que a los de aquí nos toca muy de cerca. Un país donde el subterfugio es cotidiano, más que un país, es un castillo. Una empresa que se quiere creer familia (aquella otra estupenda película), es el chiste cruel que te cuenta un verdugo, porque no sabes si aceptarle la copa o contener la respiración...
Una de las mejores y más lúcidas películas de los últimos años.
Saludos.

domingo, 6 de marzo de 2016

Rincón del freak #227: -1



Sí, yo soy del odioso grupo que una vez le tuvo muchísimo respeto a Fernando León de Aranoa, porque era un director que intentaba sacar la cabecita de la mediocridad y ambicionaba con rendir cuentas a una realidad nacional que gustaba demasiado poco como para seguir endulzándola desde unos medios secuestrados por el sectarismo. Me ha quedado un poco rimbombante, ya lo sé, pero no mucho más que la gestación y puesta en imágenes de una novela falaz, que denuncia con una tibieza monstruosa en lugar de mostrar lo que, sin más, es horror imparable... Y de paso, regalarnos una película abominable desde su ideología, si es que a León de Aranoa aún le queda algo de eso. Es empezar a ver A PERFECT DAY y olvidar del tirón un estimable ojo de Sauron que va dejando paso a la silueta de un hombre, hinchado por el agua, que va alzándose desde la negrura de un pozo. La imagen es potente, pero no hay nada más en esta película repleta de lo peor del peor Hollywood, y me da un poco de lástima, porque creo que este director tiene demasiado talento como para empezar a sucumbir a los cánones de la recaudación sin aportar nada de sí mismo.
Es terrible retener en el azogue a los ciudadanos azotados por una guerra cruenta como pocas, mientras el yanqui (o la europea, qué más da) recorta su imponente aplomo entre volantazos, chascarrillos, palmaditas paterno-filiales y canciones que se me hacen poco creíbles en ese ámbito... Y aunque suena Lou Reed, ni siquiera caen en la canción del título, que es de las pocas que le habría caído como anillo al dedo... Qué más da...
Horrible. Vergonzosa.
Saludos.

sábado, 5 de marzo de 2011

Artificios



FAMILIA fue el brillante arranque de una carrera que poco a poco ha ido yéndose a pique, la de Fernando León de Aranoa. Producida por Elías Querejeta y con un guión firmado por el propio Fernando León, FAMILIA es un espeluznante descenso al lado más mezquino del ser humano, logrado en base a una reducción al absurdo inteligentemente filmada por un director de firme pulso pese a su bisoñez. Si hubiese estado mal estructurada, habría sido un tostonazo de corte amigable y lacrimógeno, género tan insufrible como de actualidad, y al que el propio Fernando León se ha abonado de manera furtiva.
Lo que cuenta FAMILIA lo podía haber contado un Buñuel descarnado o un Berlanga mordaz, su dispersa anatomía parte de una falsa sensación de ligereza para ir descubriendo poco a poco un tejido que basa su amarga profundidad en la nula ternura que desprenden unos personajes que parecen desprovistos de alma, moviéndose únicamente por motivos meramente materiales. Porque FAMILIA es la historia de un hombre sin familia, un hombre que decide espantar la soledad a base de dinero, así que contrata un familia artificial para intentar tener esa sensación que al resto de los mortales parece costarle tan poco tener. Aparentemente no es más que un juego perverso aunque inocuo, pero poco a poco comprobaremos que, en este insólito caso, nadie está libre de pecado. Avaricia, misantropía, crueldad y nihilismo se dan la mano en un film en el que su director debía haber indagado más constantemente, sobre todo en sus interesantes aspectos formales como entidad autónoma; un artefacto que, quince años después de su estreno, sigue exactamente igual de vigente y que nos descubrió muchas cosas, incluso que Amparo Muñoz también sabía actuar y nadie se había enterado nunca.
Saludos familiares.

domingo, 10 de mayo de 2009

Neodesarrollismo

Sí, porque muy pocos parecen haber entendido que el cine es una cosa y el glamour otra muy distinta; las más de las veces incompatibles.
Ha habido mucha tela que cortar en este país acerca de la conveniencia de un discurso más dulcificado tras la supuesta tregua de la transición. El problema viene cuando uno ahonda en vez de quedarse en la superficie. En Madrid, no todo el mundo esnifa coca en los servicios de un after de La Castellana, ni tiene un Corvette rojo con un disco de Najwajean, ni le persigue un narco ruso, ni toma Chivas con leche rizada, ni se quita la camiseta marcando tableta... en fin. No es que pueda o deba caber un "neorrealismo" español en plena democracia, pero sí un "neodesarrollismo", justo donde acaba la ficción del glamour y empiezan los bloques del patronato, los cocidos humeantes frente a la tele, los coches con cuatro iteuves y la ropa de mercadillo. Todo esto lo entendió perfectamente Fernando León, un más que interesante director en peligroso declive creativo y que dio, al menos, un par de zarpazos a un acomodaticio cine comercial; porque, curiosamente, tanto LOS LUNES AL SOL (su gran obra maestra), como BARRIO, abarcando diferentes ámbitos, partiendo de diferentes edades, fueron masivamente reconocidas por el público y multipremiadas en cada festival al que acudían. BARRIO intensifica el discurso adolescente allí donde la exagerada HISTORIAS DEL KRONEN sólo rascaba por encima. La sencilla historia de tres chavales de barrio (menuda denominación de origen) aburridos un verano cualquiera, atrapados entre bloques del patronato, comiendo cocido frente a la tele, y con una moto acuática atada en la puerta del bloque... ¿Posible elemento surrealista? Ni por asomo. Quien la haya visto no creo que haya encontrado mucha frivolidad en un film seco, aspero e incómodo, que se resuelve en un final simplemente desolador.
PRINCESAS me decepcionó muchísimo, así que somos muchos los que esperamos como agua de Mayo un resurgir de este buen cineasta, más cerca de Erice que de Almodóvar, lo que no deja de ser, cuanto menos, significativo.
Saludos desde mi barrio.

viernes, 29 de agosto de 2008

Un enorme cielo vacío

Un ejemplo claro y contundente del estado del cine español se resume observando a cualquiera de los cineastas de relativo éxito, esos que podemos nombrar en una conversación sin temor a quedar como pedantes y presuntuosos.
A lo largo de la corta (aunque intensa) existencia de este blog, ya hemos hablado de algunos de estos casos y una duda planea sobre mi cabeza: ¿no estaré equivocando la dirección? ¿no haría mejor en centrarme en la calidad de los trabajos en vez de dejarme llevar por la ira y buscar todo el tiempo "responsables" del desastre?
Pues eso haré, al menos hoy. Porque podría hablar del significativo paso atrás que supuso PRINCESAS, pero prefiero quedarme con una película sencillamente magistral.
LOS LUNES AL SOL dispone de una coralidad bien entendida que la dota de credibilidad al mismo tiempo que otorga a su director la posibilidad de exponer sus propios argumentos, que son muchos. Desde la primera escena, el espectador sagaz se da cuenta de que existen unos sólidos cimientos, tanto narrativos como visuales, interpretativos y discursivos, que no permiten, como ocurre en gran parte del cine español (su gran mal), que las buenas intenciones se difuminen en una falta total de ideas. Es significativa, por tanto, esa imagen (inmortal, ya) de Santa mirando a la nada, no al cielo, a la nada...
Y también por eso será imposible desplazar este trabajo como el techo de su creador, por jugársela a la inversa. Fernando León acierta precisamente donde casi todos fracasan y es capaz de contar cosas donde (casi) no hay nada, mientras todos esos "autores" de escuela de cine pretenden contar "la gran historia" sin preguntarse si eso es posible.
Esta historia pequeña y grande a la vez, nos toca muy de cerca, a todos los que vemos cómo se van cerrando puertas y se nos difuminan los ilusos sueños de juventud; porque estos personajes son, precisamente, los que nadie quiere ver, los que no salen en los concursos de la tele, ni tienen blogs, ni escuchan Radio3, ni saben qué es una videoinstalación, ni se gastan más de un euro en una botella de vino. Pero, curiosamente, es este tipo de gente la que me cruzo en la calle y con quien de verdad me siento identificado, no con esos productos costumbristas y asquerosamente arquetípicos que carecen de sentido intrínseco y son publicitados masivamente desde un púlpito anonadante y descorazonador.
Huelga hablar del que considero el mejor (de largo) trabajo interpretativo de ese monstruo de la escena que es Javier Bardem; un tipo capaz de dotar de sentido él solito incluso a tonterías como la de los hermanos Coen o la injusta adaptación de Gabo. Bardem es el astro que devora la pantalla y deja perlas como estas: La cuestión no es si nosotros creemos o no creemos en Dios. La cuestión es si él cree en nosotros, porque si no cree, estamos jodidos. O: Érase una vez, un país en el que vivían una Cigarra y una Hormiga.
La hormiga era hacendosa y trabajadora, y la cigarra, no, le gustaba cantar y dormir, mientras la hormiga hacía sus labores.
Pasó el tiempo, y la hormiga trabajó y trabajó todo el verano, ahorró cuanto pudo, y en invierno, la cigarra se moría de frío, mientras la hormiga, tenia de todo... Qué hija de puta la hormiga!¡
La Cigarra llamó a la puerta de la Hormiga, que le dijo:
-Cigarrita,cigarrita, si hubieras trabajado como yo, ahora no pasarías hambre ni frío...Y NO LE ABRIÓ LA PUERTA!

¿Quien ha escrito esto?Porque esto no es así, la hormiga ésta es una hija de la gran puta y una especuladora.
Y además, aqui no dice por qué unos nacen cigarras y otros hormigas, y tampoco, que si naces cigarra estás jodido, y aquí, no lo cuenta.
Frases como éstas son ya parte de la historia del cine y, sobre todo, del inconformismo que aún algunos se atreven a defender. Y junto a este genial Bardem, un elenco que difícilmente llegará a este nivel. El Luis Tosar con más credibilidad que he visto, porque luego ha repetido demasiadas veces este registro; Un José Ángel Egido en estado de gracia, deudor de Brennan o Sordi; una Nieve de Medina con el rostro trasluciendo amargura; un Fernando Tejero que aquí SÍ, por fin, es actor y dota de sentido a sus insoportables tics televisivos. Mención aparte para ese ángel borracho y desencantado que es Celso Bugallo, a la altura de Bardem, si no superándole por momentos.
En definitiva, puro cine y pura vida que revelan a un cineasta comprometido y que se esfuerza por no caer en el manierismo de los tópicos. Espero, sinceramente, que levante el vuelo.
Saludos contemplativos.
... ¿Y todo esto lo ha hecho usted solo?...
No, necesité estar rodeado de siete mil millones de personas...

¡Cuidao con mis primos!