viernes, 21 de agosto de 2026

Cosas de casa


 
Película inocua, amable, que cree contar cosas tremendas, pero se queda en una tibieza que le sobrevuela todo el metraje. No por lo que cuenta, sino más bien por todo lo que deja fuera de campo, A FAMILY THING tira de todos los tópicos posibles para hacerse un "la ciudad no es para mí", en el que Robert Duvall demuestra que es un gran actor sosteniendo un personaje terrible, aunque no menos lo es el argumento que lo pinta como un paleto racista de Arkansas, que al morir su madre descubre que la verdadera fue una sirvienta negra, con la que su padre (aún más cabrón que él) tuvo "conocimiento carnal". Asimismo, le sueltan que tiene un hermanastro en Chicago, uno negro, para más señas, interpretado por James Earl Jones, al que, cómo no, va a visitar con su camioneta, que no tarda en perder por hacerse el chulo con unos niggas. Total, que esto es como si Abascal descubre que su madre era etarra, aunque no dudo de que le sacaría rédito político, el muy sanguijuela. No sé, porque el film es correcto, sin más, y el dúo protagónico es más que solvente, solo que la función se la roba la "veterana" Irma P. Hall, curiosamente más joven que ambos actores, que son sus sobrinos en esta película que también podría titularse "Homer Simpson meets Steve Urkel. 40 años después"...
Saludos.

jueves, 20 de agosto de 2026

Esta saga está quemada


 

EVIL DEAD BURN se abre con una escena inicial brutal, magnífica, donde se recoge el alma del original de Sam Raimi, pero bien adaptado a unos tiempos que exigen nuevas formas. Y ya estaríamos, porque ése parece todo el crédito que Raimi (a la sazón productor) le ha dado al joven realizador francés, que luego se dedica a introducirnos en una espiral de violencia sin sentido, que provoca más bostezos que sustos. De hecho, parece mentira que no se decidiese ir por un tono más jocoso y sardónico, habida cuenta de los dos puntales en los que se apoya. Uno es obvio, el ya tan cansino asunto de los secretos familiares, que afloran tras la muerte de uno de sus miembros, pero tratados con tan poca sutileza que prácticamente se puede adivinar cada próxima línea de diálogo. La otra, apenas de pasada, se integra en la anterior, ya que la protagonista no sólo ha de lidiar con la familia de su marido (brochazo machista incluido), sino con su condición de extranjera (es francesa). Así que tenemos el puchero servido: machismo, xenofobia y familias tóxicas... ¿Pero esto no iba de demonios del inframundo?... Ah, otra cosa. Dejen ya el puto ASMR de los cojones y dedíquense a hacer un trabajo de sonido decente...
Saludos.

miércoles, 19 de agosto de 2026

Ir para nada


 

Louis es escritor, tiene éxito. Se va a morir, y viaja a la casa familiar, a la que no va desde hace doce años, para dar la noticia, pues quiere seguir siendo "el amo de su destino" hasta el último momento. Lo que encuentra es tristemente lo que esperaba. Una madre que elude las responsabilidades, una hermana menor permanentemente drogada y un hermano mayor despótico y neurótico, que mantiene a su esposa en perpetuo estado de terror. JUSTE LA FIN DU MONDE parte de una obra de Jean-Luc Lagarce, y Xavier Dolan es incapaz de superar el carácter teatral, que se apodera de un film desaprovechado en la inconcreción de lo que cuenta, obligando al espectador a estar hipnotizado en una sucesión de primeros planos que enmascaran el aluvión de gritos e invectivas con los que se colma esta adorable familia. Una lástima, sobre todo por el gran elenco, formado por Vincent Cassel, Nathalie Baye, Léa Seydoux, Marion Cotillard y el tristemente desaparecido Gaspard Ulliel. 
Uno de los innumerables ejemplos de que la hermosura de la destrucción bergmaniana es normalmente inasible.
Saludos.

martes, 18 de agosto de 2026

Amor y obsesión


 
Hace muy pocas fechas dábamos cuenta aquí de una de las últimas sensaciones del cine de horror, que trataba sobre amores llevados al límite. Aquélla era exagerada, una ficción, pero estremece pensar en el hecho real que, a finales de los años 40, se convirtió en un caso criminal terrorífico. THE HONEYMOON KILLERS fue, en 1970, el único film realizado por Leonard Kastle, un director de orquesta, que se obsesionó con la aterradora relación entre Martha Beck y Ray Fernandez, que resultó nada menos que con veinte asesinatos de mujeres y un pequeño con menos de dos años. Ella era una enfermera de aspecto intimidante, que conoció a Ray por una agencia matrimonial, sin saber que él era un estafador profesional, que saltaba de ciudad en ciudad embaucando a solteronas con promesas de matrimonio, para posteriormente desplumarlas y desaparecer. El problema surgió cuando Martha se obsesionó con Ray, convirtiéndose en su cómplice, haciéndose pasar por su hermana. Es entonces que surgieron los celos, las agresiones físicas, hasta que la primera fue seguida de una retahíla incontrolable de muertes. Film de absoluto culto, rodado sin apenas presupuesto, contó con Tony Lo Bianco, habitual en televisión, pero sobre todo a una desconocida Shirley Stoler, que con su arrolladora presencia se adueña de un personaje que supura mala baba por los cuatro costados. Precursora de joyas como HENRY, RETRATO DE UN ASESINO, su tosquedad de medios y crudeza visual la ha dejado como una de esas cintas que los amantes del cine extremo no deben perderse. Y es curioso, porque no hay mucha violencia explícita hasta el tercio final, pero entonces todo salta por los aires, hasta desembocar en uno de esos finales de bordean los límites de la moral misma.
Saludos.

lunes, 17 de agosto de 2026

El tiempo y las hojas


 

Las películas demasiado largas siempre tienen el mismo problema: no saber acabarse a tiempo. No es exactamente lo que ocurre en ROMA, el film con el que Adolfo Aristarain se despidió de la dirección en 2004. En esta especie de autorevisitación sentimental, se esconden varias películas, no todas afortunadas; sublimes unas, sonrojantemente autocomplacientes otras. Con una estructura ciertamente extraña, tan anárquica como la ideología que la sobrevuela, empieza pero que muy bien, presentándonos a Joaquín Góñez (Pepe Sacristán dominando los cinco elementos), un escritor huraño y algo perezoso, que llegó a España desde Argentina 37 años antes, a cuya casa-refugio llega Manuel Cueto (Juan Diego Botto), un joven aspirante a periodista, con la misión de "apretar" al viejo escritor para que se dé prisa en entregar el que será su último libro. Ahí el film se desgaja y entra en los recuerdos de Góñez, su niñez en Buenos Aires, las enseñanzas libertarias de un padre que cantaba tangos y se fue demasiado pronto, y sobre todo su madre, Roma (Susú Pecoraro), profesora de piano, que de tanto amor (valga el minipalíndromo) lo sacrificó todo para que él pudiera labrarse un futuro lejos de un país que comenzaba a desmoronarse. Es el único problema que le veo a este gran fresco de despedida, la dificultad para engarzar ambas corrientes narrativas, en un guion en el que estaban Kathy Saavedra y Mario Camus, que deja con ese regusto de las obras grandes pero que aún lo podrían haber sido más. No es una crítica, pues posiblemente Aristarain todavía podría haber rodado un poco más después. Hasta aquí llegó, pero todo continúa...
Saludos.

domingo, 16 de agosto de 2026

Rincón del freak #704: Indies contra shoegazers


 

Mi madre compraba unas revistas que incluían patrones para coser. A mí me parecían autopistas fascinantes compuestas de puntos, rayas, letras enigmáticas, números dispuestos al tuntún. Aunque lo que más me animaba a abrir esos cuadernos del demonio (y pintarrajearlos con un jaboncillo gris) era su diabólica disposición de páginas, cual mapa Michelin, imposible de volver a su forma original. Yo leía cualquier cosa entonces, desde los cupones en revistas de cotilleos, cuentos para gente que no sabía leer, o publicaciones de moda para modistas caseras. Eso fue hasta que descubrí a gente con chalecos de lana tres tallas más grandes, con tendencia a mirar como buscando una moneda caída y pinta de oler igual no tan bien como deberían. Frente a ellos, unos arrogantesdesempleados de pescadería, con las manos atrás como un jubilado mirando una obra. Yo hubiese echado a pelear a Kevin Shields con Liam Gallagher, aunque cualquier abuelete casinero le daría una paliza. Y mi madre seguro que les hubiese hecho la ropa a medida, maldita sea.
Bueno, WITCHBOARD 2: THE DEVIL'S DOORWAY. Una película aburrida y sin sentido, que no tiene ninguna conexión con la otra (ni tampoco hace falta), rodada ¡siete años después!, y donde los protagonistas parecen salidos de un video de Take That... Al menos iban mejor vestidos.
Saludos.

sábado, 15 de agosto de 2026

El guionista 2


 

De nuevo, Dudley Nichols filmó su segunda película con la RKO. SISTER KENNY contaba el titánico esfuerzo de la enfermera australiana Elizabeth Kenny por convencer a la comunidad médica de la validez de sus métodos contra la polio, que rechazaban de plano la inmovilización y se basaban en unos cuidados fisioterapéuticos menos agresivos. No es sencillo mantener dos horas de film sobre una biografía tan poco conocida, pero Nichols logra un trabajo que funciona, en gran parte, por el gran trabajo de Rosalind Russell, que ganó el Globo de Oro y estuvo nominada al oscar en 1946. Russell compone un arco de cuarenta años, los que van desde que Kenny decidió ser una humilde enfermera rural, logrando resultados inimaginables en niños a los que se daba por imposibles. Ello supuso una dedicación absoluta, que no le permitió formar una familia con su prometido, militar, que se cansó de esperarla. Aunque peores fueron los continuos enfrentamientos con el jefe de ortopedia médica, que la consideraba poco menos que una curandera advenediza, humillándola en cada ocasión. No fue hasta ya con una avanzada edad, que Kenny logró ser reconocida como la creadora de una base revolucionaria en la lucha contra la poliomielitis, aunque tuviese que ser fuera de su país. Un film mucho más interesante de lo que cabría esperar, con muy poco sentimentalismo, y sí un sentido de la justicia que nos habla de cómo los sacrificios personales a menudo son el mayor legado para una mayoría.
Saludos.

viernes, 14 de agosto de 2026

La suerte es de perdedores


 

De no ser por su naturaleza de telefilm (de calidad, pero telefilm al fin y al cabo), THE STARS FELL ON HENRIETTA podría pasar por una hermana pequeña de otros tantos films que han abordado la fiebre del petróleo en el cine norteamericano. Es lo único que la ha dejado en el olvido durante estos treinta años, unido a la rutinaria e impersonal dirección de James Keach (sí, el hermano de Stacy), que se limita a no inventar de donde no sabe y lanzarse en brazos de un soberbio Robert Duvall, en uno de sus papeles más entrañables, el de Mr. Cox, un insobornable y obstinado tipo que viaja con su gata Matilda y se presenta como un petrolero, aunque por su aspecto parezca un vendedor de baratijas. Cox llega por puro azar y sin un centavo a Henrietta, un lugar en ninguna parte, donde Matilda le indica que, sin ninguna duda, en la granja de una pobre familia, a punto de ser desahuciada, se encuentra un inmenso yacimiento de petróleo. A partir de ahí, se une la incapacidad de Cox tanto para convencer al granjero (Aidan Quinn) como para encontrar inversores, lo que le llevará a tomar alguna que otra drástica decisión. Producida por Clint Eastwood, bien podría ser un film menor suyo, por su carácter clasicote y el cariño hacia sus personajes; el problema es que se nota realizada con premura y poco riesgo, pese a tener algunas escenas francamente divertidas. Un film de los de toda la vida, sin muchas pretensiones, y que ofrece lo que mucha gente pide sin más: dos horas de entretenimiento.
Saludos.

jueves, 13 de agosto de 2026

Cuidado con lo que deseas


 

Y si ayer hablábamos de una película sobre los amores que parecen estar destinados a no acabarse nunca, la de hoy nos pone de manifiesto que hay una fina línea entre el amor y la obsesión. Porque ese es el ingenioso dispositivo de OBSESSION, retorcer la realidad hasta deformarla, aunque muchas maldades reales están detrás de su abracadabrante premisa. Muy simple: a un chico le gusta una chica, pero no se atreve a decírselo por un exceso de timidez. Sin pensarlo mucho, entra en una tienda "esotérica" para buscarle un regalo, y allí ve una de esas "barritas de la suerte", que te conceden un deseo al romperla; y, claro, desea que esa chica que tanto le gusta y nunca ha reparado en él lo ame más que a nada en el mundo. El resto pueden imaginarlo, y tampoco quiero desvelar más de lo necesario, pero prefiero situarla como un afilado y certero cronograma en tiempos de desasosiego emocional, en los que la confusión entre afecto y propiedad privada queda servida entre relaciones tóxicas y tecnologías que pueden llegar a convertirse en una pesadilla, aquí evidentemente magnificada, pero no muy desencaminada. Más allá de algunas escenas impactantes (aún me pregunto si deliberadamente cartoonescas), lo que me dejó peor cuerpo fue esa elección de que no hubiese ningún villano propiamente dicho, sino cuerpos y mentes que sufren un castigo que ni siquiera han elegido. 
Muy atentos a Curry Barker, otro pipiolo que ha reventado la taquilla con un presupuesto sencillamente irrisorio. De lo mejor que pasó el año pasado por Sitges, pero con mucha diferencia.
Saludos.

miércoles, 12 de agosto de 2026

Lo más +


 

Llevaba muchos años queriendo ponerme con la filmografía de Xavier Dolan, ese "niño terrible" que hizo su primer largo con 19 años, ante el que la crítica internacional no ha permanecido indiferente, sino más bien groseramente dividida. Ha tenido que ser Nathalie Baye quien me haya permitido estrenarme con él, aunque su participación en LAURENCE ANYWAYS sea secundaria, apenas unos minutos en su mastodóntico metraje, que casi alcanza las tres horas. Y bien ¿qué decir, añadir o matizar sobre esta "pequeña y ambiciosa historia de amor"? Primero, me gustaría destacar el talento de Dolan para expresar emociones en imágenes, para que sus personajes no sean meros intérpretes, y sí reflejos fidedignos de sus circunstancias vitales, que aquí abarcan nada menos que una década (1989-1999), en la que seguimos a Laurence, profesor de literatura, deseoso de publicar su primer libro de poemas, enamorado hasta el tuétano de Fred, su novia, que es asistente de dirección en publicidad. Les prevengo: la historia es una chorrada, con algunos momentos de algodón de azúcar, las tensiones, dimes y diretes habituales en este tipo de relaciones tormentosas, y sí, es demasiado larga para lo que cuenta. Ahora bien, ojalá esta pasión, este implosionar de formas y colores y sonidos, esta vocación por dotar a la pantalla de alegría y luego de llantos, de gritos y susurros, de dejar que nos colemos en una relación que no puede ser, pero que se resiste a no ser. Es amor filmado por un chaval que entonces tenía 23 años; sólo por eso merece la pena aguantarse las ganas de decir esa gilipollez de que es pretencioso ¿Y quién no a esa edad?...
Por cierto, el protagonista quiere transicionar para ser mujer, pero para mí es lo de menos.
Saludos.

martes, 11 de agosto de 2026

Los prisioneros


 

Hay un poco de historia en la crueldad de THE CATCH, la implacable adaptación de Nagisa Oshima sobre la despiadada, desesperanzada visión sobre los contornos ocultos de la guerra implícita en la novela de Kenzaburô Oe. Todo comienza con el inesperado hallazgo de un aviador norteamericano en un remoto poblado nipón tras ser derribado. Malherido, con un pie atrapado en un cepo, es encerrado en un cobertizo a la espera de que el jefe decida qué hacer con él. El film no se queda en dicha circunstancia, sino que va destapando uno a uno los miedos, prejuicios y la maldad proveniente de la ignorancia. Las vejaciones físicas encuentran justificación en la insólita presencia de un "negro", pues jamás habían visto a nadie de esa raza, debatiendo si se trata de un ser inferior al que deberían exterminar sin más. En ese ambiente opresivo, Oshima plaga el film de un expresionismo visual enfermizo, con rostros inundados por el sudor y una suciedad que literalmente puede tocarse y olerse. Y hay que prestar atención a unos puntuales planos secuencia verdaderamente impresionantes, con un dominio de la composición del que, admitido por él, bebió el mismo Tarkovski. Un film complicado de digerir y una de las mejores adaptaciones que se han hecho de un autor tan jodido de llevar a la pantalla como el premio Nobel japonés. Desde luego, son pocas, poquísimas las películas tan críticas con la idiosincrasia del propio país, como si el verdadero enemigo no viniese de fuera, sino que estuviera marcado en una sociedad aterrorizada por lo que desconoce.
Magistral, pero hay que tener una moral a prueba de bombas para verla.
Saludos.

lunes, 10 de agosto de 2026

Lucifer y lavanda


 

En el mundo ideal de Aristarain, los perdedores son señores educados, íntegros, que no se dejan pisotear, y por eso pierden. Son héroes que no quieren serlo, imperfectos, que fuman y beben y dicen tacos, o se enfrascan en discusiones improductivas acerca de la libertad, la igualdad y la fraternidad. Por eso pierden, porque odian la palabra "productividad", y por eso también son irresistibles, aunque pierdan. Y en LUGARES COMUNES, Federico Luppi encarna a un viejo profesor universitario de literatura al que dan boleto por jubilación, pero él está convencido de que lo tenían enfilado, por eso de escribir con la izquierda, digo yo. El caso es que la película va de otra cosa, que no hablamos de Ken Loach. Va del amor que le tiene a su mujer (Mercedes Sampietro), sin la que no concibe la vida; y va de los libros, de lo jodido que es transportarlos en una mudanza, porque Fernando y Liliana se van de su caro apartamento, por las estrecheces económicas, a una finca en mitad del campo, donde quizá, a lo mejor, se ponen a cultivar lavanda y hacer perfumes, y donde también quizá Fernando termine de una puñetera vez de escribir un cuaderno que lleva toda la vida escribiendo para que lo lea su hijo, que vive en España y se ha aburguesado un poquito. Y en el título, aunque lo va cambiando cada vez que se pone, aparece Lucifer, pero sólo porque Pizarnik lo describía como "esa luz tan pura y tan blanca", tanto que fue desterrado, por envidia de los cabrones de siempre, supongo...
Hermosa película nos dejaste, Adolfo...
Saludos.

domingo, 9 de agosto de 2026

Rincón del freak #703: La batalla de los New Romantics


 

WITCHBOARD es una película de 1986 en la que, literalmente, nada es lo que parece, sino que todo es exactamente lo que se ve. Parece, o debería ser, una peli de terror, con pocas ínfulas, en la que un grupo de desorientados psíquicos las van a pasar canutas por malmeter con una tabla ouija, cosa que no les recomiendo hacer para que no queden como imbéciles ante las pocas amistades que les queden. Lo que yo veo es una fiesta que da fatiga, con el sofá repleto de mierda, los ceniceros hasta arriba y la gente con cara de asco. Los protas son el teclista de Duran Duran y el bajista de Huey Lewis and the News, que se miran chungo porque los dos quieren efluviar a Tawny Kitaen, que es una pena que aquí no salga con mallas como cuando se trajinaba a todo heavy metal viviente. Para ayudarles con la posesión infernal contratan a una medium indescriptible, una como mezcla de Cyndi Lauper, Madonna y Pee Wee Herman, con lo que completaríamos el repóker de tribus urbanas. Giro genial ahorrarse al malo, ya que es un ente invisible, dejando a nuestra imaginación su supuestamente terrorífico aspecto. Lo que no deja lugar a dudas es, ya en su tercio final, lo que todos sospechábamos, y es que Duran y Lewis se largan de gira por cementerios y muelles, porque piensan que eso ayudará a Tawny con su problema maléfico, pero lo que yo veo es una tensión homoerótica no resuelta, y posiblemente la fuente de todos sus problemas. Para rematar: dejen de hacernos creer que un peón de la construcción y una eterna estudiante pueden vivir en una casa así, que luego se engolosinan las nngg, enfurruñados por el precio de la vivienda...
Y esto no es el final, porque volveremos con las dos secuelas y el remake que nadie pidió... ni vio.
Saludos.

sábado, 8 de agosto de 2026

El guionista 1


 

Es conocido que el período de la WWII abrió las puertas a numerosos aspirantes a cineastas, que llevados por la necesidad de Hollywood de alimentar la propaganda en favor de la intervención americana, cada vez mayor, plagaron las carteleras de una pléyade de films en los que el fervor patriota impregnaba cualquier género, sin necesidad de que fuese estrictamente bélico. No era el caso de Dudley Nichols, por entonces probablemente el más grande entre los guionistas; habitual de Ford (con el que ganó el polémico oscar de EL DELATOR), Hawks, Lang o Renoir (y sólo por simplificar), Nichols convenció a la RKO para ponerse al frente de una trepidante comedia al más puro estilo hawksiano, que sirviera además para enaltecer el espíritu de los americanos que trabajaban codo con codo para ganar la guerra. Así nació GOVERNMENT GIRL, un aparentemente inocuo vehículo diseñado para convertir a la recatada Olivia de Havilland en una imparable secretaria destinada a Washington, donde ha de ponerse (tras los pertinentes equívocos identitarios) a las órdenes de un ingeniero automovilístico (Sonny Tufts), al que han endilgado el marrón de cuadruplicar la producción de bombarderos. Con un montón de escenas deudoras de LA FIERA DE MI NIÑA (también escrita por Nichols), aunque sin su genuina libertad de movimientos, estamos ante una screwball de toda la vida, que se desenvuelve a toda velocidad entre diálogos relampagueantes, acción motorizada, los laberintos amorosos que arrastran a la pobre secretaria, que duda entre un avispado corresponsal, un pérfido arribista del congreso o su pobre jefe, al que los tejemanejes de despacho lo tienen hasta las narices y desea volver cuanto antes a Detroit a seguir haciendo coches. Una lástima que su pareja protagonista tenga menos química de lo deseable, dejando en evidencia que se trataba de un título menor, aunque significara el inicio de la breve carrera como director de Nichols, que aprovecharemos para desgranar de aquí a las próximas semanas, habida cuenta de lo paradójicamente distintas que son las tres entre sí.
Saludos.

viernes, 7 de agosto de 2026

De retirada


Una de las cosas más odiosas en esto del cine va sobre aposentar cualquier mediocridad sobre los hombros de dos colosos de la interpretación, esperando que sean ellos quienes hagan todo el trabajo, si no por talento, seguramente por carisma. Esto no sólo no es suficiente, sino que suele desembocar en desastres vergonzantes como WRESTLING ERNEST HEMINGWAY, o cómo pensar que lo ideal de tener a Richard Harris y Robert Duvall es hacer un bodrio sobre dos jubilados en Florida, que le tiran la caña a cualquier cosa con faldas de las formas más anticlimáticas y bochornosas. De haber estado bien escrita, el personaje de Harris, un antiguo marinero irlandés, estrafalario y borrachuzo, podría haber sido una figura tragicómica y quijotesca, en lugar de un tipo que camina de costado y se pone calcetines con las sandalias. Aunque más sangrante es lo de Duvall haciendo de... ¿peluquero cubano?, que se alimenta a base de los infectos sandwiches de bacon que le sirve Sandra Bullock, con la esperanza de ligársela simplemente yendo cada día al restaurante cutre donde trabaja. La casera del complejo de apartamentos donde vive Harris es nada menos que Shirley MacLaine, ante la que se presenta en pelota picada, mientras acude por las noches al cine local, para comerle la oreja a Piper Laurie. Una perla, vaya, al que su hijo no quiere ni ver y que, como buen viejo alcohólico, va contando que un día le dio una paliza a Hemingway. Duvall, por su parte, se limita a hacer de cubano, aunque parece salido de una peli de mafiosos de Scorsese. 
Una de las películas más justamente olvidadas que recuerdo, valga el oxímoron.
Saludos.

jueves, 6 de agosto de 2026

Escher en Ikea


 

Ni revelación, ni paradigma; ni movimiento telúrico que someta al eje, ni la madre que la parió. BACKROOMS es lo que es, y no nos hagamos pajas con ello. Es una película sorprendentemente bien pensada, estructurada y ejecutada para un pipiolo de veintipocos años. Una especie de pesadilla que agarra lo que le conviene de Kafka, cuando no de Kubrick, y si es necesario de cualquier artista que haya comprendido que el horror no es un monstruo gigantesco del espacio exterior. El horror somos nosotros intentando convencernos de que esta basura de sociedad adulterada es lo mejor que nos podemos ofrecer sin tener que exterminarnos. Lo mejor de este film es que evita empantanarse más de lo necesario, exponiendo con claridad el corpus de su estructura, que remite a la "bruja de Blair" tanto como a los videojuegos provenientes de aquel "Doom". Yo, de todas formas, me quedo con lo que a la mayoría no le interesa, pero es la gran diferencia; no tanto el mundo paralelo, con sus pasillos interminables, plagados de mobiliario absurdamente dispuesto. Me quedo con la fascinación de los no-lugares, habitacionales improvisados donde el ser humano es reducido al absurdo. Nada más impersonal que vivir en una gigantesca tienda de muebles, o el paradigma alienado de la cueva por donde se deslizan sombras que terminarán por volvernos tarumba sin darnos cuenta. El espacio de BACKROOMS es estrictamente psicológico, por eso su originalidad nos llega desde YouTube, donde las imágenes dejan de tener un sentido humanista, para convertirse en una pila de sillas y mesas inútilmente apiladas.
Véanla, claro.
Saludos.

miércoles, 5 de agosto de 2026

Otro día en la oficina


 

Nathalie Baye ofrece en LE PETIT LIEUTENANT una de sus mejores interpretaciones, la de una atormentada jefa de policía, admirada por su profesionalidad pero con la losa de haberse reintegrado al cuerpo tras dos años desintoxicándose de su alcoholismo. Ese mismo día, recién graduado como teniente, llega Antoine desde Le Havre, con la esperanza de labrarse un futuro como inspector en París. Con algunos altibajos de ritmo, Beauvois (que se reservó un desagradecido papel) elabora un realista retrato de este grupo de policías, prescindiendo de cualquier tipo de glamour y centrándose en las trabas burocráticas con las que tropiezan a diario. Siguiendo la pista del asesino de un inmigrante polaco, ocurre un desafortunado y trágico accidente, que voltea el tono de cotidianidad del film. Aun así, no cabe esperar un thriller policíaco de acción al uso, sino más bien una reflexión aliterada, casi monótona, que Baye (ganadora ese año del César) atrapa con esa contención reservada para las actrices capaces de "estar ahí" y al mismo tiempo "pasar por ahí". 
Film de los que dejan poso, y no muy festivo.
Saludos.

martes, 4 de agosto de 2026

El signo de nuestros tiempos


 

Negando la mayor, no debería ser buena idea hacer lo que hacías con 30 cuando estás a punto de entrar en los 80. No porque no tengas derecho a pensar que, con los medios de hoy, todo estará mejor, más pulido y brillante. No es por eso, sino porque se corre el riesgo de que, ahora sí, te pillen el truco y resuelvan que ni entonces ni ahora; porque las películas cambian, pero sobre todo cambian los públicos. Spielberg se marca un ladrillazo de dos horas y media para contar lo mismo que en la otra, ya saben, solo que incide, e incluso exagera, el tono mesiánico, ignorando la infantilización que ello conlleva. Con un guion innecesariamente confuso, DISCLOSURE DAY nos pone un florero gigantesco encima de la mesa, esperando que no reparemos en él, cuando nos está impidiendo vernos las caras. Siendo muy indulgentes, parece un "grandes éxitos", mezclando la gravedad de la denuncia de THE POST, el humor socarrón de ATRÁPAME SI PUEDES o la espectacularización del drama intimista en LA GUERRA DE LOS MUNDOS. Y todo, claro, bajo el barniz de ENCUENTROS EN LA TERCERA FASE, de la que es apenas una puesta al día que nadie había pedido. Lo dije respecto a THE FABELMANS, la que me parece su mejor película en los últimos años: claro que Spielberg puede hacer lo que le salga de las narices, y hasta lo menos inspirado suyo sigue siendo una lección de cine, pero es posible que él sea de los pocos de su generación que se resiste a enterarse de que "este cine", al que por ejemplo yo le debo reverencias eternas, es, como en aquellas pantallas táctiles de MINORITY REPORT, un eco del pasado, porque han cambiado los tiempos, cambian las miradas y, como dijo otro gran maestro, "el mundo sigue"...
No soy digno, pero aquí mi opinión.
Saludos.


lunes, 3 de agosto de 2026

Una hora menos en Portugal


 

LA LEY DE LA FRONTERA venía a confirmar los numerosos escollos con los que se encontraba el cine de Adolfo Aristarain una vez desgajado de su hábitat natural. Ni siquiera sus intentos por "argentinizar" una trama que se desarrollaba en la frontera gallego/portuguesa lograron salvar este destartalado ensayo de western, o road movie, o comedia de aventuras, o qué sé yo, en la que unos desangelados Pere Ponce y Achero Mañas (¿?) se las apañaban para encarnar a un joven portugués que escapa del convento donde es ingresado y otro tanto gallego, de extracción humilde, que se larga con el caballo de un oficial de la legión. Ambos se encuentran por casualidad y establecen un curioso trío con una periodista neoyorquina, interpretada por Aitana Sánchez-Gijón (????????). En una de sus alocadas aventuras, se topan con "El Argentino" (un Federico Luppi que al menos aporta profesionalidad), un mítico bandolero, con el que forman una alianza que va del odio a la admiración. El film no arranca nunca, ni termina nunca en dos horas interminables, con unas interpretaciones centrales terribles y un tono general a mitad de camino de lo que pretende ser, un western con tímidas reivindicaciones de clase, que fue un fracaso tremendo, por lo que Aristarain no volvió a intentar nada similar.
Saludos.

domingo, 2 de agosto de 2026

Rincón del freak #702: A nuestros queridísimos autores


 

A vueltas con el reciente regusto con la ganadora del Goya, me sobrevino una como reflexión, no muy aguda, acerca de cómo frivolizamos acerca del término "autor". Yo prefiero mantener cierta prudencia con ello, pues veo cómo se regalan alegremente distintivos que, a menos que me corrijan, deberían quedar reservados para un reducido número de artistas que efectivamente hayan hecho temblar los cimientos de su medio. Si hay un rey en esto de las autorías sospechosas, sin duda es Lars von Trier, que hace ahora unos 13 años (cómo pasa el tiempo) "pastoreó" a la crítica más bovina con un palimpsesto indeleble, un legado en dos partes en el que la explicitud no quedara relegada por la cortedad de miras más puritana. Yo digo: ay, ay. Porque si algo existe es por algo, y viene a colación un mítico pero olvidado film sueco de 1973, ANITA: SWEDISH NYMPHET, en el que se nos contaba el calvario de una joven, aún menor, incapaz de refrenar sus impulsos sexuales. Anita (Christina Lindberg) es hija de un militar, y su ocupación principal consiste en agarrar a cualquier caballero que se le cruce de la genitalia y tener ardoroso y fugaz arrimo en los lugares más insospechados. Angustiada, Anita recurre a un amigo mitad músico mitad psicólogo, interpretado (tatatachán) ¡por Stellan Skarsgard!... Efectivamente, el mismo que ejercía de paciente escuchante de la pobre ninfómana de Trier, por lo que el círculo queda cerrado. Ésta es más festiva, con menos ínfulas y más sentido del humor; no es grancosa, pero la otra tampoco, y eso nos congratula a quienes desconfiamos de las etiquetas y sus despreocupados repartidores.
Por diversos motivos, tiene su gracia. Por cierto, para los que aún crean que tuvieron una "revelación" con la de ayer, les recomiendo enfervorecidamente que echen un vistazo a LOS COMULGANTES, incontestable obra maestra de otro señor sueco.
Saludos.

sábado, 1 de agosto de 2026

No juzgamos


 

Otro repaso que finalizamos aquí, éste bastante más corto, el de los Goya, con la que resultó ganadora como mejor película, LOS DOMINGOS, tercer largo de Alauda Ruiz de Azúa, con el que termina de demostrar que su magnífico debut, CINCO LOBITOS, fue un espejismo. Esta película, tontísima, ingenua hasta las trancas, de escritura sospechosamente tendenciosa, comete el peor de los pecados (nunca mejor dicho): no tomar una sola decisión. Incluso peor, porque el único momento realmente relevante y genuinamente emocionante llega nada menos que a cinco minutos del final, tras una travesía en el desierto que sólo podría entender si esto lo hubiese financiado el Opus Dei o algo así. El beaterío vende, con Rosalía "divinizando" su chonismo mientras se/nos convence de que un gorgorito es ópera, en las cadenas autonómicas estamos constantemente asaeteados por misas que remiten a los tiempos en los que, como el único personaje cuerdo (y por tanto inteligente) del film espeta desesperada, "allí sólo van las que no tienen dónde ir". Por ello, es una mirada tétricamente ambigua, desubicada, que ni siquiera entiende los códigos y conductas de una secta, si no es desde la podrida equidistancia. Que la niña ha encontrado la vocación y se marcha a un convento, pues cojonudo, pero siempre defenderé esa frase tan lúcida de "un hijo de puta asqueroso no es defendible ni respetable sólo porque sea un viejecito de 90 años". El beaterío ha vuelto, pero sólo porque se lo hemos permitido. Recuérdenlo para tiempos venideros, que harán mejores a éstos...
Vergonzosa.
Saludos.

... ¿Y todo esto lo ha hecho usted solo?...
No, necesité estar rodeado de siete mil millones de personas...

¡Cuidao con mis primos!