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sábado, 6 de diciembre de 2025

El caballo japonés


 

Manfredini es politoxicómano, prefiere morir, corre junto a su amor, no sabe quién es, le persiguen los malos hasta quieto y va a tener una hija. Sirena es un mafioso, o un empresario, le gustan los caballos, siempre lleva un bebé en brazos y no prefiere que Manfredini se caiga en la salida y gane la Nena. La Nena ama a Manfredini, gana las carreras, va a tener una hija y a lo mejor no le gustan los hombres. En ese ínterin, EL JOCKEY es la historia de un nacimiento, una identidad que se encuentra a sí misma al perder todo lo demás. Ni thriller, ni surrealismo, ni comedia involuntaria, lo que Luis Ortega traza aquí es lo mismo que podíamos ver en EL ÁNGEL, una realidad que duele, de la que se quiere escapar, que ni siquiera es peligrosa, sino cansada y cansina. El único problema que le veo es su suicida estructura, fascinante en el arranque, la construcción de personajes entre lo costumbrista y lo feérico, el finísimo caleidoscopio por el que inocularse de la malignidad imperante en la Argentina de hoy en día. La segunda parte, más ambigua y desenfocada, es el Almodóvar más lynchiano de lo que ha logrado ser nunca el manchego, una apuesta por el kitsch desaforado que encubre una historia de redención hiperbólica y que se mea en las fauces del discurso reaccionario dánosle hoy y siempre. 
Les irritará, les desafiará y medirá qué entienden ustedes por libertad creativa. Yo me dejaría follar la mente, que diría otro.
Saludos.

miércoles, 17 de abril de 2019

Presume o muere



EL ÁNGEL era otro de los films que estuvieron nominados a mejor película iberoamericana en los Goya, y fue otra de las que sucumbió ante el gigante Cuarón, por lo que no voy a empeñarme aquí en defender que es bastante mejor, aunque lo sea. Basada en la historia real de Carlos Robledo Puch, un tipo al que se le atribuyen 11 asesinatos, una larga lista de delitos, y que además es el preso que lleva más tiempo encarcelado de Argentina, nada menos que 47 años, EL ÁNGEL no es la película que parece desde el principio, y eso le sienta magníficamente bien. La música, basada en éxitos del rock argentino de principios de los setenta, y el montaje, muy en la línea de los trabajos más vigorosos de Scorsese, parecen indicar que estamos ante otro producto de cine negro, en el que la figura del delincuente es glorificada y cada fechoría parezca un estilizado videoclip. Sin embargo, lo que Luis Ortega propone es un sutil descenso a los abismos de una mente francamente inquietante, una especie de seductor monstruoso y amoral, que a veces parece poder ver dentro de las personas y otras parece no ver absolutamente nada, despojando de toda humanidad a quien tiene enfrente. Es éste el gran triunfo de este estupendo film y lo que le da un aire especial, llegando a lo fascinante en algunos tramos; y aunque llega un momento en que se hace algo repetitiva, uno no puede dejar de mirar a ese ser ambiguo e inclasificable interpretado colosalmente por el joven Lorenzo Ferro, que en realidad es un rapero sin ninguna experiencia como actor, lo que quizá explique la frescura de su trabajo.
Muy recomendable.
Saludos.

... ¿Y todo esto lo ha hecho usted solo?...
No, necesité estar rodeado de siete mil millones de personas...

¡Cuidao con mis primos!