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viernes, 12 de septiembre de 2025

La aguja en el pajar


 

Controvertida la adaptación que John Schlesinger acometió de FAR FROM THE MADDING CROWD, la intensa y polémica novela de Thomas Hardy, que proteizaba la figura de su protagonista, la improvisada terrateniente Bathsheba Everdene, satelitelizando a tres hombres que encarnan las tres caras prototípicas del macho enamorado: el prudente, el entregado y el hijoputa. Y a este último lo interpretaba un magnífico Terence Stamp, en la piel del díscolo sargento Troy, el único de los tres que obtiene inmediatos favores de una Julie Christie que navega entre la niñata caprichosa y la mujer empoderada, sin la capacidad para valorar la honestidad de Alan Bates, un pastor que se pone a su servicio tras perder todo su rebaño, ni del potentado Peter Finch, probablemente el personaje más interesante de todos, un solterón rígido y distante, famoso por rechazar a cuanta mujer se le ha puesto por delante, pero que pierde la cabeza (y quién no) ante la señorita Everdene. No creo que sea la mejor adaptación que ha conocido la obra de Hardy, por su excesiva duración (casi tres horas), o el desigual reparto que se concede a sus cuatro protagonistas, porque en la novela existe un retroalimentación en el cuadrado imperfecto pero compensado.
Buena película, para nada un clásico.
Saludos.

jueves, 18 de julio de 2024

Acercarse a la llama


 

Las casas comunales en los barrios periféricos, donde se arracimaban los aspirantes, personajes que revolotean, a veces sin sentido, derrochando sus sueños en las piruetas de noches inacabables, exaltando la posibilidad de que mañana, siempre mañana, sería el gran día para llegar a la Arcadia, Hollywood. En uno de ellos se encuentra un joven y ambicioso pintor, educado en Yale, que se abre camino más por medrar con los "pequeños magnates" que por su talento real; y por otro, una eterna aspirante a actriz, hija de un payaso olvidado, ni tan joven ni tan bella, pero con ese aura que desprenden los malditos, los hechizados, capaces de atraer a su alrededor a ricos y desharrapados, cowboys, enanos y, en último término a gente sin amor. Sobre todo esto versa THE DAY OF THE LOCUST, intensísima, libérrima e imposible adaptación de la devastadora novela de Nathanael West, que mostrando muy poco de aquel Hollywood de los 20 y los 30 trazaba un implacable mapa de mortales, dioses y polillas danzando demasiado cerca de la llama más brillante. Y es una pena que el guion de Waldo Salt no logre en ningún momento apresar la poesía, de lentejuelas, mierda y alcohol, de la obra original, sobre todo porque el británico John Schlesinger realiza un despliegue de facultades impresionante, saltando de los momentos íntimos al barroco de grandes espacios, que, efectivamente, otros han copiado impúdicamente en su "Babilonia" personal. Gran elenco, amplísimo, repleto de actores y actrices que dan forma a este sobrecogedor tratado sobre el patetismo como trastienda de la fábrica de sueños. Y sobre todos ellos, un actor enorme, cuyo personaje aparece nada menos que a los cuarenta y cinco minutos, pero es pieza clave para entender la deriva de esta desmesurada historia. Donald Sutherland encarna a un hombre sin luces, de ningún tipo, que también por unos instantes cree haber dado con algo parecido a la felicidad, pero cuando se da cuenta de que no son más que otro montón de polillas a punto de quemarse es demasiado tarde. Desconozco la anécdota, pero no debe ser casual que su nombrer fuese Homer Simpson...
No es una obra maestra porque es destartalada casi conscientemente, pero su tramo final está al alcance de muy pocos directores. Reivindicarla es de justicia.
Saludos.

miércoles, 12 de junio de 2013

El iluso



Hacer hoy día una película como BILLY LIAR (50 años la contemplan) podría dar motivo a una urticaria/rechazo poco menos que significativa ante el canto hedonista llevado a cabo por John Schlesinger en una de sus primeras (y mejores) películas, y que amplificaba la onda expansiva que se encontraba de inicio en la estupenda novela de Keith Waterhouse. No sólo se trata de una ridiculización de cada molécula glorificadora de la familia tradicional y su inacabable muestrario de trampas mortales (cepos morales) para el joven soñador, sino que elevaba la figura del holgazán rompecorazones a la altura del único verdadero héroe admisible en una sociedad dominada por la represión y la mediocridad. Esta tan marciana descripción se llamó, no sin sorna británica, The Leading Man, y tuvo en Tom Courtenay su encarnación más certera y entrañable, la más recordada desde luego. Este Billy Fisher abre su incesante dentro/fuera montando una fantástica orgía circense/militar en mitad de su asquerosamente aburrida ciudad de provincias, sólo para despertar apoyado en uno de los ataúdes del asquerosamente aburrido trabajo que desempeña en la funeraria local. Billy quiere irse a Londres y ser guionista, pero su ídolo es un mediocre con brillantina en el pelo; Billy tiene una... dos... tres novias que no se conocen entre sí, y a cada una les ha regalado flores y les ha hecho promesas de matrimonio, pero la única chica que de verdad lo quiere es, curiosamente, la más guapa e inteligente, así que para Billy se trata de una quimera inalcanzable. Es decir, que Billy Fisher nos es mostrado como un iluso irreductible, un tipo incapaz de salir de sus estrambóticos sueños de rebeldía precisamente porque en la vida real es un pelele apegado a sus ritos y costumbres. Cuando llega la hora de la partida, Billy debe decidir, porque si cambiase de golpe toda su vida a lo mejor ahí se acababan todos los sueños... Decididamente es imposible hacer hoy día una película tan de otro mundo...
Saludos de mentira.

... ¿Y todo esto lo ha hecho usted solo?...
No, necesité estar rodeado de siete mil millones de personas...

¡Cuidao con mis primos!