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sábado, 25 de julio de 2026

La muerte a las cinco


 

Volvemos, cómo no, para seguir narrando imágenes, sensaciones y otros detalles sin importancia; y como no han sido vacaciones, sino otra cosa igualmente absurda, hemos prescindido de cartelitos y esas zarandajas modernas. Y como es sábado, aún me percato de que nos quedaba algún fleco de los Goya, nada menos. Y nada menos que con el documental premiado, TARDES DE SOLEDAD, a la que el término "documental" le queda bastante pequeño. Vaya por delante mi extraña relación con el toreo, pues nunca he sido aficionado, pero tampoco antitaurino, por lo que me he mantenido en un lugar apartado por ambos costados. De ahí que mi entusiasmo por el último trabajo de Albert Serra fuese inevitable desde que tuve noticia de tan insólito proyecto. Centrado en la figura del torero peruano Andrés Roca Rey, Serra logra un hito en mi opinión insuperable, pero que ya estarían tardando en imitar quienes aspiren a renovar las retransmisiones taurinas. Por un lado, con una mezcla de avidez y respeto, nos coloca ante el torero en sus momentos previos; la vestimenta, los rituales religiosos, las conversaciones siempre parcas y enigmáticas. La llegada y salida de las plazas en una furgoneta que se convierte en improvisado confesionario repleto de alabanzas, donde se palpa la tensión bajo regueros de sangre seca y se comentan los incidentes de la corrida, en una mezcla de deleite y disgusto. Pero donde el cineasta catalán ha deslumbrado es en el apartado técnico, ofreciendo una perspectiva jamás vista del toreo en lo visual, pero sobre todo en lo sonoro. Lo vemos casi todo, pero lo escuchamos todo. El descontento del público, la obstinación de Roca Rey por encontrar el punto justo entre el espectáculo y la seguridad, las señales de la cuadrilla atenta. No hace falta ser un entendido, ni sería justo privarse de la experiencia cinematográfica por los prejuicios que cada uno pueda tener; mi percepción es que es una fiesta de la muerte, posiblemente uno de los pocos que mantienen intacta su telúrica fisicidad en una infantilizada sociedad donde lo virtual es divinizado. Podría hacer otras reflexiones, y no necesariamente paralelas, pero admiro a Serra, su valentía e independencia de criterio.
Mucho más recomendable que ver una corrida.
Saludos.

sábado, 20 de junio de 2026

De cuello vuelto


 

Voy a tardar muy poco en escribir sobre MASPALOMAS. Habrá quien coloque algún cartelito sobre no sé qué polladas de la comunidad LGT... (nunca sé cómo sigue). Error. MASPALOMAS va sobre un señor normal y corriente, que se enfada a veces, que observa mucho, que le gustan los cuerpos jóvenes, la aventura, reír, una cerveza fresquita. Y en esto le da un ictus cuando está en lo ideal, que es lo de despertar en lo mejor del sueño, solo que él despierta en una residencia en Euskadi, que no es Canarias precisamente. Y conoce a un señor vasco que vota a Vox y que es un buenazo, y se llevan de puta madre, porque le ayuda a recuperar movilidad y le quita hierro a todo. Y se lleva fatal con su hija, que no le perdona algunas cosas, aunque está en su derecho. Y entonces llega el Covid y sus putadas, y descubrimos que este señor, a lo mejor, lo único que quiere es amar y ser amado, como cualquiera. Por eso es la historia de un señor normal y corriente, y muy bien interpretado por José Ramón Soroiz, debo añadir. Y ya estaría...
Saludos.

sábado, 13 de junio de 2026

Aquelarre para el fin de una era


 

Hoy nos hacemos un 2x1, por lo del calor y las vacaciones. Y es que BALEARIC nos cuenta por partida doble, al haber competido en Sitges y en los Goya, donde su Ion de Sosa optó a la mejor dirección novel. Lo mejor que se puede decir de ella es que tiene intención, aunque se queda corta en todos sus planteamientos, interesantes pero no tan audaces como podría parecer. Con un ojo en el Buñuel de EL ÁNGEL EXTERMINADOR, otro en LA CIÉNAGA de Lucrecia Martel y, no podía faltar, algunos guiños al Lynch que más les guste, el planteamiento, en clave de sátira surreal, se queda a mitad de camino de casi todo, básicamente por su exasperante inconcreción. El film se abre con cuatro centennials que inician las vacaciones con una caminata a la playa, mientras se cuentan gilipolleces ininteligibles, se hacen selfies y deciden meterse en una lujosa casa de campo, aparentemente abandonada, donde se dan un chapuzón justo antes de que les ataquen tres perracos negros. Fin de eso. Luego nos vamos a otro palacete de la serranía balear, donde un grupo de gente ya entrada en sus años se ha reunido para celebrar la noche de San Juan, lo que incluye ponerse ciegos, contar el tiempo que le queda al patriarca para espicharla y quedarse con su patrimonio o hacer esculturas de hielo, mientras un tremendo incendio se les echa encima, sin que ello les debiese arruinar una paellita a la leña. Y, a ver, son 75 minutos que saben a corto estirado, con algunas ideas interesantes pero poco punch narrativo, más allá del insistente zambombazo onírico, del que se desprende una crítica a la insalvable brecha generacional de quienes no pueden acceder a lo que otros jamás soltarán, envolviéndolo en secretismo y artificios, como si de oscuros nigromantes se tratara, cuando no son más que pergaminos enjoyados a los que se les empiezan a subir las hormigas por las piernas.
Exige mucho y ofrece poco. Ustedes mismos.
Saludos.

sábado, 6 de junio de 2026

Fuera de carta


 

Nunca he sido un gran fan del cine de Manuel Gómez Pereira, cineasta hábil, conocedor del oficio, pero apegado siempre a las corrientes que otros han abierto con mayor arrojo y prestancia. Le admito eso, pero en una película como LA CENA, todos y cada uno de sus tics le van jugando ora a favor ora en contra, dependiendo de qué tono va eligiendo para surtir una comedia tan anticlimática que por momentos parece grosera. La idea es atractiva, llevándonos hasta los primeros días tras la victoria Nacional en la Guerra Incivil, hasta el mítico Hotel Palace, uno de los más lujosos de Madrid, que sirve en esos momentos de improvisado hospital de campaña para atender a heridos y moribundos. Allí rige el antiguo maître, que es requerido por un joven teniente para que organice nada menos que una cena a todo trapo para el caudillo y varios generales, porque le ha salido del huevo. Por momentos, el film alude (pero no se me vengan arriba) al "Schindler" de Spielberg, donde se aprovecha una inconveniencia para usarlo en beneficio propio. Así, son liberados varios cocineros republicanos "porque son los mejores", mientras la improvisada cuadrilla va urdiendo la posibilidad de convertir el evento en una fuga al país vecino. No hablo de un diseño de producción temerariamente televisivo, la falta de sutileza para abordar según qué roles o un montaje más alocado que dinámico. Esos son sus errores, pero en sus aciertos está, por ejemplo, lograr eso tan difícil de la sonrisa helada, además de lanzar sus dardos intencionadamente, haciendo que aterricen mucho más cerca de lo que su cronología indica. Mario Casas bien y Alberto San Juan bien. Pero son películas como ésta las que nos hacen apreciar lo que hacía Berlanga y lo inalcanzable que sigue siendo...
Saludos.

sábado, 30 de mayo de 2026

Retrato con familia al fondo


 

Si hay algo que define a ROMERÍA es el portentoso salto adelante de Carla Simón, que pasa de dubitativa rastreadora de "la historia que surge" a potente creadora, sin miedo al ridículo, y por tanto escribiente de su propia epopeya, que ella ha elegido contar en tres trazos, que no me atrevo a dar por complementarios. Es, me parece, su mejor obra. Un compendio de destellos íntimos, prácticamente sugeridos, que estallan en mil pedazos emocionales, pero sin hacer ruido, en el llanto ahogado de lo que ahora mismo echamos tanto de menos, acaso la dignidad. Es la historia de Marina, que se va de Cataluña a Vigo para un mero trámite, ser reconocida como hija para optar a una beca en la escuela de cine. El problema es que necesita la firma de sus abuelos, y en el preguntarse por qué eso sería una traba se apoya esta hermosa y digna historia, que se va deshojando poco a poco ante la mirada atónita de esa joven, ante la que queda expuesta la tormentosa vida de sus padres, tan diferente a la de esa familia que nunca llegó a conocer antes, y que en apenas tres o cuatro escenas sublimes (la entrega del dinero, la limpieza de la piscina o la silenciosa llegada del otro paria) nos da cuenta de una cineasta que no lo parece por su ambigüedad formal, pero es una magnífica narradora de lo que no se ve a simple vista.
Si el futuro de Simón pasa por aquí, estamos de enhorabuena.
Excepcional.
Saludos.

jueves, 28 de mayo de 2026

Noche de brujas


 

Paul Urkijo Alijo sigue escalando en su particular revisión de los mitos y leyendas de su tierra, Euskadi, para entregar GAUA (NOCHE), presentada en el pasado Sitges, con muchos de los aciertos apuntados en ERREMENTARI, aunque vuela un punto más bajo que IRATI, su mejor obra hasta ahora. En esta historia sobre brujas, supersticiones y dogmas castradores, ambientada en el siglo XVII, pesa con enjundia el carácter episódico con el que comienza, cuando la joven Kattalina, huyendo de su despótico esposo, se pierde en la negrura del bosque y topándose con una misteriosa entidad, hasta que pierde el conocimiento y es rescatada por tres alegres mujeres de mediana edad, que cada noche se reúnen para empinar el codo con patxarán casero, mientras se cuentan historias de terror. La idea es estupenda, sirviéndose de estos cuentos para narrar la verdadera historia de lo que ocurre en el pueblo, tras las puertas cerradas. En esencia, una población sometida por el miedo, a merced de la inquisidora mirada del Páter Mateo, un cura aficionado a la caza y a espiar los "juegos ajenos". Así, como film puro de género, GAUA es una obra más que estimable, con un diseño de producción cojonudo y unas interpretaciones correctas. El debe se encuentra en la oportunidad perdida de haber elaborado un guion menos previsible, que se sirviese de los elementos sobrenaturales para hablarnos de esos otros males que nunca parecen haberse ido. Muy recomendable en todo caso, con algunas escenas, como la de la poseída, que al que esto escribe lo dejó con la boca abierta, por lo original de su resolución.
Este señor sigue bien encaminado.
Saludos.

lunes, 25 de mayo de 2026

Encontrarse en un hasta siempre


 

A lo mejor no hay una película mejor para despedir el homenaje a Héctor Alterio que NORA, una pequeña historia, la segunda de una joven directora, en la que el maestro dejaba una de sus últimas perlas interpretativas en apenas unos primeros minutos, que luego atraviesan esta especie de viaje iniciático, el de una treintañera que no sabe cuál es su lugar, y para ello se lleva las cenizas de su abuelo recién fallecido en un viejo Dyane6, para que descansen junto a los de su abuela, en un pequeño cementerio del País Vasco francés. La película, salvada la anécdota, es ya otra cosa, no mucho; una road movie generacional sin conflictos de los que duelen, con la red de seguridad siempre a punto. Pero bueno, a la protagonista le coges cariño por lo que le cuesta perder la sonrisa, aunque se encuentre por el camino a la gente más siesa de por allí arriba, que la habrá. Pero bueno, qué demonios, todo esto mereció la pena para estar unos meses junto a uno de los grandes...
Saludos.

sábado, 23 de mayo de 2026

Volumen brutal


 

Encomendamos las próximas jornadas sabatinas a las películas que conformaron el último palmarés de los Goya; que entre oscars, homenajes póstumos y otras hierbas, no hemos podido hincarle el diente al suceso con anterioridad, aunque más vale tarde. Y lo hacemos con SORDA, ópera prima de Eva Libertad, que logra sortear con habilidad todos los problemas derivados de construir un drama familiar en torno a una discapacidad. Lo digo así aunque ser sordo no sea una discapacidad, pero el quid consiste en cómo plantear el cuerpo del guion, hacia dónde han de apuntar las flechas, porque parece evidente que se remarca la condición de la protagonista como desencadenante de la incomprensión que sufre por su entorno, que se ve acrecentada cuando se queda embarazada y posteriormente nace su hija. El acierto de la directora es prescindir del componente emocional, dibujando a Ángela como una mujer absolutamente normal, cuyos problemas son los mismos que los de cualquiera, por mucho que nos parezcan tan diferentes. No es una grandísima película, y de hecho me parece que su desenlace queda algo tibio, pero tiene muy buenos apuntes en un camino tan tendente a lo maniqueo en nuestra cinematografía.
Saludos.

lunes, 4 de mayo de 2026

El último y nos marchamos


 

Si bien es cierto que la participación de Héctor Alterio en DON JUAN EN LOS INFIERNOS, la libérrima adaptación que Gonzalo Suárez hizo de la obra de Molière, se reducía a unos minutos, interpretando al espectro del padre del famoso libertino, no podía resistirme a comentar este film, que hace un siglo que no veía (para ser concisos, desde su estreno en 1991). Con una imaginería obra de Emilio Ardura, que recreaba el decadente panorama de la España de un Felipe II moribundo, Suárez captó una de las mejores interpretaciones de Fernando Guillén, un Don Juan ya maduro, que acompañado de su sirviente Esganarel, proverbian lo que podríamos denominar la versión descreída y lúbrica del Quijote y Sancho Panza. Muchas son las correrías de un hombre que renegaba de los preceptos fanáticos del rey que llegó a considerar la risa como pecado, mientras él saltaba de cama en cama y daba una frase que puede resumir una vida entera: "Busco el brillo fugaz de la espada, no el dolor de la herida que produce". Entre la ensoñación y el surrealismo tan caro a su autor, es necesario ver este film con unos ojos que me temo extintos en la era de la sobreexposición y la sobreexplicación. Lo que queda aquí es un hermoso canto a la vida, breve, sí ¿pero cuál no ha de serlo?
Saludos.

lunes, 27 de abril de 2026

¿Quién manda aquí?


 

Es MI GENERAL uno de esos casos extrañísimos, de desubicación absoluta, en un tiempo que demandaba visiones menos estancadas, del mismo modo que se descosía en producciones perezosas, al amparo de subvenciones no del todo justificadas. La historia navega sin rumbo entre el esperpento berlanguiano, la sátira sobre la primera década de democracia, pero también la condescendencia nostálgica y una incorrección un tanto apolillada. Curioso, en tanto que Jaime de Armiñán contó con un reparto descomunal, que incluía a Fernando Fernán Gómez (coautor del guion), José Luis López Vázquez, Héctor Alterio, Fernando Rey o Rafael Alonso, entre otros. He ahí uno de los problemas fundamentales, el de ubicar a tanto monstruo sin desequilibrar una narración tambaleante de por sí. Se nos cuenta una improbable convención, en la que un destacado grupo de generales al borde de la jubilación va a convivir en un complejo turístico, donde van a recibir clases de "reciclado" de cinco jóvenes capitanes, lo que provoca el consecuente choque generacional, agravado por la dificultad que supone el sistema de rangos. Es un film fallido, estructurado en falsos episodios, como si de una serie que nunca fue se tratase; amén de lo descabellado de la propuesta, que hubiese reverdecido con una mirada menos amable y neutral. Una lástima, dado el material con el que contaba, pero que explica el justo ostracismo que le pesa cuarenta años después.
Saludos.

lunes, 30 de marzo de 2026

Sic transit gloria mundi


 

Es curiosa la transformación semántica sufrida por diversos títulos pertenecientes a la discutida y discutible "transición española". Lo que entonces nos parecía subversivo, hoy es enternecedor; lo que rompedor, ya figurativismo arqueológico. No es una época tan fructífera, quizá si más por lo escueto de su extensión, pero al menos nos pasma la valentía de quienes estuvieron tanto tiempo oscurecidos por el ala del cuervo, porque ahora imaginamos luminoso el resplandor de su brillante culo encima de nuestras agradecidas cabecitas. Tenemos, por ejemplo, ¡ARRIBA HAZAÑA!, uno de los escasos ejemplos de "rebelión en las aulas", que el olvidado José María Vaz de Soto noveló en base a su experiencia con los Maristas, replegando el mapa de un franquismo boqueante en uno de esos colegios internos e identificando a los curas y alumnos como represores y reprimidos, hasta que los últimos deciden que ya esá bien de tanta misa y reproche hipócrita, iniciando una huelga que les permita conquistar sus derechos. Con un reparto sensacional, donde Fernando Fernán Gómez y Héctor Alterio encabezaban como el prefecto y el director respectivamente, también intervenía brevemente José Sacristán, y entre los secundarios sobresalían el gran Luis Ciges o unos jóvenes Enrique San Francisco e Iñaki Miramón. Cualquiera hubiese augurado un gran futuro como cineasta al leonés José María Gutiérrez Santos, que anteriormente adaptó junto a Vargas Llosa nada menos que su PANTALEÓN..., para hundirse en los cenagales de la españolada más casposa, puntuar dos breves episodios en TVE y largarse a Argentina, sin que hubiese ninguna noticia de otro trabajo suyo. Este film, el único notorio suyo, también ha quedado esquinado, a mi juicio injustamente, por lo que de "retrato español" tiene, sin sangres, pero tampoco misericordias, que hubiese dicho Galdós...
Saludos.

lunes, 9 de marzo de 2026

Fueraborda


 

No es de extrañar que Jaime Chávarri, viniendo de la catarsis de los Panero, atendiera de nuevo a Querejeta, que acariciaba desde hacía tiempo el irrealizable proyecto de registrar el día a día de un entrañable marica, que oficiaba de mago en aquellas salas de fiestas y que, por añadidura, guardaba la estampa emocional de haber conocido a Lorca cuando era un niño, en la casa donde su padre, jardinero, fue asesinado por los fascistas. Mucho que contar y muy difícil de cohesionar en una película no demasiado larga, donde importa menos la revisitación histórica y sí el fascinante retrato que Héctor Alterio, en uno de sus papeles más memorables, imprime entre la resignación, el hastío y los pequeños placeres que se procura con sus amistades femeninas y su amante, un hombre casado. A UN DIOS DESCONOCIDO es eso, un film desconocido, habida cuenta la enjundia de los nombres y lo atrevido de la propuesta. Lo que ha quedado es un film muy bien realizado, de corte nostálgico, que se ve mejor medio siglo después que en aquella España que balbuceaba sus libertades; sea por lo marciano que se ve ese Madrid como un pueblo desmesurado, devorando periferias y acotando presentes centralismos, o trazando un mapa emocional insólito, el de una homosexualidad en absoluto sobreexcitada, y sí necesitada de no perder el centro de su propia dignidad arrebatada.
Pende de un hilo, pero Alterio está soberbio.
Saludos.

lunes, 2 de marzo de 2026

Sobre vivir


 

Como una fotografía, abandonada en un cajón, pinchada en un corcho, en un álbum, apenas suspendida en un rincón de la memoria de alguien que fue niño, que a lo mejor está a punto de morirse, que vivió o forma parte de la vida de alguien. El diabólico entramado de CRÍA CUERVOS... es poderoso e intimidante por lo vago y cercano que es al mismo tiempo. Todo es filtrado por la visión de Ana, que (en una antológica y aterradora escena de apertura) es testigo de la infidelidad de su padre, e inmediatamente de su muerte. Ana, que junto a sus dos hermanas debe ahora soportar a su estricta tía, porque su pobre madre también murió, enferma, envenenada o de soledad, qué más da ahora, o qué más dará cuando Ana ya sea una mujer. El guion de Carlos Saura, el primero que escribió íntegramente, es un prodigio de cómo modular la ambigüedad, para crear un cuento de fantasmas, dolorosamente vivos, vestigios de su propia vergüenza, que dan forma a una herida inobservable. Película finísima, amarga, de la que se repite hasta la saciedad aquello de "la mirada de Ana Torrent", pero es que es cierto. Nada de todo lo terrible que sucede aquí sería tan terrible si no observáramos nosotros mismos al testigo; lo difícil, al menos para mí, es sostenerle la mirada a esa niña que parece haberlo vivido todo...
Demoledora.
Saludos.

lunes, 23 de febrero de 2026

El santo culpable


 

Tender algún paralelismo desde PASCUAL DUARTE, de 1976, hasta la novela casi homónima de Cela es, además de una temeridad, un acto de desconocimiento o inconsciencia. Mientras el autor gallego desgranaba las miserias del entorno rural, con un mordaz e implacable uso de las correspondencias psicológicas y simbólicas entre sus personajes, el film de Ricardo Franco (aún sorprende que lo rodara con apenas 26 años) se despoja de cualquier discurso antropológico, para metamorfosear su crónica negra de la España inmediatamente anterior a la Guerra Civil en la foto fija de un psicópata insondable e incatalogable. Producto y despojo de aquella Extremadura seca y hostil, en apenas tres o cuatro ramalazos trazamos la infancia analfabeta de Duarte, hijo de un padre portugués y alcohólico y una mujer que nunca se fio mucho de su propio hijo, su juventud con alguna esperanza de ser feliz junto a su joven esposa, y la caída en los infiernos tras la fatídica muerte de ésta y el abandono de su única hermana para irse con el tipo que lo tiene atravesado. Lo que hace Franco es un film extraño para la época, que adelanta a cineastas posteriores como Rosales o Martín Cuenca, pero que igualmente dota de sentido el microcosmos que poco después desarrollaría Mario Camus en LOS SANTOS INOCENTES. Película injustamente olvidada, desde luego no para todos los paladares, pero que tenía, además de una excepcional fotografía del gran Luis Cuadrado, un ramillete de interpretaciones sostenidas, casi minimalistas, entre las que destacaba un intimidante José Luis Gómez (histórico su galardón en Cannes) y, en menor medida, Héctor Alterio, como el padre, borracho y abusador, que actúa como desencadenante de una mente enferma de violencia.
Saludos.

martes, 10 de febrero de 2026

Los buscadores


 

Vamos a ir desgranando los títulos que nos faltaban de las nominaciones a los oscar, antes de que nos atropelle el certamen, afirmando de antemano que me parecen las más equilibradas y cabales de los últimos años. La gran noticia para nuestro cine ha sido la doble inclusión de SIRÂT, avalada por un lado por su gran acogida en Cannes, pero sin olvidar la influencia de El Deseo, que no debe ser poca. Bien por Oliver Laxe, que proviene de un cine de bajo presupuesto y altas ambiciones, que aún es capaz de proponer en este film bello, como siempre ha sido su cine, brutal también, pero irregular en la escritura, que se acoge a la exposición paisajística cuando llega a un cuello de botella que estrangula su "gran relato expansivo". Curiosa analogía (intentando no desvelar nada), porque el argumento se basa en el arrinconamiento de un entorno hostil e indiferente a las cuitas y sinsabores humanos, sean estos buscar a una hija perdida o ir a una rave a bailar. Aciertos y errores que quedan equilibrados a lo largo de una primera fascinante, de narrativa clásica y una fantasmal fotografía de Mauro Herce, que me parece incluso superior al notable trabajo de sonido. Difícil adentrarse en este film por cauces normativos, por ello es notable en la experiencia lisérgica, mientras se ve forzada la esterilidad de un relato que, literalmente, se despeña diríamos que conscientemente. 
¿Es buena? Sí ¿Las tiene mejores Laxe? También.
Saludos.

domingo, 8 de febrero de 2026

Rincón del freak #681: Notas para sobrevivir al fin de la humanidad en plena transición democrática


 

Imaginen que el futuro es 1989, porque la producción de ESPECTRO (MÁS ALLÁ DEL FIN DEL MUNDO) es de 1978, y hasta ahí llegamos. El futuro en la era de la UCD eran dos hermanos de Calatayud que van a batir el récord de permanencia bajo tierra con dos cuerdas, unas latas de berberechos y un cartón de vino tinto. La idea es llegar al centro del orbe y quedarse allí unas semanas, pero nadie contaba con que los dos hermanos se llevan como el culo, porque uno es prudente y socialista y el otro un gañán que añora al tito Paco. Mientras, en la superficie, se suceden escenas random, como la de dos amigos que entran en una tasca y el tasquero les pone "lo de siempre", que es una botella de Freixenet Carta Nevada, a la que invitan a una señorita que ha puesto el último éxito de Dyango, y que acabará en la cama con uno de ellos, que para eso es el destape. Cuando los dos hermanos (tras escupirse toda clase de reproches) salen al fin, descubren que allí no queda ni perry, que la gente se ha quedado como maniquíes en una fiesta, el agua está turbia y las conservas petroleadas. Luego salen monos, pero yo creo que lo mejor es la científica que invita a los susodichos a merendar, que bien podría haber sido la del medio de Las Grecas. Total, que el fin del mundo era eso, pero a mí me da mucho más miedo otra peli de Esteba, donde salían los hermanos Calatrava. Les invito a que la busquen...
Saludos.

martes, 27 de enero de 2026

Quién mata a la rata


De refilón, me encuentro con RABIA, película de 2009, sepultada en el fondo de catálogo de Prime, que de servir para algo sería para arrojar algo de luz al siempre controvertido tema de las subvenciones. La película, como digo olvidada, estaba dirigida por el ecuatoriano Sebastián Cordero, adaptando el libro del argentino Sergio Bizzio, con mejores intenciones que resultados, en una mezcla de géneros que termina por ser forzada. Nos habla de Rosa, inmigrante colombiana, que trabaja como empleada doméstica en la casa de unos señores acaudalados, mientras imagina cómo podría ser su vida junto a José María, su pareja, que es albañil en una obra. Sin embargo, su vida da un vuelco cuando José María, celoso patológico, da una paliza a un tipo que piropea a Rosa. Esto llega a oídos de su capataz, que lo despide, y que resulta muerto por la posterior discusión. Desesperado, José María se refugia en la casa donde trabaja Rosa, que además descubre que está embarazada. Demasiadas cosas para un guion básico y esquemático, que pretende aunar un thriller criminal con un retrato psicológico igualmente superficial, y una problemática, la de la inmigración, por la que también pasa de puntillas. Es correcta, demasiado correcta, pero no tiene un solo elemento por el que pueda ser recordada, cosa que efectivamente ha acabado ocurriendo. El tema al que aludíamos al principio, júzguenlo ustedes mismos: 200.000 euros de recaudación para 3.500.000 de presupuesto. Ay...
Saludos.

domingo, 2 de noviembre de 2025

Rincón del freak #667: Gitanos del Black Metal


 

El agua y el aceite. La pizza y la piña. El Planeta y la literatura. Cosas que no casan, que no pegan ni con cola, que hacen sangrar los ojos y hacen morir gatitos entre horribles estertores. A lo mejor Jesús Franco pensó que no era tan difícil mejorar a Deodato, que tirar con los dientes de carne de pavo estaba chupado y que filmar a una chavala de 17 años completamente desnuda era lo propio para 1980. Y luego está lo de los títulos simbiontes, que podríamos barajar entre WHITE CANNIBAL QUEEN, MONDO CANNIBALE, THE CANNIBAL o simplemente CANNIBALS, que no sé para qué tanto cambio si son todos similares. El tío Jess le dio unas vacaciones gratis a Lina Romay, después de tanto porno europeo, y se fue a Sintra, en Portugal, para hacerlo pasar por... es que parece que querían decir África, pero esa gente con ponchos me despista, además da igual, porque hay una escena con una cascabel, que son más americanas que el tupé de Trump. Para colmo, todo comienza en un barco, donde al abrir un poco el plano vemos al fondo un chalé con tejas y ventanales ¿? Aunque lo mollar está en esa improbable tribu de antropófagos, posiblemente lugareños que desayunaban gratis, veían a Sabrina Siani en pelote vivo sin saber que iba al instituto y se reían al hacer las danzas tribales, ridículas por otra parte. Maldita sea, que no pasan el corte de caníbal, que tienen barriga cervecera, bigotito recortado, patillas, por no hablar de que llevan la cara pintada como un jardín de infancia regentado por el cantante de Dimmu Borgir. 
La frase: "Muerte al hombre blanco"... Sí, ellos mismos son blancos. Eso sí, el tío Jess se reservó una escena antológica como un guía que reconoce no tener ni puta idea de aquella zona "afroamericana", y en vez de coger el dinero le dice a sus contratantes que le dejen comer en paz. Ah, y epatante el plano secuencia en el que a un tipo le cortan el brazo para devorarlo y aun así logra escapar sin hacer ruido.
Yo la vería acompañado para ir anotando cosas...
Saludos.

sábado, 25 de octubre de 2025

La primera piedra


 

Película, como su personaje central, más jodida de desentrañar de lo que parece aparentar en la capa superficial, probablemente con la que se queden quienes no sean capaces de identificar la historia de Enric Marco con la de este país, cainita y malversador, que prefiere a "adalides" de sofá que a bufones, sí, pero con más calidad humana y, seguramente, más amor al prójimo ¿Es MARCO la historia de un mentiroso compulsivo? Sí, pero también es un ruego, el que se desprende de la mirada de esa bestia llamada Eduard Fernández, que es la del hombre que lo ha visto todo y sólo quiere compartirlo, abrir las conciencias. Marco era el mejor don nadie que puede existir, el que lograba mover y remover, una fuerza de la naturaleza que cometió el pecado de ser personaje en vez de persona; eso, a día de hoy, en la era de la posverdad, de la inteligencia artificial, del genocidio en directo, de las luchas de clase cediendo ante el reality de los poderes fácticos, es una broma pesada. Personalmente, Enric Marco me parece más humano, generoso y luchador que la mayoría de la escoria política y mediática que nos rodea. Puedes tener muertos a miles, defraudar dinero a espuertas, emborracharte mientras tus "conciudadanos" se ahogaban o alimentar a grupos neonazis con dinero público para amedrentar, de nuevo, a tus "conciudadanos". Al lado de todo eso, Marco parece un tipo al que sólo quieres dar un abrazo... y por qué no, que te cuente su historia. Y el que no esté de acuerdo, que tire la primera piedra...
Esclarecedora, y no precisamente de una sola impostura.
Saludos.

viernes, 3 de octubre de 2025

La memoria muerta


 Leí en su momento BELTENEBROS, llevado por el impacto que me produjo "El jinete polaco" (otro nivel), y que me sirvió como preámbulo para enfrentarme a la adaptación de Pilar Miró, empresa nada sencilla para captar el intrincado léxico del escritor jienense, para lo que contó con la colaboración inestimable del gran Mario Camus y el también escritor Juan Antonio Porto. El resultado es, para quien esto escribe, el mejor posible. Un thriller gélido, desapasionado, casi abúlico, ataviado con un excepcional Terence Stamp, invocando al Delon de Melville, pero con más corazón y principios que aquél; un "hombre que no existe", que luchó junto a los perdedores republicanos, fue sentenciado y logró escapar a Inglaterra. Lo que se apunta, también en la novela, es el destino marcado de Darman (el seudónimo del seudónimo), su sino fatal que lo arrastra, más de veinte años después "a asesinar a un hombre que no había visto nunca", encontrándose con una España miserable y mentirosa, plagada de costras y carcasas. Allí encuentra a una prostituta muy cara que de vez en cuando hace de Rita Hayworth sin vestido, a un proyeccionista que miente muy bien, un repugnante psicópata sexual y, al final, a un hombre inocente, pero marcado para morir. Quédense con la gran interpretación de Stamp, la hermosa partitura de José Nieto, y sobre todo con la sublime fotografía de Javier Aguirresarobe, que fue uno de los tres Goya que se llevó y el principal baluarte para alzarse con el Oso de plata en Berlín.
De lo mejor que rodó Pilar Miró sin duda alguna.
Saludos.

... ¿Y todo esto lo ha hecho usted solo?...
No, necesité estar rodeado de siete mil millones de personas...

¡Cuidao con mis primos!