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sábado, 22 de agosto de 2026

El guionista 3


 

Experiencia intimidante, no apta para aquellos que tomen el cine como el acompañamiento para las palomitas, la última película dirigida por Dudley Nichols adaptaba una de las obras más ambiciosas de Eugene O'Neill, lo que suele ser sinónimo de exigencia sin misericordia hacia el espectador. MOURNING BECOMES ELECTRA adaptaba la Orestíada de Esquilo, trasladándola hasta el Boston post guerracivilista, y más concretamente hasta la imponente casa de un prestigioso juez (Raymond Massey), que vuelve del frente junto a su hijo (Michael Redgrave). Lo que Nichols pone en pantalla es la terrorífica deriva de una familia corroída por una pasión incontrolable, la que sienten la madre (Katina Paxinou) y la hija (Rosalind Russell) por un capitán de barco, a la sazón fruto de la violación de una sirvienta, y que en secreto odia a la infame familia Mannon, planeando usar este jodidísimo triángulo para sembrar la discordia y destruirlos desde dentro. Hasta aquí, podríamos tener ya un melodrama desaforado, pero hablando de Nichols adaptando a O'Neill, la escalada de odios, traiciones y ponzoñas traspasa cada uno de sus tres actos (Homecoming, Hunted y Haunted) hasta conformar un retablo repleto de personajes miserables, abyectos e indefendibles en sus enfermizas relaciones. En pocas ocasiones el cine ha expuesto el amor incestuoso de manera tan preclara, sin necesidad de explicitar unas conductas en las que prevalece, sobre todo, un egoísmo enceguecido por la envidia y los celos más subterráneos. Valga apuntar el pequeño personaje interpretado por un entonces casi desconocido Kirk Douglas, quizá el único punto luminoso del film, cuyas honestas intenciones se ven igualmente socavadas por esta autodestructiva familia. El plano final de las puertas y ventanas de la mansión, cerrándose a cal y canto para siempre, parece la única conclusión posible para esta experiencia que siempre me he resistido a recomendar, por lo controvertido de su visionado.
Y hasta aquí.
Saludos.

sábado, 15 de agosto de 2026

El guionista 2


 

De nuevo, Dudley Nichols filmó su segunda película con la RKO. SISTER KENNY contaba el titánico esfuerzo de la enfermera australiana Elizabeth Kenny por convencer a la comunidad médica de la validez de sus métodos contra la polio, que rechazaban de plano la inmovilización y se basaban en unos cuidados fisioterapéuticos menos agresivos. No es sencillo mantener dos horas de film sobre una biografía tan poco conocida, pero Nichols logra un trabajo que funciona, en gran parte, por el gran trabajo de Rosalind Russell, que ganó el Globo de Oro y estuvo nominada al oscar en 1946. Russell compone un arco de cuarenta años, los que van desde que Kenny decidió ser una humilde enfermera rural, logrando resultados inimaginables en niños a los que se daba por imposibles. Ello supuso una dedicación absoluta, que no le permitió formar una familia con su prometido, militar, que se cansó de esperarla. Aunque peores fueron los continuos enfrentamientos con el jefe de ortopedia médica, que la consideraba poco menos que una curandera advenediza, humillándola en cada ocasión. No fue hasta ya con una avanzada edad, que Kenny logró ser reconocida como la creadora de una base revolucionaria en la lucha contra la poliomielitis, aunque tuviese que ser fuera de su país. Un film mucho más interesante de lo que cabría esperar, con muy poco sentimentalismo, y sí un sentido de la justicia que nos habla de cómo los sacrificios personales a menudo son el mayor legado para una mayoría.
Saludos.

sábado, 8 de agosto de 2026

El guionista 1


 

Es conocido que el período de la WWII abrió las puertas a numerosos aspirantes a cineastas, que llevados por la necesidad de Hollywood de alimentar la propaganda en favor de la intervención americana, cada vez mayor, plagaron las carteleras de una pléyade de films en los que el fervor patriota impregnaba cualquier género, sin necesidad de que fuese estrictamente bélico. No era el caso de Dudley Nichols, por entonces probablemente el más grande entre los guionistas; habitual de Ford (con el que ganó el polémico oscar de EL DELATOR), Hawks, Lang o Renoir (y sólo por simplificar), Nichols convenció a la RKO para ponerse al frente de una trepidante comedia al más puro estilo hawksiano, que sirviera además para enaltecer el espíritu de los americanos que trabajaban codo con codo para ganar la guerra. Así nació GOVERNMENT GIRL, un aparentemente inocuo vehículo diseñado para convertir a la recatada Olivia de Havilland en una imparable secretaria destinada a Washington, donde ha de ponerse (tras los pertinentes equívocos identitarios) a las órdenes de un ingeniero automovilístico (Sonny Tufts), al que han endilgado el marrón de cuadruplicar la producción de bombarderos. Con un montón de escenas deudoras de LA FIERA DE MI NIÑA (también escrita por Nichols), aunque sin su genuina libertad de movimientos, estamos ante una screwball de toda la vida, que se desenvuelve a toda velocidad entre diálogos relampagueantes, acción motorizada, los laberintos amorosos que arrastran a la pobre secretaria, que duda entre un avispado corresponsal, un pérfido arribista del congreso o su pobre jefe, al que los tejemanejes de despacho lo tienen hasta las narices y desea volver cuanto antes a Detroit a seguir haciendo coches. Una lástima que su pareja protagonista tenga menos química de lo deseable, dejando en evidencia que se trataba de un título menor, aunque significara el inicio de la breve carrera como director de Nichols, que aprovecharemos para desgranar de aquí a las próximas semanas, habida cuenta de lo paradójicamente distintas que son las tres entre sí.
Saludos.

... ¿Y todo esto lo ha hecho usted solo?...
No, necesité estar rodeado de siete mil millones de personas...

¡Cuidao con mis primos!