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domingo, 9 de mayo de 2021

Rincón del freak #455: Cremá total


 

Y abundando en la cuestión de lo flamable, este deseo pirómano nos ha de llevar, indefectiblemente, a uno de esos títulos que llevan décadas jugando al gato y al ratón con nuestra memoria. SPONTANEOUS COMBUSTION fue la gran ida de olla de un señor que era capaz de encontrar oro moviéndose por el fango; o dicho de otra manera, la certificación de que a Tobe Hooper ya no le quedaba nada que decir. Nacida de una idea propia, lo cierto es que la película no arranca mal, con una extensa introducción en flashback que, sorteando su propia naturaleza cartoonesca, es un tímido alegato antinuclear. Luego, sitúense. Es 1990, las corbatas son terribles, las radios son fluorescentes y transparentes, y Brad Dourif era contratado para poner cara de psicópata (en realidad la suya) y arrastrar las frases como si su interlocutor fuera sordo. La chicha, por no extendernos mucho, habla de un descabellado experimento atómico, en el que participa un joven matrimonio por motivos económicos. Y algo más tarde, con el nacimiento de su hijo, algo extraño se desencadena, y es que todo el que se acerca demasiado al bebé termina ardiendo en forma de holocausto. Hooper intenta después sostener una hora entera en base a la trágica condición de este bebé, ya adulto, que poco a poco va descubriendo este terrible don. Podría haber salido algo mucho más interesante, incluso sin tomarse mucho en serio, pero entre el tono de opereta y unos efectos especiales antiguos incluso para los 90, el film tuvo una acogida ínfima, y fue cayendo en un olvido, si no merecido, bastante justificado. De hecho, y ya que han pasado tres décadas, y estamos en plena fiebre revisionista, no estaría mal que a alguien se le ocurriese una puesta al día que dignificara el legado de un director que, por otra parte, tantas y tan buenas páginas nos dejó...
Saludos.

viernes, 10 de julio de 2020

Placer culpable 1



Si saben a lo que me refiero me entenderán. SALEM'S LOT fue la adaptación que Tobe Hooper realizó, allá por 1979, de la segunda novela de Stephen King, y que aquella segunda cadena emitió en formato de miniserie, si no me equivoco en tres episodios de una hora. La he vuelto a ver aún un par de veces más durante todo este tiempo, y aún conserva gran parte de su encanto, algo inocente, pero que da como resultado una entretenida y curiosa historia de vampiros, aunque la novela (en mi opinión de las mejores de King) contiene un sustrato interior al que no se llega a rozar, pese a las tres horas empleadas. Hooper, especialista de lo truculento, sufre a la hora de engarzar diálogos y situaciones, pero da el todo por el todo en algunas secuencias clave, como la aparición de los vampiros, a cual más inquietante (la foto que ilustra es una de mis pesadillas recurrentes). Vista 40 años después, aún podemos estremecernos con los extraños socios Straker & Barlow, flipar con el escritor que interpretaba el rubio de "Starsky & Hutch", o descubrir a una joven Bonnie Bedelia antes de ser rescatada por Bruce Willis; incluso el gran James Mason tomó parte en este clásico, involuntariamente de culto, y con el que seguiremos durante el fin de semana, pues no acaba aquí todo el jugo sacado a esta historia del genial Stephen King.
Saludos.

domingo, 5 de junio de 2016

Rincón del freak #238: Relato, auge y penitencia de los enormes desapercibidos



El remake de INVADERS OF MARS, que la inefable Cannon perpetró hace ya treinta años, pasa por ser uno de los fracasos más ridículos y evitables de una productora que por entonces enlazaba taquillazos impúdicamente y a costa del gusto neoconservador de aquella "era Reagan". No iban a ser menos aquí, teniendo en cuenta que ya la original hagiografiaba las bondades de un sistema militar destinado a la salvaguarda de "todo" lo que viniese del exterior, y ni siquiera del espacio. Una pena, porque me parece que a Tobe Hooper, director de demostrada solvencia para este tipo de films, apenas le dejaron el margen de maniobra que, por ejemplo, sí tuvo en su obra inmediatamente anterior, LIFEFORCE, que rodó en Gran Bretaña. Dos apuntes: casi todo está calcado de la de Cameron Menzies, por lo que el homenaje deviene incapacidad para elaborar un discurso propio, y lo que no es una copia queda completamente fuera de lugar, como el retrato de los extraterrestres, que se muestran desde muy pronto y poco menos que son unas extrañas albóndigas con dientes que se desplazan muy... muy... muy lentamente. Nos queda el consuelo de asistir a un momento particularmente bochornoso a cargo de una extraordinaria actriz, Louise Fletcher, que al más puro estilo V se tragó un sapo de goma como si nada... A eso le llamo yo un "trabajo alimenticio"...
Evítenla, no se pierden nada.
Saludos.

miércoles, 18 de mayo de 2016

Ya están aquí... #1



Asusta un poco echar la vista atrás y comprobar el tiempo que ha pasado desde que la mitología cinematográfica fue tomando forma en nuestro subconsciente, quizá haciéndonos como somos y determinando nuestra manera de ver cine. Nada ha vuelto a ser igual desde entonces, y mucha de aquella bendita inocencia se ha ido quedando en las miles de pantallas que nos han observado a nosotros como espectadores; así que no vemos ya el cine como lo veíamos entonces, pero también es cierto que el cine, en estos momentos, es otra cosa. Por ejemplo, es ridículo hacer hoy día POLTERGEIST, pero en 1982 Steven Spielberg y Tobe Hooper redefinieron el concepto de cine de terror vertiente casas encantadas y lo hicieron con una mala leche que no necesitaba de sangre, torturas ni truculencia, simplemente colocaron a una niña frente a una pantalla de televisión tras una carta de ajuste (otro mito) que daba las buenas noches a los buenos compatriotas a golpe de himno nacional. Antes, el cabeza de familia había hojeado una hagiografía de Reagan tumbado en la cama, la madre (nunca hemos tenido esas madres por aquí) repartía tortitas (aquí eran tortazos) a diestro y siniestro enfundada en una camiseta de football. Mientras el idealizado universo americano se desarrollaba con normalidad en una urbanización que señalaba el camino de la felicidad (Cuesta Verde), la amenaza provenía precisamente de esas horas en las que las urbanizaciones duermen despreocupadamente. Así, POLTERGEIST, vista 34 años después, no es tanto una película de terror como el indicativo, a lo mejor involuntario, del principio del final de esos mundos que tanto y tan bien nos vendieron desde Yanquilandia.
Ya no quedan ni cartas de ajuste, aunque la programación de madrugada da bastante más miedo que los seres sobrenaturales que se llevaron a la pobre Carol Anne a otra dimensión. Además, aquí somos de desayunar en los bares...
Saludos.

miércoles, 22 de octubre de 2008

Carne cruda

THE TEXAS CHAINSAW MASSACRE. Y ya está todo dicho.
Bueno, digamos algo más, que tenemos tiempo. Nos llevaría varios años compilar la cantidad de basura cinematográfica que se basa en un majara que no habla y que se carga (siguiendo siempre un mismo patrón) a un grupo de jovenzuelos imprudentes y salidorros. La trama suele ser de juzgado de guardia y la localización parece el triángulo de las Bermudas, porque nadie puede salir de allí... en fin.
Entonces, yo me pregunto... Si estos son los mimbres con los que un director jovencito y con pocos recursos económicos pretende dar la última campanada del cine de terror ¿por qué no se la juega a doble o nada? Es decir, que si no tienes dinero los efectos van a ser una birria, así que intenta prescindir de ellos y céntrate en crear una atmósfera tensa y envolvente. Como esto sólo se puede hacer con talento e intención, podríamos reducir el grupo de antes a un puñado escaso de nombres. Y esta película sería la piedra angular.
1974, el desconocido Tobe Hooper recoge una noticia acaecida en un alejado lugar de Texas y decide reconstruir aquello con muchas ideas y poco dinero. Aquello le sale magnífico, porque la historia era francamente sórdida y Hooper echa mano de la inexperiencia de los actores (nunca más se supo de ellos) y de una puesta en escena deslavazada, amputada, casi de postal quemada.
El malo. Sí, claro que el tal leatherface es clave. Es clave su mutismo, lo impetuoso de sus acciones, ese aura de sinsentido que resulta tan terrorífico. Es a lo que me refería al principio ¿Para qué gastar metraje y recursos explicando lo que no se puede explicar? El tipo es así y no nos interesa el porqué, eso habría que dejárselo a maestros como Hitchcock. Aquí es el terror directo lo que se impone, y el director lo sabe muy bien y por eso coloca dos puntos álgidos en el film. Primero, la irrupción incontestable de cara de cuero por primera vez. No lo esperamos, y eso lo hace aún más terrorífico. Ésta se ha convertido ya en una escena de cabecera para aspirantes, pues no utiliza los mismos recursos que luego se han hecho tan repetitivos. Transcurre a plena luz del día (apenas hay tomas nocturnas), a la víctima no se le da una sola oportunidad y todo pasa en pocos segundos, es decir: no hay una recreación insulsa de la muerte.
Todos estos elementos desembocan vertiginosamente en un final de infarto, donde hay toda una danza de muerte en un espacio abierto (ojo, abierto) y el último fotograma sigue siendo todo un clásico de este cine insano y descorazonador. El remake ni olerlo, avisados estáis.
Saludos descuartizados.
... ¿Y todo esto lo ha hecho usted solo?...
No, necesité estar rodeado de siete mil millones de personas...

¡Cuidao con mis primos!