Mostrando entradas con la etiqueta Stephen Frears. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Stephen Frears. Mostrar todas las entradas

jueves, 17 de junio de 2021

Películas para desengancharse #77


 

Hay películas "para desengancharse", igual que hay otras, pocas, sobre el desenganche, algo que los urbanitas conocemos bien, y que a veces asociamos erróneamente a cierto sentimiento de melancolía del desapego. Si hay una película que invoca dicha desconcertante sensación, no hay duda que hablamos de HIGH FIDELITY, sancta sanctorum de los que componemos la iglesia nunca bien ponderada de la "generación X" (de la que también me eXcomulgaron hace tiempo), y que contiene tantas delicias como trampas mortales. Una película para ver con un manual si se pretende ir de cool (antes era "guay"), pero que amenaza con decepcionar gravemente si se cumplen dos requisitos: saber mucho de música o verla veinte años después, con el añadido de dicho bagaje musical. Hay una tercera que pocos se atreven a incluir, pero que me parece fundamental: haber leído la novela de Nick Hornby, sólo para constatar no ya que es vergonzantemente superior a la película de Frears (un tipo cuyo cine se ha ido descosiendo con preocupante celeridad), sino que en puridad prácticamente no tiene nada que ver. La novela gira en torno a la tienda de discos situada en Camden, Londres; la película, sin embargo, cambia la ubicación por Whicker Park, en Chicago. Este detalle "sin importancia" es la clave para entender por qué Rob Fleming podría ser una especie de Joe Strummer retirado, cascarrabias y con un punto de agónica autocomplacencia casi misántropa, mientras que Rob Gordon (que puede ser interpretado por John Cusack allí, pero no por Vincent Regan aquí, que habría quedado perfecto a mi parecer) parece una copia amable de un Woody Allen con tres cuartos de cuero. En fin, que podría quedarme horas aquí charlando sobre anécdotas musicales, listas de top 5 o la incapacidad compulsiva para el compromiso sentimental con otros seres humanos. Prefiero dejarlo aquí, porque yo me harté de grabar casetes, pasaba las horas muertas en tiendas de discos y soñaba constantemente con no madurar jamás, por lo que pudieran decir los vecinos...
Saludos. 

sábado, 30 de diciembre de 2017

Una canción en falsete



Stephen Frears es, a día de hoy, lo que podemos considerar un director consagrado; a escasas fechas de su último estreno, posee una larga lista de títulos, y algunos pertenecen al imaginario popular por derecho propio. Sin embargo, un vistazo cronológico desvela a un joven aspirante a director a finales de los sesenta, que llamó la atención de algunos productores con un exquisito mediometraje, lo que le permitió rodar su ópera prima nada menos que auspiciado por la Columbia en 1971. Todo quedó ahí, ya que Frears no volvería a rodar un largo hasta mediados de los ochenta, que es la época en la que mucha gente piensa que debutó. No es así, porque su debut fue una injustamente olvidada comedia negra titulada GUMSHOE (la jerga con la que se conoce a un detective privado), una fantástica recreación de las aventuras de un Sam Spade o un Philip Marlowe, solo que el guion de Neville Smith está narrado "en diferido", y podríamos considerar que la trama detectivesca sólo ocurre en la febril imaginación de Eddie Ginley (un impresionante Albert Finney), que trabaja en un club nocturno y sueña con convertirse en detective, por lo que se le ocurre poner un anuncio en un periódico ofreciéndose como tal, sin pensar que, efectivamente, podrían requerir sus servicios, tras lo cual, Eddie se ve envuelto en una increíble trama que incluye tráfico de drogas y armas, extorsión y corrupción política. Lo maravilloso del film, sin embargo, es su quijotesca premisa: todo lo que vemos corresponde a un noir clásico, pero tan sólo como puesta en escena, por lo que lo que se nos expone es lo que quizá sólo ocurra en la mente de este "detective a la fuerza".
Si tienen la oportunidad de descubrir esta joya olvidada háganlo, merece la pena el trabajo interpretativo de Finney, la fotografía de Chris Menges o la partitura de un tal Andrew Lloyd Webber. Casi nada...
Saludos.

domingo, 26 de marzo de 2017

Rincón del freak #264: Una cuadra de miserables



En los oscar, FLORENCE FOSTER JENKINS optaba a mejor vestuario (y no hubiese ido muy allá) y mejor actriz, aunque esta vez no había muchas esperanzas para la eterna Meryl Streep, no porque su esfuerzo no sea digno de valorarse, sino porque el montante es decepcionante y no hace justicia. Esta, en puridad, es la crónica de una pobre niña rica, cuyo único talento fue heredar una pasta gansa y desarrollar un agónico afán de reconocimiento ¿De qué? se preguntarán ustedes, mientras asisten a los vomitivos "Tu cara me suena" y "Got Talent", de la que la señora Foster Jenkins podría ser lejana precursora. Ella aspiraba nada menos que a convertirse en soprano, como si estas cosas fueran sólo cuestión de voluntad y autoconvencimiento ("Cuánto daño ha hecho la autoestima", Sabina dixit), lo que aderezado con multiplicidad de sobornos (el dinero es para lo que está), da como resultado una cosa bastante torcida: Una infeliz creyendo ser lo que no es, un vividor a su costa con querida y pisito, un pianista mediocre y chupando del bote, y toda esa cuadra de miserables que nunca van ejercer nada parecido a un juicio crítico, y menos si les sueltan unas piastras y los invitan a una fiesta. Nada de esto me hubiese parecido mal en el contexto de una narración si el mismo Stephen Frears, cuya crisis creativa comienza a ser preocupante, no se hubiese sumado al despropósito, y en lugar de analizarlo y elaborar un discurso ácido sobre la moral de las apariencias, lo deja todo en una alabanza más y postrera hacia esa señora, a la que no le hubiese ido mal tener menos dinero y más cerebro para aceptar que el talento, aunque Tele5 diga lo contrario, no se compra.
Saludos.

viernes, 14 de marzo de 2014

Más sabe el diablo...



Hay un dilema consustancial en el fondo del guion de PHILOMENA, el último film de Stephen Frears, comenzando (y puede que también terminando) por su antipático "basado en hechos reales". Es complejo de desentrañar, pero lo que le resta fuerza y empaque, por otro lado la ha llevado, contra todo pronóstico, hasta la misma antesala del oscar a mejor película. Y quién lo diría viendo que es un relato que ya hemos visto muchas veces en telefilmes de medio pelo y menos en películas de calidad; por supuesto que Frears sabe lo que hace, por supuesto que bajo su aparente "convencionalidad" late el fuego de la crítica tranquila pero segura de quien lo sabe casi todo por los años que lleva en el oficio. Pero insisto, el tándem Coogan/Dench es perfecto para Hollywood, lo que lleva a PHILOMENA a instaurar una cierta anomalía en las buddy movies, dada su chirriante pareja. Es hilar demasiado fino por mi parte, y reconozco que se trata de un buen film, contado con brío y con los ingredientes que a mí me gustan (un guion sin agujeros negros, interpretaciones solventes y el siempre bienvenido sentido del humor). Pero una de dos (y esto es muy subjetivo): o deberían haber prescindido de Judi Dench, cuya densidad... un poco a lo Anthony Hopkins, no admite chascarrillos de stand up comedy para treintañeros desocupados; o por el contrario, dejar fuera a steve Coogan y su humor, sofisticado pero predecible cuando se trata de hilvanar una historia y no un sketch. Claro que esto habría modificado completamente el film, al ser Coogan corresponsable de adaptar el libro del periodista Martin Sixsmith, al que él mismo da vida.
Muy buena película para gente que quiera pasar hora y media sin sentirse estafada, que no es poco.
Saludos.

martes, 15 de enero de 2013

Las otras crisis... recreadas



En 2000, nada menos que 36 años después, la productora televisiva Maysville se puso manos a la obra para una puesta al día de la película original dirigida por Sidney Lumet. Esta nueva versión de FAIL SAFE difiere en algunas cosas, pero fundamentalmente en un curioso aspecto: su vocación de mímesis, de ejercicio de camuflaje, la deja en una anécdota fatalmente atenazada; demasiado para un director tan libérrimo como Frears, cuyo indiscutible talento queda sepultado bajo la responsabilidad de no pretender aspirar a algo más. La televisión, en fin. Para que se hagan una idea, esta versión es poco más que lo mismo que rodó Lumet pero con peor cara, y, curiosamente, es aquí donde se hace patente la pobreza de medios, mientras que la original, al poseer un ritmo propio, transformaba esto en una atmósfera claustrofóbica, que no es lo mismo que tener la sensación de estar a punto de ver a los cámaras en acción. Frears logró, eso sí, un reparto bastante solvente; con el Presidente de Estados Unidos interpretado por un correcto Richard Dreyfuss; George Clooney como el piloto encargado de transportar la bomba atómica; John Diehl como el Coronel Cascio o Hank Azaria intentando (sin conseguirlo) de dar réplica al memorable Profesor Groeteschele al que daba vida WAlter Matthau. Completan el reparto Sam Elliott, Harvey Keitel, Brian Dennehy, Don Cheadle y un pobrísimo Noah Wyle, absolutamente perdido en el rol del intérprete de ruso, que tan bien hizo el recordado Larry Hagman ¿Que podían haberla hecho al menos en color? Pues podían y, en mi opinión, debían; básicamente porque este Blanco y Negro es tan cutre que por momentos parece uno de esos filtros incluidos en cualquier programa informático. Si no se ha visto la original tiene su gracia, pero ambas están a una eternidad de calidad. Avisados quedan.
Saludos en alerta roja.


miércoles, 17 de noviembre de 2010

Cadencia



Mucho, demasiado para tratarse del director que se trata, y eso habla a las claras del difícil momento que atraviesael cine, ha tardado en asomarse a las pantallas españolas el (pen)último (el último hemos podido verlo en el festival que acaba de cerrarse) film de Stephen Frears, un autor capaz de instalarse a caballo de la comercialidad y la autoría con unos resultados más que satisfactorios y solventes. CHÉRI es una película de las que a los críticos de pocas luces les gusta poner adjetivos como "deliciosa", "espléndida" y cuyo valor estético suele bastar para tapar deficiencias que no se perdonan en films menos trabajados en este aspecto. Personalmente no puedo decir que me haya disgustado, tampoco que me haya fascinado ni mucho menos, pero creo que se trata de una película bien dirigida, con intención, dedicación y buenas interpretaciones. CHÉRI cuenta la historia de una cortesana parisina nada más comenzar el siglo XX, justo antes de que la dispersa vida de dandys y susodichas estuviese a punto de dejar de ser lo "in" y pasase, junto a su desmesurado gusto estético, a mejor vida; era el fin de una época y, por tanto, de sus personajes, y esto es el motor de una historia sin otros argumentos. Léa (Michelle Pfeiffer tras su pacto con el diablo), ya madura, frecuenta la compañía de Madame Peloux (Kathy Bates), por cuyo jardín trota una fauna excéntrica y desvaída, fiel reflejo de su decadente aburrimiento (impresionante la labor de vestuario de Consolata Boyle y la excelente fotografía de Darius Khondji); en éstas aparece Chéri (un muy buen Rupert Friend; atentos a este chaval), perfecto dandy disperso y hedonista, hijo de la Peloux y cuya madre necesita imperiosamente buscarle una esposa adinerada, aunque primero requerirá los expertos servicios de Léa para "iniciarle" en las técnicas de seducción. Con lo que no contará nadie es con la fascinación mutua que se profesarán el joven aprendiz y la curtida maestra, lo que desmbocará en un tórrido, obsesivo y autodestructivo amor. El gran acierto de Frears (desconozco si también la novelita de Colette) es la paciencia con la que asistimos al progresivo cambio de ambos dos, desde la desconfianza y desafío iniciales hasta la sincera entrega final, lo que desemboca en que veamos al fin el interior de una mujer acostumbrada a no amar y que encuentra tan controvertido sentimiento en la persona más insospechada. Desde luego, para quien busque emociones prefabricadas, CHÉRI le aburrirá soberanamente; sin embargo, se trata de una película a la que hay que buscarle las aristas bajo sus toneladas de parafernalia, sólo entonces su disfrute es pleno. A mí me parece mucho más recomendable para gastarnos el dinero que otras "carteleradas", y no miro a nadie.
Saludos decadentes.

lunes, 29 de diciembre de 2008

Retrato de familia

La pregunta sería: ¿Cuál es el verdadero motivo que impulsa a un cineasta como Stephen Frears a inmortalizar la oscura circunstancia acaecida entre la muerte de Diana de Gales y el mutismo de Isabel II ante tal hecho? Lo digo porque no veo mucho resentimiento en el director británico, que se queda con la figura infranqueable del monarca abstraído en sus importantísimos quehaceres de monarca abstraído. Esto es: irse de caza por sus dominios; preocuparse por las facturas del palacio de Windsor; no ser demasiado rígida ante la primera visita del nuevo primer ministro... A su alrededor, unos moscones más o menos molestos (el rey consorte, el príncipe Carlos...) le hacen la rosca y mantienen esa "normalidad a toda costa" tan incomprensible, esa hipocresía aceptada.
Pero Frears es un director que siempre ha ganado en las distancias cortas, por eso daba la impresión, a priori, de que THE QUEEN iba a quedarle algo grande; su acierto es aceptar los formalismos del gran relato para cuando no ocurra nada relevante y reservarse las cargas de profundidad para los espectadores inteligentes que saben y gustan leer entre lineas. Evidentemente, contar con Helen Mirren es fundamental para ello; es muy complicado sostener la mirada y el gesto al principio, cuando aún no sabemos por dónde van a ir los tiros, y volver a hacerlo una hora después, transmitiendo una sutil sensación de tristeza al haber sido derribadas las barreras.
Porque THE QUEEN es la visión sobre la monarquía de un antimonárquico compasivo con un grupo de personas que, vistos con lupa, no tienen nada de privilegiados, que son capaces de vender su humanidad por preservar la constancia de un linaje inalterable a través de los siglos. Se nos dice que Diana quiso huir de esa muerte en vida, lo que ya no nos queda tan claro es el grado de culpabilidad de esa reina al borde del llanto cuando ve los miles de ramos apilados frente al palacio... pero ni eso es capaz de permitirse.
Saludos reales.
... ¿Y todo esto lo ha hecho usted solo?...
No, necesité estar rodeado de siete mil millones de personas...

¡Cuidao con mis primos!