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miércoles, 11 de marzo de 2026

Acuérdate de mí


 

Cerramos de facto el repaso a los nominados a los oscar, tanto en la competición oficial como en la categoría "extranjera", que si nunca había entendido del todo, de un tiempo a esta parte aún menos, con unos cruces y repeticiones que sólo puedo aceptar como juego de productoras, que es cualquier cosa menos interesante para el espectador de a pie. No es el caso de UN SIMPLE ACCIDENTE, último "milagro" (y no es gratuito el término) del cineasta Jafar Panahi, que concurre además como mejor guion original, aunque no sea éste el más original de sus guiones. Particularmente, es jodido meterse a analizar una filmografía prácticamente clandestina, porque cuando algo patina no parece tenerse en cuenta, por la dificultad de Panahi para rodar cuando lo tiene sencillamente prohibido desde hace muchos años. El film es un thriller con algún ramalazo costumbrista, en el que un mecánico cree haber reconocido al que fue su torturador, un tipo al que describe como un sádico sin escrúpulos. Tras dejarlo inconsciente y secuestrarlo, necesita corroborar su identidad, por lo que contacta a antiguos compañeros, también torturados. Panahi suele colocarnos en el centro de la iniquidad, del horror, como única fórmula para reconocerlo, repudiarlo y combatirlo; así ocurre también en este film, que en algunos tramos se torna repetitivo y hasta cansino, como si ya lo hubiésemos visto en otra ocasión, en otra parte. Y no es lógico, habida cuenta de lo escabroso de lo que se cuenta, pero al menos a mí me sacaban los constantes saltos de ritmo y tono, sembrando la duda sobre la identidad del retenido, pero también sobre si los métodos utilizados por sus captores no hacen más que colocarles a su mismo nivel.
Si tuviera que jugármela, creo que no va a ganar, pero claro, hay cierto presidente de color anaranjado empeñado en bombardear sitios...
Saludos.

miércoles, 8 de octubre de 2008

Modernidad, modernidad

Ayer intenté dar mi versión sobre por qué también lo clásico, en cualquiera de sus acepciones, es necesario y, en estos tiempos tan confusos, hasta imprescindible. De los elementos que separan (entiendo que no hasta la enemistad) lo moderno y lo clásico, de esa dicotomía que tantos equívocos y sinsabores nos reporta, habrá que hablar al no poderse evitar. Curiosamente, un significativo fenómeno ha ido tomando forma a partir de la apertura de los festivales hacia filmografías digamos "exóticas". Y es que las propuestas más modernas, o rupturistas, o vanguardistas, o como quiera etiquetárselas, han ido surgiendo de estos países, en su mayoría de precaria economía y/o controvertido equilibrio social, por decirlo suavemente. Sería el caso de Irán, por ejemplo; donde los pasos dados por varios cineastas son, a mi entender, de gigante, si los comparamos con el retroceso social imperante, aunque dejo estos delicados temas en manos de sociólogos más ilustrados que yo. Desde el ya lejano boom de los setenta, donde el cine iraní fue activista (casi terrorista contra su propio sistema); y con nombres tan significativos como el de Bahram Beyzaii o Abbas Kiarostami, uno de los mejores directores de su generación. Yo no diría que un film como DAYEREH (El círculo), de Jafar Panahi, más joven que los anteriores, sea catalogable como clásico en tanto que revisión de un cierto neorrealismo cruzado con una visión poética-humorística que no elude su primordial (por tratarse del país que se trata) función de denuncia. DAYEREH la podría haber firmado el primer Almodóvar, pero percibimos ecos de Rossellini, y esto es desestabilizador. Aparte de lo esperado: machismo, velos y mujeres cabizbajas, vemos una historia de amistad tremendamente atípica, donde cada personaje tiene vida propia (con lo complicado que es encontrar esto en el cine actual) y una trepidante sucesión de situaciones que primero nos chocan (sobre todo las injusticias machistas) para luego, vistas con mayor perspectiva, nos revelan un tapiz de rebeldía muy sutil, pero también muy fiero.
Yo me atrevería a vaticinar un gran futuro a la filmografía iraní, no sé si también a su política de igualdades; una cosa está clara: ambas se encuentran interconectadas casi inevitablemente. Esperemos que sirva de algo.
Circulares saludos.
... ¿Y todo esto lo ha hecho usted solo?...
No, necesité estar rodeado de siete mil millones de personas...

¡Cuidao con mis primos!