domingo, 22 de noviembre de 2020

Rincón del freak #431: Los besaría a todos


 

Hay ocasiones en las que uno se desarma, se despoja de la poquita altivez que pudiera tener y usa eso tan raro de la comprensión. Cuando en una misma semana aludimos a la constante renovación y vigencia de Godard, la cátedra de Ford, el asombro de Cronenberg o cómo el cine está mostrando signos de estar más vivo que nunca, precisamente en mitad de una crisis que podría herirlo de muerte. De repente, digo, me envían un archivo desde una universidad de Yanquilandia, con el mensaje "waiting for your sincere approval"; lo que, además de no ser muy común, efectúa un irresistible influjo que me obliga a visionarlo. Lo que me encuentro no es una película, más bien un embrión, un adorable intento de subirse al proceloso carro de la realización por parte de un señor que lleva alrededor de diez años filmando con presupuestos por debajo del SMI... La cosa en cuestión se titula DARK OCTOBER, y tras unos planos aéreos (usando grabaciones de avionetas), y una banda sonora que evoca pretéritos teclados desnvueltos bajo el abeto navideño, paso a describir el método de rodaje. Jóvenes jovencitas muy jóvenes al borde de reírse tras balbucear su línea de diálogo; diálogos en los que alguien habla y el otro lo mira con expresión bovina; cambios de plano absolutistas (porque cambia todo: el ángulo, la luz, el sonido y puede que hasta algún peinado); una trama basada en las cuatro pipiolas caminando, yendo en coche, comiendo en una hamburguesería (vacía) o tomando una copichuela en un local de striptease (vacío). Rematando, colegio abandonado, lentillas de gatete, sirope facial y un señor con pinta de disminuido físico y mental que parece el malo para terminar sucumbiendo ante la posesa, de la que se me olvidó añadir que lo es por infectarse con las páginas de un libro satánico... bueno, es un cuaderno con anillas, de dos rayas y pintarrajeado con Carioca... Si nada de esto les ha convencido es que no tienen sangre en las venas. Yo, me los llevaría a todos a casa, les prepararía una rica merienda y les daría besitos en las mejillas, como una abuela...
Saludos.

sábado, 21 de noviembre de 2020

Instinto refrenado


 

El último capítulo de la primera temporada de INTO THE DARK, titulado "Pure", debería haber sido una catarsis necesaria, y podría haberlo sido, pero no pasa de ser un telefilm correctito, con algunas ideas interesantes, aunque incapaz de sobrepasar sus propios límites. Vista desde el prisma argumental no es tan original, y nos viene a la cabeza una especie de hermanita pobre de MIDSOMMAR, con jóvenes vestidas de blanco portando coronas de hojas, mientras resuenan leyendas ancestrales sobre Lilith, que se supone que estuvo antes que Eva pero a la que dios desterró por libidinosa. Lo más interesante es el rollo sectario, con un grupo bastante inquietante que se reúne periódicamente para celebrar la pureza de sus hijas, pero bajo el cuál bulle un machismo que va haciéndose más evidente al mismo tiempo que la protagonista, primeriza, desenmascara unas intenciones que habrían necesitado algo más de hondura e guion. No es de lo peor de esta temporada, y de hecho contiene un desenlace muy apreciable si lo comparamos con algunas lindezas vistas en esta serie. 
De momento habrá una pausa, pero amenazamos con volver para la segunda...
Saludos.

viernes, 20 de noviembre de 2020

La herida que nunca cierra


 

En la línea de las últimas propuestas de Jordan Peele, el debutante Remi Weekes aporta su granito de arena a esa interesante mezcla de terror y denuncia racial, en la que no queda del todo claro qué alimenta a qué. HIS HOUSE da una nueva vuelta de tuerca, poniendo el acento en el destrozo moral sufrido por dos refugiados sudaneses, que intentan establecerse en una destartalada casa de acogida y sanar su traumática huida, en la que perdieron a su hija. Sin llegar a la calidad de GET OUT o US, es ésta una película que parece desaprovechar cada hallazgo, lo que demuestra la bisoñez de la escritura de Weekes, que cambia los tonos con suma brusquedad. Lo mejor, sus dos protagonistas, Sope Dirisu y Wunmi Mosaku, que aportan frescura e intensidad como una pareja con bastantes más secretos de los que aparentan; aparte de algunos momentos de inquietante ensoñación, pero que parecen islotes cada vez que se busca la explicación más evidente. No es una mala película, pero tampoco nada del otro mundo, y además de sonar a ya vista, no parece lógico que su potente trasfondo no logre perdurar más de lo que lo hace.
Correcta.
Saludos.

jueves, 19 de noviembre de 2020

Puta's fever


 

Una de las ocasiones en las que el talento de Jean-Luc Godard queda más claramente de manifiesto, y principalmente a ojos de descreídos o diletantes, es cuando se tiene la oportunidad de contrastarlo con otras miradas, otros directores. Esto no es tan raro como podría parecer, ya que el cineasta suizo, de puro prolífico, se ha prodigado varias veces en esos discutibles artefactos que poblaron las pantallas europeas entre los sesenta y los setenta: las películas por episodios. Y la de hoy es especialmente consuetudinaria, como un chiste que sólo un tonto podría encontrar gracioso. LE PLUS VIEUX MÉTIER DU MONDE abordaba, tan trapacera como arbitrariamente, el espinoso tema de la prostitución a través de la historia, o algo así. Comenzando por una prehistoria de plena cuchufleta surfera, el italiano Franco Indovina se basaba en mostrar bikinis de piel de Mamut. No menos terrible era el salto a la Roma Imperial de Mauro Bolognini, que parece el detonante para que Tinto Brass hiciese luego lo que hizo. Mínimamente más inspirado (no era difícil) está Philippe de Broca, gracias al solvente trabajo de Jeanne Moreau como una simpática meretriz en la Francia napoleónica. El film parece despegar un poco con el alemán Michael Pfleghar, director alemán muy desconocido pero con una trayectoria bastante interesante (cortada de tajo por su prematuro suicidio), y que (se) regodeaba a una explosiva Raquel Welch mientras sorbía el seso a un incauto banquero... como para que no. Luego otro bajoncillo con Claude Autant-Lara, que describía un presente, aquél, en el que una pareja de chicas ejercía su oficio a bordo de un coche, mientras son bombardeadas a multas... Y en esto llega Godard. Y Godard, en apenas 20 minutos, realiza una especie de variación sobre el mundo futurista de ALPHAVILLE, con una gélida fotografía de Pierre Lhomme y una partitura de Michel Legrand que se podría haber compuesto ayer mismo. Sí, el título, "Anticipation", nos recuerda que Godard filmaba entonces como si tal cosa lo que hoy día es considerado apocalípticamente como "moderno". Aquí, un señor llega a la Tierra desde una remota galaxia, y para relajarse pide una señorita de compañía, pero resulta ser un fracaso ya que, aunque irresistiblemente hermosa (Marilú Toló, dios de mi vida), no dice ni mú, lo que no le gusta ni pizca; reemplazándola por otra (Anna Karina, nada menos), tan sólo para comprobar que ésta es todo lo contrario, programada en este mundo sin amor real para solamente enamorar a través del encandilamiento verbal. No quiero destripar cómo acaba, pero sólo diré que acaba transmutándose en una imagen en color. Quizá lo que le hubiese gustado a los productores, pero aun así...
Saludos.

miércoles, 18 de noviembre de 2020

En tierra de nadie


 

Me va a costar un poco más hacer esta reseña que otras, aunque más me ha costado decidir si posponerla para el domingo, y por el cariño y respeto que le tengo a Rodrigo Cortés creo que no procede, aunque es impepinable meter el bisturí a fondo, incluso si hace sangre. BLACKWOOD es DOWN A DARK HALL; una película con dos nombres, que en realidad es la adaptación de la novela que escribió en 1975 Lois Duncan, y que atendía al segundo. Casi no puedo decir nada en favor de este film, que va empequeñeciéndose incomprensiblemente a partir de cierto momento, uno de esos momentos en el que empiezas a preguntarte si Cortés ha dirigido toda la película o sólo los primeros treinta minutos, dando paso al piloto automático de la productora, cuyo afán parece poco más que recaudar lo que se pudiese (y fue muy poco) y olvidarse de un texto que hubiese requerido mucho más mimo y tacto. La historia es apasionante, pero está tan mal contada que es necesario buscar en qué momento está ese "crac", y me parece encontrarlo en la imposibilidad de maridar la prosa de Duncan, que siendo benévolos es una Daphne Du Maurier para incultos, con una deriva que a mí cada vez me mosquea más: ¿Por qué cada director español que toca tierra estadounidense tiene que hacer al menos una película de corte gótico? Y entendamos gótico por una mansión, un misterio y gente poniendo caras chungas. No, en serio, salvo dos cosas y creo estar siendo muy benévolo. Salvo la intención de retomar las formas clásicas en pleno siglo XXI, y también salvo que dura 90 minutos nada más...
De verdad, terrible...
Saludos.

martes, 17 de noviembre de 2020

Los niñatos


 

Hay que ser muy osado, o muy inconsciente, para filmar una película como C'EST ARRIVÉ PRÈS DE CHEZ VOUS. Tanto o más que su protagonista, con toda probabilidad el asesino en serie más extraño y desarmante que hayamos podido ver en pantalla. Es necesario remarcar el éxito rotundo que el film obtuvo en Sitges en 1992, donde arrasó con los premios a mejor película y mejor actor para Benoît Poelvoorde, a la sazón integrante del trío realizador, que al mismo tiempo componen el grupo protagonista, lo que paso a explicar si no se ha entendido, que es lo más probable. Sin que medie explicación alguna, seguiremos en primera persona a este inclasificable tipo, tan jocoso como despiadado, un incontinente verbal que parece vivir en una especie de ensoñación amoral, donde todo le está permitido, incluso contarlo en una especie de documental que registrará cada atrocidad cometida. Poelvoorde (que luego ha tenido una prolífica carrera como comediante) construye un personaje a medio camino de Monsieur Hulot y el "Henry" de McNaughton, un tipo que roba y asesina a ancianas, pero luego nos ofrece una alucinada parrafada acerca de la imbecilidad del sistema capitalista, que va desplazando la población de las ciudades a tétricas urbanizaciones. Es decir, teoría del asesinato como justificación rebelde, y que sin embargo es constantemente pulverizada por este magnético personaje en escenas tan descabelladas como la que nos introduce a su familia (familiares reales, de hecho), o el surrealista momento en el que se topa con otro equipo de grabación que sigue las fechorías de otro asesino, desafiando la percepción misma de lo que estamos viendo. Ninguno de los tres volvió a ponerse tras las cámaras (aunque aquí están también delante), pero para la posteridad dejaron esta joya de culto rodada en un blanco y negro abrasivo, y que no ha perdido nada de vigencia en su inquietante mensaje tras casi 30 años.
Si no la han visto, tardan en descubrirla.
Saludos.

lunes, 16 de noviembre de 2020

Un jardín descuidado


 

Se ha estrenado este año una nueva versión de THE SECRET GARDEN, la obra más famosa de la escritora Frances Hodgson Burnett, icono generacional desde su publicación en 1911, y lúcido retrato de la (inevitable) pérdida de la inocencia, a través de los asombrados y asombrosos ojos de su protagonista, la joven Mary Lennox, que pierde a sus padres en una revuelta en la India y se ve obligada a residir en la ruinosa mansión de su tío en Inglaterra. De carácter marcadamente autobiográfico, el texto abundaba en la desgracia familiar que desplazó a la futura escritora de Inglaterra a Estados Unidos, y es este arranque lo más interesante de una película tremendamente irregular, y que sucumbe con la boca pequeña a los cantos de sirena del espectáculo lacrimógeno, sin que la transición de la fría y hostil realidad a ese jardín idílico atrape fehacientemente una poética idónea, e importe más la colorista fotografía de Lol Crawley que la caligrafía de la adaptación de Jack Thorne. Y es curioso, porque aun siendo fiel al original, cuesta horrores no terminar viendo otra cosa, con la apariencia de aquel "jardín secreto", pero con menor vocación de fascinación, y para ello no hay más que verla junto a un niño y preguntarle...
Saludos.

domingo, 15 de noviembre de 2020

Rincón del freak #430: ¡Ahí viene la plaga!


 

LOVE AND MONSTERS abunda en los motivos de, por poner un ejemplo reconocible, ZOMBIELAND; esto es: un artefacto genuinamente cómico, enclavado en un marco apocalíptico. Todo parece ir bien, el sarcasmo, los guiños, el guion ingenioso, y hasta los efectos digitales tienen su gracia. Pero hay algo que chirría en el conjunto, una especie de mal engrasado que ralentiza la maquinaria y deja una sensación demasiado evidente de ya visto. El argumento nos coloca (en un "spidermaniaco" prólogo, que es de lo mejor) en un planeta Tierra contra el que ha colisionado un gigantesco asteroide, pero cuyos efectos han sido totalmente imprevisibles, liberando una toxina que ha agigantado a los seres de sangre fría, y obligando a los pocos supervivientes a refugiarse en profundos bunkers. Sí, queda bastante claro que no es un film de terror, a lo que contribuye su verborreico y por momentos insoportable protagonista, un tipo de naturaleza acobardada, pero que decide saltarse todas las recomendaciones y salir a la superficie, para encontrarse con su novia, a la que hace siete años que no ve. Podría haber sido mejor en todos los aspectos, en inventiva, mala uva o rapidez de reflejos, pero termina estando en las antípodas de ZOMBIES PARTY, y más cerca de una mezcla entre COOTIES y STARSHIP TROOPERS... Bueno, a lo mejor me he pasado...
Saludos.

sábado, 14 de noviembre de 2020

La abulia contagiosa


 

Hay un subgénero no declarado en el cine norteamericano, que sin embargo a todos nos suena. Es el que presenta un grupete de jóvenes pizpiretos, reclinados en sillas mientras mascan chicle con expresión hastiada. Las detenciones de instituto tienen más gracia allí que aquí, y por eso existe toda una retahíla de escenas que lo corroboran, e incluso un film-icono ochentero firmado por el mismísimo John Hughes. Y ahora vamos con "Schhol spirit", penúltimo episodio de la primera temporada de INTO THE DARK. Siendo breve, que lo seré, no la vean. Es horrible, es casposa, es un remedo con patas, y seguramente el peor episodio de dicha T1. Punto y final, me niego a poner nada más...
Saludos.

viernes, 13 de noviembre de 2020

Reforzar. Disolver


 

POSSESSOR debería ser un acontecimiento, pero me temo que no va a serlo. El nuevo trabajo de Brandon Cronenberg, con el que se alzó, entre otros premios, con el de mejor película en Sitges, le coloca directamente junto a los mejores trabajos de su padre, pero también, y más importante, lo distancia del mismo, marcando una personalidad propia que nos puede estar situando ante un cineasta con mucho que decir por sí mismo. Film repleto de equívocos, tantos como hallazgos, necesita de varios visionados para no perdernos su esencia, que contiene un mensaje inquietante y desarmante. No se habla aquí tan sólo de una supuesta tecnología mediante la que agentes especiales toman literalmente "posesión" de otras personas, a fin de obligarlos a que cometan asesinatos estratégicos, y finalmente suicidarse, borrando cualquier rastro. Cronenberg va mucho más allá, y refuerza su premisa mostrando cómo una consciencia se disuelve al ser colonizada por otra, en algunas imágenes de aterradora plasticidad. Y aún hay más, especialmente el trabajo de los dos protagonistas, la inquietante Andrea Riseborough y un superlativo Christopher Abbott, que borda un personaje de complejidad atormentada; ambos son prácticamente lo único que importa en esta pesadilla de colores vivos y sonidos que parecen emanar de un mundo muy lejano. Con su cuota bien distribuida de violencia y dialéctica, POSSESSOR debería estar destinado a ser un título de culto inmediato, pero no estoy plenamente seguro de que vivamos una época proclive al espectador reflexivo y aún con ansias de asombro. Veremos.
No tengo dudas, uno de los nombres del año
Saludos.

jueves, 12 de noviembre de 2020

Arte y decoración


 

El siguiente trabajo de David Cronenberg fue un nuevo capítulo para la televisión pública canadiense (CBC), en el que, gracias a filmar un guion propio, se daba un nuevo paso para rastrear la intencionalidad de su cine futuro. Lejos de truculencias o desvaríos, THE ITALIAN MACHINE suponía, en menos de media hora, una interesante reflexión acerca de la "utilidad" enfrentada al "elemento artístico". Casi en clave de lección moral, relataba la vida de tres fanáticos de las motocicletas de carreras, unos frikis de las dos ruedas a los que llega la noticia de que un excéntrico millonario posee un rarísimo ejemplar de Ducati, que sin embargo no trata como una motocicleta, sino como un objeto de arte; de hecho, la moto está en el mismo salón de su casa, como un cuadro o una estatua. Los tres idean un plan para lograr sacar la moto de allí: hacerse pasar por reporteros de una revista especializada, dorar la píldora al potentado y hacerse con el ejemplar. Es verdad que Cronenberg podría haber transitado muy diversos caminos para coronar esta miniatura, pero finalmente opta por el más naturalista e inesperado, desmarcandose del cine de género, y prefiriendo hacernos una pregunta de difícil respuesta: ¿Qué es una moto si no se usa como tal?
Saludos.

miércoles, 11 de noviembre de 2020

Hora de aventuras


 

Y si de romper lanzas se trata, vuelvo por mis fueros para reivindicar una película que en mi opinión ha sido injustamente tratada. THE 13th WARRIOR es uno de esos títulos que uno recuerda envuelto en un halo de indiferencia, asomando por un fondo de catálogo en cualquier dvdstore de los de entonces, y hundida sin que casi nadie la haya reclamado desde su estreno, allá por un 1999 que nos parece ya tan lejano. Sin embargo, la falta de pretensiones hace que sea necesaria una revisión, más que nada porque yo he visto cosas mucho menores desde entonces y nadie ha dicho nada. Como tampoco se dijo nada de la barrabasada de Michael Crichton cuando decidió, con la película ya rodada, que el proyecto era suyo, que había que cortar por no se sabe qué motivos, y que John McTiernan pasaba a ser un mero figurante. Afortunadamente, el material de McTiernan era lo suficientemente poderoso como para ser un desastre, pero algunos nos preguntamos qué habría sido de este film de haber tenido al menos media horita más. Al final lo que queda es una cinta de aventuras a la vieja usanza, con un guion que no inventa nada pero se va desarrollando con gran eficacia. Y no era fácil, partiendo de lo inverosímil de enclavar a Antonio Banderas, con turbante, en tierras vikingas en una Edad Media oscura y brutal. La película se parece a la novela de Crichton "Devoradores de cadáveres" como un huevo a una castaña, y su fraseo es más primario y menos detallado, precisamente dos de los grandes valores del cine de McTiernan, que suele ir al hueso y dejarse e rodeos. Luego, es verdad que el argumento es arquetípico, con el extranjero que llega para echar una mano, casi por casualidad, a una amenaza que se intuye terrible. Lo mejor, como suele suceder, es el sentido de la oportunidad, un ritmo que no decae y un saludable sentido del humor, donde se nota que tampoco hay que tomársela al pie de la letra. 
Merece la pena echarle un vistazo y pasar un rato de entretenimiento sin más.
Saludos.

martes, 10 de noviembre de 2020

Desafinar o desafiar


 

Al hilo de la película de ayer, me acordé de un título bastante olvidado, pero que causó algún que otro revuelo a finales de los setenta. En plena euforia tras el éxito de CARRIE, Brian De Palma andaba tras otro guion que le permitiese cualquier posibilidad formal que se le pasara por la cabeza, y terminó rodando THE FURY, probablemente una de las películas más exageradas (en el más amplio sentido del término) de la historia del cine. Es casi imposible atribuirle un género a esta mezacla de policíaco, espionaje, ciencia ficción y terror, y es el propio De Palma, apoyado por el guion de John Farris (que adaptaba su propia novela), quien enmaraña cada munto de esta extrañísima oda al "porque sí". Una desquiciada odisea acerca de dos jóvenes con poderes extrasensoriales, que en mi opinión no son más que un vehículo ideal para que el director empiece a destrozar cuerpos, reventar cosas y usar la cámara lenta en una de las secuencias más complicadas de defender que he visto nunca; aquella de la persecución de la chica, narrada nada menos que desde cuatro puntos de vista, y con la permanente sensación de que o estás viendo una genialidad o te están tomando el pelo. Con un reparto tan descompensado como estelar (Kirk Douglas, John Cassavetes o Amy Irving), la impresión general es que los actores se vieron un rato nada más, y que el montaje lo estaba haciendo algien con poca idea del oficio. Y eso que tiene algunas escenas impactantes (más exactamente entre lo sublime y lo ridículo), como la de la feria, la ya mencionada persecución o el final, inesperado por abrupto y prácticamente integrando al film en el gore extremo. Incluso todo este cúmulo de circunstancias es capaz de enterrar literalmente la excepcional banda sonora compuesta por John Williams, y que merece la pena escucharse al margen de la película. Una extravagancia que hoy día parece imposible de rodar, no al menos con tantas licencias, y que supuso el primer gran encontronazo de De Palma con la crítica y el público, algo que se ha demostrado que le importa un carajo, por supuesto...
Saludos.

lunes, 9 de noviembre de 2020

Es sólo r'n'r, pero...


 

No puedo comenzar esta reseña sin indicar mi absoluta subjetividad sobre la película de hoy... Bueno, siempre lo es, pero hoy se va a notar mucho más. A finales de los ochenta yo era un lector compulsivo de comics, incluso coleccionista, pero aún no he logrado explicar(me) qué fue lo que ejerció sobre mí una fascinación tan potente cuando descubrí THE NEW MUTANTS, aquel extraño grupo de superhéroes que ni siquiera querían serlo, y que poseían una extraña cualidad: si bien la premisa era conservar a este grupo como jóvenes inexpertos, sus historias eran verdaderamente oscuras, llegando a rozar lo enfermizo. Desconozco si Chris Claremont los creó como experimento o venganza, pero sí hay una razón capaz de explicar esta insana fijación, aunque para ello deben indagar sobre la obra de Bill Sienkiewicz, uno de los genios más impresionantes de la historia del cómic. Así las cosas, THE NEW MUTANTS (la película) es prácticamente indefendible, pero voy a romper una lanza ante lo que creo que va a ser una masacre injusta. Lo primero es que este grupo de personajes estaba efectivamente desgajado de sus "hermanos mayores", los X-Men, lo que daba la sensación de estar ante otra cosa muy diferente, con sus propias reglas y motivos. A esta película le fallan muchas cosas, pero nunca la intención. Le falla la comparativa, porque en apenas hora y media se nos pide que entremos de lleno en el complejo mundo de Magik, Mirage, Wolfsbane, Cannonball y Sunspot, dando por hecho que un rápido barrido por sus traumas y obsesiones nos van a poner en situación, cuando en los comics llevaba sagas de varios capítulos centrarse en un solo personaje (de hecho, este film está extraído vagamente de la magistral saga del "Oso místico"). Luego está el casting, bastante acertado menos en el personaje fundamental, Danielle Moonstar, que resumiré con esta frase: "Una chica de Disney Channel, tapándose constantemente sus incipientes senos con una rebequita, mientras pone cara de estreñida". En mi opinión deberían haber incluido algunos personajes más, como Karma y Cypher, aunque esto hubiese alargado el metraje; y de Warlock no digo nada, porque me temo que me moriré sin ver a este maravilloso personaje en pantalla. En definitiva, una película gafada desde el principio, con sucesivos recortes que pospusieron su estreno durante dos años (pandemia incluida), pero con un espíritu transgresor y bastante ochentero (en el buen sentido), que nos hace albergar una mínima esperanza a los fans de que en un futuro pueda haber una continuación corregida y aumentada.
Lo mejor: una explosiva Anya Taylor-Joy.
Lo peor: no sale Warlock...
Saludos.

domingo, 8 de noviembre de 2020

Rincón del freak #429: ¡Que le corten la cabeza!


 

Me da un poco de penica clausurar este minihomenaje a Sean Connery con una película como ésta, pero también es cierto que el mítico actor escocés, de tener alguna virtud, era la versatilidad para adaptarse a cosas como ésta. El caso de Stephen Weeks también es que tiene lo suyo; considerado casi un niño prodigio que empezó a rodar con menos de veinte años, hoy está completamente olvidado, y son sólo los muy frikis quienes han oído algo de su escueta obra, que se acabó radicalmente en el año 1984 con la que hoy nos ocupa. SWORD OF THE VALIANT: THE LEGEND OF SIR GAWAIN AND THE GREEN KNIGHT recogía una de las leyendas artúricas, y más concretamente aquella en la que el misterioso caballero verde irrumpía en un apático Camelot, proponiendo un curioso y mortífero juego: quedarse quieto mientras un caballero le corta la cabeza, y con la única condición de que devolverá el golpe si el incauto falla. Lo cierto es que la premisa es fascinante, y esta apertura mantiene un poco el interés, aunque la producción es terriblemente mala, y la dirección no llega a un telefilm de fondo de catálogo. Y no es lo peor, ni siquiera ver a un esforzado Sean Connery manteniendo el tipo con un traje y una peluca ridículos. No, ni siquiera la música de videojuego barato de Ron Geesin (sí, un colaborador habitual de Pink Floyd). No, porque lo peor es devolvernos algo que al menos yo tenía olvidado, que es a ese señor que se llama Miles O'Keefe, y no diré más, excepto que no he visto a nadie más ridículo, porque más que un papel parece una venganza personal. Quitando la apertura y el cierre, esta absoluta frikada podría pasar por cruzar a Monty Python con ATOR EL PODEROSO (allí estaba el bueno de Miles), y uno se hace la siguiente pregunta: Si ya hizo la misma película 11 años antes... ¿qué necesidad había?... Normal que dejara de rodar con 36 años...
Menos mal que siempre nos quedará Mr. Connery...
Saludos.

sábado, 7 de noviembre de 2020

Barras y estrellas


 

Por fin un episodio verdaderamente apasionante en INTO THE DARK; no sólo como historia, más que de terror de pura angustia, sino como una narración que se toma muy en serio lo que está diciendo. Y además nos viene al pelo, porque el motivo principal de "Culture shock" es la odisea de los inmigrantes ilegales que a diario pugnan por cruzar la frontera mexicana con los Estados Unidos de ese señor que está (ojalá) a punto de irse a su casa, o a su rascacielos, o lo que sea. Con una estupenda protagonista (Martha Higareda, a la que desconocía), el episodio no sufre en ningún momento de su larga duración, y hace intervenir un tremebundo giro (que no desvelaré), pero que podría ser un gozoso cruce entre PLEASANTVILLE y MATRIX, que ahí es nada. Ella es una mujer embarazada, cuyo único sueño es cruzar la frontera tras haber fracasado en su primer intento, pero su determinación es tal que no habrá nada que la haga cambiar de opinión. La primera parte ya es buena, con el tortuoso camino del grupo que sigue al pérfido "coyote", el guía, expuestos no ya a las patrullas fronterizas, sino a los cárteles que merodean y asesinan a su antojo. Los personajes están bien trazados y mejor interpretados, y toda esta parte, cómo no, es hablada en español, dato nada baladí. Pero el plato fuerte llega después, y lo mejor es que no lo ves venir, como debe ser; un dardo que se va envenenando cada vez más y que apela, aun siendo una historia de terror, a la hipocresía de quienes piensan en América como la tierra de las oportunidades. Si sólo pueden ver un capítulo de esta serie, debe ser éste.
Saludos.

viernes, 6 de noviembre de 2020

Las altas presiones


 

Me parece paradigmático citar A BRIDGE TOO FAR para seguir indagando, aunque sea brevemente, en la filmografía de Sean Connery. Lo es porque el mastodóntico film de Richard Attenborough concita tantos rostros famosos, que es casi un chiste hablar aquí de protagonistas; y aun así, hay que reconocer que Connery vuelve a brillar con su imponente presencia. La película me parece maravillosa, aunque entiendo que haya gente que le vuelva la espalda, fundamentalmente por su duración (tres horas), ante lo que me gustaría hacer una breve reflexión: actualmente nos tragamos bodrios en CGI de esa duración o más, pero bostezamos si se nos narra un hecho histórico que esté bien narrado. Y muy bien narrado, porque el trabajo de William Goldman por trasladar la novela de Cornelius Ryan es titánico y minucioso a partes iguales, consiguiendo el complicado resultado de aunar lo épico y lo íntimo, e incluso lo dramático y lo cómico, desmarcando UN PUENTE LEJANO de tantas producciones bélicas a las que les sobra gravedad, incapaces de entrar a valorar la condición humana. Y luego está la producción, que es una delicia para los amantes de este género, con un despliegue creo que único en la historia del cine de aviones, tanques, paracaidistas (no se pierdan la escena de los paracaidistas) y uniformes. Donde además Attenborough tiene la clarividencia de contar con actores alemanes para hacer de alemanes, ingleses para hacer de ingleses, y americanos... bueno, ahí había un poco de todo. Aunque lo que más llama la atención, no hay duda, es el inabarcable desfile de estrellas y la habilidad para integrarlos a todos, sinque ninguno esté por encima del resto, y sin que desaparezcan inexplicablemente. Por allí estaban, por ejemplo, Dirk Bogarde, Maximilian Schell, Anthony Hopkins, Gene Hackman, James Caan, Wolfgang Preiss, Elliot Gould, Paul Maxwell, Michael Caine, Edward Fox, Laurence Olivier, Ryan O'Neal, Liv Ullman, Robert Redford... Y también, cómo no, Sean Connery...
No se la pierdan
Saludos.

jueves, 5 de noviembre de 2020

Los poresitos


 

"Ford las tiene mejores", es el lema más probable para acompañar un film como THE FUGITIVE, de 1947. Una película que se relame en el motivo religioso, incapaz de distanciarse de la crítica intrínseca que contenía la novela original de Graham Greene, y con un guion tan deslavazado (y nada menos que de Dudley Nichols), que a ratos parece un experimento expresionista (gracias a la tenebrista fotografía de Gabriel Figueroa) o una broma para ver a Henry Fonda haciendo de cura mexicano, aunque me da que el proyecto pertenecía a Emilio Fernández, a la sazón productor ejecutivo. La historia nos lleva hasta un país indeterminado de Sudamérica (porque no se dice, pero es México), donde un sacerdote huye del gobierno recién instaurado, revolucionario y anticlerical. En un momento dado conoce a una mujer (una bellísima Dolores del Rio), que le ayuda a conseguir un billete para marcharse en barco, pero (en una escena particularmente incomprensible) su deber como sacerdote le impide irse, y a partir de ahí comienza un calvario que lo llevará incluso a ser detenido. Paralelamente, hay dos personajes más que supuestamente deben reforzar cada decisión del cura: el jefe de policía (Pero Armendariz) y otro fugitivo (Ward Bond), que huye tras haber cometido un asesinato. El problema, insisto, es que toda verosimilitud queda disuelta una vez el guion intenta hacer interactuar todos estos elementos, y lo que queda es una película interesante sólo porque la dirige John Ford y por algunos momentos de gran belleza visual, lo que no es suficiente como para hablar demasiado bien de ella.
Saludos.

miércoles, 4 de noviembre de 2020

Morir por las letras


 

Otro de los títulos capitales protagonizado por Sean Connery es, no me cabe duda, THE NAME OF THE ROSE; una de esas películas que tenían todos los papeles para terminar siendo un desastre, y sin embargo fue un éxito en su momento, y el tiempo ha colocado en un lugar cuasimítico. Y es necesario indicar lo arriesgado de pretender poner en imágenes la intrincada y exigente novela de Umberto Eco, aunque curiosamente también haya sido un gran éxito de ventas, sin que podamos explicar dicho fenómeno, y por mucho que lo celebremos. Quien la haya leído, es posible que se sienta ligeramente decepcionado al ver el film de Jean-Jacques Annaud, un director capaz de aunar destellos de genialidad y de una pedantería insoportable, aunque el abordaje completo de la novela habría necesitado de otro formato, como el de miniserie. Annaud prefiere posicionarse (y hace bien) en la trama detectivesca protagonizada por Guillermo de Baskerville, uno de los personajes más fascinantes del siglo XX, y su discípulo, el joven Adso de Melk. Ambos, franciscanos, llegan a una abadía benedictina en Italia, atendiendo al llamado de su abad, tras el misterioso asesinato de uno de sus integrantes, hecho que sólo podrían atribuir a la intervención del mismísimo diablo. Así, se desarrolla una absorbente narración, trufada de motivos que nos trasladan a aquel oscuro siglo XIV, y que contiene un mensaje sobre todo lo demás, y que cobra todo el sentido en la figura de este monje-detective: sólo la razón puede conducir a la verdad, porque una verdad absoluta, y seguida ciegamente, no hace más que desviar la atención de lo que, efectivamente, está ante nuestros ojos...
Maravillosa.
Saludos.

martes, 3 de noviembre de 2020

Solo en el espacio


Otro de los títulos más reivindicables en los que participó Sean Connery es OUTLAND (en España, ATMÓSFERA CERO), un estupendo "western espacial", que homenajeaba sin ocultarlo a SÓLO ANTE EL PELIGRO, y que supuso una especie de adelanto involuntario de BLADE RUNNER, no tanto por la temática como por la imaginería visual. El film, a casi 40 años de su estreno, ha envejecido mejor en unos aspectos que en otros, y se nota la mano artesanal de Peter Hyams en unas escenas realizadas con sumo cuidado por el detalle, aunque cierto es que la tecnología que supuestamente ha llevado al hombre hasta Júpiter nos parece hoy día sacada del Toys'r'us... Connery cumple con creces interpretando a ese hombre de una pieza, probablemente el único hombre con principios morales, por mucho que su matrimonio haya fracasado irónicamente por dicha integridad, lo que le ha llevado a destinos cada vez más sórdidos. La excusa aquí es la muerte en extrañas circunstancias de varios obreros en la gigantesca excavación en Júpiter, y cómo la investigación de este nuevo jefe de policía destapa una trama de corrupción que lleva años produciéndose, ante la indiferencia general. Esta indiferencia cuaja en el espléndido último tercio del film, que mira directamente a la obra maestra de Zinnemann, y que por desarrollarse en el espacio exterior casi es una obra de cine mudo. Una cinta eminentemente entretenida, y que colocaba a Connery como uno de los actores más eficaces del cine comercial.
Saludos.

lunes, 2 de noviembre de 2020

Hundir la flota


 

THE HUNT FOR RED OCTOBER contiene ese inconfundible aroma a "éxito porque sí". Nada podía fallar, desde el masivo best seller de Tom Clancy, el valor seguro de John McTiernan, o un reparto estelar, en el que todo el mundo está más que correcto, pero donde la presencia de Sean Connery se eleva de manera majestuosa, encarnando a ese capitán de submarino soviético, devenido en icono inmortal. La película es lo que es, un thriller de espionaje llevado hasta las profundas aguas del Atlántico, donde un gigantesco submarino (el "Red October" del título) se dirige desde la Unión Soviética hacia Estados Unidos, sin que la agencia de inteligencia americana sepa discernir con exactitud si se trata de un ataque o una huida. Tampoco se desvela qué trama el capitán Ramius junto a su segundo (también magnífico Sam Neill), lo que queda plasmado en una estupenda secuencia que no desvelaré, aunque termina con Ramius poseyendo las dos llaves que dan acceso al armamento del "Octubre Rojo". La película es grande, en el más amplio sentido de la palabra, y se abre con gloriosos planos de este monstruo de las profundidades sucando la superficie, mientras Connery otea el horizonte y suena de fondo la maravillosa música del gran Basil Poledouris. Es decir, cine superlativo, orgánicamente desmesurado, y con el único pero de que todos sabemos (lo sabemos ahora) que Harrison Ford se come con patatas a Alec Baldwin. Sirva para continuar honrando la memoria de Sir Sean Connery, por supuesto...
Saludos.

domingo, 1 de noviembre de 2020

Rincón del freak #428: Por encima de todo, profesionalidad


 

Nos ha llegado la triste noticia del fallecimiento de Sean Connery, uno de los actores más célebres y carismáticos surgidos de la escuela británica. Connery tuvo una carrera de lo más fértil y variopinta, aunque su encarnación más universal sea la del agente 007, lo que nos obliga a dos cosas: adelantar lo antes posible el macromonográfico sobre James Bond y, de momento, dedicar esta semana a repasar algunos títulos clave del actor escocés. Y estoy seguro de que no debe ser ZARDOZ su film más recordado, pero creo que merece la pena revisitarlo, e incluso enclavarlo en esta sección dominical, porque si algo es ZARDOZ, es muy pero que muy rara. Corría 1974, y John Boorman era uno de los nombres que con más fuerza sonaban para una carrera en Hollywood; a esto hay que sumar que Connery se encontraba en pleno divorcio de su primera mujer, y a la penuria económica podríamos añadir lo que en términos castizos no puede ser denominado más que como una sacada de chorra. Boorman escribió un guion que sobre el papel era una genialidad, una especie de revisión de EL MAGO DE OZ (el propio título así lo indica) en clave de aventura en un planeta Tierra del que se han suprimido las emociones, los ricos son, además de ricos, inmortales, y el resto de gente se divide entre los renegados y los adoradores del dios Zardoz, que emplean las tardes en masacrar a dichos renegados. El problema surge desde el primer fotograma, con un arranque que uno podría identificar entre Terry Gilliam y una porno gay, con una cabeza gigantesca voladora que escupe armas y unos tipos a caballo, medio en pelotas y con una frondosa coleta... Y, sí, Connery sale de esa guisa durante todo el metraje. Y si habláramos en serio, diríamos que lo peor es tomársela en serio, aunque Boorman lo haga, para desgracia suya. Tiene algunas ideas interesantes, y algunas decisiones estéticas que, aunque no han envejecido bien, tienen un delicioso aroma camp. Y te puede alegrar una tarde de domingo, y ole los cojones de un señor que venía de tomar dry martinis con chaqueta blanca, y aquí parece una señora con bigote (juro que de hecho llega a vestirse como una intérprete de muñeiras)... 
En fin, una bizarrada tremebunda, de la que cuesta encontrar defensores, y que a mí me parece ideal para acompañar en este penúltimo viaje a Mr. Connery...
Saludos.

sábado, 31 de octubre de 2020

El viaje a ninguna parte


 

En el noveno episodio de INTO THE DARK, curiosamente repetía en la dirección Adam Mason. "They come knocking" incide en la atrofia de la serie, comenzando de una manera para terminar de otra muy diferente. Y en este caso parece aún más complicado defender un guion que no por convencional contiene una premisa con cierto interés. Se trata de un "viaje sanador" que el protagonista emprende junto a sus dos hijas, tras el trágico fallecimiento de su esposa. Llevando un remolque, llegan hasta el desértico paraje donde tiempo atrás se decidió a pedirle matrimonio, con la idea de acercarse un poco más a sus hijas y despedir definitivamente a la madre y esposa, esparciendo sus cenizas. No me alargaré, porque había miles de posibilidades para ensayar un ejercicio de melancolía, o de misterio, o qué sé yo. Lo que pasa, en cambio, es que Mason vuelve a demostrar lo cazurra que es su caligrafía, así que decide, sin que sepamos nunca cómo ni por qué, que unos niños encapuchados van a venir por la noche a dar por saco. No sé, podría haber salido una buena película de aquí, pero se queda en otro episodio más bien malgastado.
Saludos.

viernes, 30 de octubre de 2020

Crecer


 

Que Alexander Payne es uno de los directores que más cosas con sentido dicen en sus películas, es algo que también nos debería hacer reflexionar acerca del habitual sobredimensionado que padece el cine comercial. Y DOWNSIZING es una estupenda prueba de ello. Quizá parezca que la cosa va de tamaños, puede que sea así en esta hermosa (y dura, inocente y sabia) fábula distópica, en la que se nos cuenta que la humanidad ha llegado a la solución de todos sus problemas: unos científicos noruegos han logrado el milagro de reducir cualquier cosa a apenas unos centímetros, lo que incluye a las personas. Así, se crea una especie de "nueva sociedad", la de "los pequeños", que no sólo necesita proporcionalmente menos recursos para sobrevivir, sino que al fin puede permitirse toda clase de lujos, ya que estos representarían algo insignificante en la "vida real". A partir de ahí, Payne podría haber recorrido cualquier sendero narrativo, llevarnos hacia la paradoja, la comedia existencial, la angustia del hombre encogido o simplemente el relato de ciencia ficción. En lugar de escoger, el guion (firmado por él mismo junto a Jim Taylor) es capaz de abarcar secuencialmente cada una de estas posibilidades, comenzando por el soberbio retrato del hombre común, encarnado por un maravilloso Matt Damon, que lo pierde absolutamente todo justo cuando toma la decisión más trascendente de su vida, y sólo para recuperarse a sí mismo, comprenderse a sí mismo, mientras acepta que, creámoslo o no, todos tenemos cabida en este mundo. 
Es hermosa, es tierna, es jodida, y nos hace reflexionar sin juzgar absolutamente a nadie.
En mi opinión es una obra maestra, pero puede que aún falte un tiempo para que podamos entender su mensaje.
Saludos.

jueves, 29 de octubre de 2020

Todas las chicas


 

Dicho de una sola vez, MASCULIN FÉMININ es una de las mejores películas de Godard, e incluso, vista hoy, su vigencia es tal que no ha hecho más que aumentar hasta que no queda más remedio que considerarla como una obra maestra. Y no se sabe si se usa la cultura pop para hablar de la revolución socialista, o es al revés; y no me atrevo a discernir si el discurso de Godard es machista o feminista, tan poco acostumbrados estamos a ver películas donde los roles son aceptados y autoconscientes. Ahora bien, sea historia de amor (libre o del otro), panfleto anticapitalista, tratado estético o simple crónica de su tiempo, hay una pulsión que pugna por estallar en cualquier momento, y que casi parece un deslumbrante adelanto del Alexandre que Eustache desparramaría sólo siete años después. Éste, Paul, es más joven, y por tanto más inocente, y por tanto menos ácrata, y por tanto más idealista. En esa terrible incertidumbre, mientras el París helado y ruidoso lo consume y aturde, otro zarandeo le sucede, incluso poniendo a prueba unas convicciones que todos sabemos (ahora) que no tardarían en desaparecer o, peor, transformarse en metonimia fútil. Da igual, no importa, porque lo que Godard nos hace comprender es que sólo podemos tener conciencia sin llevarla a cabo con nosotros mismos.
Obra maestra absoluta.
Saludos.

miércoles, 28 de octubre de 2020

La forma nada más


 

La última película de Takashi Miike se titula HATSUKOI (PRIMER AMOR)..., aunque me soplan que el incontinente director nipón ya ha completado otro largo y una serie... Madre del amor hermoso, como para esperar que se ponga en huelga. Yo de Miike he hablado algo aquí, no mucho, no tanto, pero supongo que lo suficiente como para desconfiar de que cualquier cosa que haga vaya a gustarme por decreto, e incluso más bien al contrario. En este caso, esta desquiciada historia es lo suficientemente entretenida y alocada para mantener el interés sin caer en ninguna pedantería. Como si de un Tarantino elevado al cubo se tratase, en esencia se trata de una trama de lo más convencional, pero con el equipo hasta las cejas de speed. El protagonista es un joven boxeador, con más derrotas que victorias, que además recibe la fatídica noticia de que tiene un tumor en el cerebro, y no le queda mucho tiempo de vida. En paralelo, se nos cuenta una trama entre la yakuza y las tríadas chinas, que pugnan por hacerse con el control del tráfico de drogas en Tokyo. Lo más interesante del film ocurre aquí, mientras desentrañamos qué diablos pinta cada personaje, o por qué unos persiguen a otros; y en un momento dado, el boxeador se topa con una joven drogadicta que huye de los tipos que la prostituyen, lo que desencadena una segunda mitad en la que Miike ya se relame de gusto ante la perspectiva de filmar cualquier idea que podamos imaginar. Es decir, que lo que parecía un thriller se convierte en un film de acción trepidante, que no da pausa al espectador más avisado. Desde luego, es un manjar para los incondicionales de este señor, pero tanta burrada junta puede llegar a saturar. Una imagen que no puedes quitarte de la cabeza: un señor japonés, en calzoncillos, bailando en un vagón de metro... Puro Takashi Miike...
Saludos.

martes, 27 de octubre de 2020

Una revisitación clásica


 

DRACULA, de 1979, es una de esas películas que, a priori, uno pensaría que tendrían pocas posibilidades de existir, para convertirse en una grata e inesperada sorpresa. Dirigida por el irregular John Badham, puede que sea éste su punto más alto como director, basándose en el guion escrito por W.D. Richter, que fondeaba la novela de Bram Stoker, pueden rastrearse trazas de otros "Dráculas" anteriores, como el de Bela Lugosi o Christopher Lee, aunque Frank Langella es capaz de construir un personaje a la altura de los mismos y aportarle una personalidad arrolladora. La historia es universalmente conocida, aunque hay aquí algunas licencias que quizá sean de lo poco cuestionable, como algunos parentescos forzados o el poco peso de algunos personajes fundamentales, sobre todo un Van Helsing muy descafeinado, al que interpreta sin convicción Laurence Olivier. Aun así, hay espléndidas interpretaciones, además de un soberbio Langella, como un desquiciado (y desquiciante) Donald Pleasance, o la canadiense Kate Nelligan, que da vida a una inquietante Lucy. Contiene unos efectos especiales francamente logrados, muy artesanales, en la línea de la Hammer; una fotografía a cargo de Gilbert Taylor, que coquetea incluso con la psicodelia; y una estupenda partitura del maestro John Williams, que ha quedado injustamente relegada al ostracismo de su extensa obra, pero que tiene toda su esencia como compositor. En suma, una película tremendamente entretenida y que me permito recomendarles si no la han visto aún, y si la habían visto pues también...
Saludos.

lunes, 26 de octubre de 2020

El apagafuegos


 

Desconozco el motivo real por el que Judd Apatow ha dirigido THE KING OF STATEN ISLAND, pero si ésta va a ser su deriva puede que esté más cómodo como productor o guionista. Lo digo por la dificultad (o peor, la intrascendencia) del elemento autobiográfico, el del cómico Pete Davidson, que crea un personaje a partir de su propia vida, la de un joven que perdió a su padre (un bombero fallecido en el 11-S) con apenas siete años, y cuyo errático devenir lo convierte en una especie de nini tatuado, amante de fumar hierba e incapaz de hacer nada productivo, justo hasta que su hermana va a la universidad y su madre rehace su vida con otro hombre, curiosamente también bombero. Aunque Apatow nunca ha sido un autor de comedias al uso, extrayendo de su versatilidad entre géneros la valía de sus mejores títulos, y haciendo de ello prácticamente un sello propio, aquí se hace excesivamente acusado, profiriendo un extraño abismo que hacen que sus larguísimas dos horas y pico se separen como a la mitad, y parezcan dos films diferentes. Mientras el primero es disfrutable, con este destartalado protagonista saltando por situaciones de lo más marcianas, el intento de redención de la segunda mitad es directamente vergonzante, con todos los clichés del telefilm americano contenidos en la mirada de un director al que siempre supuse alejado de este tipo de chantajes. O resumido: Apatow incendia una historia, para aparecer después con la manguera, aunque nadie se lo hubiese pedido.
Regular tan solo.
Saludos.

domingo, 25 de octubre de 2020

Rincón del freak #427: Sainete a la americana


 

Si 12 HOUR SHIFT se hubiese hecho en España, habría que mirar a Serafín y Joaquín. A los Álvarez Quintero, sí señor. Y saldría Doña Paquita compungida por un corralillo de macetas, mientras Don Gil la persigue, pañuelo en mano, con aviesas intenciones. Ambos sudando, pues hace calor en Sevilla, y mientras, los pajarillos cantando al mediodía, mientras la Macarena se recoge... Pero no, porque 12 HOUR SHIFT está hecha en Yanquilandia, así que tiene menos porte y salero, aunque en esencia es eso, gente corriendo por pasillos mientras hiperbolizan. En este caso, la excusa es un hospital donde las enfermeras se ganan los cuartos menudeando vísceras de aquí para allá. Hay una tonta guapa y una malaje fea, y un delincuente y un salvador tan torpe que ellas han de salvarse solas. Así contada parece un sainete, y una vez vista aún más...
Saludos.

sábado, 24 de octubre de 2020

En zapatillas


 

Comencemos por el principio: "All that we destroy" es una chapuza. El octavo episodio de INTO THE DARK viene a abundar en el ya manido tema de las inteligencias artificiales y sus peligros, solo que no parece tomarse muy en serio, o aún peor, se lo toma demasiado en serio para la chorrada que cuenta. La idea no está mal, pero está tan mal dirigida, tan a la carrera, que llega a parecer una comedia involuntaria, un esquizofrénico cruce entre (atención) AMERICAN PSYCHO, EX MACHINA, UNDER THE SKIN y ATRAPADO EN EL TIEMPO... No parece posible, pero el argumento nos pone frente a una genetista (¿?) que fabrica replicantes como churros, aunque sólo veremos uno cada vez ¿por qué?, pues porque éstos son hechos para ser asesinados por su hijo, que es un psicópata asesino... Lo sé, todo muy traído por los pelos, pero podrían haberse esforzado un poco más y, al menos, haber puesto un poco más de misterio, y no empezar por el principio y acabar como un telefilm de sobremesa. Un desastre, mal dirigido e interpretado, y que apenas rescata la chispeante Dora Madison, que es lo poco natural del montante.
Saludos.

viernes, 23 de octubre de 2020

No nos conformamos


 

Pido disculpas de antemano por no haber reaccionado más a tiempo a la desaparición (hace ahora unas tres semanas) del gran Quino. La excusa siempre es la misma, la dificultad de encontrar la oportunidad para hablar sobre alguien que no estaba estrictamente relacionado con el cine. Aun así, recordé que vi una película cuando era niño, y que me gustó, pero que a día de hoy la tenía prácticamente olvidada. Quino fue un grande en eso de las tiras cómicas, y con su personaje más famoso elevó dicha categoría hasta casi el aforismo crítico, poniendo en boca de una niña las más desarmantes sentencias, de las que los adultos solemos llevarnos la peor parte. MAFALDA es una delicia para consumir sin medida, y su discurso no ha perdido un ápice de vigencia, tratándose de temas universales y paradojas del ser humano. MAFALDA (la película), sin embargo, es un desastre bastante estrafalario, al ser incapaz de captar la esencia del cómic y limitarse a ametrallar con una concatenación de "tiras" secuenciales, sin mayor afán que el de reunir, como si de un volumen extraordinario fuese, algunas de estas historias. Aun así, no importa, echaremos de menos al maestro...

Saludos.

jueves, 22 de octubre de 2020

Desde el interior


 

SHIVERS es, no hay duda, la primera película realmente importante de David Cronenberg. La que lo puso en el panorama internacional (sobre todo a raíz de su premio en Sitges), y que además expuso con más claridad las obsesiones del director canadiense. Vista hoy, 45 años después, parece más necesario indagar en sus planteamientos filosóficos y morales, que en su factura técnica, que revela a un cineasta aún bisoño y preso de las tentaciones propias del género. Mezcla de LA INVASIÓN DE LOS LADRONES DE CUERPOS y LA NOCHE DE LOS MUERTOS VIVIENTES, Cronenberg idea una especie de extraños entes con forma de babosa (siendo benévolos, más cercanos a una morcilla de Burgos) surgidos de un experimento, con el que un mad doctor (siendo su única escena lo mejor del film) pretende reactivar la sexualidad de una sociedad que considera dormida y apática. La cosa se le va de las manos y el edificio donde transcurre la historia (cómo no, espacio único) se va llenando de ávidos consumidores de carne, en la más amplia acepción de la palabra. Siendo una película irregular, que lo es, gana enteros si la memoria cinéfila logra aislar las partes más interesantes, como el polémico arranque, algunas parafilias que hoy día estarían censuradas, el guiño, mucho tiempo atrás, a su posterior CRASH, o la reflexión social a la que nos somete el desenlace, con el único hombre sano huyendo de una multitud que a lo mejor sólo quiere un poco de placer...

Saludos.

miércoles, 21 de octubre de 2020

Lo que pasó, pasó


 

Ahora lo sabemos, antes no. En torno a ese sencillo concepto gira toda la historia contenida en ALL GOOD THINGS, el film que Andrew Jarecki realizó en torno a la rocambolesca vida de Robert Durst, justo cinco años antes de filmar THE JINX, el espeluznante documental que cambió por completo la perspectiva sobre su caso. Es por ello que, sin ser más que un thriller convencional y aceptablemente bien rodado, su visionado varía radicalmente desde hace diez años para acá. Ahora sabemos, por ejemplo, que no era tan interesante mantener una estricta cronología, y que empezar por el final le añadía la extrañeza morbosa al documental, del que este film carece. Aquí, Durst es David Marks (un correcto Ryan Gosling), y aunque su biografía permanece inalterable, a Jarecki le cuesta un mundo enrarecer la atmósfera, comenzando por el idílico romance con la que fue su esposa (Kirsten Dunst), y la inexplicable desaparición de ésta en 1982. La concatenación de esta parte de la historia (que acapara una hora completa) resulta cuanto menos brusca, una vez comienzan a aparecer secundarios que en el documental eran indispensables, y desembocando en un desenlace cada vez más desgajado, incluso en el tono, lo que le da el aspecto de otra película que no reconoceríamos de no haber visto antes THE JINX. En resumen, un film que funciona por sí solo asumiendo su propia convencionalidad, pero que curiosamente es muchísimo más interesante si se le añaden los datos desprendidos de la magistral miniserie de HBO.

Saludos.

martes, 20 de octubre de 2020

Larvas


 

Una larva es el principio de algo. Quizá no sea verdad del todo, pero lo parece. FIRST COW, la última película de Kelly Reichardt, vuelve a los caminos de MEEK'S CUTOFF, a ese espacio de pioneros y nómadas en un Oeste que iba construyéndose, en la mayoría de los casos, a base de integrar los despojos de otros lugares. Y Reichardt parece querer hacer un film-larva, algo primigenio y que vaya abriéndose poco a poco, con la única vocación de exponer ante nosotros un trocito de un mundo que ya no existe más, aunque aún puedan oírse algunos ecos. Y también es una hermosa historia de amistad, la que inician Cookie y King; el primero es el cocinero de un grupo de tramperos en Oregon, mientras que el segundo es un chino del que no sabemos casi nada, excepto que habla inglés perfectamente y es perseguido por unos cazadores rusos. Es un tiempo y un sitio inciertos, casi telúrico, donde todo es posible, lo bueno y lo malo, pero Reichardt prescinde de juzgar a nadie, pues todo el mundo tiene sus buenas razones para hacer tal o cual cosa. El film se abre con un misterioso prólogo en tiempo presente, donde una joven descubre por casualidad dos esqueletos enterrados, y de ahí retrocedemos directamente hasta un 1820 en 4:3, y situado en una especie de improvisada población en mitad de un sitio que promete oro, pieles y otras oportunidades. Cuesta entrar en la historia, pero merece la pena, y es necesario estar atentos a cada detalle y cada paso dado, como la llegada de la vaca por el río, tan sólo para satisfacer el deseo de un terrateniente de tomar el té con leche, y que será el desencadenante de una historia simple en apariencia, pero guarda una lógica interna que la emparenta con una forma de hacer cine que parece perdida desde los albores del mismo. Además, puede que contenga uno de los finales más hermosamente estremecedores que he visto en los últimos tiempos.

Saludos.

lunes, 19 de octubre de 2020

Las fronteras de la nada


 

Es imprescindible señalar que el guion de WAITING FOR THE BARBARIANS corre a cargo del gran escritor J.M. Coetzee, autor asimismo de la novela original. Si no se es lector habitual, se corre el riesgo de no entender gran parte del mensaje de un escritor como Coetzee, capaz de explicitar sutilmente, algo que choca frontalmente con la imagen filmada, a la que sólo restando se la puede acercar a los numerosos textos y subtextos de la obra literaria. Coetzee lo intenta, y lo logra a medias, pero no termina de entenderse con la forma, desnuda y exuberante, de filmar del colombiano Ciro Guerra. No me parece una mala película, pero sí una película que no funciona en la suma, sino aislando cada una de sus partes, y tratando de integrarlas en un todo que difícilmente se sabe cuál es. Empezando por el motivo principal, ese puesto fronterizo en mitad de un desierto, el ignoto país que lo comanda, como los dos países, también desconocidos, que quedan delimitados por una frontera cada vez menos clara. Creo que Guerra hace un fantástico trabajo con los actores, con un Mark Rylance soberbio, y unos Johnny Depp y Robert Pattinson menores, pero que se esfuerzan por sacar adelante dos papeles bastante desagradecidos. Una de esas películas difíciles de engrosar un solo género, y por ello amenazada de tener un público muy reducido. Y, salvando las diferencias, tan sólo por ponerles en situación, en la misma línea de la magistral ZAMA, de Lucrecia Martel, aunque habría que ser muy generoso con ello, por supuesto.

Saludos.

domingo, 18 de octubre de 2020

Rincón del freak #426: Cosinero, cosinero... Que er futuro é mu oscuro...


 

SHE DIES TOMORROW es una oda a la obviedad, al millón de euros sin sufrimiento, a la calaca de pírrica mirada. Bien hecha, sí, como mezclar a Woody Allen con Jonathan Glazer. Interpretada como si supieran que no iban a cobrar, como si pasaran por ahí y ya. La vocación es la de trascender, y si aún fuera una chorrada, no ahora, pero en un futuro a alguien se le ocurriría reivindicarla. Pero claro, el argumento y los recursos se superponen groseramente, chocando (resultando chocante) con ese envoltorio de mumblecore hipoatrofiado. Amy piensa que se va a morir al día siguiente, así tal cual, y se lo cuenta a una amiga mientras pimpla Chardonnay y escucha (atención) el "Réquiem" de Mozart en bucle. Entrando en la net, ya busca urnas fúnebres y pretende que un artesano la convierta en chaqueta de motero. Hasta ahí tiene su gracia, pero luego parece que hay una como epidemia de pensamientos tanatorios; ergo: la certeza de morir al día siguiente se contagia. A veces existe la tentación de tomarla en serio, y con seriedad, pero son ganas de filmar a todos los actores y actrices con la misma cara y el mismo tono, ahí ya la igualdad lo corroe todo, y nos confirma que lo societario no funciona. En fin.

Saludos.

sábado, 17 de octubre de 2020

Jodiendo la marrana


 

Una de las cosas que más claras van quedando de INTO THE DARK, aparte de lo poco cohesionado de sus episodios, es lo mal que le sienta el formato, llegando a estropear ideas en principio interesantes, pero que se van tornando intrascendentes por la estúpida obligación de cubrir una duración determinada. Esto es patente en "I'm just f*ucking with you", que empieza con una situación absurda y que deja al espectador con deseos de saber más, pero que poco a poco va derivando hacia un terror en exceso forzado. Un tipo se dirige a la boda de la que fue su pareja sin mucho entusiasmo, y su carácter apocado y neurótico le hace esconderse tras un nick, con el que inunda el chat de dicha boda con mensajes negativos. A mitad de camino espera encontrarse con su hermana en un apartado motel, y seguir al día siguiente con ella; sin embargo, la noche se tornará insoportable, por culpa del conserje del motel, que no para de gastarle bromas pesadas, aunque puede que esconda un terrible secreto. Pretendidamente ingenioso, el guion recuerda, por ejemplo, a GIRO AL INFIERNO, de Oliver Stone, sumiendo al protagonista en un cúmulo de situaciones que ponen a prueba incluso su propia cordura. El problema es que, llegado el momento, las excusas argumentales van diluyéndose en una especie de comedia terrorífica, hasta el punto de que importa muy poco qué hacen esos personajes ahí y por qué. La idea, insisto, parece interesante, pero se olvida tan pronto como acaba su desastroso desenlace.

Saludos.

viernes, 16 de octubre de 2020

La chispa que enciende el mundo


 

TESLA no es una buena película; Ethan Hawke es un gran actor. Poner música moderna en películas de época ya está desfasado; el momento más fascinante de TESLA es ver a Nikola Tesla/Ethan Hawke haciendo un karaoke de Tears for Fears. Hacer una película en interiores es claramente de tiesos; a Almereyda sólo le falta el arrojo y el talento de Derek Jarman para bordar unos interiores que se disparan del claroscuro a los tonos pastel. Thomas Alva Edison era un cabronazo, y la película lo deja claro; Kyle MacLachlan logra un Edison que asusta por su veracidad. No entiendo qué pinta Sarah Bernhardt en todo esto; durante una época, también aquella época, los inventores eran estrellas al nivel de las actrices de teatro. No vean TESLA; vean TESLA. 

Saludos.

jueves, 15 de octubre de 2020

Todos a cubierta


 

MISTER ROBERTS (que aquí fue conocida como ESCALA EN HAWAI), es, más que una película, un compendio. Una suma de talentos puestos a prueba por un rodaje extremadamente dificultoso y extraño desde su mismo concepto: toda la "acción" transcurre en un barco de guerra en los estertores de la WWII, donde la tripulación se aburre o debe soportar la inclemencia de un capitán que no les permite ir a tierra desde hace más de un año. En las antípodas de un film bélico, la obra original de Thomas Heggen y Joshua Logan, y adaptada por este último y Frank S. Nugent, intentaba desmitificar y desterrar cualquier heroicidad, en base a unas situaciones que van de lo absurdo a lo cómico, pero que progresivamente agrava su tono hasta un desenlace que pone los pelos de punta. Y ahora lo interesante: Henry Fonda, James Cagney, William Powell y un fabuloso Jack Lemmon, que se llevaría el oscar a mejor secundario. El corolario de emociones y caracteres que transmiten estos cuatro actores es lo que verdaderamente eleva una película que parece abocada a ser irregular per se, si es que eso significa algo, mientras el Mr. Roberts del título intenta poner un poco de cordura en un trato a todas luces injusto por un capitán que parerce la mezcla de un niño y un psicópata (grande Cagney), y escoltado por el médico (Powell), de larga trayectoria, y el joven y perezoso guardamarina, interpretado por Lemmon. Y mención aparte merece la dirección, aquí compartida por dos titanes como John Ford y Mervyn LeRoy, aunque no por razones tan nobles, sino porque a Ford le dio por la botella más de lo recomendable, lo que lo llevó a tener continuas broncas, sobre todo con Fonda, por lo que LeRoy tuvo que ser contratado por la Warner para encargarse estrictamente del trabajo actoral. Aunque, más allá de las curiosidades, lo exótico de su naturaleza, en mi opinión, la emparenta, adelantándolas por supuesto, a obras tan paradigmáticas como M.A.S.H. o CATCH 22. Y como no podía faltar el apartado de curiosidades, la de hoy proviene de una de las escasas féminas que aparecen en el film, y que es nada menos que Betsy Palmer... ¡La mala malísima de VIERNES 13!... En fin...

Saludos.

miércoles, 14 de octubre de 2020

El confesor


 

IL TRADITORE es la última película (por el momento) de Marco Bellocchio, que con 80 años demuestra no haber perdido nada de su nervio creativo. El "traidor" del título es Tommaso Buscetta, la figura clave para encarcelar a casi 400 integrantes de la cosa nostra, incluido el sanguinario Totó Riina, y el práctico desmantelamiento de la oscura organización siciliana. El retrato que Bellocchio hace de este hombre es complejo y nada complaciente, mostrándolo como, sí, un traidor, necesario si se quiere, traidor a los traidores, y que queda expuesto como alguien abatido pero férreo en sus convicciones. Buscetta, que vivía en Brasil un semirretiro junto a su esposa, deseaba distanciarse de la mafia, pero la matanza organizada por Riina, que acabó con la vida, entre otros muchos, de sus dos hijos, y la extradición a la que se ve obligado, acusado de tráfico de heroína, le hacen replantearse todas sus convicciones y colaborar con el juez Falcone, entablando con éste una insólita pero verdadera amistad. La historia está ahí, y no se pueden cambiar muchas comas, incluida la posterior acusación (con los mafiosos delatados ya en la cárcel) que enarboló contra el mismísimo Giulio Andreotti, presidente de la república, y que quizá hubiese merecido algo más de tiempo en el film. Con todo, me parece una película extraordinaria, de una lobreguez tan sobreexpuesta, que casi parece cómica, aunque los hechos mostrados no son para tomárselos a risa. Bellocchio vuelve a hurgar donde más duele, donde muy pocos son capaces de exponerse; a ello contribuye decisivamente la impresionante interpretación de Pierfrancesco Favino, en cuyo rostro parece estar escrito todo lo que va a decir, incluso antes de decirlo. Son dos horas y media en las que no se puede desviar la mirada, donde cada escena lleva inevitablemente a la siguiente, adoptando unos tintes de tragedia clásica y sin regodearse en nada que no sea relevante para entender la magnitud de lo que se cuenta. Para la historia quedaran escenas magistrales, como las del extenso juicio, con los mafiosos observando a Buscetta desde las rejas a su espalda, pidiendo todos un careo con ese despreciable traidor para retractarse inmediatamente, y sólo porque alguien, al fin, se había decidido a hablar.

Obra maestra. Una más.

Saludos.

martes, 13 de octubre de 2020

El metrónomo


 

Por culpa de un programa que me permito recomendarles a todos ustedes ("Todopoderosos", lo tienen en YouTube), caí en la cuenta de que aún tenía pendiente algún film de David Fincher. Entre ellos, PANIC ROOM, que no había vuelto a ver desde su estreno, y de la que guardaba un recuerdo que oscilaba entre la intrascendencia y la apatía. Hay películas a las que merece la pena dar una segunda oportunidad, y esta me lo ha confirmado, sólo hay que saber mirar en la dirección adecuada. Tras esta revisión, me doy cuenta de que no todo en la vida es un buen guion, y que hay historias que funcionan mayormente por las sensaciones que es capaz de acumular en sus escenas. Lo importante aquí es que no hay respiro, y que precisamente es su jugueteo constante con la inverosimilitud lo que le da su fuerza, que proviene de un dominio exacto de los tiempos durante sus casi dos horas, un dato que hay que tener en cuenta, dado que se trata prácticamente de un clímax que dura más de dos tercios del total. Por supuesto que es un film hedonista, y que cada escena está aclimatada para jugar en favor de la tensión, incluso a costa de desmentir la propia psicología del reducido grupo de personajes que la componen. El resto ya lo conocen: Jodie Foster y su hija (una jovencísima Kristen Stewart) se van a vivir a una lujosa casa en Manhattan, y, sin solución de continuidad, ambas acaban pertrechadas en la habitación del pánico de marras, a consecuencia del asalto de tres hombres (Jared Leto, el cantante Dwight Yoakam, y sobre todo un estupendo Forest Whitaker), cuyo objetivo se encuentra, oh casualidad, en esa habitación. Así las cosas, sin el sentido del ritmo y la inventiva visual de Fincher, el guion de David Koepp, en otras manos, habría sido un desastre de los de época. Sin embargo, e insisto, dejando a un lado las incongruencias, que son muchas, el film funciona como un metrónomo, o una maquinaria bien engrasada, y no es poco dados los tiempos que corren. No les engaño, no es ni de lejos lo mejor que ha rodado Fincher, pero como película de suspense tiene no poco mérito.

Saludos.

... ¿Y todo esto lo ha hecho usted solo?...
No, necesité estar rodeado de siete mil millones de personas...

¡Cuidao con mis primos!