sábado, 20 de marzo de 2021

¿Sí quiero?


Alvina Louise Croter era una joven escritora, con mucho talento y ganas de triunfar en un momento que no dejaba margen a las mujeres con ideas. Así, con apenas 25 años, Viña Delmar (tremendo seudónimo) copaba los escaparates de las librerías neoyorquinas con una muy atípica historia de amor. Nada de endulzamientos inanes, o sentimientos idealizados; BAD GIRL habla de una joven insegura, que no se fía de los hombres, pero que íntimamente sueña con enamorarse de verdad. Trabaja como modelo, lo que la obliga a esquivar a cuanto pretendiente se le cruza, y no son pocos. Sin embargo, contraviniendo cualquier manual, conoce a un electricista, fanático de las radios, que no es como los demás; en lugar de piropearla, le va describiendo por qué las mujeres le parecen un fastidio, mientras sueña con tener su propia tienda de radios. Como no puede ser de otra manera, ambos se enamoran, con un amor demasiado moderno para 1931, y con esas ansias de libertad que los infortunios van socavando, preparándoles quizá para convertirse en una pareja vieja y aburrida. Adelantando casi 50 años al mejor Woody Allen, Frank Borzage se muestra fresco y deslenguado, con un ojo desencantado y otro repleto de ingenuidad, y con esta "encantadora muestra de sarcasmo" se llevó nada menos que dos estatuillas, al mejor director y el mejor guion, ahí es nada.
Saludos.

viernes, 19 de marzo de 2021

Del horror y la representación


 

Hay algo que no termina de funcionar del todo bien en THE SEASONING HOUSE, el crudo y descarnado debut en la dirección de Paul Hyett. Y no es del todo lógico, pues el responsable de títulos tan interesantes como HOWL, prescinde de todo artificio, y retira el sobrante para dejar en el hueso esta historia sobre los burdeles en la guerra de los Balcanes. A mitad de camino del gore, el slasher o el cine de denuncia, no es tanto la forma como el fondo lo que termina fallando, por mucho que chirríe ver a supuestos serbios hablando un inglés con acento. Minucias de presupuesto aparte, y tras no escatimar momentos escabrosos, el protagonismo queda en la frágil figura de la actriz Rosie Day, que interpreta a una joven sordomuda encargada del "cuidado" de las otras jóvenes, literalmente drogadas para suprimir su disposición a resistirse. Una cosa que canta es la escasez de presupuesto, las interpretaciones de manual o los momentos de violencia gratuita, cuando no directamente una sordidez que lo abarca absolutamente todo. No sé, porque como film de terror funciona, al conectarnos con ese terrible momento histórico; curiosamente, al ser una película fundamentalmente filmada en interiores, uno se pregunta si, ya que la iban a hacer en inglés, no hubiese sido más inquietante sin la fuerte justificación del conflicto bélico. De todas formas, es un film correcto y que se eleva ligeramente sobre propuestas similares.
Saludos.

jueves, 18 de marzo de 2021

Fanáticos de medio pelo


 

Es conocida la vinculación de David Cronenberg con el medio televisivo, no tan prestigiosa como la cinematográfica, pero con algunas curiosidades bastante impactantes. Hubo una serie, a finales de los ochenta, que algunos recordamos muy levemente, cuyo título original era un elocuente FRIDAY THE 13th, pero que por estos lugares se tradujo como MISTERIO PARA TRES. Estoy seguro de que alguien queda que lo recuerde como una serie de misterio, en la que los dueños de una tienda de antigüedades lo daban todo por resolver cuantos casos se les presentaran. Pues bien, Cronenberg llegó a dirigir uno de estos capítulos, concretamente el titulado "Faith healer", que narraba el desenmascaramiento de un curandero televisivo por parte de un defensor de los métodos científicos. Hay que aclarar la urgencia del formato, donde no sólo había la necesidad de conformar un episodio autoconclusivo de 45 minutos, sino dar cabida a sus tres protagonistas, por mucho que su presencia pueda llegar a ser testimonial. Y este episodio queda en consonancia con la serie, de una calidad más que discreta, y que es una serie B rutinaria y pachanguera; bien para una tarde de Domingo de 1988, con el carrusel deportivo de fondo, pero que no aguanta un visionado hoy día. Y sí, todo gira sobre el hallazgo de un guante en la basura... Ahí queda eso...
Saludos.

miércoles, 17 de marzo de 2021

Gresca garantizada


 

BLACK BEAR es una película sobre gente que se lleva mal, o sobre gente que no sabe llevarse con los demás, o sobre gente que no está bien ni consigo misma. Si es así, se puede entender algo de su confuso metraje; porque hay otra intención, la del émulo a MOTHER, de Aronofsky. Película que no me gustó mucho cuando la vi, y que ésta eleva a la categoría de obra maestra. Escindida en dos partes muy diferenciadas, la primera nos cuenta la llegada de Allison, una supuesta directora y actriz indie, al retiro rural que regentan Gabe y Blair, que esperan un hijo. Allison es la única huésped, y pronto entabla conversación con la pareja, aunque su carácter complicado hará que la cena se torne en un retorcido festival de escupitajos y confesiones, bajo los efluvios de varias botellas de vino. Sin desvelar nada más de esta parte, nos vamos de repente a la segunda, en la que todo se invierte. Allison es la actriz principal y esposa de Gabe, director de la película que ruedan en el mismo paraje idílico, y Blair (aquí sin embarazo, claro) es una secundaria, por lo que los roles quedan invertidos, o eso creo yo. BLACK BEAR tiene un pequeño gran problema, que es hacer inteligible su ambicioso retrato de, intuyo, una creatividad en crisis, que se frustra cada vez más, echando la culpa a su entorno de su propia incapacidad, en una duda y desconfianza constante. Parece desarrollarse en un plano puramente emocional, o mental, pero la alegoría, por minuciosa, se queda corta, o no termina de encajar bien las piezas y dar forma con rotundidad a esta pequeña película, de amaneramiento mumblecore, pero que esconde a un director y guionista (y actor, claro) que parece querer ir dando pasos más amplios. Esperaremos algo más de depuración por su parte.
Saludos.

martes, 16 de marzo de 2021

Wtf!... Wtf!!... Wtf!!!...


 

Cada día es más difícil sorprenderse en la era de la hipérbole reducida... ¿Que esto qué es? Pues esto es, ni más ni menos, que cada imagen, idea o concepto, queda inmediatamente reducido a una especie de gritito mecánicamente exteriorizado, para que no quede duda de que la intención era esa. Es lo más que se me ocurre tras ver WRONG TURN, una película que parece dirigida por un bot, y que aun así tiene momentos que, puede que por delirantes, a lo mejor la eleva al mismo estatus de culto que la de Fulci, aunque habría que esperar algunos años de digestión. Lo primero es que esta película se está vendiendo como un remake, o reboot, o qué sé yo, de KM. 666, un film que vi allá por su estreno, y con el que mantiene similitudes, aunque también notorias diferencias. Más allá de ponernos a destripar contenidos, no hay muchas ideas originales aquí, pero sí un constante jugueteo del guion (curiosamente, escrito por Alan B. McElroy para ambos títulos) con el "¿qué pasaría si nos vamos por lo que normalmente se desecha?". Así, el título no puede ser más elocuente, y no sólo por contar la típica historia de los jóvenes incautos que, desoyendo las recomendaciones locales, se van por el atajo equivocado, sufriendo las consecuencias. Hablar aquí de posthorror me parece como mínimo audaz, y lo único que veo es una película de género que intenta dar un pasito más allá, arriesgándose a que el giro desemboque en la ridiculez, por radical. Técnicamente está bien facturada, las interpretaciones son solventes y tiene un ritmo aceptable ¿Cuál es el problema? Pues que no puedes estar durante casi dos horas diciendo "Pero qué coño!!!"...
Se puede ver.
Saludos.

lunes, 15 de marzo de 2021

Tourette pop


 

Me parece necesario, incluso imprescindible, no perder el contacto con los estímulos, filias y adhesiones que conforman el día a día de nuestros hijos. Además de una cura de humildad, nunca viene mal para ampliar horizontes culturales y sacar interesantes reflexiones. En mi caso particular, me era imposible evadir un documental como BILLIE EILISH: THE WORLD'S A LITTLE BLURRY, una ambiciosa apuesta de AppleTV, que intenta un complicado doble reto, prácticamente triple: acercarse al día a día de la artista californiana casi como un videodiario; intentar explicar por qué su pop, mezcla de depresión adolescente y referencias extrañamente infantifílicas, ha calado hondo entre la "generación Z"; y como bonus track, lograr que un documental de dos horas y media no se eternice ni caiga en el ombliguismo rendido del fan. El resultado es sorprendente, porque Eilish se muestra como una joven capaz de derribar cualquier leyenda pop, quitarle hierro al asunto, al tiempo que se muestra franca y directa a la hora de hablar de sus problemas con la fama, que no ha dejado de crecer desde que empezó a componer canciones junto a su hermano en la habitación. A día de hoy, su proceso sigue siendo el mismo pese a vender millones de discos y abarrotar estadios; una chica que sólo atenúa su agresivo síndrome de Tourette cuando se entrega a la música, y que habla de lo injusto que es un mundo, el actual, que comete la crueldad de tratar a los jóvenes como privilegiados, cuando la realidad es que son lanzados a un mundo ultracompetitivo que crearon las generaciones anteriores, sólo para descubrir que están en una carrera perdida de antemano, pero que los mantiene entretenidos como ratas en un laberinto. Aunque sólo sea para hacer el esfuerzo de mirar hacia lo que generalmente es despreciado por la "crítica especializada", la experiencia no está del todo mal, aunque puede que media horita menos le hubiese beneficiado.
Saludos.

domingo, 14 de marzo de 2021

Rincón del freak #447: El enigma de la pistola infinita


 

¿Puede una pistola tener 39 balas? Sí, en el universo imaginado por Lucio Fulci. Necesitamos ciegos: tenemos lentillas de verde pantanoso. El guion no es lógico, y así debe ser. Un personaje está vivo, y al segundo siguiente ya no. Los rostros... Los rostros son un problema, así que desfigurémoslos. Nos sirven ganchos, cadenas, disparos, cuchillos, agujas de punto, cristales, ácido o arañas. Sí, arañas arrancando tejido facial... Todo bien en THE BEYOND, aunque a mí me gusta más el original, E TU VIVRAI NEL TERRORE!... L'ALDILÀ, que es un título para una cosa como ésta. Una cosa, debo recordar, ampliamente reivindicada desde los 40 años que han pasado de su estreno, en un 1981 que sembró espectadores turulatos ante esta rareza inclasificable, a medio camino del horror onírico y el ensamblaje de restos de saldo. Hay una casa en Louisiana, cuyo sótano es la puerta al infierno; y en el estupendo arranque, unos lugareños con antorchas torturan y masacran a un pintor que allí vive, y que está dedicado a una única obra, una alegoría sobre la "tierra de los muertos". Eso lo suponemos pretérito, pero el presente llega bruscamente, y presenta a la protagonista (la mítica Catriona MacColl), una joven que acaba de heredar dicho hotel. A partir de ahí, Fulci desencadenado, tirando gente de los andamios, usando polvos de talco y salsa de tomate, con fondo sonoro estreñido y destrozando toda facialidad que por allí asome. Ahora bien, esta sí que es tan mala que es buena, y sus soluciones formales son tan audaces como imitadas. Por todo ello, hay que verla, por eso y por un desenlace que es lo más cerca que el gore ha estado de ser considerado ligeramente intelectual...
Saludos.

sábado, 13 de marzo de 2021

La mirada del cuervo


 

Uno no sabe si alegrarse de la milagrosa aparición de THE RIVER, de 1929, o llorar amargamente por la media hora que jamás se pudo recuperar, nada menos que el inicio, el final y algunas escenas más. Y es que THE RIVER es (o mejor dicho, podría ser) una gran película, tremebunda película, pero se queda en 54 minutos arrebatadores, y un esfuerzo ímprobo de la Filmoteca Suiza por "restaurarla" a base de planos fijos, todos provenientes del archivo personal de Frank Borzage. Rompiendo por completo con el tándem Farrell/Gaynor, esta vez el protagonismo femenino recae sobre la maravillosa Mary Duncan, actriz de corta carrera y larguísima vida, que encarnaba a la perfección cierto ideal de femme fatale, aunque este término sería reduccionista. No hay más que ver las escenas en las que el pobre Farrell, que da vida a un joven ingenuo, se ve literalmente seducido (y me quedo corto) por Duncan... (recuerden que estamos en 1929). Ella languidece en una cabaña junto a la presa recién construida en la que trabaja él, y no parece casual que pierda varias veces el tren de regreso a casa, pues aunque le confiesa aborrecer a los hombres, lo cierto es que queda encandilada ante esta especie de "boy-toy". Otro de los aciertos del film lo constituye la figura del cuervo, la extraña mascota que acompaña a la mujer, pero que en realidad simboliza la sombra permanente de su antiguo amante, un peligroso criminal del que desconoce la fecha en que saldrá de la cárcel. Así, un poco a trancas y barrancas, asombra la homogeneidad del relato (también de Tupper), al tiempo que confirma lo contemporáneo del cine de Borzage, filmando algunas escenas de modernidad indudable.
Más que una curiosidad, un título muy a reivindicar.
Saludos.

viernes, 12 de marzo de 2021

Serventesio unidisciplinar


 

El único problema que le veo a LIBERTÉ es que tiene demasiado texto. Podría ser una cita del propio Albert Serra, tan dado a la boutade gratuita, pero no, lo pienso sinceramente, incluso de una película de más de dos horas en la que apenas se habla. Serra se sigue radicalizando, y eso es bueno, y este film puede dar buena prueba de ello, de su viraje de la narrativa a la instalación, lo que en su caso es menos traumático, por supuesto. No entiendo la escandalera en la era del consumo masivo de pornografía, ni tampoco los lamentos de la crítica por su "exasperante" lentitud. El cineasta gerundense no engaña a nadie, ni creo que le interese formar parte de cualquier círculo artístico, ser reconocido y reconocible; más bien creo que le basta con llevar a cabo la proeza de rodar lo que le ronde la mente, y habría que congratularse de ello. Ahora bien ¿es LIBERTÉ una gran película? Mi respuesta es que no. Y no lo es porque, si bien la radicalización es notoria (noriamente progresiva) a lo largo de su filmografía, no me parece su film más transgresor, y sí (y ahí está el fallo) el que más explícitamente parece autoproclamarse. Todo el rollo de los libertinos huyendo de la represión de Luis XVI es accesorio, cosmético; apenas un mínimo asidero argumental con tal de gradar sus ínfimas aspiraciones normativas. Así como un poema queda constreñido por la norma reglada, Serra cae en la tentación de "mostrar", en lugar de abandonarse en brazos de lo único sobresaliente: anochecer y amanecer sobre un tiempo y espacio tan fugaz como un chisporroteo para siempre irreproducible...
Saludos.

jueves, 11 de marzo de 2021

Sombras de leyenda


 

Las leyendas sólo pueden filmarse de una manera, aguardando la épica mientras los acontecimientos contribuyen al entendimiento. Hay un buen puñado de momentos magistrales en MY DARLING CLEMENTINE, y luego está el todo, el trasfondo vital que engulle cada frase y cada acto. Y también está lo que no se ve, la atmósfera opresiva de Tombstone, que encarna a la perfección ese espacio mítico (mitificado), de un Oeste más depauperado que salvaje. Primero está la huida hacia delante de Wyatt Earp junto a sus hermanos, cuyas razones, sin que las sepamos nunca, quedan más que claras en el primer y demoledor encuentro con Clanton, que no aceptará una negativa a la venta del ganado. Luego, la tragedia; el hermano pequeño de Earp muere, y éste queda ya atrapado en Tombstone, de nuevo como sheriff, en un intento de buscar venganza a través de la justicia. Sin embargo, todo se tambalea con la llegada de Doc Holliday, un hombre atormentado y complejo; enfermo, ácrata, bebedor, adorado y odiado, amado y temido. Como dos caras de la misma moneda, Earp y Hollyday confirman aquel espacio mítico en sus opuestas aunque complementarias actitudes. No coinciden en nada, pero están obligados a entenderse. Y de repente, el interludio, con un actorcillo ambulante, borracho, declamando a Shakespeare delante de los malvados, que sólo entienden la fuerza bruta, mientras la elocuencia de Hamlet acentúa ese clima irrespirable, insoslayable. Y es curioso cómo la memoria sentimental nos lleva indefectiblemente al duelo en el OK Corral, que ya es el culmen de la epopeya, fordiana y del western, aunque en realidad sea lo que menos importa, habida cuenta del despliegue anterior, un preámbulo, extenso y fantasmal, de todo lo que no vuelve, para quedarse siempre ahí...
Obra maestra absoluta.
Saludos.

miércoles, 10 de marzo de 2021

Sublimación del culebrón


 

Muchas sensaciones encontradas con PETRA, el último film de Jaime Rosales; un cineasta al que tengo bastante aprecio, y al que he seguido regularmente, aunque este título se me pasó por razones que aún debo dilucidar. Debe ser porque al director barcelonés le tengo ajustado el punto de mira, por mucho que sus trabajos sólo tengan en común el desapego de unos a otros. El caso es que PETRA es un extraño caso de forma vanguardista con corazón hiperclásico; o incluso más allá, un culebrón que asfixia la hipérbole con frialdad aséptica. No hay más que atender al argumento, para después compararlo con las decisiones finales de Rosales. Petra (Bárbara Lennie) es una mujer que busca a su padre desconocido, al intuir que a su madre le queda poco tiempo de vida, y ante la negativa de ésta a revelarle su identidad, por motivos que no parecen tener mucho sentido. En una decisión que no queda del todo clara, Petra, que quiere ser artista plástica, termina en la casa-estudio de Jaume, un prestigioso artista, convencida de que él es su padre, encubriendo con su aprendizaje sus verdaderos motivos. Allí conoce además a Lucas (Àlex Brendemühl), hijo de Jaume, y Marisa (Marisa Paredes), su esposa. Y en las complicadas relaciones entre estos personajes es donde quedan establecidas las coordenadas de este relato, adusto, gélido, y sobre todo centrado en remarcar con saña la malvada y retorcida personalidad de Jaume (Joan Botey, como el habitual "elemento amateur" de Rosales), un ser aparentemente amoral y de crueldad insana, y que hace bueno el dicho de que hay verdades que es mejor no saber. Y, tras unos días de visionado y reflexión, sigo debatiéndome sobre si es la mejor película de su director o la peor; francamente, no creo que sea ni una cosa ni la otra, aunque la total ausencia de humor nos lleve a este tipo de disquisiciones, porque a mí me afloraron un par de risitas con lo de las revelaciones paternales, o la exagerada forma de enfrentarse a los problemas de algunos personajes ¿Rosales sucumbiendo al género? Siempre será un raro...
Saludos.

martes, 9 de marzo de 2021

Mis queridos imbéciles


 

A todos esos imbéciles que repiten mantras. Como que la gente que hace miles de kilómetros en realidad son invasores que vienen a quitarle el trabajo. Como que las mujeres no tienen de qué quejarse, que su lucha es sólo postureo. Como que los derechos sociales son unas esporas que siempre estuvieron ahí. O que el clasismo no es más que un invento de holgazanes y arribistas. A todos ellos les recomiendo una película, para que digieran bien lo de ayer y no se les haga bola. PAPICHA es el nombre despectivo con el que un hombre se dirige a una mujer joven; algo así como "chati", o qué sé yo, aunque prefiero imaginar que roneo insospechado no hace más que enmascarar el pavor de los hombres a dirigirse como iguales a las mujeres. PAPICHA es la ópera prima de la directora Mounia Meddour, y con ella concurrió en Cannes y fue galardonada en los César y la Seminci. Pero PAPICHA es, ante todo, un beso de hartazgo, y una hermosa mirada al sitio donde nadie quiere mirar, a menos que uno no se considere un imbécil y se estremezca ante la barbarie y la sinrazón. Un montón de imbéciles armados, como dijo alguien, vencen, pero no convencen; y en la reflexión unamuniana se integra este film, cuya sinopsis rezaría tal que así: Nedjma sueña con ser diseñadora, y cada día traspasa los muros de la escuela donde estudia para comprar telas y complementos, pero también para bailar, divertirse, vivir. Su país no está de acuerdo, Alá no está de acuerdo, y unas señoras tapadas por una tela negra tampoco. Luego aparecen unos imbéciles con armas, y ellos no tienen sueños, tan sólo obedecen el susodicho mantra, normalmente verbalizado por otros imbéciles. No sean imbéciles, no maltraten a las mujeres, no agredan la libertad, y no sigan pensando que no se es un imbécil si uno no lo cree...
Saludos.

lunes, 8 de marzo de 2021

No quedan flores por las que llorar


 

Intentarlo con una película de Charlie Kaufman es toda una experiencia, y hay que estar muy dispuesto a abandonarse, dejarse engullir por la presencia que realmente importa, que no es la nuestra, sino la suya. Sus películas son extremadamente sencillas, apenas un balbuceo, una onomatopeya, un accidente. Es tan sólo cuando aparecemos nosotros que se vuelven complejas. El espectador como invasor, colonizador no invitado a un espectáculo que se desarrolla muy lejos de nosotros. Es por ello que intentarlo es tan agobiante, y ese parpadeo se torne una ecuación cósmica, una palabra dicha por casualidad parece como si dios hubiese decidido abrir el pico por primera y última vez. Si debo achacarle una sola cosa a I'M THINKING OF ENDING THINGS, no sería su lentitud, ni su hipérbole de la desgracia. Ni siquiera que parezca un cruce entre Lynch y Andersson, quedando claramente por debajo de ambos. Lo único que me irrita de este maravilloso besito en la mejilla al "yo", es, efectivamente, que descubre sus cartas demasiado pronto, y ni siquiera se toma la molestia de voltearse (aunque sea perezosamente) en su cantadísimo final (y no es una metáfora). Aun así, es un film que merece ser visto, discutido, deshuesado y puesto en valor como debiera; porque técnicamente es el trabajo más depurado de Kaufman, y por el estupendo trabajo de sus protagonistas, Jesse Plemons y Jessie Buckley, que confirma mis augurios. Ahora bien, me permito recomendarles un film mucho mejor, y que arriesga también más, partiendo de una premisa similar, como es PROVIDENCE, de Alain Resnais.
Saludos.

domingo, 7 de marzo de 2021

Rincón del freak #446: Cuñas y caracolas


 

Los pasteles ya no son lo que eran. En mi infancia y juventud (y tampoco hace tanto tiempo), uno ingresaba a cualquier tiendecilla de barrio para quedar, ipso facto, envuelto en la gravedad de formas, colores y olores, dispuestos a explosionar posteriormente como un sabor destinado a perdurar hasta estos penosos momentos, en los que la nostalgia acude como único consuelo, a nuestros paladares como a nuestra memoria. Aquellas eran exuberantes cuñas de chocolate, inmensas palmeras de huevo o caracolas de áurea perfección. Y tras el éxtasis, la calma, la plena satisfacción producida por una dosis imperdonable de azúcar, las comisuras aún apergaminadas, alguna mancha en el chalequito con cuello de pico y olor a Flota. Ahora saben lo que yo sentía y por qué; tras ver MONSTER HUNTER, me hago una idea de lo que sienten los que ahora son jóvenes.
Saludos.

sábado, 6 de marzo de 2021

Amor sin barreras


 

En 1929, Frank Borzage dirigió LUCKY STAR, sobre un guion de Sonya Levien, que adaptaba asimismo la novela original de Tristram Tupper, y que se centraba en la inesperada historia de amor entre la joven Mary Tucker y Tim, que trabaja reparando postes telefónicos. Ella sobrevive como puede, en una cochambrosa granja, junto a su madre y cuatro hermanos pequeños; y mientras lleva leche a los trabajadores, conoce a Tim y Martin, su jefe, con el que disputa por una pequeña cantidad. Tim se enzarza entonces en una pelea con Martin, pero les interrumpe un llamado que les anuncia el inicio de la guerra, por lo que ambos se marchan para alistarse, y ambos prometen a Mary volver sanos para reencontrarse con ella. Martin tendrá una extensa campaña, en la que será incluso ascendido a oficial, mientras tim se ve obligado a volver al poco tiempo, quedando inmovilizado de cintura para abajo tras caerle un carro encima. Al volver, Tim no alberga esperanzas con Mary, al ir en silla de ruedas, pero ella se da cuenta de que estaba enamorada desde el primer día. 
Una película aparentemente naif, con una historia mil veces contada, pero que tiene un ritmo magnífico, logrando momentos de enorme belleza en ese tránsito del enamoramiento a un amor capaz de superar cualquier barrera, desde una guerra mundial, la invalidez o una pobreza endémica, que quizá un matrimonio por interés podría solventar. Y de nuevo, impecables, Charles Farrell y Janet Gaynor, moviéndose con habilidad del romance a la ternura, del humor al drama desaforado, en un film que lo contiene todo y mucho más, sin necesidad de palabras y en apenas una sola localización.
Si pueden, háganse con la copia restaurada, que contiene una emotiva partitura a cargo de Christopher Caliendo.
Saludos.

viernes, 5 de marzo de 2021

Reivindicando (desde) la anomalía


 

Vayamos por partes. Oí hablar de LOVECRAFT COUNTRY un poco de pasada, como una más de las series que componen el extenso catálogo de HBO. Luego, en uno de esos bombardeantes trailers, me pareció que no podía haber mayor extravagancia que mezclar el imaginario del de Providence con un argumento (por ahí andaba Jordan Peele) basado en la problemática racial (racismo, sin eufemismos), que en Estados Unidos parece no acabar nunca. No la tuve muy en cuenta, pero pasó algún tiempo y vi que no eran pocos los que le dedicaban comentarios elogiosos, así que me dispuse a ver sus 10 episodios con una pregunta preconcebida sobre la cabeza ¿No era genial subvertir la narrativa comprometida, denunciar la hipocresía racial estadounidense, tomando como punto de partida a un autor que nunca ocultó su recelo hacia razas más oscuras que la suya? La respuesta es sí. Luego toca hacer una buena serie, y ésta lo es sólo a ramalazos. El principal problema es querer aglutinar demasiadas cosas en tan poco tiempo, lo que deriva en una trama excesivamente confusa para lo poco que se cuenta. Y es que tras la oleada de referencias raciales, toca implementar el horror cósmico, y en mi opinión, si no queda de lo más forzado, sí que parece apenas una excusa para justificar la coexistencia de tantísimos opuestos. Lo que queda es lo siguiente: una serie de factura correcta, incluso con momentos interesantes, con esos personajes buscándose la vida en un "territorio hostil", y que es loable en su intento de normalización en historias que históricamente no contaban con los negros como protagonistas. Pero supongo que será culpa mía, porque yo lo de la metáfora lovecraftiana no he logrado verla por ningún sitio. Es decir, que les habría quedado más chula como ensayo de lo apuntado en films como GREEN BOOK, que es a lo que más se parece.
Saludos.

jueves, 4 de marzo de 2021

Conversar y organizar


 

No tengo los datos, pero me gustaría saber cuántas veces han proyectado UN FILM COMME LES AUTRES, desde 1968 hasta ahora, en las universidades españolas. Y es un ejemplo, sólo un ejemplo. Y es un ejemplo muy simple, nada enrevesado. Conversaciones entre un grupo de universitarios y otro de trabajadores de una planta de Renault. Solapadas, reflexiones, pensamientos en voz alta. Se leen artículos, manifiestos, citas literarias. Para apuntalar, imágenes de archivo, un archivo muy reciente, de aquel mismo año. Adoquines, policía, estudiantes que protestan, trabajadores que protestan. Burgueses que fuman tranquilamente desde la seguridad de sus balcones. No tengo los datos, pero...
Saludos.

miércoles, 3 de marzo de 2021

Pensar después de escuchar


 

Aceptar algo como verdadero, darlo por sentado sin ni siquiera dar la oportunidad a introducirlo en un debate de contrastes, se llama fanatismo. En un nivel superior, dar carta de veracidad a una sola de las partes, despreciando a otra, nos lleva al dogma de fe, a la religión. Y como "religión" alude uno de los entrevistados por Cassie Jaye cuando se refiere al feminismo radical. No es casual. Siguiendo la gran tradición de los documentales capaces de trascender su condición de objeto, reclamando su utilidad como coadyuvante para la reflexión y la discusión de lo "socialmente aceptado", esta joven, armada con una cámara, se ganó el repudio de la mayoría de organizaciones que antes eran "las suyas". THE RED PILL sólo pudo ver la luz siendo distribuida independientemente, tras ser rechazada por todos los festivales a los que se presentaba, o por plataformas como Netflix, lo que añade más y más capas de reflexión en torno a su tema principal. La "píldora roja" te muestra el mundo tal y como es, complejo, arduo, injusto, saturniano si se quiere. Pero siempre podemos tomar la "píldora azul", comer ensalada en McDonald's, satisfacer nuestro consumismo en grandes superficies, ver Tele5 o dar por sentado que los hombres no somos más que unos depredadores de frágiles damiselas. Y ojo, porque nunca el relato está completo, pero es mejor levantar la alfombra para buscar las piezas faltantes que culpar a alguien de un robo que nunca existió. 
Mi recomendación es la siguiente: vean THE RED PILL. Aunque no estén de acuerdo, aunque sientan tambalearse todas sus convicciones. También es mejor escuchar a quien difiere de ti antes que escupirle "tus verdades". Lo sé por experiencia...
Saludos.

martes, 2 de marzo de 2021

Circundantes


 

Es alentador saber, mientras ves la T2 de DARK, que todo queda concluido en la siguiente temporada. Más que nada porque la cantidad (y complejidad) de información que se dispara aquí puede llegar a abrumar y hacer desistir a más de uno de seguir con el empeño. La serie continúa impecable, en lo formal y en lo narrativo, y es capaz de aunar la extensa nómina de personajes sin caer en errores evidentes, ni de coherencia ni de ritmo. Ahora bien, es de achacar el esfuerzo que ha de hacerse para no pensar en la comedia involuntaria que sería de recaer en manos menos hábiles. La premisa de los viajes y paradojas temporales se mantiene, desafiando constantemente nuestra propia percepción del significado real del tiempo, y llegando a momentos en que lo inverosímil roza lo directamente provocador. No va por ahí mi crítica, sino por la estructura marginal de la serie, convertida ya en una marciana sitcom, con sus lugares comunes bien reconocibles. Los personajes entran y salen de los mismos espacios, sus reacciones claudican ante quién les dé réplica, y, pese a que no deja de ser una serie notable, te preguntas si no hay un juego aún más oculto en su ya de por sí intrincada trama. Había una palabra que me venía a la mente inconscientemente, haciéndome sonreír. "Endogamia".
Saludos.

lunes, 1 de marzo de 2021

Impecable martirologio


 

Y si la tontería de ayer era apenas eso, una tontería, hoy sí traemos un interesante retrato sobre una psique desbordada en una locura siniestramente agazapada tras un fanatismo que parece de otro tiempo. En SAINT MAUD, ópera prima de Rose Glass, la línea que separa lo real y lo alucinatorio responde a una intención noble, pero de consecuencias catastróficas. Maud era enfermera en un hospital, pero fue expulsada tras un controvertido suceso, y ahora se dedica al cuidado privado. El film, que no desaprovecha ni un segundo de sus escuetos 80 minutos, muestra a Maud cuidando a Amanda, que fue una exitosa bailarina y ahora espera pacientemente la muerte, enferma de cáncer terminal. Aun siendo una película corta, el ecosistema conformado por Glass se dispara en varias direcciones, dos fundamentalmente; siendo éstas la inmersión en esa personalidad desquiciada, obsesionada con llevar a cabo una religiosidad ultraortodoxa, y el posterior derrumbamiento emocional en la duda, igual de extrema, y la imposibilidad de soportar un nuevo rechazo. SAINT MAUD es un film de terror sólo a través de las visiones de esta mujer, cuya realidad está cada vez más alejada, aunque termina siendo más importante ese conflicto interior, que en último término nos pregunta qué diferencia hay entre el "ángel" que nos salva y el "demonio" que nos condena. Buen trabajo interpretativo a cargo de la joven Morfydd Clark y la ya veterana Jennifer Ehle, cuya solvencia tampoco necesitaba tanta truculencia intrínseca. 
Muy interesante debut, de todas formas, y nombre a seguir.
Saludos.

domingo, 28 de febrero de 2021

Rincón del freak #445: Psicóticos low cost


 

Nos ha quedado una semana la mar de femenina (y si ha sido feminista lo habrá sido involuntariamente), por lo que no está de más clausurarla con un artefacto de esos que sobrevuelan impúdicamente cada domingo. Nombre normalizado del primer low-budget porn, Roberta Findlay comenzó a ponerse tras las cámaras junto a su marido, Michael, otro pope de lo ultracutre tirando a sórdido. Roberta enviudó, y quiso demostrar que era capaz de dirigir "cositas serias", con la mala fortuna (para nosotros) de llegar a conseguirlo. Así, y bajo el indisimulado seudónimo de Robert W. Norman, le dio por el terror psicológico "a lo Polanski", con el supuesto retrato de una mujer perturbada que se cepilla (de entrambas maneras) cualquier cosa que asome las narices por el bungalow playero por el que merodea, y que pertenece a su hermana, cuyo marido, psiquiatra, la está tratando de su indescifrable dolencia. Así contado, podría ser un thriller más o menos normal, pero A WOMAN'S TORMENT parece un encadenado de descartes de cualquier softporn de la época, con un montaje rozando lo dislatero y unas interpretaciones de papel de lija del duro. Era 1977, las mujeres iban ligeras de indumentaria y cascos, los caballeros le daban duro al scotch y las directoras (o periferias) tenían que tirar de nombre falso, hasta para filmar algo como esto...
Saludos.

sábado, 27 de febrero de 2021

La bailarina y el pintor


 

Hoy sería necesario indicar la célebre anécdota acerca de los tres oscar ganados por Janet Gaynor en un mismo año, por el film que trajimos la semana pasada, AMANECER de Murnau, y STREET ANGEL, en la que volvía a ponerse a las órdenes de Frank Borzage, y de nuevo compartía protagonismo con Charles Farrell. Aquí, Gaynor interpretaba a otra joven desvalida, acusada injustamente de un delito mientras intenta conseguir medicinas para su madre enferma. La historia, que se trasladaba de París a Napoles, giraba en torno a la fascinación de Gino, un joven y bohemio pintor (imposible no pensar en Modigliani) cuando conoce a la joven, que se ha visto obligada a huir, buscando refugio en una troupe ambulante, donde su número es el de una bailarina y equilibrista. De nuevo hay una sublimación de los sentimientos puros, emergiendo desde un entorno hostil, que siempre dificulta la vida a quienes menos poseen. Una película ya al borde del sonoro, con imágenes bellísimas y esa química especial que desprendía su pareja protagonista, por muchos años que pasen...
Saludos.

viernes, 26 de febrero de 2021

¿Aunque hablen mal?


 

La impresión tras ver MULAN, de 2020, es la misma que subyace tras visionar cualquier otro live action de los que Disney se lleva sacando de la manga hace demasiado tiempo, y lo que parece que queda. Se trata de hacer caja, sí, pero también queda cierta sensación de orgullo perdido, de enternecedora frustración, o de reconversión equívoca pero satisfecha. La diferencia aquí es que MULAN es concebida a la inversa, ya que la original animaba personajes humanos, por lo que podría parecer que la experiencia sería menos traumática. En parte es así, pero hay algo que parece definitivamente instalado en este tipo de producciones, una extraña vocación por tomar al espectador por un receptor inamovible e incapaz del más mínimo juicio crítico. Y apenas voy a referirme aquí a la película en sí, que de hecho es correcta sin más, un entretenimiento bien facturado y empaquetado. Prefiero quedarme con esa sensación que alude a algo más amplio, nuestra propia condición de (y viene al pelo la reseña de ayer) "seres ante la pantalla". Es posible que espectadores más trillados y curtidos no tengamos de qué preocuparnos, pero habría que reflexionar sobre en qué momento se empezó a reclutar al "espectador obediente", no inculto, sino falsamente culto. Disney ya no es Disney, no hasta que no sea capaz de, como hizo la bruja en su momento, mirarse en el espejo y ver lo que es... Y si es posible dejar de obsequiarnos con manzanas envenenadas...
El apunte viene sobre la directora, Niki Caro. Olvídense de esta cosa y busquen WHALE RIDER, de 2002.
Saludos.

jueves, 25 de febrero de 2021

Adelantando al hombre enchufado


 

VIDEODROME es una de esas películas que, desde su estreno, provocan reacciones encontradas. Por un lado uno se imagina a David Cronenberg haciendo realidad sus fantasías acerca de la sumisión del hombre ante la máquina, hasta el punto de llegar a filmar la cruenta simbiosis entre carne y aparato. Por el otro, la dificultad de encajar estas imágenes impactantes (algunas realmente icónicas, como el hombre engullido literalmente por la televisión) en una narración inteligible; porque ante todo, intuyo que VIDEODROME, más que un artefacto fantástico, pretendía militar en las distopías apocalípticas, lo que consigue sólo a medias. El argumento, con dos significados opuestos, indaga en la creciente paranoia de un tipo que siempre va un paso más allá, el director de una ínfima cadena de televisión, especializada en ofrecer lo más zafio, desde pornografía hasta imágenes de sufrimiento humano. Por casualidad, se topa con una misteriosa cinta, y lo que ve allí le obsesiona de tal forma que toda su realidad comienza a desmoronarse, hasta el punto de que la realidad le es indistinguible de lo que hoy conocemos como "virtualidad", pero en 1983 aún era una promesa irrealizable. Cronenberg se adelanta bastantes años a la era de internet, a ese "hombre enchufado", incapaz de concebir la vida sin mirar una pantalla, y en perpetua insatisfacción, demandando más dosis, y aún más fuertes. Parece una advertencia, que ahora podemos ver con ojos incrédulos y algo condescendientes, pero no olvidemos que él lo vio antes. Aunque sólo sea por eso, es una obra interesantísima y que merece ser revisada... Ah, y porque salía esa diosa llamada Debbie Harry...
Saludos.

miércoles, 24 de febrero de 2021

La importancia del sentido común


 

El cine del húngaro Kornél Mundruczó, que ya abarca dos décadas, tiene un problema de fondo, que de primeras me parece incomprensible. Cuando parece que tiene al espectador en el punto exacto, con una intensidad y cercanía que sólo responde a una mano maestra, justo ahí, parece empeñado en quemar todos los puentes (aquí hay uno de metáfora evidente) y abandonar la narración en brazos de un subrayado que la envejece, cuando es evidente la pulsión de vanguardia y de libertad creativa. Esto es así en PIECES OF A WOMAN, que filmó fuera de su país, y en la que todo funciona cojonudamente hasta que las ideas se acaban. Y el problema es que la sequía llega demasiado pronto, justo cuando recobramos resuello tras una primera media hora simplemente antológica ¿Cómo defenestrar una barbaridad como esa? Quizá por apostar demasiado fuerte desde el principio, o puede que tan sólo sea un caso más de hipertrofia semántica, pretender remarcar lo que para cualquiera ya estaba claro. Mundruczó emprende la difícil tarea de mostrar un cúmulo de desintegraciones tras la traumática muerte de un bebé recién nacido, empuñando un dilema moral que no me parece tal, cuando se trata de una decisión personal, la del parto en casa. La pareja se disuelve, la familia se disuelve, y el guion con ellos, hasta desembocar en un juicio que simple y llanamente sobraba, y que deja el trauma casi como un McGuffin, que es el colmo de la amoralidad. Aun así, merece la pena por el descomunal trabajo de Vanessa Kirby, muy por encima del resto de un reparto como poco discutible, y una escena francamente emocionante a cargo de la inolvidable Ellen Burstyn.
Con un poco más de sentido común, no bordearía tan peligrosamente el melodrama de sobremesa.
Saludos.

martes, 23 de febrero de 2021

La vida de los parásitos


 

Como si de un reverso tenebroso de la película de Bong Jong-hoo se tratara, la directora Miranda July retrata el día a día de una familia que quizá sobrepase los límites de lo disfuncional. Padre, madre e hija se dedican literalmente a rapiñar cualquier cosa a su alcance, desde el acceso a giros postales o la falsificación de productos que nunca compraron. Más que personas parecen insectos carentes de emociones, con los cinco sentidos ocupados las 24 horas en la subsistencia mediante cualquier cosa que no implique un trabajo estándar. Incluso es sorprendente el sitio donde viven, aún más descacharrante que en el film coreano, ya que se trata de las oficinas abandonadas tras una fábrica, por cuyas paredes se filtra el sobrante del producto químico manipulado, por lo que puntualmente han de estar allí para limpiar la sustancia invasora. El resultado es KAJILLIONAIRE, un marciano pero muy emocionante acercamiento a esos límites que jamás vemos, pese a tenerlos frente a nuestras narices. No hay ninguna explicación sobre la forma de actuar de esta familia (si no estuviesen siempre juntos ni los llamaríamos así), pero July va dejando inteligentes pistas entre sus quejas y disputas, sus rituales diarios o su incapacidad para mostrar emociones ordinarias. A lo largo del film, que transcurre en Los Angeles, hay varios terremotos, ante los que actúan como si fuera el fin del mundo; pero lo que realmente sacude su precaria existencia es la repentina integración de una joven que parece estar en su extremo emocional.
Las interpretaciones de Richard Jenkins, Evan Rachel Wood, Gina Rodriguez y una irreconocible Debra Winger, se quedan durante mucho tiempo en la retina, y moldean con maestría esta fábula desencajada sobre el callejón de atrás que para muchos es la única vida que llegan a conocer, mientras el mundo sigue girando con indiferencia recíproca. 
Su parte final merece ser revisada con atención, por elocuente y hermosa.
Saludos.

lunes, 22 de febrero de 2021

El corazón partío


 

Decía George Orwell que se puede obligar a alguien a que diga algo, pero no a que lo piense. La frase es irrefutable, redonda, como una venganza perfecta, una venganza contra quienes han sido capaces de mantenerse inocentes en sus cabezas, incluso llegando a creerse totalmente inocentes. Sobre esto versa PROMISING YOUNG WOMAN, el retorcidísimo debut en largo de la actriz y guionista Emerald Fennell. Y es que estamos ante una película desconcertante, que igual salta de la comedia romántica al thriller, del sarcasmo a la congoja más hiriente. Parte de ello proviene de su milimétrico guion, que no da puntada sin hilo, y que cuando crees que se amontonan los clichés, en realidad te está llevando al lugar justo donde debes estar para que su truculento final entronque con cada escena anterior. La otra parte hay que anotársela al desgarrador trabajo de Carey Mulligan, que aquí parece haber alcanzado un nuevo estadio de madurez interpretativa. Ella soporta todo el peso de un personaje difícil de ubicar, por muy justificado que esté su camaleonismo. Igual aparece como una devoradora de hombres, una chica retraída, una mujer buscando justicia o golpeada por los desengaños. Y toda su extraña epopeya es narrada fuera de campo, evocando a otro personaje que ya no está, pero que se ha convertido en el único motor y obsesión de esta mujer. Sin caer en las trampas "de cristal" del #Metoo, el film se sirve de cualquier asidero posible para acabar en un punto de no retorno, que lo emparenta significativamente con un subgénero que parecería imposible, el del cine coreano de venganzas. E insisto, la tarea de guion de Fennell me parece titánica, al sortear cada trampa y salir indemne, por mucho que deba resistirme a desvelar demasiado de su sorprendente trama. Sólo añadiré que tiene un final demoledor, a contrapelo, incómodo y al mismo tiempo liberador.
Si no tardase tanto tiempo en descargar toda su intensidad dramática, estaríamos ante uno de los títulos más importantes del año.
Saludos.

domingo, 21 de febrero de 2021

Rincón del freak #444: Cabalgando hacia un bello delirio


 

La depuración del cine de los belgas Hélène Cattet y Bruno Forzani llegó a su máxima expresión en LAISSEZ BRONZER LES CADAVRES!, de 2017. Una especie de cohabitación indescifrable entre el cine de Dario Argento, Sergio Leone o Alejandro Jodorowsky, o puede que sea un acercamiento entre los mismos, buscando en el relato absurdo la única forma posible de relato de género posible. En realidad no se trata de una narración críptica, sino que lo es su forma, el vericueto adoptado para mostrar lo que en otras manos sería un thriller más. De todas formas, los que hemos seguido el cine de esta pareja sabemos, ya desde sus primeros cortos, que su cine es devoto a la susodicha depuración, y que no habría que esperar más que sus sacudidas visuales, esa especie de "violación consentida" de la retina del espectador. En esta ocasión, todo transcurre (y no es baladí indicar que el guion está extraído de una novelita pulp de principios de los setenta) en un idílico y abrasador caserón de la Côte d'Azur, donde se reúne un extravagante grupo de ¿artistas? ¿delincuentes?, que mata el tiempo bebiendo y disparando a lienzos coloreados. Es mucho más fácil describir el guion, que tampoco es tan enrevesado, tras asistir a la experiencia visual, repleta de colores saturados, ángulos imposibles y disonancias respecto a una banda sonora compuesta por el "reciclado" de Ennio Morricone, Stelvio Cipriani o el score de Nico Fidenco para la olvidada ZOMBIE HOLOCAUST. Yo de ustedes no esperaría una gran película, y sí una experiencia arriesgada, personalísima para los tiempos de serialización que corren, que no es poco para la era de Netflix...
Saludos.

sábado, 20 de febrero de 2021

Amor en ascenso


 

El primer Frank Borzage, el primero verdaderamente reconocido al menos, nos va a acompañar durante algunas jornadas sabatinas. Se trata de los siete largos que filmó entre 1927 y 1933, y que contribuyeron decisivamente a forjar su nombre entre los más importantes del cine de aquella época, justo cuando se dilucidaba el establecimiento definitivo del sonoro. La primera, titulada SEVENTH HEAVEN, es una auténtica maravilla; una historia de amor que se eleva desde las alcantarillas de París hasta culminar en la lucha de la resistencia francesa en la WWI. El film se abre presentando a Chico, un joven entusiasta y bonachón, que se gana la vida limpiando los subsuelos. Paralelamente, conocemos a Diane, una desdichada joven, maltratada por una hermana alcohólica, y sumida en una pobreza sin fin, sobre todo tras la negativa de un tío millonario a hacerse cargo de ellas. Este hecho desencadena la furia de la hermana, que golpea a Diane brutalmente, pero la intervención de Chico logra salvarla momentáneamente, aunque se le ocurre decir que ambos están casados, para evitar el encarcelamiento de Diane, denunciada por su propia hermana. A partir de ahí, Borzage filma, con sensibilidad exquisita, esos mecanismos ocultos que hacen que nos enamoremos de una persona, y no de otra. Lo que a otros les lleva eternas parrafadas, es visibilizado mediante unas metáforas tan sencillas como insoslayables. Chico vive en el último piso, una miserable buhardilla, pero su ingenua altanería le hace decir que cada día se eleva desde lo más bajo hasta lo más alto. Y ella lo mira como un animal asustado, que no sabe cómo agradecerle lo que ha llegado a hacer por ella; y la primera noche él se envuelve en una manta y duerme al raso, y a la mañana siguiente ella le tiene preparado el desayuno. Y no puedes dejar de mirar una película que debería ser empalagosa, pero que aún guarda algunas sorpresas, como el ateísmo declarado de Chico, que no cree en monsergas religiosas, y que Borzage inserta (hablamos de 1927) en una secuencia que he tenido que ver dos veces para creerla: el cura del barrio encuentra un niño, no sabemos qué le dice, le toma la mano y se marchan juntos; mientras, el barrendero asiste atónito, se rasca la cabeza y suelta un chorro de agua sobre el lugar que ha pisado el cura... 
1927. Y, no, no es sólo un relatito romántico con Janet Gaynor y Charles Farrell.
Saludos.

viernes, 19 de febrero de 2021

La rutina inesperada


 

¿Puede una película abandonar su premisa inicial hasta desprenderse por completo de su identidad y ser otra cosa? Esto daría para horas de discusión si habláramos de otros directores con más talento, pero en una película tan normalita como MIDNIGHTERS podríamos concluir diciendo que a lo mejor empezaron a improvisar. En 90 minutos, este modesto film pasa de ser un buen ejercicio de suspense a otra cosa, una intriga criminal muy traída por los pelos, con las vanas pretensiones de embarullarlo todo con sólo un puñado de personajes. Una pareja vuelve a casa tras celebrar la Nochevieja, y en un descuido atropellan a un tipo, que "muere" antes de que lo puedan llevaral hospital, por lo que deciden esperar un par de horas, para que no tengan rastro de alcohol en la sangre, y entonces llevarlo. Pero las cosas suceden de muy distinta manera cuando la hermana pequeña de la mujer, que vive con ellos, vuelve a casa. No sé, porque hay un par de giros de guion que no están mal, pero la rutina se apodera de ese guion, tornándolo cada vez más inverosímil. Es una especie de telefilm, un poco más cuidado, pero a los hermanos Ramsay les falta una barbaridad para ni siquiera aprobar.
Se puede ver con el listón muy bajo.
Saludos.

jueves, 18 de febrero de 2021

De buena voluntad


 

WAGON MASTER es de esas películas a las que se les puede adjetivar como "injustamente olvidadas" dentro de la filmografía de John Ford. Sea por su total falta de pretensiones, tono ligero o ausencia de grandes nombres (aunque esto sea relativo), se trata de un western atípico, que contiene toda la esencia del maestro, sus claves bien intactas, pero prefiere bajar un poco la intensidad y ofrecer un espectáculo disfrutable y más cercano a una especie de comedia que a un duelo de pistoleros. Los únicos que hay aquí irrumpen en la abrupta escena inicial, después de atracar un banco, y no los volveremos a ver hasta bien avanzado un metraje, por otra parte, enjuto y bien exprimido. Los protagonistas son los integrantes de esta "caravana de paz" (como se tradujo aquí el film), un nutrido grupo de mormones que viaja de Utah a California, con la intención de asentarse en tierras fértiles. Los guía un tipo malhablado (para ser mormón), que se fija en un par de jóvenes tratantes de caballos, que conocen bien la ruta, y a los que prometen una generosa recompensa. Así discurre el fin, entre espectaculares secuencias de la penosa travesía de la caravana, bajo un majestuoso Monument Valley, algún bailecito y el fortuito encuentro con la troupe de un charlatán de los de los elixires mágicos, aunque todo se tuerce cuando los atracadores se topan com ellos. Lo que Ford consigue aquí es un excepcional retrato coral, como si de un gran homenaje a sus secundarios habituales se tratara; y, casi sin que nos enteremos, asistimos a todo un retablo de emociones. Amistad, amor, odio, desprecio. Todo ello cabe en menos de hora y media, con magníficas interpretaciones de Ward Bond y Ben Johnson, y con la sensación de que el Oeste también podía ser emocionante sin truculencias.
Perfecta para un Domingo por la tarde.
Saludos.

miércoles, 17 de febrero de 2021

El discreto encanto de la polilla


 

Hay dos problemas fundamentales a la hora de enfrentarse a la reciente versión de REBECCA, y ninguno hace referencia a la idoneidad de ser arrogante, pensando que se puede ni siquiera rozar la obra maestra de Hitchcock. No, porque el problema proviene de su director, Ben Wheatley, cuyo marcado carácter cinematográfico, caótico, corrosivo y muy destroyer, no parece el más indicado para dotar de ritmo y sentido el enmohecido y siniestro texto de Daphne du Maurier. Le vuelve a pasar a Wheatley, que se quita del cartel para dar paso a un obediente y funcionarial artesano; que demuestra conocer muy bien su oficio (baste el interesante arranque en Mónaco), pero sabe que está aquí para otra cosa. Y me pregunto qué hubiese pasado si el director de la fabulosa KILL LIST hubiese mantenido el trasfondo, tan sólo para moldearlo hacia su terreno. Podría haber salido una magnífica anomalía, como esa deliciosa barrabasada que era SIGHTSEERS, y no una (mala) copia en colorines de una historia que (ahora lo sabemos) sólo se podía contar en Blanco y Negro. 
Del casting no digo nada, excepto que parece una afrenta o una broma de pésimo gusto. Excepto Kristin Scott Thomas, no se salva ni uno.
Lo mejor, la estupenda banda sonora del gran Clint Mansell.
Saludos.

martes, 16 de febrero de 2021

Un homicidio accidentado


 

En la exitosa línea de un formato que se creía desterrado, el de los seriales documentales de corte criminológico, parece haberse encontrado un filón que de momento no se ha desplomado. Uno de los últimos, auspiciado por Netflix, llega desde Argentina con el elocuente título de CARMEL: ¿QUIÉN MATÓ A MARÍA MARTA? Y nuevamente parece que la fórmula funciona, al universalizar un hecho acotado a un lugar concreto, hacer partícipes, de golpe y porrazo, a muchísima gente de diversos ámbitos y localizaciones, sin que éstos hubieran tenido noticia alguna, como es lógico por otra parte. El caso en sí no es tan apasionante como el trasfondo, social, político, económico, de una Argentina derrumbada y asfixiada por la crisis del "Corralito". Esto es un murmullo constante, y que retumba por entre las entrevistas, las pesquisas o las reconstrucciones. El caso de María Marta García Belsunce, perteneciente a la clase acomodada, asesinada en su propia casa situada en un lujoso resort, no habría dado para cuatro intensos episodios, por mucho que el caso, con multitud de idas y venidas, puntos oscuros y falsas apariencias, sea más que curioso. En cada entrevista y declaración hay un pulso a nuestra conciencia, la que por un lado clama justicia, mientras alude a ese mantra tan peligroso de "la justicia no es igual para todos". Casi 20 años después de los hechos, aún casi no se sabe nada, o se sabe sólo lo que se quiere saber; ha habido acusados, después absueltos, y absueltos que luego son acusados. Y, lográndolo sólo a medias, el documental parece implorarnos por nuestro propio juicio, preguntarnos acerca de qué diablos era ese ruido de fondo, o si tenemos la respuesta definitiva para saber cuándo se está haciendo verdadera justicia.
Se ve de un tirón, pese a sus muchas trampas "climatológicas". Netflix en estado puro, para ver, disfrutar y seguir a otra cosa.
Saludos.

lunes, 15 de febrero de 2021

In praeterito


 

Tengo varios sentimientos encontrados respecto a la T4 de FARGO. Por un lado, la historia, no por mil veces repetida, es capaz de encontrar admirablemente su propio camino, e incluso ir siempre un pasito más allá de los lugares comunes, y aquí hay muchos. En cambio, me pregunto dónde están los puntos de unión con el universo al que teóricamente debemos remitirnos. Porque, digámoslo ya, esta temporada, curiosamente, no se parece a FARGO sino a otro film de los hermanos Coen. Esta temporada se parece, y mucho, a MILLER'S CROSSING. Y es que Noah Hawley nos lleva al mundo de las mafias, al de esas "familias" enfrentadas durante generaciones, ávidas por tener el mando absoluto de la ciudad en cuestión, que en este caso es Kansas City. Así, el primer episodio queda consagrado a una extraña liturgia, en la que los jefes de los dos clanes intercambian a sus hijos, para asegurar que ninguno romperá el pacto de no agresión. Primero son los judíos y los irlandeses, y más tarde los desbancan negros e italianos. Sobre esa base gira el argumento entero de la temporada, con multitud de traiciones e inesperadas alianzas; con una policía corrupta y una ciudad a merced de la impunidad de estas mafias, operando bajo "negocios respetables". Luego están, es cierto, el habitual baile de secundarios, que suelen ser los enclaves del espíritu de FARGO, y reconozco que Hawley despliega un alarde de imaginación, pues la mayoría, aunque cumple su misión, parecen añadidos, extensiones de "lo que de verdad importa", que son los diálogos lacerantes, las miradas chungas y los tiroteos. Puro cine de mafiosos, y no tanto de la marciana psicopatía que es el verdadero sello de la serie y de la película original. Por otro lado, el reparto es complicado de asimilar, porque es complicado ubicar a Chris Rock o Jason Schwartzman tan alejados de sus roles más característicos. Y sí que brillan, por ejemplo, los veteranos Glynn Turman y Francesco Acquaroli; la subtrama interpretada por Jack Huston y Timothy Olyphant; o la verdadera revelación (ligeramente desaprovechada), que es la desconcertante enfermera a la que da vida la cantante irlandesa Jessie Buckley.
Una temporada, en fin, extraña, aunque con entidad propia. Que, contraviniendo todas las leyes no escritas de las series, acaba en un pequeño anticlímax de poco más de media hora (el episodio más corto de todos), y deja un epílogo sin palabras que conecta esta temporada con la segunda, en una decisión que como poco es ambigua.
Puede verse.
Saludos.

domingo, 14 de febrero de 2021

Rincón del freak #443: Los cazalienígenas


 

Así es como debería haberse llamado EVOLUTION... ¿Se acuerdan de EVOLUTION? Porque han pasado nada menos que 20 años de aquella supuesta revolución en los efectos digitales que se quedó en casi nada. Apenas un extraño cruce entre LOS CAZAFANTASMAS, MIB y un PARQUE JURÁSICO trotón; con una vis cómica tan chirriante como un tenedor en una pizarra, y uno de los repartos más desafortunados de todos los tiempos (¿qué diablos hacía ahí Julianne Moore?). Claro y cristalino, el siempre oportunista Ivan Reitman, que atravesaba un largo periodo de carestía en taquilla, fue a lo obvio y se agarró a la fórmula que él mismo había creado: reparto en alza de popularidad, chistes gruesos y la incorrección justa para abarcar el mayor ratio de edad. El problema, aparte de que ya se había hecho antes, es que David Duchovny no es Bill Murray, Orlando Jones es insufrible mal dirigido, y el resto son comparsas de un desarrollo más propio del cartoon... (en serio... ¿Julianne Moore?)... Por salvar, poca cosa. Apenas algunos bichos bien diseñados para la época, el cameo de la maravillosa Morgan Nagler y la fantástica banda sonora de John Powell, que si cierras los ojos puedes imaginar un estupendo western... 
En fin, uno de esos títulos que la gente vio sobre todo en DVD, y que hoy día no pasa de mera excentricidad o hasta placer culpable... Pero a mí no me miren.
Saludos.

sábado, 13 de febrero de 2021

Las horas que no pasan


 

Las horas que no pasan son las que no pertenecen al tiempo. Y creemos que las vivimos, cuando no son nuestras, ni de nadie, tan sólo una ilusión que enmascara una verdad que sale fuera del tiempo. Así ocurre en LE SILENCE DE LA MER, con ese tiempo estancado, no vivido, que se establece en la palabra del hombre que se presenta como amigo, pero es tratado como enemigo. Así queda reflejado en el silencio compartido por el anciano, que apenas hace otra cosa que fumar en pipa, y su sobrina, que apenas hace otra cosa que coser infinitamente. Y ese hombre habla, habla sin parar, y en sus palabras no hay odio, ni rencor, ni amenaza, pero nunca podrá encontrar perdón ni consuelo, y mucho menos amor. Ni siquiera explicando su amor por el país al que acaba de invadir, ni suavizando su vestimenta; apenas obtendrá el calor de una chimenea, un silencio fúnebre, sin palabras ni intenciones. Jean-Pierre Melville filmó esta película sin género, sin protagonistas ni antagonistas, una ópera prima filmada pese a todo, incluso si hacía falta ser director, productor, guionista y montador. Una película antes poética que bélica, pero con una batalla que se libra feroz, la del silencio contra la palabra.
Saludos.

viernes, 12 de febrero de 2021

Sacramento


 

Se pueden contar historias desde perspectivas muy diferentes; ángulos, líneas temporales o motivos puramente estilísticos. Todo con tal de rozar siquiera ese destello de genio, una esquirla de lucidez que bien podría haber estado latente desde un punto muy atrás, tanto que casi parece un sueño. Esto se agudiza en una ópera prima, y aún más cuando el creador es tardío, o ha llegado desde una cosmovisión diferente. Pero esto no ocurre con Greta Gerwig y su primera película como directora, aunque su desconcertante arranque así nos lo haga suponer. Sería un craso error, y nos perderíamos un notable film, porque LADY BIRD es honesta y emocionante, pero sin caer en trampas propias de la autocomplacencia autobiográfica. Gerwig habla sobre ella misma desde un punto francamente complicado, pero que se intuye decisivo en su propia construcción artística, por mucho que todo vaya en la dirección opuesta. La protagonista (Saoirse Ronan en la mejor interpretación que le he visto hasta ahora) está en su último año de secundaria, justo ese momento de incertidumbre total donde nos creemos mayores de lo que somos, mientras ya nadie nos va a seguir tratando con condescendencia. Usa un alias para evadirse de una realidad que no le gusta, pero no es una simple soñadora; está harta de que las estrecheces económicas coarten sus aspiraciones, por lo que anhela la vida de los que sí tienen grandes casas con piscina. No es una estudiante absolutamente brillante, lo que alivia en parte a su madre (maravillosa Laurie Metcalf), que lo aprovechará para disuadirla de irse a Nueva York y quedarse en una universidad más modesta de california. Así, entre amistades puestas a prueba, titubeos amorosos y grandes golpes de realidad, Christine, "Lady Bird", ingresa a un mundo completamente nuevo y desconcertante, y a Gerwig le bastan un par de brochazos ligeramente impresionistas para hacernos partícipes de esta pequeña gran película. Y no creo que sea nada fácil hacer una historia así, ni de esta manera.
Necesaria se la mire desde donde se la mire.
Saludos.

jueves, 11 de febrero de 2021

Adoquines


 

La cultura como arma arrojadiza, los sindicatos protestando junto a los poetas y los cineastas. Las fuerzas retroalimentándose contra el enemigo común, el que siempre ha estado ahí, invisible, viejo, la carcoma de todo lo bello y todo lo que no responde ante sus intereses. 1968. Mayo. París. Aquellas preguntas deberían haber sido nuestras certezas, pero vuelven a ganar con el tiempo como aliado. Simplemente esperan a que todo se derrumbe, a que todos se cansen, a que disputen entre ellos. Entonces asoman sus sarmientos y se proclaman como los únicos salvadores, otra vez. Y así será siempre. CINÉTRACTS daba buena cuenta de ello a lo largo de 41 fragmentos, imágenes congeladas, instantáneas recogidas en el momento, y que componen una advertencia alejada del palimpsesto. Ganan, perdemos; deberíamos saber esperar.
Saludos.

miércoles, 10 de febrero de 2021

El compromisario


 

Hay que hacer una advertencia necesaria a quien decida ver NEWS OF THE WORLD: dependerá de con qué ánimo lo haga, y así saldrá de su visionado. Si espera un western clásico, no olvide que dirige Paul Greengrass, que mueve mucho la cámara y sostiene poco los planos. Si espera un neo-western plagado de truculencias y contemporaneidades, el protagonista es Tom Hanks, y Tom Hanks es Tom Hanks, que hasta ahí podíamos llegar. Si espera una historia original, olvídese también; aquí está Ford (hay un plano obscenamente literal, con encuadre desde el interior), y Walsh, y Hawks, y cualquier gran maestro en su versión western, pero ellos lo hicieron antes. Y así las cosas ¿qué esperar entonces de esta película? Pues apenas una narración fluida, unos estallidos de acción que nunca traspasan lo tolerable y a Hanks destilando dignidad mientras lee el periódico. Precisamente, en las sesiones de lectura del capitán Kidd (¿de verdad no había otro apellido?) es donde más brilla un guion, por otra parte, más que predecible, pero está visto que se lleva dar cabida a muchas cosas, aunque el ritmo general se resienta. Es la historia de un capitán sureño retirado (ese personaje daba para ser exprimido mucho más), que se gana la vida leyendo el periódico por aquellos pueblos repletos de vencidos, despechados y de mala gana resignados, mientras son vigilados de cerca por los "azules". La habilidad de Kidd para alterar unos entornos generalmente anestesiados, y la creciente empatía por esa niña rubicunda criada por los Kiowa, son los dos grandes motores de este buen ejercicio de profesionalidad impecable si se le buscan errores, pero insuficiente si se le rastrean unos hallazgos, insisto, siempre prestados, cuando no directamente comprometidos.
Saludos.

martes, 9 de febrero de 2021

El cristal y la sangre


 

Poco reivindicada, la obra de Werner Herzog contiene la cualidad de traspasarnos (y trasvasarnos) a un momento pretérito, sin que tengamos la noción de asistir a ningún relato histórico. Verdadero valedor de tantos y tantos cineastas posteriores a él, el director alemán es poseedor de esa mirada insobornable, recia, única, que da a sus películas un grano y marchamo únicos. Y uno de sus títulos más enterrados (entre otros de mayor reconocimiento) es HERZ AUS GLAS (CORAZÓN DE CRISTAL), tenebrosa puesta en escena de la transición de un mundo en descomposición, el feudal, al tiempo que se van desvelando, lenta pero implacablemente, las claves del nuevo mundo industrializado. Herzog nos coloca justo ahí, en ese tiempo de nadie, a principios del XVIII, parabolizando un hecho menor para ilustrar un mapa general. Una pequeña villa bávara entra en decadencia, puesto que el maestro cristalero ha muerto sin desvelar el secreto para la confección del "cristal de rubí", que compone el único sostén económico, lo que desata una serie de actos a cual más funesto. El "señor" de la fábrica de vidrio se desespera, mientras busca la fórmula, llegando a confiar en las dotes de un profeta ermitaño. Sin embargo, éste no sólo le reconviene en su empeño, sino que le augura la destrucción de la aldea de continuarlo. Así, Herzog construye esta extraña fábula, a medio camino de la fatalidad y la esperanza de los nuevos tiempos, poniendo el punto sobre la inutilidad de los métodos arcanos para resolver problemas en realidad mundanos. Críptica y de ritmo complicado, se disfruta más en algunos largos momentos contemplativos de gran belleza, fotografiados por Jörg Schmidt-Reitwein y envueltos en la soberbia música de Popol Vuh.
Saludos.

... ¿Y todo esto lo ha hecho usted solo?...
No, necesité estar rodeado de siete mil millones de personas...

¡Cuidao con mis primos!