sábado, 16 de octubre de 2021

La fascinación del encoñamiento


 

El capricho más indefendible, siempre es aquél que proviene de las posturas irreflexivas, tanto como de un proceso de insatisfacción permanente, y nunca sometido a la autocrítica. Así dicho, es un encabezado demasiado frío para un asunto tan candente como el "amor loco", que suele ser el mejor y el más breve. Lubitsch lo entendió a la perfección, y de ahí que sus comedias tuvieran una apariencia frívola, pero escondieran esa "sorprendente redención" para sus zarandeados personajes, casi siempre superados por sus propios deseos. El más evidente homenaje a esa manera de entender el cine, las historias, lo hizo Billy Wilder en 1957, y aún se permitía un volteo más a estas historias de enredos amorosos, en los que merece la pena hurgar para encontrar una mirada más honda, retorcida y, en último término, aguda de las pasiones humanas, sus porqués y sinsentidos. LOVE IN THE AFTERNOON podría durar apenas una hora, que es lo que necesita Wilder para presentarnos el colapso entre dos mundos contrapuestos: el de la dulce, adorable y virginal Ariane (Audrey Hepburn más frágil que nunca), y el socarrón, imperturbable y un poco ajado playboy, Frank Flanngan (Gary Cooper esforzándose por encajar donde nunca lo hizo). La película es larga, porque hay una progresión constante del guion, muy sutil y agazapada tras la apariencia de comedia romántica, pero que fuerza a sus protagonistas a metamorfosearse en lo contrario de lo que suponemos que son. Ella, que estudia chelo y no sabe nada de la vida, entra en shock ante ese hombre maduro (aunque moral y emocionalmente inmaduro), que posee toda una lista de conquistas y no permanece demasiado tiempo en una misma ciudad. El personaje interpretado por Maurice Chevalier (que hubiese bordado el de Cooper) es quien provee la excusa por la que ambos se encuentran. Se trata de un detective especializado en infidelidades, y resulta que Flannagan es su más frecuente objetivo (por motivos obvios); hasta que un marido despechado resuelve acabar con el playboy, y Ariane, que en realidad es la hija del detective, siente el impulso de salvar la vida a un hombre que no conoce, dando pie de manera absolutamente ingeniosa al juego de equívocos y malentendidos. 
Ni de lejos es una obra maestra, y tiene un problema evidente de ritmo, sobre todo para engarzar la comedia delirante con lo que de verdad subyace en su interior, que es una reflexión sobre la futilidad y ligereza con la que a menudo juzgamos, miopes, a quien se nos pone delante. Eso por parte de él, pero ella tiene aún menos justificación, y de no ser ese ser adorable y luminoso, la tildaríamos poco menos que de "loca del coño"...
Buena y reivindicable película, en todo caso.
Saludos.

viernes, 15 de octubre de 2021

Héroes anónimos


 

Siempre es de agradecer que de entre las interminables oleadas de "grandes héroes de ficción", surja una mirada más humana, que se pose en algunos de esos desconocidos, gracias a cuya labor nuestra vida es un poco más segura. ONLY THE BRAVE, de 2017, es un más que digno retrato de los bomberos de Granite Mountain, que sucumbieron casi por completo en un cruento incendio forestal en Arizona, en el verano de 2013. Joseph Kosinski filma su mejor película totalmente a contrapelo, echándose en brazos del cliché doctrinario y lacrimógeno durante dos horas y cuarto que se hacen un poco largas. Pero sí, nadie hubiese apostado por ello, pero esta historia de héroes de los de verdad es capaz de remontarse a sí misma, fiada por completo a un puñado de momentos de alta intensidad dramática, y unos actores increíblemente verosímiles. Es una película que tiene el grado justo de espectacularidad, alternada con los pacientes retratos íntimos de este grupo de hombres y la dificultad de conciliar una vida familiar con una labor en la que siempre estás en riesgo. Posiblemente, una miniserie le hubiese hecho más justicia, pues por momentos son más interesantes las conexiones de camaradería que se van formando, que las escenas de los incendios, que, todo hay que decirlo, están maravillosamente rodadas. Nombres como Josh Brolin, Jeff Bridges, Miles Teller o Jennifer Connelly, dan empaque y sustancia a lo que, con otros mimbres y en otras manos, habría sido un telefilm de catástrofes más. Y no, no lo es...
Saludos.

jueves, 14 de octubre de 2021

La ley a los infames


 

En 1972, Mario Camus emprendió un ambicioso proyecto para RTVE, nada menos que un señor largometraje (me chivan que en televisión se pasó en dos partes) sobre la inmortal obra de Calderón de la Barca. LA LEYENDA DEL ALCALDE DE ZALAMEA es una película muy canónica, pero no lo parece; o a lo mejor es al revés, no sé. Pero verla hoy día es un placer culpable, al tiempo que una gozosa zambullida en aquellos desempeños y quehaceres, que eran los de aquel tiempo, tan sobreabundantes para lo televisivo. Intérpretes de primera magnitud, una localización real (que aunque no era Zalamea, sí estaba en Extremadura), y una realización impecable, con, por ejemplo, fotografía de Hans Burmann y una extraordinaria música del gran Antón García Abril. El texto, revisado aunque bien respetado, es intemporal por el tema tan universal que toca, el de las injusticias y excesos provenientes del poder mal entendido; aunque también da cuenta de lo contrario, de cómo lo justo y honorable ha de prevalecer por dificultoso que parezca. En un reparto extenso, sobresalían unos excelsos Fernando Fernán Gómez (el capitán general, Don Lope de Figueroa) y Paco Rabal (el labrador, y posterior alcalde, Pedro Crespo). En mi opinión, y de momento, la menos acartonada de las versiones del original, pese a que no abandona el declamado, y la extensión del elenco cojea por alguna pata. Y no le vendría nada mal un poco de restauración digital, ya que estamos, que Don Pedro Calderón bien se merece que su infalible humanismo se haga de ver bien en condiciones en estos tiempos tan inciertos faltos de la inquebrantable moral de otro Pedro, Crespo, que no dudaba en dar su merecido a quien osare tocarle una ceja a una de sus desvalidas hijas... algunas más que otras, ya se sabe...
Sin más, una de esas obras a las que no es que haya que llegar, sino de la que nunca debiéramos marchar...
Saludos.

miércoles, 13 de octubre de 2021

Una rubia y una morena...


 

El dato es sintomático. Hablé de TRON en 2009, justo un año antes de que se estrenara TRON: LEGACY, y de hecho ya por entonces mencionaba lo que la Disney se traía entre manos, desempolvando los 8 bits (siendo generosos) de una película que nunca ha encontrado su propio acomodo en la historia del cine palomitero. Han pasado 11 años más, y si soy sincero, había borrado de mi "disco duro" todo rastro de esta tardía secuela, supuestamente destinada a ser un acontecimiento, y terminando en un sitio terrible para cualquier film: el ostracismo merecido. Ha tenido que ser por revisar la corta filmografía de su director (y no me pregunten por qué), que dije "diablos, pensaba que la había visto". La sensación, más que tibia, es de incredulidad, de producto con piloto automático, y de un enganchón de nostalgia muy mal entendida. No basta con sacarte la chorra con los efectos digitales, porque el ojo de hoy día (incluso el de 2010) está ya anestesiado a estas cuestiones, y sólo hubiese bastado algún giro ingenioso, al menos para haber ganado a los incondicionales retronostálgicos. Ni siquiera eso, y sí un montón de escenas que dan vergüencilla (pobre Jeff Bridges), o dolor de cabeza, porque los momentos de lucha parecen una familia de luciérnagas en una Termomix... No sé, es muy raro todo, porque si la enclavamos en su propia época, a mí me parece incluso más anticuada que la de 1982. Y no es un desastre absoluto porque al menos tuvieron una idea original, metiendo a Daft Punk pinchando por allí... En fin...
Saludos.

martes, 12 de octubre de 2021

El abismo siempre devuelve la mirada #7


 

Al contrario de la negativa recepción que obtuvo por gran parte de la crítica, DARK HORSE no me parece tan terrible. De hecho, hay un interesante giro a la hora de confrontar los problemas derivados de esa querencia por aposentar una obra en base a sus "variaciones". En esta ocasión, Todd Solondz se centra casi exclusivamente en la figura de Abe, cercano a los cuarenta, que aún vive con sus padres, trabaja en el negocio familiar, conduce un Hummer amarillo, viste de Ralph Lauren y colecciona muñequitos del Toys'r'us. Lo que denominaríamos un cruce entre hijo de papá, nerd ignorante y, aquí en España, cateto de ciudad. Abe conoce a una chica en una fiesta judía, pero ella no comparte su entusiasmo y padece una depresión crónica agravada por una hepatitis. Aun así, las ensoñaciones sobre esa posible vida futura junto a la mujer de sus sueños van apoderándose del relato, y llevándolo a un desenlace realmente nihilista. Los personajes en el cine de Solondz nunca son sólo personajes, sino que sirven como instrumentos para datar un estado de las cosas, o realizar un diagnóstico de sociedades enfermas; sin juzgar necesariamente, pero sin evitar tocar la herida donde más duele. Y es posible que DARK HORSE no haya sido bien entendida, precisamente por suponer un cambio sustancial en la narrativa de su autor, más preocupado aquí de alambicar deseos y frustraciones del hombre sin atributos, que de provocar al espectador de mente ordenada. Para ese desempeño, no es casual la elección de Jordan Gelber para el papel principal, un conocido actor de musicales, al que le va como anillo al dedo la difícil tarea de hacernos accesible un personaje tan ingrato como, a veces, incluso desagradable e indefendible.
Muy interesante giro en una cinematografía compleja de adscribirse a posibles experimentos formales.
Saludos.

lunes, 11 de octubre de 2021

Despilfarro de recursos


 

Parecen ser multitud los directores que, de un tiempo a esta parte, comparten un mismo patrón estilístico, dentro del género de la ciencia ficción. Curioso, porque hablamos de películas que utilizan un despliegue de medios técnicos apabullantes, pero no les sirve para realzar y/o defender unos argumentos que se caen de puro viejo. Es el caso, por ejemplo, de OBLIVION, cinta de 2013 que en su momento me pasó inadvertida por esto mismo que expongo. Supongo que yo vería un cartel con la cara de Tom Cruise vestido en plan futurista y mi subconsciente actuó como un ad-block de la vida. "Otro MINORITY REPORT de todo a cien", me diría. Y es curioso, porque OBLIVION, una vez vista, me parece que tiene una historia tremendamente interesante (aunque trillada, cierto es), pero que va cediendo paso al despliegue de efectos digitales (lo que antes se llamaba diseño de producción), relegando la idea principal a una anécdota que se podría resumir en un episodio cortito, pero nunca necesitaría dos horas. Basada en una novela gráfica escrita por el propio Kosinski, nos cuenta la enésima extinción de la humanidad, cuyos pocos supervivientes se ven obligados a huir a Titán, dejando atrás un planeta arrasado por unas entidades extraterrestres. Sin embargo, el eficiente Jack Harper y su mujer, se han quedado para intentar "reconstruir" la habitabilidad de la Tierra, mediante excursiones diarias a bordo de unos aparatos que se convierten en los verdaderos protagonistas del film. Al principio la cosa funciona, Tom Cruise hace lo suyo y los cacharros molan, que es de lo que se trata; pero llega el momento de las explicaciones, y lo que es peor, de narrar. La excusa argumental (que por supuesto no voy a desvelar) se desvela a todo trapo, cuando precisamente nos han dado la impresión de décadas de placentera ruina. Los personajes van apareciendo sin solución de continuidad, y reparamos en que el subconsciente (y el cartel) no miente: por muy repipis que se quieran poner, esto es un blockbuster de los normalitos.
Sólo para gente con tiempo de sobra.
Saludos.

domingo, 10 de octubre de 2021

Rincón del freak #476: Caprichos de potentado o plegarias no atendidas


 

Ocurrió hace apenas seis años. Andrew Getty era un heredero con la vida resuelta desde la cuna, nieto de un magnate petrolero, y con una biografía digna de cualquier papel couché. Murió en 2015, con 47 años, y cada rastro que se ha ido encontrando no es el de un tipo precisamente feliz, sino más bien un hombre aplastado por la magnitud de su posicion social, y que por ello, paradójicamente, lo tendría más complicado para ser tomado en serio. Getty quería demostrar que era capaz de salirse de un mundo por definición frívolo, y plasmarlo en una historia que, vista con atención, y más allá de ser un relato de terror, podría ser un encriptado sobre su propia infancia. Y todo esto está muy bien, pero luego nos toca hablar de THE EVIL WITHIN, que es la "película" que Getty logró levantar a duras penas, y cuyo carácter caótico se entiende mejor desde su inverosímil naturaleza. Ni que habláramos de Coppola o Cimino, la producción de este film se remonta a 2004, y no fue hasta 2014 que estuvo... digamos más o menos terminada. Con un mecanismo interior atrofiado, un montaje epiléptico y unos actores que, más allá de sus limitados recursos, imagino que no sabrían en qué punto estaban, se trata de una típica historia de fantasmas, que gira en torno a un discapacitado que vive con su hermano, y que tras recibir un extraño espejo comienza a tener alucinaciones. Insisto, si la van a ver, ni se preocupen por la trama en sí, que es una mezcla de "terror cutre de SyFy" y cualquier drama de sobremesa en A3; en lugar de ello, intenten hacer un divertido (aunque arduo) ejercicio de proyección astral, y transpórtense a ustedes mismos a esas llamadas de año en año, en las que un actor o un operador se tiene que poner a retomar el trabajo del año anterior... Prácticamente un acto de fe, THE EVIL WITHIN sólo pudo ver la luz en 2017, y gracias al esfuerzo de los amigos de Andrew Getty, como último gesto a su memoria. Su obra quizá no sea gran cosa, pero su extraña vida nos recuerda que no deberíamos ejercitar tan a menudo nuestra envidia...
Saludos.

sábado, 9 de octubre de 2021

La mosca en la pared


 

No se puede filmar una película como TITICUT FOLLIES normalmente, ni siquiera con los condicionantes del documental. De hecho, ni siquiera estoy seguro de que a día de hoy se pudiera hacer algo similar, e intentaré explicar por qué. Frederick Wiseman, hoy probablemente el documentalista vivo más importante del mundo, era un desconocido estudiante en la Universidad de Boston, pero su verdadera pasión era coger una cámara y filmar ¿Qué? La vida, ni más ni menos. Pero eso es fácil, e ingrato. Lo que Wiseman se propuso en 1966 era mostrar lo que ocurría en los sitios donde nunca mira nadie, esos "centros de reclusión" creados ex profeso para mantener "dentro" lo que la sociedad no quiere "fuera". Wiseman dio un paso más allá y diariamente rodaba varios minutos en la institución psiquiátrica de Bridgewater para criminales dementes. Su estrategia fue increíble, ganándose la confianza de los trabajadores para acceder a los internos, sin grabar nada durante días, y convirtiendo lo esperado (una alabanza a los funcionarios de prisiones) en lo insólito, registrando con toda crudeza las condiciones sobrehumanas de la institución, el trato vejatorio a los reclusos, y la incapacidad de los "expertos" para llegar a diagnósticos mínimamente coherentes. Él era esa "mosca en la pared", el testigo mudo en quien nadie repara, y dejó para la historia este estremecedor documento, en mi opinión no superado en su naturaleza de interpelador, sagaz y crudo, al espectador, que se ve zarandeado y sin saber muy bien qué opinar en base a sus preceptos morales. Wiseman, en algunas de sus entrevistas, concedía tanta importancia a la edición como al rodaje en sí, y sentenciaba que su cine se confundía con el documental, pero que su intención era genuinamente narrativa; emanado de la experiencia directa, sí, pero sólo posible mediante la reflexión que guiaba, en último término, su mano a la hora de montar.
Más de medio siglo después, sigue siendo una una cumbre, y también un faro para cineastas de raigambre.
Magistral e insoportable a partes iguales.
Saludos.

viernes, 8 de octubre de 2021

Sangre y arena


 

La versión de DUNE, a cargo de Denis Villeneuve, se antoja necesaria por varios motivos, y no siempre bien comprendidos. Lo primero que me llama la atención es la cohesión del relato, sólo posible por la secuenciación constante, que no duda en sajar sin miramientos todo lo que ralentice el programa principal, a sabiendas de que la monumental obra de Frank Herbert es imposible de despachar en un formato normal de largometraje. Después, se entiende todo muy bien, y es sorprendente, porque las intrigas y personajes se cruzan sin cesar, y se podría correr el riesgo de perderse de no conocer de antemano, al menos lo básico del original. Tampoco hay traiciones, ni a Lynch (como si le importara), ni a la "imposible" de Jodorowsky, ni al sentido del espectáculo, ni a esa aplastante atmósfera de tragedia constante, que Villeneuve consigue que prácticamente mastiquemos. Pero sobre todo se es respetuoso con el libro del que bebe, el primero, del que calculo que ha llegado más o menos hasta la mitad. El director canadiense hace suya la epopeya de Herbert y filma una de sus mejores películas; la mejor, desde luego, de todas las que reconocemos como superproducciones. Y ésta lo es, pero hay algo que la coloca en un lugar particular, porque ese presupuesto no parece despilfarrado, sino puesto al servicio de un argumento desbordante, nunca desbordado. Y por supuesto los actores, constantemente sobreponiéndose a la compleja labor de elaborar, insisto, desde una fidelidad que intuyo agotadora. Es uno de los castings más acertados de los últimos tiempos, y no me sobra absolutamente nadie, aunque ya veremos si no echamos en falta a alguien para la segunda parte... porque va a haber segunda parte, y quién sabe si tercera.
En mi opinión, una de las mejores y más gratificantes experiencias visuales a los que uno puede asistir hoy día en pantalla grande.
Espectacular.
Saludos.

jueves, 7 de octubre de 2021

Dos hombres y un biberón


 

Incluso en una película tan costumbrista como LA VISITA QUE NO TOCÓ EL TIMBRE, una comedia típica de enredos escrita para teatro por Joaquín Calvo Sotelo, llega a notarse el pulso dramático de Mario Camus, que encuentra en el reducido espacio de un piso del centro de Madrid todo un microcosmos en el que se puede explicar gran parte de la idiosicrasia de un lugar y una época. Todo parte de la mañana de Navidad en la que amanecen Juan y Santiago, hermanos, solteros, funcionarios de aduanas y de luto por la mamá muerta, que ha dejado a dos desastres muy diferentes. Juan es organizado, pero un poco mojigato, mientras que Santiago es un picaflor empedernido, al que le cuesta despertarse tras sus "largas noches". Y ese día, sin que se sepa por qué, una mujer anónima deja un cestito con un bebé en la puerta de estos hombres, que probablemente habrían reaccionado más naturalmente ante un marciano o una jirafa, pero cuyo mundo se vuelve del revés ante esa criatura, de la que podemos intuir su triste circunstancia. Es cierto que gran parte del film orbita entre el sainete y la españolada pura y dura, aprovechando la gran química de la "extraña pareja" formada por Alberto Closas y José Luis López Vázquez, que bordan sus roles, pero Camus introduce varios elementos ajenos, y que oscurecen notablemente la comedia. Desesperados, Santiago decide buscar a quien alimente al bebé, y, claro, va al mísero burdel que frecuenta, donde encuentra la complicidad de una prostituta que es madre. La vecina de enfrente (la inefable Rafaela Aparicio) ejerce de "ojo de Sauron" que todo lo ve y todo lo controla, y a la que hay que engañar para escapar de su vigilancia extrema. Finalmente, y pese a ser fiel a las costumbres patrias de 1965, el personaje de Laura Valenzuela es poco menos que el de una casamentera indisimulada, capaz de dejar a un lado melindres y exigencias, y que se ofrece solícita a oficiar de nodriza, si eso la lleva a pescar a uno de los dos solteros. Porque eso era España entonces, un lugar falsamente acogedor, trituradora de espíritus pusilánimes, y cargada de códigos inverosímiles, sin los cuales era imposible dar el siguiente paso.
Hay una versión, rodada diez años antes en México, pero esa ya es harina de otro costal...
Saludos.

miércoles, 6 de octubre de 2021

Cuando calienta el sol


 

Es necesario iniciar cualquier reseña sobre OLD, última y esperada propuesta de M. Night Shyamalan, indicando la gran irregularidad que recorre este ultraacotado relato sobre la fugacidad y circunstancia de un grupo de personas. Así dicho, parece más sugerente de lo que finalmente es; el director norteamericano, hábil en la construcción de paisajes humanos únicos, es incapaz de cohesionar lo que subyace en la novela gráfica original, y que la hacía más reflexiva que inquietante. Aun así, tiene sus momentos, incluso dentro del caótico ritmo, con personajes yendo de un lado a otro, desapareciendo en un espacio único o directamente luchando contra el cliché que atenaza sus líneas de diálogo. No es una película de terror, aunque tiene momentos de sobresalto, y el típico y esperado giro argumental, hablando de quien hablamos, queda resonando casi como un ínfimo capítulo de Miss Marple, ya muy al final ¿Qué es, por tanto, lo que funciona, y evita que todo sea un (otro) desastre? No tengo ninguna duda: un halo de romanticismo, algo extraviado y fugaz, pero que cuando aparece eleva notablemente el nivel de una historia que, intuyo, Shyamalan ya llevaba tiempo queriendo hacer, y que de hecho ya ha realizado anteriormente, y con mejores resultados.
Se puede ver, y ya es bastante para lo que llevamos arrastrado, pero hay momentos en los que el film parece empeñado en flirtear con el ridículo más cursi.
Saludos.

martes, 5 de octubre de 2021

El abismo siempre devuelve la mirada #6


 

La premisa de LIFE DURING WARTIME es clara. En esta ocasión, Todd Solondz se limita a observar cómo ha pasado el tiempo sobre los personajes de HAPPINESS, y el resultado no puede ser más desolador. Lejos ya de sus puntos de vista sarcásticos, la amargura se impone, mostrando a unas personas en búsqueda constante de la felicidad, pero con todas sus convicciones y asideros seriamente dañados. No hay un solo vencedor, únicamente gente recogiendo escombros, como esa constante alusión a los ataques terroristas, y de la imposibilidad de perdonar a quien nos ha destrozado la vida. Una película circunspecta, llena de fantasmas, con diálogos que queman de tan corrosivos, y con el único defecto de una falta de homogeneidad en el relato, que a mí me suscita la reflexión de un Solondz más preocupado en captar la expresión justa, la que nos revela esa retahíla de conciencias castigadas, más que de realizar una narrativa congruente. Quizá no se pueda ir más allá, y ni siquiera se deba.
Saludos.

lunes, 4 de octubre de 2021

Construir la metáfora


 

La metáfora en cine se vende cara. Es dífícil de construir en condiciones. Y más aún en el cine comercial, más dado a la estructura de guion más convencional. Y en el cine comercial actual, aún más. Y en el que se fabrica a toda prisa en las plataformas, ni te digo. Por eso, me parece justo darle un voto de confianza a una película como NO ONE GETS OUT ALIVE, que es una serie B hecha para el fondo de catálogo de Netflix, pero que aun así tiene un par de aspectos interesantes y reseñables. Uno es el estupendo trabajo de los actores, con la desconocida Cristina Rodlo (proveniente del culebrón mexicano) al frente. El otro proviene precisamente de este trabajo actoral, y es la escurridiza atmósfera que Santiago Menghini capta, y que casi no necesita el elemento sobrenatural para sobrecoger. Sí, se trata de una historia de fantasmas, o de espíritus, o de otras cosas más indefinibles, pero hay minutos de calidad cuando Menghini persigue el rostro angustiado de Rodlo en su desesperada peripecia vital en un Cleveland inhóspito, tras llegar ilegalmente para buscarse la vida. Ahí comienza a fraguarse la metáfora, de la misma forma que Jordan Peele retuerce el género para entroncar con la denuncia racial, y que cuaja en el opresivo ambiente de la casona en la que se hospeda, y donde todo es extraño, desde el hosco dueño hasta las esquivas inquilinas. El desenlace, aunque bien rodado (hay que satisfacer la cuota), no deja de ser el esperado, y por ello menos sorpresivo. Antes, la falta de dinero, la posibilidad de entregar la dignidad para sobrevivir, o la imposibilidad de encontrar a alguien en quien confiar plenamente, ahí sí había una historia tremenda para haber desarrollado, pero lo advierto en la primera frase...
Interesante.
Saludos.

domingo, 3 de octubre de 2021

Rincón del freak #475: Los palmeros de Zarzaquemada vs. la alianza de pijoprogres despreocupados


 

Más vidas que un gato.
Sion Sono, maldita sea. Nicolas Cage, maldita sea.
Garamendi tarifa por la dignidad de los suyos, pero personalmente jamás se verá afectado.
En esta película pasa más o menos lo mismo.
Lo único chungo es que a Cage le explota un huevo.
Pero tiene otro que le suda. Se la suda.
A los japoneses no les cae bien vestirse de cowboys. Manos a la obra.
Si no tienes ideas, al menos pon muchas luces. Hasta que sea el "Duelo en la feria de Abril".
Si no tienes guion, pon lo que sea. Sofia Boutella muy seria, por ejemplo.
Sion Sono ha inventado un nuevo género, la "película twitter". Mandan las líneas...
... o las rayas...
PRISONERS OF THE GHOSTLAND. O cómo empezar una película a lo loco, a lo mejor porque has visto MANDY, y cuando la acabas no se puede distinguir de un episodio de Doraemon.
Sion Sono, ese hombre...
Pero si él tiene financiación ¿quién va a negarse a pagarle las facturas a Cage?...
Terrible es poco. Y como dice un gusano encantador, "mejor pásense a Twitter"...
Saludos.

sábado, 2 de octubre de 2021

Sobre el jodido irreverente


 

Bueno, también se murió Antonio Gasset, porque todo el mundo se muere, que si no seguiría vivo y escupiendo su dominado desprecio sobre los que él consideraba "espectadores de saloncito". Gasset era un cinéfilo raro, que no quería hablar de películas, y prefería tomarse una copa de miradas furtivas. Y era un extraño cruce entre Pedro Erquicia y Harpo Marx. Y durante muchos años fue un referente de culto, marciano, en horario de máxima audiencia, mientras decía un par de frases más o menos ingeniosas y luego soltaba un escupitajo verbal, que quedaba resonando en aquellos hogares españoles de finales de los ochenta como un disparo en una película de Boetticher. Y Gasset también salió en alguna película de algún amigo, como ya sabemos que hizo con Zulueta, con el que coincidió haciendo una cosa muy rara en Super8 de Jaime Chávarri, que por entonces, a finales de los sesenta, andaba obsesionado con la posibilidad de rodar como Godard, solo que con más caspa y menos bagaje. Aquello se llamaba GINEBRA EN LOS INFIERNOS, y pretendía ser un triángulo amoroso, pero se quedaba en una chuchería entre estrafalaria y cuqui, aunque Gasset hacía de tímido innoble, y Zulueta se quitaba de encima a Mercedes Juste, que es la única que aún vive. Yo la vi hace un tiempo en "Márgenes", y la tenía olvidada; hoy me viene que ni pintada para hablar del penúltimo irreverente, que parece resonar aún un poco en nuestras conciencias, y en nuestros salones...
Saludos.

viernes, 1 de octubre de 2021

Inevitable y sugerente


 

El cine de David Lowery es como es. Cultureta, detallista, metafísico, distante. Como tantos otros, diríamos, pero luchando por encontrar un sitio reconocible dentro de la industria, porque Lowery se resiste a ser marginal, algo de lo que hablan unos nada desdeñables presupuestos, incluso más suculentos de lo que cualquiera pueda imaginar en estos inciertos tiempos de penuria. Así las cosas, se estrena THE GREEN KNIGHT, que podría ser la película más a contracorriente para este curso. Basada en algunas improbables leyendas artúricas, con el caballero Sir Gawain como protagonista, ha conocido alguna que otra versión anterior, con discutibles resultados que hemos despachado en estas mismas páginas. Esta versión, no sólo es la mejor, sino que además aporta un arriesgado punto de vista, desmarcándose del típico relato caballeresco, e ingresando en una fantasía de épica callada, introspectiva, pero con un concepto visual gozosamente exuberante. El ritmo, claro, puede tirar para atrás, pero ya conocemos a Lowery, un señor que se toma su tiempo para que seamos nosotros quienes paladeemos sus exquisitas imágenes. Es, también, una magnífica versión, porque no elude el motivo principal, que tiene como protagonista al misterioso caballero verde y su no menos curioso reto navideño; pero la intrigante deriva de Gawain (estupendo Dev Patel) apunta hacia ese destino vital, trágico e insoslayable, que también estaba presente en A GHOST STORY o EN UN LUGAR SIN LEY, con las que comparte similitudes aparentemente insospechadas. Una película que necesita gran colaboración del espectador, pero que ofrece una gran recompensa final, y que es el mejor trabajo de su director hasta la fecha. Lowery ya prepara para el próximo año su personal visión de Peter Pan, habrá que ver su aportación...
Saludos.

jueves, 30 de septiembre de 2021

El otro ring


 

YOUNG SÁNCHEZ, también de 1963, es toda una rareza del cine patrio, un relato de aquellas sórdidas veladas de boxeo, en una España aún deprimida, y en la que los jóvenes buscaban cualquier forma para salir de la miseria. Con guion de Ignacio Aldecoa, la película sigue a Paco, que trabaja en una fábrica y por las tardes acude a un gimnasio, donde "el viejo" ve las tremendas cualidades que tiene para el boxeo, al mismo tiempo que lo intenta apartar de las tentaciones, sobre todo de un promotor que le ofrece una carrera profesional meteórica, pero que esconde nada más que combates arreglados. Una película sólida, con buenas interpretaciones (con el malogrado Julián Mateos al frente), y un ritmo que a veces se hace complicado de encauzar, dado que Camus otorga tanta atención a unos combates de gran realismo, como a esa otra cara de la vida, entre trabajos de mala muerte y tabernas mugrosas. Se trata de una cruda mirada a las trampas de los ascensos rápidos, aunque la historia bien habría merecido un poco más de profundidad y empaque.
Saludos.

miércoles, 29 de septiembre de 2021

El coste de una vida


 

El 10 de Septiembre se estrenaba WORTH, y no es casual. Se cumplían 20 años del 11/9, y, gilipolleces catastrófico-heróicas aparte, no recuerdo ningún título que aportase, desde la ficción, puntos de vista interesantes sobre un asunto tan universal. El tercer trabajo de la joven directora Sara Colangelo, es un trabajo valiente en lo temático, pero demasiado convencional en lo puramente cinematográfico. Uno de esos relatos sociopolíticos que tanto gusta al público norteamericano, y más si toca fibra sensible, y aquí hay mucha. Partimos de un personaje real, Ken Feinberg (un meticuloso Michael Keaton), un importantísimo abogado, especialista en mediaciones complejas, que fue designado directamente por George Bush para dirigir el polémico "Fondo de Compensación para las Víctimas del 11/S". Feinberg acepta el cargo desde un lugar extrañamente ingenuo, sin pararse a pensar en la magnitud, no ya económica, sino moral y humana de las consecuencias del gigantesco atentado. Poco a poco, comprueba cómo sus rocosas convicciones se desmoronan; primero ante la presión de los lobbys económicos, que piden un trato preferencial para quienes mayores cargos tenían, pero sobre todo de la creciente "plataforma de indignados", que exige que el gobierno no los trate como meros limosneros. 
El film, ya digo, es correcto y se sigue con meritoria claridad, sin caer en farragosos tecnicismos, aunque ello provenga casi siempre de las inevitables escenas "con pellizco", que es la forma en que se disimulan los lugares comunes. Puede que algunas revelaciones (no esperen ninguna conspiranoia) les despierte la curiosidad, o les parezcan "demasiado teatralizadas para ser verdad", pero al menos tira para delante con mucho más sentido de la dignidad que, por ejemplo, el truño de Oliver Stone...
Saludos.

martes, 28 de septiembre de 2021

Los desastres anticipados


 

Durante todos estos años, en los que el cine comercial sufre una especie de "síndrome de indefinición", que tanto lo sume en una cansina nostalgia revisionista, como lo deja a merced de caprichos autorales, no siempre bien comprendidos, hay figuras que entienden lo mejor de ambas derivas. Y durante estos años, he defendido el cine de James Wan, no por ser absolutamente original, sino por encontrar su voz narrativa a través de otras anteriores, y reconocibles. Una vez planteado este preámbulo, diré que MALIGNANT es un desastre con todas las letras, por la sencilla razón de que no logro encontrar un solo argumento para defenderla. Lo haría si su director fuese otro, pero es preciso señalar que Wan no puede escudarse en las licencias del primerizo, y ni siquiera en los desesperos de la ruina económica. Lo que a mí me parece, tras asistir estupefacto a esta mezcla impúdica de géneros y recursos, es que no había aquí guion, y sí una voluntad de despiporre, de "homenaje" traspuesto, pero tan mal ensamblado que me atrevo a decir que he visto pelis de la Troma más rigurosas. Cuando a Wan le sale del bigote, chirridito, zoom, luz sobreexpuesta y voilà, reverencia a Argento. Sin solución de continuidad, y sin que nadie lo pidiera, una prótesis que le he visto mejores a Rob Bottin cuando empezó junto a Carpenter. No podía faltar el relleno modo "casa encantada", de la que ya Wan es cansino paladín. El cielo siempre en tormenta (bueno, es Seattle), las mansiones junto a los acantilados (¿he dicho Seattle?) y las clínicas con nula asepsia, que da más mal rollo. Para rematar, nada menos que una pareja policial tan improbable, que parecen una parodia de ARMA LETAL, o qué sé yo. Aunque la palma se la lleva una escena de tiroteo, en la que no pude memos que exclamar indignado: ¡Coño, esto es MATRIX!...
En definitiva, una ida de olla sin gracia ni guiños inocuos, con un giro de guion que te ves venir desde los primeros cinco minutos de película (terrible, terrible), y la peor sensación que se puede tener, la de que te están tomando el pelo. Hay gente a la que le entusiasma, y me juego el pescuezo a que la mayoría de ellos no entendió INSIDIOUS, con la que ésta no comparte prácticamente nada.
Lo único que espero es que se trate de un bache o una licencia muy licenciosa. De lo contrario, el mito del "hombre-franquicia" está finiquitado...
Saludos.

lunes, 27 de septiembre de 2021

El abismo siempre devuelve la mirada #5


 

Debe ser PALINDROMES la película que menos me gusta de Todd Solondz. Puede que por lo mucho que se va por las ramas, lo que tarda en soltar una auténtica provocación (en un diálogo, ya prácticamente al final), o por lo regular que está explicada la relación con sus obras anteriores. Presentada como una hipertrofiada metáfora sobre la carencia de amor, que lleva a una niña a desear ser madre a toda costa, son varios los aspectos que descolocan a cada momento, y a los que veo poca justificación. No sé por qué la protagonista cambia constantemente de intérprete (de niñas blancas a una mujer negra con sobrepeso, un chico con aspecto andrógino, y hasta Jennifer Jason Leigh con 42 años), como tampoco pillo el hilo de la casa de acogida, más allá de la oportunidad de ensamblar la "parada de los monstruos" particular de Solondz. Y, ya digo, los guiños a ...DOLLHOUSE o HAPPINESS parecen más por falta de creatividad que por el uso ingenioso del retruécano semántico. Por supuesto escandalizará a los profanos, o confortará a los incondicionales. Yo, que no soy ni una cosa ni otra, me quedo tan sólo con ese diálogo al que aludía al principio, donde un personaje que ya estaba en HAPPINESS intenta consolar a la pobre Aviva, que no puede cumplir su sueño de ser madre aunque se haya dejado violar varias veces. Lo que él dice, más o menos, es que no merece la pena afiligirse, porque todos estamos condenados nada más nacer; ni siquiera su padre, encarcelado por pederastia, debería estar triste. Entonces, un niño pequeño corre y se abraza a sus piernas, lo que provoca la ira de la madre. Y Aviva lo consuela ahora a él: "Tranquilo. Sé que no eres un pedófilo, porque los pedófilos aman a los niños"... Y esa sí que es la controversia de Solondz en estado puro, aunque aquí llega tarde.
Saludos.

domingo, 26 de septiembre de 2021

Rincón del freak #474: Maravillas de la naturaleza


 

Porno bizarro japonés. Trompazos en moto. Gente en llamas. Anuncios sobre enfermedades venéreas. Porno bizarro alemán. Películas psicotrónicas de un baúl olvidado. Pilotos de series, tan malos que nunca vieron la luz. Benny Hill sin censura. Porno bizarro americano. Muchachas vomitando, o aún peor. Karatekas fumados. Muchachas dándose de hostias. Patinetes en llamas. Porno bizarro ruso. Teletienda con cirugía. Bob Sponja fumado. Chesty Morgan asfixiando tuertos. Monstruos a go-go. Porno bizarro francés. Una genuina infusión de callos. Enanos cantando. Enanos bailando. Tiendas destrozadas. Trailers de ultratumba. El video de David Hasselhoff con transparencias. Más porno bizarro... Todo eso es RETARD-O-TRON VIDEO MIXTAPE Vol.1. Búsquenla si se atreven...
Saludos.

sábado, 25 de septiembre de 2021

Unboxing 2


 

Es inevitable que ESCAPE ROOM: TOURNAMENT OF CHAMPIONS caiga en la repetición. De nuevo el mismo motivo y los mismos engranajes, pero ya sabidos de la original, por lo que apenas pueden funcionar un par de sorpresas, que curiosamente no pertenecen a las pruebas y la forma de solventarlas, sino al diseño de las mismas. Lo único por lo que merecería la pena ver esta continuación es por lo improbable de descifrar de dónde provendrá el peligro, cada vez más enrevesado y surrealista. Hay un intento de justificación, una subtrama que explica mínimamente qué es realmente esa misteriosa organización, encargada de las mortíferas habitaciones. Unas habitaciones con diseños sofisticados, pero que no son suficiente para hacer olvidar unas interpretaciones previsibles y un endulzamiento de la trama. Se puede ver, sobre todo si no se ha visto la primera parte; de no ser así, la franquicia está más que agotada.
Saludos.

viernes, 24 de septiembre de 2021

Unboxing 1


 

ESCAPE ROOM, de 2019, era una película que aunaba afanosamente el cine de aventuras "vertiente ingeniosa", la intriga más o menos terrorífica y el tono justo de motivos escabrosos, para elaborar un relato que comienza pareciendo peor de lo que es, y termina como un film bastante entretenido y bien facturado. Sin pretender ser el novamás de la originalidad, su único talón de aquiles me parece que es la falta de concreción, que deja la mayoría de cuestiones sin profundizar en ellas. La historia versa sobre seis personas que son invitadas a participar en un "escape room", con el aliciente de un suculento premio al final. Un ejecutivo, un camionero, una ex-combatiente de Irak, un empleado de supermercado, un loco de este tipo de juegos y una joven, brillante en los estudios, pero un desastre en la vida. Seis personas aparentemente muy diferentes, pero que terminan por darse cuenta de que tienen en común mucho más de lo que creen, y de que sólo la colaboración entre ellos les dará la clave para resolver el complejo laberinto en el que han entrado. Sólo hay un problema: no se trara de un juego.
Insisto. Si no se tienen muchas expectativas, te puede salvar una tarde de aburrimiento.
Saludos.

jueves, 23 de septiembre de 2021

Cuando llegan los días señalaítos


 

Me enteré de que falleció Mario Camus, y con él se va un cine que, sin haberse ido tampoco, no es posible que vuelva, al menos en la forma en que lo concebía el director santanderino. Su cine era hormigas y cuchillo, furia y abnegación, y lo injusto y lo machacado, y lo mal que le sienta al criminal que le digan que lo es. Imprimía Camus esa pátina de honestidad indisimulada, que a veces le jugaba malas pasadas a unas películas indisolubles de su propia realidad social. Y así podría haber quedado, como ese tocapelotas tan serio y tan digno(¿Cómo debía sentirse Camus en esta sociedad hipócrita?). Pero Mario Camus también tuvo éxito, y ello le distanció de muchos parientes cinematográficos, porque habitar ciertas estancias es jodido de conciliar. Y también hizo muchas películas, y la primera fue LOS FARSANTES, que revelaba a un director sorprendentemente maduro a sus 28 años. Con guion de aquel gran escritor que fue Daniel Sueiro, que adaptaba su propia novela, algo hay ya asomando en 1963 de su obra magna; pero también del Bardem y el Fernán-Gómez que daban cuenta del reverso tenebroso de los cómicos de la legua. Hay en esta impresionante película un halo de hastío y miseria, un acto de camaradería letal, ahogada por un mar de miradas desesperadas, de hambre y de sueño. Los cómicos dan esquinazo tras cada función, ahorrándose los hostales y los bocadillos de sardinas; su declamación, enmohecida por el uso, es ya un fantasma acorralado por los oropeles del cinematógrafo, lo que queda perfectamente retratado en una secuencia antológica, muy de Camus. Llevados por la desesperación, la compañía de Don Pancho llega a una especie de cortijo, donde unos señoritos, estirados, aburridos, salivantes, les dan opípara cena y magro sueldo por una noche de función. No será gratis, pues exigen que una chica (una desarmante Margarita Lozano) les haga un strip tease. Le escena, terrorífica, como una pintura negra de Goya, muestra esa insalvable diferencia de clases, esa tendencia a comprar a la gente de los desalmados que siempre han creído que los demás les pertenecemos, porque este país les pertenece. Jamás he visto tanto patetismo ni he llegado a sentir tanta vergüenza ajena con una escena. La vergüenza, claro, hay que conocerla para tenerla...
Por todo ello, y porque también salía un joven Luis Ciges, maravillosa película.
Saludos.

miércoles, 22 de septiembre de 2021

Lo incompleto por lo conciso


 

Es difícil el oficio de guionista. Complicado trasladar a la pantalla lo que tan claramente pugna y bulle en el papel. DON´T BREATHE 2 es una película innecesaria por culpa de su guion, que destroza las buenas intenciones y resultados de su predecesora, por caer en la moda del "equívoco cómplice". Aquélla era una película de terror, sin mayores agobios que crear un clima de tensión creciente, en torno a un personaje central lo suficientemente intrigante como para salir de lo convencional sin abandonar lo comercial. Esta vez, la idea de Fede Álvarez era dar una vuelta de tuerca, aprovechar la ambigüedad de ese sanguinario personaje, precisamente porque sí podía justificar más o menos sus truculentos actos. En menos de cinco minutos, estamos ante otra película, por mucho que su protagonista sea el mismo. Durante la primera mitad (y no es un film largo) no sabemos por qué pasa lo que pasa, aunque lo que pasa es lo mismo que en la primera, pero aquí el ciego interpretado por Stephen Lang es la víctima. Él y la niña que le acompaña, y que es el principal escollo para dotar de credibilidad a esta opereta pseudogore, inferior en todo, y con un desenlace directamente montaraz y gratuitamente exagerado. O mejor dicho, que la posible franquicia es una tentación muy seductora, pero también un peaje alto si no se enfoca adecuadamente.
Tiene un par de momentos así así, pero en general es muy prescindible.
Saludos.

martes, 21 de septiembre de 2021

El abismo siempre devuelve la mirada #4


 

Con una estructura francamente curiosa, STORYTELLING se revela casi como una especie de tratado sobre la relación entre la hipocresía moral y la supuesta superioridad de la obra artística, en tanto que garante exclusivo de eso tan escurridizo que damos en llamar "verdad". Dividida en dos segmentos de duración desigual, aunque finalmente complementarios, se abre con "Fiction", que hiende el bisturí en lo más infeccioso de esa herida abierta, la corrección política. Por un lado, un joven con parálisis cerebral presenta sus escritos en una clase de escritura creativa, obteniendo los parabienes de sus compañeros, pero es vilipendiado por el implacable profesor, que obvia la circunstancia personal. La novia del chico se encuentra con el profesor, que ejerce sobre ella una discutible atracción, que desemboca en un controvertido encuentro sexual, que sirve a Solondz para poner a prueba, aún más si cabe, nuestro sentido lo que se puede o no decir en según qué circunstancias.
Tras este breve relato, el grueso del film lo compone "Nonfiction", mucho más elaborado, y que cruza las vidas de una familia media norteamericana y un aspirante a documentalista, que les ofrece la oportunidad de ser los protagonistas de su "ambiciosa" ópera prima, un día a día de su normalidad, que oculta una sátira sobre los podridos cimientos de la sociedad norteamericana más conservadora. 
Siempre he pensado que esta película daba para algo mucho mayor, menos esbozado y, finalmente, retraído. Y lo mantengo, pese a que Solondz es capaz de algunos momentos de una poesía estremecedora, cruda en su despectiva mirada a unos seres humanos simplemente incapaces de desembarazarse de su propia crueldad, entroncada aquí con una miserable y ridícula, por falsa, posición de superioridad.
No es tan demoledora como su predecesora, pero muestra a un Todd Solondz más lóbrego y calculador.
Saludos.

lunes, 20 de septiembre de 2021

Todo por la pasta


 

Y terminando este breve repaso a los furgones blindados y las vicisitudes de sus ocupantes, nos encontramos con MONEY MOVERS, producción australiana de 1978, en la que un incipiente Bruce Beresford daba un buen ejemplo de nervio narrativo y tensión creciente. Con un guion sólido, firmado por él mismo, sondeaba a un grupo de atracadores que planea un minucioso y ambicioso golpe a un furgón que transporta 20 millones de dólares (de los de allí). Lo que más llama la atención es la construcción de personajes, siempre moviéndose en el dilema de si su delincuencia es lícita, mientras las fuerzas del orden dejan entrever un sistema corrupto hasta el tuétano. Un thriller al que se le nota la escasez de medios, pero que remonta dignamente con un solvente grupo de actores (por allí estaba un primerizo Bryan Brown), que dan empaque a este semidesconocido film de un director, aunque me cueste reconocerlo, que siempre me ha parecido un poco por debajo de sus verdaderas posibilidades.
Saludos.

domingo, 19 de septiembre de 2021

Rincón del freak #473: Minuetos sin sangre en la casa de tócame Roque


 

Estimado lector y espectador. Usted ve esta imagen, hopperiana, grave, de iluminación pecerística y notables ganzuísmos de composición, y se pregunta: "Goddamn! Debe ser una buena película y me la estoy perdiendo mientras amalgamo cereales en el bol a media mañana". No, yo le saco del error citando al perpetrante de esta sosez que sólo merece un destino, que no es otro que el ostracismo del liquen de acequia. Se filmó en 2013, pero nadie lo sabe, y su responsable fue un señor que quiere ser Scorsese a tiempo parcial, que es lo mismo que llamar a Manolo&Benito para restaurar las pirámides de Egipto. Se titulaba EMPIRE STATE, aunque no salen rascacielos, y la traigo por lo de los furgones blindados, pero tampoco salen muchos, y sí la cara de alelado de Liam Hemsworth, que es perfecto para anunciar "Espárragos Carretilla", pero poco más. También salía Dwayne Johnson unos minutos, con el peinado de siempre, la camisa de siempre y la cara de siempre, que no es de alelado sino de psicópata en rehabilitación. En serio, es una película incomprensible, sin pies ni cabeza; los personajes deambulan sin ton ni son, y actúan como hamsters de electrolito. Ahora bien, hay un par de escenas así, como generales, para demostrar que el tipo de la grúa sabe lo que hace, y tornasolar este epíteto tardoredundante.
He dicho.
Saludos.

sábado, 18 de septiembre de 2021

Con las horas contadas


 

La única pega que se le puede poner a ARMORED CAR ROBBERY, proviene del exiguo presupuesto destinado por la RKO a una película, por otra parte, exprimida hasta sus últimas consecuencias. Serie B sólida, escueta, de la de toda la vida; pero también buen cine, sin trampa ni cartón, un thriller de atracadores y policías capaz de codensar un guion consistente en poco más de una hora. En esos escasos 66 minutos, da tiempo a conocer al grupo de atracadores, sus motivaciones, la elaboración del plan; y posteriormente, los policías encargados del caso, estrechando cada vez más el cerco hasta una situación límite. Dirigía ese grandísimo director que siempre fue Richard Fleischer, a menudo ninguneado por la crítica, pero con un sentido dinámico que es santo y seña de su olfato para el cine comercial. Podría haber salido una película mayor, más compleja, pero no saben ustedes lo que se agradece ver, de tanto en tanto, una película así, cortita, con los planos precisos y los diálogos justos. No es que el atraco al furgón blindado en sí sea ninguna virguería, pero sí lo es esa estupenda creación de atmósfera, de perseguidos y perseguidores. De sabuesos implacables y de fugitivos desesperados; y también de rubias nada ingenuas como aquella indiscutible reina de la serie B que era Adele Jergens.
Se ve en un suspiro.
Saludos.

viernes, 17 de septiembre de 2021

Reflexiones, razonamientos y todo lo contrario


 

Más furgones blindados asaltados. ARMORED fue una película de 2009, que pasó más o menos justamente desapercibida. En realidad, nunca pretende ir más allá de lo que es, un thriller entretenido, con rostros conocidos y su cuota adecuada de acción. Todo para ilustrar un apresurado relato sobre un grupo de guardias, que ante un transporte especialmente cuantitativo, cree idear un golpe perfecto, ocultando el dinero (nada menos que 42 millones) y fingiendo un asalto que nunca ocurrió, para posteriormente dividir el dinero. Por supuesto, nada saldrá como lo esperado, y es aquí, en el punto crucial, donde se produce un extraño fenómeno. De repente, el guion de James V. Simpson se vuelve intolerablemente descabellado, sin nada de ingenio, y fiándolo todo a la argucia de que las casualidades existen, aunque son demasiadas en un metraje que no supera la hora y media. Curiosamente, es en el pretendidamente intenso tramo final, cuando el director húngaro Nimród Antal coge los mandos y filma las únicas escenas interesantes, en una angustiosa cuenta atrás que amenaza con hacerlo saltar todo por los aires. Matt Dillon mantiene el tipo, Larry Fishburne se pasa de excesivo y Jean Reno parece un figurante que pasaba por ahí, mientras el coprotagonismo le queda grande a Columbus Short, y relega a un segundo plano al estupendo Skeet Ulrich, en otra mala decisión de casting. 
Es como un RESERVOIR DOGS de cuarta categoría, aunque puede servir para una tarde de bostezos garrapiñadas...
Saludos.

jueves, 16 de septiembre de 2021

Como un Gruyère


 

Faltaba comprobar cómo de libremente se había inspirado el film de ayer en el de hoy, y la impresión no puede ser más tibia. Ni LE CONVOYEUR es tan buena, ni su guion resiste la comparación, lo que no deja de ser sorprendente. Hay una diferencia fundamental, y es que el protagonista no es un profesional, ni persigue el mismo objetivo; parecido sí, pero con la particularidad de partir de un suceso fortuito, lo que deja aún más en el aire sus motivaciones. Casi concebida como una radiografía de las condiciones laborales de estos conductores y guardas de furgones blindados, el guion de Boukhrief y Besnard (MADE IN FRANCE) peca de exceso de celo, incluso de verosimilitud, lo que da una narración más naturalista de lo que un film como este necesitaría para agilizar sus tramas, y de paso tapar algunos agujeros de guion demasiado groseros. Interpretada solventemente por rostros tan conocidos como el de Albert Dupontel, François Berléand o Jean Dujardin, en uno de sus primeros papeles relevantes, lo cierto es que se trata de una película que va muy a trompicones, y que sólo se desata en su tramo final. 
Se puede ver, pero es comprensible que haya pasado tan desapercibida.
Saludos.

miércoles, 15 de septiembre de 2021

Conducción temeraria


 

Si hay algo que confirma WRATH OF MAN, es que Guy Ritchie no debe alejarse demasiado de la testosterona, las palabrotas y el cuñadismo. Estoy seguro de que ustedes conocen, igual que yo, a un montón de gente que no puede dilucidar por sí misma entre el bien (lo correcto) y el mal (lo incorrecto), por la sencilla razón de que carecen de capacidad analítica, y por ello son altamente influenciables. La premisa de esta película es una, y después otra, y finalmente otra distinta, lo que necesariamente no la hace compleja, sólo gratuitamente enrevesada por simple escamoteo y solapamiento de información. Comenzamos viendo la introducción del recién llegado, cómo los "veteranos" le vacilan, y cómo terminan saliendo trasquilados. Es el momento de las apariencias, de que casi nadie es quien aparenta ser. Luego, el guion pega un salto mortal hacia atrás, para mostrar el verdadero motivo por el que este tipo hiperprofesionalizado se ha metido a simple guardia de furgones blindados. A eso le llamo yo el momento de las excusas, porque Hollywood (y aunque sea Guy Ritchie) necesita identificar, no ya a los buenos, sino a los que actúan por códigos de moral ímprobos. Con todo ese tramposo bagaje, Ritchie tiene lo que siempre le ha hecho falta para sostener sus enclenques guiones: cabezas de turco. Así las cosas, y sin ser un pestiño infumable, a este farragoso thriller le hubiese venido bien un poco de humildad, de no creerse mejor de lo que es, y de haber repartido un poquito los cupones de culpabilidad cuando llega la hora de las tortas. Lo curioso es que ni siquiera se trata de un guion 100% original, pero ese es un dilema que les contaremos mejor mañana...
Saludos.

martes, 14 de septiembre de 2021

El abismo siempre devuelve la mirada #3


 

HAPPINESS no es sólo la mejor película de Todd Solondz, esa piedra angular que explica y da forma a todas las obsesiones del director norteamericano. También es una de las más lúcidas, terribles y descarnadas visiones del ser humano que se pueden ver en una pantalla. Y duele. Y Solondz no puede evitar hacer un chiste en el momento más inoportuno, porque sabe que todos los momentos lo son. HAPPINESS vendría a ser el SHORT CUTS que Altman no se atrevería a rodar, y que incluso necesita de la exageración para hacer más soportable lo que, en algunos momentos, casi te obliga a decir "basta, no puedo seguir viendo esto". Y hay de todo, desde obsesos sexuales, acosadores telefónicos, pederastas, asesinas descuartizadoras a mujeres insatisfechas, cínicas, o directamente hipócritas. Nadie, en ningún estado, se salva de la devastadora mirada de este director, un misántropo con alma de niño, un pervertido vestido de santo. Su dictamen es que todo está podrido, que sólo nos podemos soportar mediante las apariencias, y que ser absolutamente sinceros nos puede llevar a mirar cara a cara a ese terrorífico abismo, que nunca parece ser lo bastante profundo. La vi en su estreno y quedé noqueado, sobre todo por la insólita franqueza con la que abordaba cuestiones espinosas, terribles; la sensación, casi un cuarto de siglo después, es aún devastadora. Hay muy pocas películas como HAPPINESS, muy pocos directores como Solondz, y muy pocos espectadores o críticos que sepan explicar qué diablos acaban de ver, tan sólo porque por una vez les han derribado la pared que salvaguarda sus nobles conciencias.
Saludos.

lunes, 13 de septiembre de 2021

El desaparecedor


 

KOCHEGAR (EL CALDERERO), de 2010, es un relato minimalista hasta lo imposible, una especie de bola de cristal para agitar y ver cómo todo lo que contiene se tambalea. Es la historia de un hombre solitario, que pasa los días manteniendo una caldera, mientras teclea lentamente una eterna y enigmática novela. Pero también es el trazado de un microcosmos que se va desarrollando en torno a dicha caldera, donde incesantemente vienen hombres cargados de hombres muertos, para hacerlos desaparecer entre las implacables llamas. El calderero pertenece a la etnia yakuta, y fue oficial en la guerra, y tiene una hija que viene periódicamente a pedirle dinero, y que sueña con pescar a un hombre y casarse con él, aunque ese hombre es uno de los sicarios del gran capo, que asimismo también tiene una hija que quiere quedarse con ese mismo hombre. El sicario es un tipo taciturno y lacónico, sin sentimientos aparentes, llega y lanza los cuerpos a la caldera. El resto es un prodigio de concisión, uno de esos guiones de economía máxima, al estilo de la serie B de los cincuenta, con una resolución tan lógica como sorprendente, y que sólo se ve lastrada por dos aspectos. Uno, que no queda claro si el tono general es más trágico que cómico, y a esto contribuye decisivamente una banda sonora incomprensible, de un guitarrista bielorruso muy recomendable por su particular recomposición del flamenco, pero que termina por hacerse sencillamente insufrible.
Muy curiosa para paladares exigentes.
Saludos.

domingo, 12 de septiembre de 2021

Rincón del freak #472: Ese virginal tufo a Ajax pino


 

No podía faltar algo así. Esta CINDERELLA no es de Disney, sino de Amazon; alguien ha visto necesario hacerla, y efectivamente la ha hecho. Esa necesidad innecesaria, ese olor a comida preparada, a suelo recién limpiado pero sin barrer, y esa inclusividad sin embargo exclusivista y como de resort muerto. Mortecina, me parece el adjetivo perfecto para este inacabable peñazo, que quiere ir de rompedora y buenrrollera, pero no puede eludir un par de cosas que me parecen imposibles de soslayar. Su afán por subvertir la insufrible catenaria de gestitos y poses, una procesión de "gente estando ahí", que el no menos inaguantable James Corden consigue hacer pasar por una película, cuando en realidad se trata de un late night con colaboradores obedientes. Ni siquiera las canciones están bien adaptadas,  ni hay un guion competente, ni los chistes hacen gracia, ni ese guiño al inconformismo logra sacudirse otro tufo, a sucio arribismo, a nenaza indolente y pada de sí misma. No sé quién es Camila Cabello, pero me soplan que es muy famosa, aunque no sabe actuar, ni cantar, ni bailar, y ni siquiera tiene un poco de magnetismo. No sé qué diablos es esto, ni por qué lo he visto, pero sí sé por qué a alguien le ha parecido pertinente rodarlo, y no me gusta tampoco.
Saludos.

sábado, 11 de septiembre de 2021

Empezar con blancas


 Para terminar (por el momento) con Belmondo, qué mejor película que LE PROFESSIONNEL, cinta de culto, de enorme éxito a principios de los 80, y que desafiaba todas las convenciones del thriller, al mismo tiempo que creaba un nuevo icono, el del agente especial zarandeado por decisiones tomadas en despachos, y que harto de ser un títere decide tomar justa venganza. Muy curiosa película, con un Belmondo que transita desde el asesino frío e implacable, hasta un tipo de lo más simpático y ajustado a unos códigos morales inamovibles. Curiosa también por ser uno de los primeros guiones firmados por el hoy multipremiado director y guionista Jacques Audiard, junto a su padre, Michel, y el propio Georges Lautner, director de dilatada e irregular carrera, que contó con Belmondo para un buen puñado de títulos. La trama, más intrincada y compleja de lo que cabría esperar, se abre con este agente, Joss Beaumont, traicionado por su propio gobierno, tras ser enviado a una república bananera para acabar con el autoproclamado presidente. Beaumont es retenido en dicho país y obligado a sufrir un campo de trabajos forzosos, pero logra escapar con una idea fija en su mente: llegar a París y acabar con los que le han traicionado. Cruce inesperado de John Rambo y James Bond, Belmondo acaba siendo un agente imparable, el gran "profesional" del título, pero que nunca deja de lado su humanidad, atando cabos con sus seres queridos, y dotando de justicia moral cada acto, por tremendista que parezca. Curiosa también era la omnipresente banda sonora de Ennio Morricone, de gran belleza, y que podría servir tanto para un film como éste, o para un drama romántico; una partitura inmortal y enigmática, que demostraba esa falacia, comúnmente aceptada, de que si hay acción se necesita un fondo trepidante y ruidoso. Una película, en fin, que, cuarenta años después, se ve sin que pierda ni un gramo de interés, y que volvía a poner a su protagonista en lo más alto de los antihéroes "versión entrañable".
Se le echará de menos...
Saludos.

viernes, 10 de septiembre de 2021

Las correspondencias


 

En LA SIRENE DU MISSISSIPI (título despistante donde los haya), Belmondo se puso a las órdenes de François Tuffaut para interpretar a un potentado, dueño de una fábrica de tabacos en la isla de Reunión, que decide casarse por correspondencia y poner fin a su solitaria existencia. Sin embargo, la mujer con la que ha estado carteándose nunca baja del transatlántico que da nombre al film, sino que es abordado por otra aún más bella de lo que esperaba, y que dice ser dicha mujer. En un santiamén, se casan, él fascinado por la enigmática presencia de Catherine Deneuve (y quién no), y ella por la magnífica vida que va a llevar de ahí en adelante, aunque no todo es lo que parece, ni parece lo que es, y el discreto socio de Belmondo presencia una extraña escena, aunque nunca llegará a contárselo por respeto. La sirena no era Deneuve, aunque podría serlo en un alarde poético, pero sí una mujer fatal a la francesa, de mirada gélida y rictus de verdugo involuntario. Belmondo hacía lo que podía por darle réplica, pero bastante hizo con soltar lastre de su coletilla de vividor sabihondo, y convertirse en un pobre diablo, capaz de perderlo todo por unos minutos de rechazo, en la más pura tradición sadomasoquista. A la Deneuve, Truffaut logró que nos enseñara su desnudez en un par de breves escenas, algo que el tiempo nos ha demostrado harto complicado, y nunca suficientemente agradecido. La novela de Cornell Woolrich, por su parte, tiraba del tremendismo de su prosa pantanosa y malsana; "Vals en la oscuridad" se desarrollaba en Nueva Orleans a finales del XIX, lo que dotaba de mucho más sentido lo que Truffaut convierte en un rocambolesco trajín intercontinental. Afortunadamente, su poética queda intacta, y el film avanza entre lagunas misteriosas y miradas como veneno para las ratas...
Saludos.

jueves, 9 de septiembre de 2021

Huir o empezar


 

En 1963, Jean-Pierre Melville adaptaba una novela de Georges Simenon, en la que se narraba la extravagante relación entre un banquero, obligado a huir a los Estados Unidos para eludir a la justicia, y un boxeador fracasado, al que adopta como una especie de guardaespaldas como único acompañante en su periplo. En realidad, L'AÎNÉ DES FERCHAUX termina siendo más un fino relato intergeneracional que el thriller que aparenta ser, y Melville incrusta su particular poética en mitad de estos dos hombres, tan diferentes en un principio, pero que terminan dependiendo el uno del otro, con formando una extraña familia. Y Belmondo compone uno de sus mejores papeles, con una química extraordinaria con el veterano Charles Vanel, registrando una cuestión de fe, cuando todos los indicios apuntan a la posibilidad, siempre presente, de una traición, la del alumno aventajado, mientras el viejo zorro, que se las sabe todas, va bajando la guardia y comprendiendo que, más que su perdición, ese joven desconocido puede ser su última oportunidad de redención, más moral que física. Melville rueda una película ardua de seguir, con continuos cambios de eje, y un pulso firme, pero que no es suficiente para elevarla a memorable. Un film muy reivindicable, pero que necesita de una gran exigencia para adentrarse en sus múltiples recovecos.
Saludos.

miércoles, 8 de septiembre de 2021

Los pájaros amargos


 

Belmondo tenía cara de no trabajar en nada convencional. De no ir a la oficina ni picar entradas ni salidas. Tenía cara, más que de actor de cine, de un señor que pasaba por allí, pero al que le terminaban dando el papel. El del tipo con medio cigarrillo consumiéndose en la comisura, esbozando media sonrisa y con la mitad de la chica convencida para irse con él. Lo que otros debían ensayar ante el espejo, a él le salía natural, por boxear, por disfrutar la parranda, por lo holgados que le quedaban los que se querían hacer el listo ante él, que tenía ya media vida calada antes de empezar. Belmondo fue el afiche de una generación sin pertenecer a ella, e ilustró a la canallita cuando debía haber sido al revés, y todos lo sabían. Pero antes de encumbrarse por culpa de unos cuantos encuadres urgentes, Belmondo hizo de secundario en una película en la que (no les engaño) salía muy poquito. LES TRICHEURS fue como una enternecedora respuesta, de parte de un "viejo carcamal", a aquellos cahieristas que venían a comerse el mundo. Un retrato generacional, quizá un poco largo y sobrecargado, pero impecablemente rodado; una pulcra mirada a unos jóvenes desencantados, perdidos en fiestas caseras y con una frase lapidaria siempre dispuesta. La película funciona hasta más o menos la mitad, mientras nos son presentados los personajes principales y reaccionamos ante el crápula sin remedio ni hogar, la eterna casamentera que ya apunta a la treintena, la vividora que sueña con tener uno de los deportivos que arregla su hermano, o el chico bien que queda fascinado por ese ambiente entre bohemio e iluso. Hay una historia de amor, o triángulo, o cuarteto, que va dando bandazos entre noches de whisky y jazz, y que pone en solfa aquello del amor libre. Ahí se despeña Carné, que no puede evitar hacer de padre condescendiente que da buenos consejos a jóvenes descarriados. Porque hay fisuras que son insalvables. Y sí, por allí salió Belmondo unos minutitos, con un par de frases apenas; pero fue luego tan grande, que en los carteles promocionales salía su careto de nariz maltrecha, y no la de los guaperas Laurent Terzieff y Jacques Charrier, que por cierto se casó con la Bardot sólo para comprobar que no la aguantaba ni dios... Seguiremos mañana un poco más en serio...
Saludos.

martes, 7 de septiembre de 2021

El abismo siempre devuelve la mirada #2


 

Seis años después de su frustrante debut, Todd Solondz consiguió la financiación y libertad que necesitaba para, esta vez sí, poner en imágenes un imaginario personal y que soltaba lastre con influencias innecesarias. WELCOME TO THE DOLLHOUSE afronta lo que Hollywood nunca ha tenido las pelotas de mirar de frente, el infierno de la adolescencia sin victimismos, sino desde la posición en primera persona de quien no encaja en ninguna parte. Solondz es tan retorcido, que apenas necesita falsear ninguna escena, ni salir de un guion aparentemente convencional, pero que deflagra un campo de minas en cada frase, mirada o decisión. Dawn tiene once años, vive con sus padres, su hermano mayor y su hermana pequeña, y es insultada y vejada cada día que va a la escuela. Ella es la "cara de salchicha", la única amiga de un maricón de 10 años, la pobre idiota que saca buenas notas porque no podría hacer otra cosa. Dawn asiste incrédula a un mundo que no entiende, pero nos equivocaríamos aquí si habláramos de frikis, porque esto va más allá; se trata de diagnosticar y mostrar un estado de las cosas que siempre permanece oculto, pero que es la clave para comprender por qué somos como somos cuando nos hacemos mayores. Es aquí donde Solondz cobra importancia como autor, al tener muchísima valentía visibilizando hace 25 años lo que hoy nos parece tan evidente en este mundo de autoestima dopada. Pero ojo, estamos hablando de un señor que va un paso más allá del pesimismo, y que siempre se reserva un regalo envenenado para sus personajes, no vayamos a pensar que todos los acosadores son unos hijos de puta, ni los acosados unos santos. Es una película absolutamente seminal, de una mala leche soterrada, y que ponía en órbita, ahora sí, a este cronista del hartazgo.
Magnífica.
Saludos.

... ¿Y todo esto lo ha hecho usted solo?...
No, necesité estar rodeado de siete mil millones de personas...

¡Cuidao con mis primos!