miércoles, 23 de septiembre de 2026

Repúblicas y democráticas



ENIGMA, de 1982, era uno de tantos thrillers de espionaje, que aprovechando el trasfondo de la Guerra Fría y el Telón de Acero, aspiraba a elaborar un entretenimiento medianamente inteligente, ingenioso, o lo que sea. Y aquí se consigue a medias, aunque el esforzado trabajo del francés Jeannot Szwarc no logre superar un montaje desastroso, fruto del incomprensible batiburrillo de productoras de diversos países que, cada una a su modo, quiso hacer "su película". Szwarc, fallecido el año pasado, y que desarrolló casi toda su carrera en Norteamérica, la comenzó junto a Rod Serling, y entre las curiosidades de su filmografía encontramos que fue el artífice, por ejemplo, de TIBURÓN 2 y, ahora que está de vuelta, SUPERGIRL. La trama, que gana en la descripción, nos habla de un espía (Martín Sheen) que es enviado a la R.D.A para robar un potente dispositivo informático soviético, a fin de poder descifrar quiénes son los cinco disidentes a los que la K.G.B. planea eliminar en distintos puntos del planeta. Sheen parece con el piloto automático todo el film, en lo que creo un error flagrante de casting, mientras que lo poco rescatable corre a cargo de un estupendo Sam Neill, que borda un personaje sumamente complejo, un jefe soviético en absoluto plano, y que deja entrever que quizá no sea tan sólo un engranaje del férreo sistema comunista, mostrándose especialmente anguloso tras ser engañado por el enlace de Sheen, interpretado por Brigitte Fossey. Un film, ya digo, justamente olvidado, pero que da la sensación de poder haber sido bastante mejor.
Saludos.

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... ¿Y todo esto lo ha hecho usted solo?...
No, necesité estar rodeado de siete mil millones de personas...

¡Cuidao con mis primos!