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lunes, 7 de septiembre de 2026

La historia que no se cuenta


 

Las diferencias fundamentales entre filmografías (de distintos países, se entiende), se encuentra en los pequeños detalles a la hora de afrontar temas similares. El drama social no cotiza igual para Ken Loach, De Sica, Tavernier o John Ford; las historias son las mismas, los personajes están antes los mismos problemas. El paro, la pobreza, las desigualdades, la incomprensión de un mundo que va demasiado deprisa, que mastica, escupe y observa los guiñapos que ha creado con indiferencia ¿Cómo nos enfrentamos a ello aquí? ¿Cuál es nuestra mirada? Y rizando el rizo ¿Ha existido el drama social andaluz? CARLOS CONTRA EL MUNDO me parece uno de los mejores ejemplos para mostrar esa mezcla de estoicismo, resignación y mala baba que nos es tan cercano, pero que poca gente conoce desde fuera, instalados en el ozú miarma y esas cosas. Lo que hace Chiqui Carabante es expulsar todo lo extraordinario y quedarse con lo que hay antes, lo que no sale en las películas. Carlos es un soñador, pero le dirán que está en las nubes; probablemente le necesitan más a él la miríada de chupópteros aprovechados, que le inoculan esa culpa tan nuestra, la del "algo habrás hecho". Y su historia, como está contada al revés, parece la de un mentiroso compulsivo, que engaña por por no saber ganarse la vida. Pero Carabante, con una atención a los detalles costumbristas de escritor de los buenos, nos advierte de que no todas las vidas son para que las viva todo el mundo, porque algunos entendemos la semántica desde márgenes distintos. Y lo que es mejor, no le vamos diciendo a los demás cómo tienen que ser.
Estremece Julián Villagrán, pero aún más cuando aparece un formidable Manolo Solo.
Sonrisa helada, pero helada.
Saludos.

lunes, 24 de agosto de 2026

Nunca has estado solo


 

Me ha tocado en un lugar especialmente sensible el fallecimiento de Manolo Solo, uno de los últimos grandes ejemplos de "ilustres secundarios" de nuestro cine. Aunque para mí, Manolo siempre ha sido un pedazo de actor, ni secundario, ni primario, ni terciario, sino uno de esos tipos que se movían con inteligencia por la pantalla, que sabía estar sin mucho ruido, pero dejando en cada intervención la impronta de quien había nacido para estar ahí. Recuerdo haberlo conocido brevemente, en el Festival de Sevilla, que no soy yo mucho de importunar a nadie, pero ya me pareció un tipo entrañable, un grande al que incomprensiblemente no le caía ni un "solo" papel protagonista, aunque su carrera ha sido inmensa, como él. Le echaremos mucho de menos, pero lo menos que vamos a hacer en este humilde blog es ponernos cada lunes con su filmografía, importándonos un carajo los minutos que estuviese en pantalla. Y el primero es un corto, que Manolo hizo un puñao gordo de cortos. BAILONGAS, del malagueño Chiqui Carabante, tenía esa impronta de frescura e ingenuidad de aquellos jóvenes realizadores andaluces surgidos a final del milenio. Junto a Solo, Julián Villagrán completaba el exiguo reparto, que presentaba a un tipo que deambula nervioso, hasta que da con otro que toma tranquilo una caña en el mítico Bar Arenal, mientras sostiene en la boca un "cigarrito de menta" (qué viejos somos). En menos de diez minutos la transacción, con términos que parecen en otro idioma "¿tienes bailongas?". En la tradición absurda de Beckett o esperpéntica de Don Ramón María, Carabante enseña un trocito chico de eso tan raro que es ser español. Porque podrían ser dos marcianos en una taberna galáctica, pero sólo eran dos tipos en El Arenal a los que les confunden las aceitunitas con una ensaladilla... Sé de lo que hablo.
Un abrazo p'arriba.
Saludos.

... ¿Y todo esto lo ha hecho usted solo?...
No, necesité estar rodeado de siete mil millones de personas...

¡Cuidao con mis primos!