domingo, 20 de septiembre de 2026

Rincón del freak #709: Empapuchado en la ensalada de conceptos


 

Un inefable, o varios. Sí, porque de la no menos infausta productora Empire, el torrente de títulos calenturientos es casi inacabable, pero el de hoy es especialmente bizarro. Porque THE PIT AND THE PENDULUM, que en un principio no habría de ser más que un remake del de Corman, termina siendo mucho más que eso. Y qué esperar de la mente de Charles Band y Stuart Gordon, artífices de esta locura en la que Lance Henriksen hace de Torquemada y Jeffrey Combs de su ayudante a la hora de buscar e incinerar brujas en plena Inquisición. Con una producción basada en el cartón piedra, unas actuaciones que oscilan entre Shakespeare y la Troma, y un guion que acepta varias sustancias, a estos tipos lo mismo les da meter diferentes cuentos de Poe, dejando lo del péndulo para un ratito al final. A eso añádanle una banda sonora con la que te tienes que reír por la desvergüenza, porque Richard Band (todo queda en familia) perpetra un mashup diabólico, a base de mezclar sin pudor sus propias "variaciones" sobre el Goldsmith de LA PROFECÍA y... Carmina Burana. Por si fuera poco, los cinco minutos que sale el pobre Oliver Reed vestido de cardenala, lo hace evidenciando su avanzado grado de alcoholismo, con varios lingotazos, cómo no, de Amontillado.
Un desastre, sí, pero más tendente a la comedia involuntaria.
Saludos.

sábado, 19 de septiembre de 2026

Mucho más que un partido


 

A colación del film de ayer, me vino a la mente otro que usaba el fútbol como hilo conductor, aunque lo de MATCH EN EL INFIERNO no tiene nada que ver con la comedia, y sí con lo peor de nuestra especie. Rodada en 1961, contaba el penoso día a día de un grupo de prisioneros húngaros en un campo de concentración nazi; las escalas de favores, los traidores ascendidos a guardias de sus compatriotas, la desesperación de no saber qué deparará el día siguiente. Hasta que llega una extraña noticia: se avecina el cumpleaños de Hitler, y la idea es honrarlo con un partido de fútbol entre el combinado ario y un grupo de prisioneros, que se encargará de reclutar un antiguo y famoso futbolista. Una vez hecho el equipo, uno de los guardias les desliza que serán ejecutados al finalizar el partido, por lo que empezarán a urdir un plan de fuga. Así contada a grandes rasgos, es difícil plasmar la potencia de esta gran cinta húngara, de una crudeza increíble, y que desemboca en toda la escena del partido, brutal, en la que el simbolismo parece incluso más determinante que la propia historia. Un film que inspiró (por ponernos en situación) la mucho más famosa EVASIÓN O VICTORIA, pero todos sabemos como acabó aquella, y no tiene nada que ver.
Y quédense con esto. En un momento dado, ya en el partido, el árbitro tiene la ocurrencia de pitar un penalty a favor de los húngaros, que finalmente marcan. Inmediatamente, un oficial nazi baja airado y dice que eso no puede ser, que anule la jugada... ¿A que nos suena a algo no muy lejano? Pero no los llames nazis...
Magistral, pero no apta para todas las sensibilidades.
Saludos.

viernes, 18 de septiembre de 2026

Más que un partido


 

Este extenso homenaje a la figura de Robert Duvall nos ha servido, entre otras muchas cosas, para constatar la versatilidad de un actor que fue capaz de enfrentarse a casi cualquier registro. Lo que pocos alcanzaron a ver fue lo que hizo en A SHOT AT GLORY, donde daba vida nada menos que a un veterano entrenador de fútbol escocés. Como lo oyen. El film narraba las vicisitudes del Kilnockie, un modesto club de segunda división, adquirido por un ambicioso ricachón americano (Michael Keaton), que tras la adquisición de una antigua estrella del Celtic, borracho y pendenciero, empieza a superar fases en la copa, hasta un último y simbólico partido. El problema es que Jackie McQuillan además es el yerno del entrenador, que por su culpa dejó de hablarse con su hija. Entonces, el propietario lanza un órdago: ganar la copa o trasladar al club a Dublín. La película, no nos engañemos, tiene un desarrollo bastante previsible, avanzando al ritmo de los partidos y con un pobre dibujo de personajes. Keaton está de adorno y es incomprensible que desaproveche a otro gigante, Brian Cox, que apenas interviene ya al final. La ambientación rural y la historia de superación podrían haber dado más de sí, pero conserva algo de este tipo de comedias, que ensalzan el orgullo de un pueblo. Y escuchar a un californiano con acento escocés no tiene precio. Ah, y la música de Mark Knopfler, que no podía faltar.
Saludos.

jueves, 17 de septiembre de 2026

Grogurías de Don Ramón


 

De la Serna miraba a un señor que no se quitaba el casco, quizá porque le daba vergüenza que le viesen viajando por ahí con un niño, y además para matar criminales. Qué educación es esa, diría. La lucidez de las greguerías nunca ha estado en el adoctrinamiento, sino en lo contrario. Iluminar el rincón oscuro, despojar a la verdad de su cáscara solemne. Aguardentar la pena de saberse vulgarcillo y un poco tripón, debajo de tanta armadura brillante. Por eso, Filoni, Favreau, y, como no, Lucas, ya que no se atreven a lavarle la cara como es debido a la franquicia, cuando todos pensábamos que sanguinolearía como cochino en cuaresma, al menos que le den botarate autoinjerencia para devolvernos, a los que no limpiamos el peine, a aquella mejunjada de la primera edad, la más mejor, por pirata y por lo bien que olían los cines a pelucón rosa. Por eso os digo, adláteres enyescados y curviformes, que guardéis las sartenes para otros y volváis al templo de las buganvillas y los bocadillos de cremallera. O lo que es lo mismo: aparcad los prejuicios y disfrutad de THE MANDALORIAN AND GROGU...
Saludos.

miércoles, 16 de septiembre de 2026

La vida elegida



 Se estrenaba hace menos de un mes la adaptación en formato serie de MY BRILLIANT CAREER, el clásico escrito por Miles Franklin en 1901, en el que el protagonismo reposaba en la figura de la joven Sybylla Melvyn, perteneciente a una familia de potentados venidos a menos, en la dura Australia rural; que, a diferencia de otras jóvenes, no alberga el deseo de casarse con un rico heredero, sino abrazar su independencia para convertirse en escritora. La ruina familiar le abre una paradójica oportunidad, al marcharse a la casa de su rica abuela, pero el destino quiere que se cruce en su camino Harry Beecham, con quien solía jugar de niños, y que ahora es un cotizado soltero. Y ese es el argumento, a grandes rasgos, de este drama de época, no tan conocido fuera de Australia, pero que optó a la Palma de Oro, al mejor vestuario en los oscar y descubrió a su joven protagonista, una portentosa Judy Davis, a quien se le unía un Sam Neill no tan protagónico, pero igualmente estupendo como el playboy al que se le cortocircuitan sus artimañas al quedar deslumbrado por la personalidad rebelde e inconformista de Sybylla, una mujer adelantada a su tiempo. Además, fue el debut en la dirección de Gillian Armstrong, que después ha tenido una larga carrera, siempre con una mirada marcadamente femenina y, claro, feminista.
Saludos.

martes, 15 de septiembre de 2026

La curiosidad mató al gato


 

¿Aronofsky imitando a Guy Ritchie? Tengamos en cuenta que el británico es un pastiche andante, lo que no hace más que hablar a las claras de la crisis creativa que sufre gran parte de esa "última aristocracia" hollywoodense. Lo que a mí me parece es que quería ir por el lado del Scorsese gamberro (Griffin Dunne...), pero claro, es lo mismo que hace Ritchie. En fin, que CAUGHT STEALING parece hecha con una IA (empiezo a oler chamusquina), y casi hubiese preferido que fuese así, y no tener que estar preguntándome a qué público exactamente va dirigida esta película repleta de chistes sin gracia, giros incongruentes, personajes estúpidos y una premisa argumental que incluye a un tipo que se pone a hablar de béisbol después de que asesinen a su novia, el mismo tipo emborrachándose después de que le den una paliza que le hace perder un riñón, judíos temibles que comen niños crudos pero visitan puntualmente a su mamá, un punki con un gato o policías que se ponen a hablar de béisbol después de ir a la casa de alguien asesinado. Aunque lo peor pueden ser los diez minutos de Bad Bunny... me cago en mis muertos con la broma de este tipo. Un despropósito sideral, un thriller aburrido, mal escrito, peor interpretado, con un sentido del humor patético. En fin, que no me extraña que haya pasado completamente desapercibida y casi nadie la esté reivindicando. 
La palabra es: inaguantable.
Saludos.

lunes, 14 de septiembre de 2026

Cani's blues


 

Es difícil empatizar con la pareja protagonista de 7 VÍRGENES, porque no lo puso fácil Alberto Rodríguez en la que fue el disparadero de su carrera, allá por 2005. En las 48 horas que tiene Tano (Juan José Ballesta) de permiso del reformatorio, para acudir a la boda de su hermano, y siempre con su colega Richi (Jesús Carroza), le da tiempo a robarle la cartera a un paisano, romper un escaparate, tomar prestado un televisor y meterse en una reyerta, en la que no lo pillan de milagro. Nos queda muy claro que Rodríguez tenía en mente sus "400 golpes", filmados fundamentalmente en el Polígono de San Pablo y alrededores, para hacernos estallar en la cara una bomba de realidad que, en verdad os digo, es bastante más jodida que en esta película más efectista que efectiva, que no está nada mal, porque es concisa y directa en lo que cuenta, pero lleva el desenlace telegrafiado en la frente desde el principio. Eso sí, Rodríguez dejaba señas de su imponente dominio de los estallidos controlados, pero se echaba de menos un desarrollo mayor de algunos secundarios, entre los que estaba, aunque casi testimonialmente, Manolo Solo.
Muy buena en lo que es buena, e inocentona en lo demás.
Saludos.

domingo, 13 de septiembre de 2026

Rincón del freak #708: El sueño de la recepcionista


 

No tantas veces como debería, subyugo estos espacios dominicales a verdaderas rarezas, cine experimental, absolutamente fuera de los circuitos comerciales, que suponen la quintaesencia de la extrañeza de la imagen filmada. Mea culpa, pero hoy me acordé de Robina Rose, que falleció no hace mucho, y que supuso una refrescante mirada, femenina y feminista, al anquilosado panorama audiovisual de principios de los ochenta, por mucho que su obra fuese tan corta. Como si fuese una alucinación del mismísimo David Lynch, NIGHTSHIFT narraba (es un decir) el turno de noche de una recepcionista, distribuyendo los puntos de vista objetivos y subjetivos, en clara alusión a ese duermevela en el que casi nada es lo que parece. Rodada en cuatro noches en el famoso Hotel Portobello, en Notting Hill, contaba con la presencia de aquella farándula que poblaba las calles londinenses desde la explosión punk, sobresaliendo la enigmática presencia de Jordan Mooney, inseparable de Vivienne Westwood, que también se dejó caer con seudónimo. Es una ensoñación de mínimo diálogo, imágenes que conforman una especie de universo del subconsciente y la constatación de que los objetos únicos, aunque extraños, poseen el don de la inmanencia.
Saludos.

sábado, 12 de septiembre de 2026

Ingeniería informática


 

Paradójicamente o no, M3GAN 2.0 trata sobre una inteligencia artificial que se revela contra su propia falta de naturaleza, y que en el proceso de demostrar que no es más que un sistema binario mejorado, se lleva por delante a quien se le ponga por delante. Pocas veces en la historia del cine vamos a encontrar un caso más indiscutible sobre cómo "de qué se habla" aba siendo "lo que se es". La secuela (otra más) que nadie pidió es, como su predecesora, una gilipollez para pasar el rato con la mente en blanco, que lastimosamente desaprovecha cada pequeño momento de lucidez, aquí unos apuntes cómicos que son lo único entretenido en dos horas incomprensibles. El resto son patadas, muñecos espasmódicos y un guion que parece escrito por Marcos de Quinto, ese tipo que necesita sujetar un cubata para no caerse hacia delante...
Y demasiado benevolente soy.
Saludos.

viernes, 11 de septiembre de 2026

No es por el dinero


 

No guardaba ningún recuerdo formal de A CIVIL ACTION, más que el de una típica peli de juicios americana, con largos parlamentos, picos de emoción y todos los planos sobadísimos de este tipo de historias, que debe haber seguro un manual escrito en alguna parte. Lo que no recordaba, desde luego, era el terrible subtexto que aflora si se sabe leer entre líneas. Lo digo porque Steven Zaillian pasa por ser uno de los guionistas más reputados de Hollywood, lo que no tiene por qué estar reñido con cuitas ideológicas y/o morales. Al igual que ocurre en ERIN BROCKOVICH, de la que es clara precursora, el guion de Zaillian nos presenta (en burdo conductismo) a un abogado trepa (John Travolta), al que sólo le interesan los casos lucrativos y fácilmente manipulables, hasta que llega a sus manos la petición de varias familias de un pequeño pueblo, que han perdido hijos por culpa de lo que creen vertidos tóxicos en el agua que consumen. Toda la progresiva conversión sucede por arte de magia, porque cuesta creer que ese bufete de demandas exprés embargue hasta su propio patrimonio para afrontar la demanda a dos poderosas empresas. Y ya al final (aunque no quiero revelar nada), te das cuenta de que es justamente al revés, que cada frase y cada imagen suenan con la misma vocación de santificar los códigos del capitalismo salvaje; porque me creo más a las familias aceptando cantidades inferiores que aleccionando a sus propios abogados con un "sólo queremos una disculpa". Aunque a lo mejor el ingenuo soy yo, quién sabe. Por cierto, lo mejor la interpretación de Robert Duvall, que estuvo nominado al oscar de nuevo ese año, pero reconozco que James Coburn lo merecía.
Saludos.

jueves, 10 de septiembre de 2026

Justicia reparadora


 

En DAHOMEY, la cineasta Mati Diop se sirve de una voz en off fantasmal, posiblemente de algún guerrero ancestral del legendario reino africano, para narrar algo tan terrenal (y necesario, y justo, y vergonzoso) como el tibio regreso de una veintena de piezas de arte a Benin, su país de origen, de donde fueron saqueadas por los colonizadores (se dice así, ¿no?) franceses hace "nada más" que 130 años. Se sabe que el robo (para ser justos) fue de miles de piezas, por lo que este gesto parece insuficiente a todas luces. La voz es la de una estatua, que resume su cautiverio como "plena oscuridad", y que incluso admite no reconocer ese país al que ahora llega. Por otra parte, se abre una interesante discusión entre los estudiantes de la universidad Abomey-Calavi. Unos aplauden este regreso, otros lo ven claramente ridículo, y los menos adoptan una postura ultracrítica y escéptica, aduciendo que su generación ni siquiera echa de menos lo que sus "orgullosos y satisfechos" reyes vendieron a lo largo de los años, que bien podría ser la dignidad de su propio pueblo. Ganadora del Oso de oro en Berlín, la película aborda la leyenda desde el rigor del presente, o al revés, imponiendo la dura realidad de tantos países africanos, ilustrándolo con el patetismo de unas piezas que parecen enfermas de alzheimer, como tantas personas condenadas a desconocer su pasado y, por tanto, repetirlo.
Magnífica, aunque un poco corta.
Saludos.

miércoles, 9 de septiembre de 2026

Huye


 

A costa de que este blog se convierta en una especie de mausoleo, me veo en la obligación de afrontar estos monográficos. Y éste no me lo esperaba, porque quien murió fue Sam Neill, un actor que nos ha acompañado en multitud de películas, algunas tremendamente populares. Británico de nacimiento, neozelandés de formación, Neill siempre fue ese protagonista discreto, no una superestrella, pero que sabía compaginar roles principales con otros más secundarios. Y su debut en la gran pantalla fue tardía, cuando contaba ya con 29 años, en un título muy olvidado, que sin embargo creo que cobra actualidad en nuestro presente. SLEEPING DOGS presentaba una distopía nada descabellada, en la que el gobierno, incapaz de encontrar soluciones para una terrible crisis económica, opta por represaliar a quienes discuten su mandato, declarando el estado de excepción y enviando al ejército a exterminar a los disidentes. Neill interpretaba a un hombre que se ve extrañamente atrapado por esta situación, puesto que se ha marchado a una solitaria isla en terreno maorí, para olvidar que su mujer le ha dejado por su mejor amigo. Ajeno a las revueltas, cada vez más intensas, es confundido con un líder revolucionario, porque alguien plagó la isla de armamento y radios clandestinas. Sin saber muy bien qué hacer, se ve obligado a fugarse y convertirse, aunque involuntariamente, en ese líder al que empiezan a acudir guerrilleros de todo el país. No está mal del todo, y la premisa argumental es interesante, pero le falla una dirección algo confusa, con la que es complicado seguir todos los bandazos de un guion basado en la novela de Christian K. Stead, "El sueño de Smith", muy popular en su momento en Nueva Zelanda. Un film que, pensándolo bien, podríamos dedicar a todos los lumbreras que dicen que quieren ayudar a Ceuta con una cacería al hombre. Claro, claro...
A destacar, sin duda, la siempre portentosa fotografía de Michael Seresin.
Saludos.

martes, 8 de septiembre de 2026

Uno a uno


Sin distribución en España, dos años contemplan ya a SAYARA, penúltimo film de Can Evrenol, que hace unos años nos dejó con un palmo de narices con la pesadillesca BASKIN. Aquí tira por el thriller de venganzas más físico, aunque demostrando que lo suyo es una especie de gore encubierto en cualquier género. Tal y como pasara en aquélla, la trama es desecada hasta lo irrisorio, con personajes poco desarrollados, y fiándolo todo a una tensión creciente, que se desborda en un acto final no apto para sensibles. Cuenta la historia de Sayara, una joven proveniente de Turkmenistán, que se gana la vida como limpiadora en un gimnasio, donde aprovecha para entrenar cuando nadie la ve. Pero Sayara guarda un secreto, al haber sido aleccionada por su padre cuando era niña en artes marciales extremas. Un día, su hermana mayor, amante del dueño del gimnasio, desaparece, y Sayara jura cobrar venganza contra quien se le ponga por delante, sea quien sea. Peleas muy físicas, litros de sangre y mucha mala leche, son los ingredientes de esta película a la que no se le puede pedir nada más allá de lo que ofrece. Si se entra en su juego es arrolladora; si no, exasperante.
Saludos.

lunes, 7 de septiembre de 2026

La historia que no se cuenta


 

Las diferencias fundamentales entre filmografías (de distintos países, se entiende), se encuentra en los pequeños detalles a la hora de afrontar temas similares. El drama social no cotiza igual para Ken Loach, De Sica, Tavernier o John Ford; las historias son las mismas, los personajes están antes los mismos problemas. El paro, la pobreza, las desigualdades, la incomprensión de un mundo que va demasiado deprisa, que mastica, escupe y observa los guiñapos que ha creado con indiferencia ¿Cómo nos enfrentamos a ello aquí? ¿Cuál es nuestra mirada? Y rizando el rizo ¿Ha existido el drama social andaluz? CARLOS CONTRA EL MUNDO me parece uno de los mejores ejemplos para mostrar esa mezcla de estoicismo, resignación y mala baba que nos es tan cercano, pero que poca gente conoce desde fuera, instalados en el ozú miarma y esas cosas. Lo que hace Chiqui Carabante es expulsar todo lo extraordinario y quedarse con lo que hay antes, lo que no sale en las películas. Carlos es un soñador, pero le dirán que está en las nubes; probablemente le necesitan más a él la miríada de chupópteros aprovechados, que le inoculan esa culpa tan nuestra, la del "algo habrás hecho". Y su historia, como está contada al revés, parece la de un mentiroso compulsivo, que engaña por por no saber ganarse la vida. Pero Carabante, con una atención a los detalles costumbristas de escritor de los buenos, nos advierte de que no todas las vidas son para que las viva todo el mundo, porque algunos entendemos la semántica desde márgenes distintos. Y lo que es mejor, no le vamos diciendo a los demás cómo tienen que ser.
Estremece Julián Villagrán, pero aún más cuando aparece un formidable Manolo Solo.
Sonrisa helada, pero helada.
Saludos.

domingo, 6 de septiembre de 2026

Rincón del freak #707: Un horror de show


 

A colación del fallecimiento de Tim Curry, me acordé de una cosa muy rara que casi nadie vio, ni antes ni después. SHOCK TREATMENT es la secuela que tampoco nadie pidio de THE ROCKY HORROR PICTURE SHOW, nada menos que seis años después, sin su máxima estrella y con una conexión, que si no fuese por lo musical, ni siquiera me parece tal. La excusa esta vez es llevar a la pareja protagonista (también con otros actores) hasta un delirante plató de televisión, donde, en clave de protoreality, se pondrá a prueba si su amor es verdadero. Lo cierto es que quien se esconde tras el experimento es el gemelo de él (Cliff De Young), que pretende arrebatarle la esposa (Jessica Harper) a su propio hermano. Lo que hacía tan especial a su predecesora se ve aquí forzado y artificioso. Las canciones son peores, las actuaciones también, y hay un clima de confusión continuo, como si todo esto es lo que le sobró a Jim Sharman de la otra. Y no sé si Curry la hubiese levantado, pero sí que se echaba mucho de menos su presencia y su carisma. 
Una rareza sepultada por el tiempo y que poca gente se atreve a reivindicar.
Saludos.

sábado, 5 de septiembre de 2026

Granjeando simpatías


 

La Tierra al borde de la extinción (otra vez), Hollywood haciendo caja (otra vez), la gente aplaudiendo la pirotecnia (otra vez), la crítica rendida ante la dictadura de las cuotas (otra vez). Tienes que poner de protagonista a un prestigioso científico (o astrónomo, o yo qué sé) y el arquetipo es el siguiente: un tipo joven, musculoso, peinado a la moda, que va al trabajo en bicicleta, que por lo que sea está solo en el mundo y hace clases guays, con bromas guays a niños pequeños, pero un día el gobierno lo reclama porque ha escrito una cosa que cualquiera sabe, así que recrea Neptuno (o Venus) en una caja de madera, mientras hace más bromas en el WalMart junto a un agente gubernamental, resuelve el misterio irresoluble de que una sustancia misteriosa está zampándose al sol y, en tiempo récord, está en una nave rumbo a los confines de la galaxia, la cual aprende a manejar estando solo, y ya se da hasta paseos espaciales, aunque lo más misterioso es cómo ha logrado cortarse el pelo otra vez a la moda. Ah bueno, y conoce a un alienígena, con el que idea un sistema de comunicación cojonudo, y juntos van a ser amiguis y salvar al universo... digo, a la Tierra, aunque al planeta del alien que le den morcilla, si es que he entendido algo en estas dos horas y media de colorines, ruiditos y Ryan Gosling sin perder la guapura ni el payaseo incluso en las situaciones más desfavorables. El problema gordo de PROJECT HAIL MARY no es que todo sea un disparate, eso da igual. El problema es que te lo quieran hacer pasar por un filtro de rigor que lo único que hace es dar risa; porque no está concebido como entretenimiento, sino como una sacada de chorra, que es lo único que saben hacer los americanos con este tipo de productos. Ahora lo llaman "farmear aura", que ya vale la broma...
Y sí, la de ayer era mejor.
Saludos.

viernes, 4 de septiembre de 2026

El pepinazo


 

Hubo un tiempo en el que a Hollywood se le fue la cabeza con lo del cine de catástrofes. Cierto que este tipo de películas se han hecho desde siempre, con esa querencia por el arrase y la extinción que debe tener su explicación psicológica, me parece a mí, pero fue a finales de los noventa (por aquello del advenimiento del nuevo siglo) que se juntaban en cartelera varios títulos que uno llegaba a confundir por motivos obvios. El que nos ocupa hoy, DEEP IMPACT, se diferenciaba en el tono melodramático, imponiendo los dramas personales a la espectacularidad de unos efectos especiales de los que se agradece el comedimiento. La cosa es simple: se descubre un tremebundo cometa que va a chocar con la Tierra, calculando que será el fin de lo que habite la superficie, por lo que el presidente (Morgan Freeman) dispone un gigantesco refugio subterráneo para un millón de personas, por lo que el resto se las tendrá que aviar como pueda. De todas formas, los americanos no se rinden, y envían una nave espacial al mismísimo cometa, con la intención de colocar varias bombas nucleares y reventar al bastardo estelar. El capitán de la arriesgada misión no era otro que Robert Duvall, algo mayor para estas aventuras, pero que aporta experiencia y temple. Así las cosas, sólo quedaba rellenar el resto del metraje con un trasiego interminable de caras conocidas, actores y actrices de primera línea, encargados de dar profundidad dramática a un guion que parece escrito por un asesor de Trump. Y como en el fondo no soy tan malo, tras revisitarla me parece que ha aguantado decentemente como lo que es, un blockbuster entretenido para que pasemos un par de horas sin devanarnos los sesos más de lo preciso.
Hay quien hasta la reivindica...
Saludos.

jueves, 3 de septiembre de 2026

La última broma


 

Y otro que se nos fue, Tim Curry, uno de esos actores totales, de fuerte presencia y que siempre fue tremendamente querido por el público. Curry era esencialmente un comediante, especialmente dotado para el musical y de presencia magnética, pero uno de sus papeles más emblemáticos lo obtuvo en la adaptación original que la Warner hizo para televisión de uno de los grandes libros de Stephen King. IT condensaba en tres horas el tocho de King, con la dificultad para abarcar sus muchos recovecos narrativos, un problema que tampoco se ha resuelto en las más de seis horas del reciente díptico. Sea como sea, no está de más el esfuerzo de ponerse ante este telefilm, bien terminado para la época, aunque algunos efectos hayan quedado obsoletos. Es menos truculenta de lo que cabría esperar, pero me parece de justicia apuntar que absolutamente todos los momentos fuertes ya estaban aquí, y que Muschietti ha hecho poco más que "lucrarse" del trabajo ajeno. Además, Curry compone un Pennywise inolvidable, icónico, jocoso y aterrador; uno de esos personajes al que le bastan unas cuantas apariciones para elevar un film normalito a la categoría de clásico.
Le echaremos mucho de menos.
Saludos.

miércoles, 2 de septiembre de 2026

La lucha pacífica


 

Aparcamos, de momento, el extenso y merecido homenaje a Nathalie Baye, con una de sus últimas actuaciones. En LA NUIT DU VERRE D'EAU, interpretaba a una turista francesa que llega junto a su hijo a un tranquilo valle libanés. Es 1958 y todo parece idílico, pero se vive una calma tensa por las noticias provenientes de Beirut y la tensión creciente (vaya) en Palestina. Es una película bélica sin escenas bélicas, y todo ese clima enrarecido nos es narrado indirectamente, en las actitudes machistas perfectamente normalizadas y la creencia de que si no se habla de algo ello no ocurre. A lo que habría que sumar la inevitable tensión entre la comunidad cristiana, la musulmana y la minoría de drusos, que sacan a la luz matrimonios insatisfechos, relaciones adúlteras y la sistemática opresión a la que se ven sometidas las mujeres, "siempre por su bien". Una película correcta, pulcramente filmada y con Baye haciendo una vez más de esa señora que pasaba por ahí pero termina dejando huella.
Saludos.

martes, 1 de septiembre de 2026

Cowboys en la ciudad


 

Y vaya por dios, también se ha ido Dolly Parton, una de esas estrellas imposibles de ignorar, de las que, aunque no te gustara mucho su música, todo el mundo sabía que estaba ahí, porque parecía que siempre estuvo ahí. Y algo hizo en el cine, no mucho, pero me he acordado inmediatamente de una película, que si te la cuentan no te la crees. RHINESTONE pretendía hacernos creer que era posible que Parton convirtiera, en tiempo récord, nada menos que a Sylvester Stallone en un cantante de country. En clave de comedia no siempre tan afortunada, Sly interpreta a un taxista neoyorquino, que por azares muy azarosos se cruza con Parton, una cantante acosada por su baboso jefe, al que reta en descubrir a la próxima gran estrella en la primera persona con la que hable. Lo que no vimos venir es a Stallone haciendo el idiota vestido de lentejuelas, y explotando esa vertiente cómica que siempre ha creído poseer, y que proviene de esa expresión mezcla de cansancio, desvalimiento y desidia mental. Es una película que vi mucho de niño porque la cinta pululaba por casa, y si entonces entendía poco, ahora aún menos. El caso es que no me parece tan horripilante como la pintan, tan sólo una comedia normalita, disparatada (Bob Clark venía de filmar PORKY'S), y que básicamente explotaba el carisma y éxito de dos superestrellas, aunque tenían menos química que una herboristería. Una rareza que sólo tenía sentido en los ochenta, pero que nos sirve para recordar a una gran cantante.
Saludos.

... ¿Y todo esto lo ha hecho usted solo?...
No, necesité estar rodeado de siete mil millones de personas...

¡Cuidao con mis primos!