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domingo, 27 de septiembre de 2026

Rincón del freak #710: Ni un pájaro, ni un avión #10


 

Y como lo prometido es deuda, aquí está la infausta SUPERGIRL original, la de 1984, que muchos vimos siendo tiernos infantes y así salimos. Cuenta la leyenda que alguien se atrevió a preguntarle a Alexander Salkind de dónde le vino la idea de hacer una película sobre la prima de Superman, a lo que el productor se limitó a ensayar una mirada torva, en silencio. Yo entiendo que la película no es que haya envejecido mal, sino que ya nació vieja. Hay una intención por hacer una película casi para niños, con una Helen Slater que parece salida de un colegio de monjas y unas decisiones de guion que rozan lo naif. Y entonces ¿a quién pones de villano? El villano es Faye Dunaway haciendo de bruja que aspira a dominar el mundo desde su siniestra morada, sita en un parque de atracciones. Allí vive junto a Brenda Vaccaro (eternas milfs las dos) y colabora en ocultismo con Peter Cook, que además es profe de mates en el instituto donde Kara se infiltra como estudiante nada más llegar desde la pedanía interestelar de Argo, tras liarla parda perdiendo la mayor fuente de energía, contenida en una bolita que se va al carajo al romperse las segurísimas paredes de plastiquete. Una vez en la Tierra, se da cuenta de que es superfuerte y vuela y todo lo demás, pero ella prefiere hacer amistades, jugar al hockey y comer hamburguesas, porque lo de emborracharse aquí todavía no ¿Se puede mejorar? Sí, luchando contra un tractor, un bicho invisible y una especie de demonio infernal gigante, mientras la Dunaway se entretiene en quitarle al churri, un gañán que hace reparaciones a domicilio. Con todo esto, lo normal es decir que es una mierda; yo apostillo que el Superman de Gunn está claramente basado en este film tierno y cándido, que es como si abrieras un cómic de 1974, porque esto es lo que te ibas a encontrar. 
Y remato: sí, es más graciosa que la nueva.
Saludos.

miércoles, 23 de septiembre de 2026

Repúblicas y democráticas



ENIGMA, de 1982, era uno de tantos thrillers de espionaje, que aprovechando el trasfondo de la Guerra Fría y el Telón de Acero, aspiraba a elaborar un entretenimiento medianamente inteligente, ingenioso, o lo que sea. Y aquí se consigue a medias, aunque el esforzado trabajo del francés Jeannot Szwarc no logre superar un montaje desastroso, fruto del incomprensible batiburrillo de productoras de diversos países que, cada una a su modo, quiso hacer "su película". Szwarc, fallecido el año pasado, y que desarrolló casi toda su carrera en Norteamérica, la comenzó junto a Rod Serling, y entre las curiosidades de su filmografía encontramos que fue el artífice, por ejemplo, de TIBURÓN 2 y, ahora que está de vuelta, SUPERGIRL. La trama, que gana en la descripción, nos habla de un espía (Martín Sheen) que es enviado a la R.D.A para robar un potente dispositivo informático soviético, a fin de poder descifrar quiénes son los cinco disidentes a los que la K.G.B. planea eliminar en distintos puntos del planeta. Sheen parece con el piloto automático todo el film, en lo que creo un error flagrante de casting, mientras que lo poco rescatable corre a cargo de un estupendo Sam Neill, que borda un personaje sumamente complejo, un jefe soviético en absoluto plano, y que deja entrever que quizá no sea tan sólo un engranaje del férreo sistema comunista, mostrándose especialmente anguloso tras ser engañado por el enlace de Sheen, interpretado por Brigitte Fossey. Un film, ya digo, justamente olvidado, pero que da la sensación de poder haber sido bastante mejor.
Saludos.

... ¿Y todo esto lo ha hecho usted solo?...
No, necesité estar rodeado de siete mil millones de personas...

¡Cuidao con mis primos!