sábado, 29 de marzo de 2014

(Re[o])crear



Pero que ni al pelo comentar AMERICAN HUSTLE justo después de hacer lo mismo con THE WOLF OF WALL STREET. Concisamente: David O. Russell quiere ser Scorsese y por el camino le brotan Tarantino, Coppola, Gray, Linklater... Demasiados nombres para ser genuino, porque no lo es. Hablamos, sin embargo, de una buena película, muy desarticulada y cochambrosa, pero con algunos momentos (menos de los deseados) realmente conseguidos gracias a sus poderosas interpretaciones, muy especialmente unos soberbios Christian Bale y Amy Adams. Puede que si Russell se hubiese dedicado a pulir estos dos diamantes, personajes repletos de aristas y matices, vulnerables, emocionantes... a lo mejor, digo, no habría bostezos en mitad de una película que me recuerda a muchas otras sin llegar a concretarse por sí misma. Tampoco me convence el rotulador fluorescente que parece pender sobre cada imagen (¡estamos en los 70!... ¡recuérdenlo!), y como cada imagen se desespera por ser la imagen más despampanante de la temporada. AMERICAN HUSTLE me recuerda a LA CONVERSACIÓN, pero también a ARGO y LA NOCHE ES NUESTRA, a JACKIE BROWN o, claro está, la miríada de referencias a CASINO, UNO DE LOS NUESTROS, MALAS CALLES... ¿Mi recomendación?: disfruten de los actores, de su entrega y generosidad. En este caso me da la impresión de que una cosa está muy por encima de la otra.
Del trabajo de peluquería me reservo toda opinión. Yo nací en los 70...
Saludos.

viernes, 28 de marzo de 2014

Diversión y crueldad



Sí, es muy excesiva y muy larga, y tiene un montón de cosas dentro; es la forma en la que Scorsese nos dice a los que le hemos seguido durante años: "Muchachos. Hice "Hugo" porque quería el premio, pero sólo por eso. Hice la de la prisión porque quería que supiéseis que puedo ser más raro que Lynch o Malick. Pero uno nunca se cansa de lo bueno..." Y lo bueno es THE WOLF OF WALL STREET, que dura tres horas y alecciona a la sociedad acerca de cómo montártelo para engañar a un montón de gente, hacerte multimillonario y gastártelo todo en putas, drogas y... y cualquier cosa inútil que se te ocurra. Olvídate de tus tendencias moralistas y echa un vistazo a esta sinfonía pasada de revoluciones, a lo mejor es más instructivo sobre a quién llevas toda la vida dándole el dinero; Jordan Belfort no es un mesías ni un diablo, es un producto genuino de un sistema, y a ese sistema lo alimentamos entre todos. Y seríamos unos hipócritas si tomáramos esta película divertidísima, reveladora y acusadora a partes iguales como una especie de tratado de por qué estamos como estamos, porque todo el mundo sabía que estaríamos como estamos, no se puede ser tan imbécil. A diferencia del tiburón diseñado por Oliver Stone hace 25 años, aquí el poder no detenta tanta relevancia; se trata de un niño insaciable en un cuarto de juguetes que no para de crecer; se trata del tipo que pasa diez horas diarias en el bar de la esquina, pero con mucho más dinero; se trata de hacer creer que lo que no existe sí que existe (no se pierdan el desquiciado parlamento de un genial Matthew McConaughey, que marcará todo el devenir del film). Por un lado están los Ferraris, los yates, el dinero tirado a la basura, los kilos de cocaína (y otras sustancias) y la sensación de invulnerabilidad; por el otro está la capacidad de Scorsese para que nada se le vaya de las manos, para dominar un torbellino de personajes y situaciones con un Leonardo DiCaprio superlativo sosteniendo toda la función como si hubiese nacido concretamente para este papel. Y a lo mejor no es una grandiosa obra maestra porque tampoco lo pretende, sino que se conforma con hacer muy bien lo que hace; y a lo mejor a Scorsese le tenían que haber premuiado por esta genuina demostración de su talento... aunque sea capaz de asustar a la Academia...
Saludos.

jueves, 27 de marzo de 2014

Alain Resnais: Tributo a un maestro #4



LES STATUES MEURENT AUSSI supuso la inestimable colaboración entre Alain Resnais y Chris Marker; dos miradas insobornables con el fin de realizar un film de treinta minutos capaz de poner a la civilización occidental frente a sí misma, sus errores, crímenes y pecados. Una tarea engañosa y complicada, porque son muchos los panfletos que, en lugar de arrojar luz, no han hecho más que fomentar la autoindulgencia como nucléico acto de confesión. En lugar de caer en la parábola del buen salvaje (como erróneamente me parece que muchos espectadores han atisbado), Marker y Resnais se apoyan en el arte como significación aumentativa de lo que posteriormente lanzarán como una gran y dolorosa verdad. Les interesa remarcar la diferencia semántica e insalvable entre el concepto de arte en el "primer mundo blanco" (permítanme tan zafia expresión), dado en esencia al catálogo y mercadeo exhibicionista, y el arte africano, jamás en autoría y con el único fin de (como bien se encargan de recordarnos aquí) encarnar no al dios, sino a la plegaria. A la tierra y sus frutos, a la caza proveedora, a la fertilidad femenina o al equilibrio de los elementos. Y es falso y torticero hablar aquí de una confrontación entre una manera de entender la vida (porque no es más que eso) y otra; más bien deberíamos atender a la reflexión que por desgracia tan pocas veces se hace desde las voces de los cineastas: no se pueden cuestionar el destrozo y la miseria, pero sí el porqué.
Fascinante, revelador y muy necesario documental, aunque me niegue a "catalogarlo" como tal, dada su poderosa naturaleza poética.
Saludos.

miércoles, 26 de marzo de 2014

La altura




La naturalidad es ese ente grosero, un poco esquivo y orate que se encuentra siempre tras la esquina que no doblamos. El cine es todo lo contrario a la naturalidad; el arte lo es, porque aspira a una cierta sublimación de sus propios registros y hallazgos. Al mismo tiempo, para un artista parece ser el reto más complicado conseguir plasmar todo aquello que previamente han sentido como personas; quizá incluso ofrecérselo a otros; quizá incluso hacérselo creíble a esos otros. Lo que Alexander Payne consigue en NEBRASKA es que veamos los lugares comunes sólo si de verdad yacen allí donde el director cree necesario posar su paciente cámara. NEBRASKA no ha conseguido ningún oscar porque no es más que la historia de un viejo que chochea y que cree haber ganado un millón de dólares en una de esas infames campañas publicitarias que a todos nos han dejado alguna vez en el correo. Sí, pero si sabemos mirar detrás de las esquinas, nos vamos a encontrar con otra cosa; nos encontraremos con las constantes que habitualmente pueblan el cine de Payne. Y encontraremos un humor que elude obsesivamente el chiste fácil; encontraremos unos personajes que podrían vivir a tu lado, porque a veces son estupendos y entrañables, y a veces son unos cabrones egoístas (y puede que eso sea lo normal); encontraremos una historia admirablemente desarrollada, con una prosa que al principio parece exasperante, pero que sólo espera el momento adecuado para expresarse tal y como debe hacerlo. Todo eso está en NEBRASKA, que parece UNA HISTORIA VERDADERA pero no tiene mucho que ver, porque Payne no ve misterios sino evidencias. Y, cómo no, deberíamos rendirnos ante un par de interpretaciones que ponen la piel de gallina. Bruce Dern y Will Forte se adueñan del relato y lo hacen avanzar, a veces a empellones y otras con la agilidad de su gran oficio. Ellos son el motor de esta bellísima película; bellísima en las antípodas de otras "grandes bellezas", pero igualmente emocionante. Porque todo el que, como es mi caso, siente que le ha faltado mucho tiempo junto a su lacónico y taciturno padre, se verá reflejado en esta pequeña gran película.
Saludos.

martes, 25 de marzo de 2014

Robert Siodmak: Tiempo y esfuerzo #24



Llegamos al final del monográfico dedicado a Robert Siodmak, director singular, trabajador abnegado y artista no tan reconocido como algunos suponemos que su trayectoria hubiese merecido. Cierto es que el final de su carrera poco o nada tenía que ver con sus años dorados en la Universal como constructor de un cine negro avanzado a su época, y buena muestra de ello es el mamotreto (tres horas divididas en dos partes) en forma de peplum tardío con el que dejó de hacer cine allá por 1968. KAMPF UM ROM tenía una primera parte titulada "El último romano" en la que dejaba constancia de las intrigas de un imperio a punto de desmoronarse, o más bien disolverse en una alianza que arrinconaba su ya imposible esplendor. En la segunda parte, "La traición", Siodmak introduce una mayor espectacularidad, con grandes batallas en espacios abiertos. Una constante, si preferimos, de un cine hollywoodense que el director alemán intentó exportar desde que se vio obligado a marcharse de nuevo a Europa.
Con un reparto más sonoro que eficiente (un anecdótico Orson Welles, Sylva Koscina, Lang Jeffries, Honor Blackman, Laurence Harvey...), no es un film tan desmesurado como sí gélido o desangelado, puede que por lo antipático de la franja histórica que refleja (apasionante para un historiador, pero con pocos motivos para una película que se pretende espectacular), aunque gran parte de culpa la tienen los inenarrables cardados y terroríficos trasfondos de cartón-piedra. Contiene, es cierto, algunos destellos del gran cineasta que siempre fue Siodmak, pero uno hubiese echado de menos (él lo merecía) un último film con más guion y menos "estrellato"; una vuelta a las raíces que, desgraciadamente, nunca se produjo.
Nos quedaremos, por tanto, con ese puñado de obras maestras que legó a la historia del cine y la grata sensación de haber descubierto un rincón algo olvidado y un poco por detrás de mitos y adoraciones. Pero es que esto también es cine.
Saludos.

lunes, 24 de marzo de 2014

J. R. R. #5



Es curiosa la relación que ha tomado la saga de The Lord of the Rings, primero, y ahora con The Hobbit, respecto a los premios oscar, pues no deja de tener su gracia que se obvie de una manera tan descarada a la que probablemente sea la única genuina superproducción, enclavándola en apartados tan remotos como "Sonido", "Efectos sonoros" y "Efectos visuales" para, seguidamente, dejarla huérfana de reconocimiento alguno. No es que me moleste especialmente, el impacto de The Hobbit, reconozcámoslo, es mucho menor y admite distintas ondas de frecuencia, yendo tranquilamente hacia la franquicia como banco de pruebas para nuevas técnicas y malabares diversos. Eso es la máquina de hacer dinero, fuera de toda duda; después tocaría enhebrar con consistencia una historia que, sin perder sentido, sí es cierto que su insistencia por tocar todas las teclas la deja en un marco de "ya visto". Hay escenas muy espectaculares en THE HOBBIT: THE DESOLATION OF SMAUG, y Jackson parece haber encontrado en Guillermo del Toro el contrapunto perfecto a su jovialidad (a veces no demasiado bien entendida); el realizador mexicano es capaz de congelar sonrisas con su oscuridad, latente tras cada escena. Y si tuviésemos que organizar un itinerario para resumir dos horas y media un poco demasiado largas, tendríamos que empezar con que (otra vez) hay demasiadas persecuciones, (otra vez) se tiene la sensación de que los orcos son rematadamente tontos para cualquier cosa que hagan y (otra vez también) es bastante desesperante que toda la chicha se deja para la media hora final. Debo reconocer que ese conato de desenlace (porque no lo es) nos deja con ganas de más, y que la recreación de Smaug es acertada porque a su imponente presencia física se le une una perspicacia verbal capaz de competir con el estupendo Martin Freeman; su "enfrentamiento" dialéctico es prácticamente lo único por lo que merece la pena esta larguísima travesía. De qué será capaz el tándem Jackson/del Toro a partir de donde han dejado esta entrega es un tanto que ellos ya se han apuntado, porque es seguro que estaremos esperando hasta entonces.
Saludos.

domingo, 23 de marzo de 2014

Rincón del freak #147: Horror y pavor en la UHF



En una semana extraña, sin ritmo para poder publicar como por aquí nos gustaría y con el malestar que nos provoca que (aún!) haya gente que decida perder su tiempo escribiendo sandeces (siendo muy generosos) por el mero placer de esconder su propia ineptitud vital ante lo que yo veo simplemente como una inexplicable frustración intelectual y poco fértil.
Aunque como todo esto nos da igual, porque tenemos problemas más reales y más importantes, y porque no podría perdonarme dejar de escribir cada día (y mis disculpas por ello), vayamos con la sección dominical en la que hoy necesitaba incluir una verdadera y genuina bizarrada proveniente de Argentina; una coproducción tremendamente infame y que aprovechaba los últimos coletazos de un actor como Richard Conte al que, sinceramente, se le ve más perdido que un pulpo en un garaje. EXTRAÑA INVASIÓN (o SINTONICE EL TERROR) nos ponía en situación con una mezcla entre EL PUEBLO DE LOS MALDITOS y LA INVASIÓN DE LOS LADRONES DE CUERPOS, aunque finalmente su delirante premisa la deja muy lejos de estos grandes clásicos. El guion nos pone en situación cuando un pueblo (¡estadounidense!) sufre una misteriosa plaga, ya que la televisión, lejos de ser nutritiva, lo que hace es hipnotizar a jóvenes y viejos hasta convertirlos en inertes zombis sin voluntad propia... Más o menos lo que suele ocurrir en la realidad pero con unos efectos especiales consistentes en... sí, interferencias. La película es mala de verdad, pero es impagable escuchar esos acentos argentinos diciendo "¡Cuidado, Johnny!", además de la colección de tópicos que el esforzado Emilio Vieyra (algo así como el Chicho Ibáñez de la Pampa) introduce para intentar convencernos de que en verdad pisamos suelo yanqui (coches grandes... oficiales de policía con placa... cereales en el desayuno...). Una curiosidad extraña, indescriptible y con un final bastante divertido... cuando supongo que el efecto deseado era crear algún tipo de inquietud... Sólo para iniciados, vaya...
Saludos.

jueves, 20 de marzo de 2014

Alain Resnais: Tributo a un maestro #3



De menor profundidad y calado que sus dos predecesoras, GAUGUIN se muestra más esquemática y menos acerada, centrándose en el muy conocido viaje del pintor francés a la Polinesia, lo que influiría decisivamente en su estilo, colorido y vitalista. Pero, tratándose de una obra de Resnais, cabría indagar en posibles recovecos formales que aquí quedan a merced de apenas dos o tres notas (auto)biográficas, mientras que la narración de Jean Servais se resiste al desencuadre, tanto más necesario por la escasa concentración de datos. No es su mejor cortometraje sobre un pintor ni sobre pintura, pero de nuevo sorprende la facilidad de Resnais para, de algún modo, "colorizar" sin esfuerzo unos fotogramas en Blanco y Negro, con el salto al vacío consiguiente, por lo que queda como un complemento perfecto aunque en absoluto reveladora.
Saludos.

sábado, 15 de marzo de 2014

La dolce Rosebud



En Italia (y a lo mejor sólo en Italia) son capaces de convivir Berlusconi y Caravaggio; Raffaella Carrá y Enrico Caruso; Las Mamachicho y Miguel Ángel; lo trascendente y lo banal; la fiesta y la meditación; lo profundamente bello y lo profundamente miserable; lo hortera mirando a la belleza con los bolsillos repletos de dinero como única oportunidad de poder alcanzarla. Pero una cosa es el dinëro y otra la belleza, y Gep Gambardella lo sabe, y sabe que no se puede hacer nada excepto dejarse llevar, por una cosa o por la otra, o por ninguna; ser testigo excepcional de los lugares donde ocurren las cosas, o donde quizá no esté ocurriendo nada. Gambardella es ese triste tipo de novelista joven que escribió demasiado bien su primer libro y luego sintió que no merecía la pena ofrecer nada más; un hombre que pasa su vida entre fiestas atronadoras y palacios fantasmales, que se rodea de cardenales, vendedores de juguetes, dramaturgos frustrados, bailarinas de strip tease, santas, millonarias comunistas y vagos en general cuyo mayor dilema existencial consiste en cómo gastar el dinero de la forma más inútil. Toni Servillo es el mejor embajador de este excesivo carrusel desde, seguramente, Marcello Mastroianni, y Paolo Sorrentino ha encontrado en Fellini su timón impulsor; no es muy original, esto ya se ha hecho, pero debo reconocer que el resultado es atractivo y que contiene (a lo mejor sin quererlo) una afilada crítica hacia un estado de las cosas bastante deplorable desde el punto de vista de una fauna demencial. Todo es muy exagerado e inconexo, como un collage desmesurado y caprichoso que pugne por rebasar la pantalla, pero lo que podría jugar en su contra es un acierto, porque imagino que a Sorrentino lo que menos le apetecía era contar una historia, sino construir un personaje inolvidable y convertirlo en epicentro imperturbable aunque profundamente conmovible, movido (a ratos) por un recuerdo de juventud que ha sido incapaz de superar y que sorprendentemente lo dota de una gran humanidad. Y esto es, más o menos, LA GRANDE BELLEZZA...
Saludos.

viernes, 14 de marzo de 2014

Más sabe el diablo...



Hay un dilema consustancial en el fondo del guion de PHILOMENA, el último film de Stephen Frears, comenzando (y puede que también terminando) por su antipático "basado en hechos reales". Es complejo de desentrañar, pero lo que le resta fuerza y empaque, por otro lado la ha llevado, contra todo pronóstico, hasta la misma antesala del oscar a mejor película. Y quién lo diría viendo que es un relato que ya hemos visto muchas veces en telefilmes de medio pelo y menos en películas de calidad; por supuesto que Frears sabe lo que hace, por supuesto que bajo su aparente "convencionalidad" late el fuego de la crítica tranquila pero segura de quien lo sabe casi todo por los años que lleva en el oficio. Pero insisto, el tándem Coogan/Dench es perfecto para Hollywood, lo que lleva a PHILOMENA a instaurar una cierta anomalía en las buddy movies, dada su chirriante pareja. Es hilar demasiado fino por mi parte, y reconozco que se trata de un buen film, contado con brío y con los ingredientes que a mí me gustan (un guion sin agujeros negros, interpretaciones solventes y el siempre bienvenido sentido del humor). Pero una de dos (y esto es muy subjetivo): o deberían haber prescindido de Judi Dench, cuya densidad... un poco a lo Anthony Hopkins, no admite chascarrillos de stand up comedy para treintañeros desocupados; o por el contrario, dejar fuera a steve Coogan y su humor, sofisticado pero predecible cuando se trata de hilvanar una historia y no un sketch. Claro que esto habría modificado completamente el film, al ser Coogan corresponsable de adaptar el libro del periodista Martin Sixsmith, al que él mismo da vida.
Muy buena película para gente que quiera pasar hora y media sin sentirse estafada, que no es poco.
Saludos.

jueves, 13 de marzo de 2014

Alain Resnais: Tributo a un maestro #2



Más de sesenta años después, el visionado de GUERNICA, el cortometraje que Alain Resnais rodó junto a Robert Hessens, sigue siendo una experiencia casi insoportable aunque terriblemente necesaria. La lúgubre superposición de la recitación, casi en mortal éxtasis, de Maria Casares del oscuro poema de Paul Éluard; la música, cayendo, como en un bombardeo, de Guy Bernard; y, por supuesto, los rincones escogidos de esa obra maestra del horror (duele decirlo, pero es así) que es el gigantesco cuadro de Picasso. Es una denuncia, pero también es un grito, y es el estupor de lo que se vivió en la población vasca y el pintor malagueño reventó en sus figuras acromáticas; pero también es la imponente visión de un artista insobornable que, al contrario que sus coetáneos, no se veía embaucado por cantos de sirena ni promesas doradas. Los primeros pasos de Resnais iban dirigiéndose exactamente al sitio que debían dirigirse, y su mirada iba exactamente a esos sótanos en los que a nadie le gustaba mirar. Pero es que eso también es cine; y es un cine que debe ser hecho.
Saludos.

miércoles, 12 de marzo de 2014

Bluegrass en Gante



Una de las películas que optaban a la categoría de habla no inglesa era la belga THE BROKEN CIRCLE BREAKDOWN, un intenso (y por qué no decirlo, insostenible) tránsito por varios cambios de registro, tantos que al film de Felix Van Groeningen lo único que le falta en sus asfixiantes dos horas es eso, un respiro. Podríamos estar hablando de un intento de mixtura entre el realismo de los hermanos Dardenne y el lirismo en tonalidades de Kaurismaki, pero esta tremebunda aproximación a ese "¡Atentos, que todo va a irse al carajo!" tiene, finalmente, toda la pinta de aquel Lars von Trier que jugaba a ser Dreyer en sus tiempos mozos. Es, sin embargo, una buena película demasiado empeñada en tocar todas las fibras sensibles, por lo que su loable mensaje termina por moralizarse en exceso y sus personajes principales, magníficamente dibujados en su primera hora, pierden peso en la segunda, y parece mentira que una tragedia tan impactante se vea perjudicada por el efecto de sus ultrasonidos. Es la historia de Elise y Didier, que luego serán Alabama y Monroe, y es la historia de su amor, del que nacerá la pequeña Maybelle. Ella se dedica a tatuar y él a tocar el banjo en una banda de bluegrass, todo parece perfecto pero la desgracia llegará de la forma más inesperada. ALABAMA MONROE (que viene a ser su segundo título) tiene una cosa muy buena, que es su directa forma de agarrar lo que le funciona; y otra no tan buena, que es el rompecabezas en el que se convierte cuando debe hilar varios motivos y, precisamente, este es un film repleto de flashbacks. O sea: Van Groeningen se perfila como un buen artesano en barro, pero como un pésimo orfebre y especialista en filigranas.
Saludos.

martes, 11 de marzo de 2014

Robert Siodmak: Tiempo y esfuerzo #23



Parecía difícil de creer que Robert Siodmak languideciera de una forma tan evidente en producciones europeas sin demasiado interés sin dejar, al menos, un último título a la altura de su talento. Y sin ser una gran película, CUSTER OF THE WEST contiene momentos de una expresividad ante los que un cinéfilo no puede más que regocijarse; como si de un imposible intento de retomar el exceso visual de un Griffith se tratase, esta revisitación de la figura del general Custer se desmarca de la épica del film de Raoul Walsh y se impregna de la crudeza de carácter de su protagonista, un Robert Shaw simplemente mimético. Demasiado larga, demasiado dura, demasiado descoyuntada (una película de casi dos horas y media no debería tener estos problemas de montaje), es lo que es, un western de finales de los sesenta, con el género iniciando su declive y con Siodmak, desde hacía varios años, resignado a la incógnita de la coproducción; ésta no lo era exactamente, pero estaba rodada en Almería con la mayoría del equipo de nacionalidad española. De hecho, la fotografía corrió a cargo de Cecilio Paniagua, y reseñemos que, francamente, el "esplendoroso" Cinerama no fue su mejor aliado. De entre los grandes aciertos, yo destacaría la imponente y muy original banda sonora compuesta por el músico brasileño Bernardo Segall y el tremendo cierre, con la inefable batalla... perdón, masacre de Little Big Horn. Y luego me gustaría apuntar un par de curiosidades, como el uso del 3D... ¡sin 3D! que Siodmak se sacó de la manga en varias escenas, como la de una carreta desbocada, la huida de un soldado por un acueducto y el descarrilamiento de un tren, algo que habría hecho las delicias de Jerry Bruckheimer, sin duda. Y luego está la inexplicable elección de Jeffrey Hunter y Ty Hardin... no porque no lo hicieran bien, sino porque eran dos actores tan parecidos físicamente que supongo que hasta Siodmak le puso bigote a uno para poder diferenciarlos... ¡porque además salían juntos en todas las escenas! Por no hablar de los cinco minutos de Robert Ryan (le haría falta el dinero). En fin, título a revisitar por la razón de que es un western exótico y desconcertante y, sobre todo, porque luego ya no habría mucho más Siodmak... De hecho, terminaremos este monográfico la semana que viene.
Saludos.

lunes, 10 de marzo de 2014

Una verdad animada



De nuevo con los oscar y sus sinsentidos, no logro entender muy bien a qué se refieren con el apartado "mejor película de animación"; no sólo porque FROZEN sea más de lo mismo, papilla inocua lista para deglutir en grandes cantidades, sino porque este año había una película simplemente maravillosa. ERNEST ET CÉLESTINE nos lleva de la mano a aquella animación artesanal a la que no le hace falta ninguna vocación hiperrealista, porque su intención es otra: contar bien una historia y llegarnos al corazón sin sensiblerías, tengamos la edad que tengamos. Ernest es un oso bohemio que pasa mucha hambre porque su oficio de hombre orquesta ambulante no le da para llenar la barriga; Célestine es un intrépida ratoncita que se resiste a creer los terribles cuentos sobre osos feroces que viven en la parte de arriba, porque Célestine cree que ella puede llegar a ser amiga de un oso. Y así transitamos, en un mundo, el de arriba, donde el gran negocio consiste en tener una tienda de dulces y, justo enfrente, otra de dientes de recambio; mientras, abajo, los ratones han creado una sociedad basada en la recolección de los dientes de oso para que su legión de dentistas proporcione recambios asegurados. El encuentro entre Ernest y Célestine, su camaradería al estar ambos fuera de sus respectivos "sistemas", es una bella historia de amor y compromiso que contiene un mensaje sanísimo para los chavales de hoy en día: Yo seré un gigantesco oso y tú una minúscula ratoncita, pero ambos tenemos un corazón que late acompasado al entendimiento mutuo. Además, qué descanso para los ojos todas esas suaves líneas de color pastel, cómo echábamos de menos una película de animación sin agresividad ni estridencias. Y qué magnífico actor es Lambert Wilson, pasará mucho tiempo hasta que nos podamos sacar de la cabeza su recreación de este oso tierno y bonachón.
Absolutamente maravillosa.
Saludos.

domingo, 9 de marzo de 2014

Rincón del freak #146: ¿Está usted ahí, Mr. Shyamalan?... ¿Puede oírme?



Otra de las películas que arrasaron en los razzies fue AFTER EARTH, un producto controlado y diseñado por Will Smith & Co. y que olía mal desde su preestreno. Nadie podía entender cómo aquel buen director que una vez fue M. Night Shyamalan iba a tropezar con la misma piedra de aquella ininteligible AIRBENDER. Pero así fue, y la película es lo que es, un aburrimiento repleto de tópicos a cual más manido y con un mensaje implícito que le resta cualquier posibilidad de redención como producto comercial de entretenimiento. Con toda la poca vergüenza del mundo, todo elemento exterior desaparece y en escena queda únicamente Jaden Smith rodeado de muñequitos digitales; al otro lado de la línea, con una gravedad que ni le corresponde ni se la cree, Will Smith, el antes conocido como caricato oficial del reino, pretende convencernos de que tiene alguna capacidad dramática para interpretar sin moverse... y no. Un dato: si la ponen en el minuto 83 tendrán la misma sensación que si la ven entera y de corrido. Y me jugaría el cuello a que el hilo musical perpetrado por James Newton Howard (quién si no) es un bucle sonoro repetido hasta el infinito por una computadora.
Aún sigo dándole vueltas al sentido de esta película, pero la verdad es que me da miedo toparme con algo aún peor que su terrible guion.
Saludos.

sábado, 8 de marzo de 2014

El infierno. Los otros



No entiendo la nominación de THE ACT OF KILLING para los oscar como mejor largometraje documental. Si nominas un trabajo tan poderoso e implacable como éste es para darle el premio y cerrar el buzón de sugerencias; y ponerle al lado una agradable y complaciente all ages como A 20 PASOS DE LA FAMA, y darle el premio, y enterrar lo que hay en estas casi tres horas (vean el uncut o no vean nada)... como que no. El documental de Joshua Oppenheimer es un desquiciado descenso al horror de ahí al lado, y parece mentira que casi nadie se haya enterado de nada, porque lo que pasó en Indonesia hace cuarenta años fue infinitamente peor que lo peor que hiciese el diabólico Saddam Hussein, por poner un ejemplo reciente. En Indonesia se mataron a 2.500.000 personas por el ejército paramilitar que dio el poder al general Suharto. "Comunistas", los llamaban; como si les hubiesen puesto "ciclistas" o "encofradores". Porque daba igual todo aquello, porque lo que ocurrió en la idílica Indonesia fue un genocidio en el que ningún salvador del mundo metió las narices (¿les suena de algo Vietnam?), con la unica intención de instaurar un régimen de control absoluto revestido con oropeles de libertad neocolonialista. Es decir: la mayoría vive en la miseria y la minoría hace lo que le sale de los huevos. Pero enfocando la atención al documental en sí, la palabra que me viene insistentemente es "incomodidad", la misma que recorre cada fotograma de su diabólico entramado. La propuesta no puede ser más retorcida: filmar a algunos de los antiguos líderes del sanguinario movimiento y hacerles creer que van a protagonizar una película en la que quedarán inmortalizados como los héroes liberadores de su nación, oprimida por los comunistas. Así, lo que vemos es a los asesinos actuando con toda naturalidad ante nosotros, soñando con llegar a Hollywood (¿acaso no lo han logrado de alguna manera?) y escenificando sus terribles métodos de tortura y exterminio.
Puede que a Oppenheimer se le vaya la mano en algunos momentos casi oníricos (esas coreografías llenas de colorido...), lo que le ha granjeado no pocas críticas acerca de su discutible tratamiento de la moralidad en un asunto tan espinoso como éste; pero no es menos cierto que, antes de él, el glorioso y magnánimo Occidente había estado mirando para otro lado, mientras existía un país donde los locos llevaban décadas construyendo un infierno sobre la Tierra. Pero claro, son "los otros"...
Brutal, terrorífica y muy pero que muy inteligente.
Saludos.

viernes, 7 de marzo de 2014

Una mujer bajo la mentira



En BLUE JASMINE, Woody Allen intenta acercarse a John Cassavetes. Con todas sus fuerzas. Desgraciadamente no lo logra, pero esto de ninguna manera lastra los dos grandes sustentos de esta estupenda película; estupenda por entretenida, dinámica e incluso, por momentos, divertida dentro de su ponzoñosa trama. Lo primero que llama la atención es que por fin Allen parece haberse dado cuenta de lo poco que se parece este mundo al que él solía retratar tan bien hace treinta o cuarenta años, y un buen artista, un cineasta que no pretenda arrogarse la incesante infamia de ser "cronista de su tiempo" (y Allen sólo lo ha sido en los aspectos que él ha sabido manejar) no puede caer en los engaños que su ego le dicte, sino que su observación y posterior disección de un "estado de las cosas" en constante cambio le llevará a su propio cambio personal. En vez de creerse capaz de resolver cualquier asunto, BLUE JASMINE pone de manifiesto que el que va a quedarse atrás no será el que no posea cuentas millonarias, sino el que no sepa disfrutar de sus pequeños momentos de felicidad. Pero nos quedaríamos muy cortos si no hablásemos de Cate Blanchett; no sólo por su, creo yo, incontestable premio, sino por su capacidad para reinventarse, ofrecer cualquier variedad de registros, llevarlos al extremo y, aun así, resultar creíble. Blanchett es Jasmine, que vendió su alma al diablo de las finanzas fraudulentas y luego, cuando todo se fue al carajo, llegó al "terrible" purgatorio de ser normal. Demasiado tarde, porque este es un prototipo de persona neurasténico-histérica, incapaz de empatizar y con un egoísmo que la deja fuera de todo análisis objetivo. Jasmine es casi la Mabel cassavetiana, pero su desequilibrio alberga otra cosa, aún más terrible y despiadada; no el film, notablemente inferior a la obra maestra erigida en torno a la magistral interpretación de Gena Rowlands (de la que Blanchett extrae no pocos elementos), pero sí por la inteligente particularización que Allen hace del mundo tras el desenmascaramiento de las sanguijuelas que nos han llevado a esto que ahora conocemos como "crisis financiera". Por supuesto que hay películas infinitamente más agudas y reveladoras sobre este tema, pero no deja de tener su importancia que un director inevitablemente en su propio final de trayecto tenga este tipo de consideraciones, y que además sea ésta una de sus mejores (recientes) películas.
Saludos.

jueves, 6 de marzo de 2014

Alain Resnais: Tributo a un maestro #1



A Alain Resnais le ha sorprendido la muerte trabajando. Este mismo año presentaba su última película, rodeado de sus actores, su mujer, sus amigos y admiradores. En una frase, Resnais fue uno de los principales mentores de la nouvelle vague sin estar decididamente dentro de un movimiento, ni ninguna otra corriente. Ni por edad, ni por convicciones, ni, sobre todo, por su compromiso intelectual, podía acotarse ni restringirse; por ello su cine fue siempre tan fascinante y revelador, un cine que nacía con una sola vocación: instruir. Como nuestro maestro, aquí está su merecido tributo que abarcará su completa filmografía, exceptuando sólo los films ya comentados en este cuaderno con anterioridad.
Tras sus famosas "visitas", rodadas de manera artesanal durante todo un año, Resnais acometió su primera obra de envergadura, una semblanza en apenas veinte minutos del pintor Vincent Van Gogh con el único apoyo de las mismas pinturas del genial artista holandés, abarcando sus inicios, su progresiva locura, el ingreso en el manicomio de Saint-Rémy y cómo toda su intensa experiencia vital influyó de manera notoria en su obra, só valorada muy a posteriori.
Casi en el estrato definitorio y filológico de Straub y Huillet, Resnais modula la voz del actor Claude Dauphin en cotas de dramatismo sorprendentes para, seguidamente, narrar con tono neutro. Además, uno de los aspectos más polémicos (e interesantes) de este audaz corto (aunque no sería la última vez que Resnais lo haría) es el uso del Blanco y Negro para, precisamente, enfatizar la importancia del uso del color en la obra de Van Gogh. Un hito de poderosa factura visual y un trabajo que, enfrascados como estamos en los premios de la Academia norteamericana, nos viene al pelo, ya que obtuvo el oscar al mejor cortometraje en 1950.
Saludos.

miércoles, 5 de marzo de 2014

Depende...



Depende de qué aspecto de una historia sea el que estemos buscando, así nos caerá una película tan indigesta como CAPTAIN PHILLIPS, de la que no consigo sacar un diagnóstico claro sobre por qué se ha ido de vacío en los oscar, con lo que le gusta al público norteamericano este tipo de historias... Y ya lo he dicho, pero ¿exactamente qué tipo de historia es ésta? Una "basada en hechos reales", desde luego; lo tenemos grabado a fuego desde que Paul Greengrass, menos inspirado que en otras ocasiones, abre bochornosamente su "película"... ¿o deberíamos decir "versión"? ¿Qué aporta una intro insustancial aunque reveladora en cuanto que pone en situación, en pocos segundos, a cualquier espectador? Yo creo que marcar las distancias, porque lo que va a venir después ya lo sabemos, y la realidad (afortunadamente) no es tan segmentadora como dos horas y cuarto de tensión creciente. Lo malo es que un tufillo ultrapatriotero asoma a cada fotograma, y a este director le interesa poco plantear preguntas para que seamos nosotros quienes intentemos resolverlas, prefiere panoramas solemnes y marciales, sin resquicios para el debate. Todo muy bien filmado, eso sí, con un despliegue interminable de poderes (como el muy eficaz ejército americano) y con unos personajes de una sola pieza, comenzando con un Tom Hanks en su salsa y constantemente intentando convencernos de que lo que vemos en pantalla no es una multioscarizada estrella. Esto no es UNITED 93, aunque lo parezca, sino un telefilm de gran presupuesto y que busca obsesivamente un verismo que, insisto, no sé explicar muy bien por qué se torna tan en su contra y termina enseñando las costuras. Pero como depende de qué estemos buscando, si sólo queremos ver una película entretenida, sí, ésta lo es. Así que ustedes mismos.
Saludos.

martes, 4 de marzo de 2014

Robert Siodmak: Tiempo y esfuerzo #22



En DER SCHATZ DER AZTEKEN, de 1965 y también hipercoproducida para la CCC, encontramos quizá al Siodmak más flojo y desganado, a lo mejor con pequeñas contribuciones sólo para ojos muy entrenados (el gusto por forzar a los actores en escenas largas; los elegantísimos movimientos de cámara...), pero nada de ello consigue hacer despegar un film desquiciado y muy vendido a un extraño semikitsch de mueble bar. Yo he leído a Karl May y solía ser un autor pulcro y riguroso incluso en su mojigatería formal, pero de ahí a inventarse un supuesto reducto azteca en el interior de un volcán, para seguidamente llevarnos nada menos que ante... ¡el presidente Lincoln!, es demasiado. La excusa es el viaje del inclasificable Dr. Sternau (un impenitente Lex Barker), que cura a la gente a puñetazos, al México de Maximiliano para... para... anyway... El caso es que hay bailes regionales (yo diría que tirando a flamencoides), Ralf Wolter hace otra vez de graciosete con sombrero raro, hay un azteca rubio que habla alemán... ¿?... y unas noches americanas que no se las salta un galgo. Además (y esto sí es grave), da lastimilla escuchar cómo Erwin Halletz intenta disimular con semicorcheas que ha copiado un importante tanto por ciento de la magistral partitura de Elmer Bernstein... ¿Adivinan cuál?
Yo a Siodmak le perdono cualquier cosa, pero desde aquí aprovecho para hacer un llamamiento a distribuidores para que se pongan manos a la obra con el material preferentemente francés, en su mayoría descatalogado, y que contiene joyas que casi nadie ha visto. Ahí queda eso.
Saludos.

lunes, 3 de marzo de 2014

La dificultad de ser sutil en estos tiempos



¿Quién sería Llewyn Davis en esta época de supuesta crisis en la que ningún cantante pasa hambre? Eso parecen preguntar los hermanos Coen desde el lado oscuro de los focos, donde se instala esta pesimista y a ratos incluso desagradable película; tan fuera de cualquier jolgorio, tan poco condescendiente consigo misma, que si no fuera por el nombre de sus creadores no creo que hubiese obtenido ni sus dos irrisorias nominaciones (fotografía y sonido). Y me cuesta digerir que una película tan teledirigida como NO ES PAÍS PARA VIEJOS fuese una conmoción y INSIDE LLEWYN DAVIS vaya a quedar en el fondo de armario de los Coen ¿Por qué? Pues porque INSIDE..., por encima de sus complejos personajes, por encima de su sombrío y taciturno mensaje o por encima de su exquisita puesta en escena, nos devuelve la fe en ese gastado axioma que predica que en cada pequeño rincón de esta miserable existencia aún hay millones de historias esperando a ser encontradas. Y los Coen consiguen disparar en múltiples direcciones la desesperante epopeya de este trasunto de Nick Drake mucho antes de que la figura del cantautor insobornable y atormentado atrayese a nadie; porque mucho antes de que Llewyn Davis vea con el rabillo del ojo cómo un gangoso muchachito de Minnesota se encorva sobre una harmónica, lo único que ha recibido es indiferencia, negativas, burlas y hasta violencia. Davis es el mártir necesario para que los que sí tuvieron suerte un poco más tarde, pudieran empezar a escribir con resplandecientes letras de oro. Luego podemos hablar de la película, de si Oscar Isaac consigue un hito al componer un antihéroe repleto de ternura (y no ternurismo), o si los fabulosos momentos musicales llegan exactamente cuando tienen que llegar, que es cuando menos los esperas. Podemos hablar de qué coño nos importan aquella lejanísima bohemia del Village, pero nada de eso nos apartará de la que es, por derecho propio, una de las mejores películas de los hermanos Coen.
Por cierto, atentos a este nombre: Garrett Hedlund.
Saludos.

domingo, 2 de marzo de 2014

Rincón del freak #145: No provoca el que quiere, sino el que puede (o: la moneda la cambia el que la tiene)



La carrera por los oscar culmina esta noche/madrugada con la esperada ceremonia, de la que daremos cuenta a partir de mañana, pero hoy le toca a la trastienda del glamour hollywoodense, los razzies, que arrojan una desoladora problemática (si es que ello es posible). Y es que, más allá de que las (pocas) películas que van a competir (es un decir) por el dudoso honor de ser la peor película de la temporada sean efectivamente horrendas, para mí es significativo que ni siquiera se traten de títulos conocidos, lo que creo que es una nueva vuelta de tuerca hacia el conservadurismo imperante en la industria norteamericana. No es que lo que supuestamente es "comercial" sea ridiculizado con más o menos mala baba, sino que casi hablaríamos de un nuevo concepto de película: La candidata consciente al razzie.
Una de ellas es MOVIE 43, un absurdo artefacto fagocitado por el sistema, incapaz de escandalizarse de nada que no sea el batacazo económico, y que es poco menos que una delirante sucesión de sketches inconexos con un solo lema en común: a ver quién la dice más gorda. En la era de Internet, donde lo más zafio y degradante (y real) se halla a un estúpido clic de distancia de nuestros confortables hogares, debe ser complicado provocar algo más allá de una indiferencia minada de estentóreos ataques de incomprensión. Aunque la cosa tiene su miga, porque cuenta la leyenda que este sinsentido tiene su origen en una loca noche de borrachera en la que esos descerebrados que son los Farrelly convencieron a Hugh Jackman (cualquiera sabe cómo) para que firmara un contrato sin saber qué diablos sería. No sé si será verdad, pero tiene sentido que si grandes estrellas de Hollywood como Richard Gere, Kate Winslet, Naomi Watts, Uma Thurman, Halle Berry o Dennis Quaid (por citar algunos) se han adherido a una idiotez como ésta lo hayan hecho picando algún ingenioso anzuelo... En fin, la película tiene poca gracia porque su inventiva consiste en un humor grosero, cuando no directamente escatológico, y me niego a reproducir aquí algunos momentos francamente bochornosos. Si acaso, tenía su gracia el segmento de la imagen, donde el pobre Robin se las verá canutas para ligar con Supergirl por culpa de quién creen ustedes... En fin, que es muy mala y si gana será un premio absolutamente merecido. Hala.
Saludos.

sábado, 1 de marzo de 2014

Vida prócer: El cine de Hong Sang-soo #16



WOORI SUNHEE (OUR SUNHI), de Hong Sang-soo. Y la vemos empezar y la rueda se pone otra vez a funcionar. La segunda película rodada por el director coreano el año pasado empieza, cómo no, con un encuentro: Sunhi, díscola estudiante de cine que planea largarse a Yanquilandia para no dar ni golpe, se encuentra con un antiguo profesor suyo y le pide una carta de recomendación. Luego se va a un sitio donde venden pollo frito a ponerse ciega de birras, y desde la ventana ve a otro trasunto de director de cine (porque ha hecho una película y nadie la ha visto). Más tarde, este tipo se va a buscar a un amigo suyo que también dice que se dedica a lo de las películas, pero que en realidad no hace nada; los dos se encuentran en otra taberna y venga brindar con soju y fumar y echarse cosas en cara. Después es la propia Sunhi la que se encuentra con este último y le dará dos o tres besos etílicos bajo un paraguas transparente, aunque antes ya se había enrollado con el otro y además le había dado esperanzas al maduro profesor, con la condición de que le redactara otra carta de recomendación "más conveniente". Podríamos ubicar a estos tres personajes masculinos, bastante patéticos, con edades de unos 30, 40 y 50 años, y a la terrible Sunhi como veinteañera, por lo que (con su habitual urdimbre de senos y cosenos) Hong Sang-soo nos propone una reflexión certera sobre cómo, por muy complicados que deseemos aparentar, finalmente todos estamos regidos por nuestros impulsos, y da igual la edad o la posición. Eso y el pollo frito con soju, claro...
Esperaremos a la próxima...
Saludos.

viernes, 28 de febrero de 2014

Lynchiberia



Otro de los títulos que por lo visto no cuentan para la benedicta Academia es la inclasificable GENTE EN SITIOS, tercera incursión en el largo de Juan Cavestany (yo lo de Borjamari ni lo contemplo) tras la convencional GENTE DE MALA CALIDAD y las marcianas EL SEÑOR y DISPONGO DE BARCOS. Aunque es aquí donde Cavestany descubre con toda su potencia su querencia por el humor absurdo y las situaciones dantescas. La fórmula es sencilla aunque sus pretensiones lleguen a rozar el ridículo si es que se las confunde con lo que, creo yo, no son. Lo primero que viene a la cabeza es el "universo chanante", con sus estructuras episódicas y personajes pintorescos; una salva de casticismo absurdo y glosopedia malabar adobada de magras pringues y grandes cantidades de humor negro y atmósferas malsanas. Cavestany parece querer dirigirnos hacia unos actores que sabemos que lo son (la mayoría son todos muy conocidos), por lo que se amplifica la sensación de desasosiego y desamparo ante estos sketches a menudo incluso extrañamente conectados entre sí. Mezcla del Lynch más fardón y aquel lejano Emilio Aragón de "Ni en vivo ni en directo", es una película que te deja satisfecho por dos razones: porque tiene muy poca vergüenza y porque sabes que no ha costado ni un euro, y eso a la Academia de "Bayonas y Amenábares" le sienta fatal.
Un par de momentos: el de Coque Malla buscándole un regalo a su novia en un desguace y el de la mujer que va a abrir un restaurante mexicano y se lo cuenta a una amiga, pero que no sabe ni qué son tamales, ni fajitas, ni burritos... Aparte del único papel posible para mi habitualmente vilipendiado Santiago Segura: el de un asesino en serie que comparte coche para ahorrar...
Muy pero que muy raruna.
Saludos.

jueves, 27 de febrero de 2014

Sujetar la claqueta



Yo a los amigos los aprecio, aprendo de ellos y les escucho, así que paso del ganador del Goya y voy con otra cosa, que no es otra que algún que otro título de esos que ahora se denominan "invisibles" y antes eran de "arte y ensayo", o algo así.
Es la segunda película de Jonás Trueba y se llama, muy acertadamente, LOS ILUSOS. Y Jonás Trueba, el chiquillo de Fernando, con toda su ingenuidad y cinefilia, con toda la tremenda distancia que ahora mismo le separa de su padre, debe crecer pero una barbaridad, que una cosa es caer bien y otra trascender; y otra muy distinta a homenajear a tus referencias es copiarlas con algo que debe estar por debajo del pudor. Está bien que en este país, miserable y rancio en lo suyo, se opte por una óptica posibilista desde la barricada; el problema está, como siempre, en el valor intrínseco de la obra en sí, no ya si demuestra que esto no es menos que Francia, sino si es capaz de aportar su propio espíritu. LOS ILUSOS es lo que es su director, un tipo que ha visto demasiado Garrel, Eustache, Rivette..., pero que también ha descubierto el deslumbrante poder de la sencillez que atraviesa la filmografía de Hong Sang-soo, y ahí es donde con más descaro (e ingenuidad, no olvidemos) busca su propia identidad. Hay cines a los que no va nadie, gente que fuma, paseos con silencios, casas desordenadas que aguardan al trasnochador, citas literarias en pantalla, la lucidez del borracho vs. "no quiero dormir solo", el eterno aspirante a director de cine eternamente vendiendo una película que no existe y hasta un restaurante oriental, y hasta referencias explícitas a personajes reales (Javier Rebollo). Y si hay algo que dota a esta miniatura de encanto y la despoja de solemnidad, son dos o tres ramalazos de humor descacharrante, nada marciano y apoyado en unos personajes en los que algunos nos hemos visto bastante reflejados. Ahora bien, uno no puede ser lampiño toda la vida...
Saludos.

miércoles, 26 de febrero de 2014

Contenido



Enfilando ya la recta final de este repaso "goyesco", nos encontramos con una película perteneciente a ese cine outsider patrio, que desde hace unos años intenta pelear su puesto en un panorama desagradable y fratricida con armas desiguales, aunque con el espíritu inconformista de quien no pretende epatar, sino expandir cosmogonías que, a fuerza de mirarnos el ombligo, nunca hubiésemos pensado que existirían aquí mismo. Al igual que su protagonista, Carlos, un taimado y pulcro sastre granadino que parece encapsulado en un tiempo que nada tiene que ver con el actual, el director Manuel Martín Cuenca retoma el laconismo de aquella gran obra que era LA MITAD DE ÓSCAR y la recubre de un aire aún más sombrío y paciente. Carlos es un caníbal, mata a mujeres y se las come, pero no esperen encontrar aquí ninguna exhibición de atrocidades ni una grotesca "perforación" del monstruo; lo que CANÍBAL propone es el día a día de una persona a cuya psique no podemos acceder (¿y de qué manera podría hacerlo ni siquiera el director?), y nos damos cuenta justo cuando Carlos no nos parece ni mala persona, sino simplemente una persona que opera desde un opuesto psicológico y moral, lo que es revelado magistralmente desde su incapacidad amatoria. Puede que todo el embrollo de doppelgängers (con mucho de VERTIGO, por supuesto) le reste más que sume a un film siempre al borde del ridículo, precisamente por su exceso de seriedad y suavidad adormecedora, pero no es menos cierto que Martín Cuenca logra, de alguna manera, acercarnos a un personaje inabordable por definición. Aunque no podemos olvidar que el más titánico esfuerzo corresponde a un Antonio de la Torre inclasificable para lo que se despacha en este país como "actor"; yo jamás había visto un psicópata más "normal" en pantalla, y este descomunal actor, capaz de cualquier registro, lo consigue como si no le costara, como si siempre hubiese estado cortando patrones en ese bellísimo paseo de Granada, mirando por la ventana. Acaso acechando...
Saludos.

martes, 25 de febrero de 2014

Robert Siodmak: Tiempo y esfuerzo #21



DER SCHUT fue la adaptación que Siodmak hizo para la CCC de una exótica novela de Karl May. Ambientada nada menos que en el indescifrable paraje de los Balcanes profundos, cuenta lo mismo de siempre pero hace cincuenta años y adelantando muchísimos de los tics del cine de aventuras más comercial y reconocible. Mezcla de western y fantasía heroica, nos situaba en una tierra dominada por un tipo malvado al que apodan "el diablo" y que tiene aterrorizados a sus habitantes; y aunque no se sepa muy bien quienes son los damnificados, no faltarán las damiselas en apuros, los pueblerinos agraviados y los secuaces ineficaces (vaya título para una novela... me la apunto). La pareja protagonista (porque en el ABC del cine de aventuras lo pone bien clarito) no puede ser más pintoresca: el "impertérrito" Lex Barker, que agotaba sus últimas temporadas en suelo teutón, y el pizpireto Ralf Wolter, puede que el único alemán capaz de interpretar a un musulmán con un nombre aún más largo que su estrambótico turbante. Juntos correrán por las praderas, darán "mascás" a diestro y siniestro, y salvarán a damiselas y pueblerinos de las pérfidas garras de este terrateniente sin oficio y beneficio. Es serie "B" descarada y desnutrida, pero incluso en tan míseras condiciones logra imponerse el oficio y talento de un Siodmak que, aunque menor, me juego algo a que proporcionó a Spielberg un magro punto de partida para su Indiana Jones. Y qué quieren que les diga, si este año no he visto nada tan entretenido como esto...
Saludos.

lunes, 24 de febrero de 2014

Campo de sonrisas



Que el palmarés de este año de los premios Goya es un auténtico desastre lo confirma, entre otras cosas, el galardón a mejor película hispanoamericana; primero porque se dejó fuera a la mejor sin discusión (la argentina, e invisible, VIOLA), pero sobre todo porque prefirió a una normalísima película sobre homosexuales agobiados en lugar de la sonrisa congelada que produce GLORIA. La misma que parece esbozar su impresionante actriz protagonista, Paulina García, que se resiste no a envejecer, sino a ser una vieja. Gloria está al borde de los sesenta, está separada, vive sola, sus hijos tienen sus vidas y algunas noches va a una discoteca "para mayores", donde a lo mejor, un día, conocerá a alguien. Gloria parece distante y cercana a la vez, una mujer que proviene de las ansias de libertad y que no entiende de comportamientos conservadores ¿Qué es Gloria? ¿Es una amargada? ¿una incomprensible optimista? ¿una chica de veinte años atrapada en un cuerpo de 58? No. Gloria es "normal", y esa palabra casi que no define nada. No estamos ante una maniática que impone sus deseos a los demás, sino ante una mujer a la que le gusta divertirse, beber, fumarse un porro, follar, escuchar "aguas de Marzo", ir a Viña del Mar. Sorprenderse (aún) con una vida que se revela insostenible cuando el romance da paso a la vulgaridad, cuando uno comprende que la libertad (otra palabra que no define nada), dependiendo de la hora que sea, es imposible de reproducirse. Mejor actriz que película, exacto; pero es un portazo en las narices de este nuevo conservadurismo que nos está esparciendo los gusanos encima antes de tiempo.
Saludos.

domingo, 23 de febrero de 2014

Rincón del freak #144: Buscando a Julia desesperadamente o miedo a salir de casa



Como diría el "Tata" Martino: En el puntaje a mejor produssión dirigida, encontrámonos con bucle nietzscheano más gastado que mono de mecánico. LOS ÚLTIMOS DÍAS es el mismo fin del mundo que nos venden los americanos por entregas, pero cambiando Park Avenue por la Diagonal. Y cito textualmente: El planeta Tierra sufre una epidemia masiva de agorafobia, así que nadie sale de casa (o de donde esté). Magnífico. Sublime. El desparrame. Ahora bien: ¿Qué me quieren contar? ¿Qué?... ¿Que un tipo quiere ir a buscar a su novia? ¿que otro quiere ir a buscar a su padre?... ¡Váyanse al cuerno y dedíquense a labrar la terracota de Namibia o a esquilar yaks a Uzbekistán!... ¡Hostia ya!
¡Muy, muy, muy, muy mala!... ¡¿Ustedes se imaginan, en mitad del fin del mundo, que van por un túnel y ven a unos tipos con linternas y lo único que les piden es fuego?!...
Saludos.

sábado, 22 de febrero de 2014

El acemilero



LA MULA es una pequeña historia en una pequeña película sin más aspiraciones que contar lo que tiene que contar de la mejor manera posible. Y digamos que lo consigue. Escondida entre la frondosidad de nominaciones, la película que Michael Radford se negó a terminar aspiraba sólo al premio a mejor banda sonora, y ahora nos preguntamos qué podría haber sido de esta pequeña película con un acabado más homogéneo y un mejor montaje, pero eso nunca lo sabremos. Lo que sí sabemos es que se trata de una película que aunque hayamos visto cientos de veces tiene el as infalible de la seguridad en sí misma, de lo que está contando, y no porque la estupenda novela de Eslava Galán se base nada menos que en la pintoresca peripecia de su propio padre en un bando nacional al que llegó casi sin saberlo. LA MULA habla de él, de Juan, y de la mula blanca que encontró por casualidad mientras recogía setas para su Teniente, y también de cómo conoció a una hermosa muchacha en un baile porque llevaba un traje prestado de un Alférez que hablaba sin cesar de la República. También están los moros que venden condones usados (pero lavados con vinagre...) y los zarcillos que arrancaban a las mujeres de los rojos, y también está la medalla que le dieron a Juan sin merecerla, sólo porque se topó con un grupo de rojos que estaba harto de guerra y se rindió para salvar la vida. Todo eso está en esta pequeña película, que a ratos recuerda a LA VAQUILLA y a ratos parece ¡AY, CARMELA!. Y Mario Casas está sembrado con su acento andalú, y María Valverde hace estupendamente de niña mimada, y aunque esto de la Guerra Incivil en el cine está ya muy sobado se agradece cuando el horror y la miseria dejan paso con elegancia a ese sentido del humor tan negro y tan español... aunque sea en una película tan pequeña como ésta, claro.
Saludos.

viernes, 21 de febrero de 2014

Cierto y escondido



Uno siempre espera una película como LA HERIDA. O que otra película, de las muchas que componen el normalizado panorama patrio, pueda llegar a transformarse en lo que el primer film del montador Fernando Franco rebosa, y lo rebosa incluso hasta el aborrecimiento. No tan radical como propuestas similares (LA INFLUENCIA, LA LÍNEA RECTA...), aunque con la vocación de conciliar su minimalismo textual con la necesidad de abandonarse al rostro de su acaparad(or)a actriz protagonista, LA HERIDA prefiere no sojuzgar cuál es el verdadero problema de esta mujer egoísta y amoral hasta lo insoportable, y que casi encuentra su único consuelo en su trabajo de traslados en ambulancia, donde se siente al menos útil. Lo demás es un grito interior y ahogado por capas de rencor, frustración y una tendencia autodestructiva con algo de innegable artificio. Me gusta la película, pero me esperaba otra cosa que me cuesta decidir cómo escribir aquí; no sé si por saturación de retratos similares, por insensibilidad o simplemente es que me da que la terible Academia tiene bien atada la "película de actores"... ¡de actores! Me sorprendería que fuera así, pero me hace pensar que los dos mejores actores de esta edición (Álvarez y Fernández) han contribuido con sus galardones a aupar inconscientemente a ese otro cine que maltrata a la persona que se hace otro por completo. Es rebuscado, lo sé, pero aún más lo es este desapasionado film, cuyo latido parece extinguirse como la imagen que incesantemente buscan los ojos de Ana 26. Y deberíamos llamarla así.
Saludos.

jueves, 20 de febrero de 2014

El estilo BBC



Será problema mío, seguro, pero yo sigo sin entender el "universo Sánchez Arévalo", un universo que cobra sentido en un ámbito que yo detesto profundamente, el de las Bodas, Bautizos y Comuniones. Por eso es problema mío, claro. Ahora es otra variación con los mismos mimbres; hacer pasar confusión por complejidad y ternurismo por emoción. No es lo mismo pero, qué quieren que les diga, con la que está cayendo y teniendo en cuenta el pobre bagaje del cine español comercial (trío de palabras que suena a conjuro demoníaco), LA GRAN FAMILIA ESPAÑOLA parece de lo más entretenido. Así, sin ínfulas. Pero no se pongan estupendos, porque esto es otro autorrefrito, con elementos calcados de los anteriores trabajos del director y un as en la manga que no puede fallar: la final que la selección española le ganó a Holanda en Sudáfrica como casposo silogismo de "Aunque seamos unos tarados fratricidas, si nos abrazamos en la banda Iniesta terminará metiendo el gol". Pero seamos justos, porque un juego da gustirrinín cuando lo ganamos... aunque miremos las soluciones en la última página; y eso es lo que pasa en esta interminable excusa argumental: Una boda, cinco hermanos que son el proyecto frustrado de emular a los siete hermanos del clásico, un padre que se muere, un hermano que vuelve tras dos años, yo te quiero y tú no lo sabes, es mejor que no te diga que te quiero, tócame las tetas que me las acabo de operar, ¿dónde se supone que está la madre que no viene a la boda de su hijo pequeño?, el chiste del tonto y el feo y el guapo, la escenita del baile que sale al menos en un episodio de todas las (malas) series americanas... Y así hasta el gol de Iniesta, que aquí deviene orgasmo o liberación generacional, como cuando uno se quita un lastre pesadísimo de encima. Les resumo: una hora de galimatías y treinta minutos de reconciliación. No es nada del otro mundo, pero es entretenida y tiene algunos chistes graciosos ¿Los actores? Algunos magníficos y otros para que se replanteen su vocación, pero no daré nombres porque sé que se los imaginan.
Saludos.

miércoles, 19 de febrero de 2014

Cáncer de músculos



Me da miedo vivir en un mundo ideado por Gracia Querejeta; un mundo, una vida, donde la normalidad, ser normal (que en teoría debería ser más o menos fácil) se base en una incomprensible homogeneización en sordina. Mi explicación o análisis es que uno puede instalarse en el aburrimiento y la monotonía casi como exorcismo de cualquier "peligroso" vaivén. O: si podemos domar el talento a lo mejor podríamos llegar a una pequeño-burguesía global repleta de gente con la vida resuelta en urbanizaciones y empeñada en mirar con cara de vinagreta y comerse los sandwiches "Club" con tenedor y cuchillo. O: a las sensaciones no se llega mediante el estudio; sí al conocimiento, pero el conocimiento que no se aplica o se orea es más bálsamo que reflexión. Y no, no hay ni una sola reflexión válida en 15 AÑOS Y UN DÍA, una película tan vacía de contenido y tan henchida de forma(lismos)s, que ya avanzada, cuando el espectador se confiesa ya desorientado, le cambian el tercio hacia otra cosa. Y usted no puede empezar prometiéndonos que veremos las vicisitudes de una cuarentona sin éxito en lo suyo y continuarlo con el salvavidas de que su marido le dejó la vida resuelta antes de morir; igual que no puede parar ahí y centrarse ahora en un niñato odioso, un gandul al que podrían darle mucho por ahí, pero que tiene guasa lo bien que se porta todo el mundo con él. Y encima lo mandan a vivir con el abuelo, que es otro busto parlante que vive un feliz retiro en la playa, que hace footing y va a puticlubs, pero que le da lecciones de moralidad a todo quisque... No sé, no entiendo nada, y menos cuando, en el colmo del rebusque, a Gracia Querejeta se le ocurre que podíamos coronarlo todo con un episodio de esa cosa tan terrible que es "Los misterios de Laura".
Afortunadamente Gracia Querejeta no es Dios y rige nuestros destinos. Nunca siete nominaciones y cero premios han suscitado tan poca polémica. Y no me extraña.
Fría como una sopa fría a la que miramos de reojo veinte veces antes de tirarla.
Saludos.

martes, 18 de febrero de 2014

Robert Siodmak: Tiempo y esfuerzo #20



El Siodmak de NACHTS, WENN DER TEUFEL KAM (EL DIABLO ATACA DE NOCHE) es un Siodmak insólito, de alcance máximo y casi adelantando de manera magistral la fusión de géneros y motivos muchos años antes de que esto fuese el novamás de modernuquis e ilustrados. Ojo, porque la cosa tiene miga: Bruno, un tipo bastante mastuerzo y de fuerza incontrolable, vaga trapicheando por el Hamburgo devastado de 1944; de escasa mollera, y con una mezcla de deseo y codicia cuasiinfantiles, comete varios asesinatos de los que después incluso llega a jactarse, amparado en su supuesta deficiencia mental, aunque nadie llega a creerle realmente. Por otra parte, un oficial retirado encabeza la investigación de dichos crímenes, no ya para atrapar al culpable (hecho que casi no ofrece discusión), sino porque la vida de un inocente, falsamente acusado, depende de ello. Y ahora viene lo bueno. Parece una trama negra clásica, pero no lo es, no lo puede ser por el momento y el lugar; y por los personajes. NACHTS... nos pone en situación frente a una paradoja tan fascinante como de difícil resolución moral: Si la Gestapo y las SS han de atrapar a un asesino en serie ¿debemos aplaudir si lo cogen? ¿Quién es el malo aquí? Sobre todo porque el investigador se encuentra con un escollo insalvable cuando se da cuenta de que es imposible cualquier tipo de discurso acerca de la justicia en un estado fascista, un estado asesino en sí mismo. Así, Siodmak filma un terrorífico tratado sobre el mal, sus grados y epónimos referenciales, una película inteligentísima, afilada y que, insisto, traza un arco temporal inmenso entre su intrincado discurso y el de, por ejemplo, el post-discurso de ZODIAC, que bebe de aquí rabiosamente. No deben, por tanto, perdérsela.
Saludos.

lunes, 17 de febrero de 2014

El chico del millón de pesetas



El muchacho de barrio, con malas compañías, que encuentra en el deporte (boxeo) la única oportunidad de salir de lo que implacablemente se va convirtiendo en un círculo vicioso. Eso por una parte. Por otra parte, al susodicho le da tiempo a: 1) Enamorarse de la chica equivocada (para los demás) 2) Dotar de sentido la arruinada vida de un olvidado proyecto de estrella (habitualmente por el alcohol) y 3) Plantarle cara a tiempo a los que dicen ser sus amigos y familia, pero que van a llevarle a la perdición.
La película es ALACRÁN ENAMORADO, que apenas logra aprobar el siempre difícil reto del segundo largometraje (si obviamos sus dos incursiones en el documental de encargo y de exorcismo vital) y que, con todo lo que lleva dentro, resulta complicado extraer una conclusión certera que explique su helado recibimiento. Esta reseña se abre, sin embargo, con la intención de poner un poco de luz sobre este asunto ¿Conclusión?: Todo está demasiado visto y requetevisto. Éste es un refrito incomprensiblemente tímido de MILLION DOLLAR BABY, AMERICAN HISTORY X y, en menor medida (en realidad es una boutade mía), del CODE INCONNU de Haneke. Pero ni Álex González se separa en todo el metraje de un permanente rictus de enfado, ni me creo a Javier Bardem (aunque de ahí se podía haber sacado una historia más compleja e inquietante), ni me creo que un neonazi embelese a una mulata, ni Miguel Ángel Silvestre da miedo (aunque hable como Angela Merkel), ni unos esforzados Carlos Bardem y Hovik (mejor véanle monologando) serán jamás Clint Eastwood y Morgan Freeman. Y todo eso es demasiado lastre para una película que ni tiene ritmo, ni tiene chispazos de humor, ni te hace temblar con su discurso moral. Simplemente "incurre" durante 100 minutos; pero una cosa es "incurrir" y otra "ocurrir", como sí hacía la estupendamente desvergonzada EL TRUCO DEL MANCO.
Por cierto, optaba a 4 Goyas y no se llevó ninguno.
Saludos.

domingo, 16 de febrero de 2014

Rincón del freak #143: Como fuera de casa, en ninguna parte



Es sintomático, pero Wert no lo sabe. De hecho, Wert no sabe casi nada, pero pone cara de saberlo. Como todos los políticos, al menos los de este país que tan mal retratado queda cuando lo caricaturizan. El síntoma desconocido es que a los cineastas de fórmula agotada se les trata con suavidad allende nuestras fronteras, mientras que a los innovadores, los que deben llevar el peso de la renovación, se ven "fieramente atendidos", aunque en realidad sea esa fiereza la que les permite conquistar sus éxitos en lugar de imprimirlos en la acreditación. Es sintomático, pero aún más lo es la tibieza de grandes vacas sagradas, como Almodóvar; tibieza como incapacidad para inscribir su machacona insistencia por revisarse a sí mismo en tiempos mejores... y lejanos. Aquí nos conocemos todos, y una película como LOS AMANTES PASAJEROS no se entiende, porque quiere ser tantas cosas a la vez que termina de la única forma que puede desarrollar una crítica el manchego: sumido en la compulsión. Yo no me enteré de nada, de nada. No sé si me estaban contando MUJERES..., VOLVER, KIKA, MATADOR... ¿qué más da? Opereta ensimismada, salpicada de semen flojo de anfetas, agua de Valencia y lo peor de todo... Pero lo peor muy peor: no se puede decir que qué malos son los políticos y el rey y toda la caterva, cuando tú distingues (y llámenlo simbolismo involuntario) a tus protagonistas del resto de este mundo tan aburrido y tan poco chic porque viajan en primera clase. Y los demás, dormidos.
Muy, muy mala.
Ah, optaba a "mejor vestuario"... y yo sigo sin entender nada.
Saludos.

sábado, 15 de febrero de 2014

Dando la nota



De un tiempo a esta parte es prácticamente indispensable que en los Goya aparezca la "producción transnacional" de turno (la verdad es que no sé cómo denominarla), que es un compendio de televisiones poniendo pasta, un director joven y versado en el capricho digital como sustituto de la bravura escénica y un actor extranjero de cierto renombre que le dé glamour a la cosa. Pasó con LOS OTROS (Kidman/Amenábar), LO IMPOSIBLE (Bayona/Watts/McGregor) y, en menor medida, con ÁGORA (Weisz/el de antes...) o BURIED y RED LIGHTS (Cortés/Reynolds/de Niro). Este año la propuesta vine del muy artificioso Eugenio Mira, que a mí me aburrió sopaperamente con aquello de ATARAXIA... o AGNOSIA... no me acuerdo. Se trata de GRAND PIANO, que como en aquélla va a saco en lo de la emoción fuerte pero que descuida en demasía la construcción del muy supuestamente ingenioso guion, que no lo es, sino que refríe con desigual fortuna la fórmula del "continuará..." televisivo, confiando en que su nitidez de enfoque haga el trabajo de un tahúr. Esto es: que le miremos las cartas y no las mangas. Lo mejor es su protagonista casi acaparador, un Elijah Wood más que correcto dando vida a un pianista obligado a ejecutar un dificilísimo concierto a la perfección, bajo una amenaza invisible que se esconde en algún punto del teatro. Hasta ahí todo está bien, es cine de género, suspense de entretenimiento; lo que no logro entender son algunas minucias, tales como: las interrupciones chorricas... ¡del director de orquesta!, al más puro estilo Jim Belushi o Billy Crystal... ¿Pueden creerlo?...; el porqué de que el malo se líe a mamporros, cuando lo más lógico era largarse y santas pascuas (ah, y que sea John Cusack. Y no me estoy cargando nada); pero sobre todo, no entiendo por qué la única nominación era la de "mejor maquillaje y peluquería", cuando lo más lógico hubiese sido la de "mejor sonido"...
Como diría Mou: ¡No zé!...
Saludos.

viernes, 14 de febrero de 2014

El memorial y su reverso



El otro día murió Shirley Temple, la niña eterna. Aquella a la que Santa Claus pidió un autógrafo cuando tenía seis años y que recibió un oscar en miniatura. Se retiró joven, como la mayoría de niños prodigio, y su filmografía es menos notoria que su propio mito, para qué engañarnos. Sin embargo, a Shirley Temple le dio tiempo (y no son muchos actores los que pueden decirlo) a actuar en una de las películas más grandes de todos los tiempos, nada menos que FORT APACHE. Allí hacía de Philadelphia, la dulce hijita del amargado Owen Thursday (un temible Henry Fonda), que caía bajo los encantos del joven oficial O'Rourke, que era John Agar, a la sazón su marido y del que se divorciaría poco después. Si hablamos de reparto, el de FORT APACHE es simplemente imponente: John Wayne, Ward Bond, el mítico George O'Brien, Pedro Armendariz, Victor McLaglen... No merece la pena, porque era el elenco habitual de John Ford y porque hay cosas que no se pueden discutir. Pero aprovecho para hablar un poco de un western que prefiere un profundo desarrollo de todos sus personajes en detrimento de una acción que, en el impresionante tramo final, se desata con fiereza. Hay varios motivos principales que quedan perfectamente trazados en el milimétrico guion de Nugent: el honor y los ritos castrenses, conformando un microverso repleto de referencias y una concordia que salta por los aires cuando el general degradado Thursday llega para imponer respeto, aunque pronto se revelará como un hombre complejo, de una rectitud moral que no consigue ocultar el odio y rencor que siente por su destino, un fuerte en mitad de la nada y con valores más "relajados", aunque no menos válidos. El desenmascaramiento de un protegido del gobierno que usa su posición para engañar a la nación Apache, y que obligó al gran jefe Cochise a desplazarse a México, se convierte en la gran excusa de Thursday para justificarse, recomponer su posición y salir de Fort Apache como un héroe. Pero subestimar a Cochise, rompiendo cualquier posible negociación, le saldrá más caro de lo que esperaba.
Es FORT APACHE, y es John Ford. Una de sus mejores películas, una gran obra maestra de todos los tiempos, y sólo me gustaría añadir un par de cosas. Primero lo fresca que se mantiene su ágil narrativa, tanto como sus míticos travellings o sus espectaculares secuencias de baile; pero sobre todo, es sintomático su tiempo sosegado, en el que una frase lapidaria sustituye a una acción gratuitamente violenta, y el el que un organigrama social perfectamente funcional nos habla de la intolerancia como una cuestión casi personal. Pocas películas consiguen hoy día contar tantas cosas, tan claramente y en tan poco tiempo (dos horas que pasan en un suspiro). Imprescindible.
Saludos.

jueves, 13 de febrero de 2014

En el nombre de...



Casi nadie se acuerda de Mariano Barroso, aquel destacado nouvelle cuisinier que, a principios de los noventa, sorprendió con aquel zambombazo vehicular que fue ÉXTASIS y luego se despeñó poco a poco con la ambiciosa LOS LOBOS DE WASHINGTON. Con algunos trabajos para televisión, hace un par de años pareció volver a retomar el gusto por la gran pantalla con otra cinta que nadie vio, LO MEJOR DE EVA; y en 2013, ha construido la que para mí es su mejor obra. Ganadora del Goya al mejor guion adaptado, TODAS LAS MUJERES es ni más ni menos que eso, una comprimida y muy ajustada adaptación de la estupenda serie (que tampoco nadie vio, por cierto) del mismo título que Barroso escribió y dirigió para la cadena privada TNT en 2010. La serie es aún mejor, puesto que podía explayarse en cada personaje femenino a lo largo de sus seis episodios, uno para cada una. Pero la estructura de TODAS LAS MUJERES es, cuanto menos, curiosa. Primero porque su auténtico protagonista es un hombre, Nacho (inconmensurable Eduard Fernández, muy por encima del resto de competidores, por lo que no entiendo que no ganara este año), un veterinario que trabaja en una finca ganadera propiedad del padre de su mujer. Envuelto en un turbio asunto junto a una joven becaria, del que iremos sabiendo más detalles poco a poco, asistiremos primero a su separación, y después a una cadena absolutamente lógica que le irá poniendo frente a todas las mujeres relevantes de su vida. Por este orden: su ex-novia, a la que pedirá una "particular" asesoría legal; su madre, a la que pedirá dinero a falta de apoyo de otro tipo; su cuñada, con la que descubrirá una afinidad desconocida; y una psicóloga, que pondrá al descubierto la verdadera cara de un hombre que no es ni bueno ni malo ni ninguna de las dos cosas, porque el gran acierto de este excepcional guion es huir de cualquier tentación maniquea, algo que, para ser una película española, hay que celebrar.
En un certamen en el que curiosamente han abundado las luchas de sexos, y donde ha habido de todo (de lo bueno y de lo malo), a lo mejor había una gran tapada de la que nadie habló. Pero quizá sea el sino de Mariano Barroso ¿quién sabe?
Saludos.

... ¿Y todo esto lo ha hecho usted solo?...
No, necesité estar rodeado de siete mil millones de personas...

¡Cuidao con mis primos!