sábado, 2 de abril de 2022

Coming-of-age


 

Es difícil entrar en una película como TURNING RED, y más tras el visionado de los "grandes títulos" de Pixar, como si esta aproximación a la llegada de la madurez en la adolescencia fuese tema menor, y no lo es. Sin embargo, es una lástima que el derroche de ideas de este guion no logre revalorizarse, por culpa precisamente del empecinamiento disneyano de abordarlo todo desde el espectáculo visual, que está muy bien, pero vulgariza los puntos fuertes del discurso que pretende discurrir por terrenos menos trillados. Hasta ese momento (no mejor por esperado), el film logra su propósito de empatizar con la joven Mei, justo hasta el temido día en que llega la menstruación, abordada desde un simpático punto de vista que le quite hierro al asunto. Mei se convierte en un panda rojo gigante, o al menos esa es la metáfora desde la que trabajar la subjetividad, y cada acción suya pasa por enfrentarla al miedo comprensible a dejar atrás la niñez para siempre, lo que supuestamente la convierte en un monstruito delante de todos. Esa búsqueda de aceptación es un gran punto a favor para dotar de sentido al resto de personajes, fundamentalmente a la madre, de una sobreprotección exagerada, y el grupo de amigas, que intentan animar a la pobre Mei proponiéndole una escapada para ver el concierto de su boy-band preferida. Desgraciadamente, ese tramo final se desparrama por el ruido y el colorín afectado, y desentona con esa espléndida idea de partida, más brillante cuanto más metafórico lo entendemos.
Es un Pixar menor, sí, pero también puede ser un Disney mayor, que no es poco.
Saludos.

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... ¿Y todo esto lo ha hecho usted solo?...
No, necesité estar rodeado de siete mil millones de personas...

¡Cuidao con mis primos!