miércoles, 13 de enero de 2016
Un beso antes de morir
Se fue David Bowie. Nadie sabe por qué galaxia andará en estos momentos, a nosotros nos toca recordarlo como merece, con películas suyas. La primera, MERRY CHRISTMAS, Mr. LAWRENCE. Y qué diferente habría sido esta extraordinaria película de no haber sido dirigida por un japonés; e incluso, si no hubiese sido dirigida por un japonés tan atípico como Nagisa Oshima. Se podría haber quedado en un típico film bélico desarrollado en un campo de prisioneros; es decir, que podría haber tenido su dosis de puñetazos y disparos, o centrarse más en las condiciones de los prisioneros, las torturas, las injusticias... No he leído la novela de Laurens van der Post, pero dudo mucho de que ahonde en la ambigüedad sexual y la poética del dolor que Oshima insufla a unas imágenes que casi siempre logran transmitir mucho más de lo que aparentan. Es anecdótico que dos músicos (Bowie y Sakamoto) fueran elegidos para los papeles principales, supongo que la elección dependería de la popularidad de ambos, y si bien al japonés se le ve pelín forzado (aunque su caracterización es mítica) Bowie sencillamente borda un papel complicado, el de un militar que parece de vuelta de todo y que aprovecha la atracción que su captor siente por él (flagrante desde el primer encuentro) para humanizar el trato que reciben los prisioneros. Mucho más interesante, desde luego, es el excepcional duelo interpretativo entre dos actores formal y aparentemente en las antípodas, como el escocés Tom Conti y Takeshi Kitano, que poco a poco se erigen en los auténticos protagonistas de esta compleja historia de amor, odio, amistad y no poco sadismo en tiempos de guerra, una película que se contiene escenas absolutamente míticas, como el fantasmagórico y tenso beso (nada casto, pese a ser en las mejillas) de Bowie a Sakamoto, o el diálogo final entre Conti y Kitano, con los roles invertidos, que es uno de los finales más delicadamente hermosos que uno puede encontrar en un film, ya digo, aparentemente bélico.
Es cierto, no ha perdido nada de fuerza con los años. Nosotros volveremos con Mr. Bowie la semana que viene...
Saludos.
martes, 12 de enero de 2016
Chantal Akerman, enemiga íntima #1
Se nos han ido gente del cine, gente importante. Desde esta semana, cada día (menos los Domingos, of course) va a tener un propósito definido, alguno menos testimonial que otro. Daremos merecido homenaje a dos cineastas recientemente desaparecidos y aprovecharemos "la ola" para completar la filmografía de otros dos, pertenecientes a una generación inmediatamente posterior, ya que ambos, a su manera, podrían muy bien ser considerados "hijos" artísticos de los otros. Y no podíamos menos que repasar la interesantísima, para algunos primordial, filmografía de Chantal Akerman, una de las escasas cineastas que lograron romper el molde del "cine hecho por mujeres" y dar un paso decisivo y valiente ahuyentando los prejuicios de los sectores más conservadores, que apenas han dado importancia a las directoras con un discurso propio y arriesgado. Y parece una jugarreta del destino, o quizá la puesta en escena desde el minuto uno de una constante, pero lo cierto es que SAUTE MA VILLE (algo así como SALTOS EN MI CIUDAD), vista hoy, es como un tenebroso anticipo (quizá inocentemente inconsciente) del triste final que tuvo la propia cineasta belga. Rodada con apenas dieciocho años, sus trece minutos son un desafío a quienes quieran entroncarla con inocentes puntadas surrealistas del cine tan mal llamado "sesentayochista", porque puede ser todo lo chispeante y experimental que se quiera, pero no cae en el sinsentido gratuito, y es un debut de una madurez insólita, precisamente la causa de que Akerman abandonara bruscamente sus estudios en la Escuela de las Artes de Bruselas. Básicamente, se trata de un ejercicio godardiano (Akerman declaró que sólo quiso ser directora de cine tras ver PIERROT EL LOCO, tres años antes), en el que imagen y sonido se superponen y casi luchan por no encontrarse, mientras la actriz/directora, que acaba de llegar a su casa, empieza observando su entorno y casi no reconociéndolo como propio. Caben las interpretaciones, desde el deseo de ruptura con lo establecido, los lazos familiares o la imposibilidad de crear desde la explicitud del homenaje, y pese a que es un trabajo básico y profundamente influenciado, extraña el rigor y el sentido de la composición de alguien tan joven y prácticamente sin experiencia palpable más allá de su propia cinefilia. Aunque aún más extraño y acongojante, 48 años después, es ver lo que no parece otra cosa que la representación del suicidio de una persona que en ningún momento logra encontrar su lugar adecuado, ni en la pantalla ni en la vida...
Saludos.
lunes, 11 de enero de 2016
D. W.: El padre del cine #45
Ya en 1924, Griffith adoptaba una postura formal cada vez más cercana al expresionismo alemán, sin abandonar nunca su extraordinario rigor en la puesta en escena y con un apego a su cuadrilla habitual de actores y actrices que cohesionaba cada trabajo suyo. La"marca Griffith", incontestable desde casi dos décadas atrás, sonaba como un marchamo de seriedad y calidad, aunque lo más importante (el tiempo lo ha demostrado) fue la delineación de lo que, sólo a partir de entonces, se conoció como "superproducciones". Y eso que Griffith no gozaba ya de presupuestos como los que manejó en INTOLERANCE, pero aún era capaz de poner en pie proyectos complejos como ISN´T LIFE WONDERFUL, que interiorizaba las tremendas vicisitudes de una familia polaca refugiada en la devastada Alemania que intentaba reorganizarse tras la Primera Guerra Mundial. Tratándose de un guion original suyo sorprende que todo el elemento melodramático no esté expuesto innecesariamente, sino que forme parte intrínseca del desarrollo narrativo en un juego de interiores y exteriores de una gran emotividad; mientras el marido sufre una grave enfermedad por las duras condiciones laborales, la mujer lucha por un trozo de pan en interminables colas de racionamiento; con las decisiones extremas de los gobernantes se alimenta inconscientemente la revuelta de una población hastiada de no sentirse dignos. Griffith filma lo que a muchos les podría recordar a Eisenstein; el director soviético reconoció hasta su muerte que era exactamente así... pero al contrario.
Una de las grandes películas menos mencionadas de David Wark Griffith.
Saludos.
domingo, 10 de enero de 2016
Rincón del freak #219: Un tebeo ramplón
Sí, bueno, como prometí en su momento vamos a terminar de desmenuzar la problemática saga de CREEPSHOW, que en su segunda parte recortó considerablemente tanto cualitativa como cuantitativamente, y es que el asunto quedó en apenas tres historietas de irregular desarrollo y terminado, dejando la impresión de una producción menos cuidada que la original. "El viejo jefe Cabeza de Madera", que abría la función, es un cansino relato acerca de un pueblecito perdido donde no pasa nada. Hay una tienda que regenta un señor mayor (George Kennedy) y su mujer (Dorothy Lamour), y que tiene una imponente estatua de madera en la puerta que representa a un viejo jefe indio. No hay mucho que contar: la tienda está al borde de la quiebra, pero el jefe actual del clan indio le da al tendero unas valiosas joyas en pago por su larga amistad y el servicio que le ha hecho a su gente. Sin embargo, un indio joven y díscolo llega con la intención de robarle las joyas y marcharse a Hollywood, pero las cosas se dislocan y los dos tenderos acaban muertos, lo que despertará la ira del jefe "Cabeza de Madera"... Podía haber sido mejor, pero todo luce desganado; los diálogos, los actores, la trama. Su definición es: olvidable.
En "The raft" (La balsa), hay un ligero subidón, sobre todo por la economía de medios y un saludable gusto por los diálogos y situaciones delirantes. Se trata del típico grupete de jovencitos y jovencitas que se van a un apartado lugar a desfogar sus alteradas hormonas, en este caso un pequeño lago en niguna parte al que han ido en temporada baja para evitar incómodas aglomeraciones. En el medio del lago hay una especie de balsa flotante de madera a la que inmediatamente se van nadando... pero en el lago hay algo, una extraña mancha circular que se mueve a conciencia y que parece acechar al cada vez más asustado grupo, que se ve incapaz de abandonar la balsa. En fin, el típico y efectivo cuentecillo de terror que no se anda mucho por las ramas y extrae el clima de la misma extrañeza que supone la incapacidad de entender la naturaleza de lo que se está viendo. Tiene algunos momentos de risa floja, pero eso ya es culpa de la incompetencia del director.
El tercer y último segmento parece, cuando empieza, que va a ser el mejor. Un espejismo. "The hitchhiker" (El autoestopista) arranca con un sugerente planteamiento, que nos lleva a la placentera vida doble de una señora adinerada, que obtiene el placer de un gigoló al que debe despedir en mitad de la madrugada para poder encontrarse con su marido sin levantar sospechas. A lo mejor, quién sabe, de estas pequeñeces nacen cosas mayores; lo digo porque, salvando las distancias, lo que viene después se parece mucho a LA MUJER SIN CABEZA, de Lucrecia Martel... Bueno, a lo mejor estoy desvariando... Sí, la mujer atropella a un autoestopista y se marcha sin socorrerlo, pero lejos de indagar en cuestiones filosóficas y morales lo que sigue es un maltrecho muerto viviente que persigue a la asustada señora incomprensiblemente, ya que no importa lo lejos que vaya, el tipo siempre estará ahí con una frase para el recuerdo, algo así como: "Gracias pr llevarme, señora"... En fin, que Stephen King salía aquí haciendo de camionero, pero tampoco ayuda mucho a que esta segunda entrega tuviese una continuación... ¡Y el caso es que la tuvo!... Ya les contaremos otro Domingo...
Saludos.
sábado, 9 de enero de 2016
Cómo recargar el vacío
Guillermo del Toro es un cineasta apegado a un dilema constante. Por una parte se ve en la obligación de no defraudar a quienes le otorgaron su aura de autor iconoclasta en su momento, que ya hace un tiempo de ello; por otra, su cine, al crecer en expectativa y ambición, necesita tomar prestados muchos de los lugares comunes del cine comercial, por lo que, pese a que es capaz de mantener intacta sus constantes más reconocibles, sus películas cada vez son menos arriesgadas, y lo que es peor, se parecen demasiado unas a otras. Esto afecta considerablemente a CRIMSON PEAK, un pretendido giro de tuerca a los clásicos cuentos de fantasmas, casas encantadas, secretos ocultos y ambientación barroca. Todo esto está, de acuerdo, y no está pobremente realizado, porque del Toro es un director ya con oficio y recursos suficientes para entregar un montante cohesionado. Lo que no me ha gustado es lo que no me gusta del cine del director mexicano: ¿Qué diablos quiere contar, aparte de la exposición de sus criaturas (cada vez, por cierto, más infográficas y, por tanto, menos naturales e impactantes) y los homenajes explícitos a sus grandes referentes? Y aquí he logrado aunar a REBECA, el DRACULA de Coppola, THE INNOCENTS y, por supuesto, Poe, el gran asidero formal de del Toro. No es necesariamente censurable, un autor arriesgado tiene que hacer suyo el legado de los grandes, ensayar nuevos vericuetos, mixturarlos a la búsqueda de formas novedosas. Y más allá de las actuaciones ajustadas (Hiddleston y Chastain están estupendos, nada sobreactuados) o las múltiples objeciones argumentales para que no se desparrame el contenido, lo que sigo echando en falta es el motivo principal, el verdadero motor que me tranquilice al preguntarme por qué esta película debía hacerse y por qué no caerá en el olvido inmediato de "lo serial". Yo no lo veo, sólo me he encontrado sustitos de tercera, decorados digitales y frases recargadas para disfrazar la imposibilidad de una genuina creación de diálogos vivos y palpitantes. Me temo que del Toro está echando barriga, y lo que es peor: le gusta.
Saludos.
viernes, 8 de enero de 2016
Asilo político-cinéfilo
John Erick Dowdle es un director que empezó inmejorablemente, coqueteó con el telefilm revisado por Shyamalan y actualmente corre el riesgo de quedar como un simple técnico (brillante, eso sí) a la búsqueda de una historia que haga justicia a sus elaborados planos. Esto está meridianamente claro a lo largo de la totalidad del metraje de NO ESCAPE, su último y desbordado (más que desbordante) trabajo tras la incomprensible AS ABOVE, SO BELOW. Casi todo es trillado y previsible en este batiburrillo, que a veces parece una oda a la familia luchadora y unida, pero otras no me hubiese sobrado un Chuck Norris dando patadas. Todo, desde la sobadísima introducción de personajes en el avión hasta el bizarro desenlace (no lo desvelo, pero tiene que ver con un país que se hizo tristemente famoso en los sesenta), pasando por esas ya inaguantables escenas en las que todo está perdido... hasta que llega el salvador de no se sabe dónde. Y aquí ocurre en varias ocasiones... Sí, y además Owen Wilson no pega como ingeniero, ni tampoco como justiciero improvisado. Lake Bell está un poco más entonada, pero su personaje no tiene peso más allá de los clichés de última hornada. Aunque peor parado sale Pierce Brosnan, claro... Y sin embargo, no se pierdan la escena en la que se prepara la revuelta de los insurgentes contra la policía, porque pone los pelos de punta. Es así. A Ridley Scott le ha pasado durante toda su vida, y ahí está...
¿Que si es entretenida? Un montón, y eso es lo malo, porque el trasfondo sociopolítico hubiese dado para mucho más.
Saludos.
jueves, 7 de enero de 2016
Creo yo
No tengo tiempo. Ni para los Reyes Magos, ni para las series de televisión, ni para las relaciones coadyuvantes, ni para los lametones de falsedad, ni para el espectro que nos domina en tiempos de entrenamiento verbal. Ni para nada, me parece. Ya el tiempo me falta, como el oxígeno a un astronauta o las razones a un político. Falta a las personas de bien el sosiego de estar frente a un trozo arrancado de parlamento, aproximadamente crudo, digamos que asimilando la intentona de los grandes narradores de faltar a la verdad cuando sea necesario, que más o menos es siempre. Es por ello que THE KNICK me concilia junto al fuego que nunca vi de parte de Mr. Soderbergh, porque nunca le tomé mucho más en serio de lo que me parecía que su ojo húmedo le otorgaba en fricciones allende. He visto la primera temporada y no necesito creerme nada, festonear nada, así por la gran celebración que supone tener a un tipo que al fin se ha dado cuenta de que la realidad, semióticamente, no traspasa a las personas de bien, sino que las inflama de estandartes y gemas del pasado. Y esta, señores y señoras, no es una serie del pasado, es un presente abrupto y doloroso, que se abre paso con la voz de un parto sin anestesia, y que, desapasionadamente (que es como debería ser todo para que doliese menos) enseña lo que normalmente (mala, muy mala palabra) no se enseña.
El coito de nuestros abuelos. La asunción de la mugre. El deseo de que la humanidad no se acabe nunca.
Si fuese por hombres como Thackery, yo daría mi sangre y mis vísceras... ¿Y ustedes?
Y no, no pueden perdérsela...
Saludos.
miércoles, 6 de enero de 2016
Nieva sobre los hombres
¿A que se acuerdan de lo que les advertí ayer acerca de las nuevas y celebradas colaboraciones entre directores veteranos y nuevos guionistas?... Vale, los Coen no son lo que se dice nuevos, que ya llevan tres décadas en el negocio, pero su prosa sigue reinventando el lenguaje cinematográfico, colocándoles de paso en un lugar privilegiado de Hollywood, aunque de difícil ubicación semántica. A lo mejor, sin proponérselo (bueno, yo creo que sí), han devuelto la sonrisa a Steven Spielberg, que en BRIDGE OF SPIES ha recuperado gran parte de su olfato para el arte del cuento. El cuento, sí. Porque aunque esto vaya de espías en la Guerra Fría y del Telón de Acero, de la construcción del Muro de Berlín y de los microfilms y las pastillas de cianuro y los mensajes encriptados, en realidad ésta es una maravillosa y necesaria película sobre la nieve cayendo sobre los abrigos. Y los hombres ateridos, despojados. Es una película "de sombreros", de las buenas. Y es una película en la que parece haber una cálida pesadumbre que rasga sonrisas forzadas y asiste a los apretones de manos con un copazo para calmar ese frío que no disminuye ni en los interiores. Spielberg, señores, lo ha vuelto a hacer: ha filmado emociones, sensaciones que traspasan la pantalla, como en sus mejores títulos, la mayoría ya tan lejanos... Y a lo mejor los Coen le han dado un empujoncito, quién sabe, pero si me dicen que la primera media hora la ha filmado Fritz Lang o que el final lo ha hecho Alfred Hitchcock, uno puede hasta creérselo.
Buenísima. E inadjetivable.
Saludos.
martes, 5 de enero de 2016
No sólo de patatas vive el hombre...
No, no parece una película de Ridley Scott. Y eso que THE MARTIAN, aparentemente, reúne todos los elementos que un día hicieron del director británico un maestro de la ciencia ficción. Pero claro, el guion está firmado por Drew Goddard, y parece que en los últimos tiempos al fin los grandes dinosaurios han consentido en entremezclar fuerzas con los jóvenes que, literalmente, les han ido comiendo el terreno en todos los aspectos, pero sobre todo en la inventiva que han aportado a su visión del lenguaje cinematográfico, al comercial al menos. Porque THE MARTIAN es una película que se puede resumir en pocas líneas; es muy muy entretenida, un poco larga (pero esto ya nos tendría que dar igual), con unas interpretaciones estupendas, un desenfado poco común en productos similares (las pesadísimas GRAVITY e INTERESTELLAR, por ejemplo) y una gran habilidad para conjugar acertadamente la didáctica científica y el entertainment comedido de un director que nunca ha hecho una comedia, aunque curiosamente ésta podría ser la primera. No debería desvelar mucho de su argumento, aunque el tema central está ahí desde el mismo arranque: una misión en Marte sufre un grave contratiempo al sobrevenirle una gigantesca tormenta, los tripulantes de la nave inician una huida de emergencia que se complica, dejando atrás a uno de ellos. Le creen muerto, pero este botánico (cada tripulante posee una especialidad específica), tras despertar solo y herido en el desolado paraje marciano, demostrará ser mucho más duro de lo que parece.
Hay algunos momentos intrascendentes, mucha palabrería del Tío Sam y todo eso, y al final queda claro que aquí no se pretendía ninguna mutación existencialista ni vanaglorias del (súper)héroe enfrentado al mito de Sísifo, sino un film ágil y dicharachero, con Matt Damon haciendo de astronauta gamberro y el resto del elenco puntuando el montante con unas actuaciones astutamente dosificadas. Y, bueno, claro que no es ninguna cosa que vaya a trascender, pero pueden comerse las palomitas tan panchos mientras ven a Damon plantar patatas en su huertecillo de Marte al ritmo de algunos clásicos disco-setenteros... ¿Alguien da más a estas alturas?...
Saludos.
lunes, 4 de enero de 2016
D. W.: El padre del cine #44
ORPHANS OF THE STORM unía a las hermanas Gish, Lillian y Dorothy, para representar el papel de dos huérfanas que ni eran huérfanas ni eran hermanas... Y que además es lo de menos en este fastuoso retrato de la gestación de la Revolución Francesa, que Griffith realizó a partir de la novela de d'Ennery y Cormon, o al menos no es tanto motivo central como instrumento ético y estético. Una, Louise, además de ciega es fruto de la indeseada unión de un hombre del pueblo con una marquesa, por lo que es abandonada y recogida por un hombre de buen corazón, que la cría junto a su hija natural, Henriette. Ambas crecen felices hasta la muerte del padre, por lo que quedan desamparadas y separadas; una a merced de los deseos de un aristócrata bastante hijo de puta (el adjetivo no puede ser otro), mientras que la otra es explotada como mendiga, aprovechándose otra ídem de su ceguera. Pero dos horas y media dan para muchas cosas, y Griffith aprovecha para circular con energía e intención alrededor de la decadente clase aristocrática francesa, y de paso presentar al ínclito Robespierre y al reverenciado Danton, que es incesantemente presentado como "el Lincoln francés". Aún con sus grandes altibajos, su inacabable trasiego de personajes y amalgamiento de sucesos históricos, se trata de un film en mi opinión notable, de una fuerza expresiva increíble, que denota a un narrador seguro de su profesión, al tiempo que confirma a Griffith como un incesante inventor de imágenes. No hay más que echar un vistazo a su colosal parte final, ocupada ya por entero por las imágenes de la Revolución, y en la que todos los afluentes apuntados confluyen en un grandioso espectáculo visual, algo que no debía resultar novedoso en un director acostumbrado a las grandes empresas, aunque es cierto que este film es a menudo considerado como la definitiva claudicación de Griffith hacia un cine más recatado, por decirlo de alguna manera.
Yo, por hacerme el interesante nada más, se la hubiese puesto varias veces a Sofia Coppola... Pero no me lo tengan en cuenta...
Saludos.
domingo, 3 de enero de 2016
Rincón del freak #218: Ovejita... ovejita...
Comienzo del nuevo curso indéfilo tras unas magníficas y creo que merecidas vacaciones. Y como dejamos el tinglado en un Sábado cualquiera, lo suyo era continuarlo en un Domingo como éste, que es un día ya recoleto de fastos y excesos navideños. De excesos va CAPITALISM: A LOVE STORY, una película de Michael Moore... Y creo que muy poco más es necesario añadir a estas líneas, porque el film lo vi hace poco y de mucha casualidad, porque la tenía por ahí grabada y me acordé de que ya le había dado calabazas en varias ocasiones.
Yo sé quién es Michael Moore, y a estas alturas lo sabe hasta mi abuela. Michael Moore no es un director de cine, sino un agitador tan expeditivo como entusiasta; utiliza el sentido del humor para disfrazar su falta de inventiva y, qué demonios, al fin y al cabo Yanquilandia es la patria de dos cosas: el entretenimiento y el dinero. CAPITALISM... habla de lo segundo usando las pautas de lo primero, nos cuenta que el gobierno estadounidense anduvo secuestrado por Wall Street y que todos los movimientos en el Congreso pasaban por la ideología ultracapitalista de Goldman Sachs. Todo eso es magnífico, aplaudible y piropeante, pero Moore cree que su propuesta ética es tan potente, tan indiscutible y justa, que cualquier parecido al rigor o a la inventiva no aparece por ningún lado. Hay a quien no le importa, se llama panfleto y da igual que esté cercano a tu propia ideología, el panfleto no inquiere, no duda, no retuerce, simplemente está del lado de la verdad, y quizá así sea en este caso, pero para que yo valore justamente la "obra" más allá de la bandera y la pancarta necesito algo más que a este orondo señor rodeando un centro de inversiones con cintas policiales y "arrestando" a los atónitos ocupantes del mismo. Efectivamente, también necesitaría una percutiva más profunda que nos aclarase "por qué". El "cómo" ya lo sabemos.
... Ah, y que Obama no ha solucionado nada...
Saludos.
sábado, 26 de diciembre de 2015
El genio en calzoncillos
Podría parecer una broma. Una provocación, o una llamada al gamberrismo más inocuo. Ver a Picasso, con el torso desnudo y apenas unos calzones y unas sandalias, con el gesto relajado y epartiendo con el propio Clouzot y Claude Renoir, su director de fotografía. Pretenden filmar al pintor en pleno proceso creativo, improvisando. Vemos los trazos, la pantalla se convierte en lienzo. Líneas, colores, formas. Parece fácil. De hecho, mi hija estaba extasiada, porque pensaba que aquello lo iba haciendo un niño de su edad; y sabemos que el propio Picasso declaraba que todo su arte no era más que una búsqueda enfermiza de la infantilización. Es el arte en primera persona, el proceso creativo mostrado en crudo. También es la maravillosa facilidad del artista para despojarse de toda gravedad y ejercitar la inmersión de sus sentidos más primarios. Única e insólita sesenta años después, LE MYSTÈRE PICASSO es, probablemente, el tratado más valioso que el cine ha ofrecido a la humanidad, a los curiosos que se preguntaban cómo se hacía... A los niños...
Y uno se queda sin palabras...
Saludos.
viernes, 25 de diciembre de 2015
Hermosura y sordidez
Dicen los entendidos que Max Öphuls llevaría a la pantalla MONTPARNASSE 19, un nada complaciente, oscurísimo de hecho, retrato de Amedeo Modigliani en sus últimos meses de vida. Mi teoría es que habríamos visto un film completamente diferente, no sé si mejor o peor, pero en este caso, teniendo en cuenta el personaje, me parece que la insobornable y honesta mirada de Jacques Becker le vino como anillo al dedo para acabar produciendo una de las películas que más acertadamente ha captado el mundo interior de un artista. Y qué poco tiene que ver precisamente con la que comentábamos ayer; comenzando por su protagonista, un Gérard Philipe que parece aunar todas las desgracias y las tristezas del mundo en su angustiado rostro, más cercano al de una madonna que a un bohemio. Este Modigliani no ha venido para ponerse claveles entre los dientes, es un vagabundo que sólo puede ofrecerle la lluvia a su amada y que prefiere mendigar a cinco francos el boceto antes que prostituirse ante un millonario americano que compra cuadros como ganado. Así, no sólo tocamos la superficie descarnada del corazón del pintor, también somos testigos, sutil, imperceptiblemente, de cómo el mercadeo indiscriminado convirtió a los artistas en esclavos de lo funcionarial; Modigliani eligió morirse miserable e ignoto, y con su cadáver aún caliente los buitres asaltaron su obra para revenderla millonariamente. Becker, maestro de la concisión y economía narrativa, no da pistas sobre qué deriva adoptará en el tramo final; sorprendentemente, no opta por la truculencia física ni exacerba el sacrificio de Jeanne Hébuterne, e incluso relega a la enigmática Anouk Aimée a un rol meramente testimonial. En lugar de ello, la conclusión de MONTPARNASSE 19 es desoladora: el buitre, que ha esperado pacientemente la caída del artista, incluso lo lleva tranquilamente al hospital, sabe que no hay nada que hacer, mira su reloj y se dirige al domicilio del ya eterno mártir... Pero qué importa la eternidad al lado de un jugoso copyright... ¿no?...
Esto, creo, le hubiese sido mucho más difícil de energizar a Öphuls.
Saludos.
jueves, 24 de diciembre de 2015
Malas costumbres
Si una película pretende hablar sobre un artista exponencialmente, lo menos que puede hacer su director es aportar un mínimo de confluencias entre la mirada propia y la de ese artista, que será más importante en tanto que ambos se busquen y encuentren a lo largo de dicho periplo. Esto es más o menos lo que ocurre en el desvaído y alocado biopic que el escocés Mick Davis dedicó a Modigliani, aunque más bien parecería dedicado a Andy Garcia, un actor tan enamorado de sí mismo que a veces olvida que interpreta a gente más interesante que él. MODIGLIANI insinúa que ya lo sabemos todo sobre el bohemio enfrentado contra las convenciones, así que desiste de mostrarnos nada más y su larguísimo metraje se reconoce a través de dos pilares rotundos: la irracional e instintiva animadversión entre el pintor italiano y un Picasso "engordado" para la ocasión y la tormentosa historia de amor con la longilínea Jeanne Hébuterne. Lamentablemente, ninguna de las dos funciona como es debido, y Davis parece incapaz de separarse de Garcia, extrañamente saludable y pizpireto. No sé si es más error de casting o simple incapacidad del director, pero MODIGLIANI no ha pasado a la historia como retrato definitivo o definitorio, sino como un lánguido tratado de malas costumbres según el tamiz impuesto (y es el nombre que acude inmediatamente) por un tal Baz Luhrmann...
A olvidar.
Saludos.
miércoles, 23 de diciembre de 2015
España, animal abierto en canal
A quien le quepa de alguna forma aún la duda, pocas imágenes tan icónicas, rotundas y esclarecedoras para establecer la auténtica identidad de un país sin identidad, o con muchas identidades, o una identidad más que un país. La imagen es la que abre GOYA EN BURDEOS, en mi opinión una de las mejores películas de Carlos Saura (del más reciente, al menos) y la impagable posibilidad de ver al maestro aragonés desde la perspectiva de otro, verbigracia de un Paco Rabal en estado de trance, sin interpretar, más bien traspasado de un espíritu e inmortalizado desde entonces como el único Goya posible. Y me da igual que la película haga aguas cuando se pone discursiva (el gran mal de siempre de Saura), o cuando se centra en los recuerdos del pintor, casi obligadamente para nalguear junto a la opípara Maribel Verdú. Eso sobra, pero luego está Rabal/Goya, un titán, con su rostro y su cuerpo destrozados, consumiéndose en una bañera, o bañado en la cera que le gotea desde el alto sombrero-linterna, o cagándose en los muertos de los gabachos mientras deambula en camisón por las calles de Burdeos, o, claro, bailando una jota de otro mundo, enmudecedora porque ya la muerte lo espera sin pasión o consuelo para el hombre, puede que el primero, que vio lo que siempre había sido España, y lo que luego se ha demostrado que es: un trozo de carne que cuelga de un gancho, que ha pasado ya por el cuchillo de carnicero y espera a los subastadores...
Inmensa. Inmenso.
Saludos.
martes, 22 de diciembre de 2015
... y Lucientes
El problema de GOYA'S GHOSTS es que desde su mismo cartel promocional, luego corroborado con el visionado de la propia película, sabamos, intuimos, nos damos cuenta instintivamente de que esto no tiene absolutamente nada que ver con Goya. Ni con España, ni con Carlos IV, ni con Napoleón... Y si me apuran, esto no tiene nada que ver con Europa; y lo digo así de fuerte, igual que al señor Saul Zaentz se la trae al pairo si la Historia fue de una manera u otra. Y, ojo, que soy el primero que abomina del rigor histórico si deviene "rigor mortis" artístico, que para documentales ya existen hasta cadenas temáticas, pero lo que no se puede vender es una mirada a uno de los artistas más poderosos y fascinantes de todos los tiempos, el que cambió para siempre el concepto de "modernidad" en la pintura, cuando lo único que quieres es vender (y escupo la palabra) a los actores del momento (hablamos de 2006): Javier Bardem y Natalie Portman. Que no digo que no se lo curren, ya que son los verdaderos protagonistas de este demencial y caótico portafolios, pero entonces no sé qué diablos pinta un Goya arrinconado hasta la indiferencia, y que además, con la cantidad de actores de carácter que hay tuviesen que echar mano de un sueco, por muy buen actor que sea Stellan Skarsgard... Y eso que ni siquiera quiero mojarme con la vergüenza ajena que tuve que soportar escuchando al gran José Luis Gómez zarrapastreando un inglés de Íter-Sopena, aunque lo divertido es comprobar que a Unax Ugalde en inglés... ¡tampoco se le entiende nada!... En fin, que esto no es sobre Goya, y sólo muy anecdóticamente habla sobre el oficio de pintar, porque todos terminan pintando muy poco...
Saludos.
lunes, 21 de diciembre de 2015
D. W.: El padre del cine #43
En DREAM STREET, de 1921, Griffith exploró (y explotó) las posibilidades de Carol Dempster como no lo había intentado antes. Presentada escuetamente como "un drama cómico", este guion del propio Griffith basado en la novela de Thomas Burke, es un delicioso crisol de géneros, que con la excusa del irresistible sex appeal de su protagonista encontraba las soluciones de perspectiva analizando a sus tres pretendientes. El rufián sin oficio ni beneficio, el joven impetuoso y aventurero o el hombre de pro, que es el único que podría darle una buena vida. Griffith pone las claves para la comedia de enredo clásica hollywoodense y le añade una rebuscada trama policial que incluye a mafiosos orientales y a un misterioso y sombrío tipo con máscara. La fotografía de Hendrik Sartov tiene muchos matices expresionistas, recreando un Londres oscuro y poco amigable, en cuyas calles Griffith filma a Dempster como adelantando a Ingrid Bergman... aunque también parece Katherine Hepburn... o Greta Garbo... Porque hablamos, seguimos hablando de la verdadera construcción de unas identidades que pensábamos que siempre habían estado ahí, pero que sólo se nos han revelado a partir de cierto punto.
Saludos.
domingo, 20 de diciembre de 2015
Rincón del freak #217: Enfermizas fijaciones y trajes de marineritas
La primera vez tiene su gracia. La segunda ya hastía un poco. Pero si vuelves a ver una película en la que hay un montón de jovencitas niponas, ataviadas con ese horroroso uniforme escolar, y a las que el sádico director de turno, saciando los intereses de su sádico público masculino, procede a decapitar a lo bestia, adornando el encuadre con profusos chorros carmesí... Hombre, pues entonces empieza uno a pensar ya que en Japón, según a qué pirado nos refiramos, a lo mejor lo de las cuatro o cinco películas por año no es por una actividad frenética y estajanovista de unos "creadores" que no pueden parar de producir ideas, sino que hay tres o cuatro cosillas que se van pasando unos a otros... ¿Lo han pensado también?... Sí, eso es: como en el porno. Porque el exceso sin medida deriva peligrosamente hacia la pornografía involuntaria, y si no hace mucho fui sorprendentemente condescendiente con otro trabajo reciente del prolífico Sion Sono, lo que ofrece en RIARU ONIGOKKO (estrenada en Europa con un germánico TAG) es un adiposo montante de soez indiferencia hacia la coherencia. No hay monstruos ni zombis ni nada, no hace falta más que el viento levantando hojas, que es más barato, así el dinero se emplea en lo que de verdad importa: un montón de maniquíes decapitados, sangre acrílica a borbotones y la protagonista enseñando las braguitas mientras corre despavorida de sueño en sueño.
He leído alguna reseña en la que rendidos fans de este inmundo género apuntaba, tras el desopilante visionado en Sitges, que se trata de un sesudo tratado... (atención, planeta Tierra)... ¡Feminista!... Yo es que tengo que estar muy viejo, de verdad...
Saludos.
sábado, 19 de diciembre de 2015
Cuadros y afiches
Por un lado está el film de Tim Burton; por el otro la obra de Margaret Keane, obsesiva y serial. Por un lado está el fraude mogollónico ideado por Walter Keane, seductor, embaucador, un surfista de los negocios; por el otro la reclusión de Margaret, prácticamente convertida en esclava de una mentira, sin la que, a lo mejor, sus obras nunca hubiesen salido de su cuarto. Sus obras. Obsesivas y seriales. Hay un punto especialmente revelador más o menos a la mitad de BIG EYES, cuando Walter cierra un contrato con Unicef, un inmenso mural, bastante tétrico, repleto de niños de ojos inmensos, como una horda de muertos vivientes descendiendo por una gigantesca escalera; el redactor del Times lo desestima y, de alguna manera, lo pone en su sitio, y a nosotros de paso. Por un lado el (extraño) tono pastel que las películas de Tim Burton han ido adquiriendo poco a poco, y por el otro la inquietante fascinación por una obra, la de Margaret Keane, que no parece tampoco nada del otro mundo ¿De qué se nos habla entonces exactamente en BIG EYES? ¿De la obra? ¿Del fraude? ¿De la megalomanía del incapaz frente a la humildad del creador genuino? Burton no se pone de acuerdo consigo mismo, su apuesta es que nos enamoremos de los cuadros de Margaret Keane, pero olvida que quizá esto no tenga que pasar a toda costa. El resto es un biopic dulzón, tímido, con un estimable trabajo de contención por parte de Amy Adams y un disloque histriónico de Christoph Waltz, al que cada vez parece más difícil encontrarle un papel a su (ancha) medida. Es una película de Burton, tiene su público, pero no olvidemos que esta extraña pareja se enriqueció gracias a la venta de afiches. Ahí alguien menos complaciente hubiese tenido su propio filón.
Saludos.
viernes, 18 de diciembre de 2015
Una vida en compartimentos
CARAVAGGIO, "el Caravaggio" de Derek Jarman, es una película que ha quedado irremisiblemente antigua. A fuerza de querer ser moderna, rompedora, carismática, de imponer un lenguaje irreverente y anacrónico, cae en su propia trampa, y la debilidad de su discurso queda plasmado en una constante indefinición biográfica, que nos hubiese dado igual haber asistido a las ensoñaciones (bastante queer, por cierto) de un pintor barroco o a los desvaríos de un rockero galardonado con un subidón de anfetas. De todas formas, así era el cine de Jarman, y el que no lo sepa es mejor que se informe antes; era, fue, un cineasta demasiado consciente de sí mismo, de su circunstancia y militancia, como para ensayar cualquier otra cosa que no se ajustara a sus principios éticos y estéticos. Este CARAVAGGIO es, cómo decirlo... enternecedoramente subversivo, como ese amigo que lanza solitarias invectivas desde su habitual rincón de discordia, sin que nadie le preste mucha atención, por supuesto. Jarman ha sido mucho más llevadero cuando disparaba su surreal sentido del humor (el mejor ejemplo, en WITTGENSTEIN) y mezclaba los géneros con habilidad para conjugar su cóctel de irreverencia. Aquí se ve lastrado por una gravedad pictórica que, por ejemplo, el propio Caravaggio rehuyó en sus obras, capaces de plasmar lo terrible y lo jocoso con sencilla naturalidad. Tiene, es cierto, un puñado de interpretaciones interesantes, aunque en exceso estáticas; y junto a aquel olvidado Nigel Terry (sí, el Rey Arturo...), que falleció súbitamente en Abril de este mismo año, Jarman nos descubrió a dos actores muy diferentes entre sí, como el icónico Sean Bean y la portentosa y magnética Tilda Swinton, que iniciaba aquí una larga y fructífera colaboración con el cineasta. No aprenderán mucho sobre Caravaggio, ni sobre su arte, pero hay torsos masculinos lampiños por doquier, y manzanas, y curas con anillos, y camionetas...
Saludos.
jueves, 17 de diciembre de 2015
Los abismos del alma
A veces, demasiadas, nos resulta complicado hacernos entender acerca de la defensa de la valía de ésta o aquélla obra cinematográfica, primero por intentar hacerlo racionalmente, sin caer en filias innecesarias y más propias de un (por otra parte muy respetable) forofismo futbolero. Me he dado cuenta, por ejemplo, al repasar conjuntamente varias películas que comparten entre sí la figura de un pintor, porque se puede abordar desde múltiples puntos de vista, desde la hagiografía hasta la chanza, pasando por la disección desapasionada o incluso la omisión de dicha figura, sustituida por una puesta en escena que de alguna manera se apropia o incluso vampiriza la obra de dicho artista. Lo que no abunda, fíjense, es la mirada subjetiva, rompedora, bastarda; lo que a un cineasta le cuesta más es dejar de reverenciar y mirar con sus propios ojos, ofrecer al público su propia mirada, precisamente porque eso es lo que el pintor hizo en su momento, y sobre todo para que una obra cinematográfica no termine siendo un mero documental divulgativo. En este sentido, una de las películas más fascinantes que he visto últimamente es el extenso y exhaustivo intrafresco de casi cuatro horas, que el nunca suficientemente reivindicado Peter Watkins realizó, hace ahora cuarenta años, sobre Edvard Munch. Pensada inicialmente como un encargo para la televisión noruega, la película se desborda prácticamente desde su inicio y se erige como un ente propio, de una visualidad impactante y una inventiva muy cercana a cineastas mayores como Rivette o Godard. Watkins consigue algo inaudito, que es aunar el documento minuciosamente divulgativo con una vibrante fisicidad de texturas, replegando el sueño febril de un artista rodeado de sus fantasmas y demonios, pero nunca para el regodeo del cineasta, sino precisamente para intentar esclarecer qué movía a Munch, qué fractura en su vida, de las muchas que tuvo, fue la que lo sumió en una oscura vorágine, que mientras lo pulverizaba como ser humano, paradójicamente abrió su percepción para la realización de sus obras más personales, que son también sus mejores obras. Mientras nos adentramos en la salvaje bohemia escandinava de finales del XIX, se nos retrotrae a la cruel y crucial infancia del futuro pintor; vemos su extrema sensibilidad socavada, su incapacidad para el afecto. Los personajes, traspasados por una especie de vibración invisible, miran constantemente a cámara, como fantasmas que nos ruegan un poco de atención... ¡Esta es mi vida! parece gritar el silencioso Munch. Y ahora la comprendemos mucho mejor. Y también entendemos por qué unas obras son intemporales, indefectiblemente modernas, y otras nunca sabrán qué obra el milagro...
Imprescindible. Obra maestra, si lo prefieren.
Saludos.
miércoles, 16 de diciembre de 2015
El hombre recluido
Shirley es una mujer a cuyos pensamientos prestamos atención durante cuatro décadas, desde los años treinta hasta los sesenta. No hay nada que la diferencie de cualquiera de nosotros, pero sus pensamientos luchan constantemente por rebelarse contra la rigidez de su sociedad, del rol que como mujer le ha tocado vivir, y que para ella son los verdaderos problemas de la humanidad, y no los grandes conflictos internacionales, que si han servido para algo es precisamente para que no atendamos a la esencia del ser humano. A Shirley la identificamos con esa mujer, casi difuminada en espacios semivacíos, que mira hacia fuera esperando ver algo que aclare su tormenta interior. No hay diferencia entre una persona y la decoración; un cuadro, una mesa, una ventana, tienen la misma textura, la misma materia que esa persona que habita (inhabita más bien) un absurdo espacio interior, que es una seguridad recluida al mismo tiempo que un confort frío. Shirley sueña con ser actriz profesional pero sólo puede mantenerse gracias a su trabajo como secretaria; pronto abandona este sueño (al menos de forma práctica) y es consciente de que su vida no estará al otro lado de los escenarios, sino en la confortable butaca del espectador. Cuando hemos identificado cada aspecto, cuando hemos descifrado mínimamente qué era exactamente lo que pensaba esa mujer absolutamente normal, normalizada, imbricada en su entorno y tipificada hasta hacerla desaparecer en el mismo, caemos en la cuenta de que todos estamos atrapados, de una manera u otra, en un cuadro de Hopper.
Saludos.
martes, 15 de diciembre de 2015
Líneas irregulares
Tenemos dos semanas por delante para hablar de pintores, de pintura. De la pintura en el cine o del cine en la pintura. El porqué es titubeante, y no merece mayor explicación más allá del simple hilado de un puñado de títulos, algunos mejores y otros peores, pero todos con un nexo: la pintura, los pintores.
Y podríamos empezar con cualquiera, pero lo haremos con Jackson Pollock, un pintor que personalmente detesto por mi imperdonable incomprensión hacia su obra, pero que es cierto que tuvo una vida lo suficientemente agitada como para que a alguien se le ocurriera realizar un biopic y aprovecharse del tumulto que se generó durante los años que estuvo activo, que no fueron tantos, pero sí los suficientes como para dejar tras su obra el siempre interesante aura de malditismo. Lo mejor de POLLOCK son sus intérpretes, y muy por encima del resto la impagable pareja protagonista, porque si Ed Harris borda el retrato del artista atormentado, la gran Marcia Gay Harden llega incluso a superarlo en la mayoría de escenas que comparten, que son casi todas. Ella es Lee Krasner, la mujer que se enamoró del artista y renunció a todo, incluso a su propia carrera, para quedarse junto a un ególatra inabordable e inconsecuente, la combinación perfecta para que todos te consideren un genio... La película tiene sus momentos, casi todos buenos, pero ninguno memorable; la música, que parece sacada de un telefilm, le hace un flaco flavor y resta intensidad al trabajo de los actores. Además, la narración parece deshilvanada, indecisa, sin centrarse demasiado en un aspecto u otro, y los personajes secundarios aparecen y desaparecen a capricho; incluso la parte final, que debería desprender amargura y patetismo, se remata de una forma en exceso convencional, y el film se cierra incomprensiblemente sin que hayamos visto a la antes omnipresente Krasner durante demasiados minutos.
POLLOCK es, parece, la obra de un admirador, aún no demasiado hábil con su ópera prima, pero con apuntes muy interesantes que han quedado como quizá la única forma posible de poner en imágenes el dislocado universo de un pintor que lo rompió todo, incluso su propia vida. No es mala, pero parece mejor de lo que realmente es.
Saludos.
lunes, 14 de diciembre de 2015
D. W.: El padre del cine #42
El último film que comentaremos de 1920 es WAY DOWN EAST, película que remontó económicamente a un depauperado Griffith y le permitió seguir rodando con cierta solvencia y dominio sobre sus siguientes proyectos. Y eso que no fue un film precisamente barato de realizar, ya que exigía trasladar un gigantesco equipo de rodaje a lo largo de cuatro estados, como Nueva York, Vermont, Connecticut y Florida, y sólo la larguísima y mítica secuencia final, rodada en un río helado, supuso un esfuerzo de técnica que no se había visto hasta entonces. La historia se va desarrollando progresivamente y cuenta las dificultades económicas de una familia, cuya hija, desesperada, viaja a Bostón para pedir ayuda a una tía suya que es millonaria, aunque siempre ha renegado de sus parientes pobres. A partir de ahí, el personaje interpretado con convicción por Lillian Gish pasará por unos dientes de sierra brutales, puesto que en principio su bondad y carisma le otorgan una buena posición en la casa de su tía, e incluso conoce a un hombre rico que le promete matrimonio; sin embargo, tras dejarla embarazada la abandona y es ahí cuando empieza su calvario, puesto que es expulsada sin un céntimo, pero esto le hará recapacitar acerca de la hipocresía de la sociedad en la que ha vivido engañada y que no la ha protegido en ningún momento.
Aun en un marco reconociblemente melodramático, Griffith es capaz de enarbolar un discurso feroz contra el irracional puritanismo de su época, ensañado particularmente con las mujeres, que eran ciudadanas de segunda categoría, y es verdad que su discurso desemboca en un innecesario ensalzamiento del matrimonio, pero no era frecuente encontrar en el Hollywood de la época una actitud tan declarada como ésta, y que transporta muchas dudas sobre el tan cacareado conservadurismo de un director que no sólo mostraba su dominio en la técnica, sino también en su rectitud moral.
Como recomendación, y pese a que casi llega a las tres horas de duración, merece la pena aunque sólo sea por el alarde técnico de rodar, con aquellos pesados equipos, sobre las placas heladas que flotan en un río. Y aquello no era ningún efecto digital...
Saludos.
domingo, 13 de diciembre de 2015
Rincón del freak #216: Juventud, divino (e inconsciente) tesoro
Reconozco de antemano que prácticamente todas las películas que han aparecido en el blog esta semana, con el pretexto del inquietante vocablo "creep", podrían haber tenido su huequecito en la sección dominical, aunque no he tenido más remedio que decantarme por NIGHT OF THE CREEPS, una de esas rarezas que algunos recuerdan ávidamente mientras otros, la mayoría, ni siquiera saben que existía. Esta es una gozosa aproximación al cine de serie B más puro y cutre, con la particularidad de que fue hecha en 1986 y por un joven de apenas 26 años, Fred Dekker, que luego no hizo nada digno de mención. El principio es un disloque, con unos extraterrestres de gomaespuma enzarzados en una lucha con rayos láser; uno de ellos lanza un extraño objeto que cae en la Tierra; estamos en unos años cincuenta que Dekker recrea en blanco y negro, y que luego engarzará hábilmente con aquellos años ochenta para contarnos cómo unas pequeñas babosas espaciales salieron entonces de aquel objeto para meterse en los cerebros de gente muerta y convertirlos en zombis. Hasta ahí es verdad que cosas similares hemos visto a montones, pero lo cierto es que NIGHT OF THE CREEPS ha aguantado muy bien el paso del tiempo porque no se toma en serio a sí misma y se sirve de su sentido del humor, tan tontorrón como irónico, para intentar "ambarizar" un momento concreto, que no es sólo el del relato de ciencia ficción terrorífica, sino que corresponde a esos últimos momentos de juventud, cuando la vida se reducía a ligar con una chica en una fiesta y salir de juerga. A lo mejor, si hubiese prescindido del género, podría haber tenido algo que ver con AMERICAN GRAFFITI... Sí, ya sé que estoy exagerando, pero... ¿qué más da a estas alturas?... Ideal para un Domingo aburrido como éste tras una cena de empresa aún más aburrida en la que asistí atónito a una persecución correa en mano... Y no estoy seguro de que se nos colase alguna babosa espacial por allí. En fin...
Saludos.
sábado, 12 de diciembre de 2015
Macedonia de sangre
No hace mucho que reseñé aquí la que posiblemente sea el primer ejemplo de película compuesta por varios relatos de horror, y aunque para 1945 DEAD OF THE NIGHT es una barbaridad, reconozco que una de mis favoritas de siempre es CREEPSHOW, un trabajo que se sacaron de la manga entre George A. Romero, Stephen King y Tom Savini, y que más de treinta años después ha conquistado el merecido estatus de "obra de culto". Basada en los célebres comics de la EC que arrasaron en la década de los 50, CREEPSHOW se hila a partir de un "sketch" que abre y cierra la función y que muestra a un chaval enamorado de los comics de terror, que ve desolado cómo su padre le tira la preciada mercancía a la basura... ¡Ay!... Esto me toca de verdad...
A partir de ahí, se suceden cinco historias repletas de humor macabro, sorna ochentera y mucha mala leche, sobre todo por no estar (gracias a dios) sujeta a incomprensibles reglas de corrección política.
La primera, titulada significativamente "El día del padre", es quizá la de desarrollo más clásico, y cuenta la historia de una siniestra familia que parece guardar más de un oscuro secreto acerca del origen de su fortuna. Cada año, coincidiendo con la celebración de dicho día, reciben la visita de la vieja tía Bedelia, que se sienta junto a la tumba de su padre para emborracharse y escupirle lo que la maltrató en vida. Aunque como se suele decir, "donde la dan las toman", y puede que alguien no esté dispuesto a quedarse sin su pastel del día del padre.
Tiene, además de un oscuro sentido del humor, a dos grandes actores, Viveca Lindfors, en uno de sus últimos papeles relevantes, y el gran Ed Harris en uno de los primeros... porque tenía pelo y todo...
El segundo relato es el más literario de todos, y quizá el más extraño; no sólo porque su protagonista sea el mismísimo Stephen King en el único papel que podría desempeñar... teniendo en cuenta ese careto de redneck que se gasta... Esta historia tiene muchísimo de las obsesiones del propio King (es un relato corto suyo de 1976) acerca de objetos extraños y alteraciones ante las que el hombre se ve incapaz de poner solución. Es la historia de Jordy Verrill, un paleto que vive solo en su destartalada casa y que cree haber encontrado el final de su mala suerte cuando un extraño meteorito aterriza frente a su casa. Sin embargo, este objeto del deseo encierra un destino terrible para el pobre Verrill. Y advierto: pese a que el relato mantiene fundamentalmente un tono cómico, el desenlace es tristísimo y agónico, y a mí, que vi la película con apenas once o doce años (eran otros tiempos...) se me quedó grabada esa imagen...
Esta tiene traca. Sí, porque si nos advierten de antemano que vamos a ver un episodio protagonizado por Ted Danson y Leslie Nielsen, que uno es un millonario al que su mujer le pone los cuernos con aquel improbable galán que durante un tiempo fue Danson, pensaríamos cualquier cosa menos en un escalofriante relato de terror sobrenatural. Pero no sólo eso, sino que este segmento contiene algunos momentos de verdadera angustia, y Nielsen borda el papel de psicópata desalmado, en un registro al que no nos tuvo nunca acostumbrados. No es mi favorito, y de hecho el desenlace me parece que sobra, pero como curiosidad no tiene precio. Además, si no salen monstruos del más allá Savini no cobraba...
Y, bueno, algo parecido ocurría con "The crate", otro relato de King, que se ve descompensado entre su brillante idea de inicio y la necesidad de incluir el elemento sobrenatural, que tiene su gracia pero es demasiado explícito y zanja cualquier conato de sorpresa. Sí, porque toda la parte del cóctel en la Universidad es magnífica, con tres actores buenísimos (Adrienne Barbeau, Fritz Weaver y el gran Hal Holbrook) que escenifican dos situaciones encontradas, la del pobre diablo, sometido por una infame mujer que no para de emborracharse y ponerlo en ridículo, mientras que su amigo, viudo, se da la gran vida de jovencita en jovencita... El problema consiste en encajar ahí una misteriosa caja que el conserje encuentra por casualidad y que proviene supuestamente de una expedición al Ártico de 1834... Bueno, tiene su gracia...
Y el último, lo reconozco, es mi favorito. Primero por el alarde de ambientación que logra Romero, por la intensa interpretación que el veterano E. G. Marshall hace de un despiadado y obsesivo magnate, que vive recluido en un edificio-fortaleza, donde todo es aséptico y gris. Pero sobre todo por la refinada modulación de los tiempos, con un viejo jukebox sonando constantemente mientras el viejo despide a gente desde su atalaya sin ningún contacto humano. La comparación resulta inevitable, pues mientras lo hace va, spray en mano, exterminando las cucarachas que incomprensiblemente van apareciendo por todas partes. El final, advierto, no es para todos los públicos, y si se tiene fobia a estos simpáticos animalitos, mucho menos...
Luego se hicieron dos secuelas más sin mayor trascendencia, pero esa es otra historia que les iremos desgranando convenientemente. Mientras, háganse con esta joya del terror comiquero...
Saludos.
viernes, 11 de diciembre de 2015
... y autobuses escolares
Los buenos resultados en taquilla precipitaron, sólo dos años después, una secuela que respondía al grandioso nombre de JEEPERS CREEPERS 2... Y es cierto que la película mantiene muchos de los puntos de interés de la primera, pero es más convencional y menos sorpresiva. Aun así, hay un par de cosas a destacar. Efectivamente, la escena de inicio, con el gran Ray Wise en acción, lo mejor del film, y eso que apenas sale unos minutos al principio y al final, pero es el único actor con actitud teniendo en cuenta que el reparto principal estaba compuesto por un montón de jovencitos atrapados en un autobús tras jugar un partido de fútbol americano, y que ninguno ha hecho nada destacable en los siguientes doce años. Luego está el monstruo, y en esta secuela Salva se regodea mucho más en él, aunque desgraciadamente, y pese a que los efectos especiales están nuevamente muy logrados, en ningún caso consigue su verdadero propósito, que es el de forjar una leyenda, porque este monstruo alado y hambriento no tiene tanto carisma como otros que todos tenemos en la mente. Y eso aunque el final se quedase tan abierto que hay quien dice que este año será el de su regreso... Yo no lo creo, la verdad...
Saludos.
jueves, 10 de diciembre de 2015
De viejas canciones en la radio
JEEPERS CREEPERS fue un pequeño gran acontecimiento allá por 2001, cuando se estrenó dejando, por lo menos, un inesperado y suculento Nº1 en las taquillas españolas. Vista ahora, la verdad es que la película de Victor Salva, director de amplio recorrido en la serie B, deja sensaciones encontradas; por un lado, se celebra su deliberada manifestación en el cine de terror clásico, no sólo porque sus efectos especiales son orgánicos al 100%, sino porque todo su desarrollo, desde el estupendo y larguísimo prólogo hasta toda la pirotecnia final, parece un compendio del hit parade de los años cincuenta y sesenta. Ya desde su título, tomado de una vieja canción de Johnny Mercer, la película destila ese gusto por los diálogos consecuentes y bien estructurados, que es el que mantienen dos hermanos que viajan por una solitaria carretera interestatal; y podría haber salido una muy buena película de ahí, de esas en las que la gente se lanza a la cara las cosas que no puede mantener dentro. Sorprendentemente, y tras un guiño más que evidente al debut televisivo de Steven Spielberg, Salva opta por encañonarnos con un personaje principal, el malo, que es algo así como una criatura del averno, un híbrido entre murciélago y demonio que sólo despierta cada 23 años... para alimentarse durante 23 días. El resto se lo pueden imaginar, aunque la cinta mantiene el tono de dignidad gracias a sus intérpretes principales, la guapísima Gina Philips y el chispeante Justin Long, al que vimos recientemente en TUSK, la pesadilla ideada por Kevin Smith.
En definitiva, cine de género, de buenísimas intenciones y que pese a haber perdido algo de punch por el paso del tiempo sigue siendo reivindicado como un título muy de culto. Y todo ello corroborado por Coppola, que apadrinó el proyecto...
Saludos
miércoles, 9 de diciembre de 2015
Ratas en el andén
Hubo otro CREEP, en 2004, debut de Christopher Smith, autor asimismo de BLACK DEATH, aquella interesante película fantástico-medieval que lamentablemente se quedaba a mitad de todos los caminos. Y algo parecido ocurre en este atmosférico cuento de terror en el suburbano londinense, porque tras un arranque más que interesante (basado fundamentalmente en la matizada interpretación de la alemana Franka Potente) la película cae en una pevisibilidad no del todo desdeñable, porque Smith sabe cómo recrear ambientes malsanos y terroríficos con muy pocos elementos, pero en un momento dado todo lo bueno queda atrás y el film prescinde de la intriga y apenas pasa de una entretenida cinta de persecuciones. Bueno, la criatura que acecha a diversos personajes que quedan atrapados por la noche en el metro tiene sus cosas, no es sólo un bicharraco con ansias de matarife, y Smith parecía tener toda una historia preparada para lanzárnosla al rostro cuando menos lo esperáramos, pero ya digo, se queda a mitad de camino, porque ni tira por el giro psicológico ni por el gore más mastuerzo, y muchos de los recursos yo ya los había visto en películas anteriores. Aun así, teniendo en cuenta la juventud de Smith es un film que se deja ver, a ratos, pero menos da Amenábar señores...
Saludos.
martes, 8 de diciembre de 2015
Ingenio y locura
Entiendo las reservas para gran parte de los espectadores actuales (primando los de menor edad) a la hora de abordar una película que base todo su potencial en la modulación del discurso a través de su guion; en una época dominada por la explicitud de las imágenes, el relato oral se ha convertido en una rareza poco aceptada, y casi una demostración de debilidad. Nada puede hacerse comparativamente cuando millones de píxeles derriban un edificio o puede recrearse a un ejército de un millón de hombres, todos debidamente uniformados... (sigh!). El reto es, ahora, lograr mantener a un espectador de este tipo pegado a la pantalla durante todo un metraje con una película que está hecha (literalmente) por dos personas; escrita e interpretada por ellos dos. Podríamos entenderlo si nos vamos a Truffaut, Sang-soo, Linklater y otras luminarias que han hecho de la economía de medios su recurso primordial, pero todo se complica mucho más cuando Patrick Brice y Mark Duplass, punta de lanza de eso tan inasible llamado mumblecore, han hecho con CREEP una película de terror... que además da miedo de verdad. Y todo con un face to face que no siempre sale bien parado (siempre mejor Duplass), pero con un guion tan retorcido, extraño y escabroso que uno no puede dejar de fruncir el ceño por si han equivocado el género. Pero no. CREEP, que fue presentada en Sitges en 2014, es una historia dentro de una historia que va a desembocar en otra historia que quizá sólo existe en la mente de uno de los dos personajes, lo que finalmente desestabiliza al otro personaje, y a nosotros de paso; una especie de cruce marciano entre LA SOGA y la serie de Ripley, con parafilias, soledades, secretos desvelados casi como una liberación, máscaras de lobo y la certeza de que, por muy extraño que nos parezca todo, todo lo que vemos nos podría pasar a nosotros mismos alguna vez... Y eso da muy mal rollo. E insisto: está tan bien escrita que lo de la cámara en mano se puede perdonar, pese a tener dos o tres momentos simplemente ridículos y absurdos por culpa de dicha limitación, que da empaque pero resta credibilidad.
A Duplass ya lo conocíamos, y el muchacho se va haciendo notar lentamente...
Recomendable y sorprendente a partes iguales.
Saludos.
lunes, 7 de diciembre de 2015
D. W.: El padre del cine #41
THE LOVE FLOWER era un arrebatado (y enrevesado) dramón, que comenzaba en una ciudad de Norteamérica y se deslizaba traumáticamente a los (de nuevo) Mares del Sur. Lo que Griffith pone en cuestión en este caso es la insalvable prueba a la que se ve sometida una joven (bellísima, Carol Dempster), que asiste horrorizada al asesinato del amante de su madre a manos de su propio y desesperado padre (que ahí queda eso). Su primera prueba la despacha en una huida express con el progenitor a una remota isla, pero no pasará mucho tiempo hasta que su felicidad se vea quebrada, ya que un par de investigadores les han seguido la pista, aunque les hacen creer que son simples visitantes. Ella, que cae enamorada de uno de ellos, se ve entonces en un dilema aún mayor, pues por un lado no quiere dejar a su padre... pero el corazón manda. Entre postales con palmeras y unas sorprendentes escenas acuáticas (filmadas debajo del agua), Griffith sostiene con su buen pulso una historia no demasiado original, pero que deja muy buen sabor de boca por su complejo trabajo de montaje y por unas interpretaciones magníficas a cargo de los habituales Dempster y Barthelmess, amén del veterano George MacQuarrie, en uno de sus escasos papeles protagonistas.
Saludos.
domingo, 6 de diciembre de 2015
Rincón del freak #215: El problema de creer que se está haciendo cine
Bueno, no sé cómo empezar esto... Lo dije a propósito de GARGANTA PROFUNDA: hay que hilar fino para considerar que la pornografía tiene algo que ver con el cine, por muy abiertos de mente que seamos, porque si la imagen carece de foco, sustancia e intención, es muy posible que no sea cine sino otra cosa, así que le voy a dedicar el mínimo de mi escaso intelecto a una "cosa" que he visto por recomendación. SLAUGHTERED VOMIT DOLLS es una sucesión de desencuadres y desenfoques, con un fondo sónico parecido a una sierra trabajando sobre un trozo de acero y que contiene varias escenas de gente vomitando. También salen muchachas desnudas y ojos de animal simulando ser reales... Está la cosa muy mal, muy mal, muy mal...
Saludos.
sábado, 5 de diciembre de 2015
La vida es bella
Empiezo reivindicando que no nos engañen más. Pixar es Pixar, y Disney es Disney; y a cada uno le gustará lo que le guste, pero no tienen nada que ver.
Pero por favor, no quiero empañar la obra maestra absoluta que voy a intentar comentar, aunque me va a costar salirme de cánones puramente emocionales, lo reconozco. INSIDE OUT es una película increíble, perfecta, lo tiene todo; es WALL·E, y también UP... y TOY STORY... Todo eso es, insisto: puro Pixar. Pero además, Pete Docter avanza un paso más en su osadía narrativa, y si el arranque de UP es antológico, el de INSIDE OUT es simplemente insuperable. Cómo si no empezar una película datando cómo, qué y por qué somos lo que somos, como personas, como seres únicos e insustituibles; no hay magia divina aquí sino un afán pedagógico que engancha desde que nos presentan a unos inolvidables seres: Alegría, Tristeza, Asco, Ira y Miedo... ¿qué otra cosa si no? Eso somos, y eso es lo que se nos cuenta, el porqué de nuestros actos, pero no desde el punto de vista dogmático de la narración infantilista (no confundir con "infantil") que domina este tipo de producciones, sino como experiencia vital en sí; como un BOYHOOD mucho más visual y explícito, asistimos a cómo se desenvuelve el cuerpo de Riley por dentro, es una niña, y en sus actos predomina ese entusiasmo que tan poquito nos suele durar, pero algo está cambiando, hay súbitos cambios de humor, enfados, ataques de melancolía... Riley se acaba de mudar con sus padres a otra ciudad, y todos sabemos que esos cambios afectan más a los niños. Así que en este complejísimo (en su sencillez) entramado de emociones, Docter imagina un mundo interior, basado en reglas estrictas y en el que todo funciona por el equilibrio entre las distintas facciones ¿Por qué entonces el cambio que se está operando en Riley? ¿Es que alguien no está haciendo su trabajo ahí dentro?...
... ¿o quizá es que tan sólo alguien está creciendo?...
Con un nudo en la garganta, véanla, por dios santo...
Saludos.
viernes, 4 de diciembre de 2015
Stand up Slash
Parece que va cobrando fuerza un nuevo subgénero, que podríamos llamar "comedia de horror autoconsciente" o "terror-inteligente-capaz-de-reírse-de-sí-mismo". Como sea, hay una nueva hornada de directores, guionistas y actores que en otro tiempo no hubiese encajado demasiado bien en una producción al uso, ya fuese de serie B o primera fila, pero que han ido conquistando su lugar en el negocio a base de ir echándole mucho morro y algo más de inteligencia. Lo hemos visto en la magnífica THE CABIN IN THE WOODS, donde la típica película de asesino psicópata de incautos jovencitos mutaba en otra cosa capaz de dejar al más avisado con el culo torcido. Ahora nos llega THE FINAL GIRLS, que no es tan rompedora como aquélla pero continúa indagando en las posibilidades del género de terror como juguete metafílmico, una especie de miniatura posmoderna que en lugar de ridiculizar a dicho (sub)género lo acribilla a guiños y sobreentendidos, hasta que extrae esa pulpa cualitativa que todos una vez intuíamos que contenían. El guion de M. A. Fortin y Joshua John Miller tira más al rocambole exagerado, y no tanto a la reflexión expositiva, lo que determina su carácter decididamente humorístico, que desentona ligeramente cuando (no se sabe por qué) los personajes se ponen serios y sensibles. A grandes rasgos, se trata de un grupo de jóvenes que se ven trasladados literalmente al interior de una película que es un homenaje explícito a VIERNES 13; allí, el fanático nerd se emociona... hasta que ve al malo, claro; y la gracia está en la complicada adaptación de unas personas normales a un mundo repleto de clichés y subrayados. Es decir: si ahora vemos desfasados y exagerados a esos jóvenes llenos de hormonas, capaces de seguir quitándose ropa incluso en presencia de un asesino con un machete, imaginemos cómo sería al contrario... Efectivamente, la gracia está en comprobar lo díficil que es cambiar lo establecido donde las rubias son tontas (y viceversa) y los chicos se tocan los biceps mientras despliegan un Playboy.
Aunque el elemento sorpresa ya va cediendo paso a la rutina, y los guionistas van a tener que seguir rascándose la cabeza, merece la pena echarle un vistazo, aunque sólo sea por dos o tres momentos absolutamente hilarantes, como el del flashback.
Saludos.
jueves, 3 de diciembre de 2015
A modo de curiosidad
Diría que NOCTURNA podría haber marcado un antes y un después en la anecdótica producción española de cine de animación, una especie de piedra de toque sobre una industria que permanece y lucha en los márgenes de la condescendencia infantil y puntualmente, como es el caso, obtiene el consabido Goya de "su" categoría. Así que me resulta complicado establecer un cronismo adecuado y ecuánime, ya que NOCTURNA es mucho mejor que cualquier otra película animada española, pero una vez quitado el primer adjetivo lo que queda es un cuento de lo más convencional, trillado en su desarrollo y con una poética de manual, demasiado orientada y dirigida "a". La diferencia fundamental con una película aparentemente similar, como era JACK Y LA MECÁNICA DEL CORAZÓN, es que se conforma con la elipsis infantiloide; así, lo que en una es el triste y desolador tránsito del amor a la muerte, en la otra se enfunda los calzoncillos de andar por casa y se mira la barriga desde su confortable lugar común, el que impide a los niños crecer ya que un rollizo muchachote puede deslizarse de tejado en tejado sin que nada atente su seguridad. Papá Estado y sus soflamas colándose en unas dependencias que nunca le pertenecieron...
Saludos.
miércoles, 2 de diciembre de 2015
Furcias involuntarias del sistema
Como he ido recordando abundantemente, en 2010 se hizo un remake de A NIGHTMARE ON ELM STREET. Sí, la original, la de 1984... ¿El resultado? El resultado es una película de Michael Bay, a la sazón productor y verdadero impulsor del proyecto. Es decir: una película cargada de técnica, que subraya la cantidad de recursos que es capaz de emplear para que las aventuras y desventuras de Freddy Krueger sumen un par de capaz más de barniz, en esta ocasión digital. La película es fría como un témpano, desangelada, sin una pizca de ese humor tan característico de Wes Craven, y sin embargo tampoco es todo lo salvaje y cruel que se le podría presuponer a una recreación que intenta poner seriedad en lo que había venido a devenir una autoparodia sin mucho sentido. Jackie Earle Haley está bien en un papel que le queda que ni pintado, pero su Freddy se contagia de la monotonía general y tampoco nos importa mucho ni lo que hace ni lo que le pasa. Protagoniza Rooney Mara, haciendo de jovencita con los pies en el suelo, y poco, muy poco más a destacar; empieza bien, tocando lugares comunes y confortables, apelando a nuestro subconsciente, pero termina como un slasher más, sin reclamar ninguna posición de poder.
Una lástima.
Saludos.
martes, 1 de diciembre de 2015
El peligro del fondo de armario
La historia de STRANGE MAGIC es sumamente extraña, al menos para un producto que es convencional desde su misma concepción. Se trata de uno de esos recovecos personales en la imaginación de George Lucas, muy cercano por ejemplo al engendro de Los Ewoks... ¿a que se acuerdan? Pues tengamos en cuenta que es un musical ambientado en un bosque por donde vuelan unas hadas sospechosamente parecidas a Campanilla y cuyas preocupaciones pasan por casarse con el príncipe de turno (también con alas de "mariposa") y no adentrarse demasiado en la parte oscura del bosque, que podría ser un peligroso gueto habitado por unos sapos que hablan. El caso es que Lucas le vendió esto a la Disney y hay investigadores intentando descifrar cómo, pero sobre todo "por qué". STRANGE MAGIC no sólo tiene una animación espasmódica y poco veraz, sino que su mezcla de candidez infantil y gamberrismo teen no consigue satisfacer a ninguna de los dos posibles tipos de espectador, lo que la deja en un aburrido karaoke popular con unos personajes intrascendentes y que se parecen demasiado entre ellos. Y, sinceramente, lo de Shakespeare que he leído por ahí me parece un chiste demasiado malo para ser contado.
Mala, mala.
Saludos.
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... ¿Y todo esto lo ha hecho usted solo?...
No, necesité estar rodeado de siete mil millones de personas...
¡Cuidao con mis primos!










































