viernes, 31 de enero de 2020
De títulos elocuentes
Yo ya había visto algo sobre un robot del futuro que viene al presente a matar a la futura madre del líder de la resistencia que salvará a la humanidad de la amenaza de las máquinas y todo eso... Efectivamente, es la franquicia que todos conocemos y que ha sufrido, principalmente, el exceso de espaciación entre sus partes, que lo deja todo como en una extraña "separación de poderes". Es lo que ocurre con TERMINATOR: DARK FATE, que sería maravillosa si no se hubiese hecho la primera ni la segunda, pero que es como una copia mejorada en lo técnico, y poco más. Sorprende la elección de enclavarla en México, lo que refresca en gran medida el inicio (lo mejor del film), pero poco a poco va impregnándose de todos esos lugares comunes que hemos visitado alguna que otra vez. En fin, que le da a los fans su ración de nostalgia (Chuache vs. Hamilton), una buena actriz dando la réplica (Mackenzie Davis) y el malo es prácticamente indestructible pero cansinamente torpe para ejecutar su misión, lo que provoca algún bostezo entre explosiones y chisporroteos, será porque no le pega que sea el actor Gabriel Luna su intérprete.
¿Destino oscuro?... Francamente, no me preocupa.
Saludos.
jueves, 30 de enero de 2020
Hasta arriba
Valga el título para ilustrar ampliamente un artefacto tan complicado de abordar como COLOR OUT OF SPACE. Sea por la ambición de Richard Stanley por no aposentarse en ningún lugar común, o simplemente porque alguien iba "hasta arriba" de algún producto lisérgico, una vez visto lo que ha perpetrado el mítico director sudafricano. Casi 25 años llevaba Stanley sin ponerse tras las cámaras, después de ser literalmente pateado del rodaje de aquel despropósito que fue LA ISLA DEL DOCTOR MOREAU, y ha tenido que ser la productora que hizo posible la locura visual de MANDY la que lo haya devuelto al cine, aunque haya tenido que ser con un film tan difícil de defender como éste. Sea como sea, esta inmersión en el inabordable universo lovecraftiano es, al menos, honesto con lo que se propone, aunque le puede finalmente la tentación de desbarrar por encima de cualquier lógica narrativa. La historia la conocemos: el extraño meteorito que cae en una apartada granja, en la que empiezan a ocurrir drásticas transformaciones, sin que uno sepa con exactitud lo que está pasando. Profundamente irregular, es curioso que se empiece ya a hablar de las actuaciones de Nicolas Cage como un género en sí mismo, mientras el resto intenta asistir como invitado de piedra o le copia su miríada de gestos y alaridos. No sé, habrá a quien le guste mucho y todo lo contrario, pero a mí me ha dejado más indiferente que otra cosa; aunque siempre puedes filmar una escena en la que a Joely Richardson vuelve junto a Cage del hospital, donde le acaban de amputar dos dedos, y éste se ponga a cantar algo parecido a una ópera... Lo dicho, un género en sí mismo...
Saludos.
miércoles, 29 de enero de 2020
La generosidad de los crueles
UNE PARTIE DE PLAISIR, de 1975, supuso un punto de ruptura sustancial en la filmografía de Chabrol, que por muy heterogéneo que fuese siempre mantuvo una mecánica interna poco dada a los trastornos semánticos. Lo primero que llama la atención es que los protagonistas eran el guionista habitual de Chabrol, Paul Gégauff, su mujer Danièle, e incluso su pequeña hija Clemence. Orbitando en una relación de pareja que se presupone moderna y abierta, lo que se cuenta es la podredumbre moral de un tipo cínico y manipulador, que empuja a su mujer a mantener relaciones con otros hombres, pero luego se lo echa en cara, sobre todo cuando se da cuenta de que ella prefiere a sus amantes, que se comportan mucho mejor con ella. Sumido en unos celos que es incapaz de asumir ni reconocer, acaba por separarse y casarse con una mujer más joven, pero sigue pensando constantemente en su ex mujer, llegando al punto de manipular a su propia hija para volver a verla. Una película retorcida y malsana, que critica a una parte de la burguesía que siempre ha estado mitificada (la que surgió de Mayo del 68), y que desemboca en el peor final posible, al tiempo que devolvía a Chabrol a la primera línea de un cine francés que empezaba a revolverse contra sus otrora intocables totems.
Saludos.
martes, 28 de enero de 2020
Este cuento se ha acabado
Creo que hay un consenso generalizado alrededor de MALEFICENT: MISTRESS OF EVIL, que de alguna manera intentaba aumentar la buena acogida que obtuvo la película original, y cuyo mayor mérito era darle la vuelta por completo al cuento de Perrault, e incluso al clásico animado de Disney. Efectivamente, lo que me ha dicho todo el mundo que ha ido a verla es que no hacía falta, porque no hay ni un gramo de aquella inteligente sorna, y sí un "producto" milimétricamente diseñado para cumplir su función de aventura para toda la familia. Los efectos digitales son correctos, hay un magnífico (y desaprovechado) elenco, y uno ya se conoce los trucos de guion. Desgraciadamente, sólo hay un par de momentos que realmente valgan la pena en este film facilísimo de olvidar, y pertenecen exclusivamente al extraño deleite de contemplar a una maduras Angelina Jolie y Michelle Pfeiffer lanzarse invectivas entre miradas y palabras envenenadas. El problema de la Disney es que no suele ir casi nunca por ahí, porque entonces habríamos visto otra película, y probablemente mejor.
Saludos.
lunes, 27 de enero de 2020
Buscando al muerto
Con XIN MI GONG (EL ATAÚD EN LA MONTAÑA), de 2014, iniciaba su andadura como realizador Xin Yukun, oriundo de Mongolia y estudiante en la Academia de Cine de Beijing. Con las formas de un thriller convencional, el guion se va enroscando diabólicamente hasta conformar un laberinto tan intrincado que hace dudar a la percepción misma del espectador. Lo que se pone en cuestión es la casualidad, o "causalidad", de unos asesinatos que se producen casi al mismo tiempo, pero en lugares diferentes. La posible interrelación entre dichos crímenes hace sospechar al oficial que los investiga que puede haber intereses ocultos, pero la opacidad de las familias, unida a la inconveniencia de mostrar signos de dolor en público, dificulta la tarea, hasta el punto de que los sospechosos van cambiando a medida que se refuerzan o se destruyen sus coartadas. Una excelente ópera prima, que se presentó en Venecia y ganó en Varsovia, con el defecto de no encontrar una concreción que la haga más accesible, pero con una inteligente y sutil dialéctica, mezcla de suspense narrativo y denuncia social.
Saludos.
domingo, 26 de enero de 2020
Rincón del freak #390: A otra cosa, mariposa
THE BYE BYE MAN podría haber sacado la cabecita de entre la ingente cantidad de títulos similares que cada año pueblan las parrillas del VOD. Me refiero a un género inscrito en la tradición del cine de terror con ínfulas de ser "otra cosa". Desgraciadamente, para eso se necesitan un par de cosas: un buen guion y unos buenos personajes. En este caso, es curiosa la sensación de estar ante el trabajo de un debutante, cuando la carrera de Stacy Title se remonta nada menos que a principios de los noventa, cuando dirigió una olvidada y magnífica comedia negra titulada THE LAST SUPPER. Casi quince llevaba Title sin rodar nada, y, la verdad, interrumpir ese silencio para descolgarse con una trillada cinta de terror infantiloide, no parece tener mucho sentido. En su quiero y no puedo, se mezcla de todo, desde Freddy Krueger hasta Viernes 13, y más recientemente, no es difícil ver los atracos a mano armada a joyas como IT FOLLOWS o THE BABADOOK. No se lleven a engaño, es un film muy flojito y que no merece la pena ver, ni siquiera por ver a dos breves e intrascendentes Carrie-Ann Moss y Faye Dunaway, que no tendrían por qué haberlo hecho...
Saludos.
PD: Por primera vez en los casi doce años de vida del blog, me veo obligado a pedir disculpas por lo anteriormente escrito, pues desconocía que Stacy Title sufre la terrible enfermedad del ELA, por lo que le es imposible hablar y moverse. Sé que es un ataque inaudito de corrección política por mi parte, pero también creo que es de justicia ponderar a cada persona según su propia circunstancia.
sábado, 25 de enero de 2020
Ahora nadie se ríe
JOKER pertenece a ese reducido grupo de películas por las que siento el impulso y la necesidad de volver a verlas casi inmediatamente, tanto porque la he disfrutado como porque me queda la extraña sensación de haberme perdido algo. Y es que Todd Pillips ha logrado armar un film de estructura sencilla, pero de resoluciones complejas; posiblemente el film de ¿superhéroes? más adulto y maduro que se ha hecho hasta la fecha. Pero insisto ¿superhéroes? No, esto es otra cosa, y no es casual que se pase casi de puntillas por el universo de Batman, reducido a la anécdota del encuentro entre este Joker en ciernes y un Bruce Wayne niño, desmontando además la archirreferenciada escena en la que mueren sus padres. Y es que mucho antes de explotar con sus sucesivos "resacones", Phillips debutó, hace ya 25 largos años, con el retrato de una personalidad extrema, la del rockero maldito GG Allin, demostrando su interés en esas conductas al límite, de las que el Joker siempre ha sido todo un icono. Lo mejor, además de la poderosa interpretación de Joaquin Phoenix, de la que ya es cansino seguir hablando, es cómo fondo y forma se funden con naturalidad, dejando de lado los tics de las franquicias superheroicas y mirando sin ambages al Alan Moore de "La broma asesina", a la profundidad psicológica del mejor Thomas Anderson, pero sobre todo a Scorsese y a Paul Schrader. Hay mucho, pero muchísimo TAXI DRIVER en este retrato desolado de una psique en pleno auge de su descomposición, y no parecen casuales las constantes referencias a Travis Bickle, con la particularidad de que este personaje nunca deja claro si sus intenciones son honestas o perversamente retorcidas. Si parece que estamos ante una denuncia social, seguidamente estalla un brote psicopático, y la cámara nerviosa de Phillips, casi saliendo de encuadre, muestra la ascensión, prácticamente de rebote, de un antimesías, un loco, un suicida o un ángel del dolor.
La película es magnífica, es áspera, incómoda, y no hay manera de no querer volver a verla, porque vas a estar dándole vueltas durante mucho tiempo.
Me gustaría decir que es una obra maestra, pero estoy demasiado descolocado para ello. Una de las películas más importantes del año, sin duda.
Saludos.
viernes, 24 de enero de 2020
¿Quienes somos?... ¿Adónde vamos?... ¿De dónde venimos?... si es que puede saberse...
Hace unos días nos dejó el gran Terry Jones, uno de los principales creadores de esa formación única e irrepetible que fueron, siempre serán, Monty Python. Y, bueno, aquí nuestros homenajes siempre han sido a golpe de película, así que, teniendo en cuenta que los grandes títulos del grupo ya habían aparecido por aquí anteriormente, no nos queda otra que ir con MONTY PYTHON'S THE MEANING OF LIFE. Y es ésta una película que, aun despertando muchas suspicacias sobre si significaba cierto agotamiento de ideas, desde el día de su estreno (recordemos que se alzó nada menos que con el Premio Especial del Jurado en Cannes en 1983) es puntualmente citada como el perfecto compendio de todas las inquietudes y obsesiones de los creadores, por ejemplo, de LA VIDA DE BRIAN. Abriéndose con un genial prólogo, que equipara el trabajo funcionarial con el de las galeras en un buque, el film se despliega en sucesivos episodios desde el nacimiento hasta la muerte, pasando por temas capitales como el apel de la medicina, la guerra, el sexo o la religión. Todo trufado de ese sentido del humor genial, agudo y certero, tan divertido como corrosivo, y que incluyen escenas tan demenciales como una clase que asiste impávida al coito entre el profesor y su mujer, una familia numerosa y pobre (sí, como cuarenta hijos) que es observada por los conservadores protestantes, que no tienen hijos por una abstinencia que no son capaces de reconocer, o la explosión final (literalmente hablando) de un tipo de gula infinita, en uno de los momento más memorablemente asquerosos de la historia del cine. Afortunadamente, a Gilliam sólo le dieron la parte técnica, y el experimento no se fue en exceso de las manos; a Terry Jones le deberemos siempre ser ese "Python" en la sombra y detrás de las cámaras, y eso no tiene precio...
Siempre en nuestro recuerdo.
Saludos.
jueves, 23 de enero de 2020
Y la vida sigue...
Una de las virtudes de la ficción es que te ayuda a compartimentar lo que tiende a la dispersión. El documental, en cambio, no debería optar por ese temor, ya que tiene a su disposición el uso de la verdad objetiva, que es un arma tan poderosa como traicionera. LOVETRUE es un pequeño documental, impulsado por el actor Shia LaBeouf, que intenta un doble salto mortal imposible: abundar en la "moderna" tentación de tintar la pantalla con recursos más propios de la ficción y confiar en que lo que se cuenta sea tan poderoso que funcione por sí solo. Lo que queda es un incomprensible relato a tres bandas, ni tendente a lo global ni a lo intimista, sino a otra cosa que no he logrado desentrañar qué es. En una remota población de Alaska, una chica trabaja de stripper, mientras nos cuenta la relación con su novio, que sufre un mal similar al villano de EL PROTEGIDO. En Hawaii, un surfero algo atolondrado muestra su día a día como padre soltero. Mientras, en Nueva York, asistimos al devenir de la extensa familia de un ex-pastor, que ahora se gana la vida componiendo canciones religiosas. Así contado puede parecer poca cosa, pero el problema está en lo mal distribuido que está el montante, ya que el documental dura menos de 80 minutos, y en ese tiempo se quieren acometer nada menos que tres giros argumentales, lo que desemboca en la penosa sensación de que algo se nos ha escamoteado. Sí, porque resulta que el pastor era un pájaro de cuidado, que quería vivir con varias mujeres al mismo tiempo, y cuya ex mujer revela los maltratos físicos a los que la sometió durante 20 años. El surfero es un tipo noble pero de poca sesera, que se resigna confesando el momento en que se dio cuenta que su hijo en realidad era fruto de una infidelidad con su mejor amigo, y para colmo la madre los abandona a ambos. Lo de la stripper no me termina de quedar claro, porque su novio la deja, pero ella no es capaz de contar los motivos, excepto que se debió a que él entró en el local un día... y luego se echa a llorar, claro...
Saludos.
miércoles, 22 de enero de 2020
Aquellas contrarrevoluciones
En 1974, Claude Chabrol filmó un curioso vistazo a aquellos grupos paramilitares y/o revolucionarios que tanto proliferaron desde el final de la Segunda Guerra Mundial. El film en cuestión se llamó NADA, porque así se autodenominó el descabellado proyecto montado por un terrorista sudamericano y otro que acaba de volver del exilio argelino. Su idea es secuestrar al embajador estadounidense en Francia, mientras realiza una "visita" a un ignoto burdel parisino, con el objetivo de pedir un rescate y tener altavoz para sus exigencias anticapitalistas. En algunos tramos interesante, en su mayor parte de una ingenuidad intrascendente, obtiene sus mejores momentos de las disputas internas surgidas entre los integrantes del deslavazado grupo, que hace pensar en una progresiva descomposición del mismo, pese a llevar con éxito la misión. Por otro lado, el metraje se alarga innecesariamente hasta las casi dos horas, convirtiendo el desenlace prácticamente en un añadido sin mayor interés. Una película que ensaya un equilibrio complicado, el de la acción e intriga, junto a la reflexión política. Evidentemente, termina imponiéndose la primera. Aun así, contiene notables interpretaciones, sobre todo de Maurice Garrel, e incluso de un sorprendente Fabio Testi adelantando muchos años al Carlos de Assayas, que es donde deberíamos mirar, y no a esta película de escaso margen.
Saludos.
martes, 21 de enero de 2020
El triunfo de la muerte
A Trey Edward Shults le intuíamos un gran talento cuando le descubrimos, hará unos tres años, con aquella sorprendente ópera prima titulada KRISHA. El estreno de su tercer film nos ha advertido de que hubo un segundo trabajo que nos pasó extrañamente inadvertido, aunque nos puede excusar el nimio detalle de no encontrar distribuidor en España, claro. IT COMES AT NIGHT parece una película muy diferente de lo finalmente resulta ser, primeramente porque su ubicación está alineada con la miríada de films postapocalípticos que cada temporada desfila ante nuestros (ya algo cansados) ojos; en lugar de ello, Shults propone un desesperado vistazo a lo peor del alma humana cuando se ve puesto a prueba en circunstancias extremas. Apoyado en unas magníficas interpretaciones, el relato atrapa y hace cómplice al espectador verdaderamente exigente, y bucea en esos pequeños terremotos interiores, puede que imperceptibles, pero cruciales en todo caso (acordémonos del sereno desequiilibrio de KRISHA). Se nos habla de una devastadora pandemia, de una familia que logra sobrevivir gracias a un aislamiento extremo, y de la llegada de otra familia, algo más joven, que inicialmente suponen una cierta esperanza de convivencia, pero que parece estar siempre bajo sospecha. No, no es ese tipo de película tampoco; ni terror, ni juego psicológico, ni suspense, aunque éste aparece desde un punto de vista subjetivo. Es ahí donde aflora el contundente guionista que es Shults, en las indetectables modulaciones de los sentimientos y sensaciones de unos seres humanos al borde siempre del acto monstruoso. Y para ello, mención aparte merecen los actores, con un excelso Joel Edgerton (también productor) a la cabeza, y unos sorprendentes Kelvin Harrison Jr. y Christopher Abbott, que sosienen gran parte del peso de esta pequeña película, cuyo único error puede que esté en la imposibilidad de subvertir los géneros en los que se inscribe por culpa de una innecesaria modestia.
Nos reafirmamos: director a seguir.
Saludos.
lunes, 20 de enero de 2020
Paso a paso
De entrada, una película sobre la terca peregrinación a la ciudad sagrada de Lhasa, por parte de una mujer que prefiere dejarse la poca salud que le queda en ese tortuoso camino, antes que en un hospital, no puede salir bien. Sin embargo, el director de origen tibetano Sonthar Gyal (del que se pudo ver en el último San Sebastián LHAMO AND SKALBE), explora todas y cada una de las posibilidades de un relato que va creciendo en significado a medida que se nos hace partícipes de este "viaje a ninguna parte", que termina siendo el único viaje posible. ALA CHANGSO arranca así, enemistándonos con una mujer demasiado convencida de su religiosidad como para perder el tiempo en médicos, por lo que embarca a su familia en un descabellado viaje a pie, ejerciendo un durísimo ritual que no le permite avanzar más que unos cientos de metros al día. Pero, racionando inteligentemente la información, nos damos cuenta de la complejidad encerrada en cada alma humana; en este caso, porque ella está casada en segundas nupcias tras la muerte de su anterior marido y padre de su único hijo, que no acepta la nueva figura paterna. Abruptamente, la mujer fallece, y el relato cobra otra dimensión, aún más rotunda y esclarecedora, virando el protagonismo a ese hombre, que decide continuar el camino interrumpido, y quién sabe si hacer florecer una vida totalmente nueva. En el delicado borde que separa la emoción de la sensiblería más gazmoña, ALA CHANGSO, antes que una tópica lección de vida, es un humilde acercamiento a las motivaciones de unas creencias que no siempre logramos entender.
Hermosísima.
Saludos.
domingo, 19 de enero de 2020
Rincón del freak #389: Invitados, delicias y galimatías
Usted va a ver pocas películas más irritantemente relamidas que THE GOLDFINCH, o la constatación de que no se puede alabar a un mediocre. Esto va de un niño con flequillo y gafas de carey que no usa móviles y se pirra por el arte antiguo, la literatura decimonónica y los museos. Precisamente, un atentado en el Metropolitan (terriblemente filmado, por cierto) es el disparadero de esta cosa que no se entiende muy bien qué es, o que no se quiere hacer entender más bien. John Crowley (que estuvo más inspirado, por ejemplo, en BROOKLYN) coge la novela de Donna Tartt y la destroza, demostrando que no ha entendido un carajo, y pensando que puede armar un relato "total" en torno a una serie de correspondencias, que en ocasiones rozan la ciencia ficción, por lo traído por los pelos que está. Este niño queda huérfano de madre, y se va a vivir con una familia que no se sabe si es suya; pero no es así, porque en realidad se va a vivir con un anticuario, que era la pareja de otro anticuario que murió en el atentado, no sin antes revelarle un secreto importantísimo al chaval acerca de u pequeño cuadro con un jilguero. Bueno, luego viene el padre y se lo lleva a Texas, aunque el padre es un desastre, está en la bancarrota y vive en una urbanización abandonada en mitad del desierto. Allí conoce (no se sabe cómo) a un emo ucraniano, con el que descubre las bondades del vodka y el Vicodin, y al que se encontrará mucho tiempo después convertido en un mafioso de opereta. Lo peor no es lo mal que está contada, ni lo mal que está interpretada, ni lo mal que está, finalmente, dirigida. Lo peor es que uno intuye que tras estas insufribles dos horas y media es casi seguro que va a haber un montón de gente a la que no le gusta el cine, y que raramente ve una película, diciendo que qué maravilla y qué seriedad y qué otras sandeces más...
Terrible, terrible...
Saludos.
PD: ésta es la única película en la que a Nicole Kidman le ponen tres kilos de maquillaje tanto para rejuvenecerla como para envejecerla... ¿?...
sábado, 18 de enero de 2020
Ladrando a la luna
Lo tiene todo, pero la sensación final es que no aporta nada nuevo. Esta versión CGI de LADY AND THE TRAMP indaga en los mismos aciertos y errores de títulos similares, con los que Disney ya ha empezado a bombardearnos como única respuesta a su notable incapacidad para generar ideas genuinamente nuevas. Sí, los perretes son calcados, tiene una acción meritoria, la dosis justa de sensiblería y un par de imágenes bien rodadas, sobre todo la del plato de spaguetti, con un enternecedor F. Murray Abraham. Sin embargo, no puedo decir mucho más, porque todo esto estaba ya en un clásico intemporal, que cumple nada menos que 65 añazos, manteniéndose como uno de los más maravillosos cuentos con animales como protagonistas. Y es que la humanidad de lo que no es humano está en una humilde comida en un callejón cualquiera...
Se puede ver, no hace daño ni nada.
Saludos.
viernes, 17 de enero de 2020
Conducir ebrio
Cuando un director (guionista por añadidura) no sabe hacia dónde derivar una historia que ha logrado arrancar con más que solvencia, la sensación que queda es la de una tomadura de pelo con reservas. Es lo que ocurre con SMALL TOWN CRIME, segundo film de los hermanos Eshom e Ian Nelms, con el que han intentado dejar atrás la intrascendencia de WAFFLE STREET, su debut en clave tragicómica. Algo de eso hay en el desgarbado ex policía interpretado con nervio e inteligencia por el gran John Hawkes, lástima que Hawkes sea casi lo único decente en esta anécdota dentro de otra anécdota. Lo es su incurable e irreverente alcoholismo, aderezado con una patológica incapacidad para mentir, directamente proporcional a llevar las riendas de una vida errática, mientras intenta volver a ingresar en el cuerpo del que fue expulsado a raíz de un oscuro episodio. Por ahí la película funciona, con esa triste figura arrastrándose entre latas de cerveza, resacas interminables y el rechazo de casi todo el mundo; el problema sobreviene cuando los guionistas atisban el borde del abismo y deciden tirar por lo convencional, que es integrar un asesinato y la consecuente investigación al margen de la ley del protagonista. A duras penas se llega a un final tan típico como tópico, sin nada del ingenio anteriormente intuido, y fiándolo todo al dogma del manual que contenta a cualquier productor. Eso sí, si tienes los huevazos de crear un protagonista alcohólico en Utah, no tiene sentido obviarlo tan pazguatamente...
Saludos.
jueves, 16 de enero de 2020
Parque temático 2
Acabo de terminar la segunda temporada de WESTWORLD, enterándome de que la tercera tiene inminente fecha de estreno en HBO, lo que me deja un par de sensaciones contrapuestas. Por un lado, la frescura que destilaba la primera temporada brilla aquí por su ausencia, y a Jonathan Nolan y agregados les cuesta una barbaridad hacer avanzar una historia basada en una miríada de referencias a la primera, pero que parece prepararnos para un apoteosis final. La traca existe, ciertamente, pero se reserva un último cartucho para recordarnos que no todo acaba aquí, y no sé cómo tomarlo, e incluso dudo mucho que me vaya a atrever a seguir indagando en algo que creo agotado, o a mí me lo parece. Desaparece la reflexión filosófica sobre la vida artificial, y en su lugar hay vueltas y más vueltas en torno a la posibilidad de que nada sea lo que parece, con el problema añadido de que las barreras entre el mundo virtual y el real desaparecen, y el rumbo de la narración se desnorta y se pierde entre datos que no aportan claridad, mientras los personajes aparecen y desaparecen sin previo aviso. No discuto la calidad técnica ni las de nuevo sobresalientes interpretaciones, pero me pregunto por el verdadero propósito de la serie, de la misma forma que el personaje interpretado por un soberbio Ed Harris parece ser, incluso en su intrínseca maldad amoral, el único con un poco de lucidez en un mundo que termina por semejar un mareante tiovivo.
No sé, ya veremos.
Saludos.
Etiquetas:
Craig Zobel,
Frederick E.O. Toye,
Jonathan Nolan,
Lisa Joy,
Nicole Kassell,
Richard J. Lewis,
Stephen Williams,
Tarik Saleh,
U.S.A.,
Uta Briesewitz,
Vincenzo Natali
miércoles, 15 de enero de 2020
Su mal es nuestra felicidad
De 1973, LES NOCES ROUGES demostraba dos cosas: que Chabrol comenzaba a perfilar su cine hacia los dramas intimistas situados en pequeñas poblaciones de provincias y que lo suyo nunca fue escribir guiones en solitario. La película, sin estar nada mal, parece un compendio y/o adelanto de ese cine suyo tan suyo, el de los intramuros y las indecencias, los egoísmos y maldades pasadas por errores. En este caso, la gracia está en el tórrido romance entre la mujer de un politicucho impotente y un amigo de la familia, cuya enfermedad nerviosa la obliga a guardar reposo constantemente. Chabrol filma los encuentros sexuales entre los dos amantes (estupendos Stéphane Audran y Michel Piccoli) con una virulencia y ansia proveniente de su mutua insatisfacción, contraponiéndolos con su monótono día a día. Hasta que ambos acuerdan deshacerse de la esposa de él de forma limpia e indolora, allanando el camino a su adulterio, pero todo se complica cuando el marido descubre la infidelidad, y aunque acepta los cuernos como previsibles e inevitables, sobre ellos recae el temor de que sospeche algo del crimen. Una película, ya digo, correctamente rodada y perfectamente interpretada, pero a la que se le echa en falta un punto más de audacia, teniendo en cuenta las múltiples posibilidades de un guion al que Chabrol no logra pulir ni sacar punta del todo.
Saludos.
martes, 14 de enero de 2020
Ebrios de totalidad
Como ir a buscar a tu padre, borracho en la taberna, tirando sin éxito de él hacia un mundo que ya no reconoce. Igual, pero yendo hasta Neptuno, el más alejado de los planetas de sistema solar, pero igual. Y es igual porque los únicos defectos que contiene AD ASTRA son hacer bajar a la Tierra nociones tan elevadas y proféticas como las aquí descritas, cuando lo que mola es una persecución a lo John Ford por la superficie de la Luna, o a un mono destrozando a un astronauta. Lo nunca visto, por defecto, y funciona, pero no por el exceso, justo en el instante que sabes que te están tomando el pelo. No sé, porque me gusta mucho el cine de James Gray, y además no soy capaz de inventarme un exabrupto (excepto el del principio) para decir que no me gusta, porque reconozco que ésta es mejor película que GRAVITY y deja en pañales al batiburrillo de Nolan. Es, creo, una especie de exorcismo intergeneracional, en el que expiar los pecados se hace desde la perspectiva más agnóstica posible, dejando los lagrimeos para después de la reflexión filosófica. Gray no emparenta a sus personajes con un dios o seres superiores, sino con ellos mismos, mesmerizando desde el razonamiento límpido y consecuente de un tipo (Brad Pitt) comprometido con una causa imposible, llegar hasta esa estación a la deriva de los confines de la galaxia y traer de vuelta a un Tommy Lee Jones buscando la mímesis telúrica con el Kurtz de Brando. Así, tras tres o cuatro momentos de una maravillosa técnica visual (atención a la fotografía de Hoyte van Hoytema), lo infructuoso de la misión le resta mucho del interés adquirido, y es más efectivo el corte de semiespionaje que se vislumbra, mientras el universo va desplegándose en toda su inabarcable inmensidad.
Puede ser mejor tras un segundo vistazo, pero tampoco estoy seguro de querer volver a verla. Ya veremos...
Saludos.
lunes, 13 de enero de 2020
Aquí y allá
Me parecía necesario incluir en este apartado de cine chino reciente una película como THE FAREWELL, que no es esencialmente una producción del país asiático, sino una coproducción, pero que retrata acertadamente muchos de los males más desconocidos de una sociedad que suele aferrarse con hermetismo a un sistema de valores incomprensible para Occidente. En este caso, la historia arranca en Estados Unidos, con una familia de origen chino que reibe la noticia de que la abuela sufre un cáncer terminal, por lo que deciden viajar, aunque con la intención de ocultarle dicha enfermedad, y encubrir su viaje a costa de la boda forzada del nieto mayor como coartada de dicha reunión, pero la nieta, de marcado carácter occidental, se enfrenta a toda su familia, pensando que es una crueldad mantener las apariencias con tamaña falsedad. Lulu Wang firma su película más personal hasta la fecha, guardándose las cargas de profundidad con un inteligente tono que abarca la coralidad bien entendida, un fino humor y lo complicado que resulta ponerte en el lugar del otro cuando sus ideas chocan frontalmente con las tuyas. Una buena película, de modestia franca y con un puñado de interpretaciones absolutamente fabulosas. No es ninguna obra maestra, pero se ve con el grado justo de emotividad, aludiendo a, por ejemplo, aquel buen primer cine que hacía Ang Lee.
Saludos.
domingo, 12 de enero de 2020
Rincón del freak #388: Ensalada de carne o pasta con helado
Cuando te pones a mezclar muchas cosas, sin tener ni puñetera idea de lo que estás haciendo, da igual que cuentes con algunos ingredientes de primera categoría, lo más probable es que todo termine en desastre. Empezando por el título, no tengo ni idea de a qué se refiere NOMIS, porque no le encuentro ningún significado, aunque me soplan que es una palabra del esperanto ¿por qué? No tengo ni idea. Se le coge muy pronto el truco a una cosa de estas, aunque se intenta jugar al despiste y tapar las muchas carencias con golpes de efecto claramente copiadas de películas que ya existían. Mientras no sabemos explicar lo que ocurre la cosa funciona levemente, pero todo se desmorona en el momento que se descubre el pastel. La película está tan mal construida que huelga ponerse aquí a dar explicaciones de su argumento, pero por allí anda Henry Cavill mirando de reojo con cara de mala digestión, y dos actores como Ben Kingsley y Stanley Tucci, que parecen estar haciendo un favor, porque ambos desaparecen sin previo aviso. Una película rutinaria, deslavazada, como un desganado cruce entre SEVEN, SAW, SPLIT y otras cosas parecidas, pero que va desperdiciando lo poco de bueno que tiene, como el trabajo de Brendan Fletcher, que resulta incómodo en todo momento como un psicópata muy particular.
De verdad, no sé para qué hacen estas cosas... ni por qué las veo, claro...
Saludos.
sábado, 11 de enero de 2020
El faro del fin del mundo
Quiero saber qué es exactamente THE LIGHTHOUSE ¿Ocurre realmente lo que nos dice Robert Eggers que está ocurriendo? ¿Aludimos, si no, a una representación extrema, como extremos son todos los condicionantes que la componen? Se abriría ahí una interesante alocución, sobre todo respecto al marcado (y deliberado) carácter anacrónico del film, contraviniendo cualquier recomendación estrictamente comercial e inscribiendo este extraordinario trabajo en otro lugar, el de las obras de arte. Tengo mis dudas, sin embargo, ante quienes han invocado nombres como el de Béla Tarr, porque creo que no va por ahí la cosa. Eggers ha hecho un film que debía ser hecho, y que además debía ser hecho así. Es emocionante ver un formato 1:1,19, y una fotografía en Blanco y Negro alejada del digital, sin miedo a contrastar con vocación documentalista cada cambio en el eje simétrico de unas condiciones temporales infernales. Así como no puede ser más acertado hacer recaer todo el peso dramático en dos actores como Willem Dafoe y Robert Pattinson. Del primero no digo nada, no vale la pena insistir en la magnificencia de su composición; pero del segundo, me reafirmo en señalar que estamos ante unos de los intérpretes llamados a redefinir la conducta actoral de los próximos años, tal es el nivel de réplica que da a un gigante como Dafoe. No convoco nada, no indico nada, sólo reverencio que estamos ante una obra mayúscula, pero también desconcertante; áspera y puntiaguda, como ese slang anacrónico, que sólo podemos admirar los que hemos babeado con Melville o Blake, por poner dos ejemplos de facto. Y luego podremos discutir si todo el asunto central no es más que una desfachatez, o si la pérdida de percepción de la realidad no es un poquito exagerada. Podremos discutir lo que queramos, pero aquí rezuman Murnau, Gance, Lang o Eisenstein, y yo a eso le llamo apostar fuerte y ser comprometido con el medio que amas.
No creo que en conjunto sea una obra maestra absoluta, como sí lo es EL CABALLO DE TURÍN (por aclarar), pero, aunque sea ese conjunto lo que peor le sienta, hay momentos, escenas, planos, que justifican por sí solos a la que es una de las obras más importantes filmadas durante el pasado año.
No se la pierdan.
Saludos.
viernes, 10 de enero de 2020
El aficionado
Hoy vamos con una más bien mediocre, que no todo va a ser lujo y éxito en la casa del señor. MONTANA es ese tipo de películas que sólo puede hacer un principiante, con ganas, habiéndose empapado de lo que le conviene para hacerla bien, pero sin el empaque ni el talento necesario para ello. La idea está bien, pero la hemos visto muchísimo mejor llevada a cabo, por ejemplo en la mítica EL PROFESIONAL. Comienza con un flashback en la guerra de los Balcanes, y el personaje principal, un experimentado soldado serbio, recordando en el Londres actual cómo el hombre al que ha venido a matar fue quien aniquiló a su familia entonces. Pero Mo Ali no quiere hacer esa película, sino una de adolescentes malotes a ritmo de música urbana, por lo que el desparrame está asegurado. El protagonista no es el que parecía, sino un joven que hace de "mula" para el gangster, pero el soldado/ahora asesino lo salva de morir y luego le da clases ultraexpress de cómo hacerte todo un killer. En fin, un despropósito prescindible, con Lars Mikkelsen (sí, el hermano de Mads) intentando dar el pego en un papel que no le va, y con un desenlace de mascás y chunda-chunda de tercera división.
Daba para mucho más.
Saludos.
jueves, 9 de enero de 2020
Nos quedamos en casa
THE ROOM es una película inesperada, de formas rutinarias al principio, que va creciendo exponencialmente a medida que va cobrando sentido, y que remata con un final mucho mejor de lo que se esperaba. Inesperada y sorprendente desde sus créditos, porque su director, el francés Christian Volckman, llevaba nada menos que 13 años sin filmar nada desde aquella reivindicable epopeya futurista animada que era RENAISSANCE. Después, uno no se imagina a Olga Kurylenko en algo que pueda pasar por trascendental, pero la actriz ucraniana solventa su papel con mesura y oficio, pese a que su compañero de reparto, el belga Kevin Janssens, está algún punto por encima. Con sospechosas similitudes con artefactos como la olvidada LA CAJA, de Richard Kelly, narra la adquisición de una antigua mansión por parte de un joven matrimonio (los dos son cuarentones, pero bueno); tras una serie de casualidades, descubren que existe una habitación en la que cualquier deseo se hace realidad, pero no todo lo gratuito sale totalmente gratis... La película va tomando brío a medida que se van aclarando algunas claves, y sin ser ninguna maravilla cumple su cometido de entretener sin más, aparte de rematar convincentemente, sin nada de finales abiertos, lo que se agradece una barbaridad.
Se ve sin agobios y poco más, y no es poco hoy día.
Saludos.
miércoles, 8 de enero de 2020
Destape a la francesa
DOCTEUR POPAUL, de 1972, es otro caso incomprensible en la filmografía de Claude Chabrol, un chapucero intento de asimilar la comedia erótica (fidedigna de Italia, más sórdida en España) al imaginario fílmico francés, en torno a la figura de un doctor más salido que el pico de una plancha (Jean-Paul Belmondo), que cesa súbitamente sus correrías al caer enamorado de una joven apocada (Mia Farrow), para volver a su exaltación erótico-festiva al conocer a la hermana de la prometida (una explosiva Laura Antonelli). Sí, no suena a Chabrol, y cuesta horrores rastrearlo en esta cosa, más propia de un Ozores, por ejemplo. No sé, he intentado encontrarle algún mensaje oculto, pero me perdía en las curvas de Marlène Appelt, preguntándome por qué me sentía tan culpable...
Saludos.
martes, 7 de enero de 2020
Con las tripas fuera
Imagino por qué hay gente a la que no le ha gustado ONCE UPON A TIME... IN HOLLYWOOD. Porque no la han entendido, simple y llanamente. No me refiero al argumento, que es sencillo de seguir, sino a la intención de Quentin Tarantino de postrarse ante los pies de su dios de celuloide, y hacernos partícipes de una declaración de amor tan honesta y entrañable que ni un lanzallamas puede estropear. Tarantino ha decidido ser sutil, y eso no se le perdona al último de los iconoclastas, pero hay algo mucho mejor en esta película que una cansina vuelta a los orígenes, que es acceder por otras vías al mismo grado de satisfacción. Y es una película plagada de viejos amigos, de escenas que podemos reconocer, pero todo parece pertenecer a la tramoya, como cada escena protagonizada por unos memorables Leonardo DiCaprio y Brad Pitt; dos caras de la misma moneda, un star system que ya no tiene sitio para ellos y los empuja, casi sin querer, a esos márgenes de la industria que Tarantino ha amado desde siempre. Por aquí están Sergio Corbucci y Romero Marchent, y Los Bravos, y el desierto de Almería. Pero también Sharon Tate, genial mise en abyme del autor, presentada como un resplandeciente espectro de sí misma, un fantasma al que sólo la magia del cine puede rescatar de su limbo particular. No hay florituras en este Tarantino, y sí mucha autocrítica, y una gran inteligencia para saber qué debe ir en cada plano, para que nada falte y nada sobre, pero también para que el espectador se vea sorprendido en la entrañable peripecia de ese actor de tercera y su doble, posiblemente la pareja más carismática de un ya largo listado de ellas.
No sé, sólo sé que hay que verla. Y no me atrevo a decir que sea su mejor película, probablemente no lo sea, pero sé que es una obra maestra con todas las letras.
Maravillosa.
Saludos.
lunes, 6 de enero de 2020
Saturno devora a sus hijos
Aunque es "El coloso", esa imponente pintura que se creyó durante mucho tiempo obra de Goya, el que preside la portada de XIONG NIAN ZHI PAN (NOSOTROS LOS TRABAJADORES), debería haber sido otra del maestro aragonés, por cómo logra meterse el documentalista Wenhai Huang en las entrañas del demoníaco sistema económico chino. Durante nada menos que seis años, recopiló un material valiosísimo pero imposible de estrenar en su país, y que estalla en casi tres horas de intenso documento, a la vez denuncia de unas condiciones deplorables e inhumanas. El film se abre con un monstruoso carguero que está siendo construido en un astillero, y durante quince minutos se recrea en mostrar el durísimo trabajo de los obreros, los imperceptibles cambios en hermosos planos generales. Abruptamente, el título inunda la pantalla y el film comienza en su verdadera dimensión, que es bajar a la tierra e introducirse en los hogares cochambrosos, en las asambleas semiclandestinas y hurgar en un estado de la miseria tan aceptado como ocultado por un gobierno que no admite ninguna subversión.
Necesaria y clarividente.
Saludos.
domingo, 5 de enero de 2020
Rincón del freak #387: Nación majara
Espero poder rematar hoy ya con lo de los motivos navideños y quitarme esta losa de encima. Y como es el día de los Reyes Magos y todo eso, y ya creo que los he agotado, me acordé súbitamente de otro rey, que a mí me toca particularmente. KING DAVID fue una película sumamente extraña en su día, ya que iba para gran superproducción histórico-bíblica (no confundir), pero se quedó en una sincopada aproximación del pastor que fue elegido como rey de los hebreos, con el despótico Saúl aún en el poder, lo que desató una serie de enfrentamientos cercanos a lo que hoy conoceríamos como una guerra civil. Confieso que todo lo que huela a mito bíblico y tal me conmueve poco, aunque hay que reconocerle al guion de Andrew Birkin y James Costigan el esfuerzo por desmitificar y dotar de un carácter más terrenal lo que está normalmente visto con el halo de la leyenda. Sin embargo, la torpe dirección de Bruce Beresford y las más que discutibles actuaciones (¿Richard Gere? ¿en serio?) lastran el conjunto y lo dejan en lo que es, un subproducto totalmente prescindible.
Y ahora, un breve repaso sobre la nación hebrea desde su fundación para entender por qué se comportan así aún actualmente: Llevamos cinco minutos de película, el profeta Samuel va a toda hostia a encontrarse con un taciturno Saúl. Le chilla y le increpa, y le dice que su dios está hasta los cojones de él, que cómo no ha aniquilado a sus enemigos y hecho de Israel un estado más grande. Súbitamente, coge una espada y le corta la cabeza a un señor que había venido a dialogar. No vales, Saúl, así que me voy a un pastor canijo y lo designo como próximo rey com dos piedras de colorines. Luego lo pongo delante de un gigantón armado de una honda... y voilá, Israel, como Teruel, ya existe...
Saludos.
sábado, 4 de enero de 2020
En los límites del drama
Y si ayer incluíamos un género dentro de otro muy diferente, hoy podríamos realizar el mismo ejercicio de forma contraria, desviando una comedia hacia un género indeterminado, aunque más cercano a las formas del policíaco. Sin ser del todo exacto, lo cierto es que THE ART OF SELF-DEFENSE es una rareza que no quiere ser considerada como tal, o quizá es un síntoma de nuestros días, en los que ya las películas no pueden ser inscritas y reconocidas en un solo género. En su segunda película, tras la muy interesante FAULTS, Riley Stearns inicia el film centrado en la triste figura de Casey (Jesse Eisenberg maximizando su estupidez), un joven apocado y solitario que una noche es atacado por unos misteriosos motoristas, lo que casi le cuesta la vida y le hace replantearse su sosegado estado vital. Primero intenta comprar un arma, pero se cruza en su camino una particular escuela de artes marciales, en la que encuentra una fuerza interior que no imaginaba tener. La película parece una comedia de nuevo cuño, con situaciones marcianas y diálogos inquietos, pero el acierto de Stearns es no conformarse y lanzarse hacia algo más oscuro e inesperado, lo que se agudiza con la inclusión del personaje interpretado por un estupendo Alessandro Nivola, un sensei de métodos cuanto menos discutibles, pero que muestra una extraña fijación en el recién llegado. Una película, insisto, que dejará con un palmo de narices al más pintado, que no es que carezca de género, sino que directamente los usa a su antojo para modular el efecto de una historia que, leída entre líneas, nos habla de lo poco que se aceptan a sí mismos los que tanto necesitan la aceptación ajena.
Saludos.
viernes, 3 de enero de 2020
En los límites del humor
El título viene por la gran similitud entre uno de los numerosos episodios de THE TWILIGHT ZONE y WOUNDS, el film que nos ocupa hoy, y que supone uno de esos casos en los que, aun sabiendo que no has visto nada del otro jueves, no puedes quitártela de la cabeza por alguna extraña razón. Probablemente sea porque suponemos que se trata de un film de terror, pero la seriedad con la que se toma a sí mismo el director iraní Babak Anvari (que apuntó maneras con UNDER THE SHADOW), hace pensar que algo no va bien en esta bizarrada repleta de cucarachas y heridas feas. Y es muy curioso, porque el espacio casi único del bar de New Orleans donde se desarrolla tiene un inexplicable magnetismo, mientras sus personajes no paran de beber y actuar inconsecuentemente. Y luego se introduce, casi sin querer, el elemento terrorífico mediante un móvil que unos jóvenes han dejado olvidado en dicho bar, y en el que el camarero (por fin un interesante Armie Hammer) ha accedido a una serie de imágenes terribles. Da igual, lo que quiere contar no es lo que importa. Lo que importa es ver a un tipo tirarle los tejos a una chavala con su novio delante, o a otro con la cara cortada en mitad del bar. Pero sobre todo, la idea más descabellada que he visto últimamente en cine: una señora jugando al billar al fondo... completamente desnuda, porque la política del bar es que si vas desnudo las copas son gratis.
Imposible no reírse en un par de escenas. No sé, todo muy raro... El final es de sopetón, no hay malos identificables...
Saludos.
jueves, 2 de enero de 2020
Ojos que sangran
Premisa y resultado. Calma o premura. Marco y desarrollo. Todo falta, por abajo y por arriba, en una película como FREAKS, un timidillo ensayo en clave superheroica de bajo presupuesto, solventes actores y una lastimosa incapacidad para hacerse entender, cuando lo que cuenta no es nada que no hayamos visto antes, y mejor. Hasta los últimos minutos no podemos acceder a lo que realmente sustenta su extraño guion, que sugiere mucho para terminar contando casi nada. Un hombre mantiene a su hija encerrada en una cochambrosa casa, advirtiéndole de los peligros del mundo exterior, pero le puede la curiosidad y sale, encontrándose con un inquietante hombre que vende helados. Y así contada podría haberse hecho una película malsana y perturbadora, pero los debutantes Lipovsky y Stein no saben muy bien qué hacer con el material, estirarlo más allá de lo que no habría dado para más de un corto, y el metraje se asimila entre bostezos por acumulación repetitiva. Emile Hirsch y Bruce Dern dotan de entidad a sus planos personajes, y la jovencísima Lexy Kolker es convincente, pero son 100 minutos de mirar el reloj y preguntarte qué ha hecho que acabaras viendo esto en plena Nochevieja...
A los protagonistas les sangran los ojos...
Saludos.
miércoles, 1 de enero de 2020
Polvo y yeso
Lo mejor de LA DÉCADE PRODIGIEUSE es su título. Ni siquiera su excepcional reparto, uno de los más incomprensiblemente desaprovechados de la extensa trayectoria de Chabrol. Por allí desfilaban, nada menos, Orson Welles, Michel Piccoli, Anthony Perkins y Marlène Jobert, casi nada. Pero el planteamiento es tan raquítico y relamido que apresa a sus personajes en una rueda sin sentido, soporífera, que en ningún momento conecta con el propósito original de la novela de Ellery Queen, un modesto cruce entre "El gran Gatsby" y Sófocles, solo que la supuesta perversión de fondo de la familia artificial del magnate, acaba en opereta de flojos ecos policíacos. Se ve sin agobios, porque está bien interpretada, mejor de lo que dirige Chabrol en su faceta menos reivindicable, la de snob sabelotodo. Pero ahí está si tienen curiosidad.
Saludos.
martes, 31 de diciembre de 2019
Os queremos
Y qué mejor que acabar el año y el curso con Ben Wheatley, uno de nuestros autores favoritos, y al que vimos en horas algo bajas tras su último (en nuestra opinión) batacazo. Y qué mejor que hacerlo si su último film trata, sin más, de una reunión familiar de Nochevieja. Wheatley ha regresado en plena forma, pero ni aun así le da para que en nuestro país se estrene una película suya, si no es casi dos años después y en una plataforma de televisión. HAPPY NEW YEAR, COLIN BURSTEAD contiene todos y cada uno de los elementos más reconocibles de su autor, pero esta vez no hay desparrame, ni desfases orgiásticos, espídicos o micológicos, y sí un ramalazo de madurez que le sienta de maravilla, y que ni siquiera puede emborronar un montaje tan cortante y brusco que puede llegar a desorientar. Por momentos parece que Wheatley va a despegar, acompañado de un elenco bestial (memorables Sam Riley, Neil Maskell y, sobre todo, Charles Dance), pero cada acometida es inmediatamente atemperada, puesta en su justa medida, en un difícil ejercicio de contención en mitad de una historia que pide caos y acaba casi como una indefinible carta de amor entre enemigos. Más cerca del Villeneuve de ENEMY que de barrabasadas como HIGH RISE, es muy probable que más de uno se vea dibujado en alguno de los numerosos personajes de esta epopeya familiar, tan típica como atípica, con situaciones que hemos visto muchas veces, pero cuyo poso sentimental le sienta de maravilla al director británico. Igual que la fantástica banda sonora de Clint Mansell, pero eso ya es más normal...
Saludos y feliz año.
lunes, 30 de diciembre de 2019
Una rabia que resuena a lo lejos
JIA NIAN HUA (LOS ÁNGELES VISTEN DE BLANCO) demuestra la sensibilidad y talento de Vivian Qu, rara avis del cine chino actual, una directora que antes fue productora (de Diao Yinan, nada menos), y antes se marchó una larga temporada a Estados Unidos, donde se formó en cine y publicidad. Y cuesta decir que estemos ante una cinta proveniente del país asiático, dada la sorprendente versatilidad con la que la directora moldea esta terrible terrible historia, sin caer en obviedades ni sensiblerías. Ésta es una historia muy dura, y por eso parece necesario incitar más que narrar, y veo muchísimo del cine, por ejemplo, de Clint Eastwood, su crudeza atemperada, su rechinante sentido del humor y, más que nada, la cualidad de pasar de un estado de ánimo a otro sin que el montante se resienta. Es la historia de un hombre influyente, con poder, pero apenas le veremos unos segundos. Un hombre que se lleva a dos niñas a un motel en una zona costera. Pero en un acto de justicia, este hombre es irrelevante, y Qu se centra en la complicada figura de Mia, la joven que atendía el motel esa noche. Y parecería que Mia sólo pueda existir por y para el esclarecimiento de un asunto tan terrible, pero ella tiene sus propios problemas; y aquí el film se acerca, por ejemplo, a Farhadi, su versatilidad para mostrar lo cotidiano en lo extraordinario, lo que se traduce en un descorazonador retrato (uno más) de esta China implacable con sus víctimas. Lo es hasta el liberador y apabullante plano final, más que bello, necesario.
Necesaria película.
Saludos.
domingo, 29 de diciembre de 2019
Rincón del freak #386: Los bastardos de la constitución
Se me hace cuesta arriba disponerme a esa tendencia tan arrabalera de fiarlo todo a una constitución, la nuestra, tan necesaria como mejorable hoy día. Todo se ha metido y todo se mete, y cualquier cosa se blanquea por la sacrosanta indiscutibilidad de un texto que, como mínimo, necesita de una revisión urgente, para que no se la sigan apropiando los de siempre. 42 años cumple en este que empieza en breve, y de ese mismo es LA VISITA DEL VICIO, blandiporno de José Ramón Larraz, un señor de esos que hizo muchas películas aquí cuando le dejaron, pero que sólo tuvo oportunidad de demostrar que era un realizador cuanto menos interesante al irse al exilio, donde logró estar incluso nominado en Cannes. Ésta no es nada que merezca la pena reseñar, pero como el año expira, qué menos que languidecer en costas ignotas, al menos en subproductos como éste, en el que se mezclaba un lesbianismo de tercera con despelotes de segunda y algún taconeo flamenco de primera. Todo al servicio de ese infame "destape", donde tanto se confundió la libertad con lo meramente retrógrado, y donde apenas lucían palmito dos trasuntos de actrices que atendían al nombre de Lidia Zuazo y Patricia Granada, que no les suenan a nadie que no viese algún Interviú de la época, claro.
Viva la constitución y el anatómico forense...
Saludos.
sábado, 28 de diciembre de 2019
Deja que acabe de una vez #y 5?
Tan sólo por el ariño que le tengo a un personaje como John McClane, me resisto a no clausurar esta saga ayer, y sí hacerlo hoy con lo que considero, simple y llanamente, una bazofia de película. Debe ser el espíritu navideño, o que me hago mayor, o no sé. Aunque se me ocurre que A GOOD DAY TO DIE HARD es una soplapollez pistonuda, pero también la oportunidad perdida de haber dado un buen final a un personaje que está acabado hace mucho. No voy a contar nada de ella, excepto que los productores se fueron a Hungría para hacerla pasar por Chernobyl, tan sólo por abaratamiento de costes, porque allí es más barato hacer explotar un helicóptero... Ah no, que es CGI del malo. Entonces no entiendo nada, excepto que yo habría imaginado a un Bruce Willis sin dar puñetazos sexagenarios, sino más bien a un tipo de métodos obsoletos arrastrando sus miserias por un par de tabernas. O: cómo echan a patadas de un bar a alguien que una vez pateó a un grupo terrorista de un rascacielos. Ésa sí me hubiese gustado, qué se le va a hacer...
Saludos.
viernes, 27 de diciembre de 2019
Deja que... estalle #4
Ya da igual la Navidad, y los tiros y las patadas. En 2007, ese adalid del CGI llamado Len Wiseman se hizo con los controles de un revival que levantó suspicacias poco infundadas. LIVE FREE OR DIE HARD era un escuchimizado intento de enclavar a McClane en mitad de la era digital, como un mono en una feria, divirtiéndose con cara de malas pulgas. El problema fundamental de esta cuarta parte, además de haber dejado pasar nada menos que doce años, es que a McClane no le hace falta que le llamen viejo, porque siempre lo fue. Por si fuera poco, el malo es un hacker, y el que tiene que salvar es otro; y además, aunque ya Holly es historia, aparece la hija, con la que es inevitable la redención paterna. Es decir: un tipo puede manejar a su antojo todo lo que esté informatizado, pero no puede hacer nada contra un cincuentón con una pistola, que además de salvar el mundo le encuentra novio a la niña (por cierto, una jovencísima Mary Elizabeth Winstead), y todo bañado por la crema fondant de la fotografía de Simon Duggan, y todo sin fumarse un solo pitillo, que son tiempos de vida sana... ¿o no?
Si no la hubieran hecho no hubiese pasado nada.
Saludos.
jueves, 26 de diciembre de 2019
Deja que...¿nieve? #3
Habrá a quien le parezca que no, pero a mí me mola DIE HARD WITH A VENGEANCE, tercera película de la saga, que volvía a poner a John McClane en órbita un lustro después, aunque con un par de ases en la manga. Volvía a la dirección McTiernan, y se nota en sus característicos chispazos de humor, aunque su fuerte nunca haya sido mantener un tono coherente. Aunque ¿a quién le importa? Este antihéroe de la magulladura y el oprobio, de la camiseta de tirantas y el pitillazo, empieza fuerte, con una resaca que parece de verdad (a juzgar por su careto) y una escena que parece sacada del mismísimo Tarantino, con Bruce Willis portando un cartel contra los negros en mitad de Harlem. Y de ahí parece provenir la ocurrencia de incluir a un Samuel L. Jackson que resulta ser todo un acierto dándole réplica a Willis, como si de unos improbables Quijote y Sancho Panza se tratara. Luego, el malo es Jeremy Irons, y su papel (sorpresa incluida), como toda la película, gana enteros en la primera mitad, mientras no vemos su rostro, sino que es una voz al teléfono desquiciando a los protagonistas con unas pruebas cada vez más complicadas, al estilo "Simon says". En definitiva, una peli de acción por todo lo alto, con las constantes en plena forma, pero sin nieve... y sin Holly esperando ser rescatada... Pero en fin, un film más que digno para cerrar una serie, aunque no lo hizo, claro...
Saludos.
miércoles, 25 de diciembre de 2019
Contra la fe
JUSTE AVANT LA NUIT, de 1971, partía de un hecho escabroso (nada menos que un asesinato) para escarbar en los entresijos de la culpa, la mentira, y cómo éstas se interrelacionan hasta confeccionar un traje a medida capaz de tapar cualquier monstruosidad, excepto cuando la conciencia se adueña del individuo. Durante todo el metraje, Chabrol, que no nos ha escatimado la identidad del asesino, lo presenta como un hombre hastiado, casi aburrido de sí mismo, pero que busca algún asidero para descargar su culpa, aunque le horroriza la idea de ir a la cárcel. Por un lado está el hecho de la infidelidad hacia su mejor amigo, desembocando en un crimen que la mujer casi rogaba en un juego sadomasoquista; por el otro, su matrimonio perfecto, su progresiva confesión y la insólita comprensión de ella, absolviéndole de todo pecado y, en un acto deliberadamente burgués, anteponiendo el bienestar de su familia a cualquier cosa que la desestabilice, incluso un crimen. Una película agria, áspera, taciturna como su protagonista (un excepcional Michel Bouquet), y que reconcentra al mejor Chabrol, despojándolo de cualquier artificio y elaborando un retrato a disposición del miserable como un ser de nuestros días, incluso al que nos hemos acostumbrado tanto que ni juzgarlo queremos.
Saludos.
martes, 24 de diciembre de 2019
Deja que nieve #2
Hay un problema insalvable en DIE HARD 2 (maravilloso título), y que los productores ni siquiera se preocuparon de exigir a los guionistas, que se limitaron a seguir el manual, cambiándole apenas el escenario (donde había un rascacielos, ahora hay un avión). Y hasta ahí lo malo... bueno, eso y que al pobre John McLane se le crucen los terroristas asesinos una y otra vez, y que tenga que acabar con ellos para quedar bien con la señora, que era algo que molaba en los 90, como que el prota fume o que se pegue un lingotazo de cuando en vez. Dirigía el ínclito Renny Harlin, un tipo al que nunca se le han caído los anillos a la hora de reconocer que lo suyo es el escozor adrenalínico y el encadenamiento de guasa y golpiza. A mí me gusta, qué quieren que les diga, pero la cosa iba desbarrando hacia la autoparodia peligrosamente... ¿o no?...
Saludos.
lunes, 23 de diciembre de 2019
Deja que nieve #1
Es Navidad, los sentimientos afloran, y me he dado cuenta, más de 11 años después, de que no había puesto ni una sola película de John McTiernan... Dadas las debidas disculpas, entenderán que la combinación terroristas-héroe descalzo-fechas entrañables no se encuentre entre mis preferidas. De cualquier forma, nunca es tarde para recuperar el visionado de DIE HARD, sobre todo porque no son pocos quienes la han tildado de "película navideña", antes que de cúspide de la acción ochentera. Lo mismo puede ser una cosa que la otra, pero no hay duda de que a nadie se le había ocurrido hacerla antes, y quizá por eso lleva más de treinta años siendo elegida como una cinta eminentemente entretenida, o que en ningún momento se cree más lista de lo que es. Se saben el argumento perfectamente, Bruce Willis se convirtió en icono con una camiseta de tirantas mientras todos sufríamos con esos pies, y Alan Rickman apuntó alto con un villano que puede ser muchas cosas menos tonto. Luego se hicieron unas cuantas más, y las iremos comentando, ya puestos... Pero ésta es la mejor. Ustedes lo saben, yo lo sé...
Saludos.
domingo, 22 de diciembre de 2019
Rincón del freak #385: Los millenials en su laberinto
Se pueden cometer muchos pecados en una primera película, pero nunca el de ser soso. Alice Waddington (nada que ver con Andrucha) es molona, o va de ello, o tiene vocación de funcionaria y modales de indie, lo que no casa nada bien. Así las cosas, PARADISE HILLS nace de una historieta de la propia directora, que han adaptado nada menos que Nacho Vigalondo y Brian DeLeeuw, aunque cuesta rastrear en esta ñoñísima imbecilidad a los creadores de maravillas como COLOSAL o THE DISMANTLING... excepto que el primero es su pareja... Para variar, la autora colapsa toda credibilidad con un efecto "mundo cerrado sobre sí mismo" que no le favorece, sino que la deja con un desarrollo tan pesado como rutinario. Con una estética que coquetea con el steampunk, la historia sigue a una chica que es internada en una especie de ¿sanatorio? en el que se la va a moldear a medida del papel de perfecta mujer y mejor esposa, cuando en realidad quiere ser una muchacha libre y sin imposiciones. El desastre toma forma cuando se tira por el lado guay y se marca un amago de amor lésbico, aunque todo lo que pasa lo hace tan deprisa que no da tiempo a sutilezas, por lo que el trazo grueso es lo que predomina.
Una tontería con vestidos raros, actrices con pinta de influencers y Milla Jovovich como la mala malísima, que también da ganas de bostezar.
No la vean, a menos que quieran referencias para un baile de disfraces.
Saludos.
sábado, 21 de diciembre de 2019
De pies y manos
Vamos a tener que empezar a pensar que efectivamente hay una fiebre de adaptaciones de Stephen King. Porque, o es eso, o a lo mejor no es más que la constatación de que hay una crisis galopante de ideas en el cine actual. Sea como sea, me enteré de que existía una versión recientísima de GERALD'S GAME, una novela que leí no hace mucho, atraído por lo insólito de su planteamiento. Transcurre casi enteramente en la apartada cabaña a la que va un matrimonio en busca de reencontrarse con una chispa ya olvidada. El problema sobreviene cuando a él se le ocurre esposar a la mujer a la cama y, en plena excitación, sufre un ataque al corazón, quedándose ella sin poder moverse. Hay significativas diferencias entre el libro y el film, fundamentalmente en la dificultad de centrarse en el punto de vista de la mujer, que en el libro deviene una interesante palabra interior, me atrevería a afirmar que alguno de los mejores pasajes escritos por King, usando para ello un recurso no tan florido, como es la visión del marido muerto y de ella misma, probablemente como consecuencia de un agotamiento progresivo. No es de lo mejor que ha rodado el tan en boga Mike Flanagan, y casi parece más un episodio televisivo (aquí canta Netflix), aunque las buenas interpretaciones de Bruce Greenwood y, sobre todo, una conmovedora Carla Gugino, elevan el tono general de una historia que extrae el elemento terrorífico de la desesperación, en un juego de resistencia mental, y no tanto de las imágenes truculentas, aunque alguna que otra hay.
Saludos.
viernes, 20 de diciembre de 2019
Una brutal caricia
Uno de los mejores debuts del año pasado fue el de Camille Vidal-Naquet, que sorprendió al cine francés con SAUVAGE, una necesaria mirada a esos rincones olvidados, donde normalmene no solemos ni queremos mirar, aunque sepamos que están ahí. A través de la frágil figura de Léo (un excepcional y evanescente Félix Maritaud), un joven cuya vida transcurre prostituyéndose, mientras arrastra una enfermedad que se va agravando por su mala vida, el director nos hace partícipes de un mundo lleno de brutalidad, pero también de inesperada solidaridad. Sin entrar en maniqueismos ni lugares comunes, SAUVAGE se pega al rostro de Léo, a su frustración al ser rechazado por todo el mundo, especialmente por el hombre al que ama, que sólo piensa en marcharse lo más pronto posible. Las escenas de sexo son explícitas, pero nunca gratuitas, y hay un extraño halo de ternura incluso en los sórdidos lugares que frecuenta el protagonista, o en las consultas donde es atendido y donde encuentra una cercanía que parece escapársele constantemente. Una película que no habla tanto de sexo como de afecto, y que concluye tan enigmáticamente como empieza, preguntándonos si realmente podemos ser plenamente felices. Y sobre todo ¿dónde reside exactamente la realidad?
Magnífica.
Saludos.
jueves, 19 de diciembre de 2019
La isla misteriosa
Hoy me apetecía algo ligerito, como cuando uno tira hacia la ensalada en lugar del chuletón, o decide darse un paseo en vez de irse de fiesta. Sea como sea, el caso es que deberían abundar las películas como SWEETHEART, al menos en lo que a cine de género se refiere. Se trata de una pequeñísima producción de la Blumhouse, más orientada a la serie B, y evitando cualquier tentación de vana grandilocuencia. En apenas 80 minutos, J.D. Dillard empaca el petate y nos lleva hasta una isla desierta en mitad del océano, hasta donde llega una joven tras sufrir un naufragio. En el reducido espacio de la playa y un trocito del interior de la isla, esta joven se queda sola tras asistir a la muerte del que parece el otro superviviente. Pero no está exactamente sola, sobre todo de noche...
Sí, una de terror, de monstruos, de supervivencia. La hemos visto mil veces, y mejores, pero la mayoría son peores por creerse mejores de lo que son. No es el caso. SWEETHEART, dejando aparte la trama principal (que se hace algo indigesta, por repetitiva), contiene un par de ideas bastante bien resueltas, como el aprovechamiento del espacio único como elemento para construir un creciente clima de terror, o la angustiosa sensación de tiempo circular, que hace estremecerse a la protagonista cuando cae la noche. Por cierto, atención a la joven Kiersey Clemons, que ya viene apuntando maneras y puede ser uno de los nombres importantes de los próximos años.
Para una tarde aburridilla es perfecta.
Saludos.
miércoles, 18 de diciembre de 2019
La vida en una opereta
A Chabrol, lo que siempre le ha costado es el tono, atemperarlo para no irse por las ramas, intensificarlo para no caer en el sopor. Sus mejores películas son las que con más acierto han acompasado estos dos extremos, pero LA RUPTURE no está entre ellas. Se trata de otro thriller doméstico, abierto con una brusquedad casi de índole expresionista, y que luego se hunde en una rutinaria placidez que sólo salva una superlativa Stéphane Audran, en uno de sus mejores papeles. Ella es una madre coraje que huye del hogar conyugal tras la brutal agresión que sufre a manos de su marido, y tras el que su hijo queda internado en un hospital en estado grave. Sin decidirse muy bien por dónde tirar, Chabrol propone la odisea vital de esta mujer, que se ve obligada a rehacer su vida, sin sospechar que sus suegros, unos millonarios sin escrúpulos, están decididos a dejarla en la miseria y arrebatarle al niño. De repente, el marido ya no existe, el niño es una figura invisible en un hospital que no vemos, y todo se centra alrededor de los zarandeos de esta mujer, acechada por un tipo sin escrúpulos que ha contratado el suegro, y rodeada de una caterva de incompetentes, que van desde la casera y su cohorte de "viejas del visillo", un abogado que la adula sin ayudarla, o un doctor que le tira los tejos sin darle noticias relevantes de su hijo. En fin, una película que ve sin agobios, aunque se hace algo larga, y que a la excepcional Audran suma la siempre estimulante presencia de Jean-Pierre Cassel, en un registro alejado de sus seductores galanes.
Normalita.
Saludos.
martes, 17 de diciembre de 2019
Hasta luego, Lucas #10
Antes de que me apedreen los puristas, los fans, o como se llamen, repetiré por enésima vez que no soy ni un purista, ni un fan, ni como se llame de Star Wars. Espero que así se entienda mejor que, sin esperar ni lo más mínimo, la conclusión tras ver (de rebote) SOLO: A STAR WARS STORY, es que me parece una película entretenida, sin pretensiones, y que hace algo muy complicado, que es levantar una historia decente prescindiendo de la mayoría de ases en la manga que una saga como ésta te da e antemano. Y añado: me rechina el cine de Ron Howard. Lo encuentro relamido y poco franco, como un chiste fuera de contexto, pero como tampoco esperaba nada mejor, quizá por eso me haya gustado, aunque sea con moderación. Y para no dármelas decsubidito, ni nada de eso, concluyo con que se trata de un "origins" de toda la vida, con los trucos de guion de Lawrence Kasdan de toda la vida y con el mismo desarrollo que George Lucas ha imprimido a "su saga", también de toda la vida. Correcta para ver un día de asueto, sin dilemas existenciales y con la única condición de agarrar las palomitas y reencontrarse con los mismos viejos colegas de toda la vida. Incluso es posible que Howard haya filmado el final más redondo de todos los que ha filmado, aunque sigue siendo como un eterno aprendiz, claro...
Saludos.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
... ¿Y todo esto lo ha hecho usted solo?...
No, necesité estar rodeado de siete mil millones de personas...
¡Cuidao con mis primos!













































