viernes, 13 de febrero de 2026

La familia feliz


Béla Tarr exponiendo, cuando nadie lo hacía, las bases podridas de su país; cualquier país, de hecho. Denunciando el machismo institucionalizado mucho antes del #MeToo. Sin filtros, sin endulzar nada. Adelantando los primerísimos planos que luego se adjudicaría, por ejemplo, von Trier; con largos planos secuencia, aún no tan virtuosos, para "arañar" algo de esa realidad tan esquiva. Filmando con sólo 24 años su primera película, NIDO FAMILIAR, con una madurez insólita, que asusta cuando regresamos a nuestro infantilizado presente de redes asociales y sumisión a la etiqueta. La problemática de la falta de vivienda merodeando un subtexto mucho más cruel, el de las mujeres sometidas, falsamente acusadas para encubrir la violencia doméstica, la hipocresía de las moralidades intachables, las violaciones. La cámara de Tarr es implacable, un bisturí que desecha la demagogia, enarbola la inocencia y pureza del plano sostenido. Y su discurso nunca es impostado, no busca enarbolar ninguna causa, y sí que nos avergoncemos de nuestros paraísos artificiales, que callemos de una puta vez y escuchemos al oprimido, al desposeído, al que sufre. Su cine nos refriega nuestra basura por la cara, nos obliga a mirar donde no queremos. Aquí está Pasolini, y los Dardenne, y Eisenstein.
Aquí están la vergüenza y la dignidad y la justicia, que también es el cine.
Saludos.

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... ¿Y todo esto lo ha hecho usted solo?...
No, necesité estar rodeado de siete mil millones de personas...

¡Cuidao con mis primos!