jueves, 22 de septiembre de 2011
El gusano del amor
Me da igual si Mia Hansen-Løve ha bebido hasta hartarse del legado "cahierista", si lo suyo suena, no ya a impostado, sino a requeteamasado en las pías cocinas de la prestigiosa revista francesa. Habrá a quien todo esto le rechine como una cama vieja de tanto usarse, y habrá quien se haya olvidado de cada átomo franquicial y se habrá hundido en un sillón de orejas, como yo, y habrá disfrutado de dos horas de emoción cinéfila. No me vuelvo loco. TOUT EST PARDONNÉ, la ópera prima de la joven cineasta francesa, es una obra tan cándida como afilada; y no sale mal parada por beber en muchas fuentes ni pelear en muchas esquinas. En lugar de dispersión, el film es increíblemente compacto y sus cimientos apenas se resienten, y eso que contiene un par de hachazos espacio-temporales que a cualquier otro lo habrían fulminado. Se nos habla de un padre drogadicto, bohemio, sin interés aparente por la vida real; sin embargo, también se nos muestra la pasión que siente por su hija, de apenas cuatro años. Él es francés, y su mujer, austríaca; todo comienza en Viena, a donde se han mudado, pero volverán a París, donde él promete reformarse y comenzar de nuevo. Esto no sólo será una falacia, sino que su caída en las drogas se redoblará, hasta desembocar en un trágico suceso y la consecuente separación. Ella se va con la niña a Caracas; de él ya no sabremos nada. Han pasado 11 años, la niña es una adolescente de 17 y vive con su madre, la pareja de ésta y sus dos hijos; de nuevo en París, donde su tía la pondrá en contacto con un padre aparentemente rehabilitado y del que ella apenas conserva un leve recuerdo. Casi como si de dos películas diferentes se tratara, TOUT EST PARDONNÉ es capaz de enfrentar en un mismo contexto diversos estados de ánimo; así, toda la oscuridad "garreliana" del primer segmento va suavizando sus contornos hasta desembocar en un bellísimo epílogo, la reconciliación definitiva a través de la comprensión. La hija descubre a su padre, un hombre sensible, necesitado de afecto, perdido durante demasiados años en sus propias turbiedades, sin tiempo, quizá, para encontrar de una vez a esa otra parte de sí mismo, su hija. E insisto, dejen a un lado sus juicios de valor y dispónganse a ver una película realmente emocionante. Cine de verdad que además augura a un futuro talento al que sólo le queda (qué cosas) encontrar su propio tono autoral.
Saludos perdonados.
miércoles, 21 de septiembre de 2011
¿Qué le pasa, Doctor?
Con una filmografía que arrancaba a finales de los sesenta, y que es (cómo no) ignota en nuestro país, el francés Michel Deville decidió adaptar, allá por 1999, la novela de Martin Winckler que abordaba las vicisitudes de un médico rural ciertamente peculiar. LA MALADIE DE SACHS es al mismo tiempo un fino diseccionador social, que apenas deja títere con cabeza, sobre todo a la hora de juzgar las gilipolleces por las que uno va al médico, pero también se coloca al otro lado de la mesa y da buena cuenta de los interiores de un tipo incapaz de ayudarse a sí mismo, lleno de complejos y miserias y con el único propósito de, al menos, ayudar a todo el que vaya a su consulta, tenga el problema que tenga. Así, el pobre Dr. Sachs se convertirá en improvisado psicólogo, confidente, confesor y hasta caritativo samaritano, mientras su monótona vida cada vez tiene menos sentido. Así, Deville propone un curioso y estimulante juego de espejos, un poco a la manera de Chabrol, pero también con la profundidad psicológica de Truffaut, para hablarnos de todo un pequeño universo, incontrolable, fascinante dentro de su propia mediocridad y con un continuo desfile de personas que, a lo mejor, ni siquiera necesitan un médico, sino alguien que les escuche. No sé si esta especie de naturalismo es sincero o impostado, a mí me rechina igual que me atrae, pero no hay duda de que, una vez más, son los franceses los que demuestran que se puede hacer (buen) cine de casi cualquier cosa. Si tienen la oportunidad de encontrarla, no les defraudará, e incluso les volverá locos intentando ponerle un género; no esperen un "Doctor en Alaska", Sachs no es tan buen vecino ni tan mal médico...
Saludos curados.
martes, 20 de septiembre de 2011
Tiempo justo de cocción
Lo que a algunos les cuesta una enormidad, otros lo logran con una naturalidad que desarma. Lo que en un director como Malick es una pesada obra de ingeniería que, finalmente, sólo puede ser contemplada con cierta indiferencia, hay casos como el de la directora Claire Denis, que lleva casi 25 años ensamblando una filmografía tan fascinante como diversa. Y sin muchos comecocos visuales. No hay más que echarle un vistazo a dos obras de madurez tan redondas como 35 RHUMS y WHITE MATERIAL para convencernos de su poderoso discurso y, sí, de esa poesía de la que tanto se está abusando últimamente acerca de "ese" film que todos tenéis en mente ¿Que hablamos de una búsqueda de lo absoluto, de una reflexión sobre la vida, la muerte y el tiempo y el espacio y todo lo demás? Entonces es mejor que echen un vistazo a NÉNETTE ET BONI, que cumple por estos días nada menos que quince años, los mismos que su protagonista, una adolescente que se ha quedado embarazada y no sabe qué hacer. El film de Denis es sencillo de contar pero tremendamente complejo de entender; sus matices, sus constantes cambios de rumbo hacen que nos preguntemos constantemente si se trata de un drama social, de un grito generacional o de un intrincado poema visual. Nénette está perdida, pero no menos que su hermano, Boni, que vende pizzas en una caravana, comparte un destartalado piso y emplea casi todo su tiempo libre en fantasear sobre la enigmática panadera de su barrio. Ojo, esto no es AMELIE, y tampoco tiene nada que ver con el cine social de Ken Loach, ni siquiera con Guédiguian; hay una intención en cada plano, una mirada que se adivina insobornable y unos personajes con entidad propia. Denis parece querer retratar por un lado la sucia realidad de Nénette, que no desea tener al niño, y Boni, que comienza siendo un fanfarrón y terminará como imposible figura paterna; por el otro, la panadera, que parece vivir en un estado perpetuo de felicidad sensual junto a su pareja, un americano que disfruta amasando... Ellos son Valeria Bruni-Tedeschi y Vincent Gallo, que otorgan el punto onírico a una historia que sostienen con sus espléndidas interpretaciones la joven Alice Houri, pero sobre todo la rotunda presencia de Grégoire Colin, habitual del cine de Denis y que contiene en una silenciosa mirada toda la furia y todo el desamparo de este cuento con poca felicidad y mucha filosofía generacional. Si a esto le sumamos una maravillosa banda sonora compuesta por Tindersticks, el resultado es una película imprescindible que, como casi toda la obra de su autora, ha permanecido inédita en este país. Es hora de cambiar eso.
Saludos fraternales.
lunes, 19 de septiembre de 2011
Ésta no nos la esperábamos
Como siempre ocurre, cada vez que tenemos la esperanza de encontrar una nueva joyita que logre que no perdamos la fe en el séptimo arte, hacia donde debemos dirigir la mirada no es a los grandes espacios iluminados, sino a esos rincones fílmicos, aparentemente marginales; filmografías minoritarias, inesperadas, tocadas por un halo de frescura e imaginación. Es lo que me ocurrió el otro día cuando vi una curiosísima producción noruega que atendía al sugerente título de TROLLJEGEREN (El cazador de Trolls). No esperaba gran cosa, pero quedé muy gratamente sorprendido con una película de lo más entretenida y que intenta eludir por todos los medios todos los tópicos del cine fantástico yanqui. Advertencia: no es ninguna obra maestra de nada, sólo digo que pasas un rato estupendo viendo cine de género, que no es poco.
Deudora en cierta medida de los últimos mockumentaries más descarnados, TROLLJEGEREN vendría a ser un impenitente cruce entre THE BLAIR WITCH PROJECT y CLOVERFIELD, pero con menos yuyu que la primera y mucha más gracia que la segunda. Su director, en un alarde de eso de echarle morro al asunto, nos intenta convencer de que el gobierno noruego, además de no querer integrarse en nuestra maravillosa Comunidad Europea, mantiene en secreto una amplia población de Trolls (a lo mejor es por eso, claro...) en apartados bosques del Círculo Polar Ártico. Hay un grupito de documentalistas un poco atolondrados que quieren realizar un documental sobre el que llaman "El cazador de Trolls", pero lo que comienza con mucho cachondeíto terminará con un verdadero encuentro con uno de estos monstruosos seres. Es serie B, no se me apuren; con unos efectos especiales realmente molones y algunos momentos de extraña intensidad y belleza, como el encuentro final con ese descomunal Troll que le da cien mil vueltas al confuso monstruillo ideado por Reeves y Abrams. Insisto: si no se le exige demasiado, esta pequeña gran película europea puede ser una de las cosas más disfrutables de la temporada, así que ya están tardando en ir a por ella...
Saludos, Trolls de la Red...
domingo, 18 de septiembre de 2011
Rincón del freak #37: Estira, estira...
Ahí le tienen, la cosa parece de mediados de los ochenta, pero en realidad es del año pasado. No intenten ajustar su televisión, nosotros controlamos lo que va a ver en la pantalla. Si pensaban que McGyver era un tostonazo de cuidado, eso es que no ven, por motivos obvios, el Saturday Night Life, en mi opinión el verdadero ideólogo de la idiosincrasia yanqui. En fin, que un buen día se les ocurre hacer una miniparodia del "hombre de la navaja multiusos", que elevó la chapuza a un arte dentro del género de espionaje, aunque en aquella serie casi nunca se sabía quién era el malo y cuáles eran sus malignos motivos. No era gran cosa, algo parecido a lo que aquí han hecho Martes y Trece, y ya hemos comprobado lo que ha ocurrido cuando les han sacado de la pequeña pantalla a la grande... Pero como la desvergüenza no conoce más límites que los impuestos por la incapacidad de alguien para crear algo con un mínimo de dignidad, he aquí que la anécdota termina convertida en un film, o lo que sea este MACGRUBER, una tontería tan tonta que no podemos ni reírnos con alguna broma ingeniosa. No veo por ninguna parte ni el homenaje paródico, ni los guiños de aficionado, ni siquiera alguna sorpresa en el reparto, donde han colado a un Val Kilmer que debería dejar de ponerse Botox y a Ryan Phillippe haciendo el típico papel de siempre en estas chorradas, el del tipo serio y profesional que tiene que sacar de apuros al inútil de turno. Además, casi no hay rastro de aquellas cositas que hacía McGyver en la serie, básicamente porque MacGruber se dedica exclusivamente a poner caras raras y practicar el Air Guitar... No sé, no sé... No sé por qué me sigo tragando estas basuras, supongo que me sirven de terapia de choque para afrontar estos Domingos tan tediosos.
No la vean, no merece la pena.
Saludos hechos con un chicle y un cable pelao...
sábado, 17 de septiembre de 2011
El indie
A ver, el Indie, el Indie... Qué cáscaras es el Indie... Todo el mundo quiere ser Indie, pero cualquiera puede ser Indie, así que no tiene gracia ser Indie... Ser Indie es ser diferente pasando desapercibido, no dar el cante en las fiestas, tener una respuesta para casi todo, no desdeñar ni a El Corte Inglés ni a los mercadillos. Ser Indie es dar por bueno lo que parece inútil, y pasear aunque no quieras, y no levantar la voz ni siquiera para insultar a quien insulta a los Indies, sean estos quienes sean. Indie es escuchar en una misma tarde a Built to Spill, Desmond Dekker, Pizzicato Five y Manolo Caracol; en realidad ser Indie consiste en convencer a los cuatro incautos que han venido a tu casa a escuchar música que todo puede enlazarse, así por las buenas. Un Indie no puede ser un buen disc-jockey, no está en sus genes. Un Indie es un conspirador en la sombra, el que contribuye decisivamente a que Zapatero gane unas elecciones para derribarlo ocho años después porque mola más Rajoy, por eso los Indies no aparecerán nunca junto a los Bardem con chapitas en la solapa. Y un Indie es también Nacho Vegas, y lo es Fernando Alfaro, y lo son Ornamento y Delito, y Tachenko, y Cuchillo, y Abraham Boba, y toda esa gente que sólo sale en Radio3 y (algunas veces) en La2. Y Limbo Starr es la quintaesencia de lo que significa un sello 100% indie. Con un número limitado de copias y referencias, con un gusto exquisito por el acabado del producto y con un cierre de filas encomiable, pero también un poco temible. En LIMBO STARR: DIEZ, CUENTA ATRÁS encontraremos todo lo descrito anteriormente mas algunas de las claves para entender si merece la pena ser Indie en España en el siglo XXI, o si, como dice Vegas en una de sus nasales tonadas, a cada Indie sólo le espera una gran broma final después de observarse un rato en el espejo. Sólo una cosa más: si no eres Indie no creo que entiendas nada de este documental.
Saludos Indiedependientes.
viernes, 16 de septiembre de 2011
Hagiografías imprescindibles
John Cazale era uno de esos tipos que simplemente tenía que estar ahí; y tenía que ser así, por triste que fuera su desenlace, e inesperado. Aunque, bien mirado, todo alrededor de este actor era inesperado, insólito, sin parangón. Cazale sólo trabajó en cinco películas antes de fallecer prematuramente a causa de un cáncer de pulmón en 1978, justo cuando se encontraba rodando THE DEER HUNTER, la cual ni siquiera pudo ver terminada. Las cinco películas fueron, nada menos, DOG DAY AFTERNOON, THE CONVERSATION, THE GODFATHER I y II y la antes mencionada, que sería su verdadero testamento fílmico. Todas ellas nominadas a mejor película en los oscar, galardón que Cazale no consiguió nunca, aunque méritos no le faltaron; todo un récord, sin duda. En el documental del que quería hablar hoy, I KNEW IT WAS YOU: REDISCOVERING JOHN CAZALE, el director Richard Shepard, poseedor de una más que mediocre filmografía, es capaz de extraer momentos de gran emoción en base a los comentarios, todos apasionados, todos llenos de devoción, de los que fueron sus compañeros, sus amigos. Veremos nombres tan ilustres como Al Pacino, Francis Ford Coppola, Robert DeNiro, Gene Hackman, Israel Horovitz, Sidney Lumet y la que fue su última compañera, una sobrecogedora Meryl Streep, que trasluce el amor que sentía por Cazale y apenas puede evitar emocionarse al recordarlo. Cazale era peculiar, un actor único, ni siquiera podría decir que era brillante, porque su estilo era natural e histriónico al mismo tiempo, un poco al estilo japonés, pero esto son sólo apreciaciones personales. No era una estrella al uso, se codeaba con ellos y todos lo apreciaban, pero su estilo de vida tuvo que ver muy poco con el glamour de Hollywood; se podría decir que era un romántico inconsolable, una especie de bohemio en el mismo corazón del star-system, a menudo definido como extremadamente tímido y sensible. Este emocionante documental, de apenas tres cuartos de hora, tiene más chicha que mamotretos de tres horas (por ejemplo el que acaba de estrenarse hoy mismo), y además nos (re)descubre a uno de esos nombres que no deberíamos dejar en el olvido, aunque de eso ya se encargan cinco títulos cinco, cinco obras maestras en las que Cazale derramó su descomunal talento. Por eso hay que verla, por eso.
Saludos redescubiertos.
jueves, 15 de septiembre de 2011
Proust mon amour
Se ha fantaseado mucho (dejando aparte el experimento de Raúl Ruiz) con la posibilidad de trasladar a Proust al cine. Me parece imposible. Se puede "adaptar" a Proust, nunca trasladar, que sería algo único en la historia del cine, y además algo realmente insoportable (¿una película con el tempo narrativo de una novela?... francamente ¿para qué?). Mejor lean novelas y vean cine, así, por separado. Y, de vez en cuando, nos topamos con maravillas que revelan un sitio único en el que literatura y cine van de la mano, que es otra cosa. Además, THE LONG DAY CLOSES incide reiterativamente en el placer del recuerdo (también en la tortura del mismo), y no intenta de ninguna manera plasmar (recrear) el Liverpool de mediados de los cincuenta, en el que vivió su director; en lugar de eso, Davies se recrea (que es otro verbo) en la magia, la magia de la niñez, de cómo los acontecimientos transcurren ante ese pequeño niño sin respuestas en un mundo de adultos golpeados por una guerra que él no recuerda. Pero también la magia del cine, ese hacedor de sueños, ese cañón de luz en mitad de la oscuridad, y ese niño que descubre su pasión, lo único que de verdad le emociona. El film comienza con una secuencia magistral: un callejón sucio, húmedo. Ratas, lluvia. Una canción se va adivinando detrás de alguna esquina mientras la cámara avanza muy lentamente, casi de manera imperceptible. Al poco, ya sabemos que se trata de otro momento en el tiempo que nada tiene que ver con la actualidad, estamos en mitad de los recuerdos de Bud, y él nos guiará a lo largo de una hora y media de fascinación por su vida, los maltratos psicológicos en una escuela represora, el placer y la ternura de los abrazos maternos, siempre femeninos, la incapacidad para ingresar en ese "mundo de chicos", donde hay que ser violento, soez. Y el cine, siempre presente como ese país de las maravillas a cuatro chelines. Davies no reverbera acerca de su homosexualidad, es demasiado sensible e inteligente para ello, prefiere regalarnos una de las mejores películas de todos los tiempos, que es otro tipo de exorcismo mucho más saludable. Véanla, búsquenla, es una obra maestra absoluta.
Saludos que se acaban.
miércoles, 14 de septiembre de 2011
Salmos bienintencionados
Es curioso, muy curioso, patológico casi, que, con diez años de intervalo, dos películas sean tan diferentes y tan parecidas al mismo tiempo; que las supuestas virtudes de la hermana mayor sean descubiertas como meras supercherías comerciales por su pariente "pobre". En este caso, hablamos de aquella tomadura de pelo infumable que fue AMISTAD, la película que realmente hizo replantearse a Spielberg rodar otra vez INDIANA JONES, y la que hoy nos ocupa, AMAZING GRACE, en la que el veterano Michael Apted se deja de monsergas buenistas y se centra (menos mal) en consolidar un estupendo drama judicial (no tan obvio) en torno a la figura del abolicionista William Wilberforce, aceptablemente interpretado por el galés Ioan Gruffudd. Y son las interpretaciones el punto fuerte de un film que flojea cuando intenta subir sus pretensiones, lo que no ocurre demasiadas veces; aparte de contar con unas ambientaciones soberbias. Podemos ver a Albert Finney, Michael Gambon, Toby Jones, Ciaran Hinds y hasta al cantante Youssou N'Dour, lo que no es poco teniendo en cuenta lo desapercibida que pasó esta cinta en nuestro país. Pese a sobrellevar un lastrante "olor a telefilm", AMAZING GRACE es un correcto drama que evita complicarse la vida más de lo necesario y que sirve para ilustrar un poquito más aquellos infames tiempos (y lugares) en los que la vida de un hombre valía menos que la de un perro. No pasará a la historia como una película fundamental ni nada de eso, pero es mucho más entretenida que otras que intentaron aleccionarnos, reprendernos desde una especie de intocable púlpito, y eso siempre será mucho peor.
Saludos que apuestan por la libertad.
martes, 13 de septiembre de 2011
Sin moros en la costa
Me son ignotas las razones por las que un director de corto aunque brillante recorrido se suicida con algo que todo el mundo sabe de antemano que no puede salir bien de ninguna de las maneras. Responsable de las muy notables NOTES ON A SCANDAL e IRIS, el británico Richard Eyre (supongo) se creyó su propia circunstancia, algo que ha echado por tierra prometedoras trayectorias de forma absolutamente incomprensible. Y es que esto nos lo conocemos total, completa e insistentemente: Pareja ideal, con la pasta por castigo y exitosas carreras profesionales. La cosa comienza con esos diálogos que nadie tiene nunca, y esos gestos que nadie hace jamás... a menos que esté actuando, pero hasta eso se nota. Y una cenita con vino del que usted y yo no nos podemos permitir, el hilo musical del piano... el champán al final... Vale, todo eso; y es muy típico y todo eso, pero debe haber algo más ¿por qué? Pues porque a nadie le importa un pimiento que esa señora le ponga los cuernos a su marido. A nadie. Y en ese desierto argumental es tarea de titanes lanzar un órdago para remontar vuelo; en este caso, les pido que sean mínimamente clementes, porque el asunto se traslada nada menos que hasta Italia (ellos pueden permitírselo). Y allí, Antonio Banderas, que no sé qué pinta en todo esto, pero se peina hacia atrás, así que nos lo cuelan como el ligón de turno que se quiere trajinar fémina y fortuna, por ese orden. Y al final todo se complica innecesariamente, porque uno se divorcia y ya está, o se reconcilia y ya está, aunque te cueste la pasta, pero encima es que los potentados basan su orgullo en una especie de apego material que les unirá no sentimentalmente, sino funcionando como una empresa eficaz que salvaguarda la integridad de su patrimonio contra arribistas engominados.
No han entendido nada ¿verdad? Yo tampoco, pero lo cierto es que la vi, atiende al nombre de THE OTHER MAN y es una bazofia del tamaño de Hungría (Mr. Lombreeze dixit), así que no la vean mientras puedan...
Otros saludos.
lunes, 12 de septiembre de 2011
Encajar
ROMPECABEZAS es el debut en la dirección de Natalia Smirnoff, ayudante habitual, entre otros, de Lucrecia Martel. No se le notan los titubeos a esta pausada, extraña película, que en su debe tiene el prometer mucho más de lo que ofrece, mientras que en el haber colea ese especiado aroma del último cine argentino, el de la Martel, sí, y también el del mejor Pablo Trapero o el de Sorin; un cine de múltiples colores y sistemas de enjuague, con sus pausas, sus trabalenguas y correcalles, con sus tiempos bien marcados. Y es el tiempo un elemento fundamental para entender qué diablos pasa por la cabeza de María del Carmen, una abnegada madre, esposa y (sobre todo) amade casa, que un buen día (magistral secuencia de apertura) descubre que su verdadera pasión es montar puzzles. Así contado parecería pueril seguir adelante, parece que esté todo dicho; sin embargo, ROMPECABEZAS no va de lo que muestra en imágenes. Sí, tenemos la intriga de ese señor adinerado que busca una pareja para presentarse a los campeonatos del mundo, pero no es tan decisivo ni tan alevoso. Lo que fascina de esta pequeña pieza de cámara es (y al sobrecogedor trabajo de María Onetto hay que remitirse) cómo va dejando piezas sueltas (nunca mejor dicho) para que el espectador, al que hay que exigirle que ponga de su parte, componga el auténtico cuadro de pensamientos y sensaciones de una mujer que se resiste a ser alienada y efectúa su acto de rebeldía de una forma casi imperceptible. Podría haber sido una comedia acerca de engaños y fidelidades, o un drama veleidoso con el trasfondo de las diferencias sociales, pero Smirnoff consigue epatarnos sin obviedades, ni siquiera recurriendo a un género en concreto. La película sale ganando, y nosotros también.
Saludos despiezados.
domingo, 11 de septiembre de 2011
Rincón del freak #36: El ultra freak definitivo (no hay nada más allá)
Al final, lo curioso es que, con ésta, han aparecido por aquí nada menos que tres films del ínclito Jared Hess, que no es que haga películas frikis, es que no parece concebir ningún modo de vida que no sea directamente tamizado por una especie de filtro distorsionador. Los freaks, los raros, los diferentes, normalizados, o más bien aglomerados, alineados y, finalmente, dioses de su propio microcosmos vital. Esta película no ayuda para nada a cambiar esa noción que casi todos tenemos de lo que a lo mejor antes era una broma estética, pero que ahora es incluso objeto de culto ¡Cómo cambian los tiempos! NAPOLEON DYNAMITE trata de un tipo con cara de alelado cuyos mayores problemas son apoyar a su amigo Pedro en su candidatura a ser delegado de clase y pasar un poco más de tiempo con su abuela. Y ya está. Lo dije en otras ocasiones, y es que una cosa es dramatizar lo extravagante y otra que esto te sirva para encauzar cierto discurso, sea éste el que sea, pero que contenga algún tipo de mensaje, ya que alguien se está tomando la molestia de rodar una película, claro. Los minutos van pasando y apenas hay un par de situaciones bochornosas en mitad de un desierto intelectual, sólo el tipo, impasible, sentado en un sofá o dibujando en una libreta. Ni siquiera el terrible baile de clausura logra encender algún tipo de chispa. No hay nada de qué hablar, no hay nada más que ver, no hay nada más allá de esta broma de mal gusto, ni la habrá por muchos años que dejemos transcurrir. Así es la cosa.
Saludos típicamente dominicales.
Lo que se puede aprender y lo que no
¿Se acuerdan de aquella novela que vendió millones de ejemplares allá por principios de los noventa y que atendía al nombre de "El mundo de Sofía"? ¿a que sí? Pues, como no podía ser de otra forma, también hubo película, y además de producción noruega, que para estas cosas son muy suyos los escandinavos. Ahora bien, de ahí a decir algo bueno media un mundo, el mismo que Jostein Gaarder pretendió abarcar en uno de los más pretenciosos e inútiles ejercicios de vanidad que he tenido la oportunidad de leer ¿Una Historia de la Filosofía para niños? Hay cientos de volúmenes que emprenden esa delicada y complicada tarea; lo que me fastidia (me fastidió cuando leí el libro, hace unos diez años, y ahora también) es que, realmente, esta SOFIES VERDEN habla de muchas cosas, menos de filosofía. Y he tenido esta discusión miles de veces, porque mantengo que la filosofía no es más que la reducción al absurdo del pensamiento único (entiéndaseme esto como "el pensamiento de una sola persona", claro), por supuesto que dicho pensamiento se puede compatir, se debe compartir, añado, pero de ahí a mostrar "La Filosofía" como algo tangible, que además da para las aventurillas de una adolescente en la edad del pavo, que además abusa de los tópicos de manera aberrante, no creo que sea la mejor forma de "acercar la Filosofía" a la muchachada. En vez de eso, lean libros "de Filosofía", no "sobre Filosofía". Y, por supuesto, olvídense de esta pequeña cosa sin importancia, hay más Filosofía en CAYO LARGO, por poner un ejemplo, que en este artefacto sin ningún sentido, que además dura dos horas y media.
No la vean, no pierdan el tiempo...
Saludos filosofales.
viernes, 9 de septiembre de 2011
Candidato a nada en especial
Y ahí me encontraba yo un día, incomprensiblemente tras los atracones diarios de películas de Disney que he de tragarme por mi renacuaja (sí, por eso me cuesta tanto comentar alguna aquí, porque estoy hasta el gorro de ellas), repantigado ante una de esas rarezas que el mítico estudio produjo justo en tiempos de posguerra, cuando la situación económica era más ajustada y había que buscar fórmulas novedosas y, sobre todo, más baratas.
No, no es gran cosa esta MELODY TIME, correspondiente a 1948, y se le notan demasiado las forzadas (y forzosas) costuras, como si cada segmento estuviese con el resto por motivos desconocidos. Hay mucho romantiqueo, animalitos saltarines y pizpiretos que parecen decirte "Ay, payo, dame argo..." Y también salen Los Tres Caballeros (que es una peli anterior que a mí me mola y estoy intentando que le mole también a la peque...) a ritmo de salsa, un barquito que no pega ni con cola y hasta un experimento muy en la línea de FANTASIA con los árboles como protagonistas, que al final es casi lo más entretenido. Lo malo de este tipo de películas es siempre el mismo, que para el público para el que estaba destinado (el infantil), ahora se ha quedado bastante obsoleto, al tratarse de una especie de repetición de los grandes clásicos, mientras que los adultos, por muchas ganas cinéfilas que le pongamos, lo olvidamos prácticamente al instante, sin rencores. No sé, pueden probar a verla, pero igual me quieren pegar luego, así que... ustedes mismos con su mecanismo...
Tiempo de saludos, sí señor...
jueves, 8 de septiembre de 2011
Producción & Dirección S.A.
El nuevo e impúdico esperpento yanqui se llama COWBOYS & ALIENS, por lo que casi huelga comentar la sinopsis (mal comienzo), pero voy a intentar componer una medio reseña con esta cosa que apenas merece atención. Spielberg produce, y la broma empieza a oler ya regular nada más, que una cosa es que se retire y otra que empiece a sacar gilipolleces del cajón encasquetándoselas a incipientes aprendices de su arcana alquimia. Jon Favreau dirige, y hace bueno el dicho ese de "Es mejor callarse y parecer idiota..."..., ya saben... Bueno, dos horas insufribles de las que se salvan algunos momentitos (pero muy cogidos con pincitas) del principio, cuando parece que estamos viendo un western. Después todo es tópico sobre tópico, y cualquiera sabe exactamente qué va a ocurrir a cada instante. Sale Daniel Craig, que alguien le habrá dicho que vale para una peli del oeste, pero ni siquiera le queda bien el sombrero; a Harrison Ford le ponen a hacer de malo, pero los malos aquí no son de este mundo, así que desempolva a Indy (otra vez) y luego le sale la vena paternal (hay una escena que yo creo que ha rodado directamente Spielberg, la de la traducción de los indios); los indios, como digo, no son malos, sino que colaboran con la causa de la taquilla... digo, del rescate. Está Sam Rockwell, pero si no hubiese estado tampoco hubiese pasado nada... Y una chavala de perfil anoréxico que no creo que llegue a nada (demasiadas "nadas" para tan poca cosa). Keith Carradine está por ahí como diez segundos, y hasta el cura de Carnivàle... haciendo de cura, pero se muere pronto. Yo ya he visto esta película cien veces antes, con otros nombres, con otras motivaciones; pero es que ya me cansa lo de los alienígenas con cuerpo de langosta y cara de cucaracha, que tienen una tecnología avanzada del copón pero para atacar lo hacen dando saltos, como trogloditas de antaño. Encima, lo que trae a los bichos una vez más a U.S.A. (qué pesaditos son, con la de sitios que hay) es, ni más ni menos que... ¡el oro!... No, lo que faltaba es que también fuesen codiciosos... Bueno, no sé, es que no puedo salvar nada de esta cosa, pero nada. Éste es el cine que nos espera en los Multiplex, agárrense las coletas y aprovisiónense de bastante Ribera del Duero, que viene bien para la estación que viene... O más o menos.
Saludos & sapos & culebras.
miércoles, 7 de septiembre de 2011
Así, sí
He sido el primero en criticar muchas veces el el paroxismo fílmico del incesante Takashi Miike, normalmente más preocupado en no cesar la producción que en mantener ciertas constantes de calidad. Fundamentalmente, lo que menos me gusta de su cine es una innovación que no es tal, sino que huele más a batiburrillo, a refritos indiscriminados de standards del género que toca cada vez, porque, eso sí, a ecléctico no hay quien gane al director japonés. Sin embargo, y no sé si por redención o madurez, Miike parece haber claudicado a los parabienes del clasicismo más rotundo; esperemos que dure para un futuro inmediato, al menos en esta 13-NIN NO SHIKAKU (13 ASESINOS en español), parece haberlo logrado. 13 ASESINOS arrasó en Venecia y Sitges, convenció a la crítica y dejó con un palmo de narices al público más palomitero-hollywoodense con su mezcla de rigor y salvajismo, muy a lo Kurosawa, muy a lo Peckinpah. A mí me da igual que se trate de un remake (Eiichi Kudo), que las correspondencias con el film de Kurosawa (aun con seis samuráis más) sean evidentes. Porque Miike decide que los actores deben actuar (y vaya si lo hacen), sin más aspavientos que los estrictamente necesarios; y que el guión ha de seguir una lógica que conduzca toda la trama a lo largo de dos horas que nunca se hacen pesadas. Es cierto que, si atendemos a la evidente escision en dos partes que el film sufre más o menos en su ecuador, la segunda parte es espectacular, puro nervio; pero no lo es menos que Miike prepara concienzudamente al "espectador que todo lo ha visto" a lo largo de un primer segmento que resulta insólito por su sobriedad y ergonomía de medios. 13 ASESINOS es cine de acción, no confundamos los términos por un exceso de celo, pero una acción en puro equilibrio, donde los personajes también se cansan y las vibraciones las vamos sintiendo con cada espadazo, mientras las ropas aparecen cada vez más manchadas de barro y sangre. No veremos aquí a lo que Hollywood entiende por héroes, sino a un grupo de hombres abnegados, que aceptan su fatal destino porque será la única oportunidad que tendrán de detener a un hombre sin alma (pocas veces se ha visto un tipo tan malvado y despiadado como el señor Naritsugu) que se dirige hacia su imparable ascenso al poder.
Lo dicho, para mí una inesperada sorpresa y una de las películas más entretenidas que he visto últimamente.
Saludos del Shogunato.
martes, 6 de septiembre de 2011
Los culpables
Sin ser su mejor trabajo, ni mucho menos, lo que llama la atención (ahora, y no antes) de BENNY'S VIDEO, el segundo trabajo cinematográfico de Michael Haneke, es la precisión con la que adelanta las que habrían de ser las constantes de sus posteriores títulos, los considerados clave en su imparable filmografía. El cine del alemán es preciso, de corte cirujano, y al mismo tiempo inconformista y sorpresivo; es difícil quedarse con una sola deriva del mismo, porque no lo pretende. Sin ser excesivamente ambicioso, aspira a abarcar una enormidad de aspectos (sociológicos, psicológicos, emocionales, culturales...), para mixturarlos lo más objetivamente posible y extraer conclusiones que normalmente no esperaríamos. Aquí, todo indica que Benny, un chaval de 14 años, es quien ha de atraer toda nuestra atención. Benny es inteligente, serio, distante y poco hablador; pasa casi todo el tiempo encerrado en su cuarto, editando sin parar los videos que él mismo graba, obsesionándole particularmente uno que muestra la muerte de un cerdo en un matadero. Benny, casi siempre solo, con sus padres totalmente desvinculados de él, hará una barbaridad que no voy a desvelar por si hay alguien que no la ha visto; pero, como quería indicar al principio, no es esto lo que realmente importa a Haneke. Lo que importa a Haneke es descifrar ese "código de conducta desconocido" mediante el que un chico aparentemente normal se convierte súbitamente en un monstruo desalmado; para ello, son capitales la sobria puesta en escena y la apabullante interpretación de un jovencísimo Arno Frisch, al que veríamos después en FUNNY GAMES. Sin embargo, lo mejor de BENNY'S VIDEO es cómo Haneke introduce en el tramo final a los padres del muchacho, filmando su inesperada e igualmente repugnante reacción, una reacción que no puede ser justificable de ninguna de las maneras y que constituye el verdadero interés de lo que podría haber quedado como una cinta de horror truculento más, pero termina siendo una escalofriante disección de la sociedad burguesa/acomodada, sus pestilentes trastiendas, que pocas veces son aireadas. No, no es lo mejor de Haneke, pero como siempre decimos, hasta lo peor de Haneke tiene algo por lo que merece la pena echarle un vistazo; y el hecho de que no sea lo mejor no quiere decir, en absoluto, que sea una mala película.
Saludos editados.
lunes, 5 de septiembre de 2011
Filmando estados de ánimo
ALICE IN DEN STÄDTEN es, sigue siendo, una de las películas más apreciadas de la filmografía de Wim Wenders; no voy a ser yo quien lo ponga en duda, desde luego, tan sólo me gustaría apuntar un par de cosas que no me cuadran demasiado. Primero, me niego a ver una road movie (cualquier cosa lo es) en lo que a mí me parece que no es más que el muy ajustado retrato de una profunda depresión, la de ese periodista alemán incapaz de encontrar un solo motivo por el que quedarse en Estados Unidos primero, o regresar a casa, una vez ha sido despedido de su itinerante trabajo, consistente en la redacción de un artículo sobre las costumbres americanas. El estado de ánimo de Philip es el indicativo, el termómetro que marca la deriva de un relato que podría haber sido muy diferente. Y sin ese estado de ánimo (perfectamente delineado en los primeros quince minutos de película), a Philip nunca se le hubiese ocurrido echar una mano a esa imperdonable madre, capaz de dejar a su propia hija en manos de un extraño y en una ciudad desconocida, sólo por arrepentirse de haber abandonado a su pareja. Esto es patente en tanto que Philip ve a la madre marcharse y no hace nada, acepta para sí lo que luego parece más un suplicio que una típica aventura "en la carretera". Alice es insolente, mentirosa y parece confabularse para sacar de sus casillas al templado Philip (destacable la interpretación del actor-fetiche de Wenders, Rüdiger Vogler), cosa que logrará en más de una ocasión. Posiblemente, más allá de cierto sentimiento paternal, que lo dudo, Philip atisba ese descabellado reto (llevar a Alice con algún familiar, una vez su madre no se presenta en el lugar acordado [Amsterdam]) como su última posibilidad de mantenerse a flote, porque lo que le esperaba era una caída en picado a ninguna parte. Wenders se esfuerza notablemente para dejar constancia de todo esto sin trazos gruesos y sin lugares comunes, y a su estilizado concepto del relato ayudan un estupendo uso del Blanco y Negro, la fantástica banda sonora, que alternaba a CAN con Canned Heat o Deep Purple, y unos actores, insisto, que hacen fácil lo más complicado para un actor: parecer que siempre estuvieron ahí.
Si se quiere indagar en Wenders, ésta es una de sus piedras angulares; el resto se apoya bastante en esta preciosa película.
Saludos, ciudadanos.
domingo, 4 de septiembre de 2011
Rincón del freak #35: ¡Te quedas helao!
A estas alturas, tendríamos que estar un poco hasta los cojones de peliculitas de vampiros y de zombis provenientes del norte de Europa. Nieve, sangre y nulo sentido del humor para ilustrar lo que empieza ya a parecerse demasiado al pajilleo nipón con lo de los monstruitos. Una, una y no más salvaría yo de esta avalancha de títulos, y ustedes saben muy bien cuál es; nada que ver con la de hoy, un despropósito que empieza más o menos bien y termina como el rosario de la Aurora Boreal... Y si no, no tienen más que echarle un vistazo a esto que atiende al nombre de FROSTBITTEN, donde otra muchacha con problemas generacionales (es decir, que aún no tiene el último disco de The Rasmus) se muda con su madre soltera a un sitio donde hace mucho frío, al norte del norte, lo que no impide que la muchachada local haga botellonas y se inicie en los ritos de apareamiento tontuno que inauguraron, entre otros catedráticos de Filosofía, los Albóndigas... Y bueno, que salen vampiros que muerden a la gente, y que también hay unos como chistes que no logro entender, y que esto suena todo a muy visto, a una planicie de ideas terrorífica, probablemente lo único que da terror en esta cosa, con la que podemos imaginar por qué ese país tan civilizado tiene la tasa más alta de suicidios de Europa. A mí no me extraña...
Saludos desde el refrigerador.
sábado, 3 de septiembre de 2011
Trasplantes
Lucas es un joven vagabundo que no encuentra un motivo para vivir, así que intenta suicidarse por enésima vez; y por enésima vez terminará en la habitación de un hospital. En esa habitación está Jacques, un tipo de carácter imposible que ha sufrido un infarto por quinta vez. Jacques regenta un bar desde hace años y sabe que no le queda mucho tiempo de vida, a menos que llegue un trasplante milagroso; como no confía mucho en la providencia, decide trasplantar él mismo a Lucas a su bar, enseñarle a manejarlo y nombrarlo como único heredero. El problema es que Lucas es un tipo de una inmaculada bondad, confía en todo el mundo y carece de maldad, lo que choca frontalmente con la granítica personalidad de Jacques, que no soporta a casi ningún cliente, por lo que el bar luce prácticamente vacío. Por un lado tenemos la vis cómica de ambos en ese desquiciante periodo de aprendizaje; por otro, el carácter autodestructivo de Jacques, que dota de oscuridad una fábula de perdedores irredentos; y por último, la inesperada llegada de la joven April, que tampoco parece tener ningún motivo para vivir, así que se sumará a esta improbable tripulación.
El problema de THE GOOD HEART es conjuntar todo esto y no convertirlo todo en una sucesión de capítulos de teleserie, algo que el Islandés Dagur Kári logra sólo a medias, ayudado fundamentalmente por el excelente trabajo de Paul Dano y, sobre todo, un enorme Brian Cox, que podría haber sostenido él solito esta especie de "vuelta a Capra" amarga y desencantada. Una película que es más tímida de lo que debería y que en ningún momento logra traspasar las cuatro paredes de ese desvencijado bar en el que sus fieles clientes también cuentan sus miserias como si tal cosa y hasta un ganso campa a sus anchas por la barra ¿Acaso dudaban de que el trasplante terminaría llegando?
En otras manos (Jarmusch, Kaurismaki) podría haber llegado a ser mucho mejor, pero no está mal para reconciliarnos con nosotros mismos.
Un buen saludo.
viernes, 2 de septiembre de 2011
Insoportable manual didáctico
Hay películas y películas. Y digo esto porque no todo es bueno o malo, blanco o negro, aburrido o divertido. Digo esto porque lo peor (¡lo peor!) que le puede pasar a una película cualquiera, cualesquiera que fuesen sus intereses y premisas iniciales, es adoptar una decidida vocación paternalista y didáctica. El cine, el buen cine, no ha de enseñar nada, sino que debe despertar, sacudir, encender la llama de la curiosidad en el espectador. Son miles los títulos que destrozan una buena idea inicial por una mal llamada timidez, que esconde el músculo y se regodea en los perfiles limpios, pulidos, de Ajax pino. Así que no es por ensañarme con la de hoy, tampoco reviste mayor importancia, pero como me tocaba comentarla, no me queda otra que ser tan sincero como breve.
THE FIVE SENSES intenta ser una especie de cruce imposible entre el delirio urbano de Atom Egoyan y los intereses cruzados que con tan desigual fortuna tantas veces hemos visto en pantalla desde que Robert Altman escribiera aquel fastuoso manual que fue SHORT CUTS. Y, aun así, nada... No es que los personajes y sus circunstancias sean más o menos descabelladas, ombliguistas o finalmente revestidos de un buenismo que tira para atrás, se han visto cosas peores. No, lo malo es querer interconectarlo todo tozudamente, como si atendiera a una especie de plan divino que salvará al mezquino por entablar conversación con el virtuoso, o que, a base de meter más y más capítulos de su propio manual de autoayuda, olvida que los personajes han de ser algo más que estampas arquetípicas. Como si de una especie de X MEN cotidianos se tratara, Podeswa (a la sazón, autor del guión) enfrenta la titánica tarea de convencernos de que en un solo barrio ¿? conviven varias personas que, sin conocerse, estarán conectados nada menos que por los cinco sentidos. Y la cosa no puede ser más arquetípica (insisto): Un gay refinado y sibarita, que trabaja como asistente de lujo y posee un olfato privilegiado, pero que (pobrecillo) no encuentra al amor de su vida; su amiga, una señora que fabrica pasteles de mentira y que tiene un amante italiano que además cocina, así que le satisface su hiperdesarrollado sentido del gusto; la vecina es una viuda que da masajes y obtiene su propio placer tocando a los demás...; otro es un solitario oculista que se va quedando progresivamente sordo, así que se apena porque no podrá disfrutar de su único placer: la música clásica. Mientras tanto, la guinda del pastel la pone una adolescente raruna a la que te gustaría retorcerle el cuello como gallina clueca; el motivo es que su voyeurismo la lleva a perder de vista a la niña que cuida mientras observa a una pareja magrearse en el parque. Al final todos se abrazan mucho y lloran con las lilas y Canadá sigue siendo muy chulo, así que no hay motivo de preocupación, pero tampoco para ver esta basura autocomplaciente.
Saludos muy sentidos.
jueves, 1 de septiembre de 2011
Sin bajar la guardia
Aparte de subsanar el terrible e incomprensible error de no haber comentado ni una sola película del maestro Anthony Mann en este blog, me sirve el film de hoy para continuar reivindicando la serie B de los estudios PRC, los mismos que dieron luz verde a los trabajos del "desterrado" Edgar G. Ulmer; títulos que hoy, más de sesenta años después, e inmersos como estamos en una crisis económica, son incesantemente adorados y usados como objeto de estudio sobre inversión y resultados. En este sentido, RAILROADED (con traducciones tan diversas en español, como "El último disparo" o "Trampa para un inocente") es un film que conjuga todas las bondades de este sistema de producción (concisión narrativa, metrajes que apenas superan los sesenta minutos, actores solventes pero de segunda fila...) para poner el conjunto al servicio de lo realmente importante: entretener sin mayores pretensiones.
RAILROADED es un ingenioso guión de John C. Higgins, que adaptaba a su vez un relato netamente "Pulp" de Gertrude Walker, autora de la estupenda "So deadly fair" y de varias aventuras de Charlie Chan. Un juego de espejos destinado a asombrar al espectador, que apenas imagina la trama que se esconde tras lo que parece un mero incidente criminal. Un gangster atraca una peluquería con la connivencia de una de las empleadas; la peluquería resulta ser una casa ilegal de apuestas y en el tiroteo que se produce un policía resulta muerto. Lo interesante empieza cuando dicho gangster organiza toda una red de engaños para cargar la culpa sobre un joven, que resulta ser el hermano de la novia del policía encargado de investigar este turbio asunto. Mann da un golpe de efecto cuando en ningún momento emplea falsos giros de guión, sino que mantiene una saludable entereza, lo que consigue que dudemos en todo momento sobre lo que se nos está contando. RAILROADED es una película bastante desconocida entre el gran público, que suele recordar a Anthony Mann por grandes producciones y dirigiendo casi siempre a las estrellas del momento, pero hablamos de un film que vuelve locos a Tarantino y al otro Mann, Michael, por lo que creo que puedo obviar hasta el recomendársela a ustedes para este nuevo curso que comienza de inmediato.
Saludos calumniados.
miércoles, 31 de agosto de 2011
Sangre estúpida
El mal no se explica; el mal existe, está ahí desde siempre. Nos inquieta más que nada en el mundo por qué la gente hace las cosas que hace. Cómo una madre mata a sus hijos; cómo se le da un tiro en la nuca a un policía; cómo es posible que la misma policía mantenga ocultos crímenes inhumanos a su cargo. Eso ocurre, lo sabemos e intentamos mantenernos lo más lejos posible de esa otra realidad del día a día; nosotros somos hijos de la normalidad, sólo aspiramos a que el día vuelva a repetirse como el anterior, que nuestro final sea tranquilo, sin sobresaltos. KINATAY no hace más que recordarnos el hedor de las cloacas; claro que no nos gusta, por supuesto; pero esa peste no va a irse fácilmente una vez hayamos tocado lo que está irremisiblemente podrido. KINATAY es más que un descenso a los infiernos, mucho peor, porque constata la impunidad, el vacileo de los que tienen la sarten por el mango; y es terrible porque sobrevuela la innecesariedad de lo truculento, la cotidianidad del horror. Peping (nunca un nombre fue tan afortunado para un film) es un animoso estudiante de la Academia de Policía, acaba de casarse y aspira a ascender en una ciudad, Manila, donde lo normal es caer en el fango de la miseria. El asunto del dinero es omnipresente en la historia, casi más importante que la sucesión de crímenes. Peping habla de dinero constantemente, del que aún no tiene pero tendrá, del que le presta su cuñado para la boda, del sobresueldo en trabajos especiales. Uno de estos trabajos, de manera imprevista, arrastrará a Peping al corazón mismo de la iniquidad cuando una brigada se lleve por la fuerza a una prostituta hasta una casa en ninguna parte. A partir de ahí, será testigo de lo que empieza como un interrogatorio pero acabará de la peor manera posible. Mendoza opta por dejar a Peping como un cobarde, agazapado, mudo, sumiso, incapaz de actuar, con el estupor ensombreciendo su ánimo... Gracias, señor Mendoza, estamos hasta los huevos de héroes, de gente que vence su miedo, coge una pistola, se carga a los malos y salva a la chica; en el mundo del Hollywood dorado es así, pero no en la vida real. El mal es mucho más poderoso que el bien, porque los métodos del mal son avasalladores, y eso tira para atrás al más pintado.
Luego están los críticos de cine, que se aburren porque en KINATAY no sale Chuck Norris dando hostias y haciendo que triunfe el bien. Efectivamente, aquí es el mal quien prevalece, y además no estamos muy seguros, ya al final, de cómo ha afectado una sola noche de terror a Peping, si podrá soportar ser el mismo de antes... A mí me ha parecido una película necesaria, no excelente, pero sí coadyuvante con estos tiempos tan raros que vivimos ahora.
Saludos chungales.
martes, 30 de agosto de 2011
A la tercera va la vencida
Tres, nada menos; tres veces he tenido que ver MULHOLLAND DRIVE para concederle cierto margen, para dejar de crucificarla, para cogerle puntos a favor y para pensar que no es de lo peor de David Lynch. Después de todo lo que he dicho de esta película, me parece que no es moco de pavo, teniendo en cuenta, entre otras veleidades, la incomprensible deriva de un director de cine que ha ido mutando poco a poco en un superego con patas y tupé... Así y todo, me niego a "contar" la película, a desbrozarla; y eso que no es tan complicada como pretende ser, lo que pasa es que está contada en plan guasón, para que te fijes en un aspecto sin importancia mientras las claves campan a sus anchas delante de tus narices pero disfrazadas de detalle sin importancia ¿Ingenioso? De acuerdo, lo es; pero no es menos cierto que puede asomar la pedantería clásica de los listillos. A Lynch le podía haber salido un thriller melodramático de campeonato, porque la historia tiene un plus de sentimiento que al de Montana le suele faltar la mayoría de las veces; en lugar de ello, se enfatizan una enormidad de bifurcaciones que casi nunca llevan a ninguna parte, o al menos no tienen tanta importancia como la que se le quiere otorgar. Derivar sobre los motivos esotéricos, finalmente no más que trastornos psicológicos, es lo que le resta emoción y hondura; mismo caso que los momentos puramente "lynchianos", que ya cansan un poco porque nos los conocemos de memoria y parecen calcos de otros (las canciones en directo; las apariciones de ultratumba...). Insisto, es una pena, porque aquí sí que hay una historia poderosa y no un argumento basado en una anécdota, como ocurría en INLAND EMPIRE y sobre todo en LOST HIGHWAY. Se ve claramente en la confusa y extremadamente extraña secuencia final: podemos percibir cómo Lynch intenta arañar desesperadamente la realidad que tanto se ha empeñado en dejar atrás sin éxito, porque para cuando deja de especular y FILMA como un director de cine, se desinfla y obtiene la mera apariencia de un serial barato. Encontrar el término medio, el equilibrio, siempre ha sido una virtud reservada a los mejores contadores de historias; en MULHOLLAND DRIVE ocurre exactamente lo contrario: se han tirado demasiados muebles por la ventana y ahora, que ya han llegado los invitados, nos hemos quedado hasta sin mesa para servir el té.
Saludos desdobladamente desdoblados.
lunes, 29 de agosto de 2011
Ruinas humanas
Toni es un antiguo politoxicómano de azarosa y agitada vida, cuyas andanzas parecen haber quedado definitivamente atrás, justo donde comienza un continuo entrar y salir en hospitales. Durante seis meses, que terminarán siendo los últimos de su vida, seremos testigos de su declive físico entre bombonas de oxígeno, intensas caladas de hachís y elocuentes monólogos acerca del precio de la libertad, en su caso pagado además con una rotunda soledad, sólo rota por la omnipresencia de Foxi, una diminuta perrilla, y un vecino que le ayuda a llevar la casa y que también comparte la afición por el hachís.
De factura sorprendentemente tímida, teniendo en cuenta el jugoso personaje que ocupa la práctica totalidad del metraje, HOY EL DÍA SE REPITE DIFERENTE pretende ser espeluznante rascando en la vida, o al menos en lo que la pantalla deja como residuo de "realidad". Y, sí, en verdad es una historia tremenda, con lo justo de sordidez y el gran impacto que supone la empatía y ganas de vivir que transmite un personaje que, sin embargo, parece no poder dejar atrás un poderoso sentimiento de autodestrucción. No sé si se trata de un documental necesario o no; si quizá la truculencia (e imposiblemente sin ella) es lo único que logra dejarnos viéndolo sin que nos preguntemos si merece la pena la historia de un yonki que recuerda momentos y esplendores pasados (por ejemplo en África) y cuyo último trayecto no contiene ni un solo gramo de glamour. Ésa es la tibieza que queda tras su visionado; y es una lástima, porque la idea tiene rasgos de los grandes del género (Morris, Mekas), pero mucho me temo que no va a trascender demasiado, ni siquiera en la época más dorada del documental.
Saludos repetidos.
domingo, 28 de agosto de 2011
Rincón del freak #34: A ninguna parte y de ninguna de las maneras
El summum del frikismo (antes de Troma, claro) fue la Hammer, claro que entonces lo de freak no se llevaba, sino que se trataba de producciones modestas, sin muchas ambiciones artísticas y sí mucho afán por entretener. Y la Hammer también tuvo su declive, por supuesto; porque más allá del encanto de aquellas películas hechas con cuatro duros, lo que finalmente se produjo en los estudios británicos fue una fritada de incongruencias a cual más estrambótica. Efectivamente, eres consciente de tu estatus, sabes que es una baza en lugar de una rémora, así que empiezas a explotarlo conscientemente; ése es el principio del fin. Y en este fin de fiesta encontramos, por ejemplo, demencialidades como THE LOST CONTINENT, dirigida por un español, Miguel Carreras (convenientemente rebautizado como Michael) y que procedo a describir menudamente. Primero hay un barco, un cascarón que se dirige a algún sitio y que lleva a unos pasajeros de ambigua catadura, lo que iremos descubriendo por sus cortantes encuentros; por debajo, el huraño capitán esconde un cargamento de explosivos de manera ilegal. Hasta aquí, la verdad es que, sin ser nada del otro mundo, al menos tenemos un digno intento de cine de suspense que podría haber dado sus frutos si hubiera seguido por ahí, pero esto es la Hammer'68, señores, así que el barco se va a hacer puñetas y unos cuantos supervivientes van en una barquita salvavidas que les llevará al continente perdido, una especie de mar de los sargazos con un montón de barcos atrapados. Pásmense, porque allí resulta que hay insectos gigantes y unos moradores como cavernícolas que caminan por encima del limo con ayuda de unos globos de helio; y además el rey es un niñato, y también salen unos españoles directamente del siglo XV que no sé qué pintan, y un tipo vestido de nazareno que me hizo desear la hoja de afeitar en mi muñeca y preguntarme por qué diablos estaba yo viendo esto... Qué cosas...
Saludos absolutamente perdidos.
sábado, 27 de agosto de 2011
Maravillosa pirotecnia hedonista
Tenía ganas ya de hincarle el diente a uno de los iconos más perversos y duraderos de esto del cine; y si te lo dicen antes de hacer la peli coges y te vas echando leches. Porque ahora todos quieren ser Tony Manero, pero el único que se atrevió entonces a serlo fue John Travolta, que le echó un par de narices al asunto y se enfundó en ese improbable traje blanco con camisa negra (el mundo al revés). SATURDAY NIGHT FEVER es la crónica del derecho a mandarlo todo a tomar por saco y disfrutar a lo bestia; templos del sábado noche repletos de diosas vaporosas bajo un cielo de espejos. Iconos; momentos atrapados en el tiempo que no sólo reflejan una época, pues es un rito que se hace desde siempre, pero las pistas de baile de entonces tenían algo especial, algo que las ha mantenido intactas hasta hoy. Es lo mejor de una película sumamente irregular, no demasiado hábilmente dirigida por el discreto John Badham, que pretendía vender una especie de historieta social, con un chaval de pocas luces que sueña con salir disparado del monótono agujero en el que vive y que se transforma, como un superhéroe cualquiera, de dependiente a rey de las pistas. Tony Manero se peina hacia atrás; Tony Manero marca paquetón; Tony Manero trata a las chicas con desdén, y por eso todas lo adoran; Tony Manero sabe que lo bueno no dura mucho, así que exprime el sábado noche como si se acabara el mundo. Y luego están las canciones de los Bee Gees, perfectas, evocadoras, irrepetibles; el cine americano es así: tienes una historia del montón, un director sin talento y unos actores normalitos, pero hay un nosequé que dota al conjunto de un atractivo que no tendría de haber sido rodada en Suecia o en Argentina. Se llama atmósfera, o correspondencia, la misma que conectaba, 17 años después, a Tony Manero, el chuleta irresistible, con Vincent Vega, el asesino... A lo mejor fue en eso en lo que se convirtió Tony Manero y no nos habíamos enterado...
Saludos enfebrecidos.
viernes, 26 de agosto de 2011
Chispazos de dialéctica
Quién lo diría. Si en los pequeños detalles es donde se aprecian las grandes virtudes, esta máxima se amplía en el caso del muy redundante Lars von Trier, cada día que pasa más insoportable e impredecible, a partes iguales. Un tipo con su talento no puede ir enmascarándolo con salidas de tono innecesarias y apologías de causas no ya perdidas, sino directamente absurdas. Y, de vez en cuando, hace cine.
No he visto aún MELANCHOLIA, pero me temo lo peor, no sé por qué; sin embargo, hace unos meses me acordé de que tenía pendiente una película del danés, y me puse manos a la obra. Y mira tú por dónde, resulta que DIREKTøREN FOR DET HELE (El jefe de todo esto) es una comedia estupenda, amarga, triste, punzante, socarrona y, probablemente, y aunque sólo fuese por su extrema lucidez, la mejor película de su director junto a EUROPA. Invocando el teatro del absurdo, von Trier parte de una descabellada premisa para ir transformando progresivamente lo que parece su enésima extravagancia en una inquietante reflexión sobre lobos con piel de cordero que han de sobrevivir a las dentelladas de la vida. Resulta que el dueño de una empresa ha de despedir a algunos empleados, pero como es un tipo sumamente apocado decidió guardarse las espaldas tras un personaje ficticio, haciéndose pasar él mismo por empleado, así que, llegado el momento, contrata a un actor de medio pelo para que interprete dicho papel, quedando el verdadero limpio de responsabilidad. Todo esto se embrolla maravillosamente cuando asistimos a todo un corolario de tiras y aflojas por parte de una plantilla tan heterogénea como desquiciante, lo que da como resultado que el actor dude de su valía para el encargo, para después creerse su propio papel y disfrutar de "los placeres de ser el jefe".
Como digo, una película que pasa en un suspiro, con un guión ingenioso y bien estructurado y unas interpretaciones a la altura del caleidoscopio emocional mostrado. Además, von Trier se permitió la introducción del Automavisión, un debatible instrumento, un computador encargado de decidir, en lugar del director, los enfoques y hasta los encuadres. No estoy muy seguro de su utilidad, pero pensándolo bien no deja de ser paradigmático usarlo en un film que versa sobre todo acerca de la elusión de responsabilidades del hombre moderno. Muy recomendable, en todo caso, para los que habían perdido la fe en este señor.
Saludos del jefazo.
jueves, 25 de agosto de 2011
El fin, los medios, las consecuencias
Impensable sería ver una película como UNTHINKABLE hace veinte años... o no. Me refiero a que a lo mejor es menos probable mostrar según qué cosas (no por su truculencia, sino por su falta de corrección política) actualmente. En este sentido, UNTHINKABLE, sin ser nada del otro jueves, tiene un par de momentos en los que te ves (oh, noble espectador) azorado por lo que parece ser una promesa de excesos visuales y hasta morales; una especie de "Baba-Yaga" moderna, donde sólo puedes esperar lo peor incluso de parte de los buenos, algo que queda un poco difuminado tras los atracones de excesividad tarantiniana y que podía haber dado un excelente thriller de suspense de haber sido un elemento al menos sopesado.
Sin tiempo para asimilar la premisa inicial (un terrorista islámico detenido afirma tener tres cabezas nucleares programadas para explotar en distintos puntos del país), el tiempo empieza a correr de manea inexorable y parece imposible lograr información, por lo que entrará en escena un turbio personaje encargado de dicha tarea, sólo necesitará carta blanca... Sí, tortura en Yanquilandia, el país de los derechos humanos; y ya sé que se trata de un pirado que va a matar a un montón de gente, no soy yo quien va a enarbolar la bandera de la integridad moral, el problema no es ese. El problema es qué clase de película se nos quiere vender; porque Tarantino introducía clases magistrales de tortura sin ninguna justificación, y ahí está la gracia, el malo y el bueno, o el malo haciéndole pupita a otro malo, da igual. Si hubiésemos tenido una ración de "haga usted lo que tenga que hacer y no se detenga hasta lograr su fin", entonces sí que podríamos hablar de "lo impensable", pero UNTHINKABLE es sorprendentemente tímida justo cuando parece haber traspasado la barrera de arrecifes de los prejuicios norteamericanos. Una lástima. El asunto lo salva un trío protagonista de altura: Carrie-Anne Moss con constante cara de preocupación y el plato fuerte, que son un estupendo Michael Sheen, que salva con nota un papel en el que jamás nos lo hubiésemos imaginado, y un recuperado para la causa Samuel L. Jackson, cuyo personaje resulta curiosamente paradigmático, y si no ¿hasta dónde hubiese llegado este film si solamente hubiesen corrido las cortinas y hubiesen dejado "trabajar a los profesionales? Nunca lo sabremos.
Ni pensar en saludos.
miércoles, 24 de agosto de 2011
El cuerno de la abundancia desprovisto de sentido
No me extraña que Steven Soderbergh se quiera retirar del negocio; será lo que ustedes quieran (en mi caso, jamás santo de mi devoción), pero tonto no es el muchacho. Corriendo estos tiempos tan difíciles, Soderbergh ha entendido que las fórmulas se agotan, que no basta con el reciclaje y es necesario, para un director de más de veinte años de carrera, jugar al despiste y saltar por sobre los géneros de la forma más personal posible. En este sentido, THE INFORMANT! no es tanto una película de Soderbergh por todo esto, sino por los síntomas que despeja si atendemos cuidadosamente a su cáscara formal. Personalmente me da igual esa motivación tan norteamericana de "desvelar la verdad", y creo que a Soderbergh también; esto no es EL DILEMA o LA TAPADERA. No veremos a los malos corriendo detrás de los buenos para que éstos no derramen toda la información que han logrado obtener; en lugar de esa estampa tan cinematográfica, los "malos" se encogen de hombros porque tampoco ellos consiguen entender a un tipo que aparentemente nos está diciendo la verdad, pero que después se descubre que no es así, y liando aún más el asunto, no sólo es que se ponga en solfa toda una filosofía de vida, la que nos ha llevado directamente a la crisis económica que ahora padecemos (el arribismo salvaje), sino que apenas entendemos qué diablos quiere ese tipo de aspecto banal (un Matt Damon irreconocible), puesto que no busca un reconocimiento inmediato, ni hacer un uso ostentoso de la fortuna que ¿involuntariamente? logra amasar a costa del surrealista desplume al que somete a la empresa que no ha cesado de ascenderle primero y que luego se ha vuelto en su contra. Complicado ¿verdad? Por suerte, Soderbergh, que siempre ha sido mejor guionista que director, repara del embrollo en el que nos ha metido y nos ofrece los mejores minutos de este sudoku cinéfilo ya muy al final, con un Matt Damon magnífico y un personaje lastimero que ha enloquecido creyéndose su propia mentira y que es incapaz de calibrar todo el revuelo que ha desatado y de ver los límites del mismo. Un personaje desquiciado y con más sombras que luces, lo que termina por emborronarnos las propias querencias del film y su director, puede que preparando de una vez por todas su dulce retiro por incapacidad empática. Veremos.
Saludos chivados.
La linterna mágica
En ANSIKTET (El rostro), Ingmar Bergman decidió sumergirse de lleno en uno de sus temas predilectos; la necesidad o no de las ilusiones en un mundo austeramente descreído, la contraposición de valores entre lo burgués y lo bohemio y el viaje a ninguna parte, a lo desconocido, le sirven al maestro sueco para poner en pie un juego de espejos absorbente y a ratos desquiciante, donde (también) el espectador es engañado varias veces hasta quedar desorientado respecto a lo que ve en pantalla. Y eso que no creo que se trate de una de sus obras más espesas; contrariamente, ANSIKTET se inscribe en una especie de intersección entre el fantástico, el terror gótico y la comedia bufa; es únicamente el discurso filosófico de su autor el que dota de una entidad arrebatadora lo que en otras manos habría sido un divertimento.
Se nos cuenta la extraña historia del extraño Dr. Vogler y su no menos estrambótica troupe, que viajan en una destartalada carreta presentando un espectáculo de magia basado en ciertas habilidades magnéticas, lo que ya suena raro de por sí. Vogler oculta su verdadero rostro bajo una peluca y una barba postizos y jamás pronuncia una palabra; su joven ayudante es en realidad su esposa, haciéndose pasar por un muchacho; terminando con la inquietante abuela Vogler, una suerte de bruja experta en sortilegios y brebajes que cree firmemente en la resurrección de la carne, Tubal, que es una especie de representante que sólo piensa en retirarse de la itinerancia y el cochero Simson. Al llegar a un pueblo serán recibidos por el Cónsul Egerman, el zafio Superintendente Starbeck y el médico Vergerus, dispuesto a destapar las mentiras de dicho espectáculo. Bergman es mucho Bergman, y ANSIKTET se desplaza constantemente de un lugar a otro; no es que no se decida, es que es consciente de que la verdad es sólo una, pero la falsedad también, e igual de interesante; así que prima una rara inquietud por desvelar, comenzando por la verdadera identidad de Vogler, pero también por apoyar el escarnio que los artistas, heridos en su orgullo (aunque sustentado por lo voluble), tienen preparado a sus escépticos anfitriones, lo que desemboca en un final que podría haber filmado un Murnau, pero también (ojo) un Woody Allen desatado y juguetón. Hay quien la considera uno de los pocos fiascos del Bergman de aquella época, pero curiosamente ha ido ganando con el tiempo, sobre todo por su inclasificable y desconcertante idiosincrasia, que la sitúa, si preferimos, un poco al margen de otras obras más "bergmanianas", sea eso lo que fuere.
Saludos por la cara.
lunes, 22 de agosto de 2011
Los síntomas del soporte
Casualidad de casualidades. Entrada 500 del Indéfilo dedicada al cine norteamericano... y, sin pretenderlo, habría de recaer en la que muchos avispados, resecos sus tanques de mitomanía desde tiempo ha, no han dudado en señalar como, no ya la sensación de la temporada, sino, en un alarde de inconsecuencia, el maná cinéfilo/espectacular que salvaría los cuellos de productores lánguidos, espectadores alienados y, por supuesto, críticos sin ideas. Sí, era ese cine que Steven Spielberg se inventó hace unos treinta y pico años y con el cuál crecimos; la diferencia consiste en que aquel público no es este público, y lo que entonces era una entrega fascinada y fascinante, ahora no es más que la urgencia por rentabilizar una pléyade de recursos visuales que corren el riesgo de no servir absolutamente para nada. En este sentido, SUPER 8 no aporta nada al género "Spielbergiano" que lo mejore o reafirme, máxime cuando el genio de Ohio (curiosamente, el estado donde se desarrolla esta película) parece haber renunciado a sus propias convicciones para intentar filmar de una manera mucho más consecuente, lo que no necesariamente le ha dado sus mejores títulos.
En fin, que de repente nos encontramos en mitad de 1979, con esos personajes megaestereotipados que rezuman integridad y solidaridad por los cuatro costados; loable, pero la integridad del siglo XXI es la misma que la de entonces, solo que ya no estamos dispuestos a tragarnos cualquier cosa porque no nos queda nadie igual de ingenuo a quien contárselo. Hay un bicho, que apenas se ve y que no aporta nada al film; si lo hubieran eliminado a los veinte minutos ni se habría notado. Hay un montón de lugares comunes provenientes de títulos que ustedes conocen igual de bien que yo. Los actores están cada uno en su papel, y nadie reclama el protagonismo, que es lo suyo cuando de solidaridad y buenas maneras hablamos. Pero no hay emoción y sí mucho ripio; nos sabemos de memoria lo que va a salir de la boca de cada personaje antes de que hable, y nos imaginamos las marcas en el suelo, como en una mala obra de teatro que aspira a recrear un clásico. Así, lo mejor es lo que ningún J.J. Abrams de la vida va a atreverse a usar como núcleo duro de una historia bien contada; los delirantes rodajes de ese pizpireto grupete de chavales, una peliculita de zombis en adorable Súper 8, son la auténtica metáfora de la supuesta pérdida de la inocencia en la que han querido embarcarnos. Pero para eso no hace falta que descarrile un tren con un alienígena dentro, basta un beso inocente o la pérdida de un amigo... No hay más...
Saludos nada nostálgicos.
domingo, 21 de agosto de 2011
Rincón del freak #33: Otra de las que ve Benedicto XVI para relajarse en los aviones
A ver... pastelón de los que se resumen en un par de líneas. Los jóvenes pijillos estadounidenses no hacen botellona, se van a los hospitales abandonados (a mí me preocupa que haya tantos, teniendo en cuenta lo de la seguridad social...) a pasar la noche, que es lo que mola. En el cartel promocional pone que algunos hospitales no tienen planta trece; añado que aquí somos más modestos y no llegamos ni a la diez, lo que tampoco sé qué coño quiere decir, claro... Y nada, que allá van estos insensatos, que prefieren los pasillos oscuros y mugrientos a una marisquería en el centro, por lo que tampoco nos conmueve demasiado el hecho de que se los vayan cargando. Yo propongo a todas estas productoras de mierda, que producen mierda, que se lucran con la mierda, que te venden la mierda como si fuera Chanel Nº5, que (después de irse a mamarla profundamente) por favor nos/se hagan un favor de valor incalculable y se dediquen a los cortometrajes; son más baratos, más digeribles y sobre todo más cortos. Esta basura atiende al onomatopéyico titulito de BOO, y lo mejor, lo más reseñable, es cómo la distribuidora patria se ha estrujado la sesera para cambiarlo y sustituirlo (aprovechando la tipografía) por un proustiano HABITACIÓN 333... Jejejejeje! Si es que no tenemos remedio...
Que ustedes lo pasen bien. Saludos.
sábado, 20 de agosto de 2011
Tiempos nuevos, tiempos salvajes
COLLATERAL es una película que había empezado a ver unas cuantas veces sin llegar a verla entera; el oltro día cambió la cosa. Decidí entregarme al mundo de Michael Mann, al que no le importa lo más mínimo "hipotecar" su integridad intelectual con tal de que los parámetros de su cine se mantengan bien sujetos a ese mundo, en el que imperan los cambios de ritmo, la tensión creciente y el respeto a la verosimilitud de una trama que siempre flirtea con el desastre. Iconoclasta, lacónico y expresionista, Mann logra en este film sublimar lo que inició hace ya bastante tiempo con aquella barbaridad que atendía al nombre de Miami Vice, le pese a quien le pese, una de las series más acojonantes de todos los tiempos. Y sublimar es jugársela nada menos que con una pareja imposible, formada por un muy creíble Jamie Foxx y un Tom Cruise que se mueve como pez en el agua encarnando a un implacable asesino que ha de eliminar a una serie de testigos en una sola noche. Cruise parece entender por una vez que un buen actor no ha de dar la cara, sino dejar que su personaje lo haga por él; y este personaje, un caramelo, no habla, sentencia; y tiene un extraño sentido del humor y del honor; y es una máquina de matar, pero podemos leer entre líneas, en su aviesa mirada, que lo más difícil para él no es matar sino mantener intacto su estatus moral, en este caso rozando posturas nihilistas. Es por ello que puedo atisbar mucho del personaje de Cruise en el propio dilema de Mann, una vez postulado su discurso, por mantenerlo a flote, defenderlo en una industria cada vez más banal. COLLATERAL puede que sea su mejor película, la más redonda, la más entretenida, la más original y la que abrió ese nuevo género dentro de otro género, en el que ni los malos son tan malos, aunque sean malos, ni los buenos tienen cojones para ser malos, aunque les gustaría. Sé que la han visto, así que les ahorraré las monsergas y sólo les diré que para un sábado por la noche está de puta madre... Dicho queda.
Saludos a sangre fría.
viernes, 19 de agosto de 2011
La era del miedo y la muerte
Comienzo del curso indéfilo 2011/2012... A falta de Liga, sed bienvenidos una vez más.
Hoy, una bonita película de esas que ahora gustan mucho y que la gente va a ver al cine.
El caso es que me esperaba otra cosa cuando me dispuse a ver BLACK DEATH, algo mucho peor, como la basura que protagonizó Nicolas Cage no hace mucho. Sin embargo, no seríamos justos con un film que se esfuerza con todo lo que tiene a su alcance por desmarcarse del cliché; y lo hace acercándose a propuestas tan poco convencionales como EL NOMBRE DE LA ROSA o AGUIRRE, de Werner Herzog. Por supuesto, ésta es una peli de espadazos, sin muchos efectos raros pero destinada a entretener más que a inquietar. El problema es creerte tu propia circunstancia, lo que hace derivar lo muy entretenido de la primera hora en un galimatías existencial a lo Shyamalan (sí, demasiadas referencias y demasiado inencontrables entre sí), solo que sin un giro final definido, sino apelando a una suerte de "Ah, que usted creía en Dios... Pues entonces allá usted..."; un interesante debate que necesita, evidentemente, un poderoso guión y un director sin miedo a las grandes preguntas, lo que tampoco encontraremos aquí. Lo que sí encontraremos, y por eso merece la pena dejarlo claro, es un grupo de actores, comandados por un excelente Sean Bean, que son el punto fuerte de la película; una recreación impactante y verosímil de una Edad Media devastada por la Peste Negra; unas escenas de lucha muy creíbles, con gente que se cansa y rozaduras que luego hay que curar. Es decir: blockbuster de calidad y con ínfulas autorales que nos hace esperar lo mejor de este joven director británico, siempre y cuando sea capaz de mantener una cierta e higiénica distancia con Hollywood, lo que tipos como Nolan no han logrado, y por eso BLACK DEATH nunca podría haber sido filmada en despachos de caoba. Y ustedes lo saben.
Véanla una noche de verano de éstas aburridas, no les decepcionará.
Saludos infectados.
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... ¿Y todo esto lo ha hecho usted solo?...
No, necesité estar rodeado de siete mil millones de personas...
¡Cuidao con mis primos!

































