Vista en Sitges en 2021, donde ganó como mejor ópera prima, KAZN (LA EJECUCIÓN) redundaba en uno de los temas recurrentes en la cultura popular rusa (y antes soviética), el "carnicero de Rostov", un escurridizo asesino en serie, que tuvo en jaque a la policía soviética hasta los primeros años de la "perestroika". Cometeríamos un grave error si nos tomáramos este film al pie de la letra, pues el guion está "basado en", sin ser estrictamente fiel; esto es su mayor baza, pero también su debilidad. De impecable factura técnica, con una fotografía que en exteriores llega a recordar al mismísimo Georgi Rerberg, se torna oscura y sucia en unos interiores opresivos. Con un metraje quizá excesivo, por reiterativo, es imprescindible adelantar lo mínimo de su trama, a fin de no desmontar sus numerosos giros, que sobrevuelan esta tétrica historia repleta de traumas, miedos, monstruos, víctimas y otras cosas aún más oscuras, que no se ven por tenerlas ante las narices.
No muestra tanto como lo que promete, pero sí exige un visionado paciente y atento.
Saludos.

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