miércoles, 16 de septiembre de 2015

¿Quién es ese que se acerca?



Uno de los nombres que deberían aparecer, como referencia ineludible, a la hora de hablar de "renovación del género de terror" es el de M. R. James. Y eso que se trata de un escritor que vivió a caballo del XIX y el XX, pero su extravagante forma de abordar el relato clásico de fantasmas encaja como un guante en las formas narrativas más interesantes que se están viendo en los últimos años. Y la mejor adaptación a la pantalla que ha tenido James se produjo en un mítico programa de la BBC de finales de los sesenta. Omnibus fue uno de esos maravillosos trabajos por episodios que la cadena inglesa prodigaba con excelentes resultados, y el episodio más recordado (constatado entre el público británico de la época) fue WHISTLE AND I'LL COME TO YOU, una onírica y macabra pieza que, en apenas cuarenta minutos, interroga al espectador acerca de su tendencia a la superstición, toda vez que su raciocinio es socavado por lo que no logra entender mediante esa misma razón aplicada. WHISTLE..., vista hoy, cobra una nueva dimensión en trabajos tan "posmodernos" como la sueca DÉJAME ENTRAR o la magnífica IT FOLLOWS, que recupera y amplía todo el contenido de esta joya del terror inteligente. Jonathan Miller, al que la BBC le debe la mejor serie de adaptaciones shakespearianas que haya hecho jamás, contaba la extraña historia del excéntrico y descreído profesor Parkins (un inconmensurable e inclasificable Michael Hordern), un hombre estrictamente racional, de costumbres inamovibles, que se retira durante unos días a un hotel de la costa. En uno de sus paseos encuentra una pequeña flauta enterrada con la inscripción "¿Quién es el que se acerca?"; lo que ocurrirá, después de hacer sonar la flauta, no sólo será una experiencia terrorífica, sino que hará tambalearse por completo la cordura y racionalidad de este hombre... Si tienen oportunidad de ver esta joyita semiolvidada, no lo duden. Hace muy poco, la BBC hizo una nueva versión, pero esa es otra historia, y se la contaremos mañana mismo...
Saludos.

martes, 15 de septiembre de 2015

El juego musical de las sillas



Desde el principio, uno sabe que no va a ir bien. Desde el principio, cuando un tipo llama a la puerta de su casa bajo la lluvia, desesperado porque se está meando, y le abre su madrastra literal y frontalmente desnuda. Porque, tras la micción, el tipo se encuentra con su padre alcohólico y le propone matar a su madre alcohólica para cobrar el seguro, que está a nombre de su hermana. Porque le propone también que lo haga Joe, un policía que se gana sobresueldos así, matando gente. Porque Joe, que sólo cobra por adelantado, acepta una especie de aval, ya que no le van a poder pagar de antemano. El aval es la hermana. La hermana se enamora de Joe. El hermano va de paliza en paliza, porque el tiempo va pasando y sus acreedores ya no esperan; pero Joe se ha instalado cómodamente en su casa, junto a su hermana, y su padre, y su madrastra...
KILLER JOE es el film que William Friedkin realizó con 76 años, en 2011, y que, además de otro recital de Matthew McConaughey, una imposible mezcla de brutalidad y humor surreal vestido de vaquero, ofrece una mirada más que fresca acerca de la incorrección política en tiempos de corrección política. En KILLER JOE todos están tarados, es cierto, pero precisamente es esa disfuncionalidad la que imprime el ritmo insano que la película va adquiriendo, hasta un desenlace oscuro, tétrico y en el que absolutamente nadie sale bien parado. Se habló (más bien poco, no sé por qué) de la enésima y burda copia tarantiniana, pero a mí me recordó mucho más a otro cineasta, David Lynch, que cuando se ha puesto con un buen guion ha entregado trabajos magistrales.
Creo que en su momento ni siquiera se llegó a estrenar en España, por lo que impera recuperarla, ahora que su protagonista está en la cima...
... Ah, y está la escena del pollo frito, claro...
Saludos.

lunes, 14 de septiembre de 2015

D. W.: El padre del cine #31



Las definiciones, si no se suman a la experiencia, son engañosas. La definición de THE BIRTH OF A NATION como película, como Historia del cine, como paso adelante es "Obra Maestra Absoluta". Su definición ideológica, no obstante, es repugnante, sesgada y aborrecible hasta la náusea y mucho más allá ¿Que cómo se concilian dos adjetivables tan contrapuestos? Yo utilizo la máxima de la maravilla que me produce ver EL TRIUNFO DE LA VOLUNTAD, una pintura de Miguel Cabrera; leer (una vez más) "El viaje al fin de la noche", o escuchar el último (y recomendabilísimo) disco de Matisyahu. THE BIRTH OF A NATION es una película mu larga en la que los negros son blancos con la cara pintada con betún y se mean en los pobres y desamparados blancos, hasta que a alguien con coraje y sensatez le da por disfrazarse de la Cofradía de la Trinidad, ponerle un cubrecama al caballo y tirar p'alante... Yo sólo concibo esta definición en alguien que no se haya tragado las tres horas y pico que dura, que sí, que es comprensible, pero cuidado, porque en estos 190 minutos hay más innovación que en esta milonga del 3D; hace 100 años (¡100 años, señores!), a Griffith se le ocurre que el montaje puede servir para narrar una historia compleja, tan compleja que establece algunos de los momentos clave para entender el significado de ese país tan contradictorio y fascinante que es Estados Unidos. Está la batalla de Gettysburg, el asesinato de Lincoln (que es un prodigio de pictorismo) y la rendición del Sur, contada mediante las relaciones entre dos familias, enfrentadas a la fuerza por la Guerra Civil. Pero además está el lenguaje cinematográfico, construido desde la nada, por obra y gracia de uno de los escasos genios verdaderos que ha dado el séptimo arte. Las escenas panorámicas de la guerra son una barbaridad de espectáculo, pero luego Griffith acerca la cámara a ras de suelo y emplea el travelling frontal; los interiores ya no muestran un espacio único, sino que delimitan físicamente a los personajes, los une o los separa, y con la profundidad de campo deja atrás el escenario filmado para empezar a convertir la experiencia cinematográfica en otra cosa que aún perdura hasta nuestros días y aún nos hace soñar.
No sé si he conseguido conciliar opuestos, pero espero de todo corazón que a alguien se le haya abierto la curiosidad por acercarse a este verdadero monumento en imágenes, que lo es.
Saludos.

domingo, 13 de septiembre de 2015

Rincón del freak #204: Antonio Miguel. Yo, soy tu padre



Creo que la fascinación (que no el análisis) por lo norteamericano tiene un límite que aún no nos hemos sacudido... y ni ganas, parece. ATRAPA LA BANDERA no sólo caerá en un justo olvido en muy breve, sino que además confirma una tendencia bochornosa e inútil, que, desgraciadamente, define con exactitud el poco aprecio que se le tiene a un público infantil que de tonto no tiene nada. Ahí está ese canto a la Norteamérica más rancia, conservadora e imperialista, con el lameteo a unos valores que no tienen nada de malos cuando se defienden con argumentos, pero que huele a agrio con tanta marcialidad y tiesura de bandera. Bandera cuya presencia en el título no es casual, ya que la supuesta gracia de todo esto es que un anciano viaje a la Luna con su nieto, otra niña y un... ¿camaleón? para coger la bandera que los yankis plantaron allí, demostrar que de verdad estuvieron en terreno selenita y, ya que estamos, patear el trasero de un multimillonario que dice que va a extraer Helio3, que no se sabe qué coño es. Bueno, les ahorro un sufrimiento dominical innecesario: esto se parece a Pixar como Ibáñez a Javier Fesser...
Ah, y mi hija me dijo que si le quedaba mucho. Y no suele...
Saludos.

sábado, 12 de septiembre de 2015

Horror insomne



Ahora que ha muerto Wes Craven, parece el momento adecuado para hablar acerca de la fiebre de las franquicias, de su porqué, no siempre acertado, y de si el motivo exclusivo de la recaudación justifica la perversión y estiramiento facial de un original que prácticamente siempre es insuperable. Ocurrió con A NIGHTMARE ON ELM STREET, y no porque me parezca precisamente una maravilla de película, sino porque sus múltiples y exasperantes secuelas la han terminado por convertir en un clásico, quizá involuntario. Visto con 30 años de perspectiva, el comienzo de la andadura de ese icono de rasgos quemados y garras metálicas que es Freddy Krueger se disfruta más como juguetito pop que una pesadilla amenazante; da menos miedo, pero es una fuente inagotable de referencias, de las que ahora se sirven muchos directores jóvenes. Krueger apenas sale, pero cuando lo hace parece un espíritu burlón, que se divierte pellizcándole el culo a jovencitas en camisón (prenda improbable hoy día) y dándole chorlitos al típico macarrilla de turno como a un pijísimo Johnny Depp, que inició en esta película su prolífica carrera. Freddy se ha convertido en historia viva del cine, nos han machacado tanto que es ya ineludible como referencia del terror slasher, y su legado elevó consigo la figura de Craven como un creador total, a la altura de John Carpenter, con el que se le ha comparado a menudo; y esta "pesadilla" iniciática, es aún una delicia de cine artesanal, que aún cree en la recreación de atmósferas malsanas y que intenta eludir el susto fácil (no siempre, claro). Mucho más ingenua y suave que algunas entregas posteriores (las cuales iremos desgranando poco a poco), donde la función ya gira descaradamente en el exhibicionismo de su personaje central, A NIGHTMARE ON ELM STREET tiene uno de los mejores comienzos del género, con esos cuidados detalles de luz y sonido que crean un entorno onírico, y determinó que el gran Robert Englund había llegado para quedarse mucho tiempo...
Revísenla y disfrútenla.
Saludos.

viernes, 11 de septiembre de 2015

El fin del idealismo



Una de las mejores películas que uno puede ver ahora, con el fin de desembarazarse de cualquier sobredosis de filamentos digitales, es THE MAN WHO WOULD BE KING; y bien harían las productoras en ir tomando nota antes de que se les acabe la gallina, los huevos y otras cosas... Aquí está todo, todo lo que el cine de aventuras debe ofrecer. Hay acción, humor, dinamismo, diálogos inteligentes, una fotografía y música espectaculares, una historia bien contada, personajes de carne y hueso, y una gran crítica al inmovilismo sedentario que escuchimiza al ser humano hasta dejarlo en pantomima de su propia causa. Es cierto que la obra original de Kipling ya contenía una sustancia de lo más estimulante, pero John Huston eleva a la máxima potencia este espectáculo visual, sin el cual resulta imposible entender, por ejemplo, a cierto aventurero con látigo y sombrero. La película, no obstante, prescinde de cualquier resto de autocomplacencia y no evita detalles escabrosos y crueles; desde su magistral arranque, con la visita de un misterioso personaje al propio Rudyard Kipling, se nos pone sobre la pista de Danny Dravot y Peachy Carnehan, cuya camaradería sólo puede ser superada por dos cosas: su ambición y ansias de aventuras. Ambos inician un viaje que sólo un loco emprendería hacia un país del que ni siquiera podrían asegurar su existencia, con la idea fija de convertirse en los hombres más ricos del planeta. Y reconozco que el ritmo, las interpretaciones (soberbios, inmensos, Sean Connery y Michael Caine) y todas las peripecias que integran dicho viaje son la médula espinal del film, pero aún Huston (y Gladys Hill) le aporta ese regusto desencantado proveniente (aunque parezca descabellado) del cine negro; los personajes viven ese momento de gloria con fruición, embelesados, pero con un pie en el alféizar de la realidad, conscientes de que el precio a pagar por la gloria es demasiado caro. Esto es, en último término, lo único capaz de separar los destinos de dos hombres que eran inseparables... aunque sólo uno pudiera reinar...
Una de las películas más hermosas de todos los tiempos.
Saludos.

jueves, 10 de septiembre de 2015

Ser honesto o ser fuerte



En estos tiempos tan raros en los que vivimos, tiempos en los que quienes provocan un genocidio con su avaricia desmedida pasan a ser ángeles salvadores mediante el viejo truco católico del "siente a un pobre a su mesa", el cine aún dice un par de cosas sobre algo tan minusvalorado como la integridad. Eso no se come, ni sirve para pagar las facturas; es el Titanlux de las rejas de principios de siglo. En A WALK AMONG THE TOMBSTONES, Scott Frank, que ya dejó muestras de su buen hacer en la ignota THE LOOKOUT, se inviste del espíritu olvidado de sus mayores (huelgan nombres) y lanza la pedrada a mayor gloria de Liam Neeson, ahora mismo, el único actor, junto a Nicolas Cage, que puede presumir de ser él mismo un género. El "cine de Neeson" es el del tipo vapuleado, un poco trasnochado, fuerte, honesto, con un pasado a olvidar y un futuro más negro que el alma de un político, y que va a tener la oportunidad de realizar ese último acto de redención, destrozando malhechores y rescatando inocentes. El gran acierto es que Frank elude todo psicologismo fatuo y va al nervio central de la trama; en realidad, hay mucho de Chandler en la novela de Lawrence Block, ya que todo parte de un sorprendente arranque: el detective, apartado del cuerpo de policía, es contratado nada menos que por un traficante para que encuentre a los asesinos de su esposa, unos tipos que son retratados como una suerte de psicóticos fetichistas, a los que es casi imposible seguir la pista. Así, lo que tantas veces hemos visto en lo peor de la serie B americana (Bronson, Norris), el cine de mamporros justicieros, se transmuta en un emocionante recorrido por los rincones más oscuros de una sociedad que evita mirar abajo, y que envía a ese infierno a hombres como Matt Scudder, cuya maldición es no saber exactamente quién se merece más un balazo...
De lo más entretenido que he visto últimamente.
Saludos.

miércoles, 9 de septiembre de 2015

Desconcienciados



El último film de Kelly Reichardt (que también he dejado pasar dos incomprensibles añitos) comparte título con la obra maestra de Arthur Penn. Fin de las coincidencias. NIGHT MOVES es otro sutil y escurrdizo galletazo en los morros del sistema, donde más le duele al sistema, que es donde sus alargados brazos no llegan, Reichardt violenta el espacio vital de un grupo de activistas de la naturaleza (perroflautas y terroristas ecológicos también nos vale) para enfrentarlos a sus propios actos y, de paso, demostrar que tras toda acción han de enfrentarse unas consecuencias que, a veces, se escapan a nuestro conocimiento y control. Aquí no hay buenos ni malos, de hecho ni siquiera queda muy claro cual es la verdadera amenaza que van a combatir, ya que se trata de una ignota presa junto a un lago de pesca (uuuhh, qué miedo). Así que Reichardt traslada el meollo de la trama desde el trío protagonista hasta sus cuitas personales, los coloca en modo humano y muestra todas sus dudas y debilidades; lo que van a hacer no es ninguna tontería, es prácticamente un acto terrorista, y es paradójica la descripción de sus ambientes cotidianos: quitando a un ambiguo Peter Sarsgaard, ella se dedica a hacer sesiones de relajación oriental y él vive en una comuna en pleno bosque, donde cultivan verdurita ecológica. El cine de Kelly Reichardt es así, utiliza personajes normales, casi anodinos, y los empuja a situaciones desesperadas en las que deben tomar decisiones que cambiarán sus vidas dramáticamente. NIGHT MOVES no es tan estimulante como, por ejemplo, WENDY & LUCY, y su clima se antoja frío y en exceso desapasionado, pero es precisamente esa ambigüedad la que la pone a salvo de cualquier demagogia barata 2.0. Cine a ras de suelo, incómodo, con el que pensar por uno mismo no está reñido, e incluso es recomendable...
Saludos.

martes, 8 de septiembre de 2015

Fanáticos sin fronteras



Hace poco me di cuenta de que había pasado por alto el último trabajo de Ti West, del que ya he hablado (bien, muy bien) en estas páginas. Me gusta su cine, el empeño en renovar el género de terror desde la aportación integral de todos sus elementos, sin que estos se disfracen inútilmente con los consabidos recursos de dicho género, que más que "modernizarlo" lo anquilosa en un pretérito perfecto. West ensaya a menudo el (perdón por la expresión) "clima cubista"; porque siempre me parece que sus partes están desparramadas, dispuestas para el ojo atento, y cuya dificultad consiste en un ensamblaje satisfactorio al final de unas películas, las suyas, que más que homenaje a grandes títulos o revisitación a modo de transfusión de ideas, más bien parecen mundos paralelos, colaterales, que miran a sus homónimos desde otra dimensión, alimentando la extrañeza en un espectador que parece creer que ya lo ha visto todo. Así, THE SACRAMENT se sustenta en el cada vez más discutido (y discutible) microgénero del metraje encontrado; y yo pensaba que West optaría por dejar muy claro que primero "hay que saber" para "poder hallar", pero desafortunadamente termina enroscándose en su premisa, creyéndose su circunstancia y gustándose como cine "de codazo y miradita". Hubiese hecho falta un giro más dislocado, una disyuntiva menos obvia para que estuviésemos hablando de un acontecimiento, pero THE SACRAMENT afloja considerablemente el nudo gordiano que componen, entre otros títulos, THE HOUSE OF THE DEVIL o THE INNKEEPERS. Esta es la historia de una secta, con un líder terrible y unas reglas aún más terribles; un grupo de reporteros va a buscar a la hermana de uno de ellos, y de paso a desenmascarar al farsante ante el mundo, pero el asunto se les escapará de las manos y se convertirá en tragedia.
Lo mejor, el escalofriante papel del mítico Gene Jones como un malvado manipulador de conciencias; lo peor es que no hay quien se crea lo de la cámara filmando constantemente o una sucesión de decisiones, a cual más estrambótica. Tiene algunas pinceladas muy interesantes, como la escena de la entrevista (en la que incluso podría haberse recreado más), pero se ve y luego no perdura, aunque, de momento, no perdemos la fe en este director. Es más, le damos un merecido voto de confianza...
Curiosa.
Saludos.

lunes, 7 de septiembre de 2015

D. W.: El padre del cine #30



También en 1914, Griffith filmó un largometraje (80 minutos) que se puede considerar, cuanto menos, atípico en su filmografía. Ya que, pese a no ser su primer acercamiento a la obra de Edgar Allan Poe, tanto su estructura como motivo principal sí que hacen de ella un objeto insólito, pero al mismo tiempo un magistral ejercicio de versatilidad e imaginación. THE AVENGING CONSCIENCE aunaba dos relatos de Poe ("El pozo y el péndulo" y "El corazón delator"), y los envolvía con el arrebatado romanticismo del celebérrimo poema "Annabel Lee". Así, Griffith construye un complejo guion, de gran peso psicológico, sobre los monstruos de la conciencia, que van minando poco a poco a un hombre que se ve convertido en asesino casi como una "cuestión moral", ya que, desesperado, decide no seguir soportando la dictadura impuesta por su severo tío, que no le permite ver a su amada, recluyéndole en un sórdido trabajo de burócrata. Griffith oscurece cada vez más el film, hasta una parte final absolutamente delirante y que parece sacada de un Murnau pesadillesco, ilustrando la funesta espiral de locura a la que es llevado un hombre "con demasiada conciencia" para poder soportar el mal... Aunque el desenlace, puede que innecesario, deje, muy al gusto de su director, "las cosas en su sitio"...
Saludos.

domingo, 6 de septiembre de 2015

Rincón del freak #203: El deseo de ser boy-scout



Algo se debe estar moviendo en Bélgica... y no es la industria del gofre. Desde allí, aparte de la habitual racioncilla de los Dardenne, lo más florido del panorama cinematográfico suele estar compuesto de títulos de terror o cine fantástico. El caso de hoy es sintomático, pero prefiero comenzar diciendo que se trata de una tontería que ni está dirigida a un público adolescente ni al adulto, por lo que su terror se esnifa tan viejuno como una cómoda apolillada en el soberao de las tristezas... CUB (traducción innecesaria al inglés del WELP original) trata sobre unos boy scouts agilipollados (como todos) que se van a un sitio (otro más) donde no hay cobertura, para descubrir a un niño con careta de madera que ensaya cabriolas circenses, además de obtener una muestra del gañanismo francés, ya que se trata de un bosque fronterizo. O sea, que mezclamos a los Dardenne con Alexandre Aja, Fabrice DuWelz y un toque a lo Bruno Dumont... Efectivamente, nada bueno puede salir de ahí. Es muy aburrida y muy mala, y además provoca la riza involuntaria: "¿Cómo es posible que el guardabosques y los gañanes estén ahí, haciendo el cabra sin que les pase nada? y es llegar la expedición de belgas y hala, venga morir gente". En fin, en Sitges ganó el premio a mejor director, lo que no sé si tiene más relevancia que un puesto de gofres en la feria...
Saludos.

sábado, 5 de septiembre de 2015

Comida rápida



El Tigre somos nosotros. Los que no sonreímos desde un cuadrado, ni caminamos evitando el contacto. Somos los que abrimos las calles y enchufamos los árboles para que los pájaros canten cada mañana. A veinte kilómetros de nuestra casa, el "evento"; al lado, licenciados color tulipán que maquean asfalto y fibra óptica. El que llama a nuestra casa no nos conoce, no es nuestro amigo; nuestro amigo es el que otro nos dice que es nuestro amigo. Es el tiempo de los intermediarios; mata a un niño y gobierna Europa; elimina a un intermediario y te enviarán a Papa Legba para cobrarte en libras de carne. El Tigre no se vuela la cabeza, ni desayunará tortilla de Seconal; tan sólo le molesta una cosa: que nadie aprecie aquellos recuerdos secretos que lleva años almacenando en los pliegues de sus arrugas.
Cuando es hora de los cazadores, ¡salvad al tigre!, grito yo. Y ese grito debe oírse por alguna razón, aunque ahora mismo no se me ocurre ninguna...
Saludos.

viernes, 4 de septiembre de 2015

Comida de fiambrera



Y, bueno, vayamos con la comedia, que si está bien hecha también es capaz de tambalear a las conciencias más imperturbables. BAREFOOT IN THE PARK tiene toda la apariencia de una comedia, huele como una comedia y aspira a regalarnos el rato agradable de la semana. Perfecto, no hay nada que objetar, excepto que además se trata de un vitriólico alegato contra los rancios conservadores de corazón que, no se sabe por qué, adaptan su apariencia social recubriéndola de tibios clichés que se apuntan rápidamente en cualquier tertulia televisiva. Sí, esos tétricos lugares en los que señores con coleta y mangas de camisa ahorman solaz vituperando a los de la raya al lado y el composite mojado por aspersores, y viceversa. Es lo que veo desde que una cachondíssima Jane Fonda le exprima los gerblè a Robert Redford, en lo que se atisba como trote cuántico tras un "no molestar", que debe ser la frase más obvia después del "¿He sido yo?". A partir de ahí, la pareja se traslada a un modesto apartamento, él no para, siempre trajeado, intentando poner en pie una mínima firma de abogados; ella, simplemente, es feliz enseñando las piernas y haciendo como que es bohemia. Luego, la bronca.
Suerte que Neil Simon era un escritor dotadísimo para el cambio de registro imperceptible e introduce a las dos guindas del pastel, la gran Mildred Natwick, que se come la pantalla cada segundo que aparece y ese marciano flamboyant que siempre será Charles Boyer. Ella es la madre, que se preocupa por su hija, y él... bueno, él es Charles Boyer. La inversión de papeles se torna casi de efecto vampírico, y los carcamales flotan por los tejados con naturalidad, mientras los recién casados, sin saber muy bien por qué, prácticamente terminan pidiendo los papeles del divorcio.
Parece leve y olvidable, la típica película para que tu novia te de cuartelillo. El final, una vez más, destapa su verdadero valor. Ese momento impagable en el que un Robert Redford completamente borracho (y descalzo, cómo no) se da cuenta del valor de las buenas pequeñas cosas, y de cómo éstas se van para no volver si no se las cuida... Sí, como si a Marhuenda le diese por... No, mejor dejémoslo...
Saludos.

jueves, 3 de septiembre de 2015

Comida caducada



Hay quien recuerda SPLENDOR IN THE GRASS, sobre todo, como una gran historia de amor. No voy a ser yo quien contradiga dicho examen, pero sí puedo afirmar taxativamente que no estoy de acuerdo. El magistral (magistral, con todas las letras) guion de William Inge (y que fue el único oscar del film) da cuenta, progresiva e inexorablemente, de cómo todo muta con el paso del tiempo, y aún más, de cómo todo (los personajes, pero también el propio guion, que se va tornando cada vez más oscuro) va tomando conciencia de su propia naturaleza, para acabar aceptándola. Es, por tanto, un "alegre cuento pesimista", que de haber sido hecha en Europa algunos hubiesen calificado de "epopeya existencialista", y además confronta el mundo de esos jóvenes alocados, repletos de pajaritos y hormonas, con la dura realidad de sus vidas, toda vez que ésta les pide que se decidan a intervenir en lugar de quedarse embobados con su propia hermosura. Elia Kazan modula a su antojo los tonos de esta tormentosa historia de amor (sí, de amor), en la que ella es consciente de que su única oportunidad para casarse con el joven potentado es convencerle de que su castidad sólo responde al respeto mutuo; mientras tanto, él, guapo, rico, admirado, deseado, llega a la única conclusión posible:... ¿esperar?... Ufff, largo me lo fiáis...
Él era Warren Beatty, igual de inexpresivo que con Botox; ella, Natalie Wood, esa chica a la que todos nos hemos imaginado con menos ropa de la que solía llevar. Ambos son el soporte fundamental para esta historia que sigue soportando bastante bien el paso de los años; una historia que mezcla amor, odio, locura, celos, pasión y un arranque tan brutal como su extrañísimo, antológico y anticlimático desenlace, que está entre uno de mis diez finales favoritos para que te llamen cinéfilo... y con razón.
... No, no pueden decirme que aún no la han visto...
Saludos.

miércoles, 2 de septiembre de 2015

Comida a domicilio



A HATFUL OF RAIN, de 1957, fue una película que tuvo menos repercusión que la obra de teatro de Michael V. Gazzo a la que adaptaba, pero a la que se le nota (para bien) el toque de Alfred Hayes en el guion, pero sobre todo la solidez compositiva de ese Jeep Cherokee del séptimo arte que siempre será Don Fred Zinnemann. Y de nuevo hay que rascar en la superficie para encontrar caminos que pocas veces se transitan en el cine comercial actual, pero que ya entonces marcaba la notable diferencia entre un stage filmado y un cine mal llamado "de interiores", porque este no es el caso, y porque la premisa argumental (la adicción a la heroína) casi parece un vehículo formal para poder adentrarnos en un aspecto aún más oscuro y terrible: la desestructuración familiar bajo una apariencia normal. Esto está perfectamente narrado desde el magistral arranque, con la llegada del padre al hogar que comparten sus dos hijos y la mujer de uno de ellos. Nadie ha ido a recogerlo, uno porque trabaja repartiendo hostias en un puticlub disfrazado de bar, el otro porque siempre tiene una buena excusa para todo, y además es el favorito de su padre. Entre cervezas, asados y charlas insustanciales, el desmoronamiento de estas vidas va palpándose en las medias sonrisas, las ausencias constantes y una doble moral que les impide ver que se han idealizado a ellos mismos como una caricatura de lo que realmente son.
La película, ya digo, es realmente tremenda para la época, y además contaba con un elenco de máximas garantías. Don Murray, Lloyd Nolan, la maravillosa Eva Marie Saint y un Tony Franciosa que estuvo nominado a los oscar, en el que es su mejor papel, porque después todos sabemos a qué se dedicó. Si quieren dar un paseo por gigantescos bloques de apartamentos, garitos de jazz y cualquier cosa que huela a puerta trasera, esta es una oportunidad inmejorable.
Saludos.

martes, 1 de septiembre de 2015

La comida en el campo



Ahora, que para representar un seísmo, Hollywood tira de efectos digitales en los que se ven edificios derrumbándose y todo tipo de desastres, es ineludible aludir a los pequeños terremotos interiores, en los que se derrumbaban los valores de un sistema basado en la apariencia, y que se cobraba las víctimas más impensables. Era otro Hollywood, capaz de envolver odios latentes con brillantes siluetas; fragilidades endémicas con rostros impenetrables; y la represión sexual con litros de alcohol, que hacían las relaciones... menos animales. El cine americano tiende a elevar a sus personajes, en un acto digno de mitología, desde la mirada frontal y la humanidad terrenal, pero hay multitud de títulos (algunos más relevantes que otros) que buscan el efecto contrario, que es la apertura de rendijas en aquellos sólidos guiones, por los cuales puedan filtrarse los temores, debilidades y destinos de unos seres que se autodenominan como "humanos", por mucho que se haya blindado el endiosamiento o el artefacto. Uno ve, por ejemplo, PICNIC, la tórrida y explosiva película que Joshua Logan filmó hace ahora sesenta años, y encuentra rápidamente las conexiones con otros mundos que aparentemente no son colaterales. Pero sí, encuentra la perversidad de David Lynch más acusadamente que otras "obviedades" de baratillo; o al primerísimo Dogma de Vinterberg; o al Wong Kar-wai más arrebatado y enamorado de sus personajes. Estas transferencias, sean involuntarias o no, son las que provocan los verdaderos seísmos del celuloide, y lo hacen más eterno, eternamente renovable por transfusiones en corrientes alternas. PICNIC, la película en la que William Holden estaba más sexy que Kim Novak, fue como aquel Jarama ferlosiano, un tumulto al lado del agua, un deseo de confesión y escapatoria, pero sobre todo un trozo de pequeñas historias de pequeñas gentes, que quizá sólo quieren huir o establecerse, mentir o ser sinceros, amar o envidiar al amado. Un guion que no lo parece, por lo bien que fluye, y unos actores que parecen arrastrados por esa corriente, como si no pudieran hacer otra cosa más que dejarse llevar por los turbios efluvios de un día que podría haber sido otro día cualquiera... Y no lo es...
Cine, muchachos... Cine.
Saludos.

lunes, 31 de agosto de 2015

D. W.: El padre del cine #29



JUDITH OF BETHULIA supuso, en 1914, un inmejorable boceto para lo que Griffith preparaba inmediatamente después, y la demostración de cuán claras eran las ideas de la Biograph al respecto del dominio de la extensión del relato. Se aproximaba el tiempo de las superproducciones, repletas de extras, con inmensos decorados y el gusto por la puesta al día de los "grandes temas", y por supuesto no podían quedar al margen los motivos bíblicos.
Pese a adolecer de una estructura algo repetitiva, JUDITH OF BETHULIA ofrece una claridad de desarrollo narrativo estimable en los poco menos de cincuenta minutos que aún se conservan de su hora larga de duración, además de una ambientación y vestuarios de una minuciosidad que aleja cada vez más al cine del teatro, tanto en fondo como en forma. Es ésta la historia de Holofernes, el devastador general de los asirios, que asedia incansablemente la ciudad de Bethulia, gran bastión de los judíos. Holofernes literalmente se aburre de la destrucción que causa diariamente, sin que le importe la pérdida de vidas humanas, por lo que mitiga su pereza existencial con bacanales empapadas en vino; esto es advertido por la joven Judith, que logra seducir al general e introducirse en sus aposentos. Toda esta secuencia, culminada por la famosa escena, tantas veces reproducida en pinturas, de la decapitación de Holofernes, es el punto fuerte de este irregular film, que se hubiese quedado en una gloriosa anécdota de aquel incipiente Hollywood si no fuese porque Griffith tenía preparado el vuelco total al concepto de lo que tenía que ser una película, pero sobre todo lo que podía llegar a ser.
Saludos.

domingo, 30 de agosto de 2015

Rincón del freak #202: Cabalgando un caballo muerto



No me gusta el cine de Javier Fesser. Es algo que noto íntimamente desde el primer fotograma de su primera película, y no va a ser una excepción porque en pantalla salga la pareja más demencialmente genial de la historia de los tebeos. De hecho, nada de lo que veo en el agotador trasiego de MORTADELO Y FILEMÓN CONTRA JIMMY EL CACHONDO me recuerda el antológico sentido de la dinámica que Ibáñez imprime a sus personajes; donde allí el paso de una viñeta a otra era un inacabable tránsito hacia lo inesperado (el "gag"), aquí sólo hay ruido de cacharros cayendo al suelo, el terrible y vergonzoso "Mamá, mírame", que es el peor defecto del slapstick, aunque me parece un insulto comparar a Harold Lloyd o Laurel & Hardy con esta celebración del "Red Bull visual"... En fin, que no veo ni pizca de la sensibilidad de Pixar en este levísimo interceso de intereses cruzados, que le hará mucho y muy bien a eso de la "industria española" (¿ven?... eso es un chiste), pero que apenas supone un reto técnico, por si a alguien se le olvidaba que aquí lo de copiar técnicas se nos da la mar de bien. Pero por encima de esas bagatelas, siempre se me impone una como alergia a lo de Fesser, al que le gustaría tener un sello propio y reconocible, pero que se queda a mitad de camino entre Gomaespuma, Jeunet y Caro, y el Mariano Ozores de los bigotitos y los Simca...
Mi hija nunca me preguntará por los tebeos por esto... sino por los tebeos...
Saludos.

sábado, 29 de agosto de 2015

Sosainas desganados.



Les voy a hablar de una película que pueden ver mientras hacen un sudoku, la declaración de la renta o ultiman su legendaria colcha de ganchillo. Esto tiene sus ventajas si finalmente resulta que el film en cuestión es una nadería, pero que da mucho coraje si de repente tienen la sensación, fugaz como un scherzo bicromático, de que. al fin y al cabo, se podrían haber perdido algo interesante. YOUNG ONES es (ojito) un western postapocalíptico en tonos sepia y dirigido por el hermano de Gwyneth Paltrow... También hay mulas de carga mecánicas y operarios de construcción de tuberías que se ponen ciegos con botellas de priva, lo que no deja de ser incomprensible si de lo que estamos hablando es de un mundo desértico donde el agua es motivo de todo tipo de disputas. El guion hace aguas (nunca mejor dicho) y todo parece como un culebrón venezolano en el que todo el mundo está serio y con los labios secos, pero no tengo muy claro adónde quería llegar Jake Paltrow (autor también del guion) con amoríos adolescentes nocturnos y más adolescentes con problemas generacionales, que también... Esto confirma dos cosas: que el relleno del pavo se hace ahora con actores jóvenes (nadie parece confiar en protagonistas de cierta edad) y que Michael Shannon es ya un reclamo tan potente que si sale veinte minutitos justos sigue pareciendo el protagonista absoluto de la función.
Sí, es aburrida e incoherente, y da mucho calor en verano... Qué vamos a hacer...
Saludos.

viernes, 28 de agosto de 2015

Retrato del genio como ser humano



MR. TURNER es una obra maestra contemporánea sobre un genio eternamente contemporáneo que, curiosamente, no encajaba en el tiempo que le tocó vivir. Y no saben lo que me alegro por Mike Leigh, un cineasta al que admiro desde hace varias décadas, y que yo sabía que era capaz de virar 180º sus temas habituales para ofrecer un trabajo tan delicado como brutal sobre el día a día de un coloso de la pintura, un hombre cuya obra ha perdurado intacta hasta nuestros días, suscitando continuamente encendidos debates, algo que sólo está a la altura de los verdaderamente grandes. Pero no nos olvidemos del otro bastión de este excelente film, que se sitúa en las antípodas de cualquier biopic al uso. Timothy Spall compone una presencia que a la vez es imponente y esquiva, que se comunica principalmente por sonidos guturales y cuya particular manera de ver la vida le hace tan insociable como ingenuo, al creer que la conservadora sociedad inglesa le tenía reservado un lugar intocable. A medida que su obra va creciendo en complejidad y magnificencia, William Turner abandona progresivamente los salones de exposición y las tertulias sociales, y se refugia en lugares inesperados; busca la inspiración en las jóvenes de los burdeles y sólo se fascina por una humilde mujer, viuda de un pescador, que es la única persona que parece entender el inabordable carácter del pintor. Todo ello es narrado con mano maestra por Leigh, que parece "pintar" cada fotograma, apoyado por la bellísima fotografía del gran Dick Pope, y con un sentido del humor más descacharrante de lo que cabría esperar en una película sobre un pintor con una visión del mundo bastante sombría. Esto es, en último término, lo que hace de MR. TURNER una película necesaria: su sana abominación por cualquier cliché preestablecido.
Inmensa.
Saludos.

jueves, 27 de agosto de 2015

Noción de batiburrillo



Del género de terror, actualmente pueden rastrearse sin mayor problema algunas derivantes que, en mayor o menor medida, algún daño le han hecho a eso tan preciado que se llama coherencia interna, y que cada vez se parece más a una trufa blanca. Yo, de los que más recelo es de la horda de franceses que imprimieron aquello del "Neo-horror", que consiste en disfrazar el giallo de gore y eliminar el sentido del humor, para que todo dé muy mal rollo. En esa línea, son ya muchos, demasiados, los directores noveles que hacen su capa un sayo y se apuntan a todo lo que asegura su cuotita de pantalla en algún festival ignoto repleto de gordos con camiseta y/o camisa de leñador. El salpicón también ha llegado a las británicas islas, donde está facturada esta a duras penas curiosa WHITE SETTLERS... Pero termina siendo curiosa, y no puedo condenarla por ello; y eso que su tedioso desarrollo lo merece, y eso que sus bostezantes interpretaciones lo merecen, y su horrorosa fotografía, y su música de los chinos, y la poca vergüenza con la que el director mezcla momentos estelares de otros films (yo llegué a reconocer HAUTE TENSION, INSIDIOUS, THE PURGE... Sí, ya sé que no tienen nada que ver...), desembocando en una flojísima versión de PERROS DE PAJA... ¿Que por qué tiene un pase pequeñísimo? Pues curiosamente por el final, que es lo que está mejor rodado y además no te lo esperas, e incluso se invita al espectador a que haga su propia reflexión sobre lo que ha visto.
Una película, en fin, muy mala, que acaba siendo una película muy rara... Cosas que se hacen hoy día...
Saludos.

miércoles, 26 de agosto de 2015

Franquíciame otra vez...



Una de las ineludibles del verano era, cómo no, AVENGERS: AGE OF ULTRON. Pues ya está vista, y pónganle a esta frase los dos sentidos que contiene en español, porque la sensación que me quedó fue muy diferente a la de la primera entrega, lo cual empieza a encender una lucecita en mi cabeza que dice: "Bueno, por mí está bien". Pero ya se sabe que el franquiciado yanqui deriva en un franquiciado yonqui, y el olor de la pasta sin gasto de neuronas suele ser simplemente irrenunciable, sobre todo cuando apenas si hay voces verdaderamente discordantes contra la sobresaturación de superhéroes en pantalla. Esto es especialmente significativo en esta simplísima continuación, que se limita a batir el récord de fotogramas por minuto para que todo el mundo (y son muchos) tenga su cuota de tiempo en unos 140 minutos que dejan exhausto al más pintado. Por resumir, Los Vengadores se infantilizan, sus chistes son más chorras que nunca, las situaciones límite brillan por su ausencia y la mayor parte del tiempo se dedica a coreografiar golpes perezosos a chatarras ambulantes. Y eso que finalmente, Ultron, que en los comics nunca me pareció un supervillano molón, aquí es lo mejor de la película gracias a un excelente James Spader, que es capaz de arrancar un socarrón sentido del humor a una especie de robot hipermusculado, que ya tiene mérito... Por lo demás, ya digo, cada secuencia, cada batalla, cada diálogo y presentación de nuevos personajes, están directamente extraídos de la primera película, así que, o le dan un lavado de cara sustancial en la próxima entrega (y argumentos no le van a faltar, porque llega nada menos que Thanos), o mucho me temo que tendremos que confirmar el declive de una franquicia que empezó inmejorablemente.
Ahora, se admiten las preguntas, "noestoydeacuerdos", puntualizaciones veladamente (o no) geeks, golpes bajos o cualquier cosa que se les pase por la mente, pero como diría el Capitán América: ... Ese lenguajeee...
Saludos.

martes, 25 de agosto de 2015

Los mirones



Hay películas que, por un motivo u otro, pasan desapercibidas casi obligatoriamente, y no deberían. Le pasó hace más de dos décadas a THE PUBLIC EYE, una inteligentísima disección de los bajos fondos y sus conexiones con las altas esferas, y todo a través de la amoral y neutra mirada de un fotógrafo, que comienza como un carroñero y acaba desencantado de la basura que sus ojos contemplan cada día. En los oscar de este mismo año, NIGHTCRAWLER, la ópera prima de Dan Gilroy (atención a este nombre) optaba a un supongo que meritorio nominado al mejor guion original. No ganó, lo hizo un galimatías ombliguista, pero aún más incomprensible es que su protagonista, un inconmensurable Jake Gyllenhaal, no estuviera tan siquiera nominado como actor principal. Comparar el esforzado ejercicio de mímica contorsionista de Eddie Redmayne (ganador, a la postre) con el sombrío magnetismo de Gyllenhaal, parece una broma, pero es así. Su personaje no puede ser clasificado en ningún apartado; si es villano, es el peor, un manipulador, cruel, frío y misántropo "hombre alejado de los hombres" ¿pero qué clase de malvado, cuando todo lo que le rodea no es más que podredumbre moral? Lo primero que vemos es a un ladrón, nocturno e insomne (la sensación es que este personaje jamás duerme), que sólo tiene un interés en la vida: medrar. Sea como sea y caiga quien caiga. Intenta acceder a trabajos, pero ni siquiera su pérfida labia le sirve, pues su reputación le precede y es sistemáticamente rechazado. Hasta que es testigo de un accidente de tráfico y de cómo los cámaras llegan a tiempo récord, justo para lanzar la imágenes más potentes y sensacionalistas, de dichos accidentes, asaltos, asesinatos... Lou Bloom, el hombre sin aficiones, sin amigos, sin vida, fiel reflejo de una sociedad alienada, que crea sus monstruos y los integra en su seno, comprende que todo vale, y ese será su mantra para llegar más rápido a la caza de una imagen, más aún que el resto de reporteros, incluso más rápido que la policía. Como guion, NIGHTCRAWLER es una maravilla de complejidad concisa, sin necesidad de filigranas gastadas ni golpes de efecto; su gran baza es la inquietante atmósfera, contenida y chisporroteante, que extrae de la noche angelina, muy en la línea de los mejores Michael Mann o Paul Schrader. Sin embargo, uno no puede quitarse de la cabeza el demoledor trabajo de Gyllenhaal, que parece sacado directamente de un film expresionista alemán o del trasplante hipergenético de un Ripley salido de alguna parte del infierno...
Se quedará varios días rondando por tu mente...
Saludos.

lunes, 24 de agosto de 2015

D. W.: El padre del cine #28



Para que no quepa duda de que David Wark Griffith fue un adelantado a su tiempo, no hay un ejemplo mejor que BRUTE FORCE, de 1914; y no por ser una película con dinosaurios y cavernícolas. No, sino por ser (ahí es nada) la secuela de MAN'S GENESIS... ¡Una secuela, ya por entonces!... BRUTE FORCE está bastante mejor terminada, aporta sorpresas como ese dinosaurio, mejor construido, y finalmente deja una reflexión cuanto menos polémica, ya que Griffith encadena a ese fantasioso mundo antediluviano desde la época actual (la de hace cien años, claro), y nos invita a que pensemos sobre si es más civilizada la negativa de una mujer a tomar pareja por su capricho, o podríamos volver al emparejamiento gracias a esa fuerza bruta a la que se alude en el título... Un cachondo Griffith...




HOME, SWEET HOME es uno de los primeros trabajos que Griffith realizó fuera de la Biograph, con la Reliance Film Company, con la que seguiría repitiendo en años posteriores. Estructurada en varios capítulos narra la peripecia de un muchacho que deja atrás toda su vida por el teatro y que sufre las calamidades de una profesión errante, mal vista y con nulos réditos económicos, lo que le llevará de mal en peor, hasta quedar en un ruinoso estado físico. Evidentemente, el guion de Griffith se erige sobre las bondades de los pilares familiares, lo que no deja de ser sorprendente para un enamorado de la "vida de teatro", pero yo prefiero quedarme con el dominio del tempo narrativo, porque de nuevo estamos ante un ensayo formal apabullante, esta vez en una duración de mediometraje (poco menos de una hora), lo que le permite concentrarse en un mayor número de personajes y situaciones. Sin ser de lo más excitante de esta época de Griffith, se trata de una nueva lección de cine.
No es poco.
... Y, saludos...

domingo, 23 de agosto de 2015

Rincón del freak #201: Todo cabe... todo entra... todo vale...



Como si de un hambre insaciable se tratara, Jesús Franco, el Tío Jess, tragaldabas, nerviosero de natural, intranquilo por costumbre, hace las maletas y se lo lleva todo a Francia... o no. VAMPIRESAS 1930 es como un sketch de "La Hora Chanante" alargado al máximo, y más delirante aún, y con más licencias... Por la puta cara, que es como hacía el cine, "su" cine, Jesús Franco. Y se llevó (o no) al gabacho Yves Massard, aprendiz inocuo de su tocayo Montand y que estuvo en la Mayor Calle de Bardem. Y se llevó a dos Antonios, Garisa y Ozores, y un Manuel, Aleixandre. Y también se llevó a la enorme Mikaela (con K), monumento de la chapinera Calle Castilla, una cantante inclasificable que no fue más conocida porque parecía de fuera... pero de fuera de este planeta. Y para acompañarla en los incesantes números musicales, le pidió apoyo a su amigo de correrías jazzísticas Tete Montoliú, que es decir más de lo que puede decir Garci en toda su vida con estos presupuestos. Y, claro, también se llevó a una jovencísima Lina Morgan, que aún pulía su estilo de payasa simpática y tontorrona, y estaba mejor cuanto más comedida. A ella el recuerdo de esta olvidada película, que con menos medios y apoyos era capaz de poner en pie una comedia musical al estilo americano, en Francia y en la época inmediatamente precedente al sonoro, una escuchimizada premisa que queda inmediatamente eclipsada por lo que todo el mundo había ido a ver, que es la jeta del Tío Jess recreando en clave bufa cierta película con Jack Lemmon y Tony Curtis... Pero también a la explosiva Mikaela (con K) meterse en un baño de espuma... Era 1961, no lo olviden...
Saludos.

sábado, 22 de agosto de 2015

Los niveles de lectura



Sólo un pequeño detalle niega a EX MACHINA el privilegio de ingresar en el Olimpo de las películas de cinencia ficción más fascinantes de todos los tiempos. Su exceso de contención, su empeño por no desparramarse entre demostraciones orgiásticas, al final, curiosamente, termina pasándole factura. Es raro, porque yo suelo demandar esto mismo en producciones similares y cuya calidad está muy por debajo de este prometedor debut en la dirección del guionista Alex Garland, que parece cualquier cosa menos un novato, y que se sirve de tres interpretaciones estupendas, las de la sueca Alicia Vikander, el irlandés Domhnall Gleeson, pero sobre todo un inmenso, inclasificable e inabarcable Oscar Isaac, que trasciende el constante maniqueismo que sufren los villanos de pacotilla y ofrece uno de los personajes más complejos del cine contemporáneo.
Para quienes no la hayan visto, EX MACHINA reincide en los entresijos de las inteligencias artificiales y las insalvables problemáticas derivadas de qué podemos llegar a entender nosotros al enfrentarnos a una mente que nos supera en eficacia, pero que carece de entidad propia, eso tan denostado que llamamos "humanidad". La verdad es que es que este argumento no es nuevo, y son muchas las películas que han abordado este resbaladizo domo filosófico, con desigual fortuna; lo que constituye el mayor atractivo de este film es su estructura, simple pero de sutil mutabilidad. Puede crear situaciones terroríficas, reflexivas, de tensión dramática e incluso de una comicidad marciana (antológico, el baile...). Es esta morfología narrativa, más cercana a las incursiones literarias del intelligent sci-fi, lo que la salva del tedio (que roza en más de una ocasión) y la inscribe en ese apartado de obras que merecerán una revisión más adecuada y minuciosa en años venideros.
Bastante buena, y los efectos especiales también, pero me quedo con la interacción entre el reducido número de personajes en un espacio que cada vez se va haciendo más asfixiante.
Saludos.

viernes, 21 de agosto de 2015

Trazos canallas no son trazos erráticos



Vi sin mucha convicción (lo reconozco) FURY, horrorosamente renombrada aquí con el título muy cursi de "CORAZONES DE ACERO"... Bueno...Empezamos bien. La película está producida por Brad Pitt, que se reserva los mejores momentos de un film que de haber durado media horita menos (y ya si se hubiesen ahorrado toda la parte final, lo que se hubiese notado) todos seríamos... pues eso, media horita más felices. Dirige David Ayer, que es el nuevo aspirante a John McTiernan, y que cada película suya lleva por delante un cartel promocional con tíos cachas empuñando armas. Compruébenlo si no me creen. Pero si aún necesitan algún entretenimiento que no les haga pensar mucho antes o después de los chapuzones, puede que les sirva. FURY narra el "original" caso del cobarde (yo lo llamo "sensato") que se ve inmerso en una guerra donde puedes estar muerto al minuto siguiente, y para colmo es destinado al interior de un tanque de guerra, y no uno cualquiera, sino el más destrozón y chulángano de toda la WWII; ahí dentro están los mejores, los más sanguinarios, los más bravucones, pero también podríamos colegir que los más inconscientes. Y el metraje avanza mientras vemos hazañas inverosímiles, tacos al gusto del consumidor, una calibrada banalización del enemigo (que en sus peores momentos me recordó al correcaminos y el coyote...) y hasta hay tiempo para una escena en interiores que, sin estar mal, demuestra que Ayer no es Kubrick, claro. En fin, una peli de guerra, de tanques, de Brad Pitt... Sale Shia LaBeouf con bigote, graciosísimo; el poli malo de "The Walking Dead", y que constituye un ejemplo palmario de que Hollywood es capaz de producir panfletos incluso 70 años después de acabado un conflicto; no sé si eso es un mérito, un déficit o simplemente una bizarrada más de una industria que pone anuncios en Ashley Madison en busca de guionistas que sean capaces de hacer orgasmar, una última vez, a un público que ellos mismos se han encargado de adormecer.
Tegarantiza una buena siesta, eso sí...
Saludos.

jueves, 20 de agosto de 2015

Clámenme por la factura



En un juego deliberadamente tosco y complaciente, impongamos la necesidad al avance; exactamente a como un crítico de cine defiende cada semana, con uñas y dientes, su parcela, el pequeño terruño al que su instinto pertenece de por vida. Asimismo, el no-experimento de Oliver Stone, SAVAGES, reta al funcionarial de mente a que explique "¿por qué, Mr. Stone?", o "¿por qué ahora?". Pues a mí me parece que era ahora... o nunca. Oliver Stone ha decaído (si es que eso es posible dentro de una filmografía tan irregular como la suya), pero su último largo estrenado (de 2012, a la espera de SNOWDEN) no debe estar incluido en el dudoso hit-parade de sus fiascos, porque, desde luego, este sangriento cóctel de tríos cachazudos, rastas impregnadas en marihuana, playas opíparas, narcos con frases, narcos sin frases, máscaras de calaveritas, falanges cercenadas, miradas "¡y tú más!", jacuzzis, bestias, pistolas, macarras, coca, secuestros, cola, extorsión, pizzas, margaritas, aires acondicionados, camionetas, policías, teleobjetivos, gente con cáncer, pelucas y muchas, muchas narices rotas, es lo más decente que Stone puede ofrecer a día de hoy. Y pongamos, que ni hagiografía a retrasados mentales y/o dictadores, ni nos la cuela como un protocomunista que quiere reventar el sistema desde dentro. Lo que el director de PLATOON, U-TURN o la infravalorada W. factura aquí es, ni más ni menos, un thriller molón, de amplio abanico generacional y que da sopas con honda a la miríada de pseudo-thrillers-molones que infestan la blockbusterciada cartelera cada maldita temporada. Así que yo me quedo con ella, porque es entretenida, porque tiene arrestos para no sonrojarse de sí misma y porque Benicio del Toro, una vez más, está el tío que se sale. Él solo se come todo lo que le pongan por delante... ¿Los tres protagonistas?... Es que si me los cambian por otros, creo que ni me entero...
Saludos.

miércoles, 19 de agosto de 2015

Lo que hay



Escribo hoy porque soy un profesional obstinado, porque el cabreo que tengo con los hijos de puta de Endesa es para meterle fuego a una sucursal. Pero en fin...
Bueno, centrémonos. Si juntásemos la frase del encabezado de ayer con el de hoy obtendremos una frase reveladora en grado sumo y que licua el engañoso estado del cine de terror contemporáneo, que parece que haciendo pasar cualquier cosa por el filtro del arrodillamiento vintage puede suplir una nimiedad por una "neogenialidad" de tintes visionarios. Esto es mucho más patente en la de hoy, porque WE ARE STILL HERE es una película que ya hemos visto muchas veces en los últimos tiempos y que tiene muchas menos novedades que otras propuestas similares. No me extenderé mucho, porque entre el cabreo y que tampoco hay mucho que explicar... pues eso. Resumiendo, es una película de Ti West pero en torpe; la realización, deliberadamente anticlimática, que domina gran parte del film, deviene puro bostezo por culpa de unos diálogos tan sosos como intrascendentes, y luego la explosión controlada de gore no consigue elevar el tono mucho más; de hecho, es una de esas películas a las que los efectos especiales le sientan fatal, no porque estén mal hechos, sino porque le sustraen todo el supuesto "clima" que el director ha estado intentando crear en base a un fuera de campo bastante chapucero.
Esto va de casas encantadas, maldiciones ancestrales y traumas familiares que desatan demonios personales. Así resumida parece molona, pero es más aburrida que una telefonista sudamericana... Y no digo más que me caliento...
Saludos.

martes, 18 de agosto de 2015

Hay que ver...



Me he tragado muchas "cosas" este verano. Acompañado o en soledad, lo cierto es que me ha cundido el tiempo para recuperar títulos que debía refrescar para poder hablar de ellos con propiedad, o ponerme al día con estrenos más o menos conocidos; algunos, sin embargo, poco o nada. Es el caso de FROM THE DARK, que tiene a su favor ser irlandesa (con lo que de exótico tiene eso)... Y... Y poco más, la verdad. Porque es ésta una película ramplona y de vampiros (no sé si juntarlo todo), pero no tiene mucho sentido embarcarte en una producción 100% independiente, sin deberle nada a nadie, con todo el ancho por delante para imponer un "yo lo valgo", y terminar más conservador que un telediario de la FOX. Empieza interesante la función, con un barrizal horadado por un tipo, imágenes muy a lo P. T. Anderson, primando el esfuerzo físico, en silencio, con luz crepuscular acabando en una linterna de gas; el tipo topa con algo, parece madera... parece tela... es alguien enterrado, se asusta... corre, se aleja para buscar más luz; entonces, eso que ha encontrado se mueve, está vivo... ¿A que suena bien? Pues no se hagan ilusiones, FROM THE DARK hubiese dado para un magnífico corto, muy corto; pero luego toca narrar, claro, y la historia se torna previsible a más no poder. El momento en el que la pareja va conduciendo por la noche y el coche se les estropea y él decide irse a explorar por el campo y ella decide fumarse un cigarro tranquilamente apoyada en el capó... Pues eso, que no hace falta que la vean... Bueno, a lo mejor si son Rodrigo Rato y están muy asustados y preocupados por su seguridad pueden buscar consuelo en estas imágenes llenas de candor y familia...
Saludos.

lunes, 17 de agosto de 2015

D. W.: El padre del cine #27



1913 termina con tres trabajos francamente interesantes de Griffith. El primero, THE MOTHERING HEART, es un intenso drama entorno a las posibilidades expresivas de Lillian Gish, que borda el papel de madre y esposa abnegada, que apoya en todo a su marido, aunque éste no logra despegar en la vida. Cuando por fin las cosas le van bien, éste decide que la vida conyugal no es tan ideal como pensaba y deja de lado a su mujer, lanzándose a los brazos de su amante. La mujer se va a vivir con su madre y recomienza su vida junto a su hijo; finalmente, abandonado por la amante, el marido intenta volver con la esposa, pero su negativa es rotunda. Así descrita, incluso parecería un dramón lacrimógeno, y no digo yo que algo de eso tenga, pero las bellas imágenes fotografiadas por Bitzer le dan a este trabajo una dimensión más que notable. Y Lillian Gish está impecable...




Por su parte, THE WANDERER es un derroche de lirismo y poesía visual. Se trata de la historia de un flautista errante que posee el don de arreglar cualquier problema con el sonido de su flauta. Tras "desfacer algunos entuertos", como reconciliar a dos novios o impedir un cruel asesinato, llegará a la terrible conclusión de que, por mucho que lo intente, el mundo seguirá aflorando maldad y discordia por todas partes y para siempre...




Y por último, una obra mayúscula de Griffith. No sólo por el inmenso despliegue técnico que ofrece en menos de media hora, sino por el indiscutible dominio del espacio narrativo del que hace gala, y por cómo es capaz de convertir una premisa estúpida en un western trepidante y colosal. THE BATTLE OF ELDERBUSH GULCH es una escalada de acción enclavada en un espacio único, y que, pese a su desafortunado mensaje respecto a los indios, a los que presenta como bárbaros antropófagos de... ¡perritos! (recordemos que fue la adaptación de una famosa novela), es a día de hoy un referente para todo el que quiera rodar bien una película de asedio y resistencia. Las imágenes in & out del ataque de los indios a un grupo de colonos, que resiste como puede en el interior de una cabaña, tienen una fuerza sobrecogedora, y uno se pregunta de dónde salía esa mirada cuando nadie la había tenido antes. El genio creador de Griffith, en todo su esplendor, rebosa en este tremendo y violento film.
Es de las imprescindibles.

... Y, saludos...


domingo, 16 de agosto de 2015

Rincón del freak #200: Lánguida me oprimo los adentros... hasta desfallecer... de puro agotamiento...



"Deriva programática para un insomne diurno en rachas estivales": Secuencia uno: La mortaja de la almohada inquieta.

Uno se va a la playa, pero hace mucho calor para ir a la playa. Todos duermen. Es decir: ¡Todo el mundo del Planeta Vacaciones está durmiendo!... menos servidor, que tiene la fea costumbre de ver películas para combatir el calor, pero sobre todo una soledad que en su momento inspiró al mismísimo Matheson. Saben de qué les hablo, de esa sensación inquietante de ser el último asalariado sobre la tierra. Y lo que es peor: que empiece a no parecerte tan malo... Aunque pensaba: "¿Y si, en un mundo devastado, despojado ya de la maldad humana, paseando... digamos... por la bahía huelvana (P. González dixit), me sale al paso un ceñudo Rodrigo Rato... el último hombre hiperprotegido del Planeta Tierra, y por tanto inmune al Apocalipsis que sea?... ¿Eh?... ¿eh?... ¿A que da yuyu?... En esas, la almohada se escurre de la improvisada parihuela que compone mi resquicio cinéfilo y caigo en la cuenta... ¡Menudo pestiño llevo tragándome durante una hora, sólo porque las dos muchachas, pese a llevar corpiñillo la una y mangas a lo emo la otra, están ricas y uno se las imagina yendo de la mano por Hungría de color Kodak antiguo!... ¿O quizá era porque, ya puestos, a esa languidez gusanópeda le viene de perlas un temita, en plan colegueo Radio3, de Joy Division?... Yo, qué quieren que les diga, no me enteré de nada, excepto que THE CURSE OF STYRIA (que ya manda huevos el nombrecito para tan poca cosa) es un insulto a la memoria de un escritor tan intrincado y majestuoso como Sheridan Le Fanu. En fin...
Saludos.

sábado, 15 de agosto de 2015

Una estrella allá en lo alto...



Lo impetuoso del momento (con las dichosas vacaciones en medio, claro) y diversos avatares que apenas si vienen a cuento, no me han permitido extender mi gratitud a uno de esos actores que "estaban ahí desde siempre" y que, al menos a mí, me han hecho disfrutar, emocionarme, reír, llorar, y, en definitiva, darme cuenta de qué grande es esto del cine. Señor Sharif, yo le tenía a usted un respeto indiscutible, y cuendo me enteré de que nos había dejado (para atender asuntos más importantes, supongo), mi cabecita cinéfila empezó a maniobrar en modo "nostalgia". Son muchos, incontables, los títulos a los que usted prestó su porte y elegancia, todos ganaron con su presencia, y debo admitir que me daba una como envidia verle a usted, todo dignidad y virtud, siendo tan caballero con una dama como con un hombre, aceptando con una sonrisa cualquier derrota y restándose a sí mismo los muchos méritos que, ya se lo digo yo, coleccionaba para luego esparcir por la pantalla. Sólo gracias... sólo gracias...
Me he dado cuenta de que la mayoría de títulos imprescindibles en los que estuvo Omar Sharif (sí, Mr., también "ése") ya los había comentado, así que me he inclinado por FUNNY GIRL, donde no era el estricto protagonista, pero cuyos puntuales intercesos favorecían a una Barbra Streisand a la que casi se le derretía el ombligo cada vez que se le acercaba este egipcio de nacimiento, señor con todas las letras. Y, bueno, FUNNY GIRL estaba muy bien, porque tenía unos números musicales muy originales, unos diálogos rápidos y precisos, y porque no es, en ningún modo, una historia ñoña y apacible; precisamente, toda la parte final, desde que ambos deciden no separarse, es cada vez más oscura y pesimista. Él, un jugador empedernido, enfermo y fatalmente marcado, que siempre estuvo rodeado de opulencia y terminó arruinado; ella, una chica de barrio que sólo quería un par de minutos sobre un escenario, no era la más guapa, pero sí la más divertida, la más simpática y la que tenía la mejor voz. El final es tan rotundo como elocuente, porque la estrella en la que se ha convertido no reconoce el teatro que la ha visto triunfar si no está repleto de gente. Sólo se ve a sí misma...
Si no la han visto, están tardando demasiado...
Saludos.

viernes, 14 de agosto de 2015

El loco soy yo #4



Hay un aspecto fundamental para abordar el regreso de Mad Max treinta años después. El vilo de la cartelera lo componen, así a vuelapluma, las andanzas pixerianas, las comedietas de frescor vaginal, la de Neeson vs. las siestas (o peor: Cage insomne perdido), la de miedo que no da miedo (así que no tiene género), la de superhéroes (cada vez más infantiles), alguna de algún festival... Y de repente, esto.
MAD MAX: FURY ROAD es la forma en la que George Miller le dice a la gente, en mitad del pastoreo, que otra cartelera es posible, que aún quedan cosas por hacer y que la pasta, de tener que llevársela antes, es preferible que se la lleven los profesionales de lo que una vez, por un momento, fue arte y séptimo. estamos tan acostumbrados a encasillar cada cosa por culpa del insoportable ordenamiento de celdas, rejillas y ventanas, que todo lo que ocupe un lugar amorfo y grosero es radicalizado de inmediato. A esta película le ha venido bien, porque la respuesta ha sido unánime; a la gente le ha gustado, y lo mejor es que todos los que la alaban coinciden en señalar que se trata de un trabajo hecho con tripas y corazón, que no da lecciones morales y que a su evidente pesimismo lo engulle un sentido del ritmo que Miller lleva perfeccionando desde 1979. Sus travellings, irrupciones en escena, zooms y encadenados musicales llevan sello propio; tienen, por así decirlo, la misión de narrar sin que se esté diciendo nada. Porque MAD MAX: FURY ROAD es, no puede ser de otra manera, parca en palabras, rica en miradas y bella en el caos. Hay quien le achaca a Tom Hardy el desaparecer de escena en favor de una Charlize Theron mucho más orgánica y respondona; revisen las otras tres entregas, Max es un tipo siempre a punto de salir del cuadro, como John Wayne, alguien que no quiere ser protagonista, pero que siempre acaba arrastrado por las circunstancias. Las circunstancias son tremendas en esta entrega: el malo (muy malo) es Immortan Joe, que anda obsesionado con procrear antes de la esterilización total, y para ello tiene a varias vestales encerradas. Theron es Furiosa, una Lugarteniente que idea un plan desquiciado para burlar al dictador y largarse con las jóvenes. La persecución está servida, la acción asegurada, nada puede fallar; los personajes se suceden sin que se nos explique nada sobre ellos, pero su naturaleza va siendo descubierta en mitad del fragor. Ni un segundo de calma... ¿Cuál es la función de Max, entonces, una vez despojado de su condición de salvador y mesías? Max es la pausa que hace ver, el tipo que comprende y no impone, con un doloroso anclaje en el pasado que aún no lo ha convertido en un ser sin sentimientos. Furiosa es la protagonista, sí, pero Max es su conciencia, el que ya sabe lo que hay dentro de la gigantesca tormenta de arena y electricidad (espectacular escena, por cierto), y el que es temido por todos los locos a los que se enfrenta, precisamente por su cordura...
Por todo ello, MAD MAX: FURY ROAD se erige como uno de los títulos más importantes de la temporada y se perfila como uno de los eventos a seguir en los próximos años. Se espera continuación para dentro de un par de años; a mí sólo me queda añadir que si tiene la mitad de sustancia que ésta podemos estar de enhorabuena.
Cine con mayúsculas.
Saludos.

jueves, 13 de agosto de 2015

El loco soy yo #3



El caso de MAD MAX BEYOND THUNDERDOME es más que curioso. Preparada con todo lujo de detalles durante cuatro años, incorporaba ya un personaje femenino lo suficientemente poderoso como para ensombrecer el protagonismo del propio Mel Gibson. Tina Turner, de la que poco o nada se recuerda como actriz, sale bien parada con su Tía Ama, la cacique que domina una sociedad basada en el trueque llamada BarterTown (NegoCiudad). Es esta primera parte del film, con una excelente ambientación y un ritmo trepidante la que sostiene una historia que se derrumba incomprensiblemente en la segunda. Max quiere recuperar su caravana (robada por el Capitán Gyro), lo que es aprovechado por Tía Ama para que éste se enfrente al Maestro Golpeador, un enano sobre un gigante que rige en inframundo, donde se obtiene la energía mediante el metano proveniente del excremento de miles de cerdos. El punto culminante es la batalla entre Golpeador y Max en la Cúpula del Trueno, una especie de circo, sin reglas, y con un solo lema: "Dos hombres entran, uno sale"...
Hasta aquí, la tercera parte de las andanzas de Max Rockatansky no tiene casi nada de malo, una película con nervio, inventiva y una pléyade de personajes a cual más interesante. Y desconociendo si fue George Ogilvie (en un insólito ejercicio de democracia extrema) el que se ocupó de dirigir la segunda parte, lo cierto es que pareciera que esta película nos la han cambiado. Max vaga por el desierto, condenado a muerte, y es rescatado por un grupo... ¡de niños!... Y no sólo eso, encima resulta que viven en una especie de paraíso que, oh casualidad, nadie ha encontrado jamás. Los niños son insoportables y tienen a Max hasta las pelotas, porque encima le insisten en que es el capitán del avión en el que se estrellaron y que quieren que les lleve de vuelta. Total, un pastelazo que podría haber colado en una producción Disney, pero que amputa de raíz todo el interés de una película, ya digo, extrañamente dirigida, que tuvo una buena acogida en taquilla y que supuestamente le restó a Miller las ganas de volver sobre su personaje más famoso... Supuestamente...
Saludos.

miércoles, 12 de agosto de 2015

El loco soy yo #2



Si te cuentan que una franquicia ha de continuarse con un héroe cojo, que sale vapuleado cada dos por tres y come comida para perros... O que los malos llevan una máscara de hockey y escurreverduras en la cabeza... Que este héroe va a ser la única alternativa de supervivencia de unos tipos que visten trajes de esgrima y, ni se sabe cómo, habitan una especie de refinería en mitad de un desierto, y que el personal se pelea por la gasolina en vez de por el agua... Que todo esto, lejos de acabar siendo pasto de la temida autoparodia involuntaria, dé como fruto la mejor película de dicha franquicia, es lo que ha hecho que MAD MAX 2: THE ROAD WARRIOR sea el verdadero eje motor alrededor del que han de girar los temas más recurrentes y celebrados de, al menos, las dos siguientes entregas. En su magnífico y conciso prólogo queda perfectamente explicado el giro radical respecto a su antecesora; no sólo el personaje, tras perderlo todo, ha mutado en un solitario vagabundo en busca de los últimos litros de gasolina, tampoco queda ya nada de algo que fue conocido como "civilización". MAD MAX 2 es un excelente western clásico, mucho antes que una distopía futurista, y su desarrollo lo hemos visto cientos de veces, porque a lo ya contado añadasele una persecución final absolutamente trepidante y un estupendo retrato de todos y cada uno de sus personajes, todos con entidad propia y ese sentido del humor inclasificable que recorre todo el cine de Miller. Desde el colosal Humungus al "Niño Feroz" y su letal boomerang; pasando por el destartalado piloto de autogiro (el mítico Bruce Spence) o el explosivo Wez, al que Miller ni siquiera le camufla la condición homosexual. Este guerrero cojo, que usa los mismos hierros que la anciana de la primera entrega, demuestra dos cosas importantísimas: Si no puedes huir, estréllate. Y si vas a morir, llévate lo que puedas por delante...
E-S-P-E-C-T-A-C-U-L-A-R...
Saludos.

martes, 11 de agosto de 2015

El loco soy yo #1



Mad Max, el salvaje de la autopista, el patrullero loco, ha vuelto, está de actualidad, creo que para quedarse durante otros treinta años en nuestro imaginario cinéfilo... Y yo que me alegro, porque me encanta, siempre me ha encantado.
Yo sostengo varias teorías acerca del funcionamiento interno de este personaje/franquicia/microverso, pero la que más me suele motivar es la que viene a decir que, totalmente a la contra de lo que suele suceder en el cine de acción yanqui (vertiente comercial), lo de menos aquí es el protagonista, un tipo hierático, seco, repleto de debilidades y que apenas se mueve por un par de ideas fijas y no siempre comprensibles para el público, acostumbrado a tenerlo todo bien mascadito. Aquí todo es sugerido y ambiguo, y no siempre se sabe quién es el malo y quién el bueno, porque todos comparten un fin común: la carrera por la supervivencia.
Todo comenzó en 1979, con un presupuesto de broma, un chaval que venía apuntando maneras como dudoso galán sin mucho glamour, un director hiperactivo de ideas y entusiasmo, y un montón de gasolina derramada sobre las carreteras australianas, interminables y desoladas, un paisaje siempre al borde del crepúsculo, augurando el desastre total... aunque eso vendrá un poco más tarde. MAD MAX inauguró, casi sin proponérselo, todo un señor exploitation: el postapocalíptico. Una mezcla de western desaforado, cambiando caballos por V8-Interceptors, y un derrumbe de los valores morales que devenía en unas imágenes tan depuradas como cargadas de sadismo ¿A quién le importaba lo que estaba pasando? Lo que prima en este compendio de veleidades motorísticas es recuperar el sabor de una diligencia asediada por los indios o un tren acosado por los ladrones a caballo. MAD MAX (y prácticamente todo lo que vino después) era un guion básico y reduccionista, pero que sabía tocar la tecla adecuada para ofrecer un espectáculo entretenido e impactante, y que con las siguientes entregas siguió incrementando el volumen del Rock'n'Roll. Como un concierto de AC/DC... Como el primer número de Metal Hurlant... Como un aviso de que nunca estivimos a salvo... y nunca lo estaremos. El comienzo de una leyenda, y las leyendas se imprimen a sangre y fuego...
Un clásico.
Saludos.

lunes, 10 de agosto de 2015

D. W.: El padre del cine #26



En su momento nos marchamos de vacaciones con Griffith... Así que volvemos con él como si no hubiese pasado nada. Ha pasado rápido... pero ha pasado. Igual que pasó el año 1913, ya bastante menos prolífico y en el que se aprecia un mayor gusto por el detalle, como en THE TELEPHONE GIRL AND THE LADY, revisión en clave de suspense del asalto a una señora, cuya llamada de socorro, interceptada por la operadora, hará que ésta, valiéndose de su inteligencia y perspicacia, lleve a la policía directamente al ladrón. A destacar, además del uso de los tiempos, la impresionante cámara frontal, con la que Griffith se sacó de la manga los travellings antes de que ese concepto existiera en el cine.





Abundando en el motivo telefónico, la brutal DEATH'S MARATHON impone por la concisión con la que plantea la caída en desgracia de un hombre por culpa del juego. Tras seducir a su futura esposa, y el nacimiento de un retoño, el ludópata descubre que la vida hogareña no es para él, y pierde todo su dinero en una fatal e interminable partida de cartas. Desesperado, decide pegarse un tiro, pero su conciencia le lleva a hacer una última llamada para despedirse de su mujer e hijo. Sólo queda una posibilidad de salvarlo: mantenerlo como sea en la línea hasta que alguien le localice...
Buenísima...

... Y, saludos...


... ¿Y todo esto lo ha hecho usted solo?...
No, necesité estar rodeado de siete mil millones de personas...

¡Cuidao con mis primos!