Martha Coolidge es una de esas cineastas curtidas en la televisión, que asomó la cabeza con tres o cuatro films destacables, para sumirse en una mediocridad comercial que le hacía justicia, y terminar semiolvidada como creadora de series de nulo recorrido. Sin ser nada del otro mundo, RAMBLING ROSE pasa por ser su título más inspirado. Guionizada por el propio autor de la novela en la que se basa, Calder Willingham, se estructuraba como un gran flashback, una amalgama de memorias que llegan a Buddy Hillyer, que en 1971 visita a su padre en su casa en el corazón de "Dixieland". Buddy recuerda principalmente a Rose, aquella chica descarriada que su padre contrató casi cuarenta años atrás, más por salvarla de la desgracia que por necesitar sus servicios. Rose no parece muy avispada, pero tiene buen corazón; aunque tiene un gran problema: le encanta el sexo. Y he ahí el corpus de este film que navega entre la comedia costumbrista y la memoria sentimental, con los denodados esfuerzos del patriarca (Robert Duvall) por zafarse a esta enternecedora devoradora de hombres (una magnífica Laura Dern), mientras su mujer (Diane Ladd, madre en la vida real de Dern), eterna aspirante a una cátedra "de algo" con graves problemas de audición, la acoge como a una hija, sin sospechar que anda tras su marido e inicia a Buddy (un joven Lukas Haas) en su despertar sexual. Un film bien planteado y dirigido, pero cuya complejidad psicológica, con todo el juego de caracteres contrapuestos, no acaba de ser aprovechado, porque esa pátina de "bondad interpuesta" se impone al tórrido y pegajoso manantial de fuego que podría haber escrito Tennessee Williams, que es su aspiración directa pero inalcanzable.
Curiosa. Se puede ver.
Saludos.

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