lunes, 31 de agosto de 2009

¿Y quién es el albañil?

Bueno, sí, vale, que THE WALL nos ha marcado a todos los que hemos crecido creyéndonos el ombligo del mundo. Pues ¿qué es si no este ambicioso trabajo sino un colosal e impúdico canto al individualismo menos defendible? Porque una cosa es la película, un experimento de lo más entretenido, con unas animaciones espectaculares para la época y un sentido bastante anticipatorio del ritmo (ahora omnipresente) del videoclip, y otra bien distinta todo el embrollo que supuso la grabación del disco doble más controvertido de la historia tres años antes; un disco que supuso la separación del grupo y la constatación de que Waters fue el que acabó con Barrett... (bueno, esto último como si no lo hubieseis leído ¿eh?).
El caso es que Pink Floyd vendió discos a cascoporro con una sórdida historia repleta de ecos autistas y alienantes y luego la adaptación de Alan Parker se convirtió casi sin quererlo en un clásico instantáneo... y todo eso en el período en el que los punks tardaron en ponerse hombreras... Lo cierto es que THE WALL es un sinsentido enormemente imaginativo (si es que eso es posible), un videoclip de hora y media con momentos muy logrados (el desfile de los martillos es imponente y las animaciones lo mejor de su irregular metraje) y otros menos inspirados (los megalómanos últimos momentos de Geldof, convertido en un nazi sin cejas ¿?), lo que ha contribuido indudablemente a que 27 años después algo tan freak y tan inusual se haya convertido en uno de esos títulos que hasta algunos abuelos recuerdan. Y es que así fue Pink Floyd, algo que ahora es imposible: un grupo de minorías consumido por mayorías.
Tengo pendiente hablar del disco en el otro blog, porque me encanta y además fue el primero que compré con mi primer sueldo... por si fuera poco, jolines...
Saludos de cara a la pared.

Black cars

martes, 25 de agosto de 2009

Azucarillos y aguardiente

En medio de una vorágine revisionista, de la que ya poco se salva, donde el afán recaudatorio pasa por encima de cualquier otra consideración, me entero de que se está preparando para el año próximo una tardía y probablemente innecesaria secuela de aquella ida de olla de la Disney que fue, hace nada menos que 27 añitos, TRON. Y el otro día desempolvé TRON con no poca curiosidad, pues no son estos ojitos los mismos que la contemplaron con estupor e infantil incomprensión el año de su estreno. Y es que TRON es una película de lo más freak que erroneamente se destinó al público infantil y juvenil, cuando aquel año fue el mismo en el que Spielberg arrasó con todo gracias a su extraterrestre en bicicleta. Sea como fuere, TRON es una película fascinante que parece dirigida por un adolescente pero que adelanta muchas de las claves del que luego ha sido el más exitoso cine de ciencia-ficción de los últimos tiempos (léase sobre todo MATRIX). Detrás del optimista y jovial Jeff Bridges (fichado y rescatado para la secuela) o el malísimo David Warner, una débil trama, casi insustancial, sobre un posible mundo paralelo dentro de las computadoras (las de entonces, con aquellos mastodónticos almacenadores de memoria), donde cada persona tenía su equivalente computerizado, los programadores eran poco menos que dioses y el más malo era la unidad central (Jeje), que pretendía actuar por su propia cuenta; todo ello, como digo, daba paso a la verdadera chicha del film, lo que luego ha pasado a la historia oculta de los frikis. Esto es: las espectaculares carreras de Lightcycles, los ampulosos reconocedores y, por supuesto, aquellos maravillosos trajes fluorescentes que eran toda una declaración de principios.
Vista ahora lo cierto es que resulta ñoña y tontorrona, pese a que sus efectos eran entonces una verdadera revolución en el campo visual. Luego hay una insoportable música de Wendy Carlos (sí, el travesti que casi se cargó A CLOCKWORK ORANGE) y Bruce Boxleitner, el guaperas televisivo del momento. Demasiados lastres para una apuesta que habría arruinado a la poderosa Disney si luego no nos hubieran machacado con sus edulcorados subproductos de base.
En definitiva, curiosa para echar unas risas arqueando las cejas, pero tomarla en serio es una estupidez.
Saludos del CPU.

Air á danser

sábado, 22 de agosto de 2009

Todo cae por el sumidero

Aunque parezca un gilipollez pedante y cultureta, lo cierto es que Michael Haneke parece ya casi de la familia; algo tan improbable cuando se trata de un director que filma como un perro rabioso acerca de las toneladas de mierda que tenemos suspendidas a diario sobre nuestras cabezas. Ahora a Haneke le dan premios, le financian remakes de sus propias películas que él mismo dirige y con las que entra en los puestos de cabeza de las listas de recaudación, por no hablar de que viste de negro y luce barba canosa, lo que le da un aire... no sé, como el que nos gustaría tener a nosotros si no fuera porque no nos reímos cuando hablamos sobre asesinos psicópatas, conductas asociales violentas o pertrechos masoquistas de automutilación. En fin.
Lo que sí es reseñable, bajo mi punto de vista, que no tiene nada de idolatría, es que Haneke no es sólo sus tres o cuatro películas más famosas, comprendidas desde su etapa alemana hasta su incursión francesa, sino que filmó algunos trabajos en su país de adopción, Austria, a modo de sombría entrada a sus pesadillas posteriores. La primera de sus películas fue una que sigue siendo de mis favoritas, DER SIEBENTE KONTINENT, donde podríamos afirmar que el nihilismo encuentra su máxima expresión. Una familia cualquiera, media, desarrolla sus actividades normales; trabajan, llevan a la hija al colegio, hacen la compra... Pero hay algo que no marcha ¿El qué?, todo; sencillamente todo. Lo que muestra inteligentemente Haneke en tres cuartas partes del film es la monotonía de los actos repetitivos de un grupo de personas, terroríficos porque son los mismos actos que nosotros mismos llevamos a cabo en nuestra vida. Ninguna intención es mostrada, tenemos que afinar nuestra adormilada sesera para descubrir la sorpresa final, porque aquí, como en la vida real, la gente no dice sus pensamientos en voz alta, prefieren guardárselos. En esto llega la parte final, de la que sólo les diré que hay que tenerlos muy bien puestos para soportarla sin desviar la mirada. Del estupor pasamos al rechazo instintivo (en su pase original había pataleos y abandonos masivos) y desembocamos en una sensación de vacío angustiosa y muy desmoralizante. No se lo desvelo, pero se lo pueden imaginar.
Saludos continentales.

Volver, volver

viernes, 21 de agosto de 2009

En verso y en directo

Pilar Miró hizo el más difícil todavía y filmó a Lope de Vega en verso, y encima le sale bien y hasta queda entretenido. Y con buenos actores haciendo bien su trabajo (¿Qué pasa con los actores españoles ahora, que ni actúan ni ná?), y con unas localizaciones fascinantes y cuidadas, y con un vestuario impresionante, y con una fotografía de Aguirresarobe que estaba en su mejor momento, y con una partitura de mi amado José Nieto muy acorde con la época en la que ha de desarrollarse este drama picaresco o comedia humana o cualquiera sabe, que don Lope no paró nunca en un solo sitio, sino que adelantó con su genio muchos de los prejuicios estancos de aquel momento en que las damas encontrábanse transidas bajo un leve rubor de estío y los caballeros rozaban las espuelas en su capacidad de centauros honorables.
No es que haya una profundidad inmensa en este archiconocido cuento, que lo es, sino que marca una serie de pautas a seguir, de las que saliéndose el adaptador no ha de triunfar, por tratarse de un texto harto conocido y representado. La jugada de la Miró fue a la inversa, y le sirvió para dar su último corte de mangas obteniendo varios premios Goya; así, no adaptó en realidad a Lope al cine, sino que hizo que todos los manierismos y tics del séptimo arte se plegaran ante esta obra inmortal y de múltiples dobles sentidos. Para mí fue un hallazgo, primero de dos estupendos actores luego venidos a menos (Suárez y Gómez) y luego de una forma de hacer cine que en este país ha dado más disgustos que alegrías, saliendo en este caso cara.
Buen momento para recordarlo, entonces.
Saludos de mi merced...

Ochenta años

jueves, 20 de agosto de 2009

Bromas aparte

GLADIATOR fue una preciosa comedia filmada por nuestro joker particular, Mr. Scott, que se forró de lo lindo e incluso consiguió el más difícil todavía: recuperar crédito ante cierta crítica que todavía sigue babeando de placer cuando ve a Russell Crowe chillar en el circo, con su peinado exquisito, su barba recortadita y su mirada llena de sufrimiento. En fin.
Ni siquiera me había planteado hablar de esta película que sigue la estela de tonterías de altísimo presupuesto como TITANIC o PEARL HARBOUR, lo que pasa es que así me quito otro lastre de encima y además me desintoxico de tanta trascendencia fílmica... Demasiado Dreyer, oiga...
36 años antes, Anthony Mann, un artesano infinitamente más hábil que Scott, dirigió la soberbia y nunca suficientemente valorada THE FALL OF THE ROMAN EMPIRE; verla ahora supone un río de carcajadas sin fin, pero sólo porque el neófito confundido, de repente, se da cuenta de que ambas películas van de lo mismo, con un inicio calcadito y el mismo gusto por la épica de altos vuelos. En GLADIATOR, la figura del general agraviado por su honestidad es la que copa toda la atención, lo que al final es más de lo mismo: "Que sí, que pobrecito, que qué pena, que cuánta putadita...". Bueno, vale, dos horitas y media de ir para allá y luego volver con la frente marchita, y de rellenar un coliseo digital con gente digital, o de poner la cancioncilla de Lisa Gerrard con una puesta de sol digna de LEYENDAS DE PASIÓN... Es decir: todo muy peinadito y muy aseadito, como si en vez de la Roma imperial habláramos de A TODO GAS 2, con esas calles siempre dispuestas a las correrías de nuestros jovenzuelos favoritos. Y, con todo, hay algún acierto, como Joaquin Phoenix dando vida a un inquietante Cómodo (como contrapunto, la nulidad de Livio) o Connie Nielsen, que no actúa un pimiento pero está rica y hace algo muy difícil: que nos olvidemos de Sophia Loren, la diosa...
Pues nada, que poco a poco la voy emprendiendo con la filmografía de este señor, llena de sombras y luces; pero no se apuren, ya le tocará a alguna buena.
Saludos desde la arena.

Capsized

miércoles, 19 de agosto de 2009

Alimentando el ganado

La vida está llena de tópicos absurdos, infames, que nos sirven a nosotros mismos, a nuestra propia y absurda infamia, como una especie de muletas o escudos para continuar reafirmándonos como no-culpables cuando, de repente, asistimos a un espectáculo de miseria que se ha de desarrollar a pocos pasos del centro comercial donde deshilvanamos nuestras memeces y creemos tocar durante unos minutos el paraíso artificioso que nos ponen delante de las narices de tres a seis por la tele.
Sin embargo, evitar esto, hacer como que no está sólo sirve para tranquilizarnos... hasta que un día nos toca.
ÇA COMMENCE AUJOURD'HUI (HOY EMPIEZA TODO, en español) es un film que me encanta recomendar, incluso más que ver; una de las películas más incómodas que me he encontrado y toda una lección de vergüenza y modestia, aparte de estar magníficamente filmada por ese coloso que es Bertrand Tavernier. HOY EMPIEZA TODO derrumba de un manotazo muchas de las tonterías que se aceptan socialmente como si fuesen ley inamovible. Por ejemplo, que los franceses viven todos de puta madre, que el paro es sólo cosa de aquí o que los maestros de escuela son privilegiados. Vale, sigamos creyéndolo. Aquí, el inmenso Philippe Torreton, habitual de Tavernier, da vida (nunca mejor dicho) a un hombre con un curioso trabajo: dirige una guardería en un barrio francamente deprimido. A diferencia, por ejemplo, de ENTRE LES MURS, no se muestra aquí ese hálito de optimismo del profesor que ama su trabajo, sino la caída de bruces de un hombre incapaz de resolver todo lo que encuentra cada día: niños en situación de semiabandono, malos tratos, padres alcohólicos, paro, miseria, desarraigo. Y el poderoso mensaje de la película no es entregado en sus dos horas de duración, sino que lo sobrevuela como una negra nube llena de malos presagios, advirtiendo de que aquello no es más que el germen de lo que luego son "esos incómodos elementos" que tanto nos desagradan. Allá cada cual.
Saludos desde hoy mismo.

Reflections of the marionette

martes, 18 de agosto de 2009

La gaviota que me picó

En estas vacaciones me di cuenta de que había un film que no podía dejar pasar durante más tiempo, así que ayer mismo me puse a revisar por tercera o cuarta vez THE BIRDS ¿Resultado? Pues que Hitchcock sigue siendo el Usain Bolt del suspense cinematográfico.
Seguir elogiando esta obra maestra, única entre tanto ripio, ya cansa un poco, pero hay tantísimos matices en su intrincada composición que, por ejemplo, ya hay incluso quien ha experimentado con la sensual idea de borrar digitalmente los pájaros de la película para demostrar que el terror de don Alfred proviene de nuestro subconsciente. Pues ¿qué me dicen de la mítica escena en la que Tippi Hedren fuma despreocupadamente en un banco, de espaldas a los pájaros que se van juntando en el columpio? ¿o del paroxismo apocalíptico que se deshilvana poco a poco en el bar, con los impagables comentarios de una ornitóloga ciertamente peculiar? Si prescindiéramos de los pájaros, nos quedaría una incómoda historia de tira y afloja entre la caprichosa heredera, capaz de lograr cualquier cosa que se proponga, y el seductor abogado, sorprendido por las treacciones de Hedren hasta que resuelve ir también por ella. Es por ello que el film no pierde interés en sus momentos "convencionales", como si fuese preparando lentamente la trampa mortal en la que ha de convertirse poco después. THE BIRDS es el más pesimista relato sobre la decadencia humana y sus vanas cuitas; Hitchcock nos aterroriza al mostrar lo estúpidos y débiles que somos sin necesidad de un monstruo de cuarenta metros ni invasiones extraterrestres, simplemente deja la cámara quieta mientras miles de pájaros esperan posados pacientemente en los cables, en los tejados, en el suelo, en los coches, en todas partes...
No sé si es la mejor suya, no me atrevería yo a tanto, porque prefiero VERTIGO o PSICOSIS, pero el maestro lo volvió a hacer: fue capaz de detener el tiempo en un apacible pueblecito costero llamado Bodega Bay y lo convirtió en un infierno sobre la tierra. Simplemente magistral.
Saludos emplumados.

Bittersweet bundle of misery

lunes, 17 de agosto de 2009

Tic tac

Algún día, alguien le hará un homenaje a Johnnie To (alguien importante y de occidente, claro); con suerte se podrán degustar sus semidesconocidas cintas y entonces, sólo entonces, la miríada de incondicionales de Quentin Tarantino (y digo Tarantino porque es un bocazas y un fanfarrón, porque hay más) serán presa de un súbito azoramiento y casi que no sabrán a qué esquina correr a esconderse.
Y eso que To ni es original ni le hace ninguna falta. Sus ballets de sangre y fuego, donde las miradas sustituyen a los diálogos y la acción deviene puro vértigo, contienen la adrenalina de la venganza, tan extendida en el cine de acción oriental, sólo que no se trata de una venganza vacua, ni esteticista porque sí, sino que atiende a unos estrictos parámetros que sólo atisbamos cuando su muda dialéctica nos deja un resquicio para reflexionar (y respirar). EXILED dejó boquiabiertos a los pocos que la vieron en los extrañísimos pases de hace tres años en Madrid. Los que le conocían esperaban una mera continuación de THE MISSION; y bien que lo parece en su soberbio arranque, deudor de Leone y derrochando un malsano humor "a la francesa", que desemboca en un alarde de montaje que debería hacer reflexionar al director de DEATH PROOF acerca de sus "saltitos temporales". Los que no sabían nada del hongkonés simplemente lo fliparon.
Dos hombres llegan a una casa, llaman y preguntan por una persona; en la puerta, una mujer y su hijo pequeño; la mujer niega, los hombres esperan pacientemente fuera. Llegan otros dos y comienza el juego de miradas, a veces cubiertas por gafas de sol. Se repite la secuencia y los cuatro hombres, en parejas, esperan manteniendo una prudente distancia. Un quinto hombre ha de llegar; dos le esperan para matarlo, los otros dos van a protegerlo.
Y si esto no es un pedazo de guión pues que venga Mr. Avary y lo arregle, para eso se forró tocándose los cojones y nadie dice nada. Hala.
El resto es una de las películas más sorprendentes de los últimos tiempos. Y no la conoce casi nadie.
Saludos de un tipo al que se le acabaron las vacaciones, así que va a disponer de muuuuucho más tiempo para escribir chorraditas... Curioso mundo éste...

Las campanas de Linares

jueves, 13 de agosto de 2009

Humor amarillo

No invento nada si digo que Takeshi Kitano fue uno de los máximos impulsores de aquel entrañable parque temático televisivo que fue Humor Amarillo y que amenizó nuestras sobremesas sabatinas a base de orientales avergonzados masoquistamente. Nos gusta Kitano, o nos gustaba, o no nos gusta nada, o Kitano nunca pretendió gustar y sin embargo gustó, algo que queda reflejado perfectamente en su agrio personaje de EL VERANO DE KIKUJIRO, que acaba por ser gracioso aunque no quiera. Pero puede que un tipo tan excéntrico como Kitano haya sido capaz de la vuelta de tuerca definitiva acerca de identidades y afinidades. En TAKESHIS', su obra más enigmática y desconcertante, Kitano muestra su propio disgusto con el personaje al que ha ido dando forma a lo largo de veinte años. Como muestra, el comienzo, donde todo parece ir desarrollándose como debe hacerlo una peli de Kitano. Las chulerías, el tic del guiño, las pistolas agarradas con desgana, la apatía de los asesinos... Hasta llegar al tiroteo, brutal, a mil decibelios, a quemarropa... Sin embargo, si estamos atentos, aquello dura unos segundos, demasiado; es como si Kitano nos hablara con las balas y dijese: "Pues sí, otro tiroteo más (bostezo)... Ahora cambiaré el plano y habrá japoneses convulsionándose por los impactos... Y luego a hacer caja... Y tal y tal...". Porque si no me equivoco, TAKESHIS' es un relato sobre la desidia creativa provocada por una repetición sistemática de una serie de códigos que pasan por originales. Luego, Kitano lo embrolla todo con un alter ego que es un payaso en paro, lo enfrenta con el gangster, sale otro tiroteo en la playa y a la mitad de la película (sí, película) nos da la impresión de llevar cuatro horas en la sala del cine, pero sólo llevamos cincuenta minutos. No han faltado voces "autorizadas" que le comparan con Lynch (a este paso todo el mundo es Lynch, cuando se suponía que era un tipo raro) o con Fellini y su 8 1/2, lo que ya me parece desbarrar de lo lindo, qué quieren que les diga. Aparte de que el cine japonés ya es rarete de por sí, este artefacto puede que sea un intento de desapego de su autor, pero luego habrá que ver si esto es cierto o nos ha tomado el pelo, porque tanto GLORY TO THE FILMMAKER! como ACHILLES TO KAME vienen a ahondar sobre las mismas obsesiones, aunque algo más atenuadas que aquí, así que mi limitado magín echa de menos al viejo Beat Takeshi cargándose a los malos con esa sonrisilla forzada suya mientras intenta ubicar a este nuevo alter ego ultrarreflexivo y trascendente.
En fin, cosas de japos.
Saludos de mí yo él...

Vuelve a llamar

miércoles, 12 de agosto de 2009

¡Corten!

Nicholas Ray llamó a su pupilo y amigo Wim Wenders cuando el cáncer sólo le daba ya las buenas noches; su pretensión era la de un hombre imbricado en el cine incluso poco antes de morir; el resultado es una obra maestra semidesconocida, para mí el más grande trabajo del irregular Wenders.
LIGHTNING OVER WATER parece un documental, pero no es esa la intención si atendemos al singular juego de correspondencias entre Ray y Wenders. El alemán se pliega ante el último deseo de su mentor y maestro y filma con respeto, aunque la agonía traspasa la pantalla y casi deseamos que el saco de huesos en que se ha convertido el director de JOHNNY GUITAR expire de una vez; el verdadero espectáculo de la muerte no es fácil de digerir, y aquí no hay trampa ni cartón, Ray se muere. Pero por otra parte, es el propio Ray quien pone las gotas de humor, escudado en su parche y fumando a cuentagotas, es capaz de arrancar risas a sus familiares, presentes en toda la grabación y al circunspecto Wenders, probablemente uno de los directores con más suerte del mundo, este documento es algo tan improbable como valioso. Concebido como una larga charla sobre la insignificancia final de la vida, los logros, el éxito, las envidias y rencores, más que testamento parece LIGHTNING OVER WATER un extraño manual desmitificador y valeroso, imposible de rodar actualmente, en estos tiempos en los que la muerte sólo existe muy de lejos, en los tifones y los terremotos, en las guerras y los accidentes de tráfico, como si nadie muriese de viejo, como si concebir siquiera la decadencia física fuese una especie de decadencia moral. Y no lo es en absoluto; y esta magistral filmación, respetuosa y cínica a partes iguales, lo demuestra sin que su resultado final se resienta.
¿Qué son si no los últimos deseos de un moribundo sino un transparente canto a la vida?
Saludos relampagueantes.

Sign language

martes, 11 de agosto de 2009

Una historia en la nieve

Es posible que, siguiendo un no anteriormente marcado camino, me haya fabricado mi propia miniserie de films yanquis de moderado presupuesto y apoyados en memorables trabajos de inmensos actores.
Y, sí, fue AFFLICTION otro título de esos que a muchos les pasó por delante sin saberlo y a los que la vimos nos dejó francamente noqueados, sin saber muy bien cómo digerir esta tremenda película, que sin ser una grandísima obra maestra, sí que nos devuelve al viejo gusto por la artesanía de medios, lo que nunca debe ser desdeñado. Sin embargo, hay una diferencia fundamental entre AFFLICTION y MONSTER'S BALL, o THE WOODSMAN; Paul Schrader no es nuevo en esta plaza, y ni mucho menos. Hablamos del guionista de los mejores trabajos de Scorsese (TAXI DRIVER, RAGING BULL); aparte de haber dirigido él mismo algunos trabajos más que notables desde finales de los setenta, como su revisión "tourneriana" en CAT PEOPLE, la infravalorada MISHIMA (recientemente reeditada) o THE COMFORT OF STRANGERS. En ésta, quizá su última gran película, Schrader delimita las relaciones familiares hasta sacarles el jugo y deja en manos de dos gigantes, Nolte y Coburn, el peso de una narración que podría haberse quedado en carne de telefilm. Me ahorro las dos o tres escenas truculentas y me quedo con la seguridad atenazante de una atmósfera sobre balsa de acite que nunca se puede acertar hacia dónde puede ir, aunque la catástrofe se atisba desde más o menos la mitad (Schrader deja lo mejor para la última parte) ¿Y de qué habla exactamente AFFLICTION? No podría afirmar que sea una película de género, incluso su título me indica ya que toda ella es como un estado de ánimo o una gran desazón acentuada por la impotencia del personaje de Nolte, empeñado en demostrar a su padre (enorme James Coburn como hijoputa integral) que sirve para algo, aunque ese algo sea una nada llena de lágrimas, lágrimas de hombre, que son las únicas que corren a lo largo de esta película sólida como ella sola, empeñada en dar otro toque de atención sobre un director y guionista al que se echará de menos cuando deje de martillear nuestros sentidos.
Saludos desde el dentista.

Terry Riley in C

sábado, 8 de agosto de 2009

Brutal soledad sin paz

Ayer mismo me refería a una curiosa y semidesconocida producción de corte arriesgado aunque sustentada por la participación de un actor más o menos consagrado de Hollywood; hoy traigo aquí otra vuelta de tuerca con los mismos mimbres. Y es que MONSTER'S BALL fue aún más lejos. Primero por su espectacular reparto; nada menos que Billy Bob Thornton, Heath Ledger, Peter Boyle, el rapero Mos Def y, por encima de todos, una Halle Berry en estado de gracia y que hizo historia al ser la primera mujer negra en ganar un oscar, que ya iba siendo hora.
MONSTER'S BALL es una cruda y sórdida narración acerca de cómo los prejuicios carcomen a las personas, envileciéndolas e interceptando su capacidad social. Thornton realiza uno de los mejores y más intensos trabajos de su dilatada carrera encarnando a un funcionario de prisiones que continúa la saga de su padre y continuada por su hijo; un fuerte sentimiento racista une a padre e hijo, pero no casa con el nieto, agobiado por una atmósfera "familiar" simplemente asfixiante. El gran acierto de Marc Forster, un curioso director con trabajos ciertamente dispares, es virar el timón 180º y lanzar al vacío de lo inesperado a unos personajes que nunca son estereotipados, pese a que siempre lo parecen. La explícita escena entre Thornton y Berry aún colea entre un público ávido de este tipo de cosas, aunque a mí me resultó bastante más duro todo el entramado del que Thornton tiene que servirse para dejar atrás sus horribles prejuicios y darse cuenta de lo solo que está. Si es una de las películas más potentes de la década lo es por el rigor de sus intérpretes y por las poquísimas concesiones de Forster a la galería sentimentaloide; no se exploran aquí los problemas de la gente, se explora el porqué de que la gente tenga este tipo de problemas y la incapacidad para poder resolverlos, cegados por una brutalidad que se transmite durante generaciones.
Francamente excelente.
Saludos monstruosos.

Assassins of Allah

viernes, 7 de agosto de 2009

Niño malo

El cine americano espabila de vez en cuando y es capaz de centrarse en contar historias, algo que parece fácil a priori pero que requiere un mínimo de talento e intenciones, cosa no muy extendida en una industria más pendiente de la eficacia numérica que de volubles intentos artísticos. Pero lo cierto es que si ajustamos la mirilla, en esta década que está a punto de acabar, una década más bien olvidable en cualquier sentido, ha habido momentos espaciados en los que algunas obras "incómodas" han logrado estrenarse junto al interminable desfile de "eternos retornos de lo idéntico". Uno de estos títulos fue THE WOODSMAN, de la desconocida e inédita Nicole Kassell, autora asimismo del guión, aunque su argumento no sea tan original como pudiese parecer. Llama la atención el tremendo trabajo de Kevin Bacon, un actor que lleva un par de décadas intentando quitarse el sambenito de guaperas simpaticote a base de rechazar papeles e intentar seleccionar, algo que no debe ser fácil en su caso. Bien, pues el leñador al que hace referencia el título es un tipo que ha pasado doce años en la cárcel y que pone todo su empeño en dejar atrás su turbio pasado y empezar de cero. Para ello, se centra concienzudamente en su trabajo en una serrería y hasta entabla contacto con una compañera igual de escarmentada que él. El problema viene cuando conocemos el secreto que atormenta a este hombre, bien resuelto en cuanto que el director no elude mostrarlo como algo arcano, pues éste es el motor de la narración. Bacon pasó doce años en la cárcel por agredir sexualmente a una niña, y éste es un tabú demasiado fuerte incluso para la mujer que pretendía ser comprensiva. Este hombre está solo y lo seguirá estando, con una mancha que no se borra ni con el tiempo.
Me recordó vagamente a la maravillosa EL CEBO o a la también reciente THE PLEDGE, satélites todas de la magistral M, de Lang; sólo que aquí el malo no es malo, sino que lo fue, y pagó por ello, y por eso vive atormentado por su pasado y sabe que será imposible relacionarse sin que le aceche la sospecha. Le hubiese faltado algún elemento sobrecogedor o sorprendente para haber sido un grandísimo título, en cambio, no pasa de ser una buena historia con buenísimos intérpretes, que no es poco.
Saludos entre el serrín.

Breath

jueves, 6 de agosto de 2009

Época; épocas

De la inmortal novela de Gustave Flaubert se han hecho algunas adaptaciones a la pantalla. El maestro Renoir dejó su inigualable impronta en 1933 con una visión nada complaciente de esta dama libertina y trepa, adelantada a su tiempo, que levantaba polvaredas de escándalo allá por donde se movía en la muy "respetable" sociedad francesa de provincias del siglo diecinueve. Por su parte, el gran Vincente Minnelli la llevó de la mano al glamour propio del Hollywood dorado, con una Jennifer Jones a la que no acabo de ver metida en el papel. Cosas mías. Sin embargo, y totalmente contracorriente, me quedo con la impetuosa adaptación de principios de los noventa de Claude Chabrol. Pues ¿qué son Chabrol y Flaubert sino dos almas gemelas, dos artistas poseedores del don de la lupa, manejando ésta a su antojo? Isabelle Huppert es, hasta ahora, la perfecta Emma Bovary, frágil en apariencia, maquinadora en apariencia, casquivana en apariencia, víctima en apariencia... A Chabrol siempre le han ido como anillo al dedo las apariencias, el no dar por sentado nada por el siempre agradecido método de mostrar todos los ángulos posibles; en teoría, la Madame Bovary de Chabrol debe ser la más fiel al complicado universo ideado por Flaubert, quizá utilizado como venganza personal de un autor que nunca fue suficientemente valorado en su tiempo.
Además, me gustaría resaltar el excelente trabajo de ambientación y vestuario, magníficamente engarzados ambos y al servicio de unos actores que no chirrían, ni siquiera en esas escenas grandguingolesques que tanto gustan a Chabrol y que en manos de otros suenan a cachondeo o, peor, a pedantería.
Buen momento, por tanto, para rescatar una obra (una más) del extensísimo repertorio de uno de los cineastas más reivindicables de nuestro tiempo; lo será cuando se haya muerto, claro, como Flaubert. Estos cantares nos suenan y nos hacen sudar de indignación; pero, créanme, no dejen pasar la oportunidad de ver a la Huppert en corpiño y con esa media sonrisa suya tan mercenaria mientras maneja los hilos a su antojo.
Saludos de época.

The geeks were right

miércoles, 5 de agosto de 2009

Tómese su dosis

¿Que le quitó el oscar a CITIZEN KANE?... poca vergüenza... ¿Otro dramón familiar ensalzando las "virtudes" del trabajo inhumano, esta vez en una mina?... dita sea... ¿Cómo se le ocurre al borrachuzo de Ford lo de los hermanos solícitos con la madre? ¿estaba de coña?... vaya con la peliculita... ¿Y los decorados? ¿los pintó el mismo que se encargó de la parroquia de Llandewi Brefi con la resaca?... menudo despropósito...
Supongo que habrán notado lo difícil que me resulta decir algo que, simplemente, ni es, ni puede ser así. Hablar mal de HOW GREEN WAS MY VALLEY es algo tan absurdo como chistoso; pues estamos ante una de las más grandes obras (tengo el vello literalmente erizado) de arte del siglo XX, del séptimo y los otros seis, si quieren.
No le hace falta a John Ford meterse en berenjenales psicológicos ni en sofisticados galimatías generacionales para despellejar el alma humana en un frontispicio único e insobornable; le basta colocar a una numerosa familia minera del oscuro Gales de principios de siglo y dejar que los actores se muevan como si siempre hubiesen estado en la falda de ese espacio mítico que es la mina, erigida en monstruo fagocitador e incansable de esas graníticas figuras, los mineros, vistos por la lupa del maestro en fila hormigueante, cuando no en míticas discusiones de cuatro paredes, donde el "basta ya" de la nueva generación desafía al inamovible discurso paternal, dispuesto a morir por su supervivencia, sin atender jamás a precariedades ni derechos.
Pero insisto, HOW GREEN WAS MY VALLEY no es nunca un panfleto ni una telenovela sobre "¡Qué pobrecitos somos!", no, nunca, jamás; lo que palpita bajo la grasa y el sudor, igual que por encima de los bailes o los cuellos almidonados, es, ni más ni menos, la gran tragedia humana, la que hace rico al cabrón y pobre al honesto.
Véanla. Véanla. Véanla. Una de las películas más grandes de la historia.
Saludos dosificados.

Kiss this thing goodbye

martes, 4 de agosto de 2009

La curiosidad mató al gato

Debe considerarse, desde ya, a Fritz Lang no sólo como un maestro inabarcable del séptimo arte, sino, y ahora mismo más importante, un artista de una penetración psicológica desbordante y más allá de lo que se da en llamar imaginativo, pues ni siquiera se ha permitido el lujo, tan extendido actualmente, de cultivar algún tipo de improvisación "ligera" y acomodaticia con su legión de incondicionales. Tiene Lang títulos no ya mayores, más bien inmortales, inalcanzables; y otros a los que alguien restó importancia y llamó "menores", "comerciales" o "terrenales", sin darse cuenta de que estas etiquetas no permiten ver, en la mayoría de casos, la maestría con la que se movía Lang por terrenos tan procelosos como el western, el cine negro y hasta el melodrama, por no hablar de su personalísimo punto de vista acerca de la comedia. Y en pleno ajuste hollywoodense, Lang filmó algunos títulos que luego no han tenido tanta trascendencia pero que han ayudado, indudablemente, a apuntalar tanto su reputación como a alargar infinitamente su estela. Uno de estos títulos (porque son muchos) fue SECRET BEYOND THE DOOR, un milimétrico estudio sobre la ambición desmedida disfrazado con la engañosa piel de aquellas producciones más o menos revestidas de cierto aroma exótico (CASABLANCA como espejo) donde cualquier excusa servía para redimir algunas conductas no precisamente demasiado decorosas. Aquí, Lang expone a la bellísima, inquietante y turbadora Joan Bennett como esa mujer-tipo de la época; heredera de una fortuna, rebelde, viajera y devoradora de hombres, que cae rendida ante Michael Redgrave (actor discreto y el gran fallo del reparto) y poco a poco va descubriendo que no es oro todo lo que reluce y que un peligroso secreto se halla tras cualquier puerta. Una trama que recuerda al mejor Hitchcock de la primera época y que pone de manifiesto, sobre todo, que Lang se mueve como pez en el agua en los claroscuros de la mente humana, haciendo que sesenta años después un espectador sabelotodo pique el anzuelo como si esa historia fuese contada por primera vez.
Me he acordado hoy de SECRET BEYOND THE DOOR no por nada en especial, sólo para traer de esa filmografía "en sombras" un título que es necesario ver si se quiere mantener una cierta adoración por un director que, como tantos otros entonces, tuvieron que estar a las duras y las maduras con el sistema de trabajo de los grandes estudios, cosa que se me antoja improbable en estos tiempos de alfombras y lentejuelas.
Saludos secretísimos.

Point of disgust

viernes, 31 de julio de 2009



¡ME VOY DE VACACIONES!... ¡Y NADIE PUEDE IMPEDIRLO! ¡JAJAJAJAJAJAJA!...


... Seguiremos informando...

lunes, 27 de julio de 2009

Amor, contraste

Vamos a hablar hoy, diez años después de su estreno, de una película excepcional, basada en una novela magistral del genial Graham Greene ¿Qué podría salir mal?... Nada, supongo. Los actores están espléndidos, el relato mantiene la tensión y no decae, la ambientación está cuidada.
THE END OF THE AFFAIR fue la segunda adaptación de este relato de amor intemporal basado en la necesidad de ser libre para alcanzar la plenitud; pero sólo nos quedaríamos en la superficie de una historia de infinitos matices, dura y delicada al mismo tiempo, rabiosamente actual pese a necesitar del marco de la segunda guerra mundial, y más concretamente de los bombardeos sobre Londres. Aquí, se produce un intenso y desconcertante "juego" a tres bandas con el romance sostenido casi místicamente por el fogoso y liberal escritor interpretado por Ralph Fiennes y la insatisfecha pero dolorosamente leal esposa, una impresionante Julianne Moore nominada al oscar. Aunque me gustaría, ahora que puedo, resaltar al tercero en discordia, Stephen Rea (actor fetiche de Jordan) encargándose de un rol francamente complicado y que Greene sitúa en la novela casi como un alma en pena, el marido impotente y beato que ama con locura a su mujer pero se ve incapaz de satisfacerla, por lo que el encuentro entre éste y el escritor-amante (amigo a su vez) es un prodigio de sutileza narrativa, provocando la ira del personaje de Fiennes, que no entiende la tranquilidad y abnegación del marido ultrajado; el marido que comprende perfectamente que la felicidad que desea para su mujer sólo puede ser plena aceptando su propia derrota. Todo ello salpicado de esa dualidad Fe/Falta de fe que es una temática casi omnipresente en el complicado imaginario de Greene.
Notablemente superior a la versión de 1955 de Edward Dmytryk (mucho más recatada y complaciente que la de Jordan), THE END OF THE AFFAIR supone un paso adelante a la hora de enfrentar el relato clásico con las armas actuales; sin renunciar a la potencia de la narración y explotando recursos visuales y sonoros. Esto se encuentra patente en la cruda e inolvidable escena de la casa bombardeada con los dos amantes dentro. Impresionante.
No cuento nada, sólo recomendarla para quien no la viese en su momento. Una de las mejores obras de su autor y posiblemente de toda la década pasada.
Saludos aventurados.

Galaxina

domingo, 26 de julio de 2009

Haciendo amigos

Porque sí, porque sé que en la blogosfera hay multitud de fanáticos de BEAUTIFUL GIRLS (He visto incluso blogs dedicados por entero a esta cinta...), así que no sé si va a caer bien o mal lo que viene a continuación.
¿De qué va BEAUTIFUL GIRLS aparte de mostrar el amor por los karaokes de Ted Demme? ¿de perdedores?, unos perdedores la mar de felices, en todo caso ¿De nieve y calefacciones en la pared? ¿De quitanieves conducidos por filósofos que además son perdedores y felices? ¿De matrimonios que no son tales? ¿De "qué solo estoy pero siempre estoy con alguien"? ¿De que las chicas guapas también se agarran melopeas de órdago como cualquier otro perdedor feliz, además de filosofar acerca de la soledad y la conveniencia o no del matrimonio? ¿O puede ser que Demme buscara una excusa para llevar a cabo su secreto inconfesable? ¿Sería éste nada menos que filmar a Natalie Portman patinando antes de la mayoría de edad? En cualquier caso, sin que pueda sonar a falso testimonio, se habrán dado cuenta de que me parece una película de lo más sobrevalorada; no mala, no. Mala es BLOW. Mala es LIFE. Mala es SNITCH. Mala es THE REF. Es decir, todo lo demás, TODO, que filmó. Y acabo con otra preguntita ¿Es entonces Ted Demme un buen director de cine? Creo que no. Ni siquiera se ha buscado un lugar en la posteridad al morir joven. Su legado ha sido un tanto anodino; esa retahíla de bodrios y un artefacto con la capacidad de encandilar a una generación que se quedó sin himnos generacionales. Y hasta eso nos cogió mayores.
Saludos mu bonitos.

Any second now

viernes, 24 de julio de 2009

No rebobine, por favor

Y Gaspar Noé lo volvió a hacer (búsquese crítica de SOLO CONTRA TODOS en estas mismas páginas), volvió a dividir a la crítica y al público; así que generó debate, no a una escala significativa, se trata de Noé, no Spielberg, claro. Pero en estos tiempos de asquerosa tibieza no está mal que te tilden de genio o de farsante, sin medias tintas. A la espera de poder ver su nuevo trabajo, grabado en Japón, hoy voy a hablar de su segundo film, otra vuelta de tuerca a la sinrazón y la iniquidad del hombre contemporáneo.
IRRÉVERSIBLE será recordada (lo que no es justo) por la escena que Noé enclavó justo en la mitad y que mostraba cómo un tipo violaba nada menos que a Monica Bellucci en un túnel subterráneo y a tiempo real, sin cortes ni cambios de plano. Una escena de unos diez minutos de duración y que habla a las claras de que Noé es un director que se la juega en cada plano, lo que a veces es magnífico y otras no tanto. Pero quedarse sólo con esta escena sería injusto y sesgado, precisamente porque no creo que sea lo más interesante de la narración, sólo algo que el director debía mostrar crudamente para que pudiésemos comprender qué significa exactamente una película que está contada al revés. La diferencia fundamental entre IRRÉVERSIBLE y, por ejemplo, MEMENTO es que aquí empezar por el final (y el título, claro) responde a la obsesión del franco-argentino por la angustia de que todo está escrito tal y como debe suceder y nada puede reescribirse, incluso en una obra artística. IRRÉVERSIBLE no es una película bonita, no, ni uno va a aprender lección moral alguna; su cometido es de otra naturaleza: golpear al espectador para que éste abra los ojos y vea un espectáculo de podredumbre instalado en esa "normalidad" que creemos vivir cada día. Ahora bien, esto no es BAD LIEUTENANT, y Noé alterna momentos de terrorífica intensidad con otros verdaderamente sonrojantes, de una pedantería pocas veces vista, sobre todo cuando los personajes tienen que abrir la boca y decir algo, es lo peor del film. Mejor le sale un Vincent Cassel enloquecido, en busca del autor de la violación como un caballo desbocado, amén de la crudísima y arriesgada apertura en el club de S&M gay, quizá lo mejor junto a un final desconcertante, como si de otra película diferente se tratase. Hay quien literalmente tuvo que taparse los ojos, estáis avisados.
Inevitables saludos.

Cursed sleep

jueves, 23 de julio de 2009

Carajaula vs Mamporrero Kid

De verdad que me aburro, sólo se me ocurre esa explicación para haberme puesto a ver T4 (y la llamaré así para no gastar más tinta de la necesaria). Dos horas de ¡Bum! ¡Catacroc! ¡Flash! en una de las cosas más incomprensibles que he podido ver últimamente; porque llamarlo película es insultar al director de fotografía que trabajó con Budd Boetticher o Nicholas Ray o al iluminador de Lubitsch o al montador de Frankenheimer, independientemente de su nombre, porque en realidad me refiero a la profesión y a un trabajo que va en busca de un fin más o menos artístico, porque no todo el mundo puede ser un gran artista, como Kubrick o Bresson, pero sí quedar como un profesional solvente y concienzudo, como Carpenter o Lumet. Por tanto, no es que T4 sea peor que cualquier otra basura salida del descomunal vertedero llamado "industria"; por no ser no es ni la más cara; por no tener no tiene ni al actual gobernador de California, al que recrean digitalmente en un final espantoso de los de verdad. Ver T4 es ver un videojuego donde no hay cabida a la sorpresa porque todo lo que ocurre ya lo sabemos de antemano, es la misma secuencia lógica de eventos que chisporrotean y brincan y logran mantener a una persona alejada de cualquier pensamiento crítico. Todo esto, aparte de conseguir que esté tardando más de lo normal en escribir esto, queda nítidamente reflejado en un desarrollo incomprensible, deficiente siendo muy benévolos y que llega hasta un final que me gustaría resaltar, porque yo no he hablado muy bien de artefactos como MATRIX, sin embargo, son cosas como ésta las que hacen buenas a otras, porque toda la ampulosidad que se le presupone a la saga de los Wachowski termina con un aceptable "tiremos la casa por la ventana"; sin embargo, después de aguantar una hora y media insufrible ni siquiera hay un final de traca... Qué va. Nos dicen que se ha desatado una guerra mundial entre hombres y máquinas (¡toma ya!), las máquinas cosechan a los humanos y se los llevan a un sitio que es como una factoría gigantesca, así que suponemos que aquello será la leche (insisto, en MATRIX había millones de bichos de esos)... No, sale un robot ¡UNO! ¡UNO! ¡UNO!... Me cago en la leche... ¡¿Que eso no es engañar?!...
Saludos... Voy por un trago de Marlotina...

Lisztomania

miércoles, 22 de julio de 2009

No soy yo, sino el que me mira desde el espejo

Philip K. Dick es el gran pope de lo alternativo, de lo alternativo como opción a lo oficial; siempre se ha hecho preguntas en sus excelentes novelas, donde nada es, ya no lo que parece, sino lo que se supone que debe ser. Y muchos de su legión de incondicionales piensa, no sin razón, que A SCANNER DARKLY es su obra cumbre.
La adaptación a la pantalla, tras años de infructuosos intentos, con nombres como Charlie Kaufman o Terry Gilliam sonando, recayó hace tres años en un director más taimado, menos poliédrico, aunque de sorprendente y variada trayectoria. Y Richard Linklater eligió la controvertida técnica del rotoscopio para dotar de un mayor aura de alucinación (si cabe) una historia que tampoco es tan complicada si se la despoja del artificio, que es mucho.
Más o menos, lo fundamental es la lucha del estado contra una droga que convierte a los adictos en paranoicos esquizoides; para ello, infiltra a una serie de agentes de los que nadie sabe la identidad (impagable el traje que usan para presentarse en público) y los vigila en su devenir con los drogadictos. Todo en A SCANNER DARKLY es retorcido, de doble sentido y bastante pesimista. El agente en cuestión resulta ser también adicto, pero como la mitad de la película los personajes están colocados pues tampoco sabemos qué ocurre en realidad y qué es una alucinación. De desarrollo irregular, el film es un escaparate de extravagancias, empezando por el personaje de Robert Downey Jr. o las extrañas visiones de insectos y demás; el problema es que no consigue terciar entre su lado más lúdico y el politizado, ya que se apunta una especie de conspiración gubernamental que en la novela está mejor equilibrada y en el film, que a veces es de una ligereza irritante, parece una broma privada del director.
Ya digo, no es tan complicada, sólo que Linklater no es un mago de los desarrollos; además hará las delicias de los frikis que pedían a gritos ver a Keanu Reeves y Winona Ryder en plan drogota.
Saludos de mi... esto, él...

A day

martes, 21 de julio de 2009

Borrador

Un par de aclaraciones y otro par de contradicciones, necesarias por otra parte, para evaluar convenientemente esta película que no es tal, sino un interesantísimo trabajo de graduación; si nos ponemos graciosos, incluso muy por encima de gran parte de la bazofia oficial estrenada cada año. El nombre de su director/aspirante/estudiante es J.T. Petty, que desde los diez años transcurridos desde este boceto en imágenes ya ha dado algunas muestras de su singular y nada acomodaticio talento.
Bien, la cosa en cuestión se llama SOFT FOR DIGGING y sólo unos cuantos han podido acceder a ella en pequeños pases y festivales cuasiamistosos. Es cortita (74-75 min.) y una paranoia absoluta. En clave casi muda (creo que la línea de diálogo abarca tres frases), cuenta de una forma inquietante la monótona vida de un señor anciano que vive solo con su gato en un apartado bosque y tiene algunas costumbres tales como ir a recoger el periódico que cada día le lanza un chico desde la bicicleta o tomar una taza de té en su destartalado porche. Sin sobresaltos hasta que un día al gato le da por escaparse y el tipo, enfundado en una estrafalaria bata púrpura, lo sigue a través del bosque. Al llegar a un claro, es testigo de una extraña escena: un hombre le da la espalda junto a un coche, del que sale una niña vestida de colegiala; el hombre agarra a la niña por el cuello en la imagen que ilustra este texto y el anciano, asustado, echa a correr. Hasta aquí se nos han mostrado unos treinta minutos de buen suspense narrativo, el problema viene dado cuando hay que seguir contando cosas y el contundente inicio deriva en una parte final deudora de un Sam Raimi de saldo totalmente prescindible.
De todas maneras, con sus defectos de principiante, supone un aceptable boceto de presentación para un director que luego, y siempre con nula distribución, ha firmado algunos trabajos verdaderamente interesantes. Recientemente pude ver THE BURROWERS, un curioso cruce entre western y horror que puede dar una idea sobre su prometedor futuro inmediato.
Saludos desde una ciudad donde hace cuarenta y tres grados, está nublado y ha empezado a llover... No digo más...

Disfruten del silencio

lunes, 20 de julio de 2009

Perrea, perrea...

Estamos, queridos indéfilos, en el puto corazón del verano; hay quien se tuesta sobre la arena, quien suda subiendo la montaña y hasta el que teclea nada más desayunar en casita... En fin...
Hoy está nublado y además flota un olorcillo indescriptible a causa del monumental desatasco que se está llevando en la plaza donde vivo, así que, como no sabía de qué hablar hoy, se me ha ocurrido dar alguna cabida a esos otros films que también he visto (nadie es perfecto, Lemmon dixit) y cuya calidad da hasta miedo tener que evaluar con un mínimo de criterio.
Así que hoy le va a tocar a OUTLANDER, el típico producto para no comernos mucho el coco con sandeces como "giro argumental" o "dirección artística"; ideal para ir cogiendo el sueñecito poco a poco o hacer la lenta y pesada digestión del gazpacho veraniego. Lo malo de todo esto es que, en un principio, ésta podía haber sido una digna película de acción al más puro estilo PREDATOR o ALIENS (la de Cameron), pero se le va toda la fuerza cuando hay más de un personaje en pantalla y además (válgame el señor) tienen que hablar coherentemente.
Para no extendernos mucho, la cosa va de que un señor (Jim Caviezel) se estrella con su nave del espacio y lo hace, claro está, en la Tierra, sólo que en la Escandinavia vikinga. Esto, bien conducido, podía haber sido una buena baza; extraterrestres y vikingos, hmmmmm... Pero no. A partir de los primeros minutos todo es repetición de una serie de fórmulas que en Hollywood se siguen exprimiendo obsesivamente. Hay un bicho que, probablemente por falta de presupuesto, sólo se ve difusamente, y que parece un tiovivo con dientes... El chaval del espacio exterior ha llegado para salvarle el culo a John Hurt (sí, sí, créanselo) y compañía, mientras asistimos a unos festejos vikingos la mar de entretenidos, con mucha cerveza y mucha pelirroja buenorra. Total, que si uno ha logrado llegar a la última media hora, los personajes ya habrán dicho aquello de "¡La batalla final!", pero lo único que realmente queremos es que se acabe ya el engendro para poder ver ACCATONE y QUERELLE; porque, al fin y al cabo, nos gusta el cine ¿no?
Saludos desde los fiordos.

Voice of the sax

domingo, 19 de julio de 2009

Películas que me hicieron temblar #6

Con la dudosa duda de dar por terminado aquí el monográfico más extraño de los que he acometido hasta ahora o continuarlo la semana que viene, llegamos hoy hasta la peor clase de cine, al menos el más irritante: el pedante.
Y eso que seguro que películas como KEN PARK han contribuido a que una legión de monstruitos sin oficio ni beneficio hayan llegado a creerse realmente que les gusta esto del cine, aunque sólo hayan visto cosas como ésta.
Acojonante; y si no, atentos.
Comienzo: un chaval patina por esos sitios tan chulos de California (digo yo) y, en un momento dado, se para, mira a izquierda y derecha, saca una pistola, sonríe y se pega un tiro...
Así empieza. Luego, otro patinador, pero anillado, llama a una casa, le abre una niña y entra; la madre, una especie de conejito Playboy, le hace pasar al dormitorio y cierra; seguidamente hay una escena con un cunilingus y nos enteramos de que se está acostando con la madre de su novia. Hay otro chaval, que curiosamente está loco por los monopatines, que es insultado por su padre, que bebe una media de cincuenta cervezas al día y por las noches se va con un colega a buscar putas. El padre le llama maricón, pero una noche intenta violarlo... Hay una chica que vive con su padre viudo y que tienen una estricta formación religiosa; cuando papi no está, ata a su novio a la cama y mantienen unas amenas charlas acerca de la reproducción humana; además, sin saberse muy bien por qué, al final de la película, se acuesta con el anillado y con el insultado, a la vez, aunque no se ven en todo el metraje, pero muchos pajilleros habrán visto este engendro sólo porque había escenas como ésta. Pero lo mejor de todo es un tipo (ninguno pasa de los 17, seguro) que ya es la monda; vive con los abuelos y casi nunca sale de su cuarto, donde pasa el tiempo viendo tenis femenino con un perro cojo. Un día le da por imitar a David Carradine y se hace un soberano pajote (filmado en primer plano) mientras se autoestrangula con un foulard... La abuela suele entrar en su cuarto sin llamar y el abuelo le hace trampas en el Scrabble, así que una noche coge un cuchillo y los mata... Jeje! Es todo tan destroyer ¿verdad? Qué chulo, con las casas prefabricadas al atardecer... y las pistas de skate...
Lo peor de todo esto es que a muchos les habrá picado la curiosidad y se pondrán a buscarla.
Ah, y Ken Park es el que se pega el tiro al principio, luego explican que había dejado preñada a la novia... En fin...
Saludos calidísimos.

Rincón exquisito

sábado, 18 de julio de 2009

Películas que me hicieron temblar #5

Los que me conocen lo saben. Mi TERROR visceral a las grandes masas de agua es capaz de sacudirme incluso a cientos de metros de la playa, por ejemplo. No es aversión al agua, no se vayan a pensar que las moscas son mis amigas; sólo cuando hay mucha agua, mucha mucha.
En ese sentido, me cuesta bastante ver películas cuyo desarrollo sea precisamente en un océano o mar... No, TITANIC no puedo verla entera por otros motivos más mundanos...
Así, tanto MASTER AND COMMANDER como por supuesto JAWS me han exigido un sobreesfuerzo psíquico considerable. Sin embargo, y pese a que títulos marítimos los hay y muchos, ha sido una modesta película de hace seis años la que más me ha hecho temblar a causa de esto que acabo de describir. Algunos recordarán OPEN WATER, cuyo inesperado éxito provocó que luego se rodara una prescindible segunda parte y cuyo argumento es tan simple como aterrador. Una pareja de yuppies agobiados se toma un "kit-kat" en las Bahamas haciendo submarinismo en alta mar; sin embargo, la lancha donde estaban el instructor y el resto de submarinistas comete un grave error y los olvida allí, en medio del océano... Dios ¿no es lo más aterrador que se pueda concebir? A partir de ahí, el director, un señor del que poco se ha sabido luego, peca de inexperto y pone a los dos abandonados a discutir de tonterías, como si estuviesen en el salón de casa. Lo mejor es que sólo dura hora y cuarto y que al final consigue transmitir un terror puro y primitivo, sin tirar de efectos especiales y enseñándole a los frikis que los tiburones no suelen atacar a las personas de primeras, pero que poco a poco les va "picando la curiosidad". No, no es muy realista un tiburón de 30 metros, pero sí un reducido grupo de escualos de metro y medio rondando por lo que podría convertirse en su cena.
Lo pasé mal, sí, pero me gustó ver una película que lo basa todo en una tensión creciente sin llegar a mostrar prácticamente nada truculento. Al final, la sensación de agobio e impotencia es verdaderamente angustiosa.
Saludos en remojo.

The gathering sky

viernes, 17 de julio de 2009

Películas que me hicieron temblar #4

Cuidado, los que van a temblar hoy son ustedes; ustedes, chicos y chicas ya talluditos, que viajan en pantalones sueltos y aromas de diseño. Porque ustedes también vieron TOBI... Sí, la vieron junto a Sabadabadá, La cometa blanca y Pista Libre... Siguen vivos, es cierto, pero su psique aún está afectada, y algunas veces tienen visiones de chalequitos rojos con el cuello blanco llenos de pelotillas, y el Frigodedo, el Frigopie y el Drácula, y los vaqueros Quenk de Modas Isabel con el dobladillo descaradamente de otro color, pantalones de siete años que ya no caben. Y la cartilla Rubio y los libros de Santillana, llenos de círculos concéntricos por fuera y cuadraditos naranja por dentro. Y el 131 de papá y el 1500 del abuelo... Y los Telefunken Palcolor y Verano Azul, claro... Pero antes de que todos lloráramos como idiotas con unos pijos en bicicleta, Antonio Mercero, un friki con vocación de persona normal, realizó uno de los films más descabellados e incomprensibles de la historia. Sí, era un niño rubito como los de los anuncios al que un día le salen alas. La imagen cenital del querubín corriendo en pelotas por La Gran Vía desierta es ya un clásico del bizarrismo cinéfilo y objeto codiciado de pederastas sin fronteras, porque hace treinta años estas cosas eran normales... La cosa estaba clara, exprimir la gallina de los huevos de oro, que era el niño al que ya habían explotado antes en LA GUERRA DE PAPÁ y del que luego poco o nada más se supo, y todo en base a un humor casposo y castizo, grueso de cojones, donde todo vale, hasta el niño cagándose en el casco de un policía o un científico que parecía salido de la Hammer, con collarín y todo.
¿Lo mejor? Un par de chistes, cuando el padre, con esa cara de Maxwell Smart, le dice a aquella señora que decía que era actriz y que se llamaba María Casanova que eso era por darle tanto pollo de comer al niño.
¿Lo peor? Todo lo demás. Brrrrrrrrrr!
Saludos emplumados.

Carmen Celeste

jueves, 16 de julio de 2009

Películas que me hicieron temblar #3

Muy de vez en cuando, en mitad de un inmenso océano de películas mediocres, prescindibles, asquerosamente rastreras, aparece un "elemento desestabilizador", como yo lo llamo. Muy de vez en cuando.
En una fantástica borrachera con mi amigo Charly, hará un par de meses, saqué a colación un film ciertamente extraño y que no podía quitarme de la cabeza; intenté darle una idea aproximada del torrente de emociones encontradas a lo largo de su metraje, pero me resultó de todo punto imposible y sólo pude hacerle un torpe resumen superficial. Bueno, y porque tuve un par y la vi en francés sin subtítulos, lo que no tiene demasiada importancia ya que no hablamos de una película "francesa" al uso, de interminables diálogos. No, diría que SOMBRE es más una experiencia sensorial fuera de lo común y que es capaz de evaluar si el espectador está preparado o no para dicha experiencia.
¿Y de qué va? Si nos quedamos en la superficie diríamos que SOMBRE no es más que otro tortuoso viaje al infierno personal de un asesino en serie... Sí, puede ser. Pero hay algo indefinible en su oscura fotografía, en su ansia por retratar parajes naturales obsesivamente, hasta lograr que algo bello nos parezca amenazador. Philippe Grandrieux, curtido en el mundo de la videoinstalación, coloca a un personaje fuera de todo discurso moral, un hombre que asesina prostitutas sin énfasis ni emoción, como si sólo pudiera hacer eso. Luego, este hombre, cuyo trabajo consiste en asustar artificialmente a los niños con sus marionetas (magistral la secuencia de apertura), conoce a una chica que le confiesa su virginidad y a su promiscua hermana; logra su confianza hasta que se revela brutalmente mientras se bañan en un lago. Seguidamente, inmoviliza a la hermana y se lleva a la chica a una especie de verbena en el pueblo, donde se emborrachan y bailan, pero no hay nada de festivo en ello, como si la tragedia flotase constantemente en el ambiente. Allí conocen a un par de tipos, ebrios también, que les llevan a casa de uno de ellos... Y entonces... me quedé literalmente pegado a la pantalla con una de las escenas más intensas que recuerdo haber visto. No, no tiene nada de especial, son sólo esos cuatro personajes, bebiendo, bailando el Bela Lugosi is dead, en un juego oscurísimo de rechazo y flirteo que acaba con el asesino defendiendo a la joven de una posible violación y recibiendo una brutal paliza, mientras ella aprovecha para huir y liberar a la hermana.
Al final he tenido que echar mano de la narrativa (algo que uso poco) para poder plasmar todas las sensaciones derivadas de este film duro, áspero, inquietante pero fascinante; y es que es francamente complicado dar una idea aproximada del mismo a alguien que no la haya visto. Mención aparte es la nula distribución en nuestro país de este director que debutó hace doce años con la que nos ocupa, continuó con la también inédita LA VIE NOUVELLE y acaba de estrenar este mismo año su nuevo trabajo, UN LAC, que se pudo ver en Las Palmas.
Es cine incómodamente necesario o necesariamente incómodo. No para cualquier espectador, desde luego.
Saludos en la sombra.

Marquee moon

martes, 14 de julio de 2009

Películas que me hicieron temblar #2

Adivina adivinanza... ¿A qué película pertenece esta imagen?... Difícil ¿eh?, pero seguro que se les habrá ocurrido alguna peli de estas de intrigas políticas o de invasiones multitudinarias... Pero no, nada de eso; este fotograma tan típico y tan tópico es de una película que me ha hecho temblar las dos veces que la he visto; y he temblado por algo que cantaba el gran Manolo Escobar mientras meneaba la cabeza con esa sonrisilla suya: "Todo es posible en Granadaaaa...".
Porque sí, porque hubo una película llamada 2001 que confirmó dos cosas: que la ciencia ficción puede ser arte y que Kubrick era un genio más allá de consideraciones mundanas. Y sin embargo, un señor llamado Peter Hyams, con una filmografía discreta, dedicada al entretenimiento sin complicaciones, decide que 2001, esa obra de mil interpretaciones, debía tener una continuación... La pregunta es inevitable: ¿una continuación de qué?, no había nada que continuar; incluso se trataba de una libre adaptación por parte de Kubrick de la novela El centinela, adobada con algunas naves y música clásica... ¿qué carajo de continuación? En 2010 (me cuesta trabajo hasta escribir el nombre) se hace buena esa impresión que los europeos tenemos de que la mayoría de los norteamericanos no se entera de la mitad de lo que pasa, ni falta que les hace, sino que se monta su propia historia según le convenga. Y Hyams decide que lo importante en 2001 era que la tripulación del Discovery había desaparecido y había que ir para allá a investigar... Así que Hyams tritura de un plumazo toda la parte inicial de 2001, la de los monos, la parte crucial, pero también la más enigmática ¿me siguen? Encima resucita a mi primo Hal y lo redime ¡Pero si era mu malo! Encima el prota era el pesao de Roy Scheider, un señor que no cambia el gesto de ligón del imserso aunque lo persiga un tiburón gigante. Y encima pone a Helen Mirren a hablar con acento ruso. Y encima repite el final de la otra pero liándolo todavía más, con Keir Dullea pasando de viejo a bebé por la cara. Como para no temblar... ¿Pero qué le pasó a este señor por la cabeza para hacer esto? Pero si ni Mel Brooks se atrevió con ella...
En fin. Saludos gravitacionales...

Knife

lunes, 13 de julio de 2009

Películas que me hicieron temblar #1

Bueno, pues de vuelta presento este nuevo monográfico que tiene poco de monográfico. Miren el título. No, no tiemblo con películas de terror, quizá con alguna, pero son otros motivos los que logran inquietarme de manera plausible ¿O no les da más miedo enfrentarse al tocho existencialista El ser y la nada que a cualquier cuento de S. King? Pues a eso voy, y durante esta semana me pienso estrujar la sesera para exponer los motivos por los que films aparentemente inocuos (no todos, claro) me hicieron, literalmente, temblar. Y qué mejor título para empezar que uno de esos "caramelos envenenados", mordaces, poliédricos y dotados de un humor con bastante mala uva.
El director Gary Ross debutó hará poco más de diez años con un título extrañísimo, inclasificable, y que, sin embargo, aparentemente, semeja no ser más que otro titulito comercial de la New Line con el que hacer una aceptable caja y, de paso, sacar una parejita mona y joven para la próxima década. Pues nada de eso, porque PLEASANTVILLE es un cuento de terror metafísico que exige del espectador una gran atención para no perderse entre sus infinitos niveles narrativos. PLEASANTVILLE es una aparente gilipollez, porque su premisa es la historia de un par de jovenzuelos que se introducen por la cara nada menos que en una serie de televisión estilo Peyton Place, para entendernos; de repente, están en una de aquellas aparentemente idílicas ciudades de los cincuenta, donde los chicos invitan a las chicas a tomar un helado y se asiste a misa de Domingo puntualmente ¿me siguen? Aquello es su mundo, su nueva vida... y además en blanco y negro; pero no sólo un blanco y negro visual, sino un blanco y negro vital, donde no existen los matices porque todo es una eterna repetición de una serie de valores establecidos por un único patrón de corrección robótica. El asunto es engañoso por su almibarado envoltorio, pero si podemos ver un poquito más allá los plácidos habitantes de PLEASANTVILLE son como autómatas o zombis, incapaces de tomar una decisión por sí mismos, lo que queda de manifiesto inteligentemente al "colorear" a aquellos personajes que han tenido emociones auténticas al haber entrado en contacto con los dos recién llegados; es donde entran las relaciones sexuales, el deseo o el odio y la furia, sentimientos que no existían en esta ciudad de cartón piedra. Personalmente, este extravagante cóctel me dejó un mal cuerpo bastante difícil de explicar, pues no está acostumbrado uno a que los yanquis se compliquen tanto la vida ni a que coloquen espejos en la antesala de la autocrítica. Lo cierto es que ha pasado el tiempo y PLEASANTVILLE sigue teniendo la vigencia de las obras arriesgadas, cosa no menos curiosa si tenemos en cuenta la escueta y errática carrera posterior de su director.
Saludos sin colorines.
... ¿Y todo esto lo ha hecho usted solo?...
No, necesité estar rodeado de siete mil millones de personas...

¡Cuidao con mis primos!