viernes, 5 de junio de 2026

Nobleza obliga


 

Es una película ésta, con cartas de grandeza, de talonario gordo, de las que permanecen y perduran. Curiosamente, no es así. TRUE CONFESSIONS proveía un entramado de corruptelas, criminales con nombre, detectives hasta el rabo de tragar mierda, prostitutas descuartizadas por las que nadie se interesa, y por añadidura, una iglesia más preocupada de extender su red de contactos que de la cosa esa de la salvación eterna. El punto fuerte lo encarnaban nada menos que dos Robert, Duvall y De Niro, en el papel de dos hermanos irlandeses. Uno, un policía vehemente y malhablado, pero con un fondo inamovible de humanidad; el otro, un joven prelado, ojito derecho del obispo, por su habilidad para llegar a acuerdos económicos con los politicastros locales, pero que intenta anteponer su vocación de fe, de la que empieza a dudar. Esta tensa relación salta por los aires cuando se descubre el cadáver, horriblemente mutilado, de una prostituta, que en un principio parece poca cosa, pero que crea una inesperada conexión con un párroco que también acaba de morir... en la cama de un burdel. Sobrevuela la sensación de película más que correcta, estupendamente interpretada, pero que daba para algo más grande. Inevitables los ecos de LA DALIA NEGRA o L.A. CONFIDENTIAL (palabras mayores), aunque no he podido evitar husmear al gran tito Clint en un film duro y de pocas concesiones, pero también con un halo melancólico, de fin de una época, que a Eastwood siempre se le ha dado tan bien. Además, la música, absolutamente maravillosa, era del gran Georges Delerue, que siempre ha sesteado entre las notas implementadas por el exalcalde de Carmel...
Mejor de lo que puede parecer.
Saludos.

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... ¿Y todo esto lo ha hecho usted solo?...
No, necesité estar rodeado de siete mil millones de personas...

¡Cuidao con mis primos!