No es difícil trazar la trayectoria de Brigitte Bardot, desde su temprana eclosión como sex-symbol, sus películas deliberadamente procaces, su imagen tendente a la ingenuidad mancillada, siempre con objeto de alcanzar objetivos normalmente vedados a las mujeres. Lo que sí me parece más interesante, desafiante, es entender de alguna manera si aquella actriz se retiró tempranamente porque su mejor arma interpretativa, su cuerpo, ya no le acompañaría, o realmente estamos ante una mujer que comprendió la falsedad del star-system y encauzó su vida hacia un opuesto de activismo, que nunca fue bien entendido. De todo esto habla BARDOT, el documental estrenado pocos meses antes de su muerte, como si alguien hubiese tenido la lucidez desprendida de ajustar cuentas con una estrella que nunca se apagó, sino que cambió de constelación. Se dicen cosas muy reveladoras, como la hijoputez de sus padres, unos burgueses que la trataban con desprecio; su temprano matrimonio con Roger Vadim, con el que logró la emancipación, pero también descubrió que en la variedad estaba el gusto; los encontronazos (no es casualidad) con Godard y Clouzot, de los que no hablaba muy bien... aunque tampoco ellos de sus limitaciones interpretativas. Todo ello desembocando en su retirada a los 38 años a una villa de Saint Tropez, aguantando el acoso de los paparazzis; y cómo no, su lucha por los derechos de los animales, que asimismo alimentó la deformación hacia su figura, tachada como una vieja loca a la que no le importaba alinearse con Chirac, Sarkozy, Macron o LePen, creyendo (en una ingenuidad supuestamente inagotable) que la ayudarían con su causa. Todo eso fue Brigitte Bardot, mucho más de lo que muchos seremos jamás; por ello la recordaremos, no por este documental plano y rutinario, sino por los muchos caminos que se atrevió a abrir en un mundo pacato y desagradecido.
Saludos.

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