viernes, 28 de febrero de 2014
Lynchiberia
Otro de los títulos que por lo visto no cuentan para la benedicta Academia es la inclasificable GENTE EN SITIOS, tercera incursión en el largo de Juan Cavestany (yo lo de Borjamari ni lo contemplo) tras la convencional GENTE DE MALA CALIDAD y las marcianas EL SEÑOR y DISPONGO DE BARCOS. Aunque es aquí donde Cavestany descubre con toda su potencia su querencia por el humor absurdo y las situaciones dantescas. La fórmula es sencilla aunque sus pretensiones lleguen a rozar el ridículo si es que se las confunde con lo que, creo yo, no son. Lo primero que viene a la cabeza es el "universo chanante", con sus estructuras episódicas y personajes pintorescos; una salva de casticismo absurdo y glosopedia malabar adobada de magras pringues y grandes cantidades de humor negro y atmósferas malsanas. Cavestany parece querer dirigirnos hacia unos actores que sabemos que lo son (la mayoría son todos muy conocidos), por lo que se amplifica la sensación de desasosiego y desamparo ante estos sketches a menudo incluso extrañamente conectados entre sí. Mezcla del Lynch más fardón y aquel lejano Emilio Aragón de "Ni en vivo ni en directo", es una película que te deja satisfecho por dos razones: porque tiene muy poca vergüenza y porque sabes que no ha costado ni un euro, y eso a la Academia de "Bayonas y Amenábares" le sienta fatal.
Un par de momentos: el de Coque Malla buscándole un regalo a su novia en un desguace y el de la mujer que va a abrir un restaurante mexicano y se lo cuenta a una amiga, pero que no sabe ni qué son tamales, ni fajitas, ni burritos... Aparte del único papel posible para mi habitualmente vilipendiado Santiago Segura: el de un asesino en serie que comparte coche para ahorrar...
Muy pero que muy raruna.
Saludos.
jueves, 27 de febrero de 2014
Sujetar la claqueta
Yo a los amigos los aprecio, aprendo de ellos y les escucho, así que paso del ganador del Goya y voy con otra cosa, que no es otra que algún que otro título de esos que ahora se denominan "invisibles" y antes eran de "arte y ensayo", o algo así.
Es la segunda película de Jonás Trueba y se llama, muy acertadamente, LOS ILUSOS. Y Jonás Trueba, el chiquillo de Fernando, con toda su ingenuidad y cinefilia, con toda la tremenda distancia que ahora mismo le separa de su padre, debe crecer pero una barbaridad, que una cosa es caer bien y otra trascender; y otra muy distinta a homenajear a tus referencias es copiarlas con algo que debe estar por debajo del pudor. Está bien que en este país, miserable y rancio en lo suyo, se opte por una óptica posibilista desde la barricada; el problema está, como siempre, en el valor intrínseco de la obra en sí, no ya si demuestra que esto no es menos que Francia, sino si es capaz de aportar su propio espíritu. LOS ILUSOS es lo que es su director, un tipo que ha visto demasiado Garrel, Eustache, Rivette..., pero que también ha descubierto el deslumbrante poder de la sencillez que atraviesa la filmografía de Hong Sang-soo, y ahí es donde con más descaro (e ingenuidad, no olvidemos) busca su propia identidad. Hay cines a los que no va nadie, gente que fuma, paseos con silencios, casas desordenadas que aguardan al trasnochador, citas literarias en pantalla, la lucidez del borracho vs. "no quiero dormir solo", el eterno aspirante a director de cine eternamente vendiendo una película que no existe y hasta un restaurante oriental, y hasta referencias explícitas a personajes reales (Javier Rebollo). Y si hay algo que dota a esta miniatura de encanto y la despoja de solemnidad, son dos o tres ramalazos de humor descacharrante, nada marciano y apoyado en unos personajes en los que algunos nos hemos visto bastante reflejados. Ahora bien, uno no puede ser lampiño toda la vida...
Saludos.
miércoles, 26 de febrero de 2014
Contenido
Enfilando ya la recta final de este repaso "goyesco", nos encontramos con una película perteneciente a ese cine outsider patrio, que desde hace unos años intenta pelear su puesto en un panorama desagradable y fratricida con armas desiguales, aunque con el espíritu inconformista de quien no pretende epatar, sino expandir cosmogonías que, a fuerza de mirarnos el ombligo, nunca hubiésemos pensado que existirían aquí mismo. Al igual que su protagonista, Carlos, un taimado y pulcro sastre granadino que parece encapsulado en un tiempo que nada tiene que ver con el actual, el director Manuel Martín Cuenca retoma el laconismo de aquella gran obra que era LA MITAD DE ÓSCAR y la recubre de un aire aún más sombrío y paciente. Carlos es un caníbal, mata a mujeres y se las come, pero no esperen encontrar aquí ninguna exhibición de atrocidades ni una grotesca "perforación" del monstruo; lo que CANÍBAL propone es el día a día de una persona a cuya psique no podemos acceder (¿y de qué manera podría hacerlo ni siquiera el director?), y nos damos cuenta justo cuando Carlos no nos parece ni mala persona, sino simplemente una persona que opera desde un opuesto psicológico y moral, lo que es revelado magistralmente desde su incapacidad amatoria. Puede que todo el embrollo de doppelgängers (con mucho de VERTIGO, por supuesto) le reste más que sume a un film siempre al borde del ridículo, precisamente por su exceso de seriedad y suavidad adormecedora, pero no es menos cierto que Martín Cuenca logra, de alguna manera, acercarnos a un personaje inabordable por definición. Aunque no podemos olvidar que el más titánico esfuerzo corresponde a un Antonio de la Torre inclasificable para lo que se despacha en este país como "actor"; yo jamás había visto un psicópata más "normal" en pantalla, y este descomunal actor, capaz de cualquier registro, lo consigue como si no le costara, como si siempre hubiese estado cortando patrones en ese bellísimo paseo de Granada, mirando por la ventana. Acaso acechando...
Saludos.
martes, 25 de febrero de 2014
Robert Siodmak: Tiempo y esfuerzo #21
DER SCHUT fue la adaptación que Siodmak hizo para la CCC de una exótica novela de Karl May. Ambientada nada menos que en el indescifrable paraje de los Balcanes profundos, cuenta lo mismo de siempre pero hace cincuenta años y adelantando muchísimos de los tics del cine de aventuras más comercial y reconocible. Mezcla de western y fantasía heroica, nos situaba en una tierra dominada por un tipo malvado al que apodan "el diablo" y que tiene aterrorizados a sus habitantes; y aunque no se sepa muy bien quienes son los damnificados, no faltarán las damiselas en apuros, los pueblerinos agraviados y los secuaces ineficaces (vaya título para una novela... me la apunto). La pareja protagonista (porque en el ABC del cine de aventuras lo pone bien clarito) no puede ser más pintoresca: el "impertérrito" Lex Barker, que agotaba sus últimas temporadas en suelo teutón, y el pizpireto Ralf Wolter, puede que el único alemán capaz de interpretar a un musulmán con un nombre aún más largo que su estrambótico turbante. Juntos correrán por las praderas, darán "mascás" a diestro y siniestro, y salvarán a damiselas y pueblerinos de las pérfidas garras de este terrateniente sin oficio y beneficio. Es serie "B" descarada y desnutrida, pero incluso en tan míseras condiciones logra imponerse el oficio y talento de un Siodmak que, aunque menor, me juego algo a que proporcionó a Spielberg un magro punto de partida para su Indiana Jones. Y qué quieren que les diga, si este año no he visto nada tan entretenido como esto...
Saludos.
lunes, 24 de febrero de 2014
Campo de sonrisas
Que el palmarés de este año de los premios Goya es un auténtico desastre lo confirma, entre otras cosas, el galardón a mejor película hispanoamericana; primero porque se dejó fuera a la mejor sin discusión (la argentina, e invisible, VIOLA), pero sobre todo porque prefirió a una normalísima película sobre homosexuales agobiados en lugar de la sonrisa congelada que produce GLORIA. La misma que parece esbozar su impresionante actriz protagonista, Paulina García, que se resiste no a envejecer, sino a ser una vieja. Gloria está al borde de los sesenta, está separada, vive sola, sus hijos tienen sus vidas y algunas noches va a una discoteca "para mayores", donde a lo mejor, un día, conocerá a alguien. Gloria parece distante y cercana a la vez, una mujer que proviene de las ansias de libertad y que no entiende de comportamientos conservadores ¿Qué es Gloria? ¿Es una amargada? ¿una incomprensible optimista? ¿una chica de veinte años atrapada en un cuerpo de 58? No. Gloria es "normal", y esa palabra casi que no define nada. No estamos ante una maniática que impone sus deseos a los demás, sino ante una mujer a la que le gusta divertirse, beber, fumarse un porro, follar, escuchar "aguas de Marzo", ir a Viña del Mar. Sorprenderse (aún) con una vida que se revela insostenible cuando el romance da paso a la vulgaridad, cuando uno comprende que la libertad (otra palabra que no define nada), dependiendo de la hora que sea, es imposible de reproducirse. Mejor actriz que película, exacto; pero es un portazo en las narices de este nuevo conservadurismo que nos está esparciendo los gusanos encima antes de tiempo.
Saludos.
domingo, 23 de febrero de 2014
Rincón del freak #144: Buscando a Julia desesperadamente o miedo a salir de casa
Como diría el "Tata" Martino: En el puntaje a mejor produssión dirigida, encontrámonos con bucle nietzscheano más gastado que mono de mecánico. LOS ÚLTIMOS DÍAS es el mismo fin del mundo que nos venden los americanos por entregas, pero cambiando Park Avenue por la Diagonal. Y cito textualmente: El planeta Tierra sufre una epidemia masiva de agorafobia, así que nadie sale de casa (o de donde esté). Magnífico. Sublime. El desparrame. Ahora bien: ¿Qué me quieren contar? ¿Qué?... ¿Que un tipo quiere ir a buscar a su novia? ¿que otro quiere ir a buscar a su padre?... ¡Váyanse al cuerno y dedíquense a labrar la terracota de Namibia o a esquilar yaks a Uzbekistán!... ¡Hostia ya!
¡Muy, muy, muy, muy mala!... ¡¿Ustedes se imaginan, en mitad del fin del mundo, que van por un túnel y ven a unos tipos con linternas y lo único que les piden es fuego?!...
Saludos.
sábado, 22 de febrero de 2014
El acemilero
LA MULA es una pequeña historia en una pequeña película sin más aspiraciones que contar lo que tiene que contar de la mejor manera posible. Y digamos que lo consigue. Escondida entre la frondosidad de nominaciones, la película que Michael Radford se negó a terminar aspiraba sólo al premio a mejor banda sonora, y ahora nos preguntamos qué podría haber sido de esta pequeña película con un acabado más homogéneo y un mejor montaje, pero eso nunca lo sabremos. Lo que sí sabemos es que se trata de una película que aunque hayamos visto cientos de veces tiene el as infalible de la seguridad en sí misma, de lo que está contando, y no porque la estupenda novela de Eslava Galán se base nada menos que en la pintoresca peripecia de su propio padre en un bando nacional al que llegó casi sin saberlo. LA MULA habla de él, de Juan, y de la mula blanca que encontró por casualidad mientras recogía setas para su Teniente, y también de cómo conoció a una hermosa muchacha en un baile porque llevaba un traje prestado de un Alférez que hablaba sin cesar de la República. También están los moros que venden condones usados (pero lavados con vinagre...) y los zarcillos que arrancaban a las mujeres de los rojos, y también está la medalla que le dieron a Juan sin merecerla, sólo porque se topó con un grupo de rojos que estaba harto de guerra y se rindió para salvar la vida. Todo eso está en esta pequeña película, que a ratos recuerda a LA VAQUILLA y a ratos parece ¡AY, CARMELA!. Y Mario Casas está sembrado con su acento andalú, y María Valverde hace estupendamente de niña mimada, y aunque esto de la Guerra Incivil en el cine está ya muy sobado se agradece cuando el horror y la miseria dejan paso con elegancia a ese sentido del humor tan negro y tan español... aunque sea en una película tan pequeña como ésta, claro.
Saludos.
viernes, 21 de febrero de 2014
Cierto y escondido
Uno siempre espera una película como LA HERIDA. O que otra película, de las muchas que componen el normalizado panorama patrio, pueda llegar a transformarse en lo que el primer film del montador Fernando Franco rebosa, y lo rebosa incluso hasta el aborrecimiento. No tan radical como propuestas similares (LA INFLUENCIA, LA LÍNEA RECTA...), aunque con la vocación de conciliar su minimalismo textual con la necesidad de abandonarse al rostro de su acaparad(or)a actriz protagonista, LA HERIDA prefiere no sojuzgar cuál es el verdadero problema de esta mujer egoísta y amoral hasta lo insoportable, y que casi encuentra su único consuelo en su trabajo de traslados en ambulancia, donde se siente al menos útil. Lo demás es un grito interior y ahogado por capas de rencor, frustración y una tendencia autodestructiva con algo de innegable artificio. Me gusta la película, pero me esperaba otra cosa que me cuesta decidir cómo escribir aquí; no sé si por saturación de retratos similares, por insensibilidad o simplemente es que me da que la terible Academia tiene bien atada la "película de actores"... ¡de actores! Me sorprendería que fuera así, pero me hace pensar que los dos mejores actores de esta edición (Álvarez y Fernández) han contribuido con sus galardones a aupar inconscientemente a ese otro cine que maltrata a la persona que se hace otro por completo. Es rebuscado, lo sé, pero aún más lo es este desapasionado film, cuyo latido parece extinguirse como la imagen que incesantemente buscan los ojos de Ana 26. Y deberíamos llamarla así.
Saludos.
jueves, 20 de febrero de 2014
El estilo BBC
Será problema mío, seguro, pero yo sigo sin entender el "universo Sánchez Arévalo", un universo que cobra sentido en un ámbito que yo detesto profundamente, el de las Bodas, Bautizos y Comuniones. Por eso es problema mío, claro. Ahora es otra variación con los mismos mimbres; hacer pasar confusión por complejidad y ternurismo por emoción. No es lo mismo pero, qué quieren que les diga, con la que está cayendo y teniendo en cuenta el pobre bagaje del cine español comercial (trío de palabras que suena a conjuro demoníaco), LA GRAN FAMILIA ESPAÑOLA parece de lo más entretenido. Así, sin ínfulas. Pero no se pongan estupendos, porque esto es otro autorrefrito, con elementos calcados de los anteriores trabajos del director y un as en la manga que no puede fallar: la final que la selección española le ganó a Holanda en Sudáfrica como casposo silogismo de "Aunque seamos unos tarados fratricidas, si nos abrazamos en la banda Iniesta terminará metiendo el gol". Pero seamos justos, porque un juego da gustirrinín cuando lo ganamos... aunque miremos las soluciones en la última página; y eso es lo que pasa en esta interminable excusa argumental: Una boda, cinco hermanos que son el proyecto frustrado de emular a los siete hermanos del clásico, un padre que se muere, un hermano que vuelve tras dos años, yo te quiero y tú no lo sabes, es mejor que no te diga que te quiero, tócame las tetas que me las acabo de operar, ¿dónde se supone que está la madre que no viene a la boda de su hijo pequeño?, el chiste del tonto y el feo y el guapo, la escenita del baile que sale al menos en un episodio de todas las (malas) series americanas... Y así hasta el gol de Iniesta, que aquí deviene orgasmo o liberación generacional, como cuando uno se quita un lastre pesadísimo de encima. Les resumo: una hora de galimatías y treinta minutos de reconciliación. No es nada del otro mundo, pero es entretenida y tiene algunos chistes graciosos ¿Los actores? Algunos magníficos y otros para que se replanteen su vocación, pero no daré nombres porque sé que se los imaginan.
Saludos.
miércoles, 19 de febrero de 2014
Cáncer de músculos
Me da miedo vivir en un mundo ideado por Gracia Querejeta; un mundo, una vida, donde la normalidad, ser normal (que en teoría debería ser más o menos fácil) se base en una incomprensible homogeneización en sordina. Mi explicación o análisis es que uno puede instalarse en el aburrimiento y la monotonía casi como exorcismo de cualquier "peligroso" vaivén. O: si podemos domar el talento a lo mejor podríamos llegar a una pequeño-burguesía global repleta de gente con la vida resuelta en urbanizaciones y empeñada en mirar con cara de vinagreta y comerse los sandwiches "Club" con tenedor y cuchillo. O: a las sensaciones no se llega mediante el estudio; sí al conocimiento, pero el conocimiento que no se aplica o se orea es más bálsamo que reflexión. Y no, no hay ni una sola reflexión válida en 15 AÑOS Y UN DÍA, una película tan vacía de contenido y tan henchida de forma(lismos)s, que ya avanzada, cuando el espectador se confiesa ya desorientado, le cambian el tercio hacia otra cosa. Y usted no puede empezar prometiéndonos que veremos las vicisitudes de una cuarentona sin éxito en lo suyo y continuarlo con el salvavidas de que su marido le dejó la vida resuelta antes de morir; igual que no puede parar ahí y centrarse ahora en un niñato odioso, un gandul al que podrían darle mucho por ahí, pero que tiene guasa lo bien que se porta todo el mundo con él. Y encima lo mandan a vivir con el abuelo, que es otro busto parlante que vive un feliz retiro en la playa, que hace footing y va a puticlubs, pero que le da lecciones de moralidad a todo quisque... No sé, no entiendo nada, y menos cuando, en el colmo del rebusque, a Gracia Querejeta se le ocurre que podíamos coronarlo todo con un episodio de esa cosa tan terrible que es "Los misterios de Laura".
Afortunadamente Gracia Querejeta no es Dios y rige nuestros destinos. Nunca siete nominaciones y cero premios han suscitado tan poca polémica. Y no me extraña.
Fría como una sopa fría a la que miramos de reojo veinte veces antes de tirarla.
Saludos.
martes, 18 de febrero de 2014
Robert Siodmak: Tiempo y esfuerzo #20
El Siodmak de NACHTS, WENN DER TEUFEL KAM (EL DIABLO ATACA DE NOCHE) es un Siodmak insólito, de alcance máximo y casi adelantando de manera magistral la fusión de géneros y motivos muchos años antes de que esto fuese el novamás de modernuquis e ilustrados. Ojo, porque la cosa tiene miga: Bruno, un tipo bastante mastuerzo y de fuerza incontrolable, vaga trapicheando por el Hamburgo devastado de 1944; de escasa mollera, y con una mezcla de deseo y codicia cuasiinfantiles, comete varios asesinatos de los que después incluso llega a jactarse, amparado en su supuesta deficiencia mental, aunque nadie llega a creerle realmente. Por otra parte, un oficial retirado encabeza la investigación de dichos crímenes, no ya para atrapar al culpable (hecho que casi no ofrece discusión), sino porque la vida de un inocente, falsamente acusado, depende de ello. Y ahora viene lo bueno. Parece una trama negra clásica, pero no lo es, no lo puede ser por el momento y el lugar; y por los personajes. NACHTS... nos pone en situación frente a una paradoja tan fascinante como de difícil resolución moral: Si la Gestapo y las SS han de atrapar a un asesino en serie ¿debemos aplaudir si lo cogen? ¿Quién es el malo aquí? Sobre todo porque el investigador se encuentra con un escollo insalvable cuando se da cuenta de que es imposible cualquier tipo de discurso acerca de la justicia en un estado fascista, un estado asesino en sí mismo. Así, Siodmak filma un terrorífico tratado sobre el mal, sus grados y epónimos referenciales, una película inteligentísima, afilada y que, insisto, traza un arco temporal inmenso entre su intrincado discurso y el de, por ejemplo, el post-discurso de ZODIAC, que bebe de aquí rabiosamente. No deben, por tanto, perdérsela.
Saludos.
lunes, 17 de febrero de 2014
El chico del millón de pesetas
El muchacho de barrio, con malas compañías, que encuentra en el deporte (boxeo) la única oportunidad de salir de lo que implacablemente se va convirtiendo en un círculo vicioso. Eso por una parte. Por otra parte, al susodicho le da tiempo a: 1) Enamorarse de la chica equivocada (para los demás) 2) Dotar de sentido la arruinada vida de un olvidado proyecto de estrella (habitualmente por el alcohol) y 3) Plantarle cara a tiempo a los que dicen ser sus amigos y familia, pero que van a llevarle a la perdición.
La película es ALACRÁN ENAMORADO, que apenas logra aprobar el siempre difícil reto del segundo largometraje (si obviamos sus dos incursiones en el documental de encargo y de exorcismo vital) y que, con todo lo que lleva dentro, resulta complicado extraer una conclusión certera que explique su helado recibimiento. Esta reseña se abre, sin embargo, con la intención de poner un poco de luz sobre este asunto ¿Conclusión?: Todo está demasiado visto y requetevisto. Éste es un refrito incomprensiblemente tímido de MILLION DOLLAR BABY, AMERICAN HISTORY X y, en menor medida (en realidad es una boutade mía), del CODE INCONNU de Haneke. Pero ni Álex González se separa en todo el metraje de un permanente rictus de enfado, ni me creo a Javier Bardem (aunque de ahí se podía haber sacado una historia más compleja e inquietante), ni me creo que un neonazi embelese a una mulata, ni Miguel Ángel Silvestre da miedo (aunque hable como Angela Merkel), ni unos esforzados Carlos Bardem y Hovik (mejor véanle monologando) serán jamás Clint Eastwood y Morgan Freeman. Y todo eso es demasiado lastre para una película que ni tiene ritmo, ni tiene chispazos de humor, ni te hace temblar con su discurso moral. Simplemente "incurre" durante 100 minutos; pero una cosa es "incurrir" y otra "ocurrir", como sí hacía la estupendamente desvergonzada EL TRUCO DEL MANCO.
Por cierto, optaba a 4 Goyas y no se llevó ninguno.
Saludos.
domingo, 16 de febrero de 2014
Rincón del freak #143: Como fuera de casa, en ninguna parte
Es sintomático, pero Wert no lo sabe. De hecho, Wert no sabe casi nada, pero pone cara de saberlo. Como todos los políticos, al menos los de este país que tan mal retratado queda cuando lo caricaturizan. El síntoma desconocido es que a los cineastas de fórmula agotada se les trata con suavidad allende nuestras fronteras, mientras que a los innovadores, los que deben llevar el peso de la renovación, se ven "fieramente atendidos", aunque en realidad sea esa fiereza la que les permite conquistar sus éxitos en lugar de imprimirlos en la acreditación. Es sintomático, pero aún más lo es la tibieza de grandes vacas sagradas, como Almodóvar; tibieza como incapacidad para inscribir su machacona insistencia por revisarse a sí mismo en tiempos mejores... y lejanos. Aquí nos conocemos todos, y una película como LOS AMANTES PASAJEROS no se entiende, porque quiere ser tantas cosas a la vez que termina de la única forma que puede desarrollar una crítica el manchego: sumido en la compulsión. Yo no me enteré de nada, de nada. No sé si me estaban contando MUJERES..., VOLVER, KIKA, MATADOR... ¿qué más da? Opereta ensimismada, salpicada de semen flojo de anfetas, agua de Valencia y lo peor de todo... Pero lo peor muy peor: no se puede decir que qué malos son los políticos y el rey y toda la caterva, cuando tú distingues (y llámenlo simbolismo involuntario) a tus protagonistas del resto de este mundo tan aburrido y tan poco chic porque viajan en primera clase. Y los demás, dormidos.
Muy, muy mala.
Ah, optaba a "mejor vestuario"... y yo sigo sin entender nada.
Saludos.
sábado, 15 de febrero de 2014
Dando la nota
De un tiempo a esta parte es prácticamente indispensable que en los Goya aparezca la "producción transnacional" de turno (la verdad es que no sé cómo denominarla), que es un compendio de televisiones poniendo pasta, un director joven y versado en el capricho digital como sustituto de la bravura escénica y un actor extranjero de cierto renombre que le dé glamour a la cosa. Pasó con LOS OTROS (Kidman/Amenábar), LO IMPOSIBLE (Bayona/Watts/McGregor) y, en menor medida, con ÁGORA (Weisz/el de antes...) o BURIED y RED LIGHTS (Cortés/Reynolds/de Niro). Este año la propuesta vine del muy artificioso Eugenio Mira, que a mí me aburrió sopaperamente con aquello de ATARAXIA... o AGNOSIA... no me acuerdo. Se trata de GRAND PIANO, que como en aquélla va a saco en lo de la emoción fuerte pero que descuida en demasía la construcción del muy supuestamente ingenioso guion, que no lo es, sino que refríe con desigual fortuna la fórmula del "continuará..." televisivo, confiando en que su nitidez de enfoque haga el trabajo de un tahúr. Esto es: que le miremos las cartas y no las mangas. Lo mejor es su protagonista casi acaparador, un Elijah Wood más que correcto dando vida a un pianista obligado a ejecutar un dificilísimo concierto a la perfección, bajo una amenaza invisible que se esconde en algún punto del teatro. Hasta ahí todo está bien, es cine de género, suspense de entretenimiento; lo que no logro entender son algunas minucias, tales como: las interrupciones chorricas... ¡del director de orquesta!, al más puro estilo Jim Belushi o Billy Crystal... ¿Pueden creerlo?...; el porqué de que el malo se líe a mamporros, cuando lo más lógico era largarse y santas pascuas (ah, y que sea John Cusack. Y no me estoy cargando nada); pero sobre todo, no entiendo por qué la única nominación era la de "mejor maquillaje y peluquería", cuando lo más lógico hubiese sido la de "mejor sonido"...
Como diría Mou: ¡No zé!...
Saludos.
viernes, 14 de febrero de 2014
El memorial y su reverso
El otro día murió Shirley Temple, la niña eterna. Aquella a la que Santa Claus pidió un autógrafo cuando tenía seis años y que recibió un oscar en miniatura. Se retiró joven, como la mayoría de niños prodigio, y su filmografía es menos notoria que su propio mito, para qué engañarnos. Sin embargo, a Shirley Temple le dio tiempo (y no son muchos actores los que pueden decirlo) a actuar en una de las películas más grandes de todos los tiempos, nada menos que FORT APACHE. Allí hacía de Philadelphia, la dulce hijita del amargado Owen Thursday (un temible Henry Fonda), que caía bajo los encantos del joven oficial O'Rourke, que era John Agar, a la sazón su marido y del que se divorciaría poco después. Si hablamos de reparto, el de FORT APACHE es simplemente imponente: John Wayne, Ward Bond, el mítico George O'Brien, Pedro Armendariz, Victor McLaglen... No merece la pena, porque era el elenco habitual de John Ford y porque hay cosas que no se pueden discutir. Pero aprovecho para hablar un poco de un western que prefiere un profundo desarrollo de todos sus personajes en detrimento de una acción que, en el impresionante tramo final, se desata con fiereza. Hay varios motivos principales que quedan perfectamente trazados en el milimétrico guion de Nugent: el honor y los ritos castrenses, conformando un microverso repleto de referencias y una concordia que salta por los aires cuando el general degradado Thursday llega para imponer respeto, aunque pronto se revelará como un hombre complejo, de una rectitud moral que no consigue ocultar el odio y rencor que siente por su destino, un fuerte en mitad de la nada y con valores más "relajados", aunque no menos válidos. El desenmascaramiento de un protegido del gobierno que usa su posición para engañar a la nación Apache, y que obligó al gran jefe Cochise a desplazarse a México, se convierte en la gran excusa de Thursday para justificarse, recomponer su posición y salir de Fort Apache como un héroe. Pero subestimar a Cochise, rompiendo cualquier posible negociación, le saldrá más caro de lo que esperaba.
Es FORT APACHE, y es John Ford. Una de sus mejores películas, una gran obra maestra de todos los tiempos, y sólo me gustaría añadir un par de cosas. Primero lo fresca que se mantiene su ágil narrativa, tanto como sus míticos travellings o sus espectaculares secuencias de baile; pero sobre todo, es sintomático su tiempo sosegado, en el que una frase lapidaria sustituye a una acción gratuitamente violenta, y el el que un organigrama social perfectamente funcional nos habla de la intolerancia como una cuestión casi personal. Pocas películas consiguen hoy día contar tantas cosas, tan claramente y en tan poco tiempo (dos horas que pasan en un suspiro). Imprescindible.
Saludos.
jueves, 13 de febrero de 2014
En el nombre de...
Casi nadie se acuerda de Mariano Barroso, aquel destacado nouvelle cuisinier que, a principios de los noventa, sorprendió con aquel zambombazo vehicular que fue ÉXTASIS y luego se despeñó poco a poco con la ambiciosa LOS LOBOS DE WASHINGTON. Con algunos trabajos para televisión, hace un par de años pareció volver a retomar el gusto por la gran pantalla con otra cinta que nadie vio, LO MEJOR DE EVA; y en 2013, ha construido la que para mí es su mejor obra. Ganadora del Goya al mejor guion adaptado, TODAS LAS MUJERES es ni más ni menos que eso, una comprimida y muy ajustada adaptación de la estupenda serie (que tampoco nadie vio, por cierto) del mismo título que Barroso escribió y dirigió para la cadena privada TNT en 2010. La serie es aún mejor, puesto que podía explayarse en cada personaje femenino a lo largo de sus seis episodios, uno para cada una. Pero la estructura de TODAS LAS MUJERES es, cuanto menos, curiosa. Primero porque su auténtico protagonista es un hombre, Nacho (inconmensurable Eduard Fernández, muy por encima del resto de competidores, por lo que no entiendo que no ganara este año), un veterinario que trabaja en una finca ganadera propiedad del padre de su mujer. Envuelto en un turbio asunto junto a una joven becaria, del que iremos sabiendo más detalles poco a poco, asistiremos primero a su separación, y después a una cadena absolutamente lógica que le irá poniendo frente a todas las mujeres relevantes de su vida. Por este orden: su ex-novia, a la que pedirá una "particular" asesoría legal; su madre, a la que pedirá dinero a falta de apoyo de otro tipo; su cuñada, con la que descubrirá una afinidad desconocida; y una psicóloga, que pondrá al descubierto la verdadera cara de un hombre que no es ni bueno ni malo ni ninguna de las dos cosas, porque el gran acierto de este excepcional guion es huir de cualquier tentación maniquea, algo que, para ser una película española, hay que celebrar.
En un certamen en el que curiosamente han abundado las luchas de sexos, y donde ha habido de todo (de lo bueno y de lo malo), a lo mejor había una gran tapada de la que nadie habló. Pero quizá sea el sino de Mariano Barroso ¿quién sabe?
Saludos.
miércoles, 12 de febrero de 2014
¡Viva el mal! ¡Arriba el capital!
Iniciamos aquí y hoy nuestro particular repaso (nunca mejor dicho) a lo deparado por la gala, festival, evento o lo que sea de los Goya, que este año se presumía repartido y lo único que ha hecho es confirmar la ceguez inveterada de un colectivo, el del cine, que sigue creyendo ingenuamente que hacer películas comerciales y premiarlas les va a sacar del atolladero en el que llevan sumidos muchos más años de los que llevamos en crisis. El problema es otro, y no discuto yo que dicho certamen no sea precisamente el sitio más representativo para el "¿otro?" cine español, el que sí da dentelladas mortales al sistema, no desde la continuidad, sino desde la inventiva feroz y suicida. Paradigma y síntoma de todo ello es que la película más premiada haya sido LAS BRUJAS DE ZUGARRAMURDI, el enésimo y desesperado intento de Álex de la Iglesia por recuperar la frescura de sus primeros trabajos, en lugar de intentar profundizar un poco en sus personajes, adalides (a veces) de un gozoso costumbrismo que destapan con su chocante esperpento de TBO. Así, este monstruoso aquelarre es, a imagen y semejanza del star-system hollywoodense, un gigante que empieza a tambalearse justo en su mejor momento. Toda la primera parte, que va desde el genial atraco al "compro oro" (imaginar a Bob Esponja, Jesucristo, Minnie Mouse y un soldadito de plástico pegando tiros es una cumbre) hasta la accidentada huida de los atracadores en taxi, pasa en un suspiro, y uno piensa que de la Iglesia es un maravilloso resistente, apegado hasta el fin a sus convicciones de juventud, pero que también ha visto el momento (exactamente igual que su metáfora del capitalismo encarnado en el diablo de hace veinte años) de denunciar mediante un sarcasmo inteligente y acaso deudor de un Berlanga anfetamínico o un Gila esquizoide. Lástima que después todo se desparrama incomprensiblemente, y la parte final es un ininteligible batiburrillo con monstruo digital incluido y en la que sus puyas políticamente incorrectas se van diluyendo entre gritos, carreras y bofetadas.
Lo mejor, sin duda, son sus actores; si a mí me dicen hace un año que me iba a descojonar con Mario Casas y Hugo Silva no me lo hubiese creído, pero lo cierto es que en una película donde salen muchas mujeres, el verdadero amo de la función es el elenco masculino y su tierna reivindicación del "pobre macho ibérico", arrinconado (y acojonado) por un matriarcado directamente convertido en una legión de brujas. Y es que hasta para ser machista hay que saber serlo...
Saludos.
martes, 11 de febrero de 2014
Robert Siodmak: Tiempo y esfuerzo #19
Robert Siodmak volvió a Europa convertido en uno de los directores más respetados y fiables de Hollywood, y puede que lo hiciera buscando guiones menos encorsetados, o una plenitud creadora que hiciese brillar su filmografía con otra luz, quizá más apagada u oscura, pero con su inconfundible sello. Y lo primero que hizo fue adaptar, para la CCC, una famosa obra teatral de Gerhart Hauptmann. DIE RATTEN (LAS RATAS) muestra un Berlín devastado por la guerra y con una crisis moral aumentada por la miseria y la culpa; por entre sus ruinas (físicas, pero también intangibles) se mueven siniestros personajes que, de alguna manera, "vampirizan" a los más débiles, a quienes no les ha resultado tan fácil readaptarse a una ciudad que, como el país entero, es otra. Pauline es una refugiada polaca que, desesperada por el hambre y obligada por la oscura presencia de Bruno, vende a su bebé recién nacido a una familia pudiente y sin hijos. Lo que viene después es el arrepentimiento una vez Pauline descubre las verdaderas intenciones de Bruno y la imposibilidad de recuperar a su hijo, aunque una casualidad dará un giro inesperado a todo el asunto. A diferencia de la primera versión cinematográfica (un inencontrable film de 1921, con el gran Emil Jannings de protagonista), Siodmak realza la figura de Pauline con una inmensa Maria Schell, mientras que Bruno (Curd Jürgens) va cobrando fuerza progresivamente hasta un desenlace primero trágico, aunque siempre quede un atisbo de esperanza. Una de las mejores películas de Robert Siodmak de su segunda y, a mi entender, discutible etapa europea.
Saludos.
lunes, 10 de febrero de 2014
Me aburro (Crónica de un aburrimiento)
Es difícil contar algo aburrido y no terminar resultando aburrido. A veces se confunde lo que aparentemente es aburrido con algo simplemente vacío, porque se puede ser un plomo descubriendo algo interesantísimo o, al revés, hipnotizar a la audiencia contando una tontería salomónica. Por ejemplo, ser Hong Sang-soo es complicado, porque el director coreano tiene un don único: contar siempre la misma historia con la convicción de que un artista debe ser fiel a un mismo torrente argumental, ser sumiso ante su propia obra. Pero Hong es un gran director de cine, no puede ser aburrido. Acaso naif, pero no aburrido.
En ALLE ANDEREN, la joven directora Maren Ade bien querría exponer una asfixia emocional, la de una pareja que se aburre de ser tan feliz y que sucumbe progresivamente a un estado de hastío que sólo puede terminar de una manera, que no es otra que una ruptura. Hasta ahí, nada extraño o reprobable, pero desgraciadamente ocurre que la misma embolia emocional llega hasta la fisicidad del film y lo impregna, lo hace caer en su misma trampa y ya no hablamos de un "retrato del aburrimiento", sino que la película en sí es un aburrimiento. Brevemente resumida, nos cuenta las vacaciones de una joven pareja en Cerdeña, donde el idilio va cediendo paso a una ruptura anunciada por culpa de... exacto: el aburrimiento. Gran e insalvable problema: Ade es completamente incapaz de hacernos creer que esos dos se conocen de algo, así que a nadie le importa que se separen o se vayan a hacer gárgaras. Fin del resumen ¿Película aburrida?: Sí ¿Mala película?: No, qué va. Sólo es aburrida e intrascendente. Es lo que trae jugar a hacer lo que hacen otros magistralmente.
Saludos.
domingo, 9 de febrero de 2014
Rincón del freak #142: Mi regalo de cumpleaños a una simpática lombriz
Querido Mr. Que me he enterado de que su bitácora ha rebasado los seis años de actividad y ni una arruga, ni una cana... aunque eso es obvio, claro... En fin, que como yo sé que usted es fan irredento de un género que usted mismo ha inventado, el género "chinorris" (donde se incluyen impúdicamente coreanos, japoneses, mongoles y señores recién levantados), pues acá le traigo una recomendación envenenada pero del tó. Se trata de una cosa por la que en 1953 habrían colgado hasta la muerte a su perpetrante, que no es otro que un tipo que, tiempo ha, fue incluso respetado y considerado con esa etiqueta que a usted y a servidor tanto nos toca los cojones, que es "de culto" (que se imagina uno poniéndole velitas a un pazguato cualquiera, vaya). Sí, yo sé que usted sabe quién es Mamoru Oshii, que además de tener nombre de no querer a su mamá (no como Marco) hizo un refrito de BLADE RUNNER de dibujos animados que no estaba mal y que atendía al nombre de GHOST IN THE SHELL. Pero una vez más, su teoría de que el "chinorrismo" es capaz de corroer con paciencia infinita cualquier atisbo de buen gusto queda patente en un... un... una cosa que hizo el propio Oshii con lo que le había sobrado de una tarde de pachinko y sake. ASSAULT GIRLS se llama esto; o, en esa lengua que a usted tanto le gusta, ASARUTO GÂRUZU. Que es decirlo y ponerse a llorar un niño. En fin, que es muy mala, sí. Infracine, diría yo. Y la descripción es: 70 minutos (y a dios gracias que dura eso) de Instagram recreando un desierto donde no hay absolutamente nada y donde, eventualmente, aparecen tres señoritas portando fusiles y diciendo incongruencias. Y como colofón del copón... ¡Sí! ¡Gusanos gigantes del desierto!... ¿Cómo en DUNE?... ¡Sí, como en DUNE! ¡Pero peor, y hecho con un Commodore 64!... Que no es que yo tenga nada contra los Commodore, aunque fuese de Spectrum e inadvertidamente vertiese vasos de agua en los Amstrad de mis amigos para escacharrárselos y decir que eran más malos... En fin, que ahí tiene usted un regalo que seguro no le han hecho jamás: una peli (o lo que sea) de chinorris donde no pasa nada, salen japonesillas pegando tiros y gusanos gigantes como unas guest stars cualesquiera...
Felicidades, maño... y saludos.
sábado, 8 de febrero de 2014
Coger de aquí y de allá
¿Por qué Hollywood lleva salvando el Universo (así, a lo bestia) más veces de lo que ha salvado su propio culo? ¿Por qué los buenos, con el trabajito que supuestamente les ha costado derrotar a los malos, no los pasan a cuchillo y así evitan que vuelvan 4.000 años después a dar por culo otra vez? ¿Por qué la policía es ridiculizada sistemáticamente cuando aparece un payaso en mallas? ¿Por qué los malos son tan tontos una vez han conseguido "el arma más poderosa del Universo" y no pasan a cuchillo a los buenos para evitar que les chafen su plan de destruir el Universo? ¿Por qué los malos no se preguntan que si destruyen el universo ellos también se van a tomar por saco? ¿Por qué los malos parecen una mezcla de soldados imperiales y Teletubbies? ¿Por qué en THOR: THE DARK WORLD salen naves espaciales, soldados imperiales y rayos láser si supuestamente estamos asistiendo a una representación más o menos veraz de una mitología medieval? ¿Por qué parece que estamos viendo una peli de STAR WARS?... ¿Por Natalie Portman?... ¿Por qué he visto esta película si ya sabía yo lo que me iba a encontrar? Y sobre todo: ¿Por qué Chris Hemsworth, en vez de un dios nórdico, parece un jugador de los Denver Broncos?... ¿ein?...
Saludos.
viernes, 7 de febrero de 2014
Cascadas de sangre
La pregunta es: ¿Se puede o se debe seguir insistiendo en el filón vampírico, con el riesgo de banalizarlo? La respuesta de Neil Jordan es: Sí. Pero Jordan tiene la capacidad de exponer su cine, su manera de entenderlo, con claridad y convicción, los mismos argumentos que lleva esgrimiendo durante más de treinta años y que le han convertido en uno de los más interesantes renovadores del cine de género... de cualquier género.
BYZANTIUM fue presentada en el pasado festival de Sitges casi de puntillas y más de un año después de su realización. Signo de estos tiempos oscuros y curiosa coincidencia espiritual con el corazón de esta nueva andanada de cine de vampiros, romántica y sangrienta a partes iguales; digamos que podría considerarse el reverso femenino (y ya era hora) de ENTREVISTA CON EL VAMPIRO. La correspondencia no puede ser más clara: Los vampiros llevan habitando este mundo desde tiempos pretéritos a la civilización, pero para perpetuarse sin ser detectados han mantenido una férrea disciplina de conservación, fundamentalmente basada en la pureza de linaje y en el exterminio sistemático de las mujeres que pudiesen corromper dicha "pureza", indefectiblemente machista. No sólo en la reivindicación de sexos se mueve esta película de apariencia frívola pero con un poderoso mensaje, porque pocas veces hemos visto a algún vampiro con dificultades económicas; pero es que Jordan nunca ha sido ajeno a su propio tiempo, y en su discurso reflexiona tanto sobre la huida constante de estas dos "rebeldes", perseguidas por implacables y pacientes sicarios, como sobre la protección a ultranza y mutua que va aclarándose a lo largo de un metraje intenso y temperado. Una película que se mueve más entre luces recargadas que entre sombras, y que prefiere una impersonal ciudad costera (Cork en Irlanda y East Sussex en Inglaterra) como, quizá, el único escondite posible para quienes llevan siglos permaneciendo invisibles.
No es la mejor película de Jordan, pero sigue siendo un director con una poética reconfortante y reconocible, y en estos tiempos, eso es agua de Mayo.
Saludos.
jueves, 6 de febrero de 2014
Retrato(s) de un(os) perdedor(es)
Con un rápido repaso, he reparado en que es Philip Seymour Hoffman uno de los actores "de última generación" de los que más y, sobre todo, mejor he hablado en estas páginas. A mí me parece un actor colosal, que parecía salido de un film de Richard Brooks (ahí está, si no, su formidable aportación al "último" Lumet) , pero que se llevaba de maravilla con contemporáneos tan indetectables entre sí como Thomas Anderson, Kaufman o el último ramalazo de genio de Spike Lee. Se ha muerto, y muy pronto. Y ha dejado un vacío en el cine norteamericano que va a ser difícil de rellenar; a mí, a bote pronto, no me sale ningún actor capaz, como él, de aunar el carácter de Laughton, la fuerza de Lorre o la versatilidad de Stewart. Palabras muy mayores para un señor, un actor, que va a merecer todos los reconocimientos que se le hagan.
Y, sí, pese a su extenso currículum, es cierto que aquí lo hemos nombrado frecuentemente; sin embargo, Seymour Hoffman se atrevió hace unos cuatro años con la dirección, y con resultados nada desestimables. En JACK GOES BOATING dirigía la obra teatral de Bob Glaudini, adaptada por él mismo, que ya había interpretado en teatro y en la que, si nos fijamos bien, hay un intento maravilloso de humanización y cercanía por parte de un actor casi "obligado" a desprenderse constantemente de su propia piel. Se trata de la emotiva historia de un tipo bastante solitario, con un único amigo, que como él conduce limusinas, y que le arreglará una cita con una chica que trabaja con su mujer. Así contada, JACK GOES BOATING parece hasta ramplona, pero haría falta un esfuerzo de comprensión y detalle para un film que bebe mucho y bien de Woody Allen, si es que pudiésemos mezclarlo con la singularidad de los hermanos Coen y, en menor medida, de la intensidad dramática de James Gray. Hoffman no es ninguno de ellos, ni lo pretende; quizá tenía una espina clavada y necesitaba expandir su talento en otras direcciones, y de ahí sale esta áspera y agridulce ¿comedia romántica? sobre alguien dispuesto a aprender a nadar y cocinar sólo para demostrar que también puede querer a alguien. Es en sus tremendos minutos finales cuando al fin detectamos a dónde quería y podía llegar, aunque sólo fuese como respetuosa reverencia de alumno a maestro: efectivamente, Cassavetes...
Se fue un grande. Descanse en paz.
Saludos.
Además, una película que termina con esto revela cuánta sensibilidad contiene.
miércoles, 5 de febrero de 2014
Rechazo postparto
Es una película bien curiosa LE REFUGE, por lo que parece, lo que aparenta y lo que se intuye y, evidentemente, termina siendo. Parece una película de François Ozon, y lo es. Y lo explico: una película de Ozon está siempre un paso fuera de cualquier tentación "nouvellevaguera", pero sus intentos expiatorios, la mayoría de ocasiones, le indefinen como creador de "imágenes nuevas", aunque lo perpetúan al frente de una hornada de directores que han optado claramente por una narración clara al tiempo que turbadora. Menos poesía y más rimas, un extracto firme de lo que aparenta como aullido de rebeldía en lugar de absurda redención generacional. Sin embargo, nuestra intuición nos dice (y no sin acierto) que mezclar drogas, defunciones abruptas, homosexualidad "perfectamente" consuetudinaria y, para rematar, un alumbramiento de desganas increíbles. Pero es que parece mentira que Isabelle Carré estuviese embarazada de verdad... porque no lo parece; y poco a poco, con la presentación de personajes, se hace notoria una dificultad insalvable para empastar el conjunto, hacerlo no ya creíble, sino simplemente potable.
Y es que empezar como Garrel, continuar como Rohmer y (querer) terminar como Haneke es, fuera de toda duda, una boutade de mayestático (in)juicio. Como un niño no deseado al que tenemos que alimentar sin cariño...
Sólo para usted, que odia el estreno obvio.
Saludos.
martes, 4 de febrero de 2014
Robert Siodmak: Tiempo y esfuerzo #18
Sin ambages: THE CRIMSON PIRATE es un chute de adrenalina, un prodigio de dinamismo filmado en unos colores tan brillantes como los dientes de Burt Lancaster, que aquí estaba en su máximo apogeo en una aventura que le venía como anillo al dedo. Sería necesario olvidar por qué su argumento es (porque lo es) tan básico. Éstos son piratas, estaban tan tranquilos abordando buques llenos de señoras enjoyadas y militares seniles, y de repente se ven envueltos en una especie de cruzada yihadista/maracaibense (caso de que esto fuese posible). No, por supuesto que el guion de Roland Kibbee no es la estrella de esta función tan arrogante y desenfadada como su imanante pareja protagonista, Lancaster y Nick Cravat, verdaderos dueños de casi todo el metraje. Lo que de verdad importa es ver al dorado capitán Vallo agarrado a una cuerda, sonriendo y gritando aquello de "Listos para el abordaje"; importa empaparse de una coreografía de cien hombres, disparos, sables, y que no se vuelva confuso; e importa que una persecución dure diez minutos sin que sepamos qué nos va a deparar el siguiente segundo. Por eso THE CRIMSON PIRATE es una película tan sorprendente en la filmografía de Robert Siodmak, casi un divertimento mutado en explosión controlada y que anticipaba cómo deben ser las películas de piratas... en las que los piratas son los buenos.
Por cierto, no se pierdan a un camuflado Christopher Lee en uno de sus primeros papeles relevantes o a la bella Eva Bartok, de origen húngaro, intentando parecer una hermosa caribeña... Pero sobre todo no se pierdan el momento en el que Siodmak, en el fondo un cachondo mental, le dio por fin el gustazo a Burt Lancaster de aparecer vestido de mujer... ¡Impagable!
Saludos.
lunes, 3 de febrero de 2014
El más listo de la clase
Sólo quien haya leído la obra original de John le Carré sabrá apreciar la estimable densidad de TINKER TAILOR SOLDIER SPY, uno de esos raros hitos en la literatura de espías, tan proclive a los callejones sin salida dada su siempre peligrosa autoindulgencia. La culpa ha sido, como no, de su éxito, lo que dio desde los años sesenta una camada de autores rayanos en una especie de star system; un poco como lo que ocurre hoy día con la terrible novela "histórica" pero, qué duda cabe, con mayor calidad. TINKER... posee una especie de posmodernidad que la deja en un terreno inexplorado y, por tanto, más excitante e intemporal. Bebe de ello esta estupenda adaptación por parte del director sueco Tomas Alfredson, gélida y acalorada a partes iguales; una especie de DÉJAME ENTRAR más adulto, concienciado y descreído. La trama es laberíntica y desorientadora a más no poder, y yo recomendaría un doble visionado en poco espacio de tiempo, porque es difícil dar con su auténtico sentido semántico ¿O es más importante el dibujo (excepcional) de los personajes que el minucioso trabajo de guion? O su brutal composición temporal, con la fotografía de Hoyte Van Hoytema permaneciendo fiel a la expresionista partitura de Alberto Iglesias y logrando la siempre complicada "atemporalidad" de forma. Y por supuesto, es necesario destacar a unos actores muy bien dirigidos y que trascienden el concepto de "secundarios de lujo", porque alrededor de la creciente figura de un colosal Gary Oldman se suceden antológicos momentos de Colin Firth, Toby Jones, John Hurt, Ciarán Hinds y, en menor medida, unos muy controlados Tom Hardy y Mark Strong, además de la siempre estimulante aparición del valor en alza Benedict Cumberbatch.
Una película hermética y enigmática, con un socarrón y gélido sentido del humor y una magnífica vocación de subvertir desde el respeto casi reverencial. En mi opinión, un hito bastante inadvertido.
Saludos.
sábado, 1 de febrero de 2014
Hi-yo, Silver! #4
Debe ser cosa del destino, a veces injusto de tan caprichoso, que un personaje con todos los triunfos en su mano deba sufrir adaptaciones no ya insufribles, sino simplemente incomprensibles ¿Qué movería a la Wrather (subsidiaria de la Warner y valedora de los derechos del llanero solitario) a desempolvar 25 años después al jinete enmascarado? A la vista de la gran operación de márketing, muñequitos incluidos, la cosa está aparentemente clara; lástima que coincidiera con la conmoción spielbergiana de Indiana Jones y los precedentes, que aún coleaban en taquilla, de EL IMPERIO CONTRAATACA y SUPERMAN II (no olvidemos que aquéllos eran tiempos de taquillazos eternos). Sin embargo, con la bendita perspectiva que dan más de treinta años, lo cierto y verdad es que THE LEGEND OF THE LONE RANGER tenía mejores intenciones que resultados; pero habría que cambiar varias cosas para poder elevar un tono general bastante irregular. Primero su pareja protagonista, establecida en dos "actores" de baja intensidad dramática, como el ignoto y "doblado" Klinton Spilsbury, del que ya no se supo nada más, y Michael Horse, que luego tuvo una discreta carrerita televisiva. Hay menos química en ellos que con los vituperados Hammer/Depp, y cuesta trabajo digerir un lone ranger sin asomo del saludable sentido del humor que le insufló Clayton Moore, que al lado de Spilsbury estaba de oscar...Ahora bien, no nos pasemos de listos, porque los truhanes de Bruckheimer y Verbinski copiaron literalmente este guion (hiperinflado, eso sí), donde Cavendish aparece mucho más aseado y sutil, interpretado por un correcto Christopher Lloyd, y cuyo máximo aliciente reside en un gozoso (y jocoso) Jason Robards, que compone un presidente Grant inesperadamente incorrecto. Pero claro, los grandes siempre serán grandes estén donde estén. Y dos apuntes más: la breve intervención de aquel pequeño gran actor que fue Richard Farnsworth haciendo de Wild Bill Hickok y la masacre a la que fue sometida la magnífica partitura del genial John Barry, porque no hay un cantante más alejado de sus intenciones que un Merle Haggard convertido en bardo forzoso. Lo dirigía todo William A. Fraker, que inició su carrera con dos títulos notables para diluirse como casi todo en esta justamente olvidada película.
Saludos.
viernes, 31 de enero de 2014
Hi-yo, Silver! #3
Casi dos años después, inevitablemente, la Warner "guisó" un segundo largo a la mayor gloria del pistolero enmascarado y su ayudante Tonto, que casi siempre solía ser el más inteligente... THE LONE RANGER AND THE LOST CITY OF GOLD era el rimbombante título de esta supuesta secuela, o refrito, o vaya usted a saber. Con menos presupuesto, un Clayton Moore hastiado de no aparecer jamás con su verdadero rostro (sí, porque antes el llanero solitario era un maestro del disfraz) y un guion psicotrópico que hablaba de los conquistadores españoles (glups!) rechazados por unas fuerzas misteriosas, se trata de una serie Z tremebunda y no apta para según qué entrenamientos cerebrales. Ni siquiera la mano firme de Lesley Selander, un veterano superexperto del género, lograba dotar de vida una película desvaída y que se nota que está rodada a toda prisa. Algo que venía a corroborar la notable distancia entre popularidad y calidad; siendo el llanero solitario un curioso precedente de los posteriores superhéroes por entregas, ya que ellos mismos han tenido que esperar varias décadas a su dignificación cinematográfica. La pueden ver, pero yo ya les advertí...
Saludos.
jueves, 30 de enero de 2014
Hi-yo, Silver! #2
Sí, Clayton Moore es tan mal actor que pedía a gritos un personaje con máscara (y ahí lo tiene), y su traje no pasaría desapercibido ni en una carroza del orgullo gay. Sí, Jay Silverheels probablemente es el indio con menos carisma de la historia de Hollywood, aunque tenía la decencia de no ponerse un pájaro en la cabeza y Depp, literalmente, le ha copiado el fraseo. Sí, la serie original era capaz de mantener el interés a base de pequeños capítulos autoconclusivos, mientras que 86 minutos se hacen un poco largos... aunque sólo sean 86 minutos... Sí, la obertura de Guillermo Tell no pega en un western, pero sí pega en un western de los años cincuenta, porque le da un nosequé onírico y chanante y muy chulo. Y, sí, THE LONE RANGER, la original, la de 1956 en Technicolor del bueno, la que la Warner vendió en su momento exactamente igual que ahora lo hace la Disney, como un entretenimiento para toda la familia, es un film normalito tirando a ramplón. Y, sí, el "guardián enmascarado" se acerca a los niños y les conmina a que tomen sus cereales y hagan caso a papá y mamá... Es decir: nada nuevo bajo el sol, excepto la incapacidad para hacer atractivo un personaje al que tenías que creerte como uno se creía la puta hostia consagrada o la lista de los reyes godos o...
Saludos.
miércoles, 29 de enero de 2014
Hi-yo, Silver! #1
Esto se resume fácilmente y, al mismo tiempo, a muy duras penas; por lo abstruso del asunto y por lo incomprensible (que es lo mismo, al fin y al cabo). A la Disney se la pone dura el jolgorio ideado por Jerry Bruckheimer, pero más aún las cifras de recaudación de los "Piratas", así que pone a funcionar su gigantesca maquinaria para lo que nos están haciendo pasar, desde hace algunos años, como "la resurrección de las superproducciones". Timo más o menos bienintencionado que consiste en comprar los derechos de algo que haya tenido éxito en el pasado y no se haya tocado desde hace dos o tres décadas, contratar a la estrella de turno (Johnny Depp), mezclarlo con la emergente (hoy Armie Hammer, antes Orlando Bloom), aliñarlo con el cacharrismo sonoro de Hans Zimmer y agitarlo con el agua bendita de una omnipresente digitalización. El combinado Disney/Bruckheimer no puede ser más descorazonador: por un lado tenemos a un pistolero que no sabe disparar, un indio que hace honor a su nombre y una lucha contra el mal que no tiene mucho sentido; por el otro aparece lo único realmente destacable de la función, un terrorífico William Fichtner que, ya muy mediado el excesivo metraje de este sinsentido, parece arrojar la toalla, porque su sangrienta caracterización vale para un Tarantino, pero no para un Verbinski... Los 150 minutos de THE LONE RANGER'13 son, quizá, la carga más pesada que un cinéfilo haya tenido que soportar este curso pasado. Al principio tiene un poco de gracia, luego uno no tiene ni pajolera idea de qué está viendo ni dónde se han metido determinados personajes, y al final no hay palomitas ni Toblerones, sólo litros de Vispring... Y para demostrar que no hacía ninguna falta esta cosa, tenemos tres días por delante para conjurar el verdadero espíritu de aquella leyenda que durante algunos años fue el llanero solitario...
Saludos.
martes, 28 de enero de 2014
Robert Siodmak: Tiempo y esfuerzo #17
El noir imperfecto, anguloso, de Robert Siodmak se ve cansado en un film que en mi opinión no ha sido tan valorado como merecería. Pero no es el término "cansado" un eufemismo apaciguador, sino que proviene del pesado armazón que constituye la elaboradísima trama de THE FILE ON THELMA JORDON, donde hasta el último rayo de esperanza para unos personajes que no pueden caer más bajo adquiere una tonalidad plomiza y de tosco pesimismo. No hay ganadores en esta historia de desamor que luego se torna de amor, más tarde de engaño, extorsión y finalmente, en búsqueda desesperada de una redención que queda lejísimos, una derrota devastadora, que se lo ha llevado todo por delante. O: el ayudante del fiscal del distrito agarra una monumental borrachera para intentar olvidar que su matrimonio es un fracaso y que él es un don nadie vencido por la certeza de su desplazamiento marginal, por culpa de un suegro despectivamente posesivo. En esa noche etílica conocerá a una mujer fascinante con la que tendrá un romance que, con el transcurrir de los días, crecerá hasta ser un amor irresistible. Sin embargo nada es lo que parece, y el asesinato de la tía de dicha mujer, poseedora de una considerable fortuna, desencadenará una sucesión de acontecimientos cada vez más terribles, hasta el punto de hacer dudar a este hombre de su propia percepción de la realidad. Siodmak dirige sin titubeos a una pareja en principio improbable (la arrolladora Barbara Stanwyck y uno de aquellos grandes secundarios, Wendell Corey), pero que va ganando enteros a medida que la historia va cobrando sentido y entidad. Para no extendernos, ni más ni menos que una poderosa prueba de madurez de un maestro en plenitud.
lunes, 27 de enero de 2014
Viento entre susurros
Hablar de un creador de imágenes como Philippe Grandrieux insistiendo en un vanguardismo que no le hace justicia, a tenor de su cada vez mayor acercamiento a un lápiz primitivista, deja demasiadas cosas fuera del ámbito de uno de los cineastas más interesantes de las dos últimas décadas. Su penúltimo film, UN LAC, es de hace unos seis años, y supone el ingreso definitivo de Grandrieux en lo que parece ser la recta final de su autodeconstrucción narrativa, trasladando su falta casi absoluta de narración por el descubrimiento (la apuesta de-) de la imagen nueva, total y completamente nueva porque no merece la estadía de una lente/cámara, sino la de una retina desnuda. Sólo al final podemos comprender qué poco importa la excusa argumental del aislamiento, incidental o no, en un entorno hostil; en esa desnudez, Grandrieux se ve capaz de darnos decenas de pistas, atajos que cada espectador puede tomar, o no, según la conveniencia de su necesidad "informativa". Insisto en que esto importa menos, pero ahí está. El valor de su cine, cada vez más, consiste en aclarar y oscurecer, determinar la potencia gradual de unos tonos predominantes (en este caso negros y blancos absolutos) y enfrentados al seísmo gutural de un temblor que casi hace volver la mirada a quien debería estar pendiente del guion y sus recitales. Desde el comienzo del blog (curioso, porque comenzó el año en que se estrenó [no en este país] este film) he mostrado mi incondicional entusiasmo por un artista (su procedencia es el videoarte) cuya influencia es aún incierta, lo que le hace más interesante si cabe; con la certeza de su último trabajo, queda constatado que aún resisten unos pocos suicidas dispuestos a inmolar su propio trabajo. Estemos de enhorabuena.
Saludos.
domingo, 26 de enero de 2014
Rincón del freak #141: La comedia que le hubiese gustado dirigir a Terrence Malick
¿Qué es lo más raro, insólito y descabellado que puedo filmar? Algo así debió pasarle por la cabeza a Hitoshi Matsumoto cuando concibió SHINBORU (SYMBOL), su segundo largo tras la no menos alucinante (y alucinada) BIG MAN JAPAN. Y si no, sólo hay que intentar conectar sus dos "historias" paralelas al final para darnos cuenta de cómo el cine japonés, en bastantes ocasiones, discurre justo al revés del americano. A Matsumoto no le importa que el ridículo ronde buena parte del metraje, no si la expectativa no surge desde el principio, sino que aumenta hasta un clímax final que dota de sentido al conjunto y, por supuesto, deja con un palmo de narices al más pintado. Y esto es como sigue: un tipo bastante feo (el propio Matsumoto) y con un pijama hortera se despierta en una especie de habitación blanca, tan blanca que apenas pueden apreciarse ni paredes, ni suelo, ni techo. De repente, de las "paredes" surgen unos pequeños querubines (sí, han leído bien) que parecen mofarse del aturdido protagonista; a los angelitos, una vez desaparecidos, les siguen sus sexos (ver foto), que una vez pulsados hacen aparecer "cosas" (en realidad aparecen desde una jirafa o un masai, a un cuenco con sopa de fideos o una regadera). Si esto ya les parece estrambótico intenten extrapolar todo lo dicho a un México polvoriento en el que una monja que fuma y jura en arameo va a recoger en su camioneta a un cascadete luchador que jamás se quita la máscara y al que le espera una dura jornada de lucha... Y no cuento más, porque tampoco iban a entender nada; ahora bien, debo decir que pocas veces pongo en esta sección una película que me haya gustado, y ésta me ha gustado porque es entretenida y te hace reír y asombrarte, como cuando un niño va por primera vez al cine. Y aunque la peli sea mu pero que mu rara, merece la pena echarle un vistazo... aunque sólo sea para comprobar que Malick sigue siendo un coñazo...
sábado, 25 de enero de 2014
La voluntad del mal #10
Se cierra este monográfico parcialmente (a la espera del estreno de la puesta al día que el joven director Ansel Faraj tiene pendiente de estreno) con un documental tan breve como conciso e imprescindible para comprender qué movió fundamentalmente a Fritz Lang para adaptar la novela de Norbert Jacques. En ese sentido, MABUSES MOTIVE (2004) ofrece una pequeña intervención de Lang explicando cómo nunca pretendió adelantar el advenimiento del nazismo, sino que simplemente vio la necesidad de constatar un estado de la sociedad que consideraba deplorable, lo que más tarde se conocería (no entonces, claro) como "período de entreguerras". Desmarcado del expresionismo (o más bien sublimándolo y adelantándose a un modo de filmar con los días contados), Lang usaba lo mejor de los "Caligari & Co.", especialmente la maldad implícita en el NOSFERATU de Murnau, la pérdida y sometimiento de la voluntad en EL GOLEM o los pactos de terribles consecuencias presentes en el FAUSTO, también de Murnau. Y si METROPOLIS adelantaba a un ser humano sometido por el poder de la maquinaria, MABUSE, en palabras del propio Lang, era un Übermensch nietzscheano en el sentido más destructivo y anárquico. Sólo media hora para dejar claras las bases de este mito literario y cinematográfico, marcar una distancia insalvable con las muchas e insustanciales copias bastardas surgidas (como siempre suele ocurrir) al calor del auténtico poder creativo y dejarnos una reflexión francamente inquietante: que el mal absoluto siempre surge del hastío provocado por un tiempo de carestía del que se aprovechan los falsos profetas. Estemos preparados pues...
Saludos.
Saludos.
viernes, 24 de enero de 2014
La voluntad del mal #9
Si me hubiesen preguntado por un director de cine alejado del universo sofisticado y cosmopolita del Dr, Mabuse, pero al mismo tiempo perfectamente conectado con el altivo y corrosivo engranaje motivacional de Fritz Lang, no hubiese dudado en señalar a Claude Chabrol. Sin embargo se me hace difícil encontrarle el "gusto" a un film que consigue explicarse a muy duras penas; tal es el batiburrillo implícito en Dr. M, una locura a ratos deudora de BLADE RUNNER, otras de 1984, pero en la que se nota que a Chabrol lo que le va es un Lavardin que aquí brilla por su ausencia. Aun así, hay algunos aciertos, como la insistencia en la teoría del caos imperando sobre el orden, la regencia de los "medios" (las calles de Berlín están infestadas de pantallas que emiten mensajes subliminales) o la feroz crítica contra las vacaciones programadas como aborregamiento subvencionado o consciente descenso a la memez más flagrante. Chabrol tiene varios guiños al Mabuse "langiano", el verdadero, como la gigantesca ruleta en la que se apuestan más cosas que dinero y, en un nivel más sutil, logra conectar los sonidos industriales de fin de siglo con los que ya utilizaba el director alemán al principio del mismo en una terrorífica discoteca, desde cuya atalaya este último M(abuse) disfruta observando trazas de autodestrucción. Otra discusión sería un reparto extraño y con cierto tufillo a imposición de la productora, al ser ésta otra coproducción, con lo que ello conlleva. Alan Bates, aunque laborioso, dista mucho del hipnótico primer Mabuse; Jan Niklas carece del carácter compositivo para ofrecer un investigador más allá de la moral; y el colmo es la elección de la ya venida a menos Jennifer Beals, actriz tan discreta como sobrevalorada y cuyos limitados registros quedan patentes en que lo mejor que sabe hacer es de busto parlante. Ni siquiera el cameo de un octogenario Wofgang Preiss o el parpadeo que dura la intervención de un efímero Andrew McCarthy logran elevar el tono de una cinta olvidada, muy menor en una filmografía tan notable como la de Chabrol. Curiosidad, sin más.
Saludos.
jueves, 23 de enero de 2014
Mi propia caja de bombones
Debe ser difícil concebir en este mundo tan correcto(r) nuestro un posible reverso femenino que paladease de la cruel ironía planteada en tonos pastel de FORREST GUMP, al menos sin dejarle al nuevo personaje la posibilidad de redimirse y hasta reivindicarse, aunque sea con una huida hacia delante bastante chapucera y, la verdad, poco digna. Ahí terminarían las similitudes entre el bravo corredor de fondo y la odisea de la señora de mediana edad ideada por Rebecca Miller para la adaptación de su propia novela, THE PRIVATE LIVES OF PIPPA LEE. Desafortunadamente, hay una escisión demasiado pronunciada entre el "qué" y el "porqué" de lo que se nos cuenta, hasta el punto de que (y esto es lo peor) uno tenga la sensación de que la Pippa Lee adulta y la que ella misma rememora como causante de sus desequilibrios poco o nada tienen que ver entre ellas. Quizá sea esa la intención de la directora, no lo sé, pero me parece una lástima desaprovechar un reparto a su entera disposición con nombres tan sugerentes como Robin Wright, Alan Arkin (que son de lo mejor de la función), una recuperada Winona Ryder o un escaso Keanu Reeves, simplemente metido con calzador. Termina la película y hemos visto a esta "antiheroína" pasar por diferentes estadios vitales, puede que sólo para terminar tal y como le hubiese gustado continuar su agitada vida, como si todo lo demás no hubiese sido más que una prolongada pausa, o como si la caja de bombones se hubiese vaciado demasiado pronto... Lo complicado, una vez más, es que también nos interese a nosotros...
Saludos.
miércoles, 22 de enero de 2014
La voluntad del mal #8
Si complicado es de por sí establecer algún tipo de vínculo creíble y/o estable entre las múltiples adaptaciones que el Dr. Mabuse ha tenido en el cine, intenten imaginar cómo sería la demencial peripecia perpetrada por Jesús Franco gracias a la no menos intrigante colaboración de la CCC, empeñada en revitalizar este viejo (o avejentado) personaje; es decir: coproducción mogollónica e imposible de desentrañar. Rodada a lo largo de la costa mediterránea (supongo que aprovechando la estancia en chalets de superlujo de los de entonces, que es 1972), Dr. M SCHLÄGT ZU (que aquí se estrenó con 12 minutos menos y el original título de LA VENGANZA DEL DOCTOR MABUSE) es un extrañísimo híbrido que pocos se atreverían a filmar hoy día, y que tenía la desvergüenza/falta de complejos de mezclar, además del espíritu pulp del Mabuse de los sesenta, con el western (¡Los investigadores son cowboys y viven en una cárcel-oficina del sheriff junto a la playa!), un trasunto del monstruo de Frankenstein y el habitual despelote y potorreo del inasible cineasta madrileño, que aquí firmó con un "coproducente" Jess Frank. El resto se lo pueden imaginar, excesos locuelos, situaciones hilarantes, noches americanas a prueba de bomba, monstruos, secuestros, tiros que no dejan huella y, eso sí, lo mejor de esta barbaridad, que como solía ocurrir en muchas de sus películas era la banda sonora, muy jazzy y compuesta por el mismo Jesús Franco. Cualquier parecido con la realidad es mera hipocresía, pero esto ustedes ya lo sabían... ¿no es cierto?
Saludos.
martes, 21 de enero de 2014
Robert Siodmak: Tiempo y esfuerzo #16
THE GREAT SINNER es una película extraña, desubicada, con todo en contra o todo a favor, como la terrible historia de su protagonista, un escritor que cree haber dado con su gran oportunidad de inspiración en una población dominada por un gigantesco casino y al que llega arrastrado por una misteriosa mujer que no parece entender otras reglas que las de la ruleta. Si no se ha leído previamente la novela de Dostoievski poco importa que se nos emplace en Wiesbaden, Louisiana o donde sea, pues tal es la fantasmagoría de ese no-lugar, vampírico y mortal, que parece retener a sus moradores hasta haberles arrebatado el dinero, la dignidad y, finalmente, la vida. Cómo no, otra vez cuenta Siodmak con un elenco acertadísimo, y que a excepción de un omnipresente Gregory Peck queda distribuido con sabiduría para puntuar una narración que parece dividida en capítulos y que suave e imperceptiblemente va cayendo a un pozo que no parece tener fondo. Una bella Ava Gardner, en su segunda experiencia con Siodmak, parece adelantar una femme fatale que, sin embargo, termina siendo consciente del desastre al que ha llevado a su fascinado amante; y junto a ella un fabuloso Melvyn Douglas, los siempre solventes Walter Huston y Agnes Moorehead, y una soberbia aparición final de aquella híper-presencia escénica que era Ethel Barrymore. Una película que no parece tan oscura como finalmente se revela y, en mi opinión, una demostración de poder por parte de un director capaz de moverse con soltura por cualquier género. Magnífica.
Saludos.
lunes, 20 de enero de 2014
Creación con plenas facultades
El cartel de PRISONERS es bastante banal, lo dominan las efigies de sus dos grandes bazas: los actores Hugh Jackman y Jake Gyllenhaal y su semblante no deja dudas de que lo que vamos a ver es un thriller... ¿vertiente? Sí, asesinos en serie... ¿o no? En el centro de dicho cartel, la letra "O" del título semeja un laberinto circular. No es baladí, y lo descubriremos a lo largo de sus intensísimos 150 minutos; para mí los más intensos que he tenido oportunidad de disfrutar en este curso, y Villeneuve un descubrimiento inesperado. Pero hablemos de PRISONERS, que comparte la misma vocación rompedora y subversiva de aquella magnífica película que era ZODIAC, una intención por despeñar todo el contenido en una difícil búsqueda, la de esa originalidad que ha de subyacer en cualquier texto, por muy trillado que pueda parecer. PRISONERS es uno de esos pocos casos en los que parece preclara su modernidad, porque contando lo mismo de siempre es capaz de aturdir al espectador más avisado. Su leyenda parece advertirnos: "No encontraréis aquí lo que ya sabéis". Ésta es una película peligrosa, capaz de hacer tambalearse la moralidad por su punto más débil, que es la gran mentira que permite que el espectador crea que puede llegar a saber más que el creador. Villeneuve moldea los tiempos a su gusto y nos hace creer una cosa para, seguidamente, darnos con nuestras "ideitas" en las narices; él gana siempre, y en su victoria fílmica (que espero sea reconocida como merece) no cabe otra que mencionar un espectacular trabajo con los actores. No porque haya conseguido que me crea a Hugh Jackman como un actor de primera categoría o que me haya quedado pasmado con Paul Dano, al que normalmente no soporto, sino porque ni siquiera me he dado cuenta de que eran actores por lo estupendamente bien ubicados que están (todos) en una narración que funciona como un metrónomo aun dando la impresión (y esto también es complicado) de resquebrajarse en su ilimitada complejidad. Y si les gustan los personajes ambiguos, no se pierdan el recital de un Jake Gyllenhaal en estado de gracia y nacido para este papel... Pero claro, a éste sí me lo esperaba...
Grandiosa y, al mismo tiempo, desesperanzadora. Una obra maestra.
Saludos.
domingo, 19 de enero de 2014
Rincón del freak #140: Las nevadas planicies de la infertilidad
Se han estrenado este año pasado dos películas parecidas en lo puramente formal, pero profundamente diferentes cuando les llega la hora de destapar sus cartas y mostrarse tal y como son. Venimos advirtiendo del advenimiento (es una buena palabra, al fin y al cabo) de un cine norteamericano que, sin nada interesante que contar, ha logrado camaleonizar un cierto discurso de probada solvencia, que se basa sin más en un desquiciado cambalache de falsa circunspección; o, abreviando: lo que cuentas es una gilipollez, pero todo el mundo está muy serio, así que puede que también te tomen muy en serio... no sé por qué, pero es un método efectivo.
Primero me gustaría decir algo (poco) acerca de THE FROZEN GROUND, una película que me recomendaron y que es muy posible que nunca hubiese visto si no fuese así. Una vez vista, no sólo las sospechas se confirmaron ampliamente, sino que me permitieron descubrir dos cosas muy interesantes. Primero que se puede hacer una película más verosímil sin apoyarse en la temida leyenda "basado en hechos reales", algo que a estas alturas debería ser tomado en consideración como una advertencia para incautos; pero sobre todo me di cuenta de que la irrisoria ópera prima de Scott Walker (jamás confundir con el genial cantante y compositor) es un campo minado (por lo tramposa), ya que su decisión de hacer visible al "malo" (un incongruente John Cusack) no logra el efecto deseado de verosimilitud u honradez, sino que hace ingresar a esta pequeñez en un sopor impropio de un film que se pretende de intriga, variante asesino en serie ¿Que si contiene algún acierto?... Pues no lo sé, la verdad, ni me importa, pero fue una casualidad la que me llevó concatenarla con lo que les contaré mañana, y eso son palabras mayores.
Saludos.
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... ¿Y todo esto lo ha hecho usted solo?...
No, necesité estar rodeado de siete mil millones de personas...
¡Cuidao con mis primos!




































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