lunes, 12 de agosto de 2019

La tragedia de los justos



Masaki Kobayashi siempre ha sido un director a la sombra de los gigantes del cine japonés, y sin embargo su discurso, es tan vigente como el de Ozu, Mizoguchi o Kurosawa; es más, contiene multitud de puntos en común con todos ellos. Es el suyo un cine masticado, riguroso, de alto compromiso ético tanto en fondo como en forma, y que siempre parece buscar algún tipo de virtud en mitad de la barbarie, la indecencia y las malas prácticas del poder, lo que lo mantiene en absoluta contemporaneidad. En este sentido, uno de sus títulos más emblemáticos es JÔI-UCHI: HAIRYÔ TSUMA SHIMATSU (REBELIÓN SAMURAI), un magistral estudio acerca de la imposibilidad de conciliación entre los arraigados valores feudales y la conciencia individual de los integrantes de un clan. Un samurai retirado vive plácidamente con su hijo, la mujer de éste y el hijo recién nacido de ambos. En un momento dado, la familia de la mujer le exige volver a su casa, aduciendo que su unión podría llevar a ambos clanes a una guerra inmediata. Ante la predecible negativa, el samurai cierra filas en torno a su familia y decide enfrentarse a su propio clan, desatando una catarata de intereses que hasta entonces se mantenían ocultos.
Obra maestra del cine de samurais, Kobayashi filma con infinita paciencia una hermosa y trágica reflexión sobre algo tan universal como la preeminencia de los valores morales y la dignidad, aun chocando frontalmente con un sistema social casi indiscutible y que sólo augura la destrucción de quienes lo deafían. Por cierto, la película entera es apasionante, pero los últimos treinta minutos de Toshirô Mifune son para enseñarlos en las escuelas de interpretación.
Magistral película de un director al que no hay que esperar para reivindicar.
Saludos.

No hay comentarios:

... ¿Y todo esto lo ha hecho usted solo?...
No, necesité estar rodeado de siete mil millones de personas...

¡Cuidao con mis primos!