Mal pinta esto. De nuevo un guion perezoso, relamido, que se cree mejor de lo que es, para contar una nadería conformista y, aún peor, doblegada a una normativización además autoimpuesta. HOTEL REVERIE es indefendible por una cuestión de torpeza, de incapacidad para respetar las inmensas reglas del cine fantástico, precisamente porque Brooker es esclavo de sus propias distopías tecnológico-futuristas, que aquí tropiezan en el mismo y supuestamente ingenioso dispositivo. Empezando por la estrafalaria premisa, en la que una empresa de alta tecnología virtual pretende revitalizar a una otrora prestigiosa distribuidora de clásicos del cine, hoy olvidados ¿Por qué? Ni puñetera idea, pero ese "monstruo cibernético" se reduce a una habitación, donde una actriz, sin hacer más de tres preguntas, se tumba, se deja instalar una cosa en la cabeza y, sin más, ya está interpretando al protagonista de un drama de los años 40. Y sí, el protagonista es un hombre blanco, pero la actriz es una mujer negra. Si lo que Brooker quería era dar su visión sobre la inclusividad, hubiera sido preferible no caer en las trampas de los últimos desastres Disney, y haber arriesgado con la extrañeza extraída de un mundo virtual invadido por un cuerpo extraño, como sí ocurría en la magistral, y nunca suficientemente reivindicada, PLEASANTVILLE.
Un capítulo tedioso, mal dirigido y con demasiadas tonterías juntas. Lo mejor, una impactante Emma Corrin imbuida del fantasma de Joan Fontaine. Por ahí debería haber ido la cosa...
Saludos.

.jpg)


















