sábado, 21 de febrero de 2026

El espejo roto #29


 

Mal pinta esto. De nuevo un guion perezoso, relamido, que se cree mejor de lo que es, para contar una nadería conformista y, aún peor, doblegada a una normativización además autoimpuesta. HOTEL REVERIE es indefendible por una cuestión de torpeza, de incapacidad para respetar las inmensas reglas del cine fantástico, precisamente porque Brooker es esclavo de sus propias distopías tecnológico-futuristas, que aquí tropiezan en el mismo y supuestamente ingenioso dispositivo. Empezando por la estrafalaria premisa, en la que una empresa de alta tecnología virtual pretende revitalizar a una otrora prestigiosa distribuidora de clásicos del cine, hoy olvidados ¿Por qué? Ni puñetera idea, pero ese "monstruo cibernético" se reduce a una habitación, donde una actriz, sin hacer más de tres preguntas, se tumba, se deja instalar una cosa en la cabeza y, sin más, ya está interpretando al protagonista de un drama de los años 40. Y sí, el protagonista es un hombre blanco, pero la actriz es una mujer negra. Si lo que Brooker quería era dar su visión sobre la inclusividad, hubiera sido preferible no caer en las trampas de los últimos desastres Disney, y haber arriesgado con la extrañeza extraída de un mundo virtual invadido por un cuerpo extraño, como sí ocurría en la magistral, y nunca suficientemente reivindicada, PLEASANTVILLE.
Un capítulo tedioso, mal dirigido y con demasiadas tonterías juntas. Lo mejor, una impactante Emma Corrin imbuida del fantasma de Joan Fontaine. Por ahí debería haber ido la cosa...
Saludos.

viernes, 20 de febrero de 2026

El champú del pueblo


 

Aún en la escuela de cine, Béla Tarr entregó como trabajo un mediometraje que tituló como CINEMARXISME, completamente en la línea del Godard de hacía una década (estamos en 1979), al que incluso cita con su célebre frase que decía que la única diferencia entre un papel y una película es que con la última no puedes limpiarte el culo. Con el espacio único de un baño, Tarr filma a una actriz promocionando un champú desde la bañera; seguidamente, en primerísimo plano, ella cuenta cómo sobrevive rodando pequeños spots y accediendo a prostituirse, explicando los motivos que la falta de dinero provocan. En la ducha, un hombre relata su vida, consistente en pagar la pensión de sus tres hijos, que viven con la madre; intenta encontrar algún motivo de felicidad en esa cotidianidad, sin lograrlo. Por último, la encargada de limpiar el baño, tras echar la bronca a Tarr y su mínimo equipo de tres personas (él incluido), es entrevistada, desvelando una personalidad sumamente curiosa, que ama viajar y ver películas, y que su sueño hubiese sido ser maestra de escuela, lo que no pudo llevar a cabo al casarse demasiado joven, con un hombre que no la amaba "pero al menos no le pegaba", concluyendo con la desgracia de haber perdido a sus dos gemelos al poco tiempo de nacer. Todo eso cabe en estos treintaypocos minutos, que aparecieron no hace mucho tiempo en un archivo olvidado. Política, sociedad, espectáculo, economía y un poco de cine a coste cero, que de eso iba la cosa también...
Saludos.

jueves, 19 de febrero de 2026

Blu scuro


 

Discutido premio a la mejor interpretación masculina en Sitges, ya que fue otorgado nada menos que a todo su elenco ¿?, THE PLAGUE camufla a duras penas sus referentes más obvios, provenientes del giallo, que resalta por la juventud de sus protagonistas, un grupo de adolescentes en un campamento especializado en waterpolo. Hasta allí (suponemos que Australia) llega un joven desde Boston, que logra congeniar con el grupo más "social", aunque ello conlleve comulgar con los abusos que ejercen sobre Eli, un chaval extraño, que además tiene una efermedad cutánea que ellos han bautizado como "la plaga". Flirteando con varios géneros, termina imponiéndose el suspense psicológico, basado en la superposición de imágenes, y sobre todo sonido, inquietantemente exuberantes. Debut en el largo de Charlie Polinger, que solventa con nota en una excelente dirección de actores y una estupenda creación de atmósferas, que cristalizan en un cruce entre CARRIE (el más obvio) y SUSPIRIA (un poco de reojo), terminando por relegar (y renegar) un horror físico, prefiriendo centrarse en el bullying, verdadero protagonista de una cinta que promete mucho más de lo que da. Un poco como la interpretación de Joel Edgerton, que está pero poco.
Saludos.

miércoles, 18 de febrero de 2026

Estas cuatro paredes


 

Y también aparcamos el homenaje, más que merecido, a Diane Keaton, con la que creo que fue su última película que de verdad mereció la pena. Junto a Morgan Freeman protagonizó, en 2014, 5 FLIGHTS UP, una sorprendentemente efectiva comedia otoñal, en la que se resumían los cuarenta años de una pareja en su ático de Brooklyn, del que se ven obligados a desprenderse por el nada nimio asunto (puedo dar fe) de no tener ascensor. Todo parece en contra de este film pequeño y austero, que sin embargo termina siendo un delicioso fin de trayecto por muchos motivos. No sólo por su veterana pareja protagonista, sino por el buen gusto con el que sus personajes parecen desgajados de otro de Woody Allen, no tan chispeantes, pero igualmente deudores de la vida en NY, y cómo asistimos a un desfile de personalidades, con la excusa del open house que les organiza su agente inmobiliario, que lejos de convencerles de la venta los arredra de la misma. Dirigía el también veterano cineasta británico Richard Loncraine, que tuvo la fortuna de tener a dos actores de lujo, para una historia para nada sensiblera, pero intentando no caer en una mala leche gratuita, que ha convertido a la mayoría de comedias actuales en carnavales del cinismo, y tampoco es eso.
Saludos.

martes, 17 de febrero de 2026

La pulpa de lo intangible



 Hay algo que se filtra entre las imágenes de SENTIMENTAL VALUE, para mí poco más que el definitivo espaldarazo del director danés Joachim Trier para ingresar en el stablishment americano, lo que no tiene por qué ser necesariamente bueno. Entre momentos magníficamente rodados, magníficamente narrados y magníficamente interpretados, se filtra una impostura que se acepta, curiosamente, por evidente. Esta familia se lleva mal, pero no tanto; hay un secreto oculto, pero tampoco tan oculto; el padre es un sádico... o no, porque yo lo veo como un tipo entrañable; la protagonista (¿protagonista?) lo pasa muy mal, pero juro que no sabría decir por qué; la narración está trufada de secundarios que no pintan nada, excepto figurar como caras visibles de ese "otro cine" al que Trier aspira, llevándose la palma una Elle Fanning cuya presencia no entiendo en absoluto. La cosa va así, porque hablamos de uno de esos exordios nórdicos, sobre los que Ingmar Bergman desplegaba sus cargas de profundidad donde el espectador menos lo espera, pero que al director de la estupenda (esa sí) LA PEOR PERSONA DEL MUNDO le viene grande. Y se nota en la liviandad de texto de Skarsgard y Reinsve, lo obvio de sus desafíos como padre e hija, incluso despreciando las posibilidades de una oscuridad aún mayor, apuntada en los primeros diálogos, de los que inmediatamente, por temor o desconocimiento, reniega. Por apuntalar lo del maestro sueco, hay un discutible montaje directamente sacado de PERSONA. No sé, muy poca cosa para nueve nominaciones, excepto los actores, que están magníficos, como decía; o quizás el tiro no vaya tan errado.
Lo que siempre digo ¿Se puede ver? Claro, e incluso la recomendaría ¿Es para tanto? Para nada.
Saludos.

lunes, 16 de febrero de 2026

Y les daremos su libertad



 Nada cambia, es un axioma, o un asfixioma. Pasan los años, sí, pero todo es lo mismo ahora que entonces. Los trabajadores se cansan, se cabrean, piensan mal y los patrones sienten cierta liviandad en sus bolsillos, no tan nutridos. Hay guerra. Un explotador lo es por la misma naturaleza de la palabra: esquilma recursos sin pararse a pensar en consecuencias, más que las económicas. El trabajador, llevado a la pobreza, es obligado a creerse inferior en la cadena, lo que lo incluye en un círculo vicioso que le hace ver las migajas como ventajas, la explotación como inconvenientes que no incumben a su clase, caso de saber a qué clase pertenecen. QUEBRACHO, de 1974, explica esto con meridiana claridad, partiendo de las explotaciones inglesas de dicho árbol en el Chaco argentino, a principios del siglo XX. Las primeras revueltas laborales, los precarios sindicatos y la creación (Oh, my!) de un grupo parapolicial por los políticos corruptos, para proteger la producción... y asegurar su voto. La película, algo tosca en la realización, sí capta con convicción esa tensión, perfectamente trasladable a cualquier ámbito y época. En un reparto coral, aquí Héctor Alterio aparece ya a la mitad, encarnando a un desagradable gerente británico, el típico imbécil que da la cara para que no se la partan a otros, pensando quizá que bien podría heredar la empresa, o qué sé yo lo que pasa por esas mentes privilegiadas. La película ha quedado un poco olvidada, cierto, lo que redobla la necesidad de recuperarla en momentos tan tensos como estos... aunque todo siga igual.
Saludos.

domingo, 15 de febrero de 2026

Rincón del freak #682: 1... 2... 3... light!...


 

Rodar pese a todo, despreciando la inexistencia de un presupuesto, aprovechándolo para expandir la propuesta sin ningún miedo al fracaso o la indiferencia. Es la base sobre la que se asienta ese "cine en los márgenes", difícil de hallar incluso en la era donde todo puede ser visto, con el que hay que tener sumo cuidado, pues esas apariencias amateurs pueden esconder precisamente eso, trabajos de escaso interés fílmico. A Joel Potrykus lo descubrí hace una década con THE ALCHEMIST COOKBOOK, en la que el sinsentido desaliñado del mumblecore daba paso a un inquietante y acongojante relato entre el folk-horror y el cine de exorcismos. Del mismo modo, en VULCANIZADORA, Potrykus relata el viaje de dos destartalados personajes, a lo largo de los bosques de Michigan, en un beckettiano deambular, que remite directamente al GERRY de Van Sant, en el que no conocemos con precisión su objetivo, que bien podría ser huir de la justicia, buscar un lugar mejor para vivir o simplemente grabar videos sin mucho sentido, como unos tiktokers de la era analógica. Lo inquietante de este film es ese punto de ruptura hacia el horror llegado el momento, igualmente absurdo; así como toda la deriva posterior de su protagonista, que podría ser el boceto para un psychokiller, un descenso a una mente dañada o la alegoría de esa banalidad del mal, que parece esperarnos agazapado tras cualquier esquina. Una película extraña, jodida de ver según la escena, muy consciente de la liga donde juega (la de pequeños festivales y exiguas exhibiciones), y que nos pone a prueba como espectadores en tanto que cazadores de sensaciones genuinas en un mercado saturado.
Gente sensible o sin paciencia, absténgase.
Saludos.

sábado, 14 de febrero de 2026

El espejo roto #28



 BÊTE NOIRE concita muchas de las virtudes de Black Mirror, pero también la mayoría de sus vicios, casi todos adquiridos. Es decir, que es comprensible lo difícil de estar dando saltos mortales constantemente, captar una atención mayoritaria, mientras se intenta no abandonar la vocación principal de llevar cualquier tipo de historia a una confluencia reconocible y homogénea. Aquí se nos cuenta algo no muy original, los rencores y envidias entre una profesional de la alta repostería y una antigua compañera de clase que oculta un oscuro secreto, que luego es reconducido acertadamente hacia una ciencia ficción, que por insólita nos avisa de lo complicado que va a ser anudarlo todo en menos de una hora de duración. Y efectivamente, el episodio se queda muy corto, apresurado, planteando un problema muy wtf (la literal alteración de la realidad), para rematarlo de la manera más burda y terrenal. O dicho de otra manera, expectativas demasiado altas para ser colmadas.
Saludos.

viernes, 13 de febrero de 2026

La familia feliz


Béla Tarr exponiendo, cuando nadie lo hacía, las bases podridas de su país; cualquier país, de hecho. Denunciando el machismo institucionalizado mucho antes del #MeToo. Sin filtros, sin endulzar nada. Adelantando los primerísimos planos que luego se adjudicaría, por ejemplo, von Trier; con largos planos secuencia, aún no tan virtuosos, para "arañar" algo de esa realidad tan esquiva. Filmando con sólo 24 años su primera película, NIDO FAMILIAR, con una madurez insólita, que asusta cuando regresamos a nuestro infantilizado presente de redes asociales y sumisión a la etiqueta. La problemática de la falta de vivienda merodeando un subtexto mucho más cruel, el de las mujeres sometidas, falsamente acusadas para encubrir la violencia doméstica, la hipocresía de las moralidades intachables, las violaciones. La cámara de Tarr es implacable, un bisturí que desecha la demagogia, enarbola la inocencia y pureza del plano sostenido. Y su discurso nunca es impostado, no busca enarbolar ninguna causa, y sí que nos avergoncemos de nuestros paraísos artificiales, que callemos de una puta vez y escuchemos al oprimido, al desposeído, al que sufre. Su cine nos refriega nuestra basura por la cara, nos obliga a mirar donde no queremos. Aquí está Pasolini, y los Dardenne, y Eisenstein.
Aquí están la vergüenza y la dignidad y la justicia, que también es el cine.
Saludos.

jueves, 12 de febrero de 2026

Envasado al vacío


 

Al vacío parece saltar Isaiah Saxon en su primer largometraje, THE LEGEND OF OCHI, una arriesgada vuelta a los modos del fantástico ochentero, pero sin renunciar a una mirada si se quiere menos ingenua y azucarada. Al menos cuando colisiona inevitablemente con los dos referentes, inevitables, insoslayables, como son el E.T. de Spielberg y los GREMLINS de Dante. De la primera recoge esa amistad surgida entre la niña protagonista y el pequeño y extraño animal, al que salva de una trampa, y con el que entabla una comunicación íntima; mientras que de la segunda, tenemos la amenaza que representa esta especie para los habitantes de una isla imaginaria, donde se orgamizan unas curiosas batidas de caza a las que asisten los jóvenes lugareños para ser aleccionados por un peculiar Willem Dafoe. Con una acogida tibia en Sitges, quizá por lo chocante de su arranque, el film se recompone con dignidad y convicción, recordándonos su naturaleza de "fantástico juvenil", con una ambientación y fotografía notables, unas interpretaciones cuanto menos dignas y decisiones de las que hay que congratularse, como una banda sonora al estilo clásico, que conforman un film mediante el que echaremos un ojo a su director en adelante.
Saludos.

miércoles, 11 de febrero de 2026

El país de las oportunidades


 

Tratamiento NBC: El esfuerzo es premiado. El rigor es imprescindible. Las reuniones son afables y cristalinas. Los contratos, justos. El periodismo es una religión. Dios bendiga América.
Tratamiento Tele5 (por decir algo): Levántate a las dos de la madrugada y acuéstate a las diez. Tu mejor noticia es una violación o un peluquín que sale volando, a elegir. Reunirte con tu jefe es en mitad de la calle, porque no eres digno de su plena atención. En el contrato hay una claúsula, muy pequeña, que habla de nosequé hace diez años con una tal Mari Juana ¿Quién habló de periodismo? América es una torre contruida a base de verdades que sólo conocen quienes la habitan.
Se cogen un par de huevos, apio, sal, pimienta, se echa en una sartencita y ya tenemos una frittata, aunque yo prefiero una buena tortilla de patatas con cebolla. Ni más ni menos, esa es la receta de MORNING GLORY, reverso con prozac de NETWORK, donde todo es muy divertido, incluso el abuso laboral, la mala praxis o la guerra sucia por las audiencias. Paradójicamente, el único personaje con algo de principios morales, interpretado por Harrison Ford, es transfigurado en un ogro gruñón y malhablado, mientras que Rachel McAdams intenta convencernos de que lo que mola es arrastrarte por una oportunidad, renunciando a eso tan secundario de tener una vida digna. No he sido del todo justo, porque aquí Diane Keaton es una secundaria que aparece poco, pero qué diablos, si hace de María Teresa Campos yanqui...
Jamás entenderé la filmografía de Roger Michell.
Saludos.

martes, 10 de febrero de 2026

Los buscadores


 

Vamos a ir desgranando los títulos que nos faltaban de las nominaciones a los oscar, antes de que nos atropelle el certamen, afirmando de antemano que me parecen las más equilibradas y cabales de los últimos años. La gran noticia para nuestro cine ha sido la doble inclusión de SIRÂT, avalada por un lado por su gran acogida en Cannes, pero sin olvidar la influencia de El Deseo, que no debe ser poca. Bien por Oliver Laxe, que proviene de un cine de bajo presupuesto y altas ambiciones, que aún es capaz de proponer en este film bello, como siempre ha sido su cine, brutal también, pero irregular en la escritura, que se acoge a la exposición paisajística cuando llega a un cuello de botella que estrangula su "gran relato expansivo". Curiosa analogía (intentando no desvelar nada), porque el argumento se basa en el arrinconamiento de un entorno hostil e indiferente a las cuitas y sinsabores humanos, sean estos buscar a una hija perdida o ir a una rave a bailar. Aciertos y errores que quedan equilibrados a lo largo de una primera fascinante, de narrativa clásica y una fantasmal fotografía de Mauro Herce, que me parece incluso superior al notable trabajo de sonido. Difícil adentrarse en este film por cauces normativos, por ello es notable en la experiencia lisérgica, mientras se ve forzada la esterilidad de un relato que, literalmente, se despeña diríamos que conscientemente. 
¿Es buena? Sí ¿Las tiene mejores Laxe? También.
Saludos.

lunes, 9 de febrero de 2026

Confecciones El Gaitero


 

Y se fue otro grandísimo actor, Héctor Alterio, siempre a caballo de España y Argentina, con ese carisma tan natural que le hacía sobresalir aun siendo un secundario y brillar como protagonista. Uno de esos rostros "que siempre estuvieron ahí", con una filmografía sencillamente inabarcable, y cuyos comienzos, además de tardíos, creo que no son tan valorados como sus títulos de madurez. Nos embarcamos, por tanto, en un apasionante homenaje a un intérprete inigualable, y que nos sirve para repasar varias décadas de cine a un lado y otro del Atlántico. Y me parece de justicia abrir con EL HABILITADO, una de las primeras películas del malogrado Jorge Cedrón, que tuvo que exiliarse por sus filiaciones peronistas y halló la muerte en extrañísimas circunstancias en París, con sólo 38 años. La historia, rabiosa y doliente, nos incrusta en la dualidad de Mar del Plata, ciudad abarrotada de vida pero con un submundo, el del lumpen, que es aquí registrado en el subsuelo de una fábrica textil, donde varios empleados conforman una especie de extracto, entre el esperpento y lo tragicómico, sujeto a las crueles chanzas que se lanzan entre sí y el consiguiente arrastrado lameculismo al dueño, cada vez que éste se digna a visitar a estos "olvidados". Allí trabaja Manuel, exiliado asturiano, de pocas habilidades intelectuales, que traba algo parecido a la amistad con el más joven de la cuadrilla, disidente y saboteador, pero al menos aún no contaminado por ese clima de chabacana sumisión. La interpretación de Alterio merece un aparte, y la lástima es que el protagonismo esté tan repartido, porque literalmente borda a ese pobre hombre, siempre agarrado a una escoba, sometido a su carencia de entendimiento y la idealización del patrón, figura metafórica de un estado al que sólo le interesaban sus súbditos si les reportaba beneficios. Con algo del absurdo desgarrado de Beckett y la socarronería de Torre Nilsson (a la postre el maestro reconocido de Cedrón), este desencantado fresco sobre un tiempo y unas gentes, tan particulares como significativos, constituye un documento importante de la dictadura que, por ejemplo, empujó a su autor a esparcir los originales de algunas de sus obras entre los pocos conocidos en los que confiaba. Felizmente, estos originales han sido magníficamente restaurados por su hija Lucía en un espectacular 4K, que nos devuelve una voz única, muy desconocida y por tanto muy recomendable. No fue la única colaboración entre Cedrón y Alterio, pero esa es una historia que pretendemos contarles en algún otro momento...
Saludos.

domingo, 8 de febrero de 2026

Rincón del freak #681: Notas para sobrevivir al fin de la humanidad en plena transición democrática


 

Imaginen que el futuro es 1989, porque la producción de ESPECTRO (MÁS ALLÁ DEL FIN DEL MUNDO) es de 1978, y hasta ahí llegamos. El futuro en la era de la UCD eran dos hermanos de Calatayud que van a batir el récord de permanencia bajo tierra con dos cuerdas, unas latas de berberechos y un cartón de vino tinto. La idea es llegar al centro del orbe y quedarse allí unas semanas, pero nadie contaba con que los dos hermanos se llevan como el culo, porque uno es prudente y socialista y el otro un gañán que añora al tito Paco. Mientras, en la superficie, se suceden escenas random, como la de dos amigos que entran en una tasca y el tasquero les pone "lo de siempre", que es una botella de Freixenet Carta Nevada, a la que invitan a una señorita que ha puesto el último éxito de Dyango, y que acabará en la cama con uno de ellos, que para eso es el destape. Cuando los dos hermanos (tras escupirse toda clase de reproches) salen al fin, descubren que allí no queda ni perry, que la gente se ha quedado como maniquíes en una fiesta, el agua está turbia y las conservas petroleadas. Luego salen monos, pero yo creo que lo mejor es la científica que invita a los susodichos a merendar, que bien podría haber sido la del medio de Las Grecas. Total, que el fin del mundo era eso, pero a mí me da mucho más miedo otra peli de Esteba, donde salían los hermanos Calatrava. Les invito a que la busquen...
Saludos.

sábado, 7 de febrero de 2026

El espejo roto #27


 

Me había quedado pendiente ponerme con la T7 de BLACK MIRROR, cosa que subsanaremos a lo largo de las próximas seis jornadas sabatinas, pues seis son los capítulos que componen este nuevo acercamiento a unas "ciencia ficciones" más reconocibles y cotidianas de lo que parecen. Y el episodio que lo inaugura se titula "Common people", como la celebérrima canción de Jarvis Cocker y compañía. Hay que celebrar una mayor cohesión en el relato, optando por cerrar el campo de acción (lo que termina por ser crucial), en lugar de dispersarse en ambiciones desmedidas. La historia nos habla de una pareja de mediana edad, Mike y Amanda (estupendos Chris O'Dowd y Rashida Jones), que llevan una vida muy normal y muy enamorada; que quieren tener un hijo, aunque ya puede ser un poco tarde, y cada año celebran su aniversario en el mismo lugar, que es cutre, pero es "su lugar". Entonces, sin previo aviso, Amanda se desvanece. Tiene un tumor que casi no le da esperanzas de vida. Y Mike, que no sabría vivir si ella faltara, se derrumba. Y entonces llega una señora muy sonriente y muy bien vestida que podría ser la solución a un problema tan sumamente grave. Sí, podría serlo; y lo es, de no ser que el mito de Fausto no tiene nada de mito, y hoy día nos rodea en forma de pólizas, hipotecas, seguros y otras cosas que emergen mágicamente desde el reino de la letra pequeña. Mike es soldador, Amanda es profesora de primaria, y tienen una cuna en el trastero, pero quizá, en poco tiempo, tengan que venderla; y a lo mejor no van a poder permitirse una miserable hamburguesa en ese local cutre; y quién sabe si tampoco alcance con las horas extra y para poder vivir, paradójicamente, haya que vender la propia vida. Y lo más triste de todo (y Brooker lo sabe) es que todo esto está narrado en un doloroso y petrificado presente...
Saludos.

viernes, 6 de febrero de 2026

La razón



 ¿La razón la tiene el que la tiene? ¿el que la sabe vender? ¿el que la camufla, la ostenta, la engancha de una pena que puede ser nostálgica, reparadora, intocable? Es el gran tema del cine de Béla Tarr, que nos dejaba hace pocas fechas, aunque como él mismo nos advirtió antes de ello, ya no quería hacer más cine. El gran maestro húngaro, imposible compararle, imprescindible buscar su inabarcable influencia. El maestro que huía de las cátedras y los dogmas en esta piltrafa de sociedad de la posverdad, donde la razón es menos que una puta, apenas un niño que yace con la cabeza machacada mientras la gente continúa su camino con indiferencia. El maestro que no paraba de aprender, por eso esa curiosidad infinita en sus imágenes, evocando esa fragilidad de la vela encendida en mitad del temporal, que, a diferencia del incomprensible optimismo que nos rodea, él filmaba hasta que se apagaba. Tarr puso en imágenes el desconcierto de los derrotados, la rabia del moribundo y la belleza de la mugre, del mismo modo que su compañero, amigo y colaborador, László Krasznahorkai lo implementa en sus soberbios párrafos inacabables, los más hermosos de la literatura europea reciente. En este año pasado de tantísimas pérdidas, uno se fue y el otro era justamente encumbrado; y ni una cosa ni la otra impedirá que los que quieren llevar la razón a toda costa sigan adornando sus salones con las cabezas de los desposeídos del mundo que ellos mismos han construido. Nos ponemos por tanto con Tarr, con lo suyo que nos quedaba por comentar. Y lo primero que hizo fue HOTEL MAGNEZIT, un corto que apenas pasaba de los diez minutos, en el que un grupo de hombres discutía en la miserable pensión en la que conviven sobre la conveniencia de expulsar a un anciano, veterano de guerra, al que acusan de haber robado un motor. La miseria, la dignidad, las razones...
Saludos.

jueves, 5 de febrero de 2026

Providencia


 

El monólogo interior pocas veces ha estado bien representado en un medio tan expositivo como el cine. O debemos irnos a farragosos experimentos (casi siempre apoyados en lo surreal), o bien es tomado al pie de la letra (la socorrida voz en off), que nada tiene que ver con lo dicho. Ejemplos excelsos hay algunos (Resnais, Lynch, Bergman, por ejemplo), pero se me ocurren muy pocos tan originales, arriesgados y entusiastas como el del último regalo de esos dos imprescindibles que ya son Cattet y Forzani. En su constante relectura de géneros, donde entra el thriller, el giallo o el melodrama exacerbado, los cineastas belgas se reinventan y superan con REFLET DANS UN DIAMANT MORT, maravillosa mezcla del PROVIDENCE de Resnais, pasado por el tamiz de Hergé, sazonado con el ALPHAVILLE de Godard y coronado por un desenlace tan sorprendente, emocionante y sensible como el de MULHOLLAND DRIVE. Todo eso cabe en 90 minutos en los que la belleza formal se queda ya corta de adjetivos, dando paso a un ejercicio casi buñueliano de símbolos a los que cabe estar atento forzosamente, sin dejarnos llevar por su, insisto, bellísima colección de estampas pulp, como si se hubiese desplegado ante nosotros un fastuoso álbum que remitiese a una niñez añorada largo tiempo. Por si fuera poco, tenemos a un impagable Fabio Testi (quién me lo hubiese dicho) encarnando a un taciturno agente secreto retirado, que a lo mejor es otra cosa , o él se imagina serlo, o sólo no está mostrando lo que le hubiese gustado ser, o nadie es quien debería...
Entiendo a quien no esté preparado para algo así.
De lo mejor de este Sitges.
Saludos.

miércoles, 4 de febrero de 2026

Tócame, Roque...



 THE FAMILY STONE, de 2005, no es la peor película en la que Diane Keaton estuvo ya al final de su carrera. Dicho esto, esta chorrada navideña dispara en todas direcciones con balas de fogueo. La familia unida pero diversa, liberal y democrática, con un hijo gay y una madre que tiene un cáncer terminal, que se reúnen junto al arbolito, y que también está la hija borde y otra repleta de hijos, un padre cuyo mayor argumento es mirar hacia abajo y otro hijo más (que aquí no se pierde el tiempo) con la evidente profesión rarita (montar pelis) y el mayor, que viene con su prometida, una pija tonta, que no para de provocar momentos incómodos. Todo bien para terminar mezclando a unos con otros (menos a los gays, claro) y rubricar con música de la de llorar. Una tontería que no está mal rodada, sólo es una tontería, y que además desaprovecha un reparto de ensueño, con Claire Danes, Rachel McAdams, Dermot Mulroney o Elizabeth Reaser, por ejemplo. No sé dónde querían llegar con esto, pero no me reí ni una sola vez, y creo que es una comedia...
Saludos.

martes, 3 de febrero de 2026

La casa del náufrago


CARTAS DE UN HOMBRE MUERTO es a la ciencia ficción lo que una crónica sin intereses espurios a una realidad que se mueve demasiado deprisa para ser comprendida en su totalidad. Todo lo contrario a lo que tan alegremente consumimos hoy día, imágenes y secuencias tan veloces que no permiten una crítica reposada y ecuánime. Lo tomas o lo dejas, aunque da igual, el propósito no digerir nada para desconocer si es bueno o malo. Lo vemos a diario con el fascismo a cara descubierta de Estados Unidos, que nos ha explotado en las narices como si no lo hubiésemos visto venir; ya lo tenemos aquí, y sólo hay una respuesta, el combate. Konstantin Lopushansky filmó su mejor película en plena crisis nuclear entre las dos grandes potencias allá por 1986; un angustioso, claustrofóbico y nihilista canto de derrota, asumida e inevitable, que representaba a una humanidad diezmada por el cataclismo nuclear, que sobrevive como ratas en bunkers subterráneos. Seguimos a Larsen, un viejo profesor, que no pierde la esperanza de que la humanidad aún pueda resurgir, por lo que envía cartas a su hijo a la superficie, aun sabiendo que no hay posibilidades de que haya sobrevivido al invierno nuclear. Mientras cuida de su esposa enferma, que sólo quiere morir de una vez, es incapaz de encontrar a nadie que comparta sus esperanzas, pues lo toman sólo por un pobre hombre que ha perdido la razón. La paradoja de este extraordinario guion está en esa imposibilidad de que podamos empatizar con este hombre, porque también somos conscientes de que no hay nada que hacer, excepto esperar, languidecer y morir. Igual da para ello un búnker soviético, un resort en Gaza o las calles heladas y manchadas de sangre en Minneapolis...
Saludos.

lunes, 2 de febrero de 2026

Hombre en fuga


 

Habrá más de Robert Redford en un futuro, supongo, pero detenemos este amplísimo repaso a uno de los iconos incontestables del cine de los últimos sesenta años con la que fue, claro, su última película. Hablamos de THE OLD MAN AND THE GUN, que establecía una curiosa correspondencia entre el actor, que se despedía de su profesión, y el personaje que interpretaba, un veterano ladrón de bancos incapaz de dejar esa actividad, la única que le daba un motivo para seguir adelante. Estamos ante una película pequeña, intimista, en la que David Lowery vuelve a mostrarnos su cine sin grandes ruidos, atento a esos movimientos cotidianos para dibujar una figura extraordinaria, pero que se sabe normal y corriente. Redford era Forrest Tucker, que existió realmente, que llegó a fugarse dieciséis veces de prisión, y que robó su último banco con 80 años. Y le presta su mirada de simpático inconformista, un embaucador que robaba sin usar la violencia y tenía ese halo romántico e indescifrable del que no espera nada de la sociedad, mirándola con el desdén de una sonrisa ensayada. Fin de todo, de una enorme carrera cinematográfica, de una época en la que aún se podían robar bancos, y a lo mejor de una manera de entender el cine que huye del exhibicionismo, que prefiere contar una historia cualquiera, la misma que Redford le cuenta a una embelesada Sissy Spacek, no para que le crea, o a lo mejor sí...
Esto de las películas no será lo mismo sin él.
Saludos.

domingo, 1 de febrero de 2026

Rincón del freak #680: Miedo a coger el tren


 

Lo bueno de tener un blog, mientras imbéciles que no distinguen un "ahí" de un "hay" mongolean en las rr.SS, es que uno puede poner lo que le salga de las pelotas sin temor a represalias; será por la ínfima repercusión o por lo que sea, pero al menos se puede señalar la miseria moral lentejista, con la total seguridad de que cualquiera de estos escuadristas nos come las gónadas por detrás. Miserables rentabilizando a los muertos, mientras un tipo tiene que renunciar por las presiones por hacer una parodia de los carroñeros. El tren ha descarrilado, efectivamente, pero que la desgracia sirva para desenmascarar a los que han hecho de la amenaza y el acoso su desgraciado modo de vida. Dicho esto, poco más, porque traer hoy una cosa tan rara y olvidada como THE MIDNIGHT MEAT TRAIN obedecía a motivos evidentes. No hace mucho que leí el relato de Clive Barker en sus "Libros de sangre", donde abundaba en sus obsesiones "cenobitales", esta vez imaginando un misterioso tren subterráneo, donde un no menos enigmático carnicero iba dando matarile a todo quisque, convirtiendo los vagones en un tétrico desfile de cuerpos colgando de ganchos. La película, fallida por tomarse en serio, no conjuga bien la truculencia propuesta por Ryûhei Kitamura (que debutaba fuera de Japón) con un guion cansino y repetitivo, porque el relato daba para poco más. Si acaso, destacaba el curioso reparto, con un Bradley Cooper aún lejos del estrellato, Vinnie Jones cambiando las patadas por martillazos o una ya madura Brooke Shields convenciéndonos de que quedaba bien como figurante. Gore cutrísimo, alguna idea interesante y poco más para otro ejemplo de que Barker y el cine nunca han casado bien. Como la decencia y el prime time, vaya...
Saludos.

... ¿Y todo esto lo ha hecho usted solo?...
No, necesité estar rodeado de siete mil millones de personas...

¡Cuidao con mis primos!