miércoles, 14 de mayo de 2008

Fascinación y divinidad

Fijando poco a poco la propuesta indéfila diremos: "estaremos siempre al lado de los grandes porque ellos siempre estarán al lado de los grandes..."
O más o menos.
La luz que acompaña al alucinado sueño que es SUNSET BOULEVARD tiene algo de enfermizo, de aire encerrado, de agua muerta. Al final, tras un descenso de escaleras que encierra mil posibilidades de análisis, esa luz se torna borrosa por los flashes que dan la despedida a Norma Desmond en su última actuación.
No creo que Billy Wilder, probablemente el director más agudo de la historia, pretendiera un ejercicio de nostalgia gratuita, ni chantajear a una generación perdida de estrellas, ni siquiera su personal y ácida visión del género negro.
Es posible que sea ésta la venganza filmada de un genio al que nunca se le permitió dar rienda suelta a su poliédrica visión del mundo, un creador como pocos que dio siempre mil vueltas para evitar la censura, incluso formó insólito tándem con Charles Brackett, guionista conocido por su talante conservador, lo que le permitió evitar la caza de brujas.
Las críticas a SUNSET BOULEVARD fueron devastadoras por parte del organigrama hollywodiense, que se vio reflejado y ofendido hasta la médula, mientras el público aclamaba una obra que estaba destinada a pasar a la historia del cine.
Porque es cine dentro del cine, pero desnudo, sin paños calientes, llamando a los indeseables por su nombre y destapando la hipocresía vivida en los años que consolidaron al sonoro.
No diré nada de las interpretaciones porque tanto Gloria Swanson como William Holden están simplemente magistrales, en uno de los duelos interpretativos con más matices que puedo recordar. En medio, un inquietante Erich von Stroheim que se erige como testigo mudo de la decadencia que terminará por consumir a la estrella olvidada.
Maravillosa.
Un saludo.

1 comentario:

Capri c'est fini dijo...

Bueno, total coincidencia con tu entrada... Un abrazo.

... ¿Y todo esto lo ha hecho usted solo?...
No, necesité estar rodeado de siete mil millones de personas...

¡Cuidao con mis primos!