Un promotor de boxeo, una autocaravana, un ex KGB, un ladrón ludópata, un mafioso con querencia porcina, tres muertos de hambre y un perro que se ha tragado un patito de goma, un judío que no es judío pero cree que es judío, un tipo que recibió seis balas y usó dos para completar su dentadura, un gitano ininteligible y un gigantesco diamante, tan valioso como escurridizo. Esa ensalada imposible le sirvió a Guy Ritchie para conformar la que creo que es su mejor película; un bombástico cruce entre el thriller desordenado de Tarantino y un sentido de la comedia puramente británico. Grotesca, hilarante, por momentos brillante, SNATCH es esa película que un director consigue rodar una sola vez, pero que es mejor que abandone inmediatamente como modelo, bajo la amenaza de autoparodiarse. A ello contribuye decisivamente un reparto absolutamente estelar, que incluía a grandes nombres como Brad Pitt, Benicio del Toro o Denns Farina, un por entonces emergente Jason Statham, y grandes sorpresas como el entonces desconocido Stephen Graham y un Vinnie Jones con una vis cómica que no vimos venir, básicamente por ser un rompetibias en la Premier. No es que fuese el colmo de la originalidad, y su discutible montaje tiene momentos que pueden hacer sangrar pupilas poco entrenadas, pero si no se le pide más de lo que puede ofrecer es uno de esos títulos que ha conquistado su lugar por derecho propio. A lo mejor es que estábamos ante un One Hit Wonder y no nos dimos cuenta.
Saludos.