miércoles, 2 de abril de 2025

1x2


 

Pronostico que Drew Hancock acabará haciendo algún episodio de alguna serie escondida en algún lugar de la comarca de Netflix. Lo digo por lo bien que explica una película como COMPANION algunos de los vicios más repetidos en un audiovisual cada vez más impersonal y desmenuzado. Es una nueva (otra) oportunidad perdida, con la que ensayar ese género tan complicado como es la sátira, donde uno no debe tener miedo de sus propias limitaciones, tan sólo de no ser capaz de reconocerlas, abundando en un discurso aparentemente rupturista, pero conmovedoramente conservador, y por tanto ingenuo. La premisa no es el colmo de la originalidad, apuntando hacia el excitante terreno de las inteligencias artificiales, condensado en la figura de Iris, una especie de robot diseñado para satisfacer las necesidades de su dueño, pero que es manipulada para cometer un crimen que desencadenará una serie de acontecimientos incontrolables. Si no se es demasiado exigente, podría haber sido un entretenimiento digno, pero el montante se viene abajo con unos personajes que simplemente te dan igual, una excusa argumental cogida con alfileres y una rutinaria dirección, donde cada plano por venir es perfectamente predecible. Se puede ver, ya digo, como ese producto indoloro de consumo rápido, el problema es que nos lo encasqueten como el novamás en clave de comedia negra, que no es más que constatar la cortedad de miras de una industria con exceso de grasa superflua, contentando a consumidores de cómida rápida.
Puede que tenga el récord de clichés amalgamados en el menor tiempo posible.
Saludos.

martes, 1 de abril de 2025

La mujer invisible


 

Me pregunto qué aporta una película como LA INFILTRADA ahora mismo, no digo ya para alzarse con el Goya, que confirma el paupérrimo nivel de los "selectores de contenido", con una mochila tan pesada a sus espaldas que parece un chiste hablar de "fiesta del cine", más acertado sería "festín del algoritmo". Apenas visibilizar la epopeya de Aránzazu Berradre (nombre falso, por supuesto), que estuvo casi una década como agente infiltrada en E.T.A., con la entregada actuación de Carolina Yuste, que es lo más diferencial en una realización plana, rutinaria, incluso diría que tímida, aferrada a un canon empeñado en normalizarlo todo, hasta llevarlo prácticamente a una "amabilidad televisiva". Estamos ante un producto teledirigido, encaramado a una peana de superioridad moral que no me gusta un pelo, pero que al menos no derrapa en el terreno al que de verdad pertenece, el del policíaco circunspecto, agradecido como relleno "de calidad", pero que es, siempre será, papilla industrial para espectadores con poca paciencia.
Saludos.

lunes, 31 de marzo de 2025

Solo de batería


 

De tener una función, creo que THE MONKEY viene a confirmar las sospechas de que Osgood Perkins es, más que un buen director, un "diseñador de estados de ánimo", con una manera de encarar sus proyectos que puede entusiasmar e irritar a partes iguales. No daba para tanto el relato de Stephen King, ni siquiera para unos 90 minutos que se eternizan asombrosamente pronto, teniendo en cuenta que no hay nada remotamente sorprendente en esta desequilibrada amalgama de gore, comedia negra y, como es habitual en Perkins, ese resentimiento paternal espolvoreado sin ningún disimulo. Ya no es que, efectivamente, no logre superar sus propios límites autoimpuestos, sino que su sentido del humor no encaja ni en lo distorsionado ni lo impactante, empujando al film hacia una huida constante, en la que los personajes no tienen peso específico, mientras a un actor tan sumamente limitado como Theo James se le da un carácter omnipresente que, claro, le queda enorme. Que esté bien facturada me parece un argumento muy pobre para ensalzar una película anecdótica, de no ser que nos viene a señalar el extraño criterio, casi mantra, que de alguna manera impone al pobre espectador, mientras es zarandeado por algoritmos sin sentido, una especie de "autoría", que ya es el colmo del conductismo posmoderno y cuqui.
Es un episodio normalito de Creepshow, pero estirado sin motivo aparente. Para echar la tarde y poco más.
Saludos.

domingo, 30 de marzo de 2025

Rincón del freak #641: El mejor presidente de la Historia


 

La anécdota es verídica por absurda, como si la hubiese escrito Forges, y la traigo aquí por ser día de derbi, con un trasfondo que podría haber escrito Gila. Y es que en la red social del aspa, encuéntrome un gajo precariamente redactado de un señor apellidado Bukele, que pasa por ser presidente de una nación desangrada por su enclave geográfico, privilegiado en lo panorámico, pero masacrado por fruslerías diplomáticas. E imaginen a este señor, cual (y viene al pelo) bruja de Blancanieves frente al espejito, preguntando a un tal Grok (que a mí me suena a villano de Corben), en un ejercicio de autofelación sin precedentes, si había existido algún regente internacional más eficiente y mejor valorado que él mismo. Como no he de fiarme ni tantito de una IA que suena a eructo afgano, presto contesté que sus métodos de criba gruesa iban a la mano con los de un tipo que empezaba por Adolf y terminaba por un pret-a-porter de Hugo Boss. Imaginen el enfado, caso de que las IA tengan derecho a enervarse, que no tardó ni un segundo en elaborar una respuesta dirigida a mi humilde persona (yo, sí, de carne), en la que venía a decir que, hombre, tanto como Hitler era exageradillo, por mucho que ambos se pasaran los derechos humanos por el Golfo de Fonseca, a lo que, haciendo uso de mi mayor capacidad de sarcasmo, re-respondí que le añadiera a Himmler, caso de haberme quedado corto. Pasada la sorpresa de comprobar que no hay diferencia entre la idiotez de una disertación en X con una máquina o un Homo Sapiens, una señora decía, en la cuenta de un cocinero que me entusiasma especialmente, que a ella le encanta que le cocinen (aquí el laísmo madrileño habría dado en el clavo), lo que disparó una idea en mi cabeza, recomendándole un fantástico destino para ello: Papúa/Nueva Guinea. La señora, en arrebol sincerísimo y entiendo que currado, me da unas escuetas gracias, sin sospechar que el billete para territorio caníbal viene a ser de unos 1200€ de nada. 
Así da gusto hablar de IL ÉTAIT UNE FOIS LE DIABLE, engendro gabacho inenarrable, en el que un nazi con careta y cuchillo de goma se alía con una gitana para el transporte de féretros y saqueo de Renault 12. Mientras, un potro salvaje y zahíno perturba a una muchacha en camisón, mientras vuelan rayos que he visto mejor diseñados por Cruz Delgado, aunque la palma se la lleva una momia que luego vi en un video de Daft Punk, mas un septuagenario con nariz encndida por el Calvados, que dispara a la nada, que es gastar munición como Artaud desperdiciaba los domingos. Más cine, por favor, que decía Luis Eduardo...
Saludos.

sábado, 29 de marzo de 2025

Los príncipes gitanos


 

Durante nueve años, seis temporadas, PEAKY BLINDERS resignificó el thriller gangsteril, vía británica, trasladándonos al Birmingham de principios del XX, para conocer a los Shelby y su imperio construido a sangre y fuego. Muchas cosas a reseñar, como el impecable trabajo de Steven Knight, a la hora de crear toda una simbología que se va haciendo constante, familiar, en esa vorágine de ritos y supersticiones, venganzas y odios, con unos personajes que hacen honor al "vive rápido, vive salvaje", entre lingotazos de whisky, tiros de coca, chutes de heroína o polvos bien guarros. Los "Peaky Blinders" (llamados así por sus mortíferas gorras), gitanos apegados a códigos ancestrales, impelidos por una fuerza mártir, que los enfrenta a todo el mundo, desde la policía a otros clanes, gangsters, traficantes o políticos, nadie los tolera, y todos acabarán sucumbiendo de una u otra forma. El otro punto fuerte, las interpretaciones, con un inmenso abanico de personajes, todos orbitando alrededor de esa figura semidemoníaca que es Tommy Shelby (Cillian Murphy en plan bestia parda), sobre cuyos infinitos hombros de superviviente de la WWI (y sus traumas y temores) se cimenta esta epopeya bañada en las calles más sucias de toda Inglaterra, donde puedes oler y temer y desear y pasar a mejor vida en un pestañeo, en la que es una de las series más sólidas e incontestables de la última década.
Perdérsela no tiene perdón...
Saludos.

viernes, 28 de marzo de 2025

Películas para desengancharse #137


 

Y SPARTACUS, o la película tras la que hacer peplums debería haber dejado de tener sentido. Espectáculo total, desafío al normativismo impuesto por las majors, bomba de elocuencia humanista en mitad del repugnante vasallaje de la caza de brujas en Hollywood, o simplemente el nuevo aldabonazo de un director sin límites y que expandía las claves para la renovación del cinematógrafo, usando su dominio del lenguaje clásico. Apenas hay que ensayar un ejercicio de imaginación, para detectar, en las mínimas escenas rodadas por Anthony Mann, cómo el canon se diluye en manos de Kubrick, apabullante en la armonía que logra entre un intimismo que va de lo tierno a lo atrevido (consigan la versión con la escena de los caracoles), y un despliegue en la épica que, haciendo cabriolas con mi mala memoria, y obviando al inalcanzable dios Griffith, sólo he visto igualar a Gance y Bondarchuk, que viene a ser la cátedra definitiva sobre cómo escenificar una batalla a campo abierto. Es una película demasiado grande, que te mira desde arriba para seguidamente, como el propio Espartaco, posar su mano de camarada en tu hombro y mirarte de igual a igual. El guion de Dalton Trumbo se abrió paso, incluso remarcando mucho de lo ya apuntado en la extensa novela de Fast, que es proclive a la confusión de críticos miopes, cuando no embrujados por esta colosal demostración de poder retórico. Para la historia, la mejor composición de Alex North (ese prólogo en negro...); la voladura de cabeza de Russell Metty, que ganó con todo merecimiento el oscar, y que rezuma una modernidad que es jodida de encontrar en aquella época (hablamos de 1960), descubriéndonos muchas de las obsesiones visuales que posteriormente plagarían la filmografía de Kubrick. Y luego está ese reparto, que es como ir a una partida con un repóker, o qué sé yo. Si icónico, tallado en bronce, ha quedado el Espartaco de Kirk Douglas, todo integridad, fiereza, humanidad, paradigma de la imposible lucha del individuo contra los poderes fácticos; parece una broma ridícula aunar a un incipiente Tony Curtis, el grandísimo Woody Strode (inmortal su escena de lucha), una Jean Simmons que nunca estuvo tan repleta de matices, un terrorífico Laurence Olivier perdiendo los estribos en lo que no puede ser más que una obsesión de amor y odio hacia ese enigmático esclavo tracio, con un aparte al tándem compuesto por Peter Ustinov (ganador también del oscar) y Charles Laughton, para los que cualquier apreciación que yo pueda hacer quedaría incompleta. SPARTACUS, de ser algo, es ese puente entre lo clásico y lo rompedor, un manual y una oportunidad dorada que nos indica una deriva para el cineasta que quiera pensarse como inconformista, aun a sabiendas de que "este cine" parece pertenecer a una órbita inalcanzable en estos tiempos de sonidos enlatados e imágenes autocensuradas.
El cine vive libre o no vive.
Obra maestra absoluta e intemporal.
Saludos.

jueves, 27 de marzo de 2025

Sin cabos sueltos


 

El final, deliberadamente abierto por abrupto, auspiciaba una inevitable secuela que abrochara la cruzada, casi personal, de "Popeye" Doyle contra el escurridizo Charnier. THE FRENCH CONNECTION II llevaba a Doyle hasta el mismísimo corazón de una Marsella amenazadora, decrépita, que se convierte en una trampa mortal para el curtido detective neoyorquino. Película difícil, sin apenas narrativa, apoyada nuevamente en la descomunal interpretación de Gene Hackman, la inquietante brevedad de un fantasmal Fernando Rey, mas la estupenda aportación de Bernard Fresson, que da una estimable réplica a Hackman. A mí me sigue pareciendo un gran policíaco, que complementa lo visto en la primera parte, sin pecar de oportunista, aprovechando las posibilidades de ese cuerpo extraño trasplantado a un hábitat que cree dominar, pero acaba engulléndolo. Esto es patente, sobre todo, en el angustioso proceso en el que Charnier convierte a Doyle en improvisado yonqui, anulando por completo su voluntad. Ver ambas en sesión doble es una experiencia que recomiendo vivamente como plan de fin de semana.
Saludos.

miércoles, 26 de marzo de 2025

Apenas un punto


 

Sin rodeos, les ahorro el suplicio de merendarse las más de dos horas de THE SHADE, que a duras penas llega a "producto fílmico", que no película, y que ni siquiera logro recordar cómo llegó a mis manos. Supongo que pasaría por un sentido retrato sobre la pérdida, la depresión y el suicidio como salida, esta vez encarnado todo en unas presencias sobrenaturales que ni siquiera se molestan en explicar mínimamente. Da igual, porque se trata de un supuesto film de terror, pero en realidad son escenas interminables de gente hablando un poco al azar, y que al menos demuestran lo deprimente que es vivir en un pueblito del medio Oeste, donde las fogatas con nubecitas (aquí los malvaviscos son otra cosa) y cerveza equivalen a un ocio decente. Y poco más, ya no les mareo rellenando esto con incongruencias, porque cualquier justificación sonaría a broma pesada.
Saludos.

martes, 25 de marzo de 2025

Un policíaco kafkiano


 

Me pregunto qué habría sido de REBEL RIDGE de haber tenido media horita menos. Lo primero, que seguramente no habría ido directamente a un catálogo (Netflix), en el que se ha diluido entre thrillers mediocres y acción vacua, que es lo imperante por aquellos lares. El nuevo film de Jeremy Saulnier llega indemne hasta la hora y cuarto, más o menos, con un arranque magnífico, que presenta personajes sin esfuerzo, plantea un preámbulo magnético y comienza a atar y desatar cabos con insultante facilidad, la de un director y guionista que te lleva a lugares sórdidos, pero con los pies muy bien asentados en el suelo. Magnífico está Aaron Pierre como ese fascinante combatiente total, que sin embargo siempre intenta ir por el lado civilizado, aunque no se lo ponen fácil desde ese inicio sin solución de continuidad, en el que unos agentes le confiscan el dinero con el que va a pagar la fianza de su primo, lo que inicia una carrera contra el tiempo, pero sobre todo contra una burocracia cuyos absurdos métodos no hacen más que encubrir a un cuerpo policial corrupto como ni es capaz de imaginar. No son problema ni lo arquetípico de la mayoría de personajes, ni exponer con tanta claridad las claves de la trama; lo es el hecho de llegar a un punto en el que el ritmo se resiente, curiosamente por no abandonarse a la locura (como sí ocurría en BLUE RUIN o GREEN ROOM), como si Saulnier se disculpara por los cristales rotos y se viese obligado a sobreexplicar lo que, ya digo, es cristalino. El film tiene momentos brillantes y de gran tensión acumulada, pero se queda como un trabajo correcto, paradigma de un cierto tipo de "acción realista" que cala desde hace algunos años. Merece la pena, pero este director es capaz de bastante más.
Saludos.

lunes, 24 de marzo de 2025

En la pupila del aligátor


 

Cerrando ya las nominadas a mejor película en los oscar, nos topamos con el ya habitual título que parece metido con calzador, sea por cubrir cuotas necesarias, aportar algo de riesgo en lo formal o simplemente demostrar la desorientación y/o cortedad de miras de una academia que cada vez parece más un claustro inexpugnable. Sinceramente, no tengo ni pajolera idea de qué pintaba ahí NICKEL BOYS, una película desesperantemente empeñada en regodearse en sus aspectos arty, mientras machaca con su insoslayable discurso de denuncia, en este caso hacia los abusos cometidos en un reformatorio de Florida a mediados de los años sesenta, con un estilo tan aleatorio que cuesta trabajo empatizar con sus dos protagonistas. A ello contribuye el incomprensible recurso de "cámara subjetiva", que nos obliga a ver sólo a uno de ellos, como si realmente estuviésemos en los ojos de un interlocutor. Me parece demasiado larga, deslavazada, repleta de maravillosas intenciones morales y con algunos momentos de gan belleza, pero que patinan al intentar conformar un todo cohesionado y reconocible. Incluso le atribuyo la disculpa de una ingenuidad que desborda su excesivo metraje, maridando imposibles como el peor Terrence Malick, los inalcanzables frescos de Linklater o aspirar a reproducir la arrolladora fuerza de Steve McQueen, efectivamente sin conseguirlo en ninguno de los casos... si acaso en el primero.
De esas películas que sabes que muy probablemente no vas a volver a ver en tu vida.
Saludos.

domingo, 23 de marzo de 2025

Rincón del freak #640: La desgracia de ser una máquina sexual


 

Llevaba una eternidad queriendo traer aquí una de las películas más extrañas, desolocantes, burdas, libérrimas y cualquier otra hipérbole que se les ocurra; y tenía que ser, cómo no, un domingo, o no sería. Varias cosas, porque no había vuelto a ver 964 PINOCCHIO desde que, a mediados de los noventa, me topé con su hipnótica portada en un videoclub. No me enteré de nada entonces, aunque su trama es sencilla y más bien esquemática, como si la hubiese escrito un niño de diez años, de no ser porque su protagonista es un androide usado como esclavo sexual, que tras no lograr contentar a una clienta paticularmente morbosa, se dedica a vagar sin recuerdos, hasta que se topa con una chica que tampoco recuerda quién es. Con un estilo kamikaze, casi gonzo, Shozin Fukui (que apenas rodaría un par de films más, ésta es de 1991) se tira a la calle cámara al hombro, filmando en centros comerciales, supermercados, túneles del metro o en mitad de la rúa, donde los estrambóticos protagonistas siembran un desconcierto completamente real, en multitud de escenas que podrían ser más una performance callejera que otra cosa. Es una película jodida de ver, desquiciada y desquiciante, con una premisa que me parece interesantísima, pero que aguanta hasta la mitad, convirtiéndose después en una orgía de repeticiones que saturan al más pintado, y que va formando en tu cabeza la sensación de que podría haber sido un mediometraje mítico, pero al que ya la hora y media le queda demasiado larga. Yo, de todas formas, les invito a que aparten sus prejuicios y echen un vistazo a esta obra, que otra cosa no será, pero imprevisible lo es a raudales.
Fukui la hizo con la vuelta del ramen, y siempre he fantaseado con un remake a cargo de Takashi Miike...
Saludos.

sábado, 22 de marzo de 2025

Sonrían, por favor


 

No sé si es posible encontrar belleza en el horror, pero mis respetos a quien lo logra, porque ahí se definen los contornos, suaves y perfectos, de la dignidad. Con Walter Salles siempre tengo el mismo problema, porque me parece un superdotado que tiende a relamerse en su propios hallazgos, lo que no resta nada de sus méritos, que no son pocos. Y tiendo a describir los muchos ánimos que me han traspasado a medida que veía AINDA ESTOU AQUI, que pasa desde ya por ser el film que más me ha sacudido de los comparecientes al oscar. Basada en la novela de Marcelo Rubens Paiva, relata la detención y desaparición de su padre, el arquitecto Rubens Paiva, en la cruenta dictadura que por entonces regentaba Garrastazu Médici. Pero no es hasta que el foco se centra en la figura de la madre, Eunice, que la historia encuentra el sentido y el equilibrio, gracias a la descomunal interpretación de Fernanda Torres, sentando cátedra sobre cómo una actriz es capaz de llenar la pantalla viniendo desde la más absoluta discreción. No se comprende la película sin Torres, su capacidad de encarnar el fuera de campo con apenas un gesto, una mirada, en esas maravillas que compendian el "siempre estuvo ahí". Ganadora del oscar a mejor película internacional, creo que muy merecidamente, tenemos el emotivo, elaboradísimo retrato sentimental y familiar, con un arco de más de cuarenta años; y por otra parte la denuncia, angustiosa, donde se siente la impotencia, la impunidad de los criminales; para culminar con esa "explosión de dignidad", muy necesaria para evitar el olvido, sobre todo en estos tiempos en los que parece que está de moda ensalzar a los que no son más que pobres hijos de puta. Hay que decirlo claro, y esta película lo dice muy alto y muy claro, pero, como su protagonista, sin renunciar a sonreír en la foto, porque hay cosas que nunca te pueden arrebatar...
Dura, hermosa, necesaria.
Saludos.

viernes, 21 de marzo de 2025

Películas para desengancharse #136


 

Sí, sí, STARSHIP TROOPERS, o la manera más inteligente de gastarse cien millones de presupuesto, que es (a ver si lo consigo explicar) dándole a una multi todo lo que puede esperar para una gran recaudación, pero realzando algo que casi nunca vemos en una gran producción: el carácter descreído de una serie B, que funciona como un agente encubierto, criticando absolutamente todo lo que aparentemente ensalza. Pocos directores como Paul Verhoeven tan cualificados para atreverse con una locura kitsch, interpretada por mobiliario útil como Denise Richards o Casper Van Dien, que parecen estar en una teleserie adolescente, y que no oculta el cartón piedra, haciendo de lo cutre su gran virtud, como la imposible fusión de la imagen real y el cartoon. STARSHIP TROOPERS actúa como una falsa imagen en relieve, y dependiendo de nuestra inclinación veremos una fantasía de acción bastante tontuela, o por el contrario leeremos entre líneas la descarnada azotaina que le da al imperialismo, y más concretamente al norteamericano, exponiendo cada una de sus miserias, con la misma mala baba que el cineasta neerlandés ya exhibió en ROBOCOP, de la que es digna sucesora. Tenemos, por tanto, un blockbuster típico de mediados de los noventa, que con el tiempo (y no hay muchos casos de esto) ha escalado hasta el estatus de film de culto por méritos propios. Y si no, háganse a la idea de que casi treinta años después entusiasma al público cultureta tanto como al que busca simple evasión, y, aleluya, también los irrita a partes iguales. Yo la sigo recomendando con el mismo entusiasmo que en su estreno... y sigo siendo un incomprendido...
Saludos.

jueves, 20 de marzo de 2025

De cowboys y hombres


 

Qué curioso que un film como SCARECROW haya pasado tan desapercibida hasta nuestros días. Mea culpa, porque a servidor se la tuvo que descubrir el nunca bien ponderado amigo Charly Dos Passos, lo que me obliga a expresarle mi agradecimiento más sincero. Es curioso por diversos motivos, que van desde su flamante Palma de Oro en Cannes'73, con la que obtuvo mayor reconocimiento crítico que de público, hasta contar con una pareja protagonista titánica, compuesta nada menos que por Gene Hackman y Al Pacino, ambos en estado de gracia absoluta. La historia, enclavada entre un realismo sucio y una velada crítica social, se construye con un naturalismo que su director, Jerry Schatzberg, no volvería a alcanzar posteriormente. Max acaba de salir de seis años en prisión y "Lion" vuelve de una larga travesía en alta mar. En un arranque especialmente inspirado, ambos parecen congeniar (a duras penas), y Max revela su intención de montar un negocio de lavado de coches en Pittsburgh con el dinero que ha ahorrado pacientemente, mientras "Lion" acepta ser su socio a cambio de que le acompañe a Detroit, donde espera conocer por primera vez a su hijo. Observada detenidamente, la historia se inscribe indisimuladamente como una tragedia clásica; los caracteres contrapuestos, el objetivo inalcanzable por los peligros y tentaciones, el desenlace repleto de infortunios. Lo que se me vino inmediatamente a la cabeza fueron dos obras que siempre me han parecido complementarias: la magistral COWBOY DE MEDIANOCHE, de John Schlesinger, y la demoledora novela de John Steinbeck, DE RATONES Y HOMBRES. Las tres son excelentes buddy movies, exponen el contrapeso, la discriminación, los sueños truncados, en entornos en los que jamás logran encajar. Cierto que aquí el final se nota algo apresurado, pero merece la pena acompañar a Max y "Lion" por esa "otra América", la de los cafés mugrientos, las mujeres expectantes como polluelos, las borracheras y las peleas, pero también la de una camaradería que es ese gran árbol pendiente, donde descansar y pensar si el futuro no ha empezado ya a acabarse...
Película de las que te echan el brazo por encima y ya no te sueltan.
Saludos.

miércoles, 19 de marzo de 2025

La fiesta triste


 

Comienzo aceptando que me interesan mucho las películas de zombis, puede que llevado por esa fascinación que provoca ese tabú de asistir al renacimiento de lo que ha dejado de existir, por mucho que los títulos verdaderamente prominentes en este género sean contadísimos, al menos en comparación con el número de bazofias que se producen sistemáticamente. En ese sentido, me sorprende la mala acogida, ni siquiera tibia, que ha tenido una película tan reveladora como HANDLING THE UNDEAD, un pequeño film producido por Zentropa y el director Tomas Alfredson, y que tuvo cierta relevancia en el último festival de Sundance. Supongo que debe ser impactante no ver zombis corriendo, saltando ni despedazando a émulos de Rambo, mientras explosionan helicópteros y nos salva el presidente de los Estados Unidos (de América). En ese caso lo entiendo, porque lo que propone Thea Hvistendahl (adaptando la novela de John Ajvide Lindqvist) es el shock emocional de tres familias con tres pérdidas muy diferentes, pero igualmente insuperables. Una joven madre que sobrelleva los días junto a su padre, tras la muerte de su hijo; una mujer que pierde la vida en un accidente de tráfico, justo cuando parece que ha encontrado la felicidad con su nueva pareja; otra mujer, ya anciana, que acaba de despedir a su compañera sentimental de toda la vida. Sin entremezclarse, las tres historias conviven en armonía, tomándose su tiempo para poner en imágenes ese calvario de no encontrar sentido a la existencia, la persona que deja de existir de la mañana a la noche o la despedida a sabiendas de que la propia está ya cerca. La propuesta nos lleva hasta ese momento irreal, pero contado con una naturalidad que asusta, en que estos fallecidos vuelven, y es entonces cuando todas esas preguntas (bastante idiotas) nos son contestadas con la misma naturalidad: "Los muertos vuelven ¿pero en qué estado?" "¿Nos reconocerían?" "¿Tendrían algún propósito que desconocemos?". Puedes intuir la anomalía, esa "antinaturalidad" colándose en el plano. Los ojos de pez muerto, la mirada perdida, esa no pertenencia sin pedir estar allí, que en el último tramo del film se torna totalmente devastador. No es terror en sí, sino un malestar jodidísimo, que te deja hecho polvo, ya digo, sin vísceras colgando ni decapitaciones. 
De achacarle algo, sería haber ido un pasito más allá en poner a prueba la resistencia emocional (y moral) de unos espectadores, por lo que he leído, bastante apesebrados, pero tampoco podría yo pedir tanto a un debut que me parece de una madurez arrolladora.
De lo mejorcito que he visto en lo que llevamos de año.
Saludos.

martes, 18 de marzo de 2025

La mangosta en el nido de serpientes


 

CONCLAVE fue, en un diabólico juego de espejos, la película con la que todos contaban, y que terminó presa de sus propias incongruencias a la hora de participar en un certamen como los oscar. Como película en sí, nada a reprochar. Edward Berger tiene buen pulso, no se sale ni un milímetro de su dialéctica, bastante clásica, entendiendo las claves contenidas en la audaz novela de Robert Harris. Y si el trasfondo de la elección del nuevo Papa le otorga el empaque del privilegio de enquistarnos en los interiores de un lugar habitualmente inaccesible, su desarrollo, más cercano al de una intriga repleta de traiciones, le da un aire de disculpa que no necesitaba, minimizando su supuesta crítica a la Iglesia al entrar en personalismos superfluos. Por tanto, buena película, correcta, nada sísmica, con algunas interpretaciones magníficas (Fiennes, Lithgow, Castellitto), pero dispuesta a perderse en su propia dispersión argumental, y amortizando sus (pocos) aciertos en un desenlace que hiede a concesión a todas las cuotas que se les ocurran, lo que, sorprendentemente, no es nada sorprendente.
Parafraseándola: no podía ganar.
Saludos.

lunes, 17 de marzo de 2025

Mi amigo el fantasma


 

Hay una "presencia" invisible que me susurra cosas al oído, como que va siendo hora de despejar los lunes de títulos vistos en Sitges, porque a este ritmo encadenamos con el de este año. Y qué mejor que aparcar nuestro querido certamen con la película que lo inauguró. Aunque fuera de concurso, el eco de PRESENCE no fue pequeño. El último film del prolífico Steven Soderbergh entra, casi de hurtadillas, en esas historias que, sin aparente esfuerzo, uno sabe que contienen un poso de calidad indiscutible, por encima de la media. El guion de David Koepp acierta en lo más controvertido: situar el punto de vista de una anodina historia familiar en el fantasma que habita la casa a la que se acaban de mudar. Si caer en el spoiler, diré que no estamos ante una cinta estrictamente de terror, sino ante un tímido ejercicio de estilo, con Soderbergh desperezándose en sucintos planos secuencia supeditados a un espacio único, deshilvanando el misterio propuesto desde un inicio poco prometedor. Personalmente, la veo menos audaz que A GHOST STORY, pero sirve para reivindicar, gracias a su calidad técnica, a joyas olvidadas e imperfectas como I AM A GHOST. Las actuaciones son correctas, la duración (alabado sea dios) no llega a la hora y media, tiene una fotografía nada engreída a cargo del propio director, por lo que se recomienda como escapismo de tamaño asequible. Buena, sin creerse mejor de lo que es.
Saludos.

domingo, 16 de marzo de 2025

Rincón del freak #639: Senderistas, taberneros y nigromantes


 

El anime senderista ha llegado para quedarse, con sus largas caminatas, peroratas en torno a motivos hogareños de fogata y caldero, con pausas para empinar el codo sin perder la compostura, contar anécdotas de los últimos diez mil años y, de cuando en vez, ajusticiar algún endemoniado sin preguntarle nunca por sus derechos como ciudadano de un mundo de fantasía, me parece a mí, laxillo en reivindicaciones sociales. Escucho democráticamente, a veces sin justificación, a entusiastas de peregrino bagaje, que entre espumarajos de ramen y dormitorios sin madera a la vista, te endilgan su desmesurada fiebre por cosas como SOUSOU NO FRIEREN (creo que se escribe así), que durante 28 episodios (afortunadamente cortos) hablan exactamente de todo lo antes expuesto. De lo técnico ya no hablo, porque en Japón parecen decididos a sublimar el refinamiento insano, pero uno acaba ahogadito de elfas hieráticas, frailes borrachines con gafas, enanos sin cintura y aprendiz@s aboniatadas en el paradigma del arribismo más sibilino. Un surtido de virtudes más que discutibles, pero que en un mundito de fantasía se le perdona cada patinazo moral. La sospecha, al final, sobrevuela como en el clásico de Tolkien, donde los orcos eran los puteados porque "así son las cosas"...
Está en Netflix, igual les gusta.
Saludos.

sábado, 15 de marzo de 2025

Los auditores


 

He leído un montón de líneas acerca de A COMPLETE UNKNOWN, sobre si debería ser esto o aquéllo, si "capta", si aporta, si está a la altura, si es necesaria. La película de James Mangold se fue de vacío de los oscar, pero podría haber ganado cualquiera de sus ocho nominaciones. El problema, en este caso, ha sido su ortodoxia. Frente a propuestas "brutalistas", rompedoras en lo formal o ambiciosas en lo discursivo, lo que aquí tenemos es una historia que ya conocíamos, que ya se había adaptado, y que tampoco tiene pretensiones sobre mover el eje del arte cinematográfico. Ustedes mismos. Yo sólo les diré que Mangold es un tipo que conoce su oficio y lo ejercita con dignidad; que las dos horas y pico que llevan de la llegada de Bob Dylan a New York hasta la fractura de 1965 en Newport pasan ágilmente, sin detenerse en virtuosismos vacuos; que Timothée Chalamet interpreta el mejor Dylan posible, porque huye de prótesis y adornos, y entrega el trabajo de un actor captando la esencia de un personaje especialmente complejo; que las recreaciones musicales son una gozada. Y por último, que lo que hace Edward Norton pertenece a intérpretes capaces de sentar cátedra, y de esos van quedando muy pocos, por lo que lo de Kieran Culkin cada vez parece más una broma de mal gusto.
Quizá no cambie la historia del cine como Dylan cambió la música, pero tampoco le hace falta para disfrutarla.
Saludos.

viernes, 14 de marzo de 2025

Películas para desengancharse #135


 

Hay algo en las películas de los hermanos Marx que excede la pantalla, desborda nuestra mirada y nuestro entendimiento. Como sus personajes secundarios, comparsas siempre damnificadas por unos heraldos de la anarquía y el absurdo, el espectador se queda sin asideros, abrumado por coreografías mil veces ensayadas, y por eso indetectables por nuestro ojo tan educado y sometido. Probemos a ver DUCK SOUP en esta aburrida era de la corrección política; probemos a cancelar a los Marx. Probablemente, Harpo nos corte la corbata (lo que no deja de ser un desahogo), Chico nos dé una patada en el culo mientras intentamos recuperar nuestro sombrero, y al final Groucho nos ha birlado la chica y, por qué no, la cartera. Las películas de los Marx, las buenas, no son películas, sino que instalan es sinfonía de la destrucción en mitad de un desarrollo fílmico convencional, haciéndolo imposible, desintegrando sus mecanismos y haciéndonos cómplices de un mundo con las horas contadas. En una hora y ocho minutos, Rufus T. Firefly toma posesión como gobernador de Freedonia, es boicoteado por sus enemigos de Sylvania, espiado por los inútiles Chicolini y Pinky, y le sobra tiempo para tirarle los tejos a la sempiterna viuda Teasdale y fumarse un puro. Declarando la guerra por una tilde (los subtítulos, ya saben), los espías se convierten en ministros aliados, aunque antes vendían cacahuetes, se meten en la cama de la viuda disfrazados de Firefly, y para redondear la orgía pre-code, se atreven a montar un menage a trois con una muchacha... y un caballo. 
Para mí es una obra maestra absoluta, total, intemporal y otros adjetivos demasiado pomposos para lo poco que dura. Uno de esos milagros que el cine nos regala por la cara, para hacernos felices y que nos mofemos de los infelices. Y así debe ser...
Saludos.


P.D.: inopinadamente, doyme cuenta de que es la segunda entrada que aparece por las páginas indéfilas. La primera, antediluviana. Sin embozo o menoscabo, el precedente me dice que el subconsciente, por una vez, me ha jugado una buena pasada...

jueves, 13 de marzo de 2025

Jazz perdedor


 

THE FRENCH CONNECTION es muchas cosas, muchísimas, y a medida que pasan los años es más cosas aún. No debería ser casual, un policíaco netamente americano pero con continuas miradas a la nouvelle vague, despreciando la ortodoxia desde movimientos rítmicamente calculados. Una historia que se desdobla, gracias al portentoso montaje de Gerald B. Greenberg, desde los bajos fondos neoyorquinos hasta los marselleses, pasando por los de su personaje principal, Popeye Doyle, donde la modernidad del film cobra sentido. Doyle encarna a un policía que roza la psicopatía obsesiva, lo que le granjea fama de intratable, y que sigue una pista como una intuición, sin sospechar que un modesto hilo lo va a llevar hasta uno de los grandes capos de la droga francesa, a punto de desembarcar con un gran cargamento de heroína. En ese trasiego, Friedkin agarra al espectador por las solapas a lomos de un inmenso Gene Hackman (ese año el oscar fue suyo), y el contrapunto de un inolvidable Fernando Rey. La cámara en mano, invasiva, con la banda sonora, excelsa y deshilachada de Don Ellis, todas las escenas prácticamente coreografiadas sobre la marcha en las calles de un Nueva York que huele a corrupción y decadencia. Y cómo no, esa persecución en coche, cátedra de montaje, estudiada en las escuelas de cine, sin olvidarnos de otra impresionante persecución, esta vez a pie. Sin este film, no existiría THE WIRE, por ejemplo; lo extraño es no haber seguido refinando las formas de este policíaco casi sin resquicios. El único que se me ocurre, y por el que no la considero una obra maestra absoluta, su dispersión de ritmo... pero quién soy yo para hablar de jazz...
Saludos.

miércoles, 12 de marzo de 2025

El sexo de los ángeles


 

Es una sensación extraña la que deja casi todo lo que significa una serie como THE LEFTOVERS. Desde su apabullante arranque (de lo mejorcito que servidor ha visto en ficción televisiva), sus inabarcables ramificaciones argumentales, giros imposibles, desafíos a la misma percepción de nuestra moralidad, y desembocando en un último acto que se juega el todo por el todo, sin caer en fórmulas amables o recaudadoras. El argumento, en pocas líneas, nos propone un "sucedáneo del apocalipsis", en el que el 2% de la población mundial desaparece sin más, lo que abre hipótesis variopintas sin ninguna conclusión definitiva, pero dando pábulo a todo tipo de conspiranoias y las consiguientes sectas. Es todo eso, y también es un tratado sobre daños emocionales intratables, la supremacía de la crueldad sobre el civismo, la imposibilidad de atribuirnos roles más allá de los socialmente aceptados. Porque en realidad, la vida es aquello que ocurre mientras otros desaparecen...
No la vean si tienen tendencias suicidas, están intentando dejar de fumar o le han votado a Trump y adláteres...
Saludos.

martes, 11 de marzo de 2025

Extremo centro


 

Me preguntaba, mientras me tomaba los habituales veinte segundos para pergeñar este pequeño glosario, qué diablos había visto yo antes de Jason Reitman, lo que no es buena señal, y menos al comprobar que no me habían gustado los dos títulos suyos visionados, a los que mantenía en un limbo sin aristas. Con SATURDAY NIGHT, Reitman confirma que es un tipo con ideas interesantes, incluso ambiciosas, que se topan con un realizador de freno de mano echado, lo que no deja de ser curioso en el motivo central de esta muy irregular panoplia, a mayor gloria de los caóticos preparativos del primer programa de Saturday Night Live. Lo es por el personaje interpretado por Willem Dafoe, típico productor ejecutivo, que no tiene un solo gramo de fe en ese aquelarre de drogadictos, neuróticos y desharrapados sin currículum, que, comandados por un desbordado Lorne Michaels, pretendían convencerlo de merecer el directo del sábado por la noche, desbancando al mismísimo Johnny Carson. Demasiadas cosas al mismo tiempo, y los milagros apenas ocurren una vez, como entonces; Reitman quiere parecerse al Donen de CANTANDO BAJO LA LLUVIA, invocar el genio de Robert Altman en unos planos secuencia tramposillos, para acabar endulzándolo todo, sustituyendo el stroke de cocaína por inofensivo azúcar glas. SATURDAY NIGHT es una colección de estampas amables, rendidas, con nula mirada crítica, que depende del grado de nostalgia (y conocimiento) de sus espectadores, que en el mejor de los casos sucumbirán bajo los efectos de su narcotizante trasiego. 
No es que pudiese ser mejor, es que, ya que se hace, estaba obligada a serlo.
Saludos.

lunes, 10 de marzo de 2025

Los luchadores condenados


 

No es ya que Lowell Dean haya filmado dos títulos el año pasado, y ni siquiera que ambos fuesen presentados en Sitges, nada menos. Lo extraño es que ambas películas muestren un aspecto tan diferente, como si fuese un director distinto. Y si en DIE ALONE la falta de presupuesto servía para desarrollar un guion ingenioso y sorprendente, DARK MATCH se desinfla al no ser capaz de proponer una historia  a la altura de su estimulante arranque. Con muchas similitudes con, por ejemplo, ABIERTO HASTA EL AMANECER, seguimos a un grupo de luchadores de tercera categoría, que tienen la oportunidad de elevar su caché al aceptar un enigmático certamen, sin sospechar que los organizadores son una secta satánica, que se dedica a grabar combates a vida o muerte con un retorcido propósito. Lamentablemente, la producción es tan escasa que hay muy pocas cosas salvables, excepto su falta de pretensiones, que la deja como un divertimento para pasar el rato y olvidarlo pronto. Una oportunidad desperdiciada que se podría retomar y mejorar en una posible continuación.
Saludos.

domingo, 9 de marzo de 2025

Rincón del freak #638: Nevadito de plantígrado


 

De repente, en un despacho con grandes ventanas, café frío en vaso de papel, planta de plástico, póster de Bruce Lee, las llaves de un Subaru en un cajoncito junto a un número atrasado del New Yorker, el tipo, calvo con pelo de nuca, traje barato, pisacorbatas por Amazon, cita con el oncólogo (nada grave), repasa la varilla derecha de unas progresivas en Wayfarer falsas, olvida el enésimo fracaso en Tinder y hace reverberar una idea que jamás compartirías en un ámbito familiar, sobre todo porque acaba de acaecer abruptamente tras una sorbidita nasal, discreta pero con la gota justa para que el apañador de presupuestos alargue su contrato un par de meses más, y con él su pisito en Pomona. Nada mal, excepto que esa idea comprende a un oso cocainómano, que siembra la muerte y la destrucción en un bosque bajo los efectos de ingentes cantidades de farlopa. Tras echar el asiento hacia atrás, el tipo sonríe maliciosamente, porque ha dado con el título perfecto: COCAINE BEAR.
Lo mejor es que está basada en hechos reales...
Saludos.

sábado, 8 de marzo de 2025

A real Payne?


 

Un poquito más de los oscar, para preguntarnos el porqué de la estatuilla para Kieran Culkin, no porque su trabajo en A REAL PAIN no lo merezca, y de hecho es uno de los más depurados de esta edición, sino porque Culkin es no ya el protagonista de este irregular film, sino lo único interesante de una historia con un freno de mano gigantesco, consciente y buscado. La sombra de Alexander Payne sobrevuela incesantemente la peripecia de dos primos que vuelan desde Nueva York hasta Polonia tras la muerte de su abuela, superviviente de un campo de concentración. De ahí, de la pausa, la naturalización, el detalle emocional del cineasta de Nebraska, obtiene Jesse Eisenberg los (pocos) hallazgos de una historia que se sabe y desarrolla poco interesante, dejada a algunos destellos de Culkin, cuya potencia expresiva no necesitaba apenas el puñadito de acompañantes, comparsas siquiera, en un trayecto que hubiese dado igual hacia qué dirección se expandiese. En este caso, el componente diferencial proviene de una velada crítica a esos tours, siniestros de por sí, cuya frivolidad se redobla al tratarse de un "turismo del horror", al que el "protagonista" se refiere en el momento álgido, del que sale airoso sin caer en el speech vacuo, dejando esquirlas de intérprete maduro. Eisenberg, empero, no es Payne, y dudo mucho que logre imitarlo decentemente, no digo nada de encontrar una voz propia, claro está. Y con todo, una película que se puede recomendar a cualquiera, sabiendo que su digestión es ligera y de sabor matizado.
Saludos.

viernes, 7 de marzo de 2025

Películas para desengancharse #134


 

Es necesario ver (otra vez, quizá) WHITE HUNTER, BLACK HEART para comprobar el efecto encadenante en la filmografía como director de Clint Eastwood. Se unen en este falsísimo biopic sobre John Huston y el rodaje de LA REINA DE ÁFRICA, la exposición de esa mentira de las películas, en contraposición de una verdad que termina por engullir al artista en cuanto su engreimiento, por muy sanas que sean sus intenciones, se topa con una realidad que le supera y somete. Vista hoy, ha crecido en intención, y comporta ese Eastwood que vino después, el más celebrado, con la honestidad del cineasta veterano que no reniega en modo alguno de una carrera anterior, en realidad la sólida base sobre la que asentarse sin vértigo. Así, la excusa del rodaje, eternamente pospuesto, deliberada e innecesariamente trasladado al corazón de África, tan sólo para que el director pueda cumplir su obsesión de cazar un elefante, proviene de un meticuloso tratado del ese hombre aparentemente rudo, pero incapaz de aguantar a la miríada de imbéciles que diariamente le rodean. Especialmente fulgurantes, sus tres parlamentos, que albergan la figura del pistolero de SIN PERDÓN o el veterano de GRAN TORINO; o: te estoy diciendo en tu cara que eres un cerdo (o cerda, sin distinciones antidemocráticas) tan sólo para que tú mismo reconozcas que lo eres, que es la forma en que uno evita tener que usar un Magnum... o más o menos. Es cine que ya no existe hablando de un cine aún más anterior, y es cine sintomático, de termómetro, que quizá no sea tan refinado o sofisticado, pero nos coloca a cada uno en nuestro sitio, no siempre el más alto ni el más digno.
Desengancharse de tito Clint no es sencillo, por el mismo motivo que derribar a ese viejo elefante puede que no sea la mejor idea. Aún...
Saludos.

jueves, 6 de marzo de 2025

El sueldo del valor


 

Triste y sonado ha sido el repentino fallecimiento de Gene Hackman, pese a que contaba ya con 95 años de edad. Se ha ido uno de los grandes, con muchas mayúsculas; un actor todo terreno, capaz de brillar en cualquier registro y dar cartas de solemnidad a producciones de todo tipo, incluso las menos memorables. Casi un centenar de trabajos le avalan, convirtiéndose en uno de los incontestables de Hollywood durante al menos 50 años de carrera. Y eso que Hackman tardó en darse a conocer, deambulando por teleseries y papeles casi testimoniales, no fue hasta finales de los sesenta que John Frankenheimer (quien ciertamente le dio algunos de sus mejores títulos) lo reclutó para una película hoy muy olvidada, pero que merece la pena rescatar para atestiguar le suma de talentos que se dio en una historia aparentemente poco ambiciosa, pero con un acabado realmente brillante. THE GYPSY MOTHS retrataba la azarosa vida de tres paracaidistas profesionales, que se ganan la vida en arriesgados y espectaculares números, viajando por pequeñas ciudades, hasta que llegan a una donde el mayor (un sobrio Burt Lancaster) parece haber dejado atrás un antiguo amor. Así, la peripecia de estos tres hombres transita desde las escenas de paracaidismo, magníficamente fotografiadas por el veterano Philip H. Lathrop, hasta un intimismo que se bifurca en tres direcciones. Lancaster reencontrándose con una insólita Deborah Kerr (increíbles sus escenas más tórridas); el joven Scott Wilson, reticente a enamorarse de una jovencísima Bonnie Bedelia (¿la recuerdan?); y un Gene Hackman que hubiese merecido mayor protagonismo, más preocupado de pasárselo bien con alguna chica local en noches interminables. Añádanle una solvente partitura a cargo de Elmer Bernstein, un final no apto para cardiacos, y tenemos, como decía, un film más que entretenido y mucho más serio de lo que su argumento viene a sugerir, temiéndome que el guion de Bill Hanley superaba la novela de James Drought, que apenas tuvo este discreto éxito. 
Avanzaremos, como no, en la filmografía de un actor eterno. No podíamos ser menos.
Saludos.

miércoles, 5 de marzo de 2025

Sucio verano de pereza


 

Sobre UNE VRAIE JEUNE FILLE, la primera, mítica, inencontrable película de la cineasta y escritora Catherine Breillat, palabras encontradas. Como lo valiente contra lo ridículo, antes que lo impúdico; valiente por rodar con menos de treinta años, mostrar coños, pollas, el deseo femenino de una menor. Lo ridículo por su manía, ya desde el principio, de repetirse encantada de conocerse. Película ante todo antipática, sucia de las que huele, con algunos pasajes de poesía rudimentaria y una protagonista imperturbable (Charlotte Alexandra, que se retiró pronto), que vestía más de veinte años, y no los catorce en los que la autora ubicaba este floripondio sexual, un par de décadas antes de exorbitar el mástil de Mr. Siffredi. Por cierto, como es muy difícil de encontrar, y sí salen animales cruelmente dañados (entre ellos una lombriz), les desanimo en el empeño. Yo por si acaso...
Saludos.

martes, 4 de marzo de 2025

Todo por la familia


 

Habrá quien se sorprenda de encontrarse una película rumana de sólo hora y media; en mi caso la sorpresa ha llegado al constatar que a FAMILIAR le hubiesen hecho falta un par de horas más. La historia de Dragos, cincuentón consentido, un poco hipocondríaco, hundido tras el telón de fondo de una historia familiar cuanto menos opaca, que piensa recrear, un poco ingenuamente, en una especie de documental, para el que no duda en embaucar a familiares, amigos y hasta examantes. Esa historia, la de la construcción del documental, hubiese dado para una extraordinaria película-río, en la pura tradición del cine rumano reciente, y paradójicamente Calin Peter Netzer (MARIA, MADRE E HIJO) no logra conectar su circunstancia personal con la esquiva odisea de unos padres emigrados a la fuerza a la Alemania de principios de los ochenta, que labraron una pequeña fortuna por su colaboracionismo. Infidelidades y traiciones del pasado, que conectan con la caótica vida del protagonista, que culpa a los padres pero que al mismo tiempo se ha aprovechado de las turbulencias de ese pasado. A lo mejor la película era nada más que esto, una pulcra (auto)confesión generacional, o un patético ajuste de cuentas, con las mentiras como moneda común. Personalmente, he echado de menos algo más de riesgo e imaginación en un guion que parece tirado con teleobjetivo.
Habrá que ver en un segundo visionado si de verdad me he perdido algo esencial a los ojos.
Saludos.

lunes, 3 de marzo de 2025

Anadeando


 

Sigamos con los oscar ahora que han terminado, aunque la excusa para hablar de THE WILD ROBOT es que a la gente le gustó en Sitges. A mí, francamente, me parece que debería servir, una vez superada la asimilación del bonito sueño de Pixar por Disney, para contratar guionistas que sean capaces de elevar un discursito ya no infantil, sino cansinísimo. Brillante en la factura técnica (como no podría esperarse otra cosa), todo lo que es capaz de ofrecer esta "nueva" oda al aprendizaje por la diferencia cabe en sus primeros quince minutos, que resuelve con inteligencia el problema de que tengamos que ver a un robot hablando con animales. A partir de ahí ya se nos ha contado todo, y entramos en el tema de persecuciones slapstick, colorines varios y el remate en el que hay hasta un conato de villano. Es de animación, es de evasión, es de moral guay para los jovencitos a los que debemos moldear, y también es de no molestar mucho a los productores, que te venden una dramedia ecologista para ganar toda la pasta posible. Una vez más ¿es mala?, no ¿Es buena?, no lo sé, pero sí sé que todo lo que pasa en esta película yo ya lo he visto antes en otra parte, así que me quedo con la sensación de olvidarse de los problemas durante hora y media... y que la rueda siga girando...
Saludos.

domingo, 2 de marzo de 2025

Rincón del freak #637: En un lugar del Oeste...


 

Hay adaptaciones del Quijote para aburrir. Las hay raras, canónicas, esperpénticas y hasta reivindicables, que son las menos. Lo que no sabíamos es que había una en la que Alonso Quijano era un viejo cowboy, con Colt por lanza, que vivía en un destartalado rancho en mitad del desierto junto a su sobrina, y que su escudero era un timorato mexicano, tan cobardica como cantarín cuando hay guitarra. Este Quijote dispara contra casi todo, y vive obsesionado con salvar el rancho de unos malandrines especuladores, que siempre vienen en descapotable. Y es que esta descabellada anomalía, que atendía al título de SCANDALOUS JOHN, era una no menos rara producción de la Disney; ni para un público joven, ni para otro más adulto, sino todo lo contrario, lo que explica cómo ha permanecido sepultada por el ostracismo más de medio siglo. Con vocación extrañamente anticomercial, su raquítico guion se va hasta casi las dos horas, malgastadas entre la comedia inofensiva, las canciones del ínclito Alfonso Arau y la no menos extraña elección de Brian Keith como protagonista, que por entonces sólo tenía 50 años, haciendo todo lo que puede para que entendamos un Quijote que masculla con acento de Texas, y más pareciera que el sol sureño, y no los libros, le secaron la sesera. Nunca dejaremos de sorprendernos...

sábado, 1 de marzo de 2025

El pellizco en la barba del gigante


 

Todo lo que se diga sobre THE BRUTALIST suena injusto. Por arriba o por abajo, Brady Corbet parece un principiante jugando a Orson Welles, o un maestro intentando desprenderse de todo signo de gravedad, al menos toda la que puebla la trémula y sentida introducción hacia lo que el director y guionista quiere contarnos: la miseria moral de la América (perdón, Estados Unidos) que todo lo convierte en negocio, incluso el talento. Es, por tanto, más una pedrada en los hocicos que un despliegue irrefrenable de talento, por lo que la percepción es confusa, amalgamada, especialmente cuando su larga duración se nota en todos los lastres que va soltando (de guion, interpretación e incluso tono). Corbet es ambicioso, nostálgico, audaz y necesariamente acusador, pero todo eso no construye una obra maestra, ni tampoco un fracaso; digamos que THE BRUTALIST es una magnífica película en cada una de sus incontables partes, pero se resiente al intentar hacer, como su protagonista, un todo sólido y cohesionado. Se parece a muchos otros cineastas, y de diverso pelaje, en un desconcertante vaivén de registros que igual te zarandea al borde del precipicio que te arrulla con un intimismo casi invasivo. No tengo mucho más que decir, apenas recomendarles que la vean en pantalla muy grande y después en una pequeña, por lo de las perspectivas y los vértigos. Los actores bien, muy bien cuando la cosa se trata de dirigirlos, hacer que la puesta en escena, apabullante, implore por algunos diálogos de los de mano firme, muy vieja escuela. Es extraño, ya digo, que los personajes se distribuyan con un halo de capricho que no permite un ritmo más uniformado y preciso. 
Supongo que ganará, no lo sé, pero me quedo (permítanme la analogía barata) con la certeza de que estamos ante un cineasta que aún es una cantera por explotar, pero cuya materia prima es de un valor incalculable si es capaz de equilibrar al artesano con el artista. Ahora bien, hay que tener unos huevos como cocos para cerrar tres horas y media de high concept con una cancioncilla setentera de La Bionda... Los que saben de qué hablo me darán la razón...
Saludos.

viernes, 28 de febrero de 2025

Películas para desengancharse #133


 

No son pocos los que, con mirada fruncida, me han dedicado la pregunta inevitable "¿De qué diablos va este monográfico?". Mi respuesta, invariable y resonante, es que no estoy muy seguro de saberlo, pero sé que sólo puede ser de la manera que es. Dicho esto, era imposible que no estuviese, en un momento u otro, SCARFACE; o esa oda al exceso descontrolado, en el que puede ser un rodaje cocainómano por excelencia ¿Cabe mayor desenganche cinematográfico? En puridad, prefiero hablar del meteórico (y estrafalario, y bipolar, e indefendible) ascenso y posterior caída de Tony Montana, o la iniquidad y chulería de un tipo sin talento ni moral, ni nada que se le parezca, que se resumen en el taquicárdico montaje, el guion cuesta abajo sin frenos y, por supuesto, la incontrolable y excesiva interpretación (a una pulgada de la autoparodia) de un Al Pacino que nunca (y es mucho decir) estuvo tan pasado de rosca. SCARFACE es puro de Palma, empero y aunque pese, y ya es mérito recolocar los zapatazos de Oliver Stone a la novela original, que parece una mofa a la obra maestra de Hawks y Hecht, y no el homenaje que inesperadamente cierra este film, que despierta tanta admiración como rechazo desde su controvertido estreno. Al igual que su protagonista, la película nos mira por encima del hombro, ese inclasificable "gangster-cuñado", soltando consejos, soflamas e invectivas, para terminar, en una de las imágenes más icónicas de los últimos 50 años, con la mirada perdida, la pistola en la mano y la solapa espolvoreada. También me han preguntado si la recomiendo. Mi respuesta es que no tanto como CARLITO'S WAY (la gran obra maestra de su autor), pero mucho más que todos los refritos, sofritos y copias burdas que después de ésta han nutrido al victimista sistema de "industria sin industria", cautivo de la evidente orfandad de (parafraseando a Montana) "palabra y pelotas"...
Ahí queda eso.
Saludos.

jueves, 27 de febrero de 2025

La llamada de lo salvaje


 

Como se acaba de estrenar, me reservo mucho adelantar casi nada del argumento de WOLFMAN, aunque, ya desde el título, haya poco misterio. Tan sólo decir que tiene cosas muy interesantes y otras directamente incomprensibles, cuando no ridículas. Leigh Whannell reconstruye todo lo ensayado en EL HOMBRE INVISIBLE, aportando una mayor contundencia, pero cayendo en el mismo error de inconcreción crónica, que da la impresión no de un trabajo cohesionado, sino una retahíla de ocurrencias, más o menos certeras, hilvanadas casi siempre por el buen hacer de un reparto solvente y comprometido. El arranque, por ejemplo, está magníficamente rodado, y con un par de pinceladas construye todo lo que después podemos intuir que debe ocurrir. Lamentablemente, en menos de media hora, Whannell obvia el impacto súbito y desdeña cualquier elemento sorpresa, dejando al espectador expuesto a su propia incredulidad, y de paso rematando con un final no ya tramposo, sino que se ve venir, por su falta de sutileza, desde muy pronto. Hay quien audazmente ha visto trazas de Cronenberg en una historia que indaga, sobre todo, en un proceso de transformación subjetiva; para ello, yo al menos hubiese pedido, ya que estamos, no exponer lo subjetivo tan expresamente, y haber tenido algún guiño al misterio de lo desconocido. Pero claro, en el territorio del género de nuevo cuño, eso equivale a no comprender las razones por las que, en un film de 90 minutos, hay 12 posteriores de créditos... Será que somos unos antiguos...
Saludos.

miércoles, 26 de febrero de 2025

Bastante vacante


 

¿Que había una película dirigida por el que un poco más tarde adaptó el best seller de Tabucchi Con John Lydon haciendo de un tipo tan pirado que se entrega a un detective como el buscadísimo "asesino de policías"? ¿Que el detective era nada menos que Harvey Keitel haciendo el mismo papel que en la de Ferrara, solo que fumando puros y bebiendo leche? ¿Que la mítica Sylvia Sidney salía, ya muy mayor, tres o cuatro minutos? ¿Que la banda sonora la hizo Ennio Morricone, pero es una nota sostenida de bajo y una canción country? ¿Que se rodó en 1981 pero no se estrenó hasta tres años después y de milagro? Pues sí, todo eso y aún más es ORDER OF DEATH... o COPKILLER... o L'ASSASSINO DEI POLIZIOTTI, que para eso transitamos el proceloso mundo de la coproducción montaraz. Esto debería ir un domingo, pero tenía la sensación recurrente de que algo se me escapaba, mientras asistía atónito a un guion que exponía sin pestañear a un policía corrupto, al que no se le ocurre otra cosa que secuestrar al tipo que se presenta como "asesino de policías", cuyas acciones son tan testimoniales que parecen una excusa de lo más peregrina. Toparse con esta película es una de esas anomalías a las que te resistes a dar una explicación plausible, de no ser que en aquellos tiempos había quien se liaba la manta a la cabeza y te cascaba un rodaje a toda hostia con el mínimo de recursos. Y el caso es que ni siquiera está mal rodada (Faenza tiene una trayectoria más que digna), sino que cada elemento parece desubicado, como reciclado de otras cosas abandonadas. 
Maravillosa para genuinos freaks del coleccionismo atroz. Va sin subtítulos, aviso.
Saludos.

martes, 25 de febrero de 2025

Errar el tiro


 

Ningún título más acertado para describir una película como THE GORGE, que se acaba de estrenar en Apple TV+. Una película con un planteamiento más que interesante, que se desentiende muy pronto de todas sus premisas, para convertirse en un catálogo de lugares comunes, todos prestos para satisfacer necesidades inmediatas, como comida rápida y sin complejos. Y si no, ustedes mismos: un abismo en ninguna parte, custodiado por dos torres a cada extremo, con un reemplazo anual de cada vigía, cuya misión no es cuidar de que nadie caiga, sino que nada salga. La idea es cojonuda, e incluso se le puede perdonar la rudimentaria metáfora de los dos bloques políticos, expuestos como centinelas del orden mundial. Lo que viene tras la interesante introducción es un despropósito, con el oficio habitual de su director, dos protagonistas que no desentonan con lo que se les requiere, pero un despropósito en el que el suspense terrorífico da paso (atención) a una comedieta romántica sin pies ni cabeza, una trama conspiranoica de novela barata y, para remarar, un desfile de CGI vergonzante y ramplón. Todo para alargar hasta las dos horas una cosita que se podría haber hecho incluso como un cortometraje.
Sólo la recomendaría para un domingo de resaca sin ganas de pensar mucho. Lo dicho: comida rápida.
Saludos.

lunes, 24 de febrero de 2025

Nuevas caras


 

También vista en Sitges, GRAFTED es una película tan loca, tan desprovista de prejuicios, que todos sus fallos y excesos, que son muchos, se perdonan al instante. Y no sólo (que también) por ser la primera película de su joven directora, sino por suponer la cara gamberra (y es mucho decir) de esa especie de "big sensation" que ha sido THE SUBSTANCE. Con una excusa argumental prácticamente calcada, nos cuenta la historia de Wei, una joven china que padece un extraño síntoma que degenera su rostro, el mismo que su padre, que vive obsesionado con encontrar una cura, pero tras fallecer en un trágico (y escabroso) accidente, Wei se ve obligada a trasladarse a vivir con su tía en Nueva Zelanda, con el firme propósito de continuar la investigación. Y estamos ante un film tan excesivo como su hermana mayor, menos refinada, pero también menos pretenciosa; un desfile de atrocidades, a menudo incongruentes (la escena central es un wtf en toda regla), que se maneja en los terrenos del tan manido body horror, sin perder de vista referentes como el primer Peter Jackson (al fin y al cabo, también neozelandés) o el sentido del humor, viscoso y punkarra, de joyas como RE-ANIMATOR. 
Dura hora y media, se ve como un tiro y, para el presupuesto que maneja, es más que digna si no se le pide más de lo que realmente quiere ofrecer.
Saludos.

domingo, 23 de febrero de 2025

Rincón del freak #636: Gitanito hereditario no parte peras con los criptopayos


 Lo más divertido que ha dejado esta semana es ver a un montón de subnormales estafados por otro subnormal, con el agravante de no sé qué historia de fraternidades, libertades y otras sustancias menos diagnosticables. Es cosa de risa asombrada, de frotarse mucho los ojos, pero no deja de suponer la constatación de que vivimos una simulación en toda regla, en la que el fondo verde, la tramoya, han absorbido la complicidad genuina, convirtiendo el cuerpo y el entorno en espacio físico aunque intangible. O dicho de otro modo: pasarse de listo no es lo mismo que pasarse de inteligente. Esta dulce payasada me ha hecho pensar en una película de las de fondo de armario, pero muy al fondo, titulada LARGO WINCH, en la que un supermillonario (no sabemos por qué) adopta un niño yugoslavo (¿?), que luego resulta ser un jovenzuelo que prefiere la capoeira mochilera que los bienes raíces (acabáramos), pero exterioriza su indignación de heredero bastardillo (aunque no varíe la expresión bobalicona en todo el film) a la muerte del adoptador, que desencadena el consecuente terremoto sucesorio. Ahí, como si SUCCESSION se hubiese encontrado con JOHN WICK, pero no lograse superar un anuncio de Paco Rabanne, que por otra parte me parece el porno perfecto para un criptobro de esos. No merece la pena, es mejor ver el telediario argentino, por lo que sea...
Saludos.

... ¿Y todo esto lo ha hecho usted solo?...
No, necesité estar rodeado de siete mil millones de personas...

¡Cuidao con mis primos!