Pronostico que Drew Hancock acabará haciendo algún episodio de alguna serie escondida en algún lugar de la comarca de Netflix. Lo digo por lo bien que explica una película como COMPANION algunos de los vicios más repetidos en un audiovisual cada vez más impersonal y desmenuzado. Es una nueva (otra) oportunidad perdida, con la que ensayar ese género tan complicado como es la sátira, donde uno no debe tener miedo de sus propias limitaciones, tan sólo de no ser capaz de reconocerlas, abundando en un discurso aparentemente rupturista, pero conmovedoramente conservador, y por tanto ingenuo. La premisa no es el colmo de la originalidad, apuntando hacia el excitante terreno de las inteligencias artificiales, condensado en la figura de Iris, una especie de robot diseñado para satisfacer las necesidades de su dueño, pero que es manipulada para cometer un crimen que desencadenará una serie de acontecimientos incontrolables. Si no se es demasiado exigente, podría haber sido un entretenimiento digno, pero el montante se viene abajo con unos personajes que simplemente te dan igual, una excusa argumental cogida con alfileres y una rutinaria dirección, donde cada plano por venir es perfectamente predecible. Se puede ver, ya digo, como ese producto indoloro de consumo rápido, el problema es que nos lo encasqueten como el novamás en clave de comedia negra, que no es más que constatar la cortedad de miras de una industria con exceso de grasa superflua, contentando a consumidores de cómida rápida.
Puede que tenga el récord de clichés amalgamados en el menor tiempo posible.
Saludos.