miércoles, 31 de octubre de 2012

Estos locos muchachos



THE HUNGER GAMES... el supuesto nuevo pelotazo/franquicia de la temporada, y de aquí a unos cuantos  años... o esa es la intención. Hablé aquí tiempo ha de la gratísima impresión que me supuso el visionado de PLEASANTVILLE, la ya lejana ópera prima de Gary Ross, un tipo que, la verdad, se ha prodigado más bien poco (apenas tres títulos en quince años)... ¿Alguna conclusión de esto?: la respuesta es un no rotundo tras ver las insalvables diferencias entre estos dos títulos (y SEABISCUIT no pasaría de insulsa anécdota). THG es lo que es, un videojuego filmado que no puede trascender más allá de su propia idiosincrasia. En una curiosa analogía, esta rampa de lanzamiento para lo que amenaza con convertirse en otra cadena inacabable se debe a su público igual que sus jóvenes protagonistas... Demasiado jóvenes para ser creíbles, perfectos para ese público hambriento de más comida preparada. A la hora de calibrar un juicio mesurado, lo que el que esto escribe esperaba era cómo resolver un problema estrictamente de fondo, teniendo en cuenta el carácter juvenil tanto de la obra literaria (¡pero qué bueno soy!) como de las películas; esto es: si sólo podía quedar uno vivo, el resto tenía que morir, y un fuera de campo sería insultante. Respuesta de la Lionsgate: "Mueva usted mucho la cámara, señor Ross; no queremos explicitud, sino caras compungidas... puños al aire... Aquello de '¡A Dios pongo por testigo!', ya sabe..." Así que el culo queda al aire desde el primer momento. Te propongo a un montón de muchachada carniceriándose mutuamente... pero no te lo puedo enseñar, porque esto es U.S.A. y aquí somos muy buenos... En fin... Lo demás es una distopía torpemente contada, con algunas interpretaciones aberrantes (Harrelson... Sutherland... Bentley... Tucci... el vil y dulce metal...) y un sentido del ritmo francamente cansino, que hecen sus dos horas y media eteeeeernas... Lo mejor: Jennifer Lawrence, una debilidad mía desde WINTER'S BONE. Lo peor: que se supone que ésta es la buena...
Saludos a la mesa.

Run for your life

martes, 30 de octubre de 2012

Esos trozos llenos de encanto



Imaginen una lujosa pero descuidada sala; un palacio de invierno abandonado. El viento agitando las ramas de los perales contra los cristales; algunos están rotos. Un silbido de aire se cuela bajo los portones, haciéndolos crujir. Anochece desde el mediodía. Intenten imaginar reunir la decadencia de un ostentoso dominio sin que éste haya llegado siquiera a existir... Quizá lleguen a rozar mínimamente el desmesurado y ambicioso fresco "contranaturalista" que Erich von Stroheim se atrevió a poner en imágenes y que, evidentemente, no le permitieron... QUEEN KELLY era un pulso a la industria que dejaba en pañales cualquier otra superproducción conocida; era 1929, el ocaso del cine mudo, y los grandes estudios hollywoodenses intentaban conciliar la desmesura de algunos proyectos con el deseo de seguir contando cosas que interesaran al público, salir del estricto entretenimiento. El problema insalvable de QUEEN KELLY no era el económico, no entonces; el problema fue su intensa incorrección, su negativa a inscribirse en corriente alguna, y lo mal que iba a dejar a Hollywood ante la crítica internacional... porque esa era la intención de Stroheim. Hoy día sólo podemos disfrutar de unos pírricos 95 minutos, apenas el principio del preámbulo del monstruo que el director tenía en mente. El palacio de invierno desaparece y da paso a un nebuloso Medio Oriente... ¿o es África? La opulencia ha quedado sepultada bajo decrépitos burdeles en los que el opio oculta rostros desencajados ¿Qué ha sido del cuento de hadas? ¿Qué no estaba contando hasta entonces Erich von Stroheim? Y lo más importante ¿Qué podría haber llegado a contarnos si le hubiesen dejado? Nunca lo sabremos, sólo sabemos que existe algo más fuerte que el odio: el ego.
Saludos regios.


Queen of Denmark

lunes, 29 de octubre de 2012

Sólo un golpe es necesario



La vida no es justa: la vida es injusta. En la concepción narrativa de los hermanos Dardenne, esto equivale a un infinito abanico de secuencias programáticas expandidas en todas direcciones. Incluso en sus intentos más luminosos, los cineastas belgas saben que en la injusticia (no en la denuncia explícita, sino en el muestreo sin más) reside más brillo que en la moralina, un gusano que devora cualquier gramo de veracidad en pantalla. Es por eso que LE GAMIN AU VÉLO da la impresión de buscar desesperadamente algún tipo de redención penúltima en una cinematografía en absoluto cansada (ni tan larga), pero es un espejismo. Lo que los Dardenne logran en su último film es un nuevo e inesperado giro de tuerca, bucear en las tranquilas aguas de un lago para descubrir el horror del desprecio humano por sus semejantes. Así, nos es tan difícil de creer la crueldad que rodea constantemente a Cyril (¿Qué hubiese dicho Truffaut del joven Thomas Doret?) como el repentino samaritanismo de la peluquera (Cécile de France, sin gritar...), convertida en madre accidental e improvisada (en el más amplio sentido de esta palabra. El mérito de los Dardenne es convencernos de que nos importa esa ínfima pecera, que todos los acontecimientos a desarrollar no sólo tienen una justificación, sino que han de atañernos íntima y directamente, como reflejo de una sociedad tan deshumanizada como insolidaria; tan hipócrita con sus bondades como despreocupada de las minúsculas maldades que la conforman. Así, LE GAMIN AU VÉLO está dispuesta a tenderle siempre la mano a ese pequeño paria, cuyo lenguaje sólo él entiende; da igual que la esperanza quede encarnada en una peluquera infértil (y un poco egoísta también), el caso es que siempre haya una esperanza para todos, en cualquier lado.
Saludos pedaleados.

Bike

domingo, 28 de octubre de 2012

Rincón del freak #82: Cuando la dignidad se metamorfosea en vergüenza ajena



Hay una muy fina línea entre una historia de superación personal y el folletín descaradamente exploitation. Una línea que, o se tiene un agudo sentido del humor (léase Monty Python, por ejemplo) o es mejor no cruzar, bajo el riesgo de cometer el más insensato de los ridículos. Hay muchos casos, incontables, en los que el cine ha aprovechado una situación personal dramática para perpetrar las más diversas fechorías artísticas. Enfermedades, deficiencias y padecimientos varios puestos al servicio de una propuesta artística nula y con el único afán de usar esto como reclamo, aprovechando la habitual plañidería de un público impúdicamente voyeur, que no duda en anteponer el "cómo" al "qué". Por supuesto, si a todo esto le añadimos que el protagonista sea un tierno infante... la sopa está servida. Un escueto ejemplo es la producción canadiense THE BLUE BUTTERFLY, en la que se nos cuenta la historia ("basada en hechos reales"... ufffff) de un niño al que diagnostican un tumor cerebral y cuyo sueño es atrapar una Blue Morpho, una rarísima mariposa de color azul que apenas puede encontrarse en selvas tropicales. Resumiendo, la madre del muchacho se planta en casa de un entomólogo de prestigio y este no duda en irse con ambos dos de excursión al Amazonas. Luego hay una eterna sucesión de planos "National Geographic", que no necesitaban de un trasfondo dramático; mientras que al pobre William Hurt le ponen a corretear por la selva con el niño encima (bastante tírrico, por cierto). La probabilidad de encontrar la mariposa es apenas la de que te toquen un par de primitivas, pero el tesón de una madre coraje, que "convence" con sus encantos al cada vez más mosca entomólogo (chiste fácil), todo lo puede; así que terminarán encontrando al bicho de las narices y colorín colorado. Resumiendo: demasiada pamplina para un lacri-show de sobremesa por cable.
Saludos desde la crisálida.

You're killing me

sábado, 27 de octubre de 2012

La movida medieval



A cuarenta años vista, la (re)visión de I RACCONTI DI CANTERBURY suscita no pocas contradicciones al espectador actual, tan poco acostumbrado a que la carnalidad sea motivo de jolgorio, no sé si justificado, pero en cualquier caso interpretativo, sí. Oso de oro en Berlín, esta hipersexual puesta en imágenes de los inmortales escritos de Geoffrey Chaucer tiene el mérito de reírse de muchas cosas y, además, hacerlo con la burla inocente de un niño mientras hace una pedorreta ¿a quién? Supongo que a los miopes, a los que desconfiaron de Pasolini, tanto cuando se ponía serio como cuando expectoraba impúdicamente su inabarcable sentido de la sensualidad, de cómo debía ésta ser puesta en imágenes, sin tapujos ni falsos claroscuros, apelando a "lo inocente" como inofensiva celebración de la carne. Pero aparte, en estos "cuentos", un poco atropellados, con poco margen a la contemplación, uno se topa de bruces con una sucesión de sketches al más puro estilo del viejo slapstick; donde cabe desde una explícita mención a Chaplin hasta las inacabables persecuciones de un Buster Keaton trasplantado a una Edad Media donde, por fin, un cineasta es capaz de mostrar la falta de higiene como cosa común, aparte del folleteo como un acto más de insumisión a la moral (doble) de la iglesia. Personalmente no es de los trabajos de Pasolini que más me entusiasmen, ni lo considero de lo mejor suyo, pero siempre es reconfortante volver a esos inconformistas y diletantes, sin los que la situación, si es que es posible, aún podría ser peor.
Saludos carnales.

Garden of paradise

viernes, 26 de octubre de 2012

Ozu en Viernes #27



En 1957, Yasujiro Ozu filmó una película que en otras manos habría quedado pedante, excesiva y autobombástica; me refiero a TOKYO BOSHOKU (CREPÚSCULO EN TOKIO), donde ya la habitual lección de moralidad deriva conscientemente hacia una especie de "sorna panorámica", más acorde con el doble reto de dejar definitivamente atrás los fantasmas de la guerra y, además, abordar una nueva generación que empezaba a mirar a occidente como modelo, algo que, por otra parte, el propio Ozu nunca ocultó. Sus "guiños" al cine americano eran constantes, lo que queda patente en una escena francamente fascinante y que marca un antes y un después en el trágico devenir de la historia. La joven Akiko, que acaba de recibir el mazazo de haber quedado embarazada, espera infructuosamente a su novio en un local; al fondo, una fotografía de Mitchum con un revólver; hay un cruce de miradas; el camarero viene varias veces a preguntar; un desconocido se acerca a Akiko, le pregunta por qué está allí tan tarde; ella desconfía... Pero al fin y al cabo es Ozu; el desconocido es un policía que retendrá a Akiko y llamará a su hermana mayor, Takako. Nadie sabe que está embarazada. Punto de inflexión rodado con pulso y brío; antes, hemos conocido a esta familia escindida por el abandono de la madre, de la que nada se sabe; Takako tiene un hijo pequeño al que cuida tras la traumática separación de su marido alcohólico, otra figura fantasmal; el padre intenta mantener la unidad familiar con una rectitud justa y equilibrada, de vez en cuando recibe la visita de su hermana, que vive de préstamos y alardea de una vida práctica y de sentimientos aparcados (¿les suena de algo?). Y al fondo, en este Tokyo de infinitos cables en el que el crepúsculo adopta el último Blanco y Negro filmado por Ozu, la gente juega al MahJong y al Pachinko mientras sorbe fideos con sake; Japón se separa de sí mismo y llega para quedarse junto al resto del mundo. Y el enésimo tren parte; no ha quedado nada tras la tormenta, una tormenta suave pero devastadora. El pulso de un cineasta único.
Y la semana que viene, más.
Saludos.

Architect

jueves, 25 de octubre de 2012

Principio de depresión y 2



El aviso, antes de nada, se hace imprescindible: hablar de riesgo en la película de Lars von Trier, comparándola con la MELANCHOLIA de Lav Diaz, es un chiste, una bromita de mal gusto y evidentemente de gran desconocimiento. Esta MELANCHOLIA es una monumental-pequeña película; pequeña porque está rodada con nulos medios y lo fía todo al talento literario de su guionista (el propio Diaz), apoyado en una severa cámara digital tornada a un Blanco y Negro inquietantemente apagado. Monumental porque son 450 minutos de película... No se asusten ante la inmensidad, yo no lo haría ante una novela de mil páginas; además, hoy día uno no tiene que tragarse semejante mastodonte de una sentada (yo tardé dos días). Pasada la anécdota, lo que Diaz propone es un ingenioso e intrincado juego de espejos que, una vez visto, justifica sobradamente la duración ¿O no vivimos actualmente la fiebre de las teleseries, algunas prácticamente inacabables? Lo que hace a MELANCHOLIA habitar un estrato superior es, simplemente, su calidad narrativa; y es un gustazo perderse por sus márgenes, exabruptos, saltos definitorios, intrahistorias... Sí, como una buena novela... pero filmada. El principio puede resultar desconcertante: Una pequeña población de la periferia (selvática) filipina; una monja que pide ayuda para los pobres por las calles; una puta recién llegada y un chulo local que intentará reclutarla. De acuerdo, los personajes interactúan, se encuentran se separan y... voilà, de repente nada es lo que parece, ni nadie es quien representa. Se habla constantemente de un misterioso personaje, Julián, al que llegaremos a mitad de la cinta; un desquiciado cruce entre un intelectual ebrio, un diletante trasnochado que organiza radicales performances y un cruzado de la filosofía activista. Nuevo giro. No me gustaría traspasar la línea de lo explícito, porque el film es, ya digo, un extenso manual de sorpresas, pero sí que debo aclarar en el final de esta entusiasmada reseña que el gigantesco círculo propuesto por este director, multipremiado en festivales de medio mundo, es una reflexión sobre la miseria moral de su país tamizándolo por diferentes circunstancias personales que, en suma, no son más que estados depresivos, más bien de impotencia ante ese "mal sin nombre" que se esconde en la recóndita Filipinas, y que la nueva y muy interesante hornada de jóvenes directores está ya poniendo sobre aviso gracias a su significativo paso por festivales internacionales. Así que si quieren riesgo, deberían saber dónde mirar.
Saludos emocionalmente aplastados.


Melancholy man

miércoles, 24 de octubre de 2012

Principio de depresión 1



Veo un problema fundamental en MELANCHOLIA: no trasciende. Y ningún trabajo reciente con mayor afán de trascendencia que éste, ojo. Y me da un poco de cosa, porque yo ya tenía gran parte de fe perdida en Lars von Trier, pero ni es éste su peor trabajo (de ninguna manera), ni, tras su desconcertante visionado, uno tiene la sensación de que el danés se haya cerrado puertas conscientemente, como así parecía con la terrible (en todos los sentidos) ANTICHRIST. De esta película no-apocalíptica, que entiende el fin del mundo como un estado mental/emocional más, lo más estimulante es su trasiego dentro-fuera, puede que agotador, en el que tanto da un planeta amenazante que una madre fuera de sí ante la hipocresía de su hija (Charlotte Rampling en la mejor escena del film). Dependiendo del espectador, MELANCHOLIA aparece como unejercicio visual (y sonoro) fascinante y descorazonador, o como un anuncio de colonias con brillantes insertos dramáticos. Sorna o esfuerzo; garra o diarrea... Sea como fuere, me da que von Trier se fía demasiado de sus espectadores y les obliga a intuir más que a ver. Personalmente me da un poco de risa que para un "final de todo lo conocido" uno elija una boda pija, pero, seguidamente, el director me quita la razón con algunos de los mejores diálogos de toda su carrera; la película gana en los espacios cerrados y las distancias cortas, y se nutre de un excepcional trabajo de actores. Sensacionales Rampling, Kiefer Sutherland, Stellan Skarsgard y un tremendo, descacharrante, John Hurt. En cambio, a Charlotte Gainsbourg yo sigo sin verla, lo siento; ni me la creo ni la ubico, ni le encuentro esa catarata de bondades que todo el mundo le ve... En cambio, Kirsten Dunst, hace todo lo que puede por conformar una figura lo suficientemente potente. Su presencia engancha desde el primer momento, y su habitual estilo interpretativo despista; no sabemos su verdadero estado de ánimo, y son los sucesivos encuentros con otros personajes los que determinarán su rasgo último, que no es otro que la depresión. Y es la depresión la verdadera protagonista de esta película menos arriesgada de lo que se podría pensar a priori, no la aniquilación, puesto que la segunda aparece ya como rasgo irrefutable de la primera. En este aparte, la abundante bibliografía utilizada para delinear este estilizado paseo por los sentidos "sentidos", se antoja principal a la hora de intentar descifrar unos movimientos noo tan sísmicos, creo que finalmente coreográficos. Es Lars von Trier, y es mucho mejor que la boina visual de Terrence Malick (les han comparado tanto...), pero al danés aún le queda terminar la universidad para siquiera asomarse a la profundidad abisal de, por ejemplo e indudablemente, Ingmar Bergman.
Saludos en colisión.

Melancholy sky

martes, 23 de octubre de 2012

Freestyle



En términos cinematográficos, SHADOWS es jazz. En términos jazzísticos, la ópera prima de John Cassavetes es un sablazo de whiskey y humo en penumbra. En términos artísticos, SHADOWS es un productor de Hollywood en calzoncillos (evidencia) y sin saber dónde esconderse. La primera película de Cassavetes no sólo abrió la posibilidad de hablar de "cine independiente", sino que se adelantó a la Nouvelle Vague en intenciones y resultados y deslumbró a la crítica europea, que demandaba "el siguiente paso" tras el neorrealismo. No es Bergman, ni es Antonioni, ni mucho menos Fellini; igual que cuesta rastrear a los posteriores Godard, Rivette o Resnais. Lo que Cassavetes logra es que asistamos a un trozo de realidad arrancado a trompicones de su propia circunstancia; que la exposición de la problemática racial (aquí no más que una excusa argumental) aluda tanto a un grasiento y neoyorquino "Romeo & Julieta", para, seguidamente, zarandearnos hasta los confines de los clubs clandestinos, donde los negros son ¡SON! No eran los negros en aquellos tiempos, porque, por ejemplo, Hollywood se cuidaba en relegarlos a papeles no ya secundarios, sino directamente ridículos (ridiculizantes) y que poco o nada tenían que ver con su dura realidad social. Cassavetes no sólo se atreve a colocar al negro a la misma altura que el blanco, sino que lo despreocupa y utiliza su imagen de la misma manera que podría hacerlo con un blanco; así que no se preocupa más allá de lo que SHADOWS significa tras su apariencia descuidada. Y es que, además de suponer un fresco instantaneizador de su tiempo, es también, lo sigue siendo más de cincuenta años después,  uno de los exponentes más lúcidos e inteligentes de cómo burlar la planicie mental de la industria y emplear la brocha gorda como un florete cargado de intención. Y debo decir que no es mi favorita de Cassavetes, pero también debo decir que su aroma irreverente y combativo es tan excitante como irresistible ¿Una obra capital? Véanla, no se puede decir otra cosa.
Saludos umbríos.


Shadow

lunes, 22 de octubre de 2012

Tiempo que no vuelve



Es un reto francamente complicado el impregnar la película "rodada" de la especial mirada infantil; ver el mundo como sólo lo ven los niños, con su inocencia, su angustia por no sucumbir a la razón adulta... Es difícil porque lo que para un niño es importante no lo es para un adulto; lo es porque las películas las hacen los adultos, porque "lo infantil" a veces es confundido con "lo intrascendente"... como si importara "lo trascendente". Y en ese reto fue rodada YUKI & NINA, un insólito paseo por el imaginario infantil sin onirismo ni artificio, puede que buscando un imposible equilibrio entre la mirada adulta y la infantil, sin ceder definitivamente la palabra a ninguno de los dos y respetando una cierta distancia moral, ni juzgando ni defendiendo, sino observando. La historia es simple. Dos niñas, amigas inseparables, se enfrentan a una dolorosa disyuntiva: los padres de Yuki (francés y japonesa) se van a separar, y la madre va a volver a Japón con Yuki, que no puede soportar la idea de dejar atrás para siempre a su amiga, que es su mundo. Y entender esta lealtad incondicional, tan extraña a los intereses adultos, supone el reto más importante para el tándem Girardot/Suwa, donde la "realidad transformada" del director japonés encuentra fácil acomodo con el magnífico trabajo de Girardot con los actores, especialmente las dos niñas, cuyos encuentros nunca parecen impostados, sino que tiran de toda la naturalidad de quien se conoce desde siempre; y desde siempre, para un niño, no tiene por qué ser tanto tiempo. Podríamos aprender de películas como ésta a ser más tolerantes, a no dar por sentadas todas las amrguras con las que la vida nos obsequia. Puede que incluso a ser felices... y eso sí que es más complicado...
Saludos a mi pequeña...

Banner y Flapi

domingo, 21 de octubre de 2012

Rincón del freak #81: La nena nos salva el culo




La cosa se llamó SALT, y nos hablaba de una muchacha muy mona pero muy dura... Es decir: te parte la tráquea mientras desenrosca su pintalabios de Givenchy; y también puede revelar secretos de estado para, seguidamente, desvelar las bondades de la colección otoño/invierno de Vuitton... Divertido, pero improbable. Lo que no termino de entender del todo es la condescendencia con la que fue recibido el film de  Phillip Noyce, artesano de modos clásicos y sofocados esplendores, en Estados Unidos, mientras que el público europeo lo recibió no ya con escepticismo, sino simple y llana sorna. No es creíble, porque no es una historia creíble, y menos con Angelina Jolie, que a lo mejor sólo puede hacer este tipo de papeles, pero que desde luego lo peor que le puede pasar es precisamente tomarse demasiado en serio. Tomarse en serio una historia cuya trama parece salida de un cuaderno escolar es sintomático y poco agradecido. Que Rusia ya interesa poco como "cerebro malvado y maquinador" queda patente en los giros que este tipo de cine, el de espionaje, ha tenido que forzar en los últimos tiempos, buscando lasraíces de la conspiración donde nadie había mirado desde el fin de la guerra fría. Así, SALT no sólo es anacrónica y queda desvirtuada en sus tambaleantes planteamientos, sino que además es muy aburrida y previsible. Finalmente, uno no sabe qué diablos está salvando esa espía envuelta en armiño, si un mundo libre repleto de centros comerciales o una utopía plagada de American Express de saldo infinito. En mi opinión, si sólo se hubiese guardado de salvar su turgente culo... a lo mejor hubiese pintado hasta más serio...
Saludos... eso, saludos...

Ocean breathes salty

sábado, 20 de octubre de 2012

Un destino relativizado



THE SIN OF HAROLD DIDDLEBOCK es una de las películas más extrañas que he visto nunca. "Extraño" de "extrañamiento"; de no saber bien dónde ubicar lo que se está viendo. Fue la última película protagonizada por el mítico Harold Lloyd (hablamos de 1947) con la única premisa de relanzar su ya más que muerta carrera. Muy curioso, ya digo, no sólo porque significó el definitivo certificado de defunción de un Lloyd, empero, sin agobios económicos (poseía una de las mayores fortunas de Hollywood), pero que insistía a los productores con una morriña de los buenos tiempos, aparte de la absoluta convicción de que su talento para la comedia no habría de verse menoscabado ni por el sonoro ni por su edad (45 tacos, que tampoco era un anciano). El verdadero problema era borrar el gigantesco icono de aquel Lloyd de la época muda, reciclarlo en otro tipo de actor, lo que tiraba para atrás a cualquier productor. Se dice que la California Pictures no era más que la pasta de Lloyd con la cara de otro; el caso es que se las ingenió para protagonizar esta surrealista ¿comedia?... (yo no estaría tan seguro)... que empieza nada menos que con un trepidante flashback de la maravillosa THE FRESHMAN, con un remozado Lloyd corriendo unas yardas que le llevarán hasta... ¡1947! Aquella promesa del fútbol americano se ha convertido en un gris oficinista que, de golpe y porrazo, se ve en la calle. Hasta ahí, Sturges traza un semblante muy diferente de Lloyd y lo integra en las sombras del parado de cierta edad. Harold Diddlebock es el paradigma del common man aplastado por el paso del tiempo; sin saber qué hacer, se emborrachará junto a un vagabundo, perdiendo sus ahorros y... ¿Han visto RESACÓN EN LAS VEGAS?, pues no hay nada nuevo bajo el sol. Diddlebock, en plena fiebre etílica, pasará de la miseria a ser millonario, conocer a la mujer de su vida y, además, cerrar el círculo en una cornisa perseguido... por un león... E insisto: si quieren ver una comedia que no lo es, pero que termina abrazada al slapstick de los tiempos dorados, puede que THE SIN OF HAROLD DIDDLEBOCK les marque un antes y un después en algunos de esos conceptos "inamovibles" que tenían acerca de cómo debe ser la historia del cine; básicamente porque el cine siempre ha sido un medio saludablemente tectónico. Véanla.
Saludos pecaminosos.

Persecution

viernes, 19 de octubre de 2012

Ozu en Viernes #26



Tras la magnífica acogida de TOKYO MONOGATARI (y por extensión, el descubrimiento a nivel mundial de su obra anterior), Yasujiro Ozu emprendió la que sería su película más ambiciosa y elaborada. SOSHUN (PRIMAVERA PRECOZ), extiende ante el espectador una sinuosa red de conflictos, sentimientos y, sobre todo, pareceres humanos, que termina conformando un gran territorio de múltiples pliegues; no tan precisos como cabría esperar, pero sí de un gran calado interior. La fugaz aventura del gris funcionario, hastiado de su fría esposa e inamovible vida, tras la tragedia (veladamente subsecuente) de la pérdida de su único hijo, no es más que un motor inagotable desde el que reverberar los sensibles cambios que la sociedad nipona estaba experimentando a marchas forzadas mientras, lentamente, los escombros de la guerra iban dejando paso a un Japón nuevo, renovado, pero también temeroso de perder sus ancestrales costumbres. Menos ensimismado en sus personajes, Ozu mantiene el fuera de campo como auténtico corazón, y filma una película coral que, increíblemente, se salva del exceso y la parrafada inútil. El ser humano descrito por este maestro de la narración nunca vislumbra su futuro, sino que se aferra a un presente en constante mutación y su asombro y desnudez quedan implícitos en su propia confusión. Finalmente, Ozu cierra el círculo con el prolongado traslado laboral del hombre; una expulsión en toda regla, de su no-sociedad, de su falsedad como marido y de una vida apenas vivida. La mujer llega en el tren, inesperadamente; podría ser una tregua, parece un reencuentro... ¿Quién sabe?... Las vidas contadas siempre deben dejar algún lugar sin descubrir...
Y la semana que viene, más.
Saludos.

Spring affair

jueves, 18 de octubre de 2012

Quizá un instante



ZERKALO (EL ESPEJO) es irritante, una irritante obra maestra... ¿Por qué irritante? Por no poder entrar en ella, por su inimitada hermosura formal, por no poder ubicarla dentro de un género reconocible y confortante a nuestros sentidos. Desconozco si la intención de Tarkovski era olvidarse del espectador, fundamentalmente porque ésta es una película de la que resulta difícil desprenderse una vez vista. Traspasado el primer umbral de asombro, y porque sus imágenes así lo requieren, hay pequeños indicios que nos van jalonando una posible piedra de toque, un asidero. El aire que encierra el film es pesado, como el de una pesadilla... o un recuerdo; quedémonos con la teoría de la vida ante los ojos del moribundo, aunque también se atisba un cierto arrepentimiento, algún tipo de vergüenza ante no poder arreglar ya lo dañado. Así ¿está sucediendo todo en el cerebro de alguien? ¿se refiere "el espejo" a la posibilidad de verse a uno mismo fuera del propio subconsciente? Es el no poder dar una respuesta definitiva a estos temas lo que realmente irrita, porque, a mi juicio, la calidad artística del film es poco discutible; lo que sigue coleando es si sirve a, incluso, sus propios propósitos. Habría que saber primero cuáles son éstos, en qué lugar de una "intención" quedan finalmente albergados. En lo que ya no concuerdo es en eraizar un argumento en sí mismo, puesto que, aparte de no interesarme demasiado por venir del director que viene, su ejercicio de "vaciado" es perfectamente contrapuesto y contraprestante a partir de cómo se percibe el mundo real en nuestra intransferible (y esta palabra es importante) visión de "lo real". Tarkovski intentó filmar sueños, no recrearlos; usted está ahí y yo, gracias a la tecnología, ni siquiera existo, sólo quedan las letras... ni siquiera reales... ni siquiera físicas. Es existir, es percibir y es incubar.
Saludos reflexivos.

Mirror man

miércoles, 17 de octubre de 2012

Baños digitales



RISE OF THE PLANET OF THE APES tiene una cosa muy buena y otra muy mala; y eso sin contar con el hecho de que nadie (yo incluido) daba un duro por "otra de monetes", después de la canallada perpetrada por Tim Burton para pagarle una lipo a HBC... Bien... Lo bueno, muy bueno, es que juega su propio partido, el de las pelis entretenidas que no meten la pata en ningún momento ni nos suena a "otra vez lo mismo" ¿Es una precuela? Hombre, puede ser; de hecho, lo que más me gusta es que toda conexión con el majestuoso original de J. Schaffner queda a merced de la memoria o intuición del espectador, lo que te redimensiona un título mítico sin tener que recurrir al mismo. En este sentido, son especialmente significativos los títulos de crédito del cierre. Lo malo, en cambio, es que técnicamente se trata de otro sentido muy diferente; claro que el reto era retratar a simios reales, y no una mezcla entre simios y humanos, y ahí, pese a que se trata de recreaciones digitales muy creíbles, se pierde un poco la textura. Esto puede ser más o menos importante, aunque me quedo con un par de aspectos que sí creo que son muy relevantes. Primero, el recurso de la epidemia no está cogido por los pelos, sino muy bien justificado; además, toda la parte final es un alarde de montaje y ritmo ¿que es digital? Ya, pero muy bien hecho. El final de RISE... es trepidante, sorprendente y sin demasiada mojigatería a la hora de representar el salvajismo requerido por la historia; una especie de terremoto a pequeña escala que va creciendo poco a poco y que termina estremeciendo por la veracidad de sus tesis. El trabajo de los actores es muy correcto, pese al esquematismo de algunos de ellos; y Andy Serkis, el hombre de los mil "disfraces" digitales, logra que indaguemos en la mirada de César y que ello nos produzaca cierta inquietud... En cuestión de cine comercial, de lo mejor que he visto últimamente; y su director, otro nuevo nombre a seguir.
Saludos desde la jungla urbana.

Apeman

martes, 16 de octubre de 2012

Donde está el corazón



Muchos coinciden en señalar DONOVAN'S REEF como uno de los más exquisitos divertimentos filmados por John Ford, y tuvo muchos a lo largo de su dilatada carrera. No es sólo el idílico paisaje del Pacífico, donde ex-combatientes han encontrado la paz y la felicidad; ni la estupenda demostración de socarronería con los "visitantes", que creen llegar a un lugar semisalvaje y se topan con un grupo de personas conviviendo en armonía. En realidad, lo que distingue a esta magnífica película de otras que intentan llegar a ese tono (sin lograrlo) de irrealidad cotidiana es que no vende humo, ni se preocupa por ser coherente con sus propios preceptos. Lo que interesa a Ford no es "lo político" (sea correcto o no), sino "lo humano". Así que es una soberana soplapollez ponerse a decir: "no, es que son todos unos vividores que se aprovechan de los pobres lugareños"... Más que nada porque incluso podría ser eso ¿por qué no? ¿Es que hay una vara de moralidad en alguna filmografía que yo me esté perdiendo? Yo no comparo; me siento a ver DONOVAN'S REEF con el mismo placer que una comedia de los hermanos Marx o una peli de Jerry Lewis. Y claro que hay puñetazos por y en la cara; y los tipos como John Wayne (de los que ya no hay) le cogen el culo a las señoritas bostonianas con el pretexto de darles una azotaina; y fuman puros, beben cerveza a raudales, cantan... y hasta tienen tiempo para decirle a los niños: "Cuidado, no vayáis a terminar como nosotros", aunque a uno no le hubiese importado terminar como estos puntos, disfrutando de la vida y sin caer en ningún tipo de doble moral; porque moral no hay más que una, y es la de cada uno. Para ir terminando, y sobre todo para los que aún no hayan visto esta entretenidísima película: dejen las pajas mentales a un lado, prepárense un gin-tonic con pistachitos y rásquense el culo cuanto deseen... ¡Esto es John Ford!
Saludos Pacíficos.

Irish heartbeat

lunes, 15 de octubre de 2012

Por amor al arte



Si he de ser sincero, debo decir que no saqué muchas conclusiones de aquello que se llamó KICK ASS, excepto que a su director, Matthew Vaughn, se le notaba la pasión comiquera en cada fotograma, lo que llevaba en más de una ocasión a sacrificar coherencia narrativa por una rápida sucesión de viñetas. Siendo uno de los dilemas más apreciables en la fiebre de adaptaciones de comics de superhéroes, no es de extrañar que se busquen nuevos reformulamientos para lograr una cierta simbiosis; lo que extraña es que esto queda comprobado cuando se bucea en los mismos orígenes de los comics books, mucho más que en la vuelta de tuerca postmoderna. Puede que sea por la sencillez de planteamientos, formas y motivos; por la candidez presencial o, simplemente, la impagable oportunidad de conciliar la fantasía con algunos hechos históricos de relevancia. Ya THE AVENGERS era arropada por los orígenes de sus distintos integrantes (sobresaliendo el Capitán América de la WWII), por lo que no podían ser menos los mutantes de X-MEN: FIRST CLASS, sonada precuela preñada de orígenes y ensaladas genéticas varias. La película está bien, mejor que sus predecesoras, pero no lancemos las campanas al vuelo, porque el que se tiró sin paracaídas fue Bryan Singer a principios de siglo, y hay que ser muy inepto para empañar una franquicia con el éxito asegurado. Como decía, su gran baza es la cuidada ambientación y respeto por los personajes originales... ¿originales? No, ésta no es la Patrulla X original, excepto Beast cuando ni siquiera era azul, sino una excusa para contar el origen de Magneto con algo más de vidilla; desde luego espero que sea eso y no burlarse de la gente por su supuesto desconocimiento. Y poco más... Buenos efectos, y unos actores magníficos, aunque el guion me flojea un poco cuando colocamos a dos actores de talante tan diferente como James McAvoy y Michael Fassbender, sin duda el gran acierto de casting. Kevin Bacon está solvente dando vida al ambiguo Sebastian Shaw, pero ya digo, olvídense de la cronología original, porque esta adaptación va a su propia bola. Otro entretenimiento de lujo para días vacíos...
Saludos mutados.

Those first impressions

domingo, 14 de octubre de 2012

Rincón del freak #80: Indecencia travestida de inocencia



El otro día hablaba aquí de PROMETHEUS; no muy bien, pero tampoco muy mal. Supongo que Ridley Scott me produce un sentimiento único, que no puede atribuirse a ningún otro cineasta; una mezcla de cariño/nostalgia y pena/desidia. Esto, cada vez estoy más convencido, va quedando patente a medida que comprobamos con estupor que aquello tan socorrido de la serie B ya no tiene ningún sentido. No lo tiene porque lo de la "pobreza de medios" no puede corresponder a la imagen filmada en sí; cualquier gañán puede, por una miseria, hacerse con un equipo de filmación bastante aseado, aunque sólo sea, claro, para eso de la "apariencia". La segunda lectura nos dice que, lejos de suponer una ventaja, la eliminación de grano, filtrados lumínicos y Alted woofers lo que dejan expuestos son los fallos de importancia: dirección de actores, ritmo narrativo, calado argumental o esa "sensación de frescura" de las óperas primas que han quedado en nuestra retina a través de los años. No es el caso. El otro día (hace meses, en realidad) vi una cosa llamada WHITE WALL. Insípida, sin nada que contar y con un serio problema de argumento (porque no tiene), es en efecto una ópera prima filmada por un imberbe jovencito, pero no tiene ni mucho menos frescura; y ya es sintomático que un septuagenario pueda ganar en eso a un veinteañero, ahí lo del dinero parece un chiste.
Si quieren saber el argumento (es un decir) tienen páginas informativas en la red; yo sólo puedo decirles que es un horror.
Saludos blanquecinos.

Mack the Knife

sábado, 13 de octubre de 2012

Evasión y victoria



A mediados de los cuarenta, los Hal Roach Studios fueron un hervidero de lo que, en pleno conflicto mundial, no podía ser otra cosa que una producción a toda máquina de ficción evasiva, con un pie en los seriales radiofónicos y otro en el folletín por entregas. Y uno de sus empleados más ilustres fue, cómo no, el imparable Roy del Ruth, que tanto te montaba un lujoso musical con chisteras que aludía al orgullo nacional contándote la épica historia de Babe Ruth, para, sin solución de continuidad, embarcarse en el terror de serie B con monstruos de goma y eso. Un todoterreno al que encargaron, allá por 1941, la continuación de TOPPER, tremendo éxito cuatro años antes, en el que un jovencísimo Cary Grant encarnaba a un fantasma con ínfulas de vividor-barra-sanguijuela. La franquicia daría para varios títulos más, en los que Roland Young actuaba como nexo de la estrella en cuestión dando vida al banquero Cosmo Topper, dotado de la capacidad de comunicarse con los fantasmas. Pero no sufran, aquí los "fantasmas" son de todo menos terroríficos; más bien unos metepatas de cuidado y con una labia que para sí querría un vivo. En TOPPER RETURNS, el fantasma era una chispeante Joan Blondell, arquetipo de la mujer liberada y sin tapujos, que tras perder la vida gana otra cosa mejor, que es estar donde le dé la gana. La otra era la blandita Carole Landis, una joven recién heredera y que se verá envuelta en mil enredos hasta que, cómo no, la inestimable colaboración de su "difunta" amiga la ayude a esclarecer quién está al acecho de desposeerla de su herencia. Hay mayordomos, amas de llaves, un chófer negro y hasta una foca; así que dispónganse a pasar un rato de sana intrascendencia junto a Cosmo Topper, el banquero extrasensorial, y sus joviales amigos... Qué tiempos...
Saludos heredados.

Time is tight

viernes, 12 de octubre de 2012

Ozu en Viernes #25



Los ecos de TOKYO MONOGATARI persisten una vez se ha visto la gran obra maestra de Yasujiro Ozu; y ese es su rasgo más identificativo, que su poderoso y sabio mensaje no se ha extinguido con el tiempo. No es lo mismo ver esta emocionante película aislada del resto de la filmografía de Ozu que hacerlo habiendo seguido una trayectoria que se remontaba a más de treinta años antes. La diferencia es poder constatar el gran trabajo de depuración que Ozu consigue sin moverse ni un milímetro de sus férreas líneas maestras. Los mismos personajes de siempre, en los mismos escenarios de siempre y con sus mismas preocupaciones; el gusto por el encuadre, las mismas tres escenas de corte simbólico antes de dar paso a los personajes... Lo difícil es, en este caso, tener la sensación de que todo esto queda sublimado; que Ozu no hizo películas, sino un inacabable estudio acerca de la condición humana, quizá en espera de hallar un poco de luz en mitad de la confusión. La historia de los dos ancianos que emprenden viaje para ver a sus hijos es emocionante, no hay que negarlo; igualmente, Ozu remarca sin apuro las repugnantes conductas de los hijos, emancipados, independientes, sin interés por "esas vidas que ya han pasado". La lectura filosófica da tanta importancia a quien empieza a vivir como a quien atisba su fin cercano; no es casual, por tanto, la luminosa inclusión de Noriko (la tercera en films de Ozu), que esta vez es la nuera trágicamente viuda, y que parece la única, si obviamos a la hija pequeña, que aún vive con los ancianos, capaz de entender ese sentido vital por el que el respeto a los mayores debe ser sagrado, intocable. Así, Ozu filma sin prisas todo el periplo (el tren, la ciudad, el "dulce destierro" al hotel costero, la vuelta obligada, el trágico desenlace), con un pulso sencillamente magistral, sin condescendencia ni morriña; y el tenue arrebato de furia/sinceridad del final por parte de la hija pequeña, que hasta entonces no había tenido mucho peso en la historia, viene a corroborar ese cariño "paternal" del director por sus personajes, a los que siempre les tiene reservada una oportunidad en consonancia a lo que se está contando. TOKYO MONOGATARI es una lección de vida, pero sobre todo lo es de cine, de un cine hecho con el corazón y una intuición que tiene poco de improvisada. E insisto: bucear en la extensa filmografía de Yaujiro Ozu es, también, una lección aprendida acerca de esto tan complicado que es vivir...
Y si quieren, lo digo: una de las mejores películas de todos los tiempos. Imprescindible.
Saludos.

Tokyo Story

jueves, 11 de octubre de 2012

Viaje a Utopía



No recuerdo qué dijo Carlos Boyero sobre FILM SOCIALISME, pero si lo juntásemos con lo que dijo Borja Hermoso no nos daría ni para una reseña gratis en un blog de mierda. A lo mejor es cierto y Godard ha asumido como propia la máxima "joyceana" de "aturdir" a la crítica, o desorientarla por considerarla poco digna. Dejémoslo. Godard hace en 2010 algo impensable en 2010: hablar de revolución; o de la imposibilidad de que exista una revolución; o de la posibilidad de que alguien pueda articular un discurso revolucionario usando como único arma la palabra. FILM SOCIALISME no es un drama ni una comedia; mucho menos un documental, y lucha constantemente por no convertirse en poema visual ¿Ante qué nos enfreentamos entonces? Para cada persona será una cosa diferente, o muchas. Puede ser una compresión mínima de un vasto byte cerebral a pleno rendimiento; o un ensayo a mano alzada sin parapetos emocionales; una pista falsa; un mockumentary; una patada en los güevos del fascismo; un beso antes de despertar, mientras fuera fusilan gente... Godard ya no es cine, o sí; no sé. Pero sí sé que su discurso no es ninguna pataleta engreída; sé que el tipo que filmaba sonidos de disparos para convencernos de que el cine clásico había muerto ahora hace lo mismo con el cine moderno, y habla de injusticia social en un crucero de súper lujo; quita la razón a los adultos y hace reflexionar a los niños; por último, escupe en la cara del último bastión de la indignidad: el turismo. El turismo despoja a los lugares de su sentido, incluso más allá de su historia, y todos somos culpables del crimen. Y resumiendo: la civilización, tal y como la conocíamos, se va al carajo, y una de las mejores formas de encubrirlo es hablar de ello como algo inevitable, sin profundizar en el porqué de nuestras quejas. Jean Luc Godard expone algunas claves, no todas, pero suficientes como para no ser tan pagados de nosotros mismos ¿Ficción? Por supuesto, denme ficción, pero esto no tiene nada que ver, son otras coordenadas de pensamiento.
Saludos insociables.

Worker's song

miércoles, 10 de octubre de 2012

Perdidos... muy perdidos



No voy a ser tan cruel con PROMETHEUS, tampoco es para tanto; y a estas alturas de la película creo que ya sabemos, cuando vamos a una película de Ridley Scott, a qué vamos realmente. A entretenernos, o no; porque también puede ser otra cosa. Una añoranza, una seña de identidad, un haz de luz entre tinieblas... Lo malo es que el truco queda revelado desde muy prontito; Scott no tiene ideas (tiene medios, pero no ideas; tiene un equipo del copón, pero no ideas...), así que tira de lo ya hecho. Lo ya hecho es ALIEN, y mejor, y con menos presupuesto; y como no nos la puede colar treintaytantos años después, inventa una especie de "supuesto" que da vida a la historia a la inversa. En este sentido, uno de los motivos de fascinación del original era aquel trabajo de arqueología inusitada a través del que éramos forzados a imaginar todo tipo de fabulosas historias transespaciales con dos enemigos mortales, los "Aliens" y los "Space Jockeys". Efectivamente, una vez resuelto el misterio la frase es: "Bueno... pues tampoco era para tanto"...
Una vez desmembrada la cuestión argumental, ya sabemos que, de no haberse hecho, no hubiese pasado nada; ahora, los fuegos de artificio.
La película empieza como un video de Tool, los efectos cantan por aproximación. Aleje usted la cámara y juegue la baza de "lo no filmado", porque estamos de muñequitos hasta el gorro. Luego, ALIEN otra vez; y más exactamente una mezcla entre la primera y la que filmó James Cameron (peliculón, por cierto). Hay un campo horizontal minado de "huevos" (o lo que sea, que tampoco está muy claro); poca luz, con algunos parpadeos estroboscópicos bastante molestos; un androide descabezado (como en la de Cameron); naves gigantescas; bichos feos... Pero no sale el Alien... vaya hombre; después de jodernos el misterio de los Space Jockeys, el tío Scottie, que se las sabe todas, se asegura (atención) ¡La secuela de la precuela! Algo inaudito en la historia del cine y que está previsto para... ¡2015!
En definitiva. No es tan mala como pudiese parecer, sólo un poco muy aburrida; los personajes, efectivamente, son pura caricatura, y hay algunos sin ningún peso específico. Fassbender, como siempre, de lo mejorcito junto a un socarrón Idris Elba. Charlize Theron, ridícula; Noomi Rapace nunca será Sigourney Weaver... ¡nunca! Y sólo reconocí a Guy Pearce ya en los títulos de crédito ¿Tan difícil es que un actor realmente viejo haga de viejo? ¿por qué coño hay que maquillar a uno joven?... En fin, de lo mejorcito que hay ahora mismo para matar el rato; buscar algún rasgo de trascendencia suena a chiste, la verdad... Puro Ridley Scott...


Prometeo

martes, 9 de octubre de 2012

Follar



SHAME es una película que, desde su propia premisa argumental, ha de lidiar con un problema de envergadura y que un espectador medianamente avisado apenas si puede pasar por alto. El segundo film de Steve McQueen, siempre el reto más complicado, es solventado con pericia de veterano gracias a un impecable trabajo de imagen, quizá de los más depurados que hemos visto en el cine reciente. Esta historia acerca de la adicción sexual (la más denostada de las adicciones) dejaría cien posos diferentes desprovista de sonido, tal es la inusual potencia de su imagen y, otra vez, la poderosa presencia de un omnipresente Michael Fassbender, o "cómo hacer carne un trabajo sobre la fantasmagoría". El problema es, por supuesto, que un adicto sexual con la planta de Fassbender, sin ataduras, con un trabajo súperremunerado, y que además es altamente atractivo para el sexo opuesto, no cuela... pero sí cuela. Fassbender no gesticula, ni se muestra nervioso o alterado; su recital se compone de la ferocidad del lobo hambriento que es capaz de esperar a que la víctima se termine de debilitar o, por el contrario, adoptando una patética sumisión ante el acorralamiento. Brandon, un producto genuinamente surgido de los edificios acristalados, es un fantasma que se ha hartado de vagar por la ciudad; su sexualidad es compulsiva porque es incapaz de encontrar una razón para apreciar al "otro", y ese otro (especialmente reveladores dos momentos: la canción interpretada por una Carey Mulligan no menos ensimismada y el salvaje descenso a los infiernos de la noche del final) es un espejo deformante que nos da la imagen deformada de este cazador hastiado. Sus grandes hallazgos están en la intención de McQueen por que seamos nosotros quienes adivinemos qué diablos está pensando Brandon mientras observa a una mujer; su hándicap (puede que el único) es demostrar que esto es algo que realmente nos puede llegar a interesar. Aunque, una vez puesto el espejo frente a nosotros, la imagen devuelta nos pueda horrorizar.
Saludos bajo las sábanas.

Fuck me pumps

lunes, 8 de octubre de 2012

Comer



Hay algo maravillosamente impostado en HUNGER, como si Steve McQueen, curtido en videoinstalaciones, habituado al poder de la imagen fija, hubiese descubierto que para contar algo extraordinariamente truculento uno no puede acudir a un naturalismo de raigambre, por otra parte el recurso más cansinamente utilizado en el cine actual que se pretende "serio" o "comprometido". HUNGER no "habla de", en el sentido estricto de la expresión; ni de una huelga de hambre, ni de la represión policial, ni del miedo a la bomba, ni de la absurda inflexibilidad de un gobierno, el británico comandado por Margaret Thatcher; ni siquiera estoy seguro de que su pretensión sea la glorificación de I.R.A. a través de la inmolación del propio retrato hagiográfico, pues éste (caso de existir como tal) queda tan descentrado, que resulta imposible rastrear con las armas habituales del espectador moderno. Así, HUNGER queda como una asfixiante sucesión de impactos, a merced de un cámara distante, nada nerviosa, segura de qué mostrar en cada momento; sin protagonistas y sin víctimas, o sin regodeos. La parte final, sin dejar de estremecer, no deja de ser un respiro a la espartana contención de McQueen durante toda una hora; la entrada-preámbulo es deliberadamente desorientadora, no presenta a los personajes sino que los escupe ante nosotros, no nos da pistas, y hay que estar avisados para no enamorarnos de su sinfonía de suciedad e insectos. No es nada comparado con la antológica secuencia, casi en plano fijo, en la que dos grandísimos actores, Michael Fassbender y Liam Cunningham, CHARLAN, en mayúsculas. Se trata de romper la barrera de la actuación, de sobrepasar el simple diálogo leído, de entender al fin a dónde nos va a llevar este fascinante laberinto (The Maze, la prisión, no es casual). En esa impresionante secuencia hay tanto cine como documento, o como deliberación; tanta denuncia como interrogante sin resolver. Y nada de ello nos suena a ya visto; por ello supera a un posible documental, porque prescinde de nuestra fe; su abrigo queda más resguardado en el terreno de los recuerdos. Así es.
Saludos famélicos.

El hambre invisible

domingo, 7 de octubre de 2012

Rincón del freak #79: Apropiación indebida, inmoral e inexcusable



Me da un poco de pena... y de vergüenza, claro, que la primera entrada en este blog sobre un film de un magnífico director, como fue Henry Hathaway, sea en esta sección y con la que creo que es, de largo, su peor película. Una película de encargo, sí; ya muy al final de su carrera (sólo rodaría, tres años más tarde, la intrascendente SUPER DUDE), y que, pese a que venía de dar dos aldabonazos con las estupendas SHOOT OUT y TRUE GRIT, confirmaba dos cosas (o tres): una, que Hathaway las estaba pasando putas tras una larguísima trayectoria como digno "adaptador" de guiones ajenos... y Richard Burton se ve que también; dos, que la Universal no sólo pasaba por sus horas más bajas, sino que se tiró descaradamente a la caza del taquillazo de coste mínimo (llámese exploitation encubierto); además de suponer uno de los más sonrojantes casos de utilización de material ajeno absolutamente "by the face". TOBRUK, de Arthur Hiller, rodada sólo cuatro años antes, no es ni mucho menos una gran película, pero al menos el director de la estimable POPI se preocupó de filmar sus propias imágenes "panorámicas". Sin embargo, la que nos ocupa, RAID ON ROMMEL, se limitaba a unos cuantos planos cortos de Burton diciendo "su frase" y rodeado de extras, para seguidamente insertar los susodichos planos. Demasiado evidente, incluso para un film intrascendente y para un excelente director como Hathaway. En lugar de ver este cúmulo de despropósitos, me permito recomendarles el sólido acercamiento a la figura del mítico Mariscal que Hathaway filmó veinte años antes, THE DESERT FOX: THE STORY OF ROMMEL, con un inmenso James Mason. La noche y el día...
Saludos desérticos.



Raid

sábado, 6 de octubre de 2012

Renovación de armario



Lo que asustaba hace treinta años ya no asusta, de lo que se puede deducir que lo truculento, a lo mejor, no es el camino. Uno de los cineastas que, sin salirse estrictamente del género, parece haberse dado cuenta de esto, es Ti West. Y a Ti West vamos a seguirle la pista sí o sí. Lo digo porque las películas de terror de hoy en día se limitan a copiar (mal) cosas que ya se habían hecho antes (mejor); y, extremando un poco el discurso, las propuestas más interesantes son las que no terminan de ingresar directamente en un género determinado y juegan con la inteligencia del espectador para ver si son capaces de descifrar estos códigos que se pretenden nuevos. West filmó THE HOUSE OF THE DEVIL, comentada aquí, que presentaba un extenso anticlímax que, paradójicamente, le servía para dotar de entidad un final que, de otra forma, habría sido mucho más previsible. En la otra punta de la crítica, lo único que se ve son bostezos y situaciones poco serias; clichés hiperestilizados y ejercicios de satisfacción onanista. No lo creo. THE INNKEEPERS supone otra vuelta de tuerca a todo lo dicho anteriormente. Una historia de fantasmas sin fantasmas, o al menos sin que éstos sean los protagonistas de la función; los protagonistas son dos estrafalarios recepcionistas de un viejo hotel, el Yankee Pedlar Hotel, que viven su última noche en el edificio antes de que éste cierre definitivamente. No voy a desvelar mucho de la trama, aunque tampoco hay ningún "gran secreto" que destapar; sólo me gustaría señalar que lo más interesante es la atmósfera de irrealidad conseguida por su director apenas un personaje sale del hotel para comprar algo; el hecho de que "salir" del entorno preconcebido ya suponga un dato de extrañamiento es todo un hito, y por un momento pensamos que no puede haber nada más allá de un hotel semivacío. Ahí, en esas claves narrativas que juegan, investigan y no se conforman, Ti West extrae el poder de su singular manera de entender el cine de género; llevarnos a mundos nuevos, a la imagen nunca antes filmada. Efectivamente, lo peor es que el terror tome forma, porque no hacía falta.
Saludos hospedados.

The murder inn

viernes, 5 de octubre de 2012

Ozu en Viernes #24



1952. Yasujiro Ozu escribe, junto a Kôgo Noda, el guion de OCHAZUKE NO AJI (EL SABOR DEL TÉ VERDE CON ARROZ) ¿Ingeniosa técnica de despiste? En cualquier caso, y siendo de lo más discreto de la recta final de su carrera, se atisban imperceptibles movimientos sísmicos tras la aparente banalidad de esta historia que venía a ensalzar dogmáticamente los valores del Japón tradicional, frente al imparable e impersonal progreso. El protagonismo, sin quedar muy claro, recae en Shin Saburi, actor de temple inconmovible y mucha más dureza de expresión que el habitual Chishu Ryu, que sólo interpreta un papel muy secundario. Él dará vida a un gris ejecutivo de rectos principios y proveniente de una familia modesta, que tendrá que tirar de hieratismo para soportar los continuos desplantes de su esposa (una sugerente Michiyo Kogure), que pasa literalmente de él y prefiere pasar largas temporadas en enigmáticos balnearios (ustedes saben) junto a dos o tres "esposas desesperadas" más. No funciona aquí la agilidad de Ozu para engarzar varias historias bajo un denominador común, probablemente la paciencia como virtud aglutinadora; en cambio, pareciera, una vez llegados a tres cuartos del film, que el director se diese cuenta de la poca o nula importancia de los secundarios y se centre en la pareja referida. El final eleva ligeramente las expectativas en materia meramente fílmica (aunque su moralina chirríe a cada paso), y no son pocas las escenas largas que ponen de manifiesto la solvencia de unos actores hiperprofesionales; pero no estoy seguro de que una toma de conciencia tan drástica (en este caso de la esposa arrepentida) sea cosa de un par de minutos de charla compartiendo un bol de arroz. Me queda, desde luego, la sensación de que en dos horas de película esta historia podía haber dado muchísimo más. Pero ¿qué más da?... La semana que viene lo explico...
Saludos.

Noodle or rice, sweet tea?

jueves, 4 de octubre de 2012

Apocalipsis post-traumático



¿Hay algo peor que las novelas de Bret Easton Ellis? Sí, sus adaptaciones cinematográficas ¿Hay algo peor que ser pretencioso? Sí, querer serlo y que no te salga ¿Hay algo peor que una recreación de los 80 treinta años después? Sí, hablar en ella de sexo sin condón, SIDA y heroína ¿Hay algo peor que un cartel promocional con estrellas semiolvidadas (léanse Billy Bob Thornton, Kim Basinger o Winona Ryder)? Sí, descubrir que en realidad son los secundarios ¿Hay algo peor que un guion de Nicholas Jarecki? Sí, Nicholas Jarecki adaptando a Bret Easton Ellis ¿Hay algo peor incluso que eso? Sí, que Nicholas Jarecki sea el productor ejecutivo ¿Hay algo peor en la filmografía de Gregor Jordan que THE INFORMERS? Sí, hacernos creer que Michael Sheen es un moraco... Para colmo, todo termina en una playa, con un adicto a la heroína dando lecciones de moralidad gratuitas... Para colmo, no sólo hay un grupo inventado para la ocasión, sino que hay que ver las actuaciones... Para colmo, seguro que creían que la "inesperada" muerte por sobredosis de Brad Renfro iba a elevar esta bazofia a una especie de nirvana metafílmico... o qué sé yo...
Espantosa. Saludos...

Chivato manso

miércoles, 3 de octubre de 2012

Intervencionismo sentimental



Siguiendo con el tema amoroso, y siempre bajo la particular mirada del director italiano Roberto Rossellini, casi una década después de su particular venganza contra el romanticismo, defenestró el mismo adaptando una cáustica novela de Stefan Zweig. LA PAURA (traducida elocuentemente YA NO CREO EN EL AMOR) se sostiene en su primera parte de la debilidad de su protagonista, una Ingrid Bergman que finiquitaría aquí su relación profesional con Rossellini (la otra acabaría tres años después), la sufrida esposa de un prestigioso médico que mantiene un oscuro affaire y que se verá chantajeada por una extraña joven, lo que despertará no pocas sospechas que desembocarán en un final inesperado y trágico. Sí, más Hitchcock que Rossellini, o menos exploración sentimental y más trabajo de guion; con, eso sí, unos personajes magistralmente dibujados, presos de unos vaivenes que los dejan a merced de sus propios actos, sin aparecer nunca demasiado perfectos o intocables. Con un reparto casi íntegramente alemán, Rossellini factura un film oscurísimo y desesperanzado, donde todo ocurre por puro interés y egoísmo, y en el que uno rastrea las constantes de un cine, el noir más clásico, con unos diálogos que buscan la anticipación por puro instinto de supervivencia. Una película para ver con paciencia y los sentidos muy alerta.
Saludos descreídos.

Nature of love

martes, 2 de octubre de 2012

Fuera de mí



Más allá del valor cinematográfico de un film tan singular como L'AMORE, lo que Rossellini dejó para la historia fue la constatación de la versatilidad de Anna Magnani y distanciarla, como actriz, de la poderosa tipografía acuñada en ROMA, CITTÀ APERTA, que podía haber acabado de un plumazo con una carrera menos heterogénea de lo que muchos puedan pensar. Sustentada en dos escritos de Jean Cocteau y Federico Fellini, L'AMORE es insólita por los dos extremos que toca y por la habilidad del tándem Rossellini/Magnani para unificar ambos extremos en un fin último, quizá el absurdo del amor pasional y sin condiciones, de quien lo sufre y de quien, asimismo, sufre la incomprensión de los demás, incapaces de entender el abandono de uno mismo por el amor idealizado. Así, la primera parte es un largo soliloquio de Magnani, hablando por teléfono con su amante tras una noche de soledad y alcohol. Deducimos que él está casado, que se ha hartado de ella, que no entiende por qué no le deja en paz de una vez; pero todo esto queda expuesto por la otra parte, la de la amante desesperada, masoquista, sumisa, que se disculpa penosamente si en algo ha ofendido al hombre que, seguramente, perderá para siempre en cuanto cuelgue el teléfono. "La voce umana" es amargura en estado puro, pero también es una oportunidad de ver a la Magnani desplegando todo su carisma en poco más de media hora. A continuación, IL MIRACOLO sale al exterior y oxigena la asfixia del anterior relato. Aquí, Anna Magnani interpreta a una humilde pastora que queda extrañamente traspuesta en el monte y cuyo despertar es descrito como una especie de éxtasis divino, tras el que su experiencia "mística" ella explica como un enamoramiento, en este caso nada menos que de San José. Teniendo en cuenta que esta historia fue escrita por Fellini, no es raro pensar que el elemento religioso pueda subvertirse como una mordaz metáfora, del despertar sexual o incluso de alguna experiencia traumática sufrida por la inocente protagonista. El problema no es que nos creamos a ese San José cómicamente acosado por la Magnani, sino asistir seguidamente a esa pobre mujer intentando explicar en su pueblo lo acontecido, lo que desmbocará en el rechazo y, finalmente, la locura.
Así pues, un film con un título tan elocuente es, quizá, un inesperado reverso de la moneda; no hay romanticismo aquí, sólo desesperación y amargura. La negación del yo cuando éste se ha dado por entero al "otro".
Saludos antirrománticos.

In the hands of love

lunes, 1 de octubre de 2012

Sustitutos



Al director griego Giorgos Lanthimos se le esperaba desde aquella pequeña conmoción que supuso KYNODONTAS; y, teniendo en cuenta su querencia por explorar los límites de la conducta humana, a casi nadie se le escapa que su siguiente paso iría en esa línea. Efectivamente, ALPS mantiene la misma frialdad formal y pone en manos de personas "robotizadas" un misterioso cuento de suplantaciones y distorsión de la realidad, cuyos méritos, que no son pocos, quedan a merced de ese "paso más allá", que por supuesto el espectador más avisado espera que sea siempre sin red. No es el caso. Pese a su apariencia suicida y anticonvencional, ALPS bebe de sus propias fuentes (pop indie, diseño nórdico, interpretaciones paródicamente "bressonianas") y las convierte, en un acto de gran habilidad, en su propio motivo de existencia. Se trata de cuatro personas, digamos que "raritas", que crean un grupo dedicado a la suplantación temporal de difuntos. Estudian las aficiones y conductas de los fallecidos y ofrecen "hacer de ellos" durante un tiempo, hasta que el dolor haya disminuido. Ya de entrada todo parece una broma, y el cine de Lanthimos lo remarca tanto que incluso sus dos o tres momentos de pétrea comicidad resultan más bien inquietantes (uno de los "Alps" le lanza una pelota de tenis a una moribunda; mientras, su padre baila con una mujer bastante más alta que él...), y uno queda definitivamente desorientado. Afortunadamente, en la recta final, Lanthimos decide centrarse en un solo personaje y desmenuzarlo; es ahí donde encontramos las escasa trazas de clarividencia, y entendemos. Entendemos por qué alguien se prestaría a "ser" otra persona que ya no existe: porque ella misma carece de una vida propia.
Véanla sin prejuicios, puede que les sorprenda.
Saludos suplantados.

Alps

... ¿Y todo esto lo ha hecho usted solo?...
No, necesité estar rodeado de siete mil millones de personas...

¡Cuidao con mis primos!