miércoles, 29 de febrero de 2012

Mis labores y mis cositas



29 de Febrero, año bisiesto pues; no se me ocurría otra película para comentar hoy, la verdad...
Efectivamente, AÑO BISIESTO, del australiano que se hizo mexicano, Michael Rowe o "la incapacidad acomplejada de superar todos y cada uno de los tics del cine independiente". No se lleven a engaño, AÑO BISIESTO no es una película arriesgada; los desnudos frontales no son arriesgados, los planos sostenidos de dos minutos no son arriesgados... ¡si no se transmite nada desde ellos! El riesgo es algo que te hace perder de antemano, no puedes controlarlo, igual que no puedes meter un huracán en una pecera y observar desde un confortable sofá cómo arrasa ciudades en miniatura. Rowe no filma una mala película, en absoluto, simplemente equivoca el tono, acalla la fanfarria tantísimo que lo que queda es un escuálido esqueleto que apenas se sostiene; su propuesta es el equivalente a lo que Nagisa Oshima confundió en EL IMPERIO DE LA PASIÓN, que siendo superior a EL IMPERIO DE LOS SENTIDOS carecía del empuje casi caricaturesco de ésta. Cuando Rowe se da cuenta de que ya en mitad de la cinta la cosa no tiene ni puñetera gracia, lo que hace es intensificar el nivel de truculencia, y ahí ya nos perdemos, porque lo mejor de AÑO BISIESTO no es ver mear encima de una mujer trastornada, sino las extrañas y larguísimas conversaciones por teléfono de esa chica llena de contradicciones, cómo sólo escuchando una parte podemos llegar a la conclusión de su egoísmo, su idiotez, sus debilidades. Eso, efectivamente, refulge menos, pero es muchísimo más difícil de rodar. Si tienen curiosidad véanla, pero probablemente no sea lo que esperaban en un principio; para entendernos, una especie de 9 SONGS para el proletario más avezado... y ya está...
366 saludos.

This is my year for Mexico

martes, 28 de febrero de 2012

Los Domingos por la tarde...



Es curioso cómo, estando como está en la cresta de la ola informativa, el fútbol (generalicen) ha mutado radicalmente de lo que en tiempos era un pasatiempo teñido de sentimientos hasta convertirse en lo que es hoy día: un gigantesco centro comercial donde importa el cash y no el cuore. Y como todo tiene su lado bueno y su lado malo, cada vez son más escasas aquellas terribles batallas campales en las que hinchas (¿hinchas?... ¿de verdad?) de dos eternos rivales se citaban para compartir el constructivo ejercicio de abrirse la cabeza mutuamente. Lo de ahora es más la bravuconería de la masa, y mejor así, pero no olvidemos a esos individuos que, de vez en cuando, la lían parda, y sostengo mi teoría de que precisamente porque no les gusta el fútbol, sino lo que éste ofrece como caldo de cultivo para personalidades antisociales. Y también es curioso que las películas más representativas de un deporte de tantísima repercusión mediática sigan siendo las que se centran en estos bárbaros, y no en el juego en sí. Como si de un film de gangsters cualquiera se tratase, la idiosincrasia de los hooligans termina por imponerse en la pantalla y, llegado el momento, casi nos da igual si la cosa iba de fútbol o de cricket. THE FOOTBALL FACTORY adaptaba una novela de John King que narraba la reconversión de un hooligan del Chelsea tras una brutal pelea con sus "rivales" del Millwall; y aunque la película tiene su ritmo y sus buenas intenciones, la verdad es que peca, curiosamente, de tímida, y en lugar de ahondar en las cloacas de estos parásitos sociales prefiere quedarse en la superficie. Las escenas de las peleas están bien rodadas, tienen ritmo y energía, y las localizaciones son tremendamente fieles; lo que falla es lo que parecía más fácil, pero siempre es mucho más complicado tener profundidad psicológica, intentar entender por qué el fútbol genera comportamientos tan alejados de lo que pretende ser: un evento deportivo.
Saludos en un derby.

Enrique el Ultrasur

lunes, 27 de febrero de 2012

Conectamos en directo



Un rasgo acusado de cómo percibimos las películas, dependiendo de su nacionalidad, se encuentra en la aparente dislocación del ritmo narrativo, algo que se hace más evidente en el cine de género más transparente. La referencia siempre es el cine norteamericano, ellos han dictado las reglas y a los demás les toca subvertirlas o supeditarse y sublimarlas; y, sin tener que ver decisivamente en su resultado final, es complicado ver este tipo de películas con una visión saludablemente imparcial. Un ejemplo: ULVENATTEN (LA NOCHE DEL LOBO), un thriller de cadencia angustiosa filmado en Noruega, emplazado casi en su totalidad en un plató de televisión y que comienza de manera notable para terminar perdiéndose en los fangos de la convencionalidad más trillada. En un exitoso programa, conducido por una reputada periodista, se va a producir un debate sobre el conflicto ruso/checheno; hay diferentes invitados, público... pero de repente todo se desmanda. Entre el público se encuentra un grupo terrorista que reclama libertad para Chechenia y amenaza con explosionar una bomba si no son atendidas sus peticiones. El problema es el que hemos señalado antes, que todo es muy normalito; y ni siquiera un ingenioso giro final logra elevar el nivel de tensión que el film promete. Mientras todo transcurre en el plató la cosa se mantiene dignamente, pero cuando salen de allí el director parece no poder resistir la tentación de encender la pirotecnia. Supongo que a nivel local el film habrá sido un gran éxito, pero conciliar esto con un público que se conoce la historia de principio a fin ya es más complicado, pero no está mal para una tarde aburrida.
Saludos reivindicativos.

Wolf's night

domingo, 26 de febrero de 2012

Rincón del freak #57: A tomar por saco las mercerías



Debo aclarar, antes de empezar a escribir esto, que, efectivamente, voy a hablar de RESIDENT EVIL 4... o RESIDENT EVIL: AFTERLIFE, que supongo que queda más molón y modernillo. Creo que he visto alguna otra de esta serie, pero no me acuerdo bien, y como no pienso gastar más tiempo de mi vida en esto lo mismo da la primera que la última. La cosa es que un día me encontraba hablando de los videojuegos, el pachangueo de proyectarlos en una sala de cine o venderlos en DVD; aparte estaba lo del rollo apocalíptico, que se ha acabado el mundo pero no por ello iban a haber menos tiros; y ya, para rematar, un asunto extraño, y que es qué objetivo busca una empresa (creo que es una corporación o algo así) en cargarse a todo el mundo, porque ¿y luego qué? En fin, como todo esto me pone un poco de los nervios, porque no encuentro un maldito hilo de coherencia en ninguna parte, me fabriqué una especie de frase-amuleto para conjurar los males de esta basura que se hace pasar por cine, pero que no lo es; y es que creo firmemente que a alguien se le ocurrió que había que exterminar el negocio de las mercerías... Mercerías, propiamente dichas, no hay, ya no quedan, y no hay una imagen menos recurrente y más antitética que la de Milla Jovovich, armada hasta los dientes y enseñando muslamen, entrando en un establecimiento repleto de bobinas de hilo, botones y ovillos de lana. Busca zombis pero sólo ve encaje antiguo... y entonces a lo mejor podíamos invocar el espíritu de Edgar Neville, que le daría un orondo mordisco a la ufana ucraniana (magnífico título, por cierto, para el próximo disco de Manos de Topo...). Aquí acabaría todo, amigos, y finalmente los señores de la mercería tradicional alcanzarían su ansiada venganza... lo demás son tonterías para adolescentes suprahormonados.
O, claro, a lo mejor esto era así y no asá... Saludos...

The moles are coming

sábado, 25 de febrero de 2012

Lo que hay es lo que hay



En fin, después del subidón de ayer, para terminar con este repaso a lo que más o menos dio de sí el certamen de los premios Goya este año, y teniendo en cuenta que no he podido ver el film de de la Iglesia, no me quedaba otra que una peliculilla bastante mediocre que, aun así, optaba a algún que otro premio. INTRUDERS es, antes de que se lleven a engaño, la misma historietilla de terror, contada con las mismas herramientas de siempre y que por eso sus posibilidades de empatía con su público (y debo utilizar aquí el "su") se ven disminuidas sensiblemente. Poca repercusión, y es curioso, ha despertado su gran reparto, quizá por lo descompensado, puede que por lo lejos que están (y no sólo geográficamente) los mundos paralelos que Fresnadillo nos propone. Por un lado está un niño español, por el otro una adolescente británica, a los lados se encuentran sus progenitores; en España es una Pilar López de Ayala perdidísima, incapaz de ubicarse en un film de género, y Daniel Brühl haciendo de cura conciliador y modernillo, pero da igual. En Inglaterra, el más que arquetípico matrimonio formado por la holandesa Carice van Houten y Clive Owen, que se presenta como el gran reclamo del film pero parece estar deseando que se acabe, o esa es la cara que pone, claro. Y en medio, Carahueca, posiblemente uno de los monstruos menos terroríficos de todo el cine de terror, por lo que mantengo mis dudas acerca de que INTRUDERS sea realmente un film de terror. Carahueca, aparte de su sonoro apodo, no se ve, a excepción de algunos sombrajos informes a toda velocidad, no se sabe qué quiere ni qué intenta, pero a los chavales les da mucho miedo, claro. Yo tengo mi propia teoría, y es que Fresnadillo, que aspira a ser un buen director de género en un futuro no muy lejano, se olvida de que una historia mal contada cae en la trampa deliberada, así que lo que se nos quiere vender como una narración poliédrica no es más que un gran vacío entre los que sufren una especie de acoso y el "elemento acosador"; ahí no hay nada, excepto sombras demasiado veloces para que nos detengamos en ellas. A lo mejor me he perdido algo, aunque creo que es aún peor: me lo he perdido todo.
Saludos huecos.

Faceless burial

viernes, 24 de febrero de 2012

Rock&Roll



Me apunto el tanto. Cuando nadie hablaba de Enrique Urbizu yo me descosía los molares por cada taberna desglosando las maravillas de su cine, tan increíblemente alejado de la bazofia inodora e incolora que año tras año se produce en éste nuestro país. NO HABRÁ PAZ PARA LOS MALVADOS es cumbre, poesía, intención, zafiedad y dulzura de la mano y caminando por un mundo devastado, dolorosamente real. Es, pero no es; parece, pero luego te da el guantazo y tienes que rebobinar en tu maltratado disco duro. Y no, no es una película "de género" más, es un complejísimo estudio del estado de las cosas; Santos Trinidad es el hombre de otro tiempo, de otras costumbres, de otro país si me apuran, y tampoco la España del chorizo y los tasadores es un país para viejos, ni siquiera para rockeros como él. Trufada de imágenes inolvidables, imborrables, el motor que mueve esta barbaridad es un inteligentísimo juego de contrastes rechinantes, incómodos; a Urbizu apenas le interesa narrar con claridad (¡gracias, gracias por no tomarnos por imbéciles!), prefiere ir soltando los detalles y que el espectador se esfuerce en dar con el alma de cada escena. Trinidad es un cazador, se le ha escapado una presa y debe eliminarla; no es consciente de lo que desenredará después, y todo es por pura casualidad, pero no es menos cierto que, casi invocando una máxima matemática, en el cálculo de probabilidades, la frecuencia podría acercarnos a la verdad, aunque sea, como aquí, a empellones. Alcohólico, desafiante, fantasmal, fuera de este mundo, de todos los mundos que usted y yo conocemos, Santos Trinidad no quiere halagos, ni amigos, sólo una copa más bailando en el abismo; están Ferrara y Keitel en la retina, por supuesto, pero hay algo más, porque el aspecto realmente decisivo de esta película (y de todo el cine de Urbizu) son esas miradas, miradas de western que hacen innecesario cualquier línea de diálogo. En esa vorágine de miradas existe compasión, pero también venganza, la de quien, sin decirlo, gana su última batalla, porque la vida, desgraciadamente, no es como le gustaría que fuese a la juez Chacón, sino como Santos Trinidad "sabe" que es, y no hay más. Existe "el buen mundo", el mundo donde los puticlubs no huelen a desinfectante y la gente no conduce borracha, el mundo en el que los helicópteros son pilotados por gente a quienes les importamos, el mundo de la legalidad, el mundo donde no hay terroristas, ni extorsionadores, ni traficantes, ni asesinos, sólo buenos policías, funcionarios del orden vendido por televisión... Y luego está Santos Trinidad...
No se la pierdan, porque es una obra maestra absoluta...
Sí hay saludos para los buenos cinéfilos.

Forkboy

jueves, 23 de febrero de 2012

Historias de un resentido



El cine de Benito Zambrano, ya lo saben, es para incondicionales; o estás entregado a su causa o te pondrá de los nervios por su carácter panfletario y doliente. Lo ha sido con dramas localizados en nuestros años, así que cómo íbamos a pensar que ocurriría de manera diferente cuando encarase la Guerra Civil española. LA VOZ DORMIDA es un film irritantemente desaprovechado, empecinado en el regodeo de la miserabilidad de la situación de unos personajes incapaces de desasirse de sus cables manejantes; lo hemos visto tantas veces que si nos lo cuentan así creo que no nos lo creeríamos. E insisto, porque me parece que a Zambrano le puede su militancia, su compromiso con la memoria mancillada de los que peor salieron parados de aquella monstruosidad. Ya sabemos lo que va a pasar, sabemos quienes son los malos y quienes los buenos, sabemos el siguiente paso y sabemos cómo va a terminar todo; sólo queda, pues, la denuncia. Y si queda la denuncia, lo menos que podía hacerse es lo que hacía, por ejemplo, de PA NEGRE una película tan potente, llámese imaginación visual o riesgo formal, aun apostando cierta credibilidad, que a mi juicio no es tan imprescindible como se suele pensar. Zambrano es, eminentemente, director de actores, y en teatro esto le tiene que venir como anillo al dedo; qué estupendo sería desnudar todo entorno, todo decorado, y dejar las miradas, los gestos, el arañar el aire, rasgar con voz tensionada... Desgraciadamente, LA VOZ DORMIDA aspira, además de a la denuncia, a "enseñar", y enseñar es el manejo de lo que ocurre alrededor de los personajes y que no desentone pasar de una cárcel de mujeres a una casa del centro de Madrid. Así, el as en la manga es María León, y es un respiro para Zambrano haber encontrado ese asidero que parece haber salido de ninguna parte; ya le ocurrió en SOLAS y aquella impagable (e imparable) María Galiana. Falta saber dos cosas: si María León será capaz de desembarazarse de esta intensa Pepita, es decir, ser actriz y no hallazgo; pero sobre todo, tres películas en doce años... ¿y ahora qué? Es verdad que la mirada extranjera no será tan inquisitiva como la de aquí y puede que la aprecie más, pero son demasiadas conjeturas para un proyecto que se presumía tan rotundo. Ustedes dirán.
Saludos muy despiertos.

Glad girls

miércoles, 22 de febrero de 2012

La rebelión de los eternos aspirantes



Algo que sí debería cambiar definitivamente en el cine español es su poca predisposición a la rebeldía. Inacabable cuna de aprendices, nos parece vivir en un continuo ensayo de carrera, con esos húmedos tics bien aprendidos, pero en ningún caso con aportaciones que puedan considerarse realmente originales. Y no me parece tampoco EVA un título que vaya a cambiar nada de esto; puede que lo maquille y nos dé otros cinco minutos de gloria y autobombo, pero nada empieza ni acaba en el enésimo cuento futurista sobre la vida artificial. Como si de un extraño cruce entre A. I., BLADE RUNNER y BEAUTIFUL GIRLS se tratase, Kike Maíllo, del que no dudo lo concienzudamente que se ha preparado el tinglado, cocina un apresurado drama futurista sobre los vaivenes que "posiblemente" nos deparará la vida artificial, si es que ésta se produce algún día (y sobre todo si se produce tal y como nos lo pinta el cine de ciencia ficción). Como intentona no está mal, porque por un lado está el enfrentamiento (bastante sosillo, eso sí) entre los hermanos interpretados por Daniel Brühl y Alberto Ammann, con la figura de Marta Etura, esposa del último, de por medio y la hija de ambos, Eva, una insoportable niña llamada Claudia Vega, alrededor de la cuál se desarrollará una trama que, si estamos lo suficientemente atentos, ya habremos destrozado en poco tiempo. Los efectos especiales están bastante bien, pero ya son muy comunes, por lo que no son tan sorprendentes como cabría esperar, y prueba de ello es que lo más parecido a un robot que hay en la película es el estupendo Lluís Homar, que hace grande un personaje que en principio es menor. Todo muy estudiado, con pocas salidas de tono y sin grandes meteduras de pata, pero menos emocionante de lo que cabría esperar para quien se supone que podría ser el relevo generacional de, por ejemplo, Amenábar. Cuando nos convenza de que estamos viendo lo que nos quiere contar, sus buenas intenciones crecerán, se harán mayores y estaremos ante un maravilloso manipulador, pero siendo sinceros, aún le queda un largo camino para ello.
Saludos automatizados.

Archy the robot

martes, 21 de febrero de 2012

Pellejo artificial



El principal problema que tengo con el cine de Pedro Almodóvar, y creo que LA PIEL QUE HABITO puede ser el máximo exponente de esto que voy a decir, es que todo es opereta. Y me explico. No es que en mitad de unos problemas económicos tan graves como los que tenemos el manchego siga regodeándose en sus extravagantes y dislocadas tramas, eso es algo que sólo puede preocuparle a los que no disfrutan con el cine, sino que lo utilizan como arma arrojadiza; ahí Almodóvar tiene razón. El problema es que si su tono es cómico no me hace ni puta gracia, y que si lo que cuenta (y obvio que en este caso se trate de un texto ajeno) pretende ser serio (pese a que parezca que ponerse serio implique truculencia per se), no baste una disculpa desaforada para ver (entre líneas, con calidez calculada) que existe la tramoya y el atrezzo; y no para remarcar o subrayar, sino porque este cine es así, se siente cómodo en su asidero de fatuos paralelepípedos (el médico tiene una hija... antes hay una conferencia explicativa... luego viene el momento decisivo... luego se rebaja el tono con un chiste... antes el director presenta los secundarios...). Es decir: en Almodóvar, naturalidad=extravagancia, o al revés... o puede que, ya que no se puede seguir siendo moderno, al menos exista algo de desdén diplomático. En LA PIEL QUE HABITO importa menos la historia de venganza sin límites, y mucho más el etalonaje melodramático, que mezcla desvergonzadamente al sempiternamente amado Sirk con un invitado de piedra llamado Georges Franju, del que sale indemne la caricatura de la víctima y perjudicado un esforzado Antonio Banderas, al que no le sale ser malo ni por casualidad. Película cosida, recosida y remendada, lo que no entiendo es cómo se la puede considerar como "cercana y familiar" cuando todo el mundo está majareta y las frases siempre huelen a "última y definitiva frase". En resumen, entretenimiento de aquí, con las hamburguesas sustituidas por el cocido y un espacio omnipresente en el que se suceden noches y días meramente anecdóticos, las noches y los días de un director al que cada vez le interesamos menos como espectadores. Habrán reparado en que apenas he contado nada de la trama, primero porque, aunque se la imaginen, es mejor dejar cierto elemento sorpresa en el aire, pero sobre todo porque, llegado el momento, dicha trama deja de interesar por completo y empezamos a mirar los muebles, los cuadros, los azulejos... ¡y qué bonito es todo en el cine! ¿no es verdad?...
Saludos habitantes.

Skin trade

lunes, 20 de febrero de 2012

Arenas blancas



Once años son muchos, demasiados para arriesgar un retorno cinematográfico que, en realidad, no es tal, más bien un renacimiento basado en la aceptación de las normas y de las propias limitaciones. Mateo Gil siempre ha sido el rincón oscuro de Alejandro Amenábar, su Pepito Grillo particular, digamos que el apoyo logístico a la hora de las referencias. Al igual que aquél, al canario le han podido siempre sus ansias por ser el primero de la clase, el que ya sabía la lección y quería pasarse los cursos sin estudiar; NADIE CONOCE A NADIE lo tenía todo para ser un bombazo, pero es muy mala porque aquello ya lo habíamos visto infinidad de veces. Once años después, Gil decide darle la vuelta a su concepción cinematográfica; BLACKTHORN es un proyecto terriblemente arriesgado, casi suicida, pero contiene una fe en sus propios principios básicos que la dotan de esa agradecible coraza de honestidad capaz de mantenernos una hora y media sin bajar la guardia. Dicho esto, vayamos a lo importante: BLACKTHORN no sería más que una peliculilla sin Sam Shepard. O mejor: Sam Shepard es BLACKTHORN, su esencia y su razón de ser. Cuando a veces hablamos de iconos cinematográficos se nos suele olvidar que antes estaba la persona, el actor, y que un director ha de extraer el máximo provecho del mismo; desconozco si Mateo Gil se pasaba las horas de rodaje repantigado, con un palillo entre los dientes y disfrutando del espectáculo, pero el haber podido contar con un actor del calibre de Shepard (amén de sus canciones) le ha dado ese extra del que normalmente carecen las producciones españolas. Y por si no han visto aún esta trepidante, hipnótica y muy clásica cinta, sepan algunos esbozos sobre ella. Por ejemplo que por fin Eduardo Noriega parece superar su timidez formal; o que la fotografía del maestro Juan Ruiz Anchía alcanza momentos de belleza casi sobrenaturales, sobre todo en la estupenda persecución por el desierto blanco boliviano. Efectivamente, maravíllense; se trata de un western español rodado en Bolivia y, a mi entender, una de las cuatro mejores películas españolas de este año.
Saludos sin destino.

Jungle songs

domingo, 19 de febrero de 2012

Rincón del freak #56: Mi hermano mata vampiros en una isla y usa impermeable, así que voy p'allá...



Destrozar mis tardes invernales, que antes solían ser de lo más plácidas, se ha convertido en un estímulo más a la hora de pulsar algunas constantes del cine comercial actual más casposo y arrastrado. No es que me sienta orgulloso, pero gracias a eso he podido llegar a artefactos tan extraños y esquizoides como éste, que atiende al nombre de HIGANJIMA, está "basado" (tómenlo como quieran) en un sangriento manga de relativo éxito entre sus más acérrimos fanáticos y además, por si fuera poco, es una atípica coproducción entre Corea del Sur y Japón. La cosa es simple: Hay una isla con vampiros que van vestidos como campesinos del medievo, su líder es un tipo de peluca blanca y que viste como un noble francés. Muy emo todo y con los chavales japoneses con sus patillicas y sus gritos con la boca en forma de canuto. La alegre pandilla tiene, además de al héroe por accidente de turno, a un brutote que va de rocker, un tontopollas que será el primero en palmarla, un canijo con gafas que fabrica explosivos ¿?, una muchacha con faldita y un gordo... sí, el típico gordo que no sirve para nada, excepto para resoplar y decir tonterías sin sentido. Así las cosas, todos se irán a la isla a buscar al hermano del prota, que pasa el rato cortando vampiros al estilo katanero; como habrán intuido, siempre lleva un impermeable y unas gafas, pero tampoco sé si esto tiene importancia. Dos horas después, somos conscientes de que nada ha cambiado en el panorama económico mundial, y que ninguna coproducción rara ha evitado que Rajoy haya hecho lo que le ha salido de los cojones con su maravillosa mayoría electoral. Y, no, no la vean... ¿para qué?
Saludos insulares.

Vampire island

sábado, 18 de febrero de 2012

Joven para siempre #3



Empecemos diciendo que DORIAN GRAY (la originalidad en los títulos a utilizar, ya ven, es poco estimada) está dirigida por un director típico del "quiero y no puedo" actual; gente seguro que muy preparada, con un bagaje estupendo y grandes adelantos técnicos a su disposición, pero con un gran lastre: son incapaces de crear algo que sea novedoso. Técnicamente, ya digo, la película no está mal, y tampoco es que se desborde por el lado del exhibicionismo; los actores merecen un punto y aparte, porque me parece paradójico cuanto menos. El protagonista, un incipiente Ben Barnes, es menos esfinge y se muestra más participativo, es un Dorian Gray más juvenil (¡marketing, marketing!) y con la vena sádica más atenuada; a su lado lo mejor del film, un sobrio Colin Firth que, sin pretender ser George Sanders (porque no se puede, básicamente), recoge toda la sorna e ironía de su personaje, aunque también las exigencias del guion (y del papanatismo de hoy en día) le encasqueten una paternidad a todas luces incomprensible. En fin, película extenuante, ahogada casi desde el principio, con esos colores tan falsos por querer resultar los mejores colores del mundo y no darse cuenta de que todo eso ya estaba inventado; sin querer explorar las posibilidades de la novela original y con un problema de montaje bastante serio, que te lleva de un diálogo explicativo directamente a un personaje que está fuera de plano y del que no sabemos qué diablos pinta en ese momento, y no creo que al señor Parker le haya dado un arrebato godardiano de repente, claro... Cubos de palomitas, intervalos bosteciles, nulos problemas de micción y una abrumadora sensación de pesadez que no hay antiácido que lo remedie; todo eso en casi dos horas de celofán inocuo, capaz de lo que parece imposible, que una obra tan refulgente termine siendo una banalidad perfectamente olvidable. Poco se puede rescatar de aquí, quizá que, de todas formas, el trago, aun siendo amargo, no deja secuelas.
Me despido, jovenzuelos; saludos...

Sjaj u tami

viernes, 17 de febrero de 2012

Joven para siempre #2



En 1970, en pleno desboque del swinging london, casi cualquier cosa que se pretendiera hacer (desde un disco de música clásica hasta el retrato de un famoso) debía pasar inexcusablemente por el tamiz del pop y sus enfebrecidas galeradas. Así, un incipiente converso al extramundo del giallo, el italiano Massimo Dallamano, fue contratado por los muy sospechosos Samuel Z. Arkoff y Harry Alan Towers para la puesta al día del clásico de Oscar Wilde. Sí, llevarlo al Londres de 1970 exigía de una estética determinada, hedonista y casi rocambolesca; que su protagonista fuese un actor tan contradictorio como Helmut Berger también. El film no es gran cosa en sí, sólo una profusión de zooms estroboscópicos y planos fijos frontales de Berger, ataviado con anchos sombreros, trenkas, foulards, camisas transparentes y cualquier cosa que su propia imaginación estética les permita. Más que un cuento gótico de terror, DORIAN GRAY parece una sesión de fotos del Private de la época, sólo que restringiendo los excesos a la belleza masculina de Berger y alguna que otra fémina de ligero atuendo; como curiosidad, se sabe que la versión inglesa de 100 minutos fue recortada hasta los 88 por sus "escenas de alto voltaje", escenas que vistas hoy día resultan de lo más ñoñas e inocentonas, cuando no hasta carcajeantes, como la indescriptible sodomización del ínclito Gray a una vieja ricachona ¡en unos establos!, o el paseíto en su flamante descapotable por un puerto ¿francés... italiano...?, mientras los marineritos se muestran insinuantes, así sin más, hasta una escena ¡en unos urinarios! que es de lo más freak que he visto en mucho tiempo. Poca cosa, si acaso algunos detalles de dos estupendos actores como Richard Todd y Herbert Lom, que debían estar pasando algunas dificultades económicas, si no no se entiende qué diablos hacían ahí. Se trata de un subproducto totalmente olvidable y que yo sólo podría haber rescatado fuera del Domingo precisamente por incluirlo en el miniserial que concluirá mañana mismo y del que he decidido excluir los telefilmes de la BBC, aunque éstos sean notablemente superiores al título que nos ha ocupado hoy.
Saludos, jovenzuelos...

Promise of love

lunes, 13 de febrero de 2012

Joven para siempre #1



Para quien conozca la fascinante novela original de Oscar Wilde, no es difícil que la terrible y muy paradójica historia de Dorian Gray, ese aristócrata y vividor que quiso permanecer joven para siempre, haya sido no sólo una gratificante narración, sino también una especie de aviso para navegantes, de muy rabiosa actualidad, me atrevería a añadir, teniendo en cuenta la obsesión por aparentar menos años de los que tenemos, casi una nueva religión de índole farmacológica y hasta quirúrgica. Personalmente, el aspecto que más me interesa de la novela de Wilde es el moral, perfectamente imbricado en el decadente Londres de finales del XIX, donde se comienza sugiriendo una insalvable escisión de clases que solía permitir cualquier perversión mientras, claro está, la imagen pública no se viese dañada. Son muchas las versiones que se han hecho, tanto en pantalla grande como televisión, y sólo en la primera década del siglo XX se tiene constancia de al menos cinco, aunque creo que la mejor sigue siendo ésta de 1945. Producida por la MGM, THE PICTURE OF DORIAN GRAY, aportaba el oficio y buen hacer de Albert Lewin, uno de aquellos sordos artesanos de la factoría; la solvencia del gran George Sanders, que finalmente es lo más sobresaliente del film; y la presentación en sociedad de quien pudo ser uno de los grandes galanes de la época, Hurd Hatfield, que desgraciadamente tenía poco más que su enorme atractivo físico. La película, sin llegar a ser una obra maestra, tiene unos diálogos fluidos y bien hilados, aparte de una cuidada ambientación y algunas sorpresas, como la inclusión de planos en color cuando Dorian Gray descubre su inquietante retrato (algo que no es sólo una anécdota, ya que valió el oscar a la mejor fotografía a Harry Stradling). Para los muy curiosos, además, señalar que su estrella femenina era la bellísima Donna Reed y que una pipiola Angela Lansbury también hacía una breve aparición. Es éste un film sobrio, elegante y perturbador, muy a tono con la novela y que sigue viéndose sin que haya perdido ni un ápice de su valor intrínseco... Y mañana, más...
Saludos, jovenzuelos.

Es mi ex

domingo, 12 de febrero de 2012

Rincón del freak #55: Los mamporreros contra... cualquiera que se ponga por delante



A ver. Confieso que antes de ver THE EXPENDABLES albergaba un par de dudas razonables que, queramos o no, contribuyeron a que no me arredrase a la hora de ver esta bazofia. Lo primero era comprobar de primera mano qué diablos podía haber movido (aparte del tema monetario, claro) a Sylvester Stallone a hacer una versión idiotizada de El Equipo A en pleno Siglo XXI y con la que está cayendo. La otra era también una mera constatación; la de que si pones a quince malos actores juntos la unión no hace la fuerza, sino que siguen siendo quince malos actores juntos. Tan obscena como ver en familia "¿Quién vive ahí?", THE EXPENDABLES tiene una única idea, una sola, y transita por esa senda a lo largo de 100 insufribles minutos en los que, yo al menos, sólo tuve una cosa clara: según esta película, ser macarra es bueno y saludable; patear la nariz de la gente reduce el colesterol y además, si tu novia se va con otro porque tú estás matando chinos, se le pega una paliza y punto... al tipo, no a la chica... Salen todos los posibles, aunque yo eché de menos a Chuck Norris y a JCVD; Schwarzenegger sale un par de minutos y al pobre Mickey Rourke (puede que lo único mínimamente salvable) lo dejan en un rincón de un garaje arreglando motos. Estos mercenarios disponen de jet privado y todo, están forrados y se la suda que tú tengas problemas terrenales tipo "pagar la hipoteca" o "llevar a los niños al cole"; ellos veranean en súper resorts con un par de putas recauchutadas y desayunan tortilla de esteroides; sí señor, todo un ejemplo de lo más edificante. Por último (extenderme es de todo punto inútil), supongo que alguno de ustedes, que son mucho más avispados que yo, podrá explicarme quién demonios era el malo. Sí, ya sé que el malo era Eric Roberts, pero ¿por qué? ¿Por qué estaban estos tipos de reyerta continua? Qué gente más rencorosa, por dios...
Saludos que no tienen precio.

El mercenario

sábado, 11 de febrero de 2012

Revolución nº 13.568...



Lo fácil es decir que te gusta mucho CARLOS, lo difícil es lo otro; como mucho se puede decir que no se entiende bien, que agota su exhaustiva reconstrucción de hechos. Más que una película sobre terrorismo y terroristas, se trata de una exploración de cierta condición humana; cabe la abyección, la camaradería, la traición, el idealismo, la ambición, la lujuria, la desorientación y, finalmente, la decadencia. Tal y como puede verse en uno de sus múltiples carteles promocionales, el rostro (y el cuerpo, y la mente) de Ílich Ramírez Sánchez, alias "Carlos", es como un lienzo vivo mediante el que Assayas ensaya todas las posibilidades de mutación que este trozo de historia escindido a sangre y fuego le brinda. Como toda gran película, carece de género al tiempo que sublima cada género en el que ingresa para, momentos después, largarse como si nunca hubiese estado allí. Vemos a Edgar Ramírez (por cierto, antológica interpretación la suya) hablar de revolución, de terrorismo, de lucha... ¡Clic, clic! En apenas minutos estamos en su polla, en su culo, en su panza y en sus escrutadores ojos de animal. Ya no nos fijamos en su boina, en su caracterización de Ernesto Guevara; ahora es un vividor que nunca se separa de su Johnnie Walker ni rechaza un puro mientras maquina asesinatos en la hamaca de un hotel de lujo. Llegado un momento, nadie sabe exactamente qué diablos pretende Carlos ¿Es todo por dinero? ¿por alcanzar la fama? No es casualidad que Assayas introduzca cada "episodio" como si de un videoclip se tratase; una canción de Wire por aquí, otra de New Order por allá, luminiscencia discotequil y de repente hay un tipo que esconde una maleta llena de armas y en un tiroteo mueren varios policías; la correlación de lo que parece un estudio de actos premeditados deja paso al "momento", y ahí el personaje se hace fuerte, domina el tempo de su propia narración, estamos a su merced y nos encanta. Una gran película, efectivamente, pero quizá no la película que esperábamos; descolocados conscientemente, CARLOS da un paso más allá y nos indica qué posibles caminos puede tomar, en adelante, lo que antes era cine y ahora aspira a explicarnos el porqué de saber cada vez menos justo cuando la información es más accesible que nunca. Véanla, estoy seguro de que su análisis no coincidirá casi en nada con el mío, y eso es maravilloso.
Saludos exhaustos.

(Existen dos versiones, una de 165 minutos y otra de 333; intenten conseguir la segunda, aunque lo ideal es ver las dos y comprobar de primera mano la diferencia [incluso de género] existente entre ambas)

Fight the revolution

viernes, 10 de febrero de 2012

Mamma cinema



La cosa es sencilla de plantear, pero complicada de llevar a cabo. En 2007, Gilles Jacob, ideólogo del festival de Cannes propuso a una serie de directores que realizaran un corto de tres minutos que versara sobre la experiencia de la sala de cine; el resultado fue un trabajo conjunto que sería presentado en dicho festival con el nombre colectivo CHACUN SON CINÉMA. Lo mejor: su diversidad. Lo peor: su diversidad. Sea por lo complicado que es dotar de unidad un proyecto en la que cada creador tenía libertad absoluta, lo que supone un curioso punto de vista para enfrentar directamente a los que miran hacia el futuro y los que hace tiempo se quedaron en su propio desván de los recuerdos. Y nada mejor que un pequeño repaso a los mismos y en orden de aparición.
Raymond Depardon: Al autor de las maravillosas 1974, UNE PARTIE DE CAMPAGNE y REPORTERS, le puede su vocación fotográfica y se pierde entre tres o cuatro instantaneas de un cine de verano en ¿la India?
Takeshi Kitano: Más cercano a un sketch humorístico, el japonés quema (literalmente) la única película que podía ofrecerle a un cansado trabajador. Sosa.
Theo Angelopoulos: Trabajo entre fantasmas. El director griego, recientemente fallecido, rinde homenaje a Marcello Mastroianni mediante la voz de la gran Jeanne Moreau. Un haiku de otro mundo.
Andrei Konchalovsky: Igual que el anterior pero con Fellini y su 8 1/2 en un destartalado cine ruso, donde cada uno entiende las pasiones a su manera... Muy divertido.
Nanni Moretti: Si no fuese Nanni Moretti sería una gilipollez, pero el director de HABEMUS PAPAM es capaz de contarnos que su vida es tan palomitera como la de cualquiera de nosotros. Tiene un momento en el que te tienes que reír.
Hou Hsiao-hsien: No es el mejor segmento, pero sí el de factura visual más bella. Apenas dos planos (exterior e interior) para mostrar el esplendor de los viejos cines y su actual decadencia.
Jean-Pierre y Luc Dardenne: Hubiese preferido algo más sutil, pero su idea, más cercana a de Sica que a su propio cine, tiene su punto enternecedor.
Alejandro G. Iñárritu: Sigue demostrando lo mucho que le debe a Jorge Bucay. Espantoso.
Zhang Yimou: Flojito, para nada a la altura de sus mejores momentos. Un pueblo, un cine ambulante y niños contentos. No se hagan ilusiones, no hay ni rastro de Erice...
Amos Gitai: Puede que a él le parezca una denuncia, pero un un cine bombardeado en Haifa, con su correspondiente flashback, es, tal cual, terriblemente demagógico.
Jane Campion: Sale por peteneras y cuenta la improbable historia de un insecto (en realidad una chica) y el barrendero de un cine con el slapstick de Tom y Jerry en la retina... Psché, pero sé de alguien a quien le encantaría.
Atom Egoyan: Probablemente lo mejor que ha rodado el canadiense desde que se parece que se ha olvidado de hacer buen cine. Un hermoso homenaje a ver cine en una sala mediante ¡teléfonos móviles!
Aki Kaurismäki: Maravilloso juego de espejos. Con apenas tres secuencias, el finlandés se inventa una sala de cine dentro de una fábrica donde los obreros, en su descanso, van a ver... efectivamente: LA SALIDA DE LOS OBREROS DE LA FÁBRICA, de Louis Lumière... Genial.
Olivier Assayas: Si hubiese durado 120 minutos, estoy seguro de que estaríamos ante una historia apasionante, pero tres son muy pocos para tanto misterio...
Youssef Chahine: Habrá quien le vea la gracia. Yo no...
Tsai Ming-liang: Me sigue descolocando; no sé si lo que estoy viendo es una revelación o una estupidez, pero no cabe duda de que es un tipo aferrado a su visión del cine como transmisor de sensaciones.
Lars von Trier: En pie. Da igual lo que yo haya dicho aquí del danés. Simplemente el mejor segmento, el más divertido, el más salvaje y el más sorprendente... ¡Y protagonizado por él mismo!... ¿Alguien da más en tres minutos?...
Raúl Ruiz: El chileno, autor de la mejor película del año pasado y fallecido hace escasos días, parece gritar su independencia creativa en un corto extraño, poético y reivindicativo a partes iguales. Le extrañaremos tanto...
Claude Lelouch: Un impresentable con una cámara sigue siendo un impresentable...
Gus van sant: Malísimo. Da la impresión de estar rodado a toda prisa y como un anuncio de colonia. Nada, nada...
Roman Polanski: Una lástima, porque podía haber sido antológico. Empieza con una pareja de cincuentones viendo EMMANUELLE y un tipo gimiendo varias filas más atrás... Desgraciadamente, el chiste ya nos lo sabíamos.
Michael Cimino: ???????... Mejor no digo nada. Ustedes lo buscan por ahí y luego me cuentan, pero ni siquiera estoy seguro de que sea cine... no sé...
David Cronenberg: Plenamente en forma. No se puede decir más en menos tiempo. Un plano fijo de él mismo resume una feroz crítica hacia los que han destruido el cine como arte. Brutal, porque sigue en la retina después de acabarse.
Wong Kar-wai: A lo suyo. Butacas a media luz, miradas a media luz, susurros a media luz... Vamos, un corto a media luz...
Abbas Kiarostami: SHIRIN pero en cortito. Es decir: lo que quizá debía haber sido...
Bille August: Demasiado subrayado. Un cine danés, una pareja interracial y un puñado de insultos racistas; pero no teman... ¡to er mundo e güeno!...
Elia Suleiman: A mí me hizo gracia. Que un palestino intente imitar a Buster Keaton en los baños de un cine es, como poco, original y nada demagógico.
Manoel de Oliveira: Teniendo en cuenta que tenía 100 años cuando lo rodó, tiene su punto. Nada menos que un improbable encuentro entre Kruschev y Juan XXIII en clave de cine mudo. Se le perdona casi todo, la verdad...
Walter Salles: No tengo ni pajolera idea de qué conexión buscarle con una sala de cine, pero los dos tipos que salen son dos monstruos. Búsquenlo.
Wim Wenders: Hermosísimo. Pura poesía de denuncia y lo mejor junto al de von Trier, pero en las antípodas de éste. "La guerra en paz" consiste precisamente en eso, que la guerra puede verse en una pantalla de cine y no muere nadie.
Chen Kaige: Como anuncio promocional no tiene precio, pero su deslumbrante factura visual no contiene casi nada de alma. Por cierto, no vean la de ciegos que aparecen en esta película...
Ken Loach: No sé, la verdad... mejor se lo cuento a ver qué tal. Un chaval va con su padre a un cine, pero no se deciden sobre qué ver; la fila avanza y la gente se impacienta. Finalmente deciden ir al fútbol... pues eso.
Joel y Ethan Coen: Este corto sólo se puede encontrar en la edición francesa de este año, pero merece la pena. Imaginen a Josh Brolin, recién salido de NO COUNTRY FOR OLD MEN, en un polvoriento cine donde proyectan LA REGLA DEL JUEGO de Renoir y LOS CLIMAS de Nuri Bilge Ceylan... El taquillero le recomendará una ¿adivinan cuál? Muy friki, pero también muy divertido.
Aunque para friki el corto de David Lynch, que no se pudo incluir en la primera edición y que, por dicho motivo, les pondré en exclusiva el Jueves en el otro blog. Estén atentos.
Y... a cada uno su saludo. Claro...

Celluloid heroes

jueves, 9 de febrero de 2012

Puntos de vista; puntos de desplazamiento



1945. La Segunda Guerra Mundial toca a su fin; la nación alemana se tambalea derrotada y las tropas aliadas toman un país en ruinas. Segunda parte de la guerra; los que antes sonreían victoriosos hoy huyen y se esconden. Las grandes víctimas de esta post-situación: las mujeres. Pese a ser un resumen escuálido, lo cierto es que no hay mucho más en una película tan rígidamente descriptiva como ANONYMA-EINE FRAU IN BERLIN. Ni un resquicio para la especulación artística, ni ganzúas emocionales para intentar renovar un género que sufre la indolencia de la repeticion maniquea; sólo un correcto trabajo de actores y una confianza ilimitada en que la solidez de su argumento ha de impregnar la visión del espectador menos avisado. Carne de telefilm, de DVD, en este caso; de calidad, desde luego, pero tan convencional que ni molesta, ni asusta, ni mueve a la reflexión sobre lo que pertenece a lo truculento e innombrable. Färberböck, que llamó la atención con otro drama semibélico, AIMÉE Y JAGUAR, esta vez con tintes lésbicos, no logra la intensidad de aquella, aunque el tema no es menos espinoso. ANONYMA se basa en los diarios escritos por una mujer sin nombre que sufrió, junto a otras tantas, los abusos y vejaciones del ejército ruso tras el asentamiento del mismo en un Berlín devastado. En mitad de ello, conocerá la sumisión, pero también la camaradería y hasta una especie de amor/afecto por un alto mando soviético (las escenas entre Nina Hoss y Yevgeni Sidikhin son lo mejor del film); una incomprensible oportunidad perdida para reivindicar la falta de héroes en una guerra. E insisto: no está mal para una tarde de cine convencional, pero no esperen encontrar aquí revelaciones fílmicas ni excesos irónicos, el director ya se encarga de mantener todo el plantel por los raíles de la famliaridad.
Saludos conocidos.

Heil Hitler!

miércoles, 8 de febrero de 2012

Exotismo de andar por casa



Uno de los grandes males del cine europeo, y más concretamente el proveniente de filmografías pequeñas, es el de investirse de no sé qué aroma de tienda de mirras y espejuelos y, claro, envolver la nada en esa palabra que tanto daño le ha hecho históricamente al avance de la inteligencia humana: exotismo. Palabra, por cierto, que es enemiga acérrima de uno de mis mantras más sagrados, aunque fonéticamente se parezcan: escepticismo. Tengo en mente a Kusturica o a Akin, adalides del buenismo étnico-cuchufletero, como si el gitano de la cabra ganase Eurovisión; y en las antípodas, sin haberse dejado arrastrar jamás por esa loca tentación, al gran Aki Kaurismaki y, en mayor medida, por su ubicación geográfica, a la última y apabullante hornada de directores (autores) rumanos. De Bèla Tarr prefiero no hablar. Y no es por la película de hoy, que es un título menor, sin mayor trascendencia, sino por cómo se encadenan algunas sensaciones tras comprobar ese cine tan engañoso; que ni siquiera está mal rodado, pero que carece de toda intención artística. Esto me ha venido a la mente tras ver IZTOCHNI PIESI (EASTERN PLAYS), una película búlgara (¿cuántas películas búlgaras han visto ustedes?) en la que salen muchachos con camisetas sucias y mirada contemplativa, fumando y mirando "más allá" de los bloques de pisos arracimados tras los vertederos... Y espero que esta descripción haya sido suficientemente completa, porque muy poco más contiene un film que es un quiero y no puedo, o quizá un "quiero, porque lo he visto en otra parte, pero es que no sé cómo hacerlo". No está mal para hacer turismo por la parte chunga de Bulgaria, pero su historia es tan poquita cosa que se olvida al instante; uno de esos ejemplos de cine de relleno de festivales, probablemente el tipo de cine que más me cabrea por culpa de las expectativas que uno se crea a priori. Tiene un par de cosas interesantes, entre ellas el esfuerzo por resultar creíble de su protagonista, Christo Christov, que además murió sin poder ver estrenado el film; pero en suma es, ya digo, un film totalmente olvidable.
Saludos occidentales.

Lava love

martes, 7 de febrero de 2012

Una personalidad singular



Hace escasos días hablaba aquí de una reciente producción de la BBC para la televisión, de su reconocible sello como factoría de ficciones; otro tanto podría corresponderse en América con la HBO, que desde hace no demasiados años abandera una forma de entender el audiovisual basado en no escatimar medios y apoyar a cada autor para el desarrollo de su obra. Y aparte de las series, magníficas algunas, no tanto otras, la cadena norteamericana viene produciendo algunos telefilms de factura realmente sorprendentes. Es el caso de TEMPE GRANDIN, una figura desconocida en nuestro país pero que durante muchos años supuso una revuelta bastante notoria en el mundillo científico; primero por sus logros, que fueron (y siguen siendo) de una valía indiscutible, pero también por tratarse de una persona con un problema personal tremendo. Autista, Grandin estaba llena de manías, obsesiones y obstaculos autoimpuestos y aparentemente banales; repudiaba el contacto físico y era incapaz de mantener una actividad ordinaria sin desmoronarse emocionalmente. Aun así, ingresó en la universidad y demostró poseer una curiosa visión matemática, mediante la que su mente podía, en segundos, transformar lo que tenía ante los ojos en un aparato industrial perfecto. Grandin se introdujo en un mundo cerrado en el Texas de los años sesenta, el ganadero, habitualmente reservado a los hombres; y no sólo se convirtió en una autoridad, sino que fue capaz de inventar el sistema que se sigue utilizando para apaciguar al ganado a la hora, por ejemplo, de transportarlo. Personalmente, me conmueve menos la controvertida figura de Temple Grandin, pese a estar convincentemente interpretada por una correcta Claire Danes, como sí lo hacen algunos momentos realmente bien rodados, como la construcción de un matadero totalmente novedoso, con estructuras laberínticas y compartimentos estancos, lo que agilizaba la actividad altiempo que desestresaba a los animales, algo que siempre ha obsesionado a Grandin, hasta el punto de desarrollar una máquina de relajación para vacas, que ella misma usaba para "recibir abrazos", ya que jamás ha podido admitir el contacto humano. No es una revelación fílmica ni mucho menos, pero sirve para tomar la temperatura a ese mundo de las producciones para televisión, con sus lógicos altibajos, pero suficientes estímulos para haberse convertido en la última gran revitalizadora del audiovisual.
Saludos vacunos.

For all the cows

lunes, 6 de febrero de 2012

De la indefinición al terror



Dato conciso e irrefutable: De todas las películas que he visto últimamente, y con dos o tres honrosas excepciones, puede que sea MY JOY la que más (y mejor) me ha descolocado, y esto es algo que no ocurre muy a menudo. MY JOY (SCHASTYE MOE) estuvo nominada a mejor película hace un par de años en Cannes; me sorprendería que hubiese ganado, y no por falta de calidad, sino porque lo que cuenta, y sobre todo cómo lo cuenta, está destinado a molestar por sistema y de una forma nada agradable. Empieza el film de Loznitsa como un mazazo: un cuerpo anónimo es lanzado a un agujero y rellenado con cemento. Zas y en toda la boca. Siguiente: un camionero no logra avanzar a causa de un enorme atasco, sus "colegas" se emborrachan y llevan prostitutas, apenas niñas, a sus cabinas. Empezamos a penetrar en la Rusia profunda, la que no le importa a nadie. Intenta llevar a una joven a su casa, pero sólo consigue que ésta lo acuse ante las miradas amenazadoras de los pueblerinos; hacer el bien no está bien visto. Mejor irse. Al llegar a un puesto de control, dos policías lo detienen; delante suyo tienen detenida a una mujer. La actitud de los policías es extraña, hacen bromas a su costa y lo amenazan; al mismo tiempo, ve cómo el otro policía sube con la mujer al puesto de control. Logra salir de allí por casualidad, pero sólo será la puerta de entrada al infierno. El camionero se pierde y hace noche en mitad de un bosque; un grupo de asaltantes intenta robarle la carga... y ya no cuento más, porque me cargaría la película, pero es que no he podido resistirme al poder descriptivo de las imágenes de Loznitsa, de las cuales la idea fundamental es dar cuenta de la sordidez imperante en cada rincón de un país condenado a autodegradarse en una espiral de abusos, miseria, hipocresía y egoísmo sin límites. MY JOY parece una road movie postmoderna, un poco al estilo de los Coen, pero tras sus turbias imágenes descansa un animal herido esperando el tiro de gracia; exactamente igual al desastroso devenir de su protagonista, quizá el único hombre decente, se nos presenta un panorama sin esperanza, sin rumbo, como un mal sueño que se prolonga en el tiempo. Su narración circular no deja ningún asunto cerrado, antes al contrario, el mal (un mal en estado puro que alcanza su máxima expresión en sus angustiosos minutos finales) se convierte en un ente infeccioso, vinculante; la película termina pero el mal cuerpo persiste incluso tras la extraña belleza de las imágenes de un director, Sergei Loznitsa, al que creo que habrá que seguir muy de cerca de aquí en adelante. Altamente recomendable.
Saludos insatisfechos.

Empty homes

domingo, 5 de febrero de 2012

Rincón del freak #54: Soy un fantasma y voy a asustarte ¿vale? Vale, pero rápido que tengo hora con la manicura...



La película se llama WOMB GHOSTS y es muy muy muy muy mala. Punto final. Lo único que quería escribir (porque creo que es lo único que se puede escribir a estas alturas) era que este tipo de producciones de calidad ínfima, al reproducirse como las cucarachas, crea una sensación de indefensión e incomprensión a ese incauto cinéfilo que cree que encontrará la penúltima joya escondida al fondo del vertedero. Y es que en eso se ha convertido el 80% de la programación de los festivales de cine fantástico y de terror, que en el mejor de los casos buscan un saludable reciclado en otras miradas más heterodoxas. No sé la de veces que he visto ya una niña con la cara pintada de blanco, un camisón del mismo color y una larga melena cubriéndole el rostro; a mi entender, es como uno de esos malos comediantes que, falto de ideas, se apoya en su atuendo como guiño irrefutable de tiempos mejores. Me reservo hablar de la trama, que es una tontería como otra cualquiera, y les conmino a que vayan a una terracita con calefacción y degusten un vino de Navarra con un ternasco bien temperado. Placeres invernales, vive dios...
Saludos fantasmales.

Survive it

sábado, 4 de febrero de 2012

La búsqueda



Desconozco las motivaciones personales por las que Daniel V. Villamediana exterioriza un viaje interior tan acusado como el expuesto en LA VIDA SUBLIME. Y es que, más allá de que termine resultando más o menos interesante, este "documental ficcionado" o "itinerario poético/sentimental" consigue en gran medida la que creo que es su mayor aspiración: atrapar un puñado de instantes trascendentes. Y lo hace cuando se deja de monsergas evocadoras y entra a saco con un templado humor típicamente socarrón, crucialmente castellano. En el derrame temporal que Villamediana utiliza para llevarnos desde Valladolid hasta Cádiz, de Castilla a Andalucía, de lo frugal a lo exuberante, tanto da que el primo del director y protagonista agónico, Víctor J. Vázquez, escudriñe cada esquina en busqueda catártica de un abuelo posible al que apodaban "El Cuco", como que una conversación banal (y un poco idiotizada, supongo que a posta) a orillas del Guadalquivir tome una especie de afrenta como puntal argumental. Esto se hace visible en la inexplicable (yo nunca había visto nada igual) e interminable escena en la que nuestro héroe se come de una sentada 90 sardinas (porque no había boquerones...) y unos cuantos botellines de Cruzcampo ante la mirada atónita del dueño del bar. Víctor tantea toreros, defiende ideales anarquistas ante lo que yo deduzco un señoritingo sevillano venido a menos y además se enseña a sí mismo, como autoinducido, a practicar la bravuconería constante, a paladear esa "vida sublime" que quizá sólo existe en pequeños chisporroteos, la forja de los perdedores. No esperen una obra maestra ni nada por el estilo, esto es un hálito de felicidad para los que estuvimos un poco tarumbas...
Saludos sublimes.

Pregón de los boquerones


Angelillo - Pregón de los Boquerones por spanishbizarro

viernes, 3 de febrero de 2012

Sólo un precedente



Con la súbita aparición y éxito de GLADIATOR, Ridley Scott desató una especie de minifiebre por el peplum, le otorgó galones de género mayor y, lo que es mejor, hizo que nos acordáramos de aquellos otros títulos que ya lograron esto (y en mayor medida) cuarenta o cincuenta años antes. El gran precedente (y estoy siendo muy benévolo con el film de Scott) de este film fue una mastodóntica superproducción de Samuel Bronston, de aquellas que este señor se trajo a la España tercermundista del régimen totalitario de Franco buscando mano de obra barata y parabienes ilimitados a bajo coste. El resultado fue THE FALL OF THE ROMAN EMPIRE, o tres horas de hipnótico pulso visual y nulo gusto por el rigor histórico. Personalmente no me quita el sueño, ya lo saben, que una película, si globalmente es entretenida, invente datos, actos, localizaciones y personajes; y, en este caso, la verdad es que el término "desmesurado" no es baladí, pues Bronston (y le coloco por encima de un Anthony Mann excesivamente asalariado), superelenco aparte, fue incapaz de resistir la tentación de "la panorámica de las 10.000 personas", aunque estuviese circundada por atrezzo barato y un cielo sospechosamente azul. Vista casi cincuenta años después, THE FALL OF THE ROMAN EMPIRE es casi una anomalía, una sospecha semiviral y antojadiza que igual presenta a un salvaje Christopher Plummer como el despreciable Comodo, a Stephen Boyd en su eterno quiero y no puedo como el desdichado Livio o a Sophia Loren más esfinge que nunca. Realmente son sus excelentes (y muy desaprovechados) secundarios los que mantienen a flote esta oda al exceso; nada menos que Alec Guinness, James Mason, Mel Ferrer, Anthony Quayle, Omar Sharif, John Ireland... Ufffffff... Eso sí que es irrepetible ¿no les parece? Recomendable sólo para una tarde muy larga en la que no tengamos absolutamente nada que hacer.
Saludos por los suelos.

Roman gods

jueves, 2 de febrero de 2012

Sinceridad ante todo



Siempre nos quedará la BBC... o eso es lo que se me viene a la cabeza después de que pasen los chisporroteos convenientemente volátiles de esta hipermoda llamada "series de televisión", que ya empieza a dar sus bocanadas de asfixia creativa repitiendo moldes y consignas. Sin embargo, la mítica cadena británica sigue dando lecciones de brillantez y profesionalidad al margen de senderos preexistentes. Uno de los últimos ejemplos a los que he tenido acceso ha sido el curioso biopic al que han sometido a la oscura y esquinada persona de aquella escritora llamada Enid Blyton. Precursora de los "monstruos del best seller" que hoy día nos son tan familiares, Blyton fue un ejemplo de imaginación al servicio de los buenos sentimientos y valores familiares; sin embargo, su vida personal fue más parecida a un desértico calvario, el que se autoimpuso para lograr, con una obstinación sin límites, el éxito profesional, y el que daba por toda respuesta a quien osara penetrar en sus herméticos dominios. ENID está protagonizada por una fabulosa Helena Bonham Carter, en uno de sus mejores papeles sin ninguna duda; sus habituales excesos de registro encuentran proverbial acomodo en la gélida personalidad de la autora de "Los Cinco" o "Los Siete Secretos", cuyo único consuelo en un mundo de idiotas que no la comprendían era encerrarse a leer las miles de cartas de admiradores que le llegaban a diario. Es mejor no equivocarse con este magnífico telefilm, a pesar de los lastres que le conlleva su formato (y más aún el público al que supuestamente va dirigido), se trata de una propuesta realmente valiente; y es que pocas veces se ha tratado con tanta dureza a un personaje que tenía una apariencia tan simpática. Muy recomendable.
Saludos con dos caras.

The grand loving

miércoles, 1 de febrero de 2012

La vida incesante



¿Cómo abordar la figura de Hunter S. Thompson? Me refiero a cómo circunscribirlo a un solo ámbito cuando, efectivamente, todo el brillo y el interés de su escurridiza vida y milagros consistió en la imposibilidad de aprehenderle, domarle y clasificarlo como el objeto o curiosidad o anomalía que en realidad nunca fue. Thompson cruzó la raya, no sólo por la cantidad de sustancias que probó, sino por defender su uso como estimulante del acto creativo; otra raya fue su prosa, libre de retórica, directa, heredera de los grandes narradores de principios de siglo. Pero sin duda, la línea que demarcó el malditismo de este improbable periodista, trasunto de escritor y aventurero drogota por antonomasia, fue que nunca se vendió a nadie, incluso que llegó a venderse a un bando sólo por el placer de joder a su opuesto; o no se le tomó demasiado en serio o llegó a suponer una seria amenaza para la moral norteamericana. Fuera como fuese, estamos ante una figura realmente única, y por tanto terriblemente interesante en mitad del desierto intelectual en el que nos encontramos; es especialmente estimulante sumergirse en sus estrambóticos y corrosivos reportajes a tumba abierta, da igual que fuese indagando en unas corruptas elecciones locales o literalmente conviviendo con los integrantes del legendario grupo motorizado Hell's angels. De todo ello, de su obra, pero sobre todo de su vida (indisolubles la una de la otra), trata un magnífico documental de un magnífico documentalista, Alex Gibney; GONZO: THE LIFE AND WORK OF DR. HUNTER S. THOMPSON coloca a ese adorable monstruo justo frente a nosotros, tal y como fue, y no le evita los malos tragos, a sabiendas de que a él no le iban mal del todo. Con ritmo y audacia, Gibney desglosa con paciencia y con la voz de Johnny Depp el porqué de la existencia y vigencia de un reportero kamikaze y destroyer justo en mitad de la época de las flores y la paz; Thompson amaba tanto las armas de fuego como la escritura, y dejó constancia de lo letales que podían llegar a ser ambas; Gonzo, el reportero, parecía estar constantemente buscando el punto exacto entre embriaguez y lucidez, donde el punto y seguido puede perpetuarse hasta el infinito... Finalmente, el documentalista, sin que le tiemble el pulso, muestra la decadencia, la locura, el desastre en el final de una vida que se apagó con un fulgor que persiste hasta nuestros días. Era un exagerado, pero qué hubiese sido de nosotros si él no hubiese arado mucho antes...
Saludos tecleados no sin furia...

Living sickness

... ¿Y todo esto lo ha hecho usted solo?...
No, necesité estar rodeado de siete mil millones de personas...

¡Cuidao con mis primos!